Capitulo 8: Reencuentros (Parte 2)

Frotó distraídamente su antebrazo, la quemadura por la maldición de los duendes aún continuaba sanando pero terminaría para el final del día, aunque con el calor le estaba molestando demasiado mientras seguía al duende jefe de aquella división de rompedores de maldiciones. Fue bueno que Gharlad no pidiera más pruebas de su habilidad que las que obtuvo de su homónimo mayor, era claro que no juzgaban por la apariencia, en especial por el tamaño, aquel pequeño trabajo demostró que la última bóveda vigilada por un dragón era tan vulnerable como cuando sugirió que los retiraran de Gringotts por sistemas más… sutiles. Ahora aquel cansado espécimen iba camino a Rumania con unos meses estaría como nuevo y el aviso a aquellas familias que dudaron del cambio en su seguridad fue dado para explicar por qué se realizó de todas formas.

Como era de esperarse los rompedores de maldiciones no eran ni de cerca tan prácticos como los duendes, por lo que lo etiquetaron apenas lo vieron, llevaba una capa con capucha y la cara cubierta, solo se veían sus ojos por lo que dedujeron que era un enano o un duende demasiado alto, como acababa de llegar nadie le prestó mucha atención luego de los minutos iníciales de su llegada, solo uno le hablaba y en parte era por eso que habían terminado haciendo equipo al entrar en las tumbas ya que el otro era un chico que empezó también ese mismo año, era el novato oficial, Harry estaba acostumbrado a estar en situaciones peligrosas, pero los monstruos que cazó durante su infancia no colocaban trampas y los vampiros no usaban maleficios y hechizos tan complejos, sin embargo sus reflejos y otras habilidades le daban cierta ventaja en cualquier situación, al final él y su nuevo amigo se habían salvado el cuello mutuamente unas cuantas veces al final de su primera semana. Le caía bien, Harry no hablaba mucho y cuando lo hacía era con una voz falsa para que ellos no atinaran a lo que en realidad era él, pero el joven pelirrojo de cabello largo estaba siempre muy animado y dispuesto con alguna anécdota de su numerosa familia. Había sido toda una sorpresa saber que aquel era el famoso Bill Weasley del que le había hablado Ginny tantas veces, sin duda estaba a la altura de su reputación, era un mago habilidoso, aventurero y un tanto loco si eligió algo como esto para carrera, pero con un gran corazón típico de los Weasley y la predisposición de no juzgar a nadie sin antes conocerlo.

Natalia optó por la elección de Minerva de no dejarse ver por nadie y solo hablaba por las noches con Harry, se había quejado varias veces del calor a lo que Harry le recomendó usar algo diferente a vestimentas por completo hechas de cuero negro, tras su opinión la pelirroja dejó el lugar y no había regresado desde ayer, ahora se encontraba junto con Bill recorriendo los laberinticos pasillos dentro de una tumba que acaban de abrir, tuvieron que dividirse en dos grupos y el resto decidió dejar a los novatos por el camino que claramente era un callejón sin salida, a Bill no le gustaba pero no podían reclamar porque había sido cuestión de jerarquía.

-Esos idiotas, aunque seamos novatos no quiere decir que no podamos con lo que esta pirámide pueda ofrecernos –se quejaba Bill en voz baja sujetando una luz desde su varita, Harry estaba a su lado como de costumbre cubierto por completo- ¿Tú qué opinas Kadar? –Le preguntó por el nombre que había dado allí.

-A mi me da igual –sonó una voz áspera- si no quieren refuerzos, son libres de morir en la manera que mejor les parezca –agregó con tal naturalidad que al pelirrojo se le heló la sangre, de vez en cuando le incomodaban los escasos comentarios de su misterioso amigo pero había constatado que pese a decir eso era bastante capaz de saltar a ayudar a esos creídos rompedores de maldiciones al primer peligro que se les presente, simplemente no era capaz de dejar morir a alguien delante suyo solo porque sí.

Tras un largo recorrido finalmente llegaron al final de ese túnel, Bill bufó molestó ante lo obvio, debían regresar sin embargo su camarada se quedó viendo la pared con gran interés, Bill no entendía que era lo que le intrigaba, no había una sola runa o jeroglífico en aquel lugar, solo muchas grietas en las desgastadas piedras.

-¿A Gringotts no le importaran mucho un par de paredes, cierto?

-No lo creó –contestó el pelirrojo sin entender bien a qué se refería, pero no hizo mucha falta luego de que el ojiverde levantara su varita.

¡PPPOOOOMMMM!

Bill casi no podía creer lo que veía, él sabía bien que los muros de aquellas pirámides eran más que solo roca, de no ser así ellos no tendrían que recorrerlos por completo buscando cada hechizo. El Weasley sabía bien que se necesitarían más de una docena de hechizos destructores para hacerle un agujero a uno de esos muros, ni se diga para echarlo abajo como acababa de hacer su compañero. Sin embargo no tuvo demasiado tiempo para sentirse impresionado porque lo que había detrás de aquella puerta llamó su atención poderosamente. Habían dado con la cámara del tesoro en la tumba principal, el resto de rompedores de maldiciones ya estaban allí y aparentemente tenían las manos ocupadas.

-Una… momia –murmuró Bill sin acabar de creérselo.

Era la primera vez que se topaba con una, al menos con una que atacaba, un cuerpo reanimado como los inferius para proteger los tesoros de la tumba, solo había unas cuantas ya que era un hechizo tremendamente complicado designado para las tumbas de personajes más importantes, como sumos sacerdotes y faraones. Un cadáver que pese a su forma frágil y esquelética poseía una tremenda fuerza y la mayoría de los hechizos no le hacían daño, si cualquier parte de él era destruida se reconstruía de inmediato y no se detenía hasta acabar con los intrusos. Está en particular también se movía con mucha rapidez y agilidad, tal vez tenía algo que ver el que fuera casi solo huesos debajo de una túnica ceremonial y una máscara de oro con forma de cara, los hechizos de los cinco veteranos no lograban darle y en un descuido los había alcanzado dejando fuera de combate a dos, los otros tres se reagruparon para protegerse las espaldas entre ellos al tiempo que protegían a los dos inconscientes, la única forma de acabar con una momia que conocían era encerrarla en una prisión tan resistente que jamás pudiera salir de ella, normalmente la amarraban y encerraban dentro de su propio sarcófago antes de sellarlo para que no pudiera salir, pero esta era anormalmente fuerte cada vez que intentaban alguna atadura las rompía antes de dar oportunidad de paralizarla.

-¡Salgan de aquí novatos! –Les gritó uno de los sujetos que se defendían del cadáver- ¡No lo retendremos por mucho tiempo!

Como prueba a sus palabras la momia ya estaba corriendo hacía él, esquivando los conjuros que le arrojaba hasta llegar a un paso de su alcance y regresando su huesudo brazo con la intensión de aplastar al mago de un golpe, este incluso cerró sus ojos por reflejo preparándose para cuando…

-Impedimenta.

Una leve ráfaga producto de la fuerza del hechizo le acarició el rostro y escucho jadeos de sorpresa de sus compañeros, al abrir los ojos para enterarse de lo que pasaba se abrieron mucho más por la sorpresa, incluso retrocedió un paso y tropezó cayendo sentado sin abandonar su expresión, frente a él la momia continuaba avanzando su puñetazo pero estaba prácticamente estática en su sitió como una de las estatuas de piedra de la entrada, un crujido llamó su atención y lo siguiente que vio fueron varias cadenas muy gruesas atrapando al cadáver en su sitió, podía apreciar que poco a poco la momia superaba el hechizo y se movía con su rapidez habitual.

-Johnson –la voz del nuevo no logro hacerlo reaccionar- ¡Johnson! –Ahora sí- que Stuart y Josep carguen a Roger y Cameron fuera de aquí, tú cúbrelos, Weasley y yo nos encargaremos.

Aún demasiado aturdidos para responder los magos hicieron lo que les pidió, con mayor rapidez al ver que la momia empezaba a forzar las cadenas para liberarse. Parecía que dichos esfuerzos eran en vano contra las mismas ataduras que retuvieron al rey de las serpientes, sin embargo este rey tenía algunos trucos todavía, de pronto dejo de forcejear y los ojos de la máscara empezaron a brillar. Compartimentos con forma de agujeros aparecieron en toda la cámara, los rompedores de maldiciones apenas tuvieron oportunidad de darse cuenta de lo que ocurría a tiempo para conjurar sus escudos antes de que las flechas llovieran sobre ellos pero les esperaba otra sorpresa, Harry se daría cuenta más tarde que aquellas flechas igual que las suyas estaban hechas con maderas encantadas y un conjuro que atravesaba escudos mágicos, de no ser porque había agudizado sus reflejos más allá del límite humano no habría vivido para contarlo, apenas vio la primera flecha traspasar su escudo tiro a Bill al piso de un empujón y levantó una pequeña barricada de las rocas del suelo para cubrirlo, pero no le dio tiempo a hacerla mayor para cubrirse ambos. Por suerte se le había hecho un habito arraigado llevar siempre su chaleco de piel de dragón, se llevó unos flechazos en los brazos y piernas pero nada serio, el resto del grupo ya casi había alcanzado la salida por lo que sí bien recibieron varias heridas tampoco corrían peligro. Algo adolorido Harry movió sus brazos, con los que estaban cubriéndose la cabeza, para poder ver, un crujido lo había alertado y no estaba equivocado respecto al peligro, la momia finalmente consiguió librarse y ahora estaba frente a él.

-Rayos –gruñó antes de sentir como era lanzado casi quince metros en dirección de la entrada principal.

El golpe lo dejo aturdido, como en su pelea con Markus pero se levantó incluso más rápido que entonces, ¡Esa cosa se había quedado donde estaba Bill! De reojo notó que las flechas se habían partido en su pequeño vuelo y los veteranos rompedores de maldiciones estaban a unos pasos, del otro lado de la salida, observándolo con absoluta incredulidad, al principió pensó que era por verlo levantarse luego de semejante golpe pero eso quedó descartado al escuchar el estupefacto pensamiento de Johnson expresado en un tenue susurro.

-Solo es un niño…

Su primera reacción fue llevar sus dedos hasta el rostro para comprobar lo que ya sospechaba, que su cubierta había sido cortada por las flechas y terminó de caerse a causa del golpe, Harry maldijo por lo bajo su descuido haciéndosele raro escuchar de nuevo su propia voz antes de cerrar la entrada dejando a los asombrados magos fuera, por lo menos había mantenido su cabello diferente por si las dudas, Bill y él podrían salir luego por la entrada que fabricó para ingresar a la cámara, lo importante era que la momia no fuera tras aquellos que no estaban en capacidad siquiera de escapar. De regreso con su problema de tres mil años, Bill se las estaba arreglando muy bien, transformó el piso haciéndolo tan liso que el cadáver resbalaba cada vez que intentaba usar su velocidad por lo que trepaba por los muros o las paredes intentando alcanzarlo pero eso le restaba velocidad hasta el punto que el Weasley era capaz de repelerlo antes de que se acerara demasiado, sin embargo esto le estaba costando cada vez más. Finalmente el caído faraón llegó al tope de su paciencia y nuevamente volvía a activar las trampas de su cripta, ahora de picos salieron del techo y este comenzó a descender con la intención de aplastarlos. Bill estaba a punto de usar su salida provisional cuando del suelo se elevaron varias columnas de piedra que se transformaron en metal cuando tocaron el techo, la cámara se sacudió unos momentos antes de caer de nuevo en calma, el pelirrojo ya sabía quién lo había hecho pero su sonrisa paso a ser una cara de asombro casi igual a la de los sujetos afuera al verlo avanzar hacia él con su rostro descubierto.

-Eres…

-Luego Bill, tenemos mejores cosas en que ocuparnos que de mi edad –le interrumpió señalando al cadáver que al ver que su trampa no funcionó volvía a arremeter él mismo, un floritura de varita y los postes se enlazaron con enormes telarañas de cadenas deteniéndolo momentáneamente- necesitamos algo de apoyo, distráelo mientras yo habló –le pidió a su amigo mientras sacaba un espejo circular, Bill pareció entender lo que hacía ya que no preguntó y se limitó a vigilar por donde intentaría romper las cadenas el esqueleto para lanzarle un aturdidor, no servía del mismo modo solo lo lanzaba lejos pero en este caso sería lo mejor para ganar tiempo y no gastar demasiado su magia- Natalia –tardó unos segundos más de lo usual pero el níveo rostro de su acompañante apareció en el cristal, parecía un tanto apurada y nerviosa, eso fue suficiente para llamarle la atención, la pelirroja nunca estaba nerviosa por nada- ¿Qué te sucede? –Le preguntó interesado.

-¡Nada! –Dijo de inmediato, pero el chico continuó con el ceño fruncido- ¿Para qué me llamaste? –Allí reaccionó recordando su situación.

-Necesito que vengas a la pirámide que iba a revisar hoy y me traigas a Reaper.

-¿Cómo? –Aquello tomo por sorpresa a la vampira.

-Tenemos una momia de nivel "A" –explicó llanamente, los ojos escarlatas de la mujer se abrieron en comprensión antes de asentir y desaparecer, Harry regreso su atención a la momia que finalmente había conseguido hacer una abertura entre las cadenas pero Bill la había lanzado antes de que atravesara- llegara en unos momentos –le aseguró bastante calmado.

-Genial –dijo jadeando el Weasley- ¿Quién era ella por cierto?

-Ella era mi… -antes de terminar levantó su varita y arrojó a la momia a estrellarse contra una de las montañas de oro del lugar- en este preciso momento no sabría cómo definirla, pero es una gran amiga y alguien de mi absoluta confianza.

Bill no preguntó más, tenían otras cosas de que ocuparse ya más tarde hablaría con su joven amigo para ver que le quería decir. Aunque le preocupaba mucho más no le importaba que fuera un niño, tal como no le habría importado que fuera un duende o un enano, pero ahora tenía mucha más curiosidad, Harry por su parte no estaba seguro de que explicaciones daría, o de si las daría, así que por ahora decidió concentrarse en mantener a aquel antiguo rey a raya hasta que Natalia llegara con su espada. Ambos magos se pusieron alerta cuando la máscara del protector de la tumba volvió a brillar, el suelo se sacudió por lo que empezaron a ojear que parte del cuarto activaba la nueva trampa en su contra, al final no fue difícil de ubicar, pero eso no hacía más sencillo defenderse de las estatuas de cuatro metros de oro en cuyos cuerpos rebotaban la mayoría de hechizos, sin dificultad alguna estas arrancaron las cadenas y se abrieron paso hasta los jóvenes magos.

-Desilusionadores –le gritó el castaño a su amigo, entendiendo Bill arrojó el hechizo sobre sí mismo desapareciendo Harry lo siguió y aparentemente ambas estatuas dependían de algún tipo de sensor visual ya que se confundieron.

-¡ARGH!

-¡BILL!

Aparentemente la momia no dependía de la vista (lo que tenía sentido ya que seguramente no poseía ojos), ahora tenía al pelirrojo por la garganta con clara intención de romperle el cuello.

-¡Diffindo! ¡Desamius!

PLAZ

La mayor parte del cuerpo del cadáver salió disparada contra un muro pero su brazo continuaba aferrado al cuello del rompedor de maldiciones aumentando gradualmente su presión, el joven Weasley podía ver su visión oscurecerse cada vez más mientras perdía el sentido por la falta de oxigeno, un leve llamado lo mantuvo consciente justo cuando pensó que le había llegado la hora.

-¡Aguanta idiota! ¡Ginny me matara si te dejo morir aquí!

A sus oídos las palabras no tenían sentido ni se los busco, solo se concentró en enfocar quien lo llamaba, la imagen se fue aclarando lentamente, el chico de cabello café y ojos verdes tenía un gesto de esfuerzo y las manos alrededor de su garganta, por un instante temió que estuviera intentando estrangularlo pero lo comprendió mejor al ver el tercer brazo. Kadar no intentaba matarlo intentaba quitarle la huesuda mano de encima y tras algunos minutos de esfuerzo lo consiguió y la arrojó lejos.

-COF-COF-COF ¿Cómo es que esa parte no se disolvió cuando la cortaste? –Preguntó el pelirrojo con voz ronca.

-Tal vez pueda controlarlas fuera de su cuerpo, no la disolvió al perderla para poder terminar el trabajo.

-¿Cómo me la quitaste? Parecía una prensa de acero –inquirió, pero la montaña de oro tras la que se cubrían fue derribada por uno de los colosos de oro y tuvieron que volver a escapar, quedaron ambas estatuas entre ambos viéndose de frente con cada mago.

-¡Bill! –Le llamó el castaño- ¡Prepara el mejor conjuro de fuego que conozcas!

Ni bien terminó su aviso la base del suelo se encendió en llamas azules que ambas estatuas observaron extrañadas, entendiendo la idea Bill conjuró unas llamas de un brillante escarlata al mismo lugar, cuando las estatuas intentaron dar un paso notaron que el oro del que estaban hechas se había fundido lo suficiente para que sus pies desaparecieran, sin su soporte el enorme peso de ambas las forzó hacía abajo Bill levantó la vista sonriendo ante el resultado pero dio cuenta de que la estatua frente al moreno caía sobre él de tal modo que o lo aplastaba o lo quemaba por el fuego residual que rodeó el resto de su cuerpo.

¡CLANK!

-Como le hagas algo me hare una fuente contigo –murmuró rabiosa la recién llegada.

Bill no daba crédito a sus ojos, una chica pelirroja cubierta con una de las capas de viaje beduinas acababa de aparecer de la nada y detuvo el peso de la estatua con sus manos desnudas, luego de sostener el peso un rato lo arrojo a un costado.

-¡Natalia! –Exclamó el chico preocupado acerándose a chequear el estado de la joven, Bill se acercó a ambos al ver que la chica era amiga de su camarada entorno la mirada extrañado al ver como la piel quemada se regeneraba rápidamente- luego te explicó Bill –le prometió- aun tenemos un asunto que liquidar –comentó regresando a ver el sitió por el que se acercaba nuevamente el fallecido dueño de aquella cámara, al verlo Natalia destapó un poco su vestimenta con su codo para permitirle sacar de su cinto una espada de filo negro, sin embargo mientras lo hacía notó algo fuera de lugar.

-¿Qué esperas? –Le dijo Natalia con un leve sonrojó.

-¿Qué le paso a tu…? –Empezó extrañado pero la voz del rompedor de maldiciones lo distrajo.

-¡KADAR!

La momia le había atacado por sorpresa y estaba a su espalda, el chico parecía no enterarse de nada mientras observaba el mismo sitio debajo de la capa de su guardaespaldas, pero antes de que el cadáver le pusiera un dedo encima él ya había desenfundado su espada, había cortado a la momia con ella y la había vuelto a envainar en su sitio. Una vez hecho esto Natalia no perdió tiempo en volver a cubrirse. Bill no entendía nada, la momia se había quedado parada de repente en su sitió, pero tras unos segundos se desmoronó sin más, la túnica y la máscara partidas por la mitad y los restos no volvieron a juntarse.

-No le menciones a nadie de esto –le dijo seriamente el chico de desordenado cabello castaño antes de subirse lo que quedaba de su capucha, ya no para cubrirse el rostro solo para protegerse del sol cuando salieran. Ya habían terminado su trabajo, la recuperación del tesoro y los artefactos eran asunto de otro grupo cuando se trataba de algo tan cuantioso, ellos tendrían derecho a un 2% del mismo como comisión por su trabajo. Volvió a abrir la entrada principal, allí esperaban unos expectantes rompedores de maldiciones que miraron impactados al joven salir como si nada seguido del pelirrojo que aún no salía de su sorpresa y de una pelirroja que todos ellos estaba seguros no haber visto nunca antes, se habrían acordado sin duda ya que pese a parecer muy joven (se había quedado en sus dieciséis) era increíblemente hermosa.

-¿Eh, señorita? –Llamó uno de ellos, pero se congeló ante la mirada gélida de la susodicha, a ella le molestaba la prepotencia de aquellos supuestos expertos (que no podrían enfrentar ni la mitad de lo que Harry había enfrentado en un mal día sin perder la cabeza) y que encima se las daba de superiores de su protegido y maestro.

-¿Quién es usted? –Completó otro al ver que su amigo no hablaría, la joven lo miró especulativamente, notando que tanto Harry como el Weasley (Que le caía bien tras ver el tipo de persona que era) se habían detenido y regresaron a verle debido a la intromisión, antes de extender una sonrisa petulante mientras ponía los brazos en jarras descubriendo su capa y dejando sin aliento a los presentes, salvo por Harry qua ya la había visto cuando tomo su espada, pero eso no evito que echara otra mirada más detallada a la vestimenta parecida a la de una bailarina, en tonos vino, que llevaba cubriéndole poco más de lo indispensable.

-Soy la amante de Kadar –contesto con la mayor naturalidad pasando de ellos, que se quedaron con la quijada en el suelo. Bill giró tan rápido el cuello que estaba seguro de haberse provocado fuerte tortícolis, sin embargo paso la vista de uno a la otra sin palabras mientras esta se acercaba al chico caminando de manera bastante provocativa.

Harry ni se inmuto ante la atrevida declaración, pero le puso completa atención a Natalia, no a su expresión, sino a sus pensamientos y una pequeña sonrisa se extendió ante las extrañas maquinaciones de su compañera, amiga y aparentemente amante, decidiendo seguirle un poco el juego solo extendió su sonrisa ante las caras de los rompedores de maldiciones.

-No seas presumida, cielo –le contestó una vez estuvieron cerca, si hasta ahí no habían dejado alucinando a los espectadores lo siguiente los dejo catatónicos, la pelirroja agacho levemente la cabeza y le plantó al castaño un beso en toda regla que Harry aún tomado por sorpresa le correspondió. Una de las únicas reglas que su maestro le impuso fue "Cuando te decidas por algo, mantente firme en tus convicciones sin importar si estas te llevan a la muerte". Ya se había metido en esto y lo mantendría, lo que siguiera tendría que manejarlo cuando surgiera. Cuando Natalia finalmente se separó de él le mantuvo la mirada como no lo había hecho desde hace tiempo, desde antes de llegar a la comunidad de veelas, duró solo un segundo en el cual la mirada escarlata, que siempre recordaba tan severa, era tan cálida como aquella vez que terminaron su danza, poco antes de besarse, en medio de aquel claro en Francia.

-Nos vemos en la noche, amor.

Con eso se despidió saliendo del lugar un poco demasiado rápido para parecer casual, sin embargo el único que no estaba tan impactado para poder notarlo fue el propio Harry, lo cual fue de mucha ayuda ya que así pudo dejar el lugar sin enfrentar ningún interrogatorio, había algo mucho más importante que atender y ya lo había retrasado demasiado tiempo. Eso sí, se dio su tiempo para hablar con Bill y pedirle cierta discreción, le contó lo esencial que había sido criado y manejaba todo tipo de conjuros desde los cinco años y que su tutor le había mandado a entrenar de esa manera. Claro que el pelirrojo se soltó en una sarta bastante variada de improperios en contra de alguien que pone a un niño en semejante situación, Harry se las arregló para que dejara el asunto luego de mucha pelea, sabía bien que siendo un Weasley veía con muy malos ojos todo esto. Por más independencia que demostrara poseer su amigo Kadar, para él no estaba bien que un niño pasara por aquello, por no tener una familia, sabía que a su madre le daría un ataque solo de imaginarse algo parecido, al final decidió dejar el asunto, en este punto era claro que no había nada que hacer por lo ya ocurrido y debía admitir que Kadar demostró ser más capaz de cuidarse a sí mismo que cualquiera de ellos.

Desde su llegada el mismo se encaraba de preparar su alimento, Bill se había sumado a ayudarle al ser su compañero pero debía reconocer que quien salió más beneficiado fue él mismo, el chico cocinaba tan bien como su madre, que ya era el mayor halago que podía imaginar. Cuando se lo asignaron no le molesto para nada, estaba acostumbrado al rol de hermano mayor, ahora sonría con ironía al pensar en eso ya que fue Kadar el que termino cuidando de él la mayoría de las veces, incluso había aprendido algunas cosas de su peculiar camarada y ahora le salía con que era tan joven como el menor de sus hermanos. La situación del chico era bastante misteriosa pero sabía que sería un hipócrita si ahora comenzaba a tratarlo diferente así que continuó igual que siempre, incluso no tocó para nada el tema de esa pelirroja, que ahora sabía era la razón por la que él chico tenía una tienda mediana para él "solo". Harry no podía estar más agradecido por la actitud del Weasley, antes era sin duda un gran camarada pero ahora era un magnifico amigo, como siempre le apenaba tener que guardarse cosas pero Bill era bastante abierto respecto a la privacidad de cada uno. Respecto a los otros rompedores de maldiciones les advirtió claramente que no le interesaba nada de lo que tuvieran que decirle o preguntarle cuando intentaron hablar con él (luego de que los duendes supervisores de su división les dejaran muy en claro que lo referente a ese rompedor de maldiciones no era de su incumbencia), no le habían importado cuando llegó y no le importaban ahora. Dejado eso en claro se retiró a su tienda, había llegado la hora de la verdad. Como todas las tiendas mágicas aquella parecía un departamento, aunque el suyo tenía dos cuartos, en uno de ellos encontró a la pelirroja sentada en su colchón dándole la espalda a la entrada como si hubiera estado esperando su llegada para no verlo de frente, conservaba los ropajes de la tarde incluyendo la capa.

-Arman mucho alboroto –comentó Natalia impertérrita.

-¿Qué soy yo para ti? –Directo como la estocada de un espada, a Natalia no le gustaba que se fueran por las ramas con nada, aún así pensó que quizás aquella vez debió intentar tener un poco más de tacto. La pelirroja se tensó ni bien aquella pregunta dejo sus labios.

-Ya lo sabes –contestó finalmente en tono cortante- te pertenezco, son…

-Las leyes cambiaron y lo sabes –le atajó- si lo desearas, no habría nada que te impidiera irte –no estuvo seguro pero le pareció sentir un profundo dolor provenir de ella tras esas palabras, aunque fue bloqueado de inmediato.

-¿Quieres que me vaya? –Preguntó silenciosamente.

-Lo que aquí importa es lo que tú quieres –le contestó sin dudarlo- seamos sinceros con esto, ha llegado ya muy lejos para que sigamos fingiendo que es un simple juego –paso un minuto en silencio mientras acomodaba sus ideas antes de que la vampiriza retomara la palabra.

-Yo, quiero permanecer contigo –finalmente la pelirroja regresó a verlo cara a cara, como siempre aquella determinación estaba presente en su mirada, algo en aquellos ojos lo hacía sentirse triste aunque no identificaba el por qué- pero… ¿Cual es tú postura respecto a eso? –Le interrogó a su vez un poco más relajada tras haber finalmente expresado en voz alta lo que pensaba. Harry la conocía lo suficiente como para saber que la opinión de él ahora ya no importaba si ella tenía una determinación, sin embargo le debía la verdad.

-A mi… me gustaría que continuáramos el viaje juntos –la expresión de ella daba a entender que otro peso se la había retirado desde que aceptó que quería ir con él- pero aún no contestas mi primera pregunta –le recordó, nuevamente Natalia pareció tensarse ante la pregunta, pero luego de tomarse su tiempo pareció decidirse.

-Eres alguien de quien simplemente no puedo deshacerme –le respondió con toda la honestidad de la que era capaz, el chico sonrió de medio lado al sopesar aquella respuesta.

-Es gracioso –dijo finalmente, ella lo miro sin entender- es exactamente lo mismo que yo pienso sobre ti.

Tras sostenerse la mirada unos segundos aparentemente resistiendo algo inevitable ambos empezaron a reírse abiertamente.


-Eh, ¿Kadar? –Volteó al escuchar que lo llamaban aunque no mostró ningún interés en lo que aquella persona tenía que decirle.

-¿Qué pasa Johnson? –Le preguntó con toda la tranquilidad del mundo mientras seguía comiendo cerca de la fogata que él, Bill y ahora Natalia compartían, fuera de los resultados que obtuvieran, prácticamente allí iban por libre así que nadie había dicho nada sobre la pelirroja. El rompedor de maldiciones miro al joven aun con clara incomodidad pero ya había tomado una resolución y no se echaría para atrás.

-Mañana tenemos una asignación un tanto particular y queremos que tu y Weasley vengan con nosotros.

-¿A qué te refieres con particular? –Preguntó el Weasley un tanto interesado, Natalia solo atizaba el fuego sin prestarle atención al mago, este se sentó para estar más cómodo y empezó a explicar.

-Habían varios objetos malditos en la sala que recu… -se detuvo- que ustedes recuperaron, como bien saben la política de Gringotts es no tratar con esa clase de objetos –les dijo mirándolos seriamente esperando que comprendieran ese punto, Bill lo miro un poco extrañado por la aclaración pero antes de que dijera algo Kadar intervino.

-Pero todos sabemos que los duendes no desaprovecharían una oportunidad de negocio así –dijo sin apartar la vista de las llamas- por lo que iras con el resto al mercado negro para venderlos y quieres que vayamos para que aprendamos como hacerlo –ambos magos se quedaron viéndolo bastante impresionados pero por distintos motivos.

-Exactamente –admitió Johnson- se necesita un contacto para hacer negocios allí, pero ya contamos con alguien solo es necesario ser cautos para evitar llamar la atención.

-¿A cuál pretendes ir? –Preguntó finalmente el castaño- ¿Al camello del sur?

-Así es –contestó algo intrigado por como lo descubrió, más aún como supo que así los llamaban- ¿cómo…?

-Es el que tiene menor restricción para aceptar posibles clientes, pero también es más sencillo que alguien del Ministerio este rondando por allí –explicó sin darle importancia- si quieres privacidad en tus negocios debes ir al León del este –casi le causo gracia ver el leve estremecimiento de Johnson ante su sugerencia.

-¡¿Estás loco? –Le preguntó airado pero controlando su tono de voz, Natalia soltó un leve bufido, le hacía gracia que apenas se hubiese dado cuenta de aquello- En ese lugar están los peores traficantes de toda África.

-Exacto –admitió el chico sin alterarse- es por eso que tengo algunos contactos allí –eso le cortó la réplica al hombre.

-¿Sabes cómo llegar?

-Mañana –fue toda la respuesta del ojiverde antes de entrar a su propia tienda a dormir seguido de Natalia.


Los cuatro hombres caminaban cautelosos por entre los distintos negocios montados en aquel lugar, les había impresionado un poco ver como el sitio apareció de la nada en un punto del desierto tras que el chico simplemente pronunciara su nombre, según les explicó, los visitantes tiene una clave temporal pero que solo funciona una vez y deben tener contactos para conseguirla, pero algunos (como él) tenían una clave propia y permanente, y esa era el nombre que se ganaran allí, aunque no le entendieron muy bien del todo lo dejaron pasar. A simple vista no parecía tan atemorizante como habían pensado que sería ese lugar por los rumores, pero al prestar un poco de atención se dieron cuenta de que casi todo lo que se hallaba allí era material no comerciable de clase A y B. Bill miraba todo interesado a la vez que cauteloso pero no parecía tan nervioso como sus otros compañeros a excepción claro esta de los que lideraban la excursión. Kadar y Natalia iban al frente pasando de todos los puestos sin siquiera gastar una mirada en ellos, el pelirrojo se dio cuenta tras unos minutos que muchos regresaban a verlos o más específicamente a su amigo y murmuraban excitados. Cuando estaban a punto de preguntarle al más joven a dónde los estaba llevando ya se encontraban frente a la tienda final, de color azul real y mayor que las anteriores, allí se encontraba un tipo gordo y bajo con un solo ojo revisando un jarrón, Johnson se acercó con intención de terminar pronto los negocios para regresar.

-Fuera de aquí –les dijo despectivamente sin voltearse- no negociamos con vagabundos –Johnson le miro indignado pero antes de que pudiera replicar Harry se le adelantó.

-Cuida tu lenguaje Firas –al momento de escuchar esa voz el tipo se quedó tieso y el jarrón resbalo de sus manos hasta destrozarse en el suelo, pero pareció no importarle, ahora solo tenía sentidos para fijarse en la persona que formaba parte del grupo que acababa de despachar, trago fuerte- ¿Qué crees que opine Abbas acerca de esto? La última vez no se tomo muy bien que intentaras echarme.

-¿Ka-Kadar? –dijo con voz estrangulada, el aludido asintió, la mayoría lo observaron extrañados, estaba empapado en sudor y le temblaba el labio mientras intentaba poner una sonrisa- va-vamos ¿no reconoces una broma?

El ojiverde se acercó hasta quedar a un paso del comerciante que retrocedió un poco ante la cercanía y la intensa mirada del joven, luego de improviso sonrió de oreja a oreja descaradamente.

-¿Tú tampoco? –Y entonces se largó a reír de la cara de Firas, este al entenderlo no pudo evitar acompañarlo del puro alivio- bueno, bueno, ya es suficiente.

-Sí, tienes razón ¿Traes lo usual? –Le preguntó en tono más profesional, pero Harry solo negó.

-Nada tan interesante, pero mis camaradas aquí presentes tienen algunos objetos que podrían valer algo –tras verse entre ellos un poco extrañados de la peculiar escena empezaron a vaciar sus bolsas.

Firas quedó un poco decepcionado pero no lo expresó, además no podía decirse que lo que le traían eran baratijas, había sin duda una pequeña fortuna allí, así que se limitó a darles los mejores precios que podían ofrecerles ya que no quería ofender a Harry, y éste sabía que podían ganar hasta el doble con alguno de los coleccionistas que Abbas conocía.

-¿Dónde está Abbas? –Preguntó finalmente al percatarse de que no salía a saludarlo igual que siempre, Firas pareció un poco tomado por sorpresa pero contestó.

-Salió temprano a reunirse con unas personas que querían cierta información –contestó encogiéndose de hombros, era tan convincente que si Harry no hubiese percibido la leve preocupación que trataba de ocultar no habría sospechado nada ya que incluso se preocupó de ocultar sus pensamientos del asuntó.

-Información sobre mí, cierto –dio por sentado, tras un respingo el traficante solo asintió, Harry resopló- ¿Sabes por casualidad qué querían?

-Lo mismo que los últimos –intervino una voz profunda desde la entrada, allí el aludido estaba ingresando con su mirada fija en el más joven del grupo- les interesa contratar tus servicios –los magos de Gringotts escuchaban la plática con interés pero sin entenderla bien, creían que hablaban de irrumpir en una tumba o algo reforzado con maldiciones protectoras, la leve carcajada del castaño los extraño.

-¿Qué es esta vez? ¿Otro basilisco? –Preguntó con tal naturalidad que a los escuchas ajenos les tomo un rato notar que hablaba en serió, Abbas ya estaba paseando por su tienda observando con aparente interés los objetos traídos en su ausencia.

-No, esta vez se trata de algo mucho peor –ahora tenía la atención de toda la tienda, los magos incrédulos salvo por Harry que ahora se veía un poco más interesado, incluso Natalia se notaba sorprendida, calculando las posibilidades ambos parecieron llegar a la misma conclusión, Harry frunció el ceño levemente.

-¿Alguno salió del valle? –La pregunta solo tuvo sentido para los que sabían los detalles de su primera excursión en aquel mercado, Abbas asintió- no esperaba que despertaran tan pronto, mucho menos que saliera de su territorio –comentó para sí.

-Al parecer cuando se redujo su número sobre tierra algo cambio en su patrón de comportamiento, o por lo menos eso es lo que piensan los que vinieron a buscarme –explicó Abbas con calma- vienen de la región sur, por ahora las cosas allí son un pandemonio a pesar de que su Ministerio intenta contenerlo.

-¿Y ahora quieren que me haga responsable? –Preguntó con un poco de sorna, aunque era fingida y eso lo sabía muy bien él, Natalia e incluso Abbas, este último se encogió de hombros con desinterés.

-Estoy seguro que muchos tienen deseos de culparte, o lo hacen sin más, pero dada su situación casi todos desean tu ayuda a cualquier costo –le informó- así que, aprovechando la buena fortuna de que estés aquí –comentó como quien no quiere- si me dices cuánto es, se los haré saber y…

-No –le cortó con simpleza pero de forma cortante, Abbas se quedó momentáneamente sin palabras.

-¿No los ayudaras? –Aquello no concordaba con el perfil que tenía de Kadar.

-Me encargaré –le aseguró- pero no por un pago, no lo necesitó –contestó llanamente dirigiéndose a la salida de la tienda, saliendo de la impresión ambos pelirrojos lo siguieron.

-¿A dónde vas? –Le preguntó aun contrariado el Weasley, el resto lo siguió sin entender nada.

-Ya vendieron todo, regresen al campamento yo los alcanzare más tarde –le dijo calmadamente pero la mano de Natalia lo detuvo.

-Tú no vas solo –le advirtió claramente sin embargo no era la única que quería ir.

-No sé de qué va esto, pero dejar a un chico de diez años ir solo a hacer algo manifiestamente peligroso es la clase de cosas por las que mi madre me colgaría –le informó con un poco de gracia Bill, Kadar también sonrió un poco.

-Tu madre no se enterará –le aseguró.

-Pero yo sí.

-Un momento –por primera vez Johnson tomaba la palabra llamando la atención del trió- no pretendo saber que pasa, pero les recuerdo que aún estamos de asignación…

-Técnicamente no –le cortó Harry- después de todo La política de Gringotts es no tratar con esa clase de objetos, así que como no tenemos ninguna asignación no veo por qué no tomar un paseo por el resto del día –comentó.

-Perfecto –acordó Johnson, Natalia lo miro con sospecha- los acompañamos.

-¿No tienes una tarea que terminar? –Le espetó la pelirroja interponiéndose entre él y Kadar.

-Mi tarea termina cuando todos los miembros estén de regreso en el campamento –le dijo con total seriedad.

-Si nos sigues eso es algo que dudo mucho que consigas –le advirtió mordaz.

-En ese caso ustedes tampoco deberían ir –opinó Johnson sin dejarse amilanar, una corta carcajada del joven castaño interrumpió su duelo de miradas con la ojiroja.

-¿Intentaras detenerme Johnson? –Le preguntó casi divertido, su sonrisa no se perdió aún cuando el aludido sacó su varita seguido de sus camaradas, sin embargo Natalia los imitó, aún seguía interponiéndose.

-Pasaras sobre mi antes de intentarlo –siseó, antes de que esa amenaza tuviera oportunidad de acentuarse por sí sola una gigantesca sombra opacó el sol y fue aumentando hasta que una pesada figura aterrizo con fuerza tras Harry y Natalia, gruñendo amenazadoramente, como si su sola presencia no impusiera el suficiente temor- por si los gruñidos no fueron suficientemente claros –continuó la pelirroja con una sonrisa creciendo en su rostro- ella comparte mi opinión al respecto –dijo señalando con un ademán a la recién llegada criatura.

-¡¿Ah… eh… duh? –Fueron las frases más coherentes que pudieron articular los rompedores de maldiciones luego de la aparición del dragón, incluso Bill se había quedado sin habla pero había manejado no dejarse caer de espaldas aterrorizado como sus otros compañeros, tenía la varita en la mano con tanta firmeza como le era posible.

-Basta las dos –Interrumpió finalmente el castaño, Natalia lo dejo pero Minerva aun conservaba en la mira al grupo- Minie –le dijo en tono de advertencia, finalmente, y bajo la mirada en shock de los magos, la dragona se apartó, solo entonces Kadar se dirigió al grupo, o más específicamente a Bill- es mi dragona, la tengo desde que nació y generalmente es muy tranquila pero no le gusta que nadie me amenace –esto último fue dirigido para los magos que ahora se levantaban cautamente sin dejar de ver al colacuerno de casi ocho metros, con un bufido el ojiverde continuó- ¿siguen insistiendo en venir? –Aún tras un instante de duda en el que sobrellevaban lo que acababa de pasar asintieron seguros- en ese caso Minerva los llevara.

-¡¿Cómo?

Era difícil decir quien estaba más sorprendido, Natalia solo resopló, Bill aun miraba asombrado el dragón, pero a Minerva y los otros no parecían a gusto con la decisión.

-Es la mejor manera de llevarlos a todos, no pueden aparecerse si no conocen el destino –les recordó, eso no pareció disminuir su nerviosismo pero eso no le importaba a Harry, Minie por otro lado parecía querer seguir discutiendo- a no ser que no te sientas capaz de llevarlos a los cuatro –comentó mirándola, a los magos les causo extrañeza hasta que, sin poder creérselo, vieron a la dragona dar lo que pareció ser un resoplido de indignación con voluta de fuego y todo, antes de agazaparse para facilitarles el ascenso a la silla de montar que tenía en la espalda, un hechizo de parte de Harry y en está ahora entraban sin problema cuatro personas.

-¿Y ustedes?

La pregunta de Johnson quedó contestada de forma patente cuando Harry adoptó la forma de un dragón casi tan grande como la otra y se reclinó de igual forma para que Natalia y Bill pudieran subir, aun sorprendido el Weasley espabilo y siguió a la otra pelirroja haciendo algunas preguntas que la vampiriza contestó más que por cortesía porque Harry se lo había pedido.


El lugar estaba desolado, salvo por un puesto de Guardia en el que fueron recibidos, por suerte la zona había sido evacuada con suficiente rapidez en cuanto el nundu hizo su aparición (para este momento los otros tres que se hallaban durmiendo también se habían levantado y rondaban por el desierto y su valle, algo que Abbas olvido mencionarle), por lo que no había resultado en víctimas mortales todavía, aún así estaba infectando un área cada vez más grande y por la actitud de las criaturas que aún permanecían en el desierto, parecía que no tardarían en seguir sus huellas. Cómo aún era un solo nundu el problema los ministerios extranjeros se rehusaron a cooperar alegando una situación controlable de parte del ministerio africano, lo cierto es que a ninguno le hacía gracia arriesgar sus aurores así, solo esperaban que la situación se contuviera por si sola o que no estallase como pronosticaban que sucedería, solo enviaban ayuda para recuperación pero no tropas de ataque para enfrentar a esa bestia y muy posiblemente a las otras tres para contener la situación de manera definitiva.

Al arribar, Kadar percibió miradas de hostilidad a la par de algunas de esperanza, pero todas ellas mezcladas con una clara veta de incredulidad, era obvio que todos ya habían escuchado sus historias y estaban al tanto de su juventud, pero una cosa era escuchar una historia que parecía un cuento hasta para un hechicero, y otra muy distinta era ver a un dragón tomar la forma de un chico de diez años que se propone enfrentar a un monstruo que requiera a cien magos juntos para contenerse. Sin que los otros lo notaran sus facciones habían cambiado sutilmente, sus ojos ahora eran de un leve violáceo, su cabello era un poco más largo y más claro y su piel un poco más bronceada, fue recibido por una comitiva que estaba al tanto de la situación (habían ocultado lo que pretendían hacer al ministerio porque sabían que el llamado Kadar prefería pasar desapercibido), luego de una breve explicación el muchacho salió en la dirección que le indicaron dejando a Minerva y Natalia para que contuviera a sus inesperados acompañantes para que no lo siguieran, a ninguna le hizo gracia y les dirigieron a estos todo el tiempo unas miradas que les cortaron cualquier protesta que pudieran tener por dejarlos atrás.

Harry se hallaba caminando por un pueblo destrozado, algunos cuerpos en descomposición se encontraban tirados, no demasiados pero no dejaban de ser una perdida que el chico sentía profundamente al saber que era en gran parte por su culpa, en este punto había tenido que cegar una gran cantidad de vidas pero la muerte no era algo que se tomara para nada a la ligera, tosió un poco de sangre dando arcadas antes de enderezarse, tomar una profunda respiración del mortal virus en el aire y relajar todo su cuerpo, normalmente esto lo habría matado antes de que su cuerpo tuviera oportunidad de asimilar el virus para curarlo, pero desde el peculiar incidente en que su sangre había transmutado cualquier virus que entrara en contacto con sus torrente sanguíneo literalmente se quemaba y lo que pudiera sobrevivir en algún otro lugar terminaba por ser asimilado proporcionándole una inmunidad completa. Unos jarrones cayendo llamaron su atención, no había viento ni otra cosa que pudiera proporcionar movimiento, salvo…

GGGGRRRRHHHH

Era como un tenue temblor acompañado de un gruñido bajo y profundo que llenaba el lugar, sin importar cuánto se asegurara de suavizar sus pasos la criatura los sentiría. Cuando sintió que todo se había calmado dio un salto que casi alcanzó los cuatro metros y que lo libró de las fauces del leopardo por muy poco, en medio escape dio una voltereta en el aire y antes de terminar estaba extendiendo un par de enormes alas negras y devolviéndole una bola de fuego justo en la cara del enorme y letal felino. El nundu retrocedió un poco pero en medio de su intento para volver bajo tierra fue sujetado con unas poderosas garras y levantado casi veinte metros en el aire antes de que Harry lo dejara caer sobre algunas construcciones derruidas. Esta vez no se dejo vencer fácilmente, al momento de caer lo hizo de pie y de inmediato dio un salto para arremeter contra el colacuerno que lo había atacado, apuntando directamente a su cuello, las escamas inferiores eran más delgadas por lo que los dientes llegaron a atravesar, más no a desgarrar, un gruñido de dolor escapó del dragón mientras se forzaba a mantenerse en el aire, sabía que si caían así el nundu obtendría la ventaja, en lugar de eso aferró más a la bestia y dándole un gran impulso a su cola lo golpeó con ella brutalmente en la espalda, esta vez fue el turno del nundu para rugir de dolor e impotencia al sentir su espalda ser perforada por los afilados picos de bronce, incluso teniendo que soltar a su adversario, pero Harry no se detuvo allí, arrancó de cuajo un pedazo de carne al sacar los pinchos desgarrando la espalda de su presa, entonces empezó a subir sin detenerse hasta que la altura fue demasiada y el enorme leopardo quedó sin sentido, a partir de allí Harry simplemente dejó que la pérdida de sangre lo debilitara hasta que muriera dormido de una manera menos dolorosa.

Llevó el cuerpo de regreso hasta el mismo sitió del que partió, fue recibido en un enorme silencio cargado de incredulidad y asombro, solo rotó por las voces, tanto normales como mentales de sus dos acompañantes, incluso Bill fue a recibirlo cuando la preocupación por su camarada superó la sorpresa ante la escena, su ropa estaba un poco deshecha, ya que había evitado llevar su armadura, y tenía una fea herida de mordida en el cuello pero Natalia empezó a curarla, también el equipo médico completo del lugar se había acercado al saber lo ocurrido, sin embargo eran todas heridas menores cosa que no hizo más que incrementar el asombro de los presentes, los rompedores de maldiciones ni siquiera podían abrir la boca para expresar su asombro, salvo por uno.

-¡¿Cómo hiciste eso? –Bill finalmente pudo preguntarle una vez los dejaron a ellos y a Natalia en una tienda luego de tratar sus heridas, sonaba más emocionado que preocupado, pero era comprensible, no todos los días vez algo semejante, sonriendo con un poco de dolor el chico se incorporó.

-Ya tendrás oportunidad de verlo por ti mismo amigo mío –le contestó para sorpresa de todos, entonces su vista se centró en el Johnson y el resto de su equipo- esto fue solo el inicio, quedan tres nundus rondando por el valle y no tardaran en seguir el ejemplo de su hermano –les dijo con un poco de malestar- así que tendré que hacerme cargo, pero para eso necesitare la ayuda de sus chaperonas –comentó divertido al ver la expresión de molestia en el rostro de ellos y la de ánimo en Natalia, al igual que los pensamientos de Minerva que escuchaba todo desde afuera- como estoy seguro que no se quedaran tranquilos supongo que lo mejor será llevarlos y evitar que tengan que seguirnos sin saber en qué se meten.

-¡Oye! –Finalmente Cameron respondió- tal vez no seamos unos monstruos pero somos magos bien calificados –le dijo ya hartó de que los estuvieran menospreciando como si fueran unos…

-Novatos –le cortó Kadar, por un momento el mago creyó que había terminado su pensamiento, pero se sacudió esa idea cuando notó que en realidad estaba llamándolos así- no creó que hayan sido calificados para enfrentar criaturas mágicas ¿o sí? –Preguntó de forma retórica, ninguno contestó de todos modos, era verdad, ellos eran expertos en protecciones y maldiciones- mucho menos puedo esperar que sepan cómo enfrentar a un nundu con un grupo tan reducido…

-De hecho su presencia será un obstáculo –intervino Natalia con toda intención de dejar eso en claro- sería mejor para todos si ustedes se quedan.

-¿Y tú qué? –Preguntó Roger- ¿También te conviertes en un dragón? –Preguntó un poco interesado.

-Natalia tiene ciertas ventajas en el combate que pueden mantenerla incluso contra un nundu –intervino el más joven, luego se quedó viendo a la vampira- pero aún con esas corres más riesgos que Minerva o yo.

-¡No voy a quedarme! –Le advirtió ferozmente.

-No, no lo harás –admitió el chico rascando su nuca, pensativo, entonces pareció llegarle una idea- pero usaras mi espada –sorpresa y confusión llenaron silenciosamente la tienda.

-¿Qui-quieres qué yo… quieres qué yo lleve a Reaper? –Le costó asimilar esa idea casi tanto como terminar de pronunciarla, pero estaba asombrada, ella protegía la espada para cuando él, su maestro legitimo, la necesitara, pero ni en sus más locos sueños, ahora que soñaba, había imaginado poder usarla.

-Será lo mejor –declaró con calma, luego se giró hacía los restantes- en cuanto a ustedes, es cierto que no pueden luchar como nosotros, pero tengo una idea que puede funcionar, imagino que saben volar ¿cierto? –La pregunta fue tan imprevista que tardaron un instante viéndose entre ellos antes de asentir confundidos, El chico solo sonrió complacido mientras su plan iba tomando forma.


La idea de estar al alcance de un nundu fue haciéndose más patente con cada minuto que se acercaba la hora y para la mayoría fue cada vez más claro que debieron hacer caso de la primera opción y quedarse fuera de eso, solo el Weasley parecía aun entusiasmado con la idea, no era alguien suicida ni demasiado temerario, conocía sus límites, pero no pudo encontrar ningún punto flojo en el plan que Kadar había propuesto, por lo que se sentía bastante tranquilo de seguirlo, solo había una cosa que no le cuadraba, mientras él y el resto de rompedores de maldiciones se encontraban sobrevolando a unos cuarenta metros sobre el suelo, lejos incluso de la peste, sobre los dragones, la pelirroja "amiga" de Kadar se hallaba en el lomo de este, todos llevaban cascos burbuja como precaución pero no parecía seguro para ella, a Bill le tranquilizaba en cierta forma ver que la mujer llevaba aquella peculiar espada con la que su joven amigo había partido una momia inmortal como si nada pero no podía dejar de sentirse preocupado, no sabía porque pero aquella chica le recordaba vagamente a su hermana menor, nunca se lo diría claro está, ya sabía el tipo de carácter que se gastaba y no quería arriesgarse, de hecho era una de las cosas que le parecía familiar, el carácter, la determinación, el odio a ser dejada de lado o menospreciada. Sin embargo le parecía claro que Kadar le tenía un genuino cariño, así que estaba seguro de que no la arriesgaría.

Aún le era difícil imaginar qué tipo de relación tenían esos dos, Kadar le había confesado que Natalia dijo que eran amantes para fastidiar al grupo de Johnson, pero aun así era verdad que había algo entre ellos que ninguno acababa de determinar más allá de que no querían dejar al otro. Dejo de lado todo pensamiento que no fuera su tarea cuando los primeros gruñidos les dieron aviso de que una de las criaturas estaba cerca. Bill llevaba el mapa y los dirigía, una vez estaban en el lugar indicado los dragones empezaban a atacar provocando al nundu para que saliera. En este punto entraban los rompedores de maldiciones, también expertos en protecciones, colocaban barreras para contener a los nundus en un espacio y evitar su huída bajo tierra o sobre ella, estas barreras no eran infalibles dada la velocidad con que debían colocarse para evitar que el leopardo se escapase antes, pero como este no tenía oportunidad de concentrarse en romper las barreras mientras luchaba y era herido esto no representó un problema. Lo demás quedaba en manos, y garras, de Kadar, Minerva y Natalia, la primera vez que lo vieron por poco dejan caer la barrera, los dragones detenían al monstruo mientras Natalia saltaba sobre él, literalmente saltaba sobre su cabeza y la abría como si fuera un melón con aquella espada, por lo que sabía tanto los huesos como la piel de los nundus era muy reforzada contra la magia, o cualquier cosa, sin embargo eso no parecía detener a la pelirroja o a su espada.

Bill frunció el ceño al ver el arma nuevamente, sabía lo suficiente para darse cuenta de lo que hacía, cortaba la magia, pero eso solo podía ser obra del peor tipo de artes oscuras, no quería pensar mal de sus amigos pero su padre le había hablado muchas veces de los peligros que conllevan aquellos que se envuelven buscando ese tipo de poder, hizo una nota mental de preguntarle a Kadar acerca de ella cuando regresaran, normalmente no se inmiscuiría en la vida de sus amigos, pero esto era algo serio, en especial dados los últimos acontecimientos y lo que pensaba hacer hace poco.

Parecía irreal lo que estaban sucediendo, si alguien les hubiera contado que hizo lo que estaban haciendo le hubiesen recomendado el ala psiquiátrica de San Mungo. Cazar nundus en su propio territorio con un dragón, una vampiriza (ya les habían contado parte de la verdad pidiendo cierta discreción, obvio que sospecharon al ver a la chica de 1,60 saltando sobre un leopardo de 20 metros, peso les dijeron que Natalia usaba pociones y protecciones especiales para defenderse tanto de la luz como de la necesidad de beber sangre) y un niño-mago-dragón que parecía tener las 52 cartas de la baraja bajo la manga, en un grupo con un total de 9 integrantes (aunque el dragón debía valer varios más solo por el espacio que ocupaba), cuando la noche los alcanzó acamparon en el oasis en medio del valle ya que su aire era lo bastante limpió para que estuvieran allí sin problemas, sin embargo nadie habló mucho durante la noche. Les tomo dos días en total dar caza a los tres nundus restantes, curiosamente el joven mago no regresó a la aldea, sino que una vez terminada su tarea encogió sus "trofeos" de caza y emprendieron el regreso con Abbas, está de más decir que este lucía bastante pagado de sí mismo ante las miradas de envidia de los otros mercaderes que veían con ojo codiciosos las invaluables pieles, de tratarse de alguien más Harry habría temido por la seguridad de su comprador al dejarlo con semejante mercancía, por la que sin duda algunos matarían, pero conocía lo suficiente a Abbas para saber que aquello cuando mucho sería una molestia menor.

-¿Cuánto será esta vez? –Preguntó apenas se hallaron en la tienda del susodicho.

-Llegaremos a un acuerdo sin duda –aseguró el traficante mirando lo que le traían- sin embargo solo pudo costear dos de esas –confesó levemente apesadumbrado- te parece hacer lo mismo que con el basilisco y subastar los restantes entre los otros mercaderes –sugirió mientras encendía una lustrosa pipa que parecía hecha de marfil (aunque Harry sabía que Abbas la había hecho de con uno de los huesos del primer nundu que le vendió), los otros magos escuchaban sin saber cuándo terminarían las sorpresas, las palabras del chico que los llevó allí dieron una respuesta poco esperada a ambas preguntas, a la suya y a la del mercader.

-Necesito que hagas algo por mi respecto a este trato –empezó a decir luego de un minuto de reflexión el chico- de los cuatro nundus, te venderé esos dos a ti, el tercero puedes subastarlo, pero me quedare con la parte baja de las pieles, es decir la parte blanca, además quiero que tomes el cuarto nundu y la cabeza de los otros tres y las entregues a la aldea que pidió mi ayuda junto con mis ganancias de la venta –la pipa favorita de Abbas cayó al suelo de las manos del impresionado mago, cada par de ojos se centraron incrédulos en Kadar, salvo por los de Natalia que no parecía sorprendida, simplemente puso los ojos en blanco. Cuando Abbas recuperó su pipa del suelo se quedó viendo al muchacho un rato.

-¿Quieres… simplemente regalar esta fortuna? –Era claro que el mago moreno no podía concebir una idea semejante, pese a no ser él quien perdería algo, Harry simplemente asintió- tú sabes de cuanto estamos hablando Kadar –le mencionó volviendo a encender su pipa con renovada calma, la mente de aquel chico siempre sería un misterio para él.

-Como cien mil galeones –dijo despreocupadamente encogiéndose de hombros, seis quijadas de magos cayeron al suelo ante semejante cifra (Sí, la de Bill también) sabían que aquellas pieles debían ser muy costosas sin duda, pero eso era más de lo que ganaban en 3 años, entre todos juntos, solo entonces Roger fue capaz de encontrar su voz.

-¡Espera! –Dijo de pronto llamando la atención de todos- ¿Qué hay de nuestra parte? También nos jugamos el cuello ayudando a capturar esas cosas

-Nosotros pedimos ir –interrumpió Bill antes de que Natalia le dijera a ese rompedor de maldiciones lo que pensaba- y no sé ustedes pero yo al menos no lo hice por un pago de nada –le cortó sin amilanarse para nada ante la mirada que le dirigieron la mayoría de sus compañeros de profesión.

-Weasley tiene razón –para sorpresa de todos fue Johnson el que intervino- nosotros nos metimos en eso y no fue por dinero –le dijo mirando a Roger severamente, este pareció avergonzado por su arrebato anterior.

-Sí, pero…

-Roger tiene un punto –interrumpió Harry al aludido atrayendo nuevas expresiones de sorpresa- yo tampoco había considerado el asunto del dinero por eso no me pareció mala idea dárselo a la aldea ya que no lo quería, pero es cierto que ustedes tuvieron su participación en esto y corrieron graves riesgos.

-¿No te interesa semejante fortuna? –Le preguntó un poco incrédulo Josep.

-Si me interesara habría aceptado que los de la aldea me pagaran por acabar con los nundus –resaltó lo obvio, el mago desvió la mirada un poco avergonzado- al igual que ustedes, acepte este trabajo sin pensar en ninguna retribución, pero ya que hemos obtenido algunas ganancias lo justo es que las repartamos.

Bill fue el más reacio a aceptar ese dinero, sobre todo luego de escuchar lo que Kadar pretendía hacer con él, en su opinión esa gente lo necesitaba mucho más que ellos, sin embargo aún con su parte fuera recibirían más de 60000 galeones, suficiente para reemplazar todas las pérdidas (menos las humanas) tres veces y mucho más, al final el pequeño desvió les valió a cada uno una comisión extra de seis mil galeones, sin contar con qué su pequeña actuación frente a aquella momia les había ahorrado casi un mes de trabajo, por lo que ahora les daban libre una semana para que la cobraran a principios de agosto, incluso Harry pensaba que darles una semana por un mes sonaba a una estafa pero así eran los duendes y no tenía caso protestar, además cierta conversación que tuvo con Bill se llevó cualquier pensamiento que pudiera tener en su normalmente atestado cerebro.

-Kadar, puedo hablar contigo un momento –le había llamado justo después de que arribaron de vuelta a su campamento, una vez estuvieron a solas junto a la fogata en donde el joven preparaba un poco de té, continuó- ¿Me podrías decir, de dónde sacaste esa espada? –Un leve gesto de sorpresa apareció en el rostro de chico por un segundo, pero luego negó con la cabeza.

-Eso… no es algo que me guste discutir Bill –le dijo un tanto reacio.

-Solo dime que ustedes no la crearon –le pidió viéndose un tanto incomodo con la conversación, pese a que él mismo la había iniciado. El chico de cabello castaño lo miro sorprendido por un instante antes de reír tenuemente.

-Eres un excelente rompedor de maldiciones pero un terrible detector de antigüedades –le dijo en broma- esa espada tiene como diez mil años, es claro que ninguno de nosotros la fabrico –el Weasley finalmente respiró aliviado.

-¿Cómo acabaron con algo como eso? –Le preguntó ya más relajado, aunque no duro mucho al ver la expresión sombría que de pronto puso el chico.

-El anterior dueño trato de asesinarme, tuvimos un duelo y yo gane la espada… y su vida –le dijo finalmente Bill lo miro incrédulo antes de dejarse caer sobre uno de los bancos que había alrededor del fuego.

-¿Puedo preguntarte algo más? –El chico asintió- ¿Por qué haces todo esto?

-No te entiendo.

-¡Todo esto! –Le dijo un poco exasperado- cazar monstruos, relacionarte con traficantes y vampiros, forzar tumbas malditas…

-Tú también trabajas en eso –le recordó Kadar.

-¡Eres un niño por los huevos de Merlín! ¡No se supone que hagas nada de esto! –finalmente le dijo el Weasley- mis hermanos cuando mucho se preocupan por desgnomizar el jardín los domingos… y no lo hacen muy bien siempre hay gnomos rondando después de que terminan –murmuró para sí mismo, sin embargo la broma no dispuesta consiguió aligerar bastante el ambiente cuando ambos empezaron a reír- pero hablando en serio –continuó Bill, una vez de vuelta a la calma- no puedo entender cómo es que un chico de unos diez años termina trabajando en cosas que habría temblar a cualquier mago adulto –el más joven se permitió una sonrisa algo triste antes de contestarle.

-No todos podemos ser un Weasley, Bill –le dijo mirando el fuego un tanto ausente- no todos podemos tener la seguridad de contar con una familia y tener que preocuparnos solo por cosas menos significativas –se explicó al ver que el pelirrojo no lo entendió del todo a la primera- sabes, yo nunca tendré que preocuparme realmente por el dinero, no solo porque tenga suficiente sino porque me enseñaron a sobrevivir sin él si tuviera que hacerlo, tampoco me tocan las preocupaciones académicas y estoy seguro que no tengo que preocuparme de tener gnomos en el jardín –agregó logrando que ambos rieran por lo bajo un momento- pero tomaría todas esa preocupaciones y cualquier otra en la que pudieras pensar por formar parte de una familia como la tuya, si pudiera hacerlo.

-¿Y por qué no? –Preguntó el Weasley al entender la última parte, Harry se dio cuenta de que habló de más muy tarde pero ya no se podía hacer nada.

-Tengo muchas cosas que hacer todavía –contestó un poco evasivo.

-¿Cosas que tienes que hacer o que te obligan a hacer? –Preguntó entornando los ojos.

-Cuando lo pones de eso modo en realidad no suena muy justo ¿verdad? –Comentó el castaño sin apartar la vista del fuego por un rato, cuando encaró al pelirrojo tenía una sonrisa torcida- pero a pesar de cómo suena Bill, te aseguro de que hago esto por voluntad propia, yo elegí esta vida.

-Vuelvo a mi pregunta inicial ¿Por qué?

-Porque la opción era esto o pasar mis días confinado en una casa sin poder decidir nada por mi mismo –contestó el castaño desganadamente mientras avivaba el fuego, por su visión periférica vio al pelirrojo hacer una cara rara- es duro y tengo que trabajar mucho, pero mi maestro me enseño como, vale la pena al fin de cuentas.

-¿Qué pasa con tu familia?

-Están muertos, me odian o estamos distanciados –contestó sencillamente provocando una mirada cada vez más sorprendida de parte de su camarada- de hecho esa última parte es con la que mejor me llevo, pero hasta que termine con lo que se me encargó…

-¿Qué hay de ese maestro? ¿No es tu tutor? –La respuesta fueron unas sonoras carcajadas de parte del chico, parecía que aquella pregunta había sido el mejor chiste que haya escuchado, cuando se dio cuenta que Bill lo miraba extrañado dejo de reír.

-¿Lo decías en serio? –Sonaba sorprendido por eso- un tutor se preocuparía por evitar que corriera riesgos ¿te parece que es un tutor?

-Veo tu punto –contestó luego de notar ese hecho tan obvio.

-Sin embargo me enseño todo lo que sé –continuó- en realidad le debo mucho.

-Eso no justifica arriesgar a alguien de esa manera –insistió Bill negando con la cabeza.

-Ya te lo dije estoy por elección propia Si eso era todo lo que querías discutir conmigo Bill me gustaría preguntarte algo –Se adelantó antes de que el Weasley agregara algo más, este se quedó mirándolo un rato antes de que volviera a hablar- Esa "comisión" extra que ganamos en nuestra pequeña aventura… ¿Qué planeas hacer con ella?

-¿Por qué me preguntas? –Cuestionó intrigado el pelirrojo, era la primera vez que veía que algo le llamará verdaderamente la atención al chico frente a él, aunque no veía el motivo. Tras sopesarlo un instante Kadar le respondió.

-Ya te lo había dicho, tengo dinero… una suma considerable de hecho pero lo único que hago con ese oro es dejarlo empolvarse en mi bóveda, no es como si necesitará hacer algo con él pero… tengo curiosidad –le confesó finalmente, Bill lo miro un tanto extrañado pero luego se puso a pensar.

-Gringotts tiene muy buenos asesores y los duendes no suelen jugarle chueco a sus clientes, si te pones en manos de alguno…

-¿Tu sabes algo de inversiones? –Le cortó de pronto- ¿Puedes hacer de asesor? –Le preguntó tomándolo por sorpresa de nuevo.

-No es mi especialidad pero conozco del tema tanto como cualquiera que logra entrar a trabajar al único banco de magos –le contesto con sinceridad y solo una pisca de petulancia- para ser precisos ¿De cuánto estamos hablando? –el chico se quedó en silencio por un momento antes de levantar dos dedos, la primera suma que asaltó la mente de Bill fue dos mil galeones pero luego de reflexionar un segundo y recordar la "presa" del día…- ¿Vente mil galeones? –El joven hechicero negó con la cabeza- ¿Doscientos mil? –Preguntó asombrado pero el chico negó nuevamente- ¿No me querrás decir que ahorraste dos millones en galeones vendiendo pieles de monstruos? –Preguntó un tanto divertido pero la seriedad en el rostro del chico le borro cualquier intento de sonrisa.

-Bill –empezó despacio- tomando en cuenta no solo el oro sino algunos artefactos únicos, el monto de mi cuenta en Gringotts hondea entre los dos mil millones.

Luego de eso tomo varios minutos para que el pelirrojo se recuperara de la impresión, y cuando lo hizo lo único que pudo articular fue:

-No puedo… -tal vez la primera vez que esas palabras lo golpeaban con una fuerza tan devastadora- no puedo hacerme cargo de esa fortuna, lo siento Kadar –le dijo tomando un largo trago del té que ya estaba listo- hay personal en Gringotts para cuentas de esa magnitud…

-Lo sé –se adelantó el chico- me hablaron de algo luego de ofrecerme la bóveda en máxima seguridad pero el dinero nunca ha sido una de mis prioridades y en ese momento tenía mucho más de que hacerme cargo que de una fortuna que no tenía intenciones de amasar en primer lugar.

-Te entiendo –le dijo calmadamente tomando su té- dabas un paseo por casualidad un día y te tropezaste con una montaña de oro, le sucede a cualquiera –le aseguró con un asentimiento tan casual que uno casi no podría adivinar que estaba siendo sarcástico.

-Algo así –contestó un tanto fastidiado- En fin ¿Qué me aconsejas? –El pelirrojo lo consideró un rato.

-Con tu estilo de vida actual… que hagas un testamento bastante largo y no te olvides de los amigos –le contestó con una sonrisa inocente que no le quedaba para nada.

-Otro chiste de esos y te traspaso mi bóveda para ver cómo te las arreglas con ella –le avisó suficientemente serio para que a Bill no le cupiera duda de que cumpliría la amenaza, tragó fuerte.

-No nos precipitemos –le calmó sin poder evitar cierto nerviosismo, pese a su corta edad era lo bastante sabio para saber que los problemas de tener poco efectivo no se comparaban con los que suponían el tener demasiado- Respecto a lo de tu bóveda, acepta el trato de los duendes, se puede decir muchas cosas de ellos pero son justos en los negocios, solo necesitas un vocero –ante la confusión del menor continuó- es tu enlace con el banco, se encarga de llevar las cuentas, enviarte un reporte periódico y trasmitir las ordenes en caso de que quieras hacer alguna intervención, como imagino que no te pasaras regularmente por Londres ni querrás recibir constantemente estados de cuenta la mejor opción es nombrar uno, si eliges a alguien dentro de Gringotts facilitara los tramites de pago.

-¿El vocero también debe ser un duende? –Preguntó curioso, Bill solo se encogió de hombros.

-Eso depende de ti pero ya te lo dije, en cuestión de negocios los duendes son los más rectos, si no intentas estafarlos no te estafaran a ti.

-Supongo que el vocero debe vivir en Londres –comentó Harry para sí mismo bebiendo su propio té.

-No necesariamente, he escuchado que muchos manejan los balances por correo y los reducen a un informe breve sobre lo que les interesa a sus clientes.

-Gracias por el dato.

-Para que están los amigos –le dijo restándole importancia, pero luego su mirada se volvió un poco más seria- Hay algo más de lo que me gustaría hablar contigo.

-Tú dirás –le alentó despreocupadamente.

-¿Recuerdas la semana de vacaciones que nos prometieron? –El chico asintió- el cumpleaños de mi hermana es por esas fechas, así que decidí darle una sorpresa –comentó, Harry asintió de nuevo y algo tarde trato de demostrar un poco de sorpresa ya que se supone que no sabía aquello sin embargo Bill no lo notó, aun seguía pensando en la mejor manera de exponer su propuesta.

-Espero que te vaya bien –le deseó el castaño- me cuentas como te fue.

-No será necesario, vendrás conmigo.

Cinco segundos pueden no parecer mucho tiempo, menos cuando te quedas en blanco pero las personas alrededor tuyo lo notan fácilmente, sobre todo si te están viendo mientras esperan alguna respuesta.

-¡Kadar! –Tardó un momento en ubicar a quien le hablaban.

-Bill, ¿estás hablando en serio?

-¿Tenias algo planeado?

-Planeaba rechazar las vacaciones y continuar irrumpiendo en tumbas –contestó honestamente- no es como si tuviera algo más que hacer.

-Bueno, ahora ya lo tienes ¿Qué dices?

-Bill, yo no…

-Piénsalo bien, y dame tu respuesta mañana, estoy seguro que le agradaras a mi familia, les conté mucho acerca de ti en mis cartas y mi madre pidió que te invitara si tenía oportunidad para agradecerte que me estés cuidando –le comentó rodando los ojos.

-¡¿Le dijiste de esto a Molly Weasley? –Le preguntó entre asombrado e incrédulo.

-¿Me crees idiota? Habría recibido un vociferador al día siguiente por no hacer nada al respecto, como si pudiera –masculló rascándose la nuca y desviando la mirada.

-¿Entonces que le dirás cuando me vea?

-¿Significa que vendrás? –Le preguntó de vuelta sonriendo satisfecho, al no recibir contestación prosiguió- por el bien de la paz comunitaria dentro de la Madriguera, sugeriría que continuaras con tu disfraz hasta que encontremos una forma de decirle o hasta que tengamos que regresar, más probablemente la segunda.

-Bill ¿Acaso te avergüenzas de mí? –Le pregunto en broma con fingida expresión de dolor el castaño, ambos se rieron de buena gana antes de seguir.

-Nunca de un amigo, pero sé bien lo que opinara mi madre y la verdad prefiero volver a vérmelas contra esa momia que estar en medio de la ira de Molly Weasley –confesó con un leve escalofrió como si recordara algo, su maestro no le había contado mucho al respecto pero con la versión de Bill bastaba para que Harry no quisiera estar en esa situación tampoco.

-Me gustaría ir, pero apenas tengo práctica en eso de la convivencia –le avisó.

-Perfecta oportunidad entonces ¿No crees?

-¿Qué hago con Natalia y Minie?

-Exacto, ¿qué pretendes hacer con nosotras? –Inquirió la dragona asomando su cabeza a la luz, tomando a ambos magos un poco por sorpresa.

-En realidad no veo porque no puedas traerlas –comentó Bill una vez se recuperó del susto de ver una inmensa cabeza de dragón asomarse de entre las sombras, Kadar lo observó como si no lo creyera- ya vi que sabe comportarse, además muero por ver la expresión de Charlie, seguro le dará un ataqué, está loco por los dragones.

-No creo que a alguno le entusiasmen los vampiros ¿Verdad? –Esta vez fue Natalia la que intervino desde la entrada de la tienda, había estado escuchando desde el inicio y pensó que ya era hora de intervenir, en realidad no le importaba. Sabía que si Harry en verdad quería ir ella no pondría objeción pero tampoco se separaría de él así que era mejor avisarle al pelirrojo que estaría presente de un modo u otro, para su sorpresa el chico solo sonrió con antelación.

-En tanto no intentes alimentarte de nadie de mi familia no creo que tengamos problemas –le contestó tranquilamente- en realidad papá es muy abierto y no juzgaría a nadie por anticipado, mamá y ese pesado de Percy seguramente se preocuparan un poco al inicio pero el ministerio sabe los cambios que han tenido los vampiros respecto a su alimentación así que no creó que tengan problemas, de hecho seguro que a Fred y George les agradara conocerte.

Aún con cierta renuencia Natalia termino por hacerse a la idea de que visitarían a la familia de Bill, no tenía nada en contra de los Weasley, de hecho por como Bill los pintaba eran muy buenas personas, con sus defectos y todo, sin embargo en lo que a relacionarse con personas trataba, Natalia tenía aún menos experiencia que Harry o Minerva (aún la dragona había tenido experiencias de convivencia cuando su tamaño era suficiente para no alejar a cualquiera que la veía, aunque no lo demostrara Harry sabía bien que eso la deprimía, extrañaba poder jugar con los niños de las aldeas en puntos del mundo olvidados y el mismo mago no había tenido mucho tiempo para jugar desde que dejaron la guardia de los lobos). Aún con tantos peros en el aire Harry estaba ansioso por ver la Madriguera, no había tenido la oportunidad la primera vez que se apareció allí pero los recuerdos que su yo mayor tenía de le hacían sentir nostalgia solo con pensar en ello, pero más importante era la persona que estaba allí. Como bien dicen, un hogar lo hacen las personas y la que lo había hecho sentir en casa sin importar en qué clase de infierno se encontrara solo con brindarle su amistad se encontraba en el lugar al que se dirigía.

Solo pensar en eso lograba ponerle nervioso, era la primera vez que vería a Ginny cara a cara en más de cuatro años, hablaban muy seguido pero sabía que se sentiría diferente cuando la viera en persona, además estaba el hecho de que había acordado con Bill permanecer cubierto al menos que se les ocurriera una forma de explicarle a Molly Weasley que no había nada de raro en un niño de nueve años viviendo por su cuenta y trabajando rompiendo embrujos en tumbas malditas hace miles de años (ósea que no le iban a decir nada, solo para ser claros al respecto). Aunque habían acordado que sería lo mejor nunca había sido capaz de guardar algo en secreto de Ginny, salvo por asuntos donde sabía que era cosa de vida o muerte mantener la boca cerrada, la pequeña Weasley sabía que era un animago, metamorfo y básicamente un prófugo del mundo mágico, aunque nunca comprendió muy bien el por qué, sabía de Minerva claro, incluso sabía de Natalia, por lo menos sabía que tenía una guardiana vampiriza de pésimo carácter que lo acompañaba. Ya pensando en ello se percató de que jamás le menciono este hecho a Natalia, lo cual significaría una bronca segura en cuando el tema apareciera, sin contar con los riesgos de exposición que representarían su presencia en la casa de personas tan cercanas a Albus Dumbledore, esas debían ser sus preocupaciones en ese momento sin embargo el solo podía pensar en cómo decirle a Ginny que era él sin delatarse ante alguien más.


-¡Podrían mostrar una pizca de sensibilidad ustedes dos!

Aquellos gritos y el foco de los mismos eran frecuentes en la Madriguera, los gemelos pelirrojos solo mantenían la mirada en el suelo mientras esperaban que a su madre se le pasara el enojo y finalmente dictara la sentencia, aunque ellos mismos reconocían que esta vez habían ido muy lejos, aún cuando habían esperado por una pequeña revancha contra su hermanita por aquel sucio truco de incautarles un castigo que, para variar, no se merecían por robar una botella de brandy. Pero ellos tampoco esperaban que luego de tantos comentarios que habían hecho al respecto justo ahora su hermanita fuera a desquebrajarse. Todo había empezado hace algunos años cuando su padre trajo la noticia de que la búsqueda de el niño que vivió había sido pasada por el ministerio a mínima prioridad, claro que había intentado animar a su pequeñita, la cual había escuchado la historia de ese niño siempre con más entusiasmo que cualquier otro, diciéndole que no se había abandonado la búsqueda, los gemelos no tuvieron ni de cerca tanto tacto cuando mencionaron que aquello era más un formalismo para no decir abiertamente que ya lo daban por muerto y que probablemente así era, casi habían llevado a su hermanita al borde de las lágrimas, lo que les valió un sermón que pareció eterno, pero más tarde ese mismo día les cayó el infierno cuando desapareció una botella de la alacena de licores, como nunca apareció no pudieron probar nada para defenderse pero a su madre no le hacía falta pruebas para ponerlos a trabajar en el jardín todos los días por un mes completo desde el amanecer y como es claro antes del desayuno.

Como era lógico a los dos bromistas no les costó dar con el responsable de su suplicio, ni Ron ni Percy eran tan brillantes y Charlie no tenía el tiempo de planear algo así estando ya en sus últimos años de colegio y obsesionado con su determinación de convertiste en un observador de dragones, sin mencionar que ninguno tenía algún tipo de motivación salvo por su querida hermanita, desde entonces acostumbraban tomarle el pelo constantemente por cosas insignificantes, su estatura, su carácter, su costumbre de encerrarse en su cuarto apenas terminaban de cenar, pero principalmente acerca de su fijación con Harry Potter. Usualmente era una tomada de pelo de vez en cuando pero ese día precisamente habían apuntado por decirle todos los motivos por los que era imposible que aquel chico siguiera con vida, fue la primera vez que recordaban haber visto llorar a su hermana ¡Y tenía que ser precisamente el día de su cumpleaños! Ni siquiera el regaño de su madre podía hacerlos sentir peor de lo que ya se sentían por eso, en realidad ambos estaban pensando en cómo disculparse, apenas notaron cuando la matriarca Weasley les dijo que fueran a su cuarto y que se disculparan con su hermana antes de la cena.

-¿Ginny? –Llamaron ambos al unisonó frente a la puerta de su hermana.

-Váyanse –dijo débilmente desde el otro lado la voz de la aludida, su voz se oía algo ronca era claro que había estado llorando desde hace rato, eso solo los hacía sentirse más cucarachas de lo que ya se sentían antes.

-Por favor Ginny, solo danos un minuto –pidió Fred, el que llamaran antes de entrar ya era bastante sorprendente pero esto era muestra de cuanto sentían lo que habían hecho.

-Por favor, ya váyanse –parecía que Fred iba a intentar algo mas pero su gemelo lo detuvo y le hizo una seña para que subieran a su cuarto.

-Esta vez en verdad lo arruinamos –acordaron ambos ya en su habitación.

-¿Y ahora qué hacemos? –Preguntó George, Fred negó con la cabeza dando a entender que tampoco sabía, hasta que tronó los dedos dando a entender que le había llegado una idea luego de una breve discusión entre ambos tomaron buena parte de sus ahorros y salieron a buscar a sus otros hermanos, aunque alguno se vio algo reacio al principio cuando le explicaron de que se trataba todos terminaron aceptando, más que por ayudar a los gemelos para que Ginny no pasara encerrada en su cuarto el día de su cumpleaños. Por suerte (nótese la ironía) parte de su castigo era quedarse sin almuerzo, ya que necesitaron ese tiempo para ajustar los últimos detalles de su plan.

La jovencita Weasley por su parte seguía recostada en su cama, había dejado de llorar hace un buen rato pero no estaba de humor para hablar con nadie, bueno había una persona con quien quería hablar pero ya había intentado llamarlo por el espejo y no contestaba, eso significaba que no estaba cerca del espejo para saber si lo llamaba, no era raro, desde hace un tiempo habían acordado una hora en la que podían hablar sabiendo que el otro estaría allí para contestar, a pesar de eso le llamó esperando que pudieran hablar un momento, no sabía que podría decirle para hacerla sentir mejor pero le hacía un bien inimaginable solo escuchar su voz, aunque este era un tema del que no había hablado nunca con su amigo secreto, sabía que era algo tonto, un enamoramiento de una chiquilla por una celebridad o algo parecido, incluso ella aceptaba que era eso por lo que no lo hablaba con Harry, en especial por que se sentiría incomoda diciéndole a Harry que estaba enamorada de Harry, hasta en su mente sonaba incomodo, sin mencionar que lo que sus hermanos decían tenía sentido, a estas alturas ya no era posible esperar que siguiera con vida cuando hasta el ministerio había dejado de buscarlo, sin embargo algo dentro de ella le impedía pensar lo mismo, ni siquiera ella entendía el por qué de su propia terquedad, sus reflexiones fueron cortadas cuando alguien llamó a su puerta, ya no se sentía tan triste o enojada pero todavía no quería hablar con nadie, por lo que simplemente no contestó.

-Ginny –esa era la voz de Fred, o de George, como sea ahora tenía aún menos ganas de contestarles- sabemos que no quieres hablar con nosotros así que escucha.

-En verdad lo sentimos –dijeron ambos al mismo tiempo, no lo encontró gracioso ni de cerca esta vez- y no solo por el castigo y la amenaza de mamá… –continuó uno solo.

-…aunque eso tiene algo de merito…

-…en serió lamentamos lo que dijimos…

-…pero por lo menos…

-…acepta tu regalo…

-…sino por nosotros por el resto…

-…todos pusimos algo.

Con algo de renuencia se levantó de la cama y se acercó a la puerta, eso último de "todos" había picado su curiosidad, así que abrió la entrada lo suficiente para poder ver al par de bromistas, sin duda si expresión era lamentable, hasta ella se había dado cuenta de que esparcían arrepentimiento, pero no el habitual arrepentimiento que demostraban cuando los atrapaban en alguna de sus bromas, ese era arrepentimiento por haber sido pescados, este arrepentimiento era genuino, decidido esto se hizo a un lado para dejarlos pasar.

-El castigo debió ser muy malo, digo si vienen con esas caras –comentó la pelirroja una vez entraron, con toda la intención, ninguno reclamó nada.

-En realidad no lo sabemos, estábamos…

-…pensando en cómo disculparnos…

-…más tarde tendremos que…

-…preguntárselo a mamá.

Finalmente sonrió un poco y los gemelos le sonrieron de vuelta, llevaban una pequeña caja café, en cuanto la vio se la pasaron, ella regresó a verlos una vez más para cerciorarse que no le estaban preparando otra broma pero no lo parecía, aún así que retiró la tapa con mucho cuidado, sus ojos se abrieron más de la cuenta cuando vio lo que había allí sin saber si sentirse enojada, sorprendida, asustada o… no sabía ni como se llamaban el resto de emociones que podía estar sintiendo ¿Cómo lo habían averiguado? regresó a ver a los gemelos como exigiendo una explicación aunque las palabras no alcanzaban a pasar de su garganta, estos interpretaron su sorpresa por eso, pero no entendieron el verdadero motivo.

-Genial ¿cierto? –Dijo uno, posiblemente Fred, él era el que generalmente empezaba las frases, no escuchó bien lo que siguió pero una vez que los gemelos terminaron de explicarle se quedó todavía más en blanco por lo que acababa de descubrir.


Era ya bastante avanzada la noche cuando terminaron de entregar el último formulario asegurando que terminada esa semana regresarían sin falta a sus respectivas ocupaciones, por suerte la diferencia horaria les dejó el tiempo suficiente para llegar a la cena de cumpleaños, sin duda sería una sorpresa ya que Bill no había avisado que aparecería, Harry estaba un poco inquieto por el hecho de aparecer de esa manera con una dragona y una vampira sin siquiera algún tipo de aviso pero Bill no parecía en absoluto preocupado por eso, solo estaba ansioso por ver a su familia, había sido la ausencia más larga que tuviera de ellos, ya sabía que eso era lo que significaba independizarse pero en una familia tan unida aún era difícil hacerse a la idea. Salvo por las luces de la cocina la casa estaba a oscuras, lo que significaba que llegaban a tiempo para el feliz cumpleaños.

La expresión de todos los pelirrojos al ver al hijo mayor de la familia aparecer justo para pedir su porción de pastel fue algo para un retrato, la Sra. Weasley dejo caer el cuchillo y plato que sujetaba en ese momento, ni siquiera el que debía recibirlo, Ron según las descripciones que le había dado Bill anteriormente, dijo algo al respecto, de un momento a otro se volvió una algarabía por darle el recibimiento al invitado inesperado, un leve piquete de envidia atacó a Harry ese momento al ver a la familia de su amigo pero lo bloqueó, se sentía bien de saber que había personas que pudieran vivir felices con sus familias, le recordaba por que había escogido el camino más peliagudo de todos. No más familias destruidas ni divididas, Voldemort no volvería a hacerlo, él se encargaría de eso, sus pensamientos se cortaron cuando un par de ojos castaños se centraron en él, el extraño en la sala, curiosamente aquella personita no dijo nada sobre él, se limitó a observarlo, Harry agradeció cuando el padre de Bill interrumpió la escena al notarlo en su casa, la mirada de Ginny empezaba a ponerlo nervioso.

-¿Quién es tu amigo Bill? –Preguntó amablemente centrando toda la atención de la familia en un nuevo blanco.

-Este amigo es la razón de que pudiera venir –lo presentó Bill llegando junto a él- su nombre es Kadar, es un camarada mío ¿recuerdan?

-Oh, ¿Es él? –Preguntó notablemente sorprendida su madre, luego se fijo en el invitado- disculpa querido, Bill dijo mucho de ti pero no esperábamos verlos, por favor siéntense –invitó cordialmente acercando con su varita una par de sillas extra.

-Muchas gracias señores Weasley –agradeció el recién llegado con una voz seca y profunda- pero falta presentarles a un par de invitados más.

Algo extrañados regresaron a ver al único miembro de la familia que podía saber de que hablaba su invitado, pero Bill solo contestó con un ya verán antes de seguir a su amigo afuera donde la familia entera dio un paso atrás ni bien salieron, aún en la oscuridad un dragón era demasiado notorio para no verlo, la Sra. Weasley dio un chillido, crasamente similar al de Percy, los gemelos corearon genial, Ron casi se cae de la impresión Arthur Weasley saco su varita como reflejo aunque su hijo lo detuvo antes de que intentara algo, Charlie simplemente se había quedado sin habla con la quijada colgando.

-Tranquilo papá, es la mascota de Kadar –explicó el rompedor de maldiciones con el tipo de naturalidad que usarías al presentar una lechuza.

-¡¿Su, ma… mascota? –Repitió claramente sorprendido retirando su vista del gigantesco reptil un instante por reflejo, pero de inmediato volvió a mirarla.

-¡Es impresionante! –El entusiasmado grito del segundo hijo sobresaltó a todos los demás- ¡un colacuerno húngaro autentico! ¡¿Puedo verlo de cerca? –Le pregunto como un niño pequeño a Kadar, este asintió entre sorprendido y divertido, antes de que su madre pudiera recuperar el habla para detenerlo el pelirrojo ya estaba dando vueltas alrededor de Minerva- es una hembra bastante joven, muy fuerte, patas torneadas y esbeltas, estructura ósea robusta músculos fuertes, escamas perfectas, garras pulidas –redactaba mientras más veía, más entusiasmado parecía, de haber podido Harry estaba seguro que Minerva se habría ruborizado, sin embargo sonrió en respuesta, Minie se dio cuenta muy tarde que para cualquiera eso era un gesto muy amenazador, de hecho Molly estuvo a punto de desmayarse cuando vio los colmillos- colmillos sin rastros de podredumbre, limpios y sanos –continuó sin intimidarse ante la, para cualquier persona cuerda, aterradora escena- cuernos brillantes, alas completamente desarrolladas y…

-¡¿Quieres cerrar la boca? ¡Se va a poner insoportable! –Le cortó ya bastante harta la mujer del grupo sobresaltando al pelirrojo que claramente no la había notado estando tan ensimismado en la dragona, de hecho ninguno de los Weasley había reparado en la nueva pelirroja hasta que esta le grito a Charlie.

-Disculpen casi lo había olvidado, voy a presentarles a Natalia Ivanov, también es amiga de Kadar y nos salvo el cuello a ambos una vez –relató Bill señalando a la joven que no parecía mayor que Charlie, para asombro de todos.

-¿Y ella qué es? –Preguntó interesado uno de los gemelos.

-¡Fred!

-¡Yo soy Fred!

-Bueno, ¡George!

-Era broma, si soy Fred

-¡Basta los dos! ¿Qué clase de pregunta es esa?

-Es qué…

-…nuestro querido hermano mayor…

-…nos trajo…

-…un mago enano y…

-…un dragón…

-…así que solo nos preguntábamos…

-…si había algo más, eso es todo.

-Dejen de decir tonterías –les espetó su madre, luego se dirigió a la recién llegada- discúlpalos querida, a veces no saben cuando dejar de bromear –se disculpó con la nueva pelirroja, sin embargo esta miraba a la mujer con algo de duda, era extraño que se sintiera nerviosa pero por alguna razón quería caerle bien a esas personas, tal vez porque Harry tenía la misma preocupación.

-No se preocupe –le dijo finalmente- en realidad tengo una respuesta para ellos –agregó regresando a ver a los pelirrojos idénticos- vampira –ante la interrogante descubrió un poco sus colmillos logrando que ambos chicos se sobresaltaran un poco por la sorpresa- yo soy una vampira –especifico, al ver que todos se quedaban callados volvió a ocultar sus colmillos- lamento si esto les causa molestias.

Si los Weasley estaban sorprendidos por esta revelación, no era nada comparada a la sorpresa de Harry al escuchar a Natalia disculparse por algo, sin embargo la Sra. Weasley, una vez salió de su estupor inicial, le dijo que no se disculpara y volvió a invitar a todos a pasar, salvo por la dragona claros esta, aunque Minerva no se sintió para nada mal, en realidad se sentía muy animada tras escuchar a Charlie, pese a que Molly aún la veía con cierto temor no dijo nada, aunque Percy soltó una larga verborrea acerca de todas las leyes que rompía tener a un dragón, hasta que su padre le pidió que lo dejara por la paz, ya que el colosal animal no parecía en absoluto agresivo.

-Supongo que el libro de leyes parlante es tu hermano Percy –menciono una vez estuvieron en la mesa, la mayoría rio de buena gana.

-Intenta algo menos obvio –le animo Bill.

-Sería difícil, Charlie ya quedó en evidencia allá afuera –esta vez incluso Percy rió un poco y Charlie lo hizo de buena gana aunque un poco avergonzado- el más joven es Ron –prosiguió usando deliberadamente joven y no "pequeño", no quería enemistarse con el que sería su mejor amigo algún día- al menos que tenas algún hermano duplicado del que no me has hablado esos deben ser Fred y George –dijo señalando a cada uno- sé que tu eres Fred, lo dijiste afuera así que no lo niegues –se adelanto antes de que empezaran con eso de "Yo soy George, no lo vez"- y la única jovencita debe ser la cumpleañera –apenas entonces saco de entre su túnica una caja más o menos grande de cartón envuelta en papel café y cordel trenzado, se acercó, a la pequeña a la que pasaba por más de una cabeza, y le entrego el paquete.

-No tenías que hacerlo Kadar –le dijo Bill llegando junto a él y mirando con una sonrisa como su hermanita desgarraba el papel, pero cuando retiró al tapa su sonrisa se congelo- en verdad no tendrías que haberlo hecho.

-¡Es preciosa! –Chilló Ginny al sacar una capa para invierno completamente blanca, aunque parecía bastante liviana se sentía calida al tacto.

-Tiene conjuros para mantener una misma temperatura, por lo que se siente caliente cuando hace frío y fresca cuando hace calor. Es muy útil ya sea que te encuentres en el desierto o en medio de la montaña, es perfecta para el invierno.

-¡Muchas gracias! –En verdad le había encantado, no tenía nada de ropa nueva y esa superaba con creces cualquier cosa que hubiese visto, por reflejo abrazo al invitado de su hermano, para mayor sorpresa este lo recibió sin sorprenderse aunque el abrazo duro un segundo pareció eterno para algunos pelirrojos presentes.

-No era necesario que se molestara –intervino Molly sutilmente cortando el momento- parece muy costosa –comentó un poco preocupada, por un instante Ginny temió que su madre le dijera que sería mejor no aceptar aquel presente.

-En absoluto, yo mismo la hice y recibí el material como parte de un pago con un viejo amigo así que en realidad no me costó tanto –explicó sencillamente, la matriarca Weasley lo miro con un nuevo aprecio ante dicha declaración recordando sus propios obsequios Navideños- además le debó mucho a Bill por haberme invitado así que no le de tantas vueltas.

Luego de eso continuaron la celebración aunque se mostraron muy interesados cuando fue la hora de comer el pastel, pero Harry se las arreglo para que la capucha cubriera la mayor parte de su rostro les había sorprendido ver a la vampiriza comer pero Percy nuevamente había sacado a relucir que era él único al que le importaba lo que pasaba en cada oficina del Ministerio de Magia, cuando explicó que desde hace poco los vampiros habían aprendido nuevas técnicas para mantener su sed bajo control, que les permitía vivir de forma muy parecida a la humana, cuando las últimas felicitaciones se dieron, el último chocolate caliente se repartió y todos fueron enviados a sus respectivas camas (Kadar les había explicado que tenía suficiente espacio en su baúl para Natalia, Bill y él mismo), finalmente el pelirrojo encaró a su amigo.

-Por favor, no me digas que esa capa estaba hecha de lo que creó que estaba hecha –le dijo frotándose las sienes.

-OK, no te lo diré –dando un fuerte suspiró el Weasley se sentó en uno de los sillones de la sala.

-Mañana hablare con Ginny y le explicare…

-No aceptaré esa capa de vuelta Bill –le dijo simplemente, podía ver al pelirrojo armándose de paciencia como si por primera vez estuviera hablando con un niño.

-No puede aceptar un obsequió como ese.

-Ya lo hizo –le contradijo.

-No sabe lo que en realidad es.

-Yo lo sé, y no me parece que sea para tanto, esa piel era mía Bill –le cortó antes de que intentara algo más- creó que jugarme el cuello por ella me da el derecho a decidir que hacer o a quien dársela y además me parece que ella lo vale.

-Ni siquiera la conocías antes de hoy –argumentó extrañado Bill, Natalia regresó a verlo entornando los ojos, por un momento Harry quiso patarse por soltar aquello.

-Me has contado de ella más que de cualquier otro de tu familia Bill –le recordó tratando de no sonar culpable- y a todo esto ¿por qué tanto escándalo? –El pelirrojo soltó una carcajada seca.

-Esto no es escándalo, escándalo es lo que habría si mamá se hubiese dado cuenta lo que en realidad era, esa capa debe valer más que esta casa y las tierras que la rodean, no es lo usual recibir un presente de ese tipo, aun menos para nosotros –agregó al ver que su camarada estaba por intervenir.

-¿Alguna vez se te paso por la cabeza regresarle a tu madre el jersey que te envía en navidad, aún sabiendo que difícilmente lo necesitaras en Egipto? –Le preguntó de repente, Bill se movió incomodo.

-Eso es…

-Es lo mismo y lo sabes –le cortó, el pelirrojo no podía desmentir aquello- en honor a los mismos principios de tu familia no me devolverán esa capa –le avisó- pero si tanto te preocupa yo les explicare al resto de tu familia lo mismo…

-¡NO! –Le cortó de inmediato- sin importar el motivo no creó que al resto de mis hermanos les haga mucha gracia, ninguno de nosotros esta acostumbrado a recibir cosas nuevas ni mucho menos tan valiosas, tampoco quiero iniciar una discusión sin sentido con mis padres, pero tal vez decirle a Ginny sí sea una buena idea, es lo bastante discreta para no soltar la sopa –y que lo digas, pensó para sí Harry- tratare de arreglar que puedas hablar con ella a solas para que le digas.

Harry casi sintió ganas de abrazar a Bill por eso, pero sabiamente decidió contenerse aunque seguro este y Natalia se preguntaban el porque de esa estúpida sonrisa en su rostro el resto de la noche, sin otra palabra los tres se retiraron, había dos habitaciones y un par de camas plegables así que no fue problema ubicarse dos en la de huéspedes y Natalia "amablemente" aceptó la habitación principal para dormir ella, aunque en un inicio sugirió dejar a Bill en la de huéspedes y compartir la otra con Kadar, este le dijo que no era necesario presionar más la curiosidad de Bill acerca del tipo de relación que tenían.


Para alegría y nerviosismo de Harry la oportunidad de hablar con su amiga se presentó al día siguiente cuando luego del desayuno Bill sugirió dar un recorrido por el campo, y ya que su hermano se había quedado observando a Minerva y comparando algunas notas de sus libros de cuidado de criaturas mágicas, para deleite de esta y cabreó de Natalia que se había quedado con ellos a petición de Kadar para que respondiera las dudas del Weasley. El resto de hermanos por su parte aprovechó que tenían de vuelta a su hermano mayor para jugar un partido de Quidditch, claro que habría sido mejor si su mejor jugador no estuviera embelesado como un idiota mirando a un reptil mágico del tamaño de su casa. Cómo Ginny no podía jugar con ellos (o mejor dicho no la dejaban) fue la encargada lógica de llevar al invitado por la parcela de hierba y árboles, el mago estaba pensando en la mejor forma de iniciar una conversación cuando de pronto la pelirroja se giro y lo encaró poniendo los brazos en jarras con una expresión un tanto agresiva que instintivamente lo hizo retroceder un paso, dos más cuando con una ráfaga de la mano levantada de ella, precedida de un grito de finite, la pequeña niña hizo volar su tapadera dejando su rostro al descubierto.

-Muy bien, ahora dime ¿por qué no me dijiste que estabas con Bill y que ahora te dedicas a irrumpir en tumbas malditas Harry?

Continuara...

NA: Mis disculpas a todos por la espera y mi eterna gratitud por los mensajes alentandome a continuar, quisiera expresarles más pero de momento mi tiempo es breve, solo espero que les haya gustado el nuevo capitulo.

Hasta la próxima