El despertar del demonio.

Capítulo 43: alas rotas.


Lejos de las tierras de Equestria, precisamente en la capital de las tierras de los grifos, en el interior de su estudio y rodeado por más que pilas y pilas de documentos, se encontraba el señor de los grifos Crow Wings leyendo, uno por uno, cada uno de estos documentos de comercio y demás asuntos políticos de variedad.

Ante el estudio del señor grifo entra uno de sus concejales.

-señor disculpe por la intromisión-

-deja el reporte sobre la mesa, y si no tienes nada mejor que decir, vete- murmura el rey mientras no despegaba su mirada de uno de los documentos, el cual firma con una larga pluma café y algo de tinta negra.

-señor, el investigador me dijo que era importante que lo leyera-

-lo hare cuando termine de revisar esta última pila de reportes administrativos. Vete-

-solo quero avisarle que ya se estableció fecha y lugar para la nueva junta del consejo por lo que paso en Equestria esta mañana-

-okei, dime-

-¿fue tan grabe?-

-si señor... aquí está el reporte del consejo y también el de su equipo de investigación-

-lo revisare después, dime mejor cuando será la junta-

-será en dos días, en el imperio de Cristal-

El rey por un momento deja de escribir y se pone un poco pensativo.

-bien, ya puedes irte-

-disculpe, señor- dice el concejal mientras retrocede reverenciándose.

El señor de los grifos continua con su trabajo, leyendo uno por uno, cada uno de los textos, y colocando su respectiva firma, salvo por uno que otro documento que simplemente hacia a un lado; o, en el peor de los casos, colocaba un sello que decía "denegado". Las horas pasaron, el día llegaba al atardecer, y la noche se abría paso por el mundo cubriéndolo con su dulce y estrellado velo estelar. Pese a todo, el rey continuaba sentado en su estudio trabajando sin descanso.

-hoy tampoco viniste a cenar- se escucha una juvenil y dulce voz.

El señor grifo, por primera vez en el día, hace a un lado su pluma y los documentos que con tanta concentración leía, y mira frente suyo a una joven grifo, pequeña a comparación de la mayoría de los de su raza, con una figura más estilizada y de reluciente plumaje blanco.

-lo siento mucho, cariño. Esta semana se me junto mucho el trabajo- suspira el rey.

-dirás este año- murmura la princesa mientras se cruzaba de garras.

-perdona, pero esto de la escases de comida y falta de agua en algunas regiones, ha sido mucho trabajo para mí-

-entiendo, (suspiro) si tienes tanto trabajo deberías dejar que te ayude, pues… se supone que ya estoy en edad para que me enseñes las responsabilidades del reino, ¿no?-

-tú todavía eres muy joven, mi cielo, mejor dedícate a tus estudios-

-sí, muy joven. ¿Sabías que ya he tenido dos propuestas de matrimonio esta última semana?-

-¿¡QUEEEE!?- exclama el rey grifo mientras clava sus garras contra su mesa. El golpe fue tan fuerte y prominente que por un momento pareció como si la mesa se fuera a partir en dos. Los ojos de Crow se hicieron muy grandes y sus pupilas se contrajeron, mientras su oído se agudizaba, mostrándose como toda una fiera ante su hija quien comenzó a reírse.

-jijiji, solo bromeaba, papá-

-tú sabes que no me gustan esas bromitas- murmura mientras intenta desclavar las garras de la mesa, dejando tras de sí una prominente y profunda marca sobre la madera alguna vez tersa y reluciente.

-wow, en verdad temo por el que se atreva a invitarme a salir- comenta la joven grifo.

-sí, debería temer- murmura el rey grifo mientras se quita algunas astillas de entre el pelaje y las garras- si alguien se atreve a salir contigo, yo mismo lo castrare-

-¿y cómo esperas tener nietos?- bufa la grifo.

-aun eres una niña, no tienes que pensar en esas cosas, mi cielo-

-Papá, soy una grifo no una poni, tú mismo me dijiste que a mi edad tú ya sabias todo lo referente a las relaciones sociales y económicas entre naciones-

-sí, sí, lo sé, pero yo no estuve en coma por una década- murmura el rey colérico, este baja su mirada ahora ensombrecida e intenta escudarse entre las pilas y pilas de documentos, en eso este siente como algo comienza a darle de palmaditas en su espalda. El rey grifo voltea y ve a su hija sonriéndole.

-nunca te diste por vencido- le dice con un tono suave y orgulloso, el rey sonríe ante las palabras de su hija.

-nunca me daría por vencido, aún eres mi niña… eres todo lo que me queda-

-y tú lo eres todo para mí- le dice su hija mientras le abraza con mucho cariño.

-¿estas tomando tu medicamento?-

-aj, sí, pero en verdad, no creo necesitarlo más, me siento excelente-

-tómalo, por favor- murmura Crow con bastante modestia.

-sí, papá, está bien. Lo haré, si tú cenas- le sonríe la grifo, Crow le mira con una sonrisa.

-de acuerdo, puedo hacer eso-

-no puedes, debes- le recalca ella.

Ambos grifos se echan a reír un rato, y cuando todo se calma la princesa nota que su padre aún se encontraba sentado sobre su sofá, por lo que esta le mira con inexpresividad. La princesa se cruza de garras y mira de mala manera a su padre.

-solo dame 5 minutos, ahora yo….- la princesa no dejo que su padre terminara la frase, inmediatamente le obligo a hacer a un lado sus documentos y lo arrastró por la habitación.

-¡espera! ¡oh por favor, se supone que yo soy el padre!- se queja Crow mientras su hija le arrastraba, pero realmente no hizo nada por evitarlo, y dejo que su hija le sostuviera por las garras y llevará casi a rastra hasta el comedor, donde el señor de los grifos únicamente se dispuso a mantener una expresión seria pero con una tenue sonrisa, disimulada por una falsa expresión de cólera.

La princesa le llevo hasta el comedor donde le sentó y ordenó que se le trajera su cena.

-solo comeré un plato de cereales-

-oh, no, no, no, tendrás una cena digna de reyes ¿oh no? Su majestad – dice con un tono burlón, y el rey no evita soltar una sonrisa ante aquel tono hilarante.

-je, okei, terminemos con este juego de una vez- murmura el rey mientras su hija le colocaba la servilleta con mucha delicadeza y el rey simplemente acercaba los cubiertos.

-je, que fuerza tienes, me arrastraste todo el camino hasta aquí- comenta el rey burlonamente mientras se le preparaba la cena.

-soy tu hija ¿o no?-

-sí, sí, pero aun eres una niña-

-y dale con eso, por favor, papa ¿Cuándo dejaras de decirme niña?-

-cuando tu tengas nietos- comenta el rey burlonamente, para lo que la princesa le mira inexpresiva- la verdad... no importa cuánto pase, siempre serás mi niña-

-sí como digas, papi- murmura la princesa mientras jugaba con su cuchara haciendo círculos en el mantel.

El rey sonríe al ver este gesto de su hija, llegando a recordarle cuando esta hacia precisamente lo mismo cuando solo tenía 3 años. Incluso recordó una ocasión en que esta tiro todo su platón de tomate cosido y escribió su nombre con la salsa sobre el mantel; aunque, claro, esto fue cuando ella era aún más pequeña.

-¿y cómo vas con tus estudios, mi vida?-

-aburrido, pero está bien, era de esperarse ¿no?- responde la princesa mientras mascaba un pedazo de carne como si fuera un chicle.

-veamos ¿Qué tanto has aprendido? Hmmmmm ¿en qué año se fundó las tierra de Mana?-

-bueno, en síntesis, la pregunta es un poco tonta, pues nuestro calendario da pie directamente desde la fundación de nuestro reino hace 3500 años, por lo que sería el año uno, 1500 años antes de la fundación de Equestria, 2340 antes de la fundación del reino minotauro, y se tienen precedentes de nómadas de nuestra raza de 1700 años antes del llamado año uno-

El rey grifo sonríe al escuchar la respuesta por más completa que le dio su hija.

-¿Por qué nuestros ancestros edificaron la capital sobre esta montaña?-

-porque encontraron un regalo de dioses del que solo nuestra raza tiene conocimiento, con el cual el primero de nuestra estirpe unifico las tribus más grandes formando una sola y poderosa nación- responde la princesa mientras se inclina un poco por que se le había caído el tenedor.

-¿valor de la daga blanca?-

-poder, luz y símbolo de nuestro linaje-

-¿la raíz cuadrada de 32400?-

- 180, pero no es historia-

-excelente, nada mal- suspira el señor grifo mientras toma un poco de café.

-volverás a trabajar después de cenar, ¿verdad?- le pregunta su hija con inexpresibidad.

-tengo que, es mejor que termine pronto con esto- murmura el rey mientras se talla los ojos- ¿Cuándo tienes tu examen?-

-lo tuve hoy, que mal informado estás-

-disculpa, he tenido mucho en la cabeza Eithel- suspira con resignación.

-enserio papá, descansa, no me gusta verte así-

-¿cómo? ¿te refieres a esto? Je, he tenido peores momentos, por eso estudia cariño. Mientras más sepas, más fácil será este trabajo para ti-

-papá creo que ya sé suficiente-

-solo llevas 2 años en la escuela, yo estudie por 15 años antes de que tu abuelo me permitiera ayudarle con los reportes administrativos-

-sé que puedo-

-oh, ahora resulta que eres más lista que tu padre- se mofa el rey grifo.

-tal vez-

-je, okei, veremos hija, veremos. Por lo pronto, terminemos de cenar-

-está bien- bufa la grifo.

Las horas pasan con rapidez, y Crow Wings se encontraba al pie de la puerta de la habitación de su hija, observando como esta permanecería dormida, el grifo permaneció en el sitio con una postura pacifica, mientras en sus pensamientos se remontaba a aquellos lejanos tiempos en los que su joven hija era solo una pequeña cría de grifo. Por un momento este creyó recordar a cuando su esposa solía contarle historias o cantándole canciones, el grifo comenzó a sentirse un poco nostálgico añorando el pasado, pensó en su familia. Su esposa y su otra hija que ya no estaban. Comenzó a sentirse muy melancólico y triste al pensar en ello, pero al ver de vuelta a su hija durmiendo pacíficamente, su espíritu encontraba reconforte.

Crow se aleja finalmente de las habitaciones de su hija y regresa a su estudio, donde estaba dispuesto a firmar una pila más de documentos previo a ir a la cama, pero al llegar una nueva y pequeña pila de barias carpetas llaman su atención, se acercó a ellas; y, antes de siquiera tomar la primera, pudo divisar un símbolo que el reconocería al instante, y también había otra carpeta con un folder diferente que correspondía al del consejo. Era el símbolo de sus investigadores, inmediatamente este toma la primera carpeta con bastante impaciencia e intriga, tomo el folder del reporte del consejo, y quedo aún más intrigado al ver ciertas cosas, su mirada cambia completamente a una eficaz y severa, casi como si estuviera furioso, analizando lo que acababa de leer en ambos reportes una y otra vez, con bastante severidad, comenzando a dar sus propias conjeturas.


Tras tanta oscuridad y desgracias, un rayo de luz parece aparecer ante las ponis varadas en el pie de la montaña de lo que alguna vez fue Canterlot, justo cuando parecía que la oscuridad finalmente les consumiría y no tendrían más remedio que ver a dos de los suyos morir lentamente es cuando apareció la princesa Mi Amore Cadenza. Con una amplia sonrisa esperanzadora, esta llego hasta con ellos y trajo consigo tres carrozas en las que les acogerían y llevaría rápidamente hasta el imperio de cristal.

Todos o la mayoría sintieron gran alivio al ver la llegada de la princesa del imperio, sin embargo pese a esta aparente señal de esperanza, las cosas no podrían ser más difíciles para la familia real. Las desgracias no parecían tener un final. Durante todo el camino de regreso, desde lo que alguna vez fue Canterlot hasta el imperio de cristal donde supuestamente todos estarían seguros, Celestia no podía pensar en otra cosa que no fuera su hija y su esposo, ambos al filo de la muerte, por culpa de una fuerza superior que aún no conocen y que podría atacarles en cualquier momento.

El camino no podía ser más que lento para la princesa del sol, quien estaba muy consciente del estado de su esposo e hija. Estaba alterada, quería gritar, ordenarles a los ponis que se apresuraran cuanto antes para que pudieran atender de inmediato a su agonízante familia, estaba desesperada, pero algo en ella sabía que no era bueno apresurar las cosas, sabía que si iban mínimamente más rápido, las carrozas actuarían más bruscamente, y las heridas de su esposo e hija se abrirían aún más. Y aun cuando llegaran en poco tiempo siempre persistía la posibilidad de que murieran antes de llegar. Celestia no quería ni pensar en eso, pero era la posibilidad más grande. Su esposo e hija estaban muriendo ante ella, y no podía hacer nada, solo observar, observar como ambos aun respiraban con dificultad. Pero al menos aún seguían respirando, tenía que estar atenta a eso, no quería perder a ninguno, y no podía hacer nada.

Es entonces que un suave casco aprieta el de Celestia con suavidad y cálidas, la princesa del sol voltea levemente, y divisa a su hermana la princesa Luna volando a su lado. Dado a la falta de espacio, y que Celestia no quería separarse de su esposo e hija, esta tuvo que estar sola en una carroza. No podía haber más ponis que no fueran ella, Starlight y uno de los enfermeros, por cuestiones de sobrepeso y espacio para los afectados. La princesa de la noche miró a su hermana a los ojos; y, como si pudiera comunicarse por medio de estos, Celestia comenzó a calmarse un poco, no demasiado, pero lo suficiente para soportar el largo viaje.

No muy lejos de donde ella se encontraba, sobre el piso de la carreta y sosteniendo firmemente el casco de Tara, se encontraba Starlight, quien al igual que Celestia, nunca se separó de su amiga, estando con ella todo el camino, y asegurándose de que tanto Tara como Discord aún respiren. Ella estaba siendo una pequeña enfermera para el apoyo de quienes son como su segunda familia. Siempre vio a Tara como una hermana; y a Discord, si bien nunca lo vio como un padre, siempre lo vio como un tío divertido, que siempre le causaba risas; y en cuanto a las princesas Luna y Celestia, siempre les quiso casi tanto como su propia madre, pues ellas fueron las que le criaron por tres años, en una etapa muy sensible de su desarrollo como poni. En síntesis ella le tenía gran aprecio a toda la familia real, y de cierta forma se sentía en deuda con cada uno de ellos.

Pasaron las horas, para Celestia fueron días enteros, pero finalmente el imperio de Cristal estaba a la vista de todos. Luna se encontraba reposando desde otra carroza en la que iban Fluttershy y Rainbow Dash, así como su hijo quien cargo en casco casi todo el camino, tapando su cara. El potrillo se encontraba dormido, para cuando finalmente habían llegado. Al ver la punta del imperio, Luna se levanta de la carroza y le encarga su preciado tesoro a Fluttershy.

-será mejor que me adelante, y reúna a los médicos para que atiendan a los heridos cuanto antes- dice Luna con seriedad.

-no creo que haga falta- se escucha una voz, en una carroza individual se encontraba la princesa del imperio, la cual no dejaba de esbozar una singular sonrisa- ya me he encargado de todo, siéntate Luna, ahorra energías-

La princesa de la noche frunce el ceño, pero acepta al final, después de todo, si era verdad, no hacía falta que hiciera algo, aunque realmente esta se sentía en la necesidad de intervenir y ayudar en lago.

Celestia no pudo dormir en toda la noche, permaneció en todo momento con los ojos abiertos, ni siquiera parecía reaccionar. Hasta que finalmente la carroza empezó a aterrizar, fue cuando ella finalmente enfocó su mirada en la llegada y lento aterrizaje en los balcones del imperio de Cristal. El descenso fue lo más lento posible para evitar movimientos bruscos que dañaran a los heridos, pero aun así no pudieron evitar uno que otro temblor que movió la carroza y por ende a los heridos. Starlight quien estaba un poco dormitada, reacciona cuando finalmente la carroza piza el suelo de cristal.

Ante ellos aparece un equipo completo de enfermeros, los cuales cargaban consigo varias camillas y una silla de ruedas. La princesa Cadance fue la primera en bajar de las carrozas y esta les indicó quienes eran los heridos. Rápidamente los ponis actuaron y colocaron con cuidado a Discord y Tara, cada uno en una camilla diferente. También ayudaron a Celestia y le sentaron en una silla de ruedas ella de diamante. Celestia intento reincorporarse y trató de alcanzar la pesuña de su hija que estaba colgando en la camilla, pero antes de que pudiera alcanzarla, los ponis se la llevan. Celestia sintió gran cólera, pero trato de aceptarlo al tener en cuenta lo que pasaba.

-Celestia… Celestia….- escucha una nueva voz, la princesa reacciona y ve otra camilla estacionada, donde intentaban acomodar a Discord, pero los médicos tuvieron algunas dificultades al ser el draconequus demasiado largo, por lo que aun juntando dos camillas, su cola de serpiente terminaba colgando incluso siendo pisada por las ruedas de la camilla.

Starlight vio cómo se llevaban a su amiga, y la princesa finalmente al no resistirlo más, se tira de rodillas, y de la nada comienza a llorar. La joven princesa estaba colérica, confundida y alterada, tenía miedo de perder a su magia, y sentía mucha presión sobre sí misma, con todo lo que había pasado. La princesa comenzó a llorar como un potrilla en eso es cobijada por un ala, esta por un momento pensó que se trataba de su madre, incluso una parte más profunda de ella esperaba que fuera Wes, pero se decepcionaría un poco al ver que se trataba de la princesa Luna, quien le miraba con ojos preocupados. Fluttershy llega acompañada de Rainbow Dash, la pegaso amarilla aun cargaba al pequeño de Luna entre sus cascos, aun dormido.

-Fluttershy puedes permitirme a mi pequeño- dice Luna y Fluttershy inmediatamente se lo acerca, Luna lo abrasa entre sus cascos.

-Rainbow Dash, ¿puedes buscar a Twilight?- murmura Luna mientras acomoda a su hijo contra su pecho. La pegaso multicolor asiente y rápidamente sale en busca de la madre de Starlight. Starlight mira como Luna se acomodaba a su hijo y le envolvía con una de sus alas.

-no te preocupes, pronto tu madre estará aquí- le indica Luna con un tono suave que daba seguridad a la yegua. La joven princesa asiente, aún con algo de inseguridad, pero un poco más calmada.

Celestia se acerca a la camilla de su esposo y nota que este había despertado, sus ojos estaban descolorados, y tenían grandes bolsas acompañándoles. Su pelaje estaba pálido y parecía como si hubiera perdido 20 kilos en la última noche, a Celestia le dolía verle así, pero sintió un pequeño alivio al verle despierto.

-Discord….- murmura Celestia con sus ojos en lágrimas.

-por favor cariño… no te preocupes… no te hará bien…- murmura el draconequus.

Celestia comenzó a llorar, no pudo evitarlo, sus lágrimas no dejaban de brotar a montón. En eso la princesa toma un pañuelo y se seca las lágrimas, tardo un momento en darse cuenta de que la caja de pañuelo flotaba tenuemente a su lado. Celestia mira a su esposo con asombro.

-por favor… no llores- murmura el draconequus mientras comenzaba a cerrar los ojos otra vez.

Celestia no quería que Discord hiciera esto, con el temor de que nunca volviera a abrirlos. Finalmente los médicos encontraron la forma de acomodar a Discord usando tres camillas y con media docena de ponis tirando de ellas, Discord comenzó a alejarse, y esto Celestia no lo tomaría bien.

-¡no esperen que hacen! ¡Discord!- exclama Celestia desesperada mientras mira cómo se llevaban a su esposo, alejándole de ella, Celestia intenta arrastrar su silla de ruedas y alcanzarle, pero algo le sostiene y frena en seco, Celestia intento mirar a su alrededor, pero nadie tiraba de la silla, no se daba cuenta que un aura rosada detenía el freno de la silla evitándole avanzar, y no muy lejos de donde ella se encontraba, estaba la princesa Cadance simulando estar dirigiendo a otros ponis para resguardar el castillo, cuando realmente sutilmente, detenía la silla de Celestia.

-¡esperen! ¡DISCORD!- exclama Celestia, cuando en eso pasa lo impensable, Celestia cae de la silla de ruedas, entre la confusión, todos miran asombrados a Celestia en el suelo.

Luna, quien se encontraba con Starlight, corre apresuradamente con su hermana, pero al tener a su pequeño en cascos no pudo ayudarle de inmediato, por lo que fue Fluttershy quien se apuró y trato de ayudar a Celestia a levantarse.

-¡princesa ¿está bien?!- pregunta Fluttershy con miedo mientras ve como Celestia había caído sobre su vientre, cosa que le hace perder el aliento al saber lo delicada que estaba- ¡princesa, rápido tenemos que hacer que la revisen!-

-¡NO, NO ME LLEVARÁN A NINGÚN SITIO, MÁS QUE CON MI FAMILIA!- exclama Celestia mientras torpemente intentaba levantarse del suelo por si misma, Fluttershy estuvo a punto de ayudarle, pero pronto preferiría mejor detenerla al ver que lo que quería hacer era arrastrarse.

-¡princesa Celestia por favor, solo se está haciendo daño!-

-¡Celestia por favor escúchenos usted también tiene que ser llevada a…!- dice Luna pero una fuerte ventisca comienza a sentirse, la crin de Celestia se alborota y sus ojos se torna blancos por un instante.

-¡AL ÚNICO LUGAR AL QUE IRÉ ES CON MI FAMILIA!- dice Celestia con la voz real de Canterlot.

Celestia pierde el control, el castillo comienza a estremecerse, la sola idea de que su esposo e hija murieran en la intervención le acogía con fuerza, por lo que se sentía obligada a estar con ellos, bajo el temor de perderles mientras están separados.

-¡NO! ¡SUÉLTENME FLUTTERSHY!- exclama Celestia mientras empuja a la pegaso amarilla, y es entonces que una vocecita en la cabeza de Celestia comenzó a susurrarle cosas.

-toda tu familia morirá. Solo mírate, que patética te ves, todos los que amas morirán y no podrás hacer nada para evitarlo.

- ¡NO…. DISCORD, TARA!- exclama Celestia mientras todo comienza a estremecerse con fuerza, el pequeño de Luna despierta y comienza a llorar aterrado por lo que pasaba. Fluttershy se aleja de Celestia al ver como el suelo que estaba por debajo de ella comienza agrietarse. Luna al ver que su hijo había despertado le deja en el suelo y va con Celestia.

La princesa del sol estaba descontrolada, su miedo y cólera combinados no le dejaban pensar con claridad, y si nadie hacía algo pronto, Celestia no solo terminara haciendo daño a los que le rodean, pues aunque ella no lograba sentirlos por el cólera, algunos cristales comenzaban a clavarse en su persona y por sobretodo en su vientre al estar en esa posición tan vulnerable. Cadance, quien aparentemente se había ido con los médicos, aun se encontraba oculta tras un pasillo. La princesa del imperio sonreía con malicia mientras no hacía más que contemplar este pequeño descontrol de Celestia con bastante satisfacción, disfrutaba contemplar lo patética que Celestia se mostraba ante su impotencia, casi al punto de parecerle muy divertido.

De repente todo queda en silencio tras un agudo y ensordecedor sonido, Celestia se encontraba con la mirada incrédula mientras su mejilla se enrojecía, cuando finalmente entra en sí, esta mira a Luna con incredulidad, la princesa de la noche le miraba con una mirada penetrante y severa. Frente a ella se encontraba su casco extendido, Celestia tardó en procesar que su hermana le había abofeteado para que esta reaccionase, y al parecer funcionó, pues Celestia dejó de sentir esa intensa cólera y al verse en el suelo con varios moretes en el vientre, su cólera se convirtió en miedo con un intenso frio recorriéndole la espalda, ante ahora el temor de que por su falta de tacto ahora su bebe este lastimado.

Dos médicos aparecen y ayudan a Celestia a levantarse y regresar de vuelta contra la silla de ruedas.

-llévenla a que la revisen- se escucha la voz de Cadance, quien aparentemente iba llegando y había traído los médicos que recogieron a Celestia. La princesa del sol es retirada, muy perturbada y asustada, con sus cascos contra el vientre fue llevada a otra sala para ser revisada.

Las miradas de la princesa Luna chocan con las de Cadance, quien se mostraba muy indiferente. Luna intentaba comprender que era lo que pasaba, no estaba segura, pero empezaba a sentir un fuerte presentimiento negativo en contra de su sobrina. Cadance como si nada, se da la vuelta y se retira, dejando atrás a las demás yeguas, con bastante indiferencia.

Mientras tanto, una joven alicornio amarilla de melena morada se encuentra aún sentada en el suelo, esperando con la mirada baja y vacía. La joven Starlight Road había presenciado demasiadas cosas y aun se encontraba procesando todo. Ella había sido testigo de toda la destrucción en Canterlot, y también fue testigo de cómo su mejor amiga era llevada a que la operaran. Durante todo el camino al imperio, Starlight había permanecido al lado de Tara, pero tuvo que dejarla ir cuando llegaron. No sabía siquiera que pensar ahora.

- ¡Starlight!

La joven princesa levanta la cabeza y tan pronto se voltea, siente algo abrazándola. Eran 2 seres a los que ella conocía.

- ¿Ma… mamá? ¿Spike?

Los ojos de la alicornio amarilla se humedecen al instante. Sin pensarlo le devolvió el abrazo a su familia. Esos ojos húmedos no tardan en formar un mar de lágrimas. Starlight Road empieza a llorar con todas sus fuerzas, mientras su madre la sujetaba.

- Mi cielo, te extrañe tanto – murmura Twilight también llorando un poco – Oi lo que pasó.

- ¿Estas herida? – preguntó Spike.

- Estoy bien… pero… Tara… - no pudo terminar por el llanto que le provocaba pensar en su amiga.

- Ya, ya, mi cielo. Todo estará bien. Tara estará bien.

Starlight logra calmarse un poco. La joven princesa no sabía que tanta validez tenían esas palabras, pero quería creerlas con todas sus fuerzas. Se sentía como un potrilla de 5 años, de las que se creen todo lo que dicen sus padres. Starlight quiere creer en las palabras de su madre, a la que había extrañado tanto.


Celestia fue sometida a múltiples exámenes de sangre, presión y ultrasonido; los médicos no estaban muy convencidos con respecto a cómo ella se encontraba. Se encontraron múltiples problemas con sus resultados, los cuales soltaron datos por el momento inconclusos pero preocupantes, por lo que fue puesta sobre la mesa para más exámenes, le sacaron sangre y con un diagrama especial escanearon su vientre para obtener una mejor imagen del interior de su vientre. Los resultados finales, tomarían algunas horas, y dado a lo noche que era, se decidió dejar a la princesa en una habitación cómoda para que intentara descansar y mañana darle los resultados que tanto esperaban.

Por desgracia para Celestia, lo único cómodo en ese lugar era la cama, la habitación era amplia y tenía paredes de vidrio por los cuales ella no podría ver del otro lado, al contrario, otros podrían verle, podría estar siendo observada y no lo sabría. Conectado a su casco tenía una ampolleta que le suministraba algo que Celestia no estaba segura, podrían ser antibióticos, o simplemente alguna solución para mantenerla hidratada, no estaba segura de que podría ser, y realmente no le importaría de no ser que le daba demasiada picazón en la pata. También tenía otros cables y tubos conectados en el cuerpo y estos emitían datos a una máquina que indicaba sus signos vitales. Su presión era alta y su ritmo cardiaco irregular, de no ser por su embarazo probablemente la hubieran sedado; aunque, de todos modos, si Celestia llegara a realizar alguna escena los médicos no dudarían en dormirla con un sedante, si así dejaba de hacerse daño a sí misma y él bebe.

Eran las 4:35 de la madrugada, y aún estaba oscuro, todo estaba en completo silencio, con excepción de los aparatos que emitían tenues ruidos para indicar sus signos vitales; y Celestia, pese a todo, permanecía despierta. No podía, ni estaba dispuesta, a dormir, sentía demasiada preocupación por sus seres queridos, que no podía concebir el sueño. No podía pensar en otra cosa que no fuera en su familia, probablemente aun ahora, su hija podría estar en cirugía, estaba muy delicada y la carne comenzaba a ennegrecerse. ¿Qué le pasará? ¿Requerirá de más sangre? Si es así, solo ella podría donarle, pero seguramente no se lo permitirán, no mientras esté embarazada, Discord no puede donarle, está igual de delicado que ella, y aun si no lo estuviera, no podría, porque no son del mismo tipo de sangre. Solo ella puede darle sangre, solo ella, porque es su madre y ella es su hija, su dulce hija que ahora mismo está agonizando y ella no está ahí para, simplemente estar a su lado.

Celestia se sentía impotente, no podía resistirlo, era como una tortura, no poder hacer nada por su familia, solo ser un lastre, dejar que ellos le defiendan. Discord y Tara, ambos están así por que la protegieron, porque no podía defenderse, porque es solo una paralitica embarazada de 9 meses, no puede defenderse sola, no puede hacer nada mas que ver a los que ama caer uno por uno y morir por su culpa. Eso era lo que destrozaba a Celestia, eso era lo que tanto le pesaba, el simple hecho de no poder hacer nada más que respirar, y presenciar con gran dolor como su familia muere, y ahora ni siquiera puede estar con ellos. Teme que ambos mueran, teme no estar ahí, teme dejarlos solos, y nunca más volver a decirles cuanto los ama.

Celestia abre de súbito los ojos, nunca estuvo dormida, aunque lo intentó en el transcurso de la noche, nunca pudo realmente conciliar el sueño, y ahora más que nunca, deseaba levantarse y salir. Ella mira a su alrededor, mira por los cristales, no pudo ver ninguna silueta por lo que guardó silencio por unos instantes para ver si alguien venia, pasaron unos minutos y nadie vino pese a que uno de los indicadores de su presión soltó una alarma momentánea que pronto se apagaría tras haberse calmado un poco.

Era el momento, Celestia estaba decidida a salir de ahí y buscar a su familia. La princesa se retorció en la cama e intento ubicar con la mirada cada uno de los aparatos que señalaban sus signos vitales y seguramente empezarían a soltar alarmas en cuanto intentara algo, por lo que una vez que se relajó lo suficiente, esta cerró los ojos y concentro su magia, un manto de energía dorada empezó a cubrir cada uno de los aparatos que indicaban sus signos vitales. Con su magia recorrió cada uno de los aparatos y encontró los cables de tención que les conectaban a la luz. Es entonces que con cuidado usó sus poderes para desconectar cada uno de los cables, y las maquinas se apagaron, una de ellas al principio soltó una alarma, ´pero Celestia la apagó al encerrarla en una burbuja que bloqueó el sonido.

Ya estaba libre, ya podía moverse, por lo que se levantó y con desespero esta comenzó a arrancarse con rabia cada uno de los cables que le conectaban. Se arranco la ampolleta y la princesa comenzó a sangrar pues esta estaba conectada a una de sus venas. Un chorrito de sangre comenzó a brotar de su casco precipitadamente, la sangre mancho sus sabanas del rojo intenso que este era, así como parte de su pelaje. Desesperada, Celestia tomó la funda de la almohada y se hizo un torniquete, no era demasiada la sangre que perdía, era un chorro minúsculo pero consistente, y hacía un completo desastre por todas partes. Cuando ajustó el torniquete con la funda, su casco dejó de sangrar. Ya con este problema resuelto, se dispuso a bajar de la cama, pero primero tenía que encontrar su silla de ruedas, Celestia buscó por todas partes con la mirada, pero no encontró ni rastro de ella, estaba muy segura de que la silla en que la trajeron la habían dejado tras un armario, pero al abrirlo, solo encontró algunas toallas.

-Luna….- murmura Celestia entre dientes al imaginarse que su hermana se la había llevado, no sería la primera vez, todavía recuerda cuando ella y Discord desmantelaron su carroza para que no saliera de Canterlot en su primer embarazo.

Celestia estaba desesperada, casi al punto de disponerse a bajar por la cama y arrastrarse todo el camino si así llegaba a con su familia. La princesa del sol comenzó a respirar frenéticamente, y comenzó a sentir un ardor en la garganta, esta se orilló en la cama, ya a punto de bajar, cosa que no sería muy fácil ya que no solo no tenía piernas, si no que sus alas ya no eran las mismas, y con su embarazo tan avanzado, le sería imposible usarlas para poder movilizarse.

Celestia, teniendo el mayor cuidado posible, intentó bajar de la cama, pero al apoyarse en las sabanas, estas se deslizaron y cayó al suelo, el golpe no fue muy fuerte, pero si lo suficiente como para que lo sintiera, y terminara enterrada entre las cobijas, las cuales como una red de pesca, se enredaron en sus cascos, e hicieron que tropezara otra vez y callera, pero esta vez para proteger su vientre uso sus cascos, y logró evitar golpearse en esa parte del cuerpo.

Ya estaba en el suelo, solo tenía que arrastrarse, arrastrarse un largo trayecto, y buscar por toda la enfermería a su esposo y su hija, algo que simplemente era muy estúpido, pero estaba dispuesta a hacerlo de todos modos; de no ser que, de repente, Celestia comenzó a sentir un fuerte dolor en el vientre. Asustada, la princesa reacciona y se detiene, esta se sienta y coloca sus cascos contra su vientre. Respirando apretadamente intenta calmarse para no perjudicar a su pequeño. Los dolores cesan rápidamente, y Celestia mira incrédula su vientre, ya no le dolía pero aun sentida como su pequeñito le daba pataditas desde dentro, pataditas suaves pero contantes, como si intentara comunicarse con ella.

- estás inquieta… ¿también estas preocupada?- murmura Celestia mientras acariciaba su vientre, y como respuesta siente una patadita pero esta fue mucho más suave, incluso le gusto como se sintió. Celestia no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa ante esto.

-lo siento… no pretendía asustarte, ni lastimarte- murmura Celestia ya sintiendo algo de remordimiento. Es entonces que la sensación de su vientre es un poco más agradable, y siente como su pequeñito se acurruca desde su interior, la princesa del sol coloca con cuidado sus cascos contra su vientre y simula como si lo estuviera abrasando.

Celestia permaneció en el suelo por un instante, comenzando a reflexionar ahora la idea de arrastrarse por la enfermería ya no parecía tan buena idea. Cuando se sintió un poco mejor, regresó a su cama, le costó trabajo, pero con ayuda de su magia, y un poco de sus alas para direccionar la levitación, pudo regresar sin mayor problema. Esta vez fue verdaderamente cuidadosa y delicada, consigo misma, por el bien de su pequeñito que aún crecía en su interior. En todo momento esta tenía sus cascos contra su abultado e inmenso vientre, acariciándolo con cariño, esta se recostó en su cama, e intentó cerrar los ojos para poder dormir un poco. Intentó relajarse, no le fue fácil, pero pudo hacerlo gracias a que aún sentía que tenía a alguien que siempre la acompaña; y que, aunque previamente nunca lo había visto de esta forma, ahora más que nunca se siente conectada con su bebé pese a aun no haber nacido. Agradece el tenerlo consigo, más cerca de lo que podría tener a cualquier otro.

-tengo miedo por tu hermanita y tu padre... pero al menos te tengo a ti, y ya no me siento tan sola- murmura Celestia antes de finalmente, luego de horas de total insomnio, poder conciliar el suelo, y dormir tranquilamente, como tanto lo necesitaba por su propio bien y el de su bebé.


La oscuridad es intensa, no hay estrellas ni señal del astro nocturno. Al otro lado del mundo las tinieblas parecen extenderse por todo. Ni siquiera parece que sea de noche, esta oscuridad es tan intensa y siniestra, como si el mismo demonio envolviera las tierras. De repente se escucha un rugido como un huracán, y por sobre las montañas rocosas pasa a toda velocidad una carroza de oro puro tirada por 4 imponentes grifos, al carroza vuela a toda velocidad y finalmente aterriza súbitamente por encima de una colosal torre de roca sólida.

El recibimiento no se hizo esperar y casi de inmediato aparecen docenas de colosales minotauros los cuales rodean y amenazan a la carroza y sus ocupantes con bastante agresión, con sus lanzas y escudos en lato. Los minotauros se veían muy exaltados y enfurecidos por la repentina llegada de aquellos que osaron venir a sus tierras a la mitad de la noche.

-¡díganos por que han venido! ¡Cualquier tipo de ofensa se tomara como agresión y atacaremos!- exclama uno de los minotauros más grandes mientras se posa ante los grifos, mostrando una expresión muy severa.

-tranquilos, eh venido a ver a su rey- se escucha una vos firme, y es entonces que de entre la carroza baja el señor de los grifos con bastante prepotencia y seriedad, este se baja y encara a los minotauros, colocándose frente a aquellos que tiraban de su carroza.

-llévame con él- concluye Crow con un tono severo.

El señor grifo es escoltado por el castillo y llevado hasta un gran salón donde se encontraba la colosal mesa de banquetes del señor minotauro. El rey grifo se sienta con indiferencia en una de las sillas, frente a él solo había más que una jarra con agua sobre la colosal mesa de piedra y diamante. Crow Wings se sirve un vaso con agua y refresca su garganta mientras espera. Al poco tiempo se comienza a sentir un fuerte estremecer, que agitaba la mesa de roca como si temblara, inclusivo comenzó a generar ondas en el agua de baso que sostenía el señor grifo, este las miro con bastante indiferencia. Es entonces que ante el aparece un malhumorado minotauro de colosal tamaño. Vestía consigo una capa igual o más grande que él, echa de ceda roja como la sangre adornada por algunos detalles dorados y unas hombreras echas del mismo material precioso, que se arrastraba mientras avanzaba. Tenía dos brazaletes de un metal negro, con algunas incrustaciones de oro, uno en cada brazo y un anillo de oro sobre sus fosas nasales.

-¿Qué es lo que quieres, Crow?- dice el señor minotauro con vos predominante.

-quiero hablar contigo- dijo el señor grifo con vos relajada.

El minotauro sonríe y se dirige hasta un trono de roca solida sobre el cual se sienta de golpe y provoca un estremecer muy fuerte que sacude el salón, inclusive algo de tierra cae sobre los presentes.

-sigues igual, te gusta llamar la atención- murmura el señor grifo mientras se sacude por detrás del hombro soltando un poco de tierra.

El señor de los minotauros se echa a reír ante el comentario del grifo.

-y tú sigues con la misma cara larga- comenta el minotauro, el señor grifo se mantiene completamente inexpresivo, finalmente este sonríe y dice:

-no tanto como la tuya-

El minotauro le mira con seriedad mientras comienza a escucharse su fuerte respiración con intensidad. El señor grifo en todo momento mantuvo una expresión inexpresiva mientras el señor minotauro parecía tragarse su ira. Los minotauros que resguardaban la entrada se percatan de esto y al ver como las cosas comenzaban a tensionarse, deciden mejor por su bien salir y cierran las puertas. Luego de un momento de silencio incomodo el señor de los minotauros se echa a reír tras escucharse como se cierra la última puerta, y esta vez el señor grifo se echa a reír también, aunque su risa a diferencia de la del minotauro que era estridente y descontrolada, la de él fue más modesta.

-cobardes- ríe el señor minotauro mofándose de sus propios soldados.

-siempre te dije, tendrán mucho musculo pero son pocos los que realmente tiene las agallas necesarias- comenta el señor grifo.

-sí, je, siempre que pasa esto en tu reino, al menos dos de tus hombres nunca se atreven a salir a menos que tú les digas-

-je, creo que eso demuestra quien tiene más valor entre nuestras razas-

-no digas tonterías, Crow. Lo que pasa es que tus grifos siempre se quedan petrificados por mi magnificencia y por eso no salen huyendo, son un montón de polluelos-

-sí, como digas- murmura el señor grifo con una leve sonrisa triunfante.

Es entonces que ambos estrechan sus manos y luego golpean los puños con fuerza, el señor grifo apretó el pico al sentir la fuerza de su compañero contra su pequeña pata de águila.

-¿te dolió?-

-no, solo me acalambre- murmura el grifo mientras sacude su garra con bastante precipitación.

-jeje. Claro, amigo-

-sí, Minos-

-¿ya recapacitaste y me sederas las montañas que dividen nuestras tierras?-

-claro, las tendrás, cuando la luna se estrelle con el sol-

El señor minotauro se ríe respecto al comentario.

- bien, si no has venido a negociar, ¿puedo saber por qué has venido a mis humildes aposentos?-

-"humildes" si claro, ¿ese es un anillo nasal nuevo?-

-je claro que si-

-es oro ¿verdad?-

-je, sí, ¿y?- dice el minotauro con desinterés.

-también las hombreras y los brazaletes-

-je, no sé qué traes amigo, pero no eres un poni para andarte fijándote en los accesorios que uso o no-

-hay muchos minerales extraños y valiosos en tus tierras, pero el oro no es uno de ellos. es muy escaso aquí; así que, ¿Dónde lo obtuviste?-

-no lo robé, si es lo que preguntas-

-no te estoy acusando de ladrón-

-hice un pequeño negocio con una de las princesas de Equestria, y bueno, me pagó muy bien-

-¿con la princesa Cadance?- insinúa Crow Wings.

El señor de los minotauros se le queda mirando con seriedad.

-¿OTRA VEZ ME ESTAS ESPIANDO?- dice el señor minotauro molesto.

-no, solo a ella, investigue sus cuentas, y note que el imperio de Cristal sufre de una crisis monetaria muy grave de la que aún no saben los ciudadanos. Algunos de mis grifos investigaron más a fondo y descubrieron que grandes sumas de oro y diamantes han sido enviadas a tu reino y depositadas en tus cuentas-

-sí, ¿Qué con eso?, si el imperio está en bancarrota no es mi culpa, fueron negocios. Ella sabía lo que le esperaba si desperdiciaba su oro-

-no me importa, sinceramente, si el imperio de cristal queda en bancarrota porque la princesa Cadance desperdicio todo su oro en luces de neón y chocolates. Mi problema es que esos tesoros fueron usados para pagar algo que los tuyos forjaron. ¿Qué le vendiste?-

-¿Por qué quieres saber? No te incumben mis negocios-

- 4 quíntales de oro es una cantidad muy grande, la suficiente para que forjaras armaduras y espadas, incluso armas mecánicas de cualidades sin igual, para armar un ejército entero ¿Le construiste armas para que organizara una guerra?-

-je, solo le forje una espada del metal de mis dioses-

-¡¿Qué dijiste?!- exclama el grifo exaltado.

-es solo una espada ¿Qué problema puede causar eso?-

-Minos…. Cuando te dije que me proporcionaras algo de ese metal para estudiarlo, era enserio. Ese metal tiene cualidades que ustedes aun no conocen-

-¿Qué con eso?-

-tú dijiste que era imposible forjar un arma punzocortante con ese metal, ¿y aun así lo hiciste por ella?-

- como dijiste, cuatro quíntales es mucho oro-

El señor grifo baja la cabeza, mostrándose un poco asustado e intrigado por lo que esto pueda significar. Realmente, ni siquiera él era consciente de las capacidades de ese metal, pero si tenía en claro lo peligroso que podía ser en las garras equivocadas.

-¿quieres verla?- murmura el señor minotauro con una sonrisa.

-¡¿todavía la tienes?!-

-como dijiste, el imperio de cristal está en bancarrota, y hasta que no me de mi último pago, puedo retener el arma cuanto quiera-

El señor de los grifos intenta recobrar la compostura y regresa a su expresión seria, realmente le intrigaba demasiado el tipo de arma que podría ser, sentía tanto miedo como emoción al saber de su existencia, y si era verdad, tenía que verla.

-está bien Minos, enséñamela-


Quiero disculparme por haber tardado tanto con este capitulo. He estado muy ocupado con el trabajo y la universidad, pero aun asi quiero seguirles trayendo esta historia. Gracias por ser tan pacientes

Doy un agradecimiento especial a mi amigo Juanca29 por apoyarme con este fanfic.