El despertar del demonio.

Capítulo 44. El ultimo día.


Celestia está en cuidado intensivo, esperando los resultados de sus exámenes. La espera es desesperante y sofocante, luego de algunos exámenes, por la puerta entra Twilight, quien se muestra muy preocupada por su maestra, quien desde su llegada no ha estado más que en un estado sombrío y depresivo, temiendo por ella, va con ella para hacerle compañía e intentar ayudarle en algo así como esta lo hacía cuando era más su estudiante.

Twilight le saluda amablemente, pero Celestia no responde, ni siquiera le dirige una mirada, como si ella no estuviera presente. Twilight mira a su maestra con preocupación y se sienta en una silla cercana.

-no se preocupe por su familia, ellos están bien- dice la princesa lavanda. Esas palabras hacen click en Celestia la cual finalmente reacciona.

-¿Cómo sabes eso?- murmura la princesa del son con inexpresividad.

-Fui a verlos recientemente… están mejor, créame princesa…-

Celestia baja la mirada por un instante, mirando en dirección al suelo mientras Twilight se queda a su lado. la poni lavanda por un instante se vio tentada a acercarse mas a su maestra y abrasarle para que así esta pudiera sentirse mejor, pero antes de que se levantara de su silla Celestia hablo.

-entonces… ¿a ti se te permiten verles?-

-sí princesa, em….-

-a ti… a ti, sí te dejan verles… y a mí no, a mí, no- murmura Celestia con un tono sombrío.

-princesa por favor, no lo tome a mal, pero…-

-¿me vas a decir por qué no me permiten ver a mi familia?-

-mire, lo que pasa es que con usted en su estado, no es bueno que se altere si…-

-¡¿por qué no me permiten ver a mi familia?!- exclama Celestia colérica.

-princesa por favor, debe entender que usted no está…-

-¡ESTAMOS HABLANDO DE MI ESPOSO Y MI HIJA! ¿Cómo es que a mí no se me permite verles? ¡¿Por qué?!-

-princesa por favor, entienda es por su bien-

-¿mi bien? ¡ESTO NO ME HACE NINGÚN BIEN!- grita Celestia y todo el imperio de cristal comienza a estremecerse ferozmente.

-¡princesa por favor!- Twilight intenta calmarla pero parece inútil Celestia estaba reacia a escucharla, y parecía como si lo único que tuviera en la mente fuera….

-¡QUIERO VER A MI HIJA!-

-¡princesa, ya basta!- exclama Twilight colérica mientras corría hasta Celestia y la tomaba por los cascos y le mira a los ojos para intentar acerca entrar en sí y calmarla, mientras tanto el castillo entero se sacudía por el poder de Celestia y su bebé- por favor confié en mí, por favor, entienda, no queremos hacerle ningún mal por favor-

Le toma un momento a la princesa en reaccionar, pero se calma al ver los ojos de su estudiante. La tierra deja de estremecerse casi a la par que la princesa del sol se calma.

-por favor… entienda, en su estado no es bueno que se altere-

-quiero verlos, no pensare en otra cosa que no sea eso, no me calambre hasta no ver a mi familia- murmura la princesa del sol mientras ocultaba su mirada entre su larga crin, es entonces que esta coloca un casco contra su vientre, y suelta un leve quejido de dolor el cual preocupo a Twilight, temiendo que fuera él bebe que ya venía, estuvo a punto de correr a la salida y pedir ayuda, pero Celestia le detiene tomándola de un casco justo antes de que se fuera.

-no es nada… estoy bien…- murmura ella mientras soltaba un último quejido de dolor.

-princesa… podría ser el bebé que está a punto de venir…-

-está a punto de venir… se me programará una cesaría, quizás mañana-

-princesa, en ese estado… usted no puede…-

-¿no puedo qué?-

Twilight se guarda sus palabras. Celestia coloca un asco contra su vientre, mientras su rostro esbozaba una expresión de preocupación.

-princesa ¿le pasa algo?-

-es el bebé…. No está bien… por eso son estas pruebas…-

-¿Qué le pasa?- pregunta Celestia intrigada.

-podría perderlo durante el parto…-

-¡¿Qué dice?!-

-su cuello está… tiene el cordón enredado… si sale… se ahogará con él…. se ahogará….- murmura Celestia colérica- los médicos quieren ver que tan serio es, si hay posibilidad de salvarlo con la operación- murmura Celestia entre lágrimas. Twilight permanece en silencio ante la noticia.

Celestia permanece en completo silencio, aún está preocupada por el estado de su bebá, Twilight nota como su maestra se muestra muy triste y preocupada, y siente que ella tiene que hacer algo para poder corresponder lo que ella le ha hecho.

Twilight acerca su casco al de Celestia.

-quiero que sepa que sea lo que sea que pase, siempre estaré con usted apoyándola- dice Twilight, Celestia no parece reaccionar, exhorta en sus pensamientos- Princesa, quiero que sepa que usted, fue una figura muy importante para mí, gracias a usted… soy la poni que soy ahora-

-no, no es verdad- murmura Celestia- ya eras esa poni antes de que la volverte mi estudiante, solo necesitabas crecer y darte cuenta de ello-

-princesa, no es verdad, usted me hizo quien soy-

-no-

-si no fuera por usted... quizás nunca hubiera aprendido lo que realmente vale en la vida-

-esos valores ya los tenías…-

-no es verdad, gracias a usted soy lo que soy-

-¡Twilight ya basta!- exclama Celestia alterada callando a Twilight y llamándole mucho la atención.

-prin… princesa…-

-¡deja de decir que eres como eres por mí, no es verdad, no eres así por mí, eres así por tus padres!-

-siempre la vi como una segunda madre- murmura Twilight con un tono bajo.

-no, no es verdad….-

-sí lo es…. Yo la admiro mucho-

-No tienes por qué… no tienes por qué- murmura Celestia ya poniéndose a llorar.

-¿Por qué dice eso?-

-¡por qué no soy perfecta y nunca lo seré!-

-nadie es perfecto princesa… pero aun así yo le admiro mucho-

-¡no! ¡No tienes! ¡No debes admirarme por nada!-

-princesa, yo la admiro, usted es como...-

-¡no puedes admirarme porque estuve a punto de matarte!- exclama Celestia colérica. Por un momento Twilight queda pasmada e incrédula, mientras tanto Celestia se desmoronaba y caía en llanto- ¡yo iba a provocar tu muerte! ¡ESA NOCHE HACE DOS AÑOS! ¡YO ESTUVE A PUNTO DE DESTRUIR LA GEMA Y TERMINAR CON ESTO PARA SIEMPRE!-

Twilight queda callada unos momentos viendo a su maestra.

-Entonces fue la gema…- murmura Twilight inexpresiva.

-¡LA GEMA FUE ROBADA! IBA A DESTRUIRLA PARA EVITAR QUE CALLERA EN CASCOS EQUIVOCADOS, IBA A TERMINAR CON ESTE MAL PARA SIEMPRE, IBA A SALVAR A MI REINO ENTERO, A MI FAMILIA, A LUCK… a mi hijo… mi niño….-

Twilight permanece en silencio, solo escuchando todo lo que su maestra decía, mientras permanecía inmóvil y en completa calma aparente.

-entonces… quizás hubieras sido mejor que la destruyera- murmura Twilight con aceptación, llamando la atención de Celestia.

-lo siento…. No debí decirte esto… perdóname…- murmura Celestia dolida mientras cierra los ojos con fuerza.

-¿por qué no la destruyo?-

-¿eh?-

-la gema… si era lo mejor para todos los demás, ¿Qué le impidió destruirla?-

-Fue Bast… - murmura Celestia - Él… cuando estaba a punto de fulminarla con mi poder… él fue el me apuñalo por la espalda… caí agonizando, mientras él decía una y otra vez, que había prometido protegerte…-

Celestia aparta la mirada, mientras Twilight procesa lo que acaba de oír. Los ojos de Celestia por un momento ven a los de su antigua estudiante, quien aún intentaba entender lo que había escuchado.

-¿luego… luego que pasó?- pregunta Twilight con inexpresividad y duda.

Celestia respira hondo antes de seguir contando lo ocurrido.

-luego alguien más le llegó por la espalda, y terminó con su vida delante de mí, mientras yo me ahogaba con mi propia sangre en el suelo. Vi cómo se perdía en la oscuridad.

Twilight permanece con una mirada sombría ante la noticia, se guarda un silencio incomodo entre la maestra y la estudiante.

-entonces… hubiera sido mejor para todos, si Bast no hubiera ido a Canterlot- murmura Twilight. Celestia queda seria y entristecida mientras escucha a su estudiante, en eso Twilight dice – de no haber ido hubiera podido destruir la gema-

Celestia queda anonadada ante sus palabras.

-pero no entiendes… hubieras muerto-

-si hubiera muerto esa noche al menos Bast seguiría vivió y aún más importante este mal que los asecha no existiría, ¿cierto?- murmura Twilight con un tono depresivo, mientras en su mente recordaba a su esposo fallecido, llegando a sentirse muy triste al recordarle.

-Nunca podemos estar seguros de nada- murmura Celestia con cólera.

-usted dígame,, ¿hubiera sido lo correcto destruir la gema? ¿Sacrificar una vida, por toda Equestria?

Celestia no sabe que responder, Twilight le exige que le responda.

-Si… hubiera…. Hubiera sido lo correcto…- murmura Celestia, Twilight se queda seria ante su respuesta.

-Entonces la próxima vez que tenga la oportunidad, no la guarde, destrúyala- murmura Twilight con seriedad y determinación. -Si con mi muerte salvo millones de vidas ¿no cree que lo vale?-

Celestia no quiso responderle, pero inconscientemente esta asiente.

-si va a ser así… solo prometame algo- murmura Twilight.

-¿Qué cosa? Dime…-

-quiero… quiero que se encargue de mis hijos… -

Celestia aún con lágrimas en los ojos, un fuerte ardor en el estómago y un dolor en su pecho asiente nuevamente.

Celestia finalmente entra en cuenta de su error, arrepintiéndose rotundamente por todo lo que le dijo e intenta decir algo para intentar hacerle cambiar de opinión, pero aunque le costara admitirlo, ella pensaba exactamente lo mismo, cosa que hacía más difícil decir algo, y que aparte, le hacía sentir como una peor poni, el dejar morir a su estudiante, más que eso, aunque no lo dijera, dejarla morir a ella, sería como dejar morir a otro hijo, recordando una vez más a Luck.

Celestia comienza a pensar en la posibilidad de que esto se cumpla, y comienza a sentir gran tristeza al pensar en dejarla morir, se cuestiona lo que significa Twilight para ella, cosa que empeora las cosas, comienza a pensar en ella de potrilla y es entonces que algo en ella comienza a verle como una hija.

-no ¡No! Pero que… No…-

-¿Qué pasa princesa?-

-no… ¡no puedo! ¡No puedo hacer esto!- Celestia comienza a llorar- no puedo… si tengo la oportunidad… no creo poder destruirla-

-entonces yo lo haré- suspira Twilight.

-¡Nooooooo!- Exclama Celestia colérica.

-princesa, usted lo dijo, esto es lo correcto-

-¡no es correcto dejarte morir solo por esto!-

-una vida por millones, yo creo que sí lo es-

-¡No, no lo es, no te dejaré!-

-princesa por favor…-

-¡No! No quiero… no quiero perderte- dice la princesa del sol colérica- no lo resistiría… no otra pérdida… Twilight… lo siento mucho… yo te quiero como a una hija… no quiero perderte-

La princesa se abalanza sobre Twilight y la abrasa fuertemente.

-me siento terrible… no se con lo siquiera pensé… en que esto es lo correcto-

-princesa por favor…. Usted…-

-no quiero perderte, y me arrepiento de siquiera haber pensado en la posibilidad-

-princesa… mientras la gema exista, todos estamos en peligro-

-¡no! Buscare la forma… de desligarte de ella, lo juro….- murmura Celestia mientras mira a los ojos a su estudiante.

Twilight le mira muy incrédula, no sabía si en verdad existiera una forma de resolver esto. Celestia abrasa a su estudiante, y ambas comienzan a llorar en el hecho.

En eso un medico se asoma por una puerta, terminando con el momento de ambas.

-Disculpe princesa… pero ya puede pasar-

-si… iré- murmura Celestia con un tono triste-

-bien, antes de darle sus resultados quisiéramos hacerle un pequeño examen en la resonancia magnética, queremos corroborar los resultados, será rápido- le explica el medico mientras se lleva la silla de ruedas, mientras tanto Celestia voltea una última vez para ver a su estudiante antes de que finalmente las puertas terminara con su contacto visual.


Starlight Road fue al parque del Imperio de Cristal. A pesar de que ella quería seguir acompañando a su amiga Tara, le pidieron que dejara la habitación para su tratamiento. Su madre le recomendó ir al parque a tomar aire. Solo fue allí a caminar, viendo como niños jugaban con sus amigos o familiares. Incluso veía una que otra pareja de novios.

Ella recuerda que pasaba mucho tiempo allí con… En ese momento Starlight lo ve. A lo lejos ve corriendo a un potro alicornio rojo corinto de melena verde. Era él, solo podía ser él.

- ¡Wes! – piensa Starlight Road empezando a correr.

Starlight sonríe a lo grande. Enserio era Wes Cruger. No sabe que era lo que hacía allí el príncipe, pero no le importaba. Starlight solo quiere llegar a él.

- ¡Vamos, Wes! – exclama otra voz – ¡Te voy a ganar!

Starlight se detiene en seco, y busca el origen de esa voz. Entonces ve que Wes se dirige a una colina donde se encontraba alguien más. Era una potrilla unicornio azul, y su melena era morada oscura, con mechones amarillos.

La unicornio se voltea de nuevo para correr mientras, que el potro alicornio intentaba acelerar el paso para alcanzarla. A pesar de ser un alicornio, Wes Cruger no estaba acostumbrado a correr tanto.

La potrilla llega rápido a un árbol en una colina del parque. Al llegar se voltea, se sienta, y mueve la cola ansiosa a que Wes llegara. El joven príncipe tardo en llegar, y cuando se acerca, empieza a recuperar el aire.

- Eres muy rápida, Ain – murmura Wes.

Wes intenta llegar hacia la unicornio azul, pero el cansancio no le hizo fijarse en la pequeña roca en su camino. Wes la pisa y pierde su equilibrio, yéndose para atrás.

- ¡Wes!-

La unicornio corre hacia Wes, para sujetarlo. Sin embargo, ya era tarde. Wes se va para atrás, rodando colina abajo, y ella se va con él. Ambos ruedan por la colina, yendo cada vez más rápido. Finalmente llegan a la base de la colina, quedando uno con el otro. Wes estaba arriba, viendo preocupado a la unicornio despeinada.

- Lo siento, Ain. ¿Estás bien?-

- jeje si – pide ella sonriendo.

Ain ve a Wes con sus grandes ojos morados, los cuales relucen en la luz del día. Esos bellos ojos morados capturaban totalmente la atención de Wes. Por ese instante todo lo que hay alrededor desaparece de los ojos del príncipe, quedando solo ese brillo.

- Sí… - murmura Wes sonriendo él también.

Wes junta sus labios con los de su pareja, besándola apasionadamente. Ain agitaba fuertemente su cola de la felicidad. Por un momento ambos se separan para reírse un poco, y luego siguieron. El príncipe abraza con fuerza a su novia, mientras se seguían besando. La potranca mueve rápidamente la cola, disfrutando los besos de su novio.

Starlight Road no sabe ni siquiera que pensar de esa escena. Wes claramente disfrutaba de estar en el suelo con esa poni, demasiado. El príncipe la sujetaba con fuerza, como si no quisiera separarse, y la besaba con la lengua, él nunca había hecho eso con ella. Los ojos de Starlight se empezaron a inundar de lágrimas. La alicornio amarilla sintió como su corazón se partía en mil pedazos. Sin decir nada, solo se dio la vuelta y se fue corriendo de ese lugar.

Mientras, la potrilla de nombre Ain, se separa de su novio, y a la dirección en la que se había ido Starlight, percatandose de como la princesa del corazón rodo huía de la escena.

- ¿Pasa algo? – pregunta Wes preocupado viéndola desde arriba

- No pasa nada, lindo – dice ella viendo de nuevo a su novio – Te amo, Wes.

- Yo te amo, Starlight- murmura Wes con tono automático.

La pequeña Ain reacciona al escuchar eso. Una cara de frustración se dibuja en su cara.

- ¿Qué dijiste? – pregunta ella molesta.

- Lo siento, quise decir…

La potranca vuelve a ver a Wes fijamente con sus ojos morados brillando, haciendo que la mirada de Wes se perdiera en ella.

- Te amo, Wes – dice ella con seriedad.

- Yo te amo, Ain – murmura Wes como si su mente estuviera en otro mundo.

- Bien – dice Ain sonriendo, mientras que el brillo en sus ojos desaparecía, y Wes regresaba a la realidad - ¿Me haces caricias, lindo?

- Por supuesto – dice Wes sonriendo.

Wes se sienta a un lado de Ain, y la potranca se sienta derecha, quedando al lado de su novio. Wes entonces empieza a pasar su casco detrás de la oreja de su novia, la cual pone una cara de mucha satisfacción por eso. Ain movía fuertemente una pata trasera y su cola, disfrutando esas caricias.


Celestia se encontraba con la mirada ensombrecida, inexpresiva ante todo lo que sucedía a su alrededor, ignorante de los médicos quienes le revisaban detenidamente, revisando sus análisis mientras una enfermera se encargaba de tomar la presión cardiaca de la princesa. Celestia no pareció estar en sí misma en ningún momento; los médicos abordaron varios datos delante de ella, y esta no parecía prestarles ni un mínimo de atención. Cualquiera diría que no estaba en sí misma y en este mundo, de no ser que uno de sus cascos se encontraba colocado levemente sobre su inmenso vientre acariciándolo con algo de cariño, pero al mismo tiempo temor.

-su presión cardiaca está demasiado elevada, doctor-

-esto no es bueno, princesa Celestia, usted…-

-¿princesa?- dice uno de los médicos a la alicornio, pero esta seguía sin responder. Los dos médicos y la enfermera se le quedan mirando a la princesa con bastante preocupación.

-disculpe… ¿puede oírnos?-

Celestia no responde, simplemente sigue acariciando su vientre, es entonces que la enfermera toma el casco de Celestia, impidiéndole proseguir con la acción, y princesa del sol finalmente mira a los médicos.

-princesa, ¿escuchó lo que queremos decirle?-

Celestia asiente con la cabeza, manteniendo la misma mirada inexpresiva. Es entonces que esta se suelta de la enfermera y prosigue a acariciar su vientre, esta vez con los dos cascos.

-¿entiende lo que queremos decirle?-

Celestia vuelve a asentir con la cabeza, sin siquiera molestarse en mirar a los médicos.

-¿Princesa?-

-hagan lo que crean necesario- murmura Celestia con un tono de voz seco y desanimado -quiero ver a mi esposo y mi hija-

-lo sentimos princesa, pero no podemos permitírselo-

-¿Por qué no?-

-es por su bien… mañana usted…-

-lo sé… por eso quiero ver a mi familia- chilla Celestia destrozada, es entonces que no lo resiste más y cae en llanto. No podía resistirlo realmente, pero no quería esto, no quería desbordarse ante los médicos por lo que esta intentó retomar la compostura.

-Princesa…-

-quiero ver a mi esposo y a mi hija. ¿Dónde están?- musita la princesa del sol.

-princesa, no creemos que sea buena idea que los vea, no en su estado-

-¡yo quiero verlos!- exclama Celestia entre lágrimas, y por un instante se siente un temblor en la habitación.

-princesa por favor cálmese….-

-¡largo de mi habitación!- exclama Celestia con gran cólera, sus ojos comenzaron a brillar intensamente, y esta vez el temblor sentido estremece todo el castillo a tal punto de provocar el pánico de los habitantes del imperio- ¡LARGO!-

Los médicos salen apresuradamente, temerosos por su vida ante la rabia de la princesa del sol, y cierran la puerta tras salir, como un montón de cobardes, dejando sola a la embarazada Celestia. Los ojos de la princesa dejaron de brillar y el estremecer del imperio se detuvo casi a la par.

-son un montón de idiotas- murmura Celestia mientras retoma a acariciar su vientre con bastante delicadeza, mientras algo temblaba en su garganta, Celestia cierra los ojos con fuerza y una única lagrima ruega completamente por su mejilla mientras esta suelta un suspiro ahogado y tembloroso.

-tranquila mi cielo, tranquila… mami está aquí… mami… - los ojos de Celestia comienzan a ponerse rojos y amarillentos, esta intenta calmarse por sí misma, pero no lo consigue y en su lugar únicamente consigue ponerse mucho más y más triste, la frustración y el dolor eran demasiados para ella sola, no podía contener su llanto más, no podía seguir guardándose este dolor que tanto le carcomía el corazón.

Ante tanta presión, Celestia comienza a tener problemas para respirar adecuadamente, al mismo tiempo que sentía otro fuerte dolor en el vientre, los médicos no estaba ya, ella los había corrido y las enfermeras que rondaban por el lugar también se fueron temerosas por la rabia de Celestia. Aun cabía la posibilidad de que pudiera gritar por ayuda, pero Celestia estaba demasiado reacia a recibir ayuda de aquellos mismo médicos hipócritas. Ella misma intentaría arreglar su problema. Al sentir como se sofocaba, esta retira rápidamente las sábanas que le cubrían y comienza a estirarse en la cama, colocando sus cascos delanteros por detrás de ella mientras está sentada y deslizando su parte inferior lo más lejos que pueda de su cuerpo, de esta forma logró descansar al darle más espacio a sus pulmones que estaban siendo contraídos por el peso de su vientre. Anteriormente, Celestia había tenido estos problemas con sus anteriores embarazos, por lo que sabía qué hacer en estas situaciones. Estaba muy segura que en este estado lo que podría ser más perjudicial para ella seria estar asustada, por lo que intenta mantener su calma, aunque no era tan fácil porque no podía pensar en otra cosa que no fuera en su familia y en el posible riesgo que tenga su bebé al nacer.

-tranquila Cely… tranquila… no es tu primer embarazo…- se dice a si misma mientras se mantiene estirada en la cama, con su vientre expuesto hasta adelante y sus dos muñones separados unos de otro. Cuando finalmente siente que recupero su estado normal de oxigenación, regresa a sentarse de forma normal en la cama.

-tranquila mi cielo… tranquila…- murmura la princesa del sol mientras continua acariciando su vientre, en eso está como si de alguna forma él bebé le entendiera, siente algunas pataditas suaves en su interior. Celestia levita sus mantas con ayuda de mi magia y las usa para cubrir su vientre y secarse las lágrimas que poseía en las mejillas.

De repente escucha como se abre su puerta y es entonces que finalmente ante ella aparecen la princesa Luna y Twilight, las cuales miran con mucha preocupación a la princesa del sol.

-está bien, tu ganas- suspira Luna- dejaremos que los veas.


El cielo soleado por un instante se vuelve oscuro y ensombrecido como si una espesa nube negra hubiera aparecido de repente y tapara casi por completo la luz del mismísimo sol. Esto no pasó desapercibido ante los ponis quienes inquietos miran al cielo intentando encontrar la explicación de cómo un hermoso día de primavera tan de repente se volvió tan oscuro. Todos miran en dirección al cielo con inquietud y duda mientras intenta entender que era lo que pasaba.

Pronto esa sensación de inquietud se transformaría en una de pánico al ver descender apresuradamente contra ellos no a uno ni dos si no a docenas de criaturas aladas y emplumadas que antes de que siquiera alguno comprendiera lo que pasaba, no se hicieron a esperar los gritos de pánico y la corredizas de cada uno de los dulces e inocentes habitantes del imperio de cristal. Los ponis corrieron aleatoriamente por las calles, y al comenzar a aparecer ante ellos aquellas bestias aladas, algunos por poco se desmallan y otros tantos buscan apresuradamente un refugio donde ocultarse cuanto antes, mientras otros más no dejaban de gritar por sus vidas y por sobretodo:

-¡NOS INVADEN LOS GRIFOS!-

La guardia real no estaba segura de que hacer, por lo que mientras esperaban ordenes de su princesa se mantuvieron en posición de defensa defendiendo las entradas al castillo y a los civiles de la posible amenaza, sin embargo pese a que fueron muchos los grifos que aparecieron ninguno parecía dispuesto a atacar a los presentes y mientras no hubiera agresión los ponis no estaban en posición de atacar a menos que la princesa se los ordenase.

Por encima de todo este escándalo y pequeño susto para los civiles del imperio, la princesa del imperio se encontraba observando todo este acontecimiento desde la seguridad de sus habitaciones, contemplando como docenas de grifos se asentaban en cada calle, rincón y el perímetro de su reino. Cadance solo se quedó ahí parada, un poco impaciente, frunciendo el ceño esta se recargo sobre su balcón y simplemente mantuvo su mirada contra el suelo, mirando con indiferencia, no solo como docenas de grifos llegaban a su reino, si no como cientos de ponis inocentes y asustados corrían, y se escondían en sus casas cuanto antes. Esto último, aunque le cueste admitir, le parecía un tanto divertido.

-¡nos invaden!-

-¡princesa el escudo del imperio desapareció!-

-¡princesa los grifos ha entrado y están invadiendo el imperio!-

-¡¿Qué hacemos?!-

Exclaman dos guardias muy exaltados mientras entraban de súbito en las habitaciones de la princesa.

-déjenlos- murmura Cadance desde su posición sin mirar siquiera de reojo a sus soltados preocupados.

-dis… disculpe Princesa…-

-yo retire el escudo del imperio- murmura ella con inexpresividad- hoy hay junta del consejo, díganles a los demás guardias que guarden la calma, esto no representa ningún peligro-

-sí princesa… es… está bien- murmura uno de los guardias mientras mira extrañado a la princesa del imperio, manteniéndose en el balcón observando todo lo que pasaba por debajo.

-pero princesa… es la primera vez que tantos guardias de una sola raza vienen a nuestro reino por una junta…-

-soldado, no sé si sepa que ahora Equestria no pasa por su mejor momento-

-em sí princesa pero…-

- el consejo seguramente los envió, de seguro temen que algo pase, se preocupan más por su seguridad que la nuestra- murmura la princesa con inexpresividad mientras observa desde su balcón como las tropas de grifos se asentaba en cada rincón de sus tierras, causando algo de pánico entre los civiles que paseaban por las calles, obligando a cientos de ponis llevarse a sus hijos y encerrarse en casa, por temor ante tal cantidad de aves de caza. Cada una vestida como para la guerra, cada uno de estos usaban armaduras que iban conforme a su rango, al punto de que quienes menos metal tengan sobre su cuerpo eran de mayor rango y por ende más peligrosos.

Por toda la ciudad cientos de ponis se encierran desesperadamente en sus casas mientras ven como los grifos pasaban cerca de sus cuadras, era la primera vez en mucho tiempo que algo semejante pasaba, la última vez que un batallón vino fueron tropas de Canterlot, es la primera vez que una raza como la de los grifos vienen a sus tierras armados en aparente son de paz.

Entre los balcones superiores del castillo se encontraba un pequeño grifo de plumaje amarillo y lomo azulado, este no podía ser otro que Whisper quien miraba intrigado la llegada de tantos de los de su gente. El grifo se mantiene serio y analítico mientras ve como los suyos se asentaban alrededor del castillo. Whisper mira al interior del cuarto donde se encontraba y mira en dirección a una cama de enfermería que se encontraba cerca, sumado a un respirador, en el sitio se encontraba la princesa Lúthien reposando tranquilamente, durmiendo pacíficamente inconsciente de lo que acontecía en la plaza del imperio. La joven princesa dormía por debajo de aquel traque que le cubría todo el cuerpo, acompañando sus bostezos el sonido etéreo del reparador que tenía conectado. Whisper mira a la yegua reposar, siente un ligero alivio al verle dormir pacíficamente, luego regresa su mirada apresuradamente hasta la plaza donde se asentaban docenas de grifos, ahí pudo ver un rostro muy familiar, un grifo alto y de compostura atlética, con plumaje amarillo y lomo rojo oscuro, se encontraba dirigiendo a los demás de su raza por todo el castillo. Es entonces que por un instante, las miradas de ambos grifos se cruzan y uno al otro se mira directamente a los ojos, que pese a la larga distancia que se encontraban, cada uno pudo verse directamente, casi como si se estuvieran comunicando por medio de la mirada. Whisper frunció el ceño y asintió con la cabeza.

-me quedare con ella, hermano- murmura Whisper con seriedad mientras se daba la vuelta y regresaba a donde se encontraba Lúthien reposando. El grifo de plumaje azulado se sienta junto a la cama de la princesa y con mucho cuidado este busca y toma el casco de la yegua, el cual tomo y se aferra a él. Lúthien aun dormida se voltea y se recarga en la garra de Whisper como si esta fuera una almohada, el grifo no evita sonreír ante esto.

-yo cuidare de ti- murmura el grifo mientras intenta acariciar la mejilla de Lúthien por encima de su traje.


Luna se encontraba empujando la silla de ruegas donde se encontraba su hermana, la cual se mostraba muy impaciente ya por ver a su querida familia. A su lado se encontraba caminando Twilight Sparkle, acompañándoles. Las ponis continúan hasta llegar a la puerta de una habitación cerrada.

-henos aquí- murmura Luna deteniendo la silla de ruedas.

-¿Qué pasa Luna?-

-para entrar necesitas pasar por un procedimiento… tu hija está muy delicada y puedes…-

-lo entiendo Luna, ¿por dónde comenzaremos?-

Luna mira insegura a su hermana y luego voltea a ver a Twilight la cual parecía entender lo que esta sentía.

-hermana, ¿estás segura de esto?-

-muy segura, Luna-

-no podrás tocarla, solo verla…-

-solo quiero verla, Luna- murmura Celestia con un tono ahogado.

-hermana, sabes que es lo que quiero decir… francamente en tu estado… creo que lo mejor es que esperes a que…-

-Luna… si a ti no te dejaran ver a Gloss cuando sabes que no está bien de salud, ¿te quedarías esperando lejos de él?-

Luna se queda pensando por un momento las palabras de su hermana, comenzando a convencerse de lo que esta le pedía con tanto anhelo.

-hermana, por favor…-

-está bien, iré a hablar con los doctores- suspira Lun.

A la princesa del sol y a Twilight se les entregó un cubre bocas y una bata para mantenerse esterilizadas, por motivos de higiene a Celestia se le retiro de su silla de ruedas habitual y fue trasladada en otra silla, esta vez de diamante la cual se encontraba esterilizada para no trasladar contaminantes en la habitación.

-yo esperare afuera, debo terminar de leer un reporte para la junta que será en dos horas- suspira Luna mientras ve como su hermana le esperaba.

-no te preocupes Luna, yo me quedare con ella- dice Twilight.

-sí, está bien- suspira Celestia quien estaba más interesada en ver a su hija cuanto antes.

Twilight acompaña a su maestra por un pasillo largo el cual llevaba hasta una habitación de cristal, donde al frente se encontraba una pared completamente transparente por la cual se podía divisar del otro lado una extensa camilla con sábanas blancas y relucientes. Celestia se apresura con si silla de ruedas e intenta acercarse lo más posible contra el cristal para poder ver el otro lado, sin embargo solo divisaba aquella camilla cubierta, y aunque ella sabía que ese bulto debajo de las cobijas era a quien tanto buscaba, ella quería verle el rostro, quería ver por si misma algún indicio de que su niña estaba bien, Celestia recorre el pasillo con su silla intentando buscar desesperadamente algún ángulo que le permitiese ver mejor a su niña, pero no veía nada, no podía verle, cosa que le desesperaba demasiado.

Twilight mira con lastima y tristeza a la princesa del sol, a tal punto que tardó en darse cuenta de que alguien más estaba en el lugar, hay en un rincón se encontraba sentada una joven yegua que al igual que las demás bestia una bata blanca y un cubre bocas.

-¿Starlight?- murmura Twilight mientras se dirige con su hija, sin embargo esta permanece en el mismo sitio, sin moverse, como si no se hubiera percatado de la llegada de su madre. Twilight intenta verle su cara, pero Starlight le da un golpe en el casco a su madre para alejarla. Es entonces que Twilight se percata de que por debajo del cubre bocas y la crin que tapaba el rostro de su hija se encontraban sus dos ojitos inundados en lágrimas.

-Starlight….- murmura Twilight con un nudo en la garganta.

-¡déjame sola!- murmura la yegua mientras salía corriendo apresuradamente de la habitación, empujando a su madre en el proceso. La joven princesa del corazón roto corre precipitadamente hasta la salida, pero entre el piso reluciente y lizo de la habitación esta resbala y cae deslizándose y chocando con una pared, llegándose a escuchar un fuerte golpe seco. Twilight corre apresuradamente para auxiliar a su hija, pero cuando estuvo a punto de ayudarle a levantarse, Starlight vuelve a empujar a su madre. Twilight cae de espaldas, mirando sorprendida a Starlight, Twilight quedo sin aliento al ver el rostro enfurecido de su querida hija, esos ojos, esa mirada de cólera y tristeza, por un momento hicieron que un recuerdo llegara a su mente, por un momento creyó ver en ella a Lúthien, la misma mira de frustración y cólera cuando esta había perdido su casco por el accidente, esa mirada ahora estaba en los ojos de su hija menor.

-¡DÉJAME SOLA!- exclama la potrilla mientras se levanta súbitamente y con su magia desaparece ante Twilight para que esta no pudiera seguirla.

Ignorante del pequeño conflicto familiar, se encontraba Celestia quien se encontraba atendiendo sus propias inquietudes. Finalmente estaba ahí, finalmente estaba tan cerca de ella, pero por desgracia un grueso muro de cristal les separaba vilmente. Era demasiado humillante y desesperante para ella, estar tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, tenerla hay frente suyo y no poder verle siquiera un simple mechón de su crin ver siquiera un casco, o algo que le indicara que estaba ahí, su único consuelo era ver como las sábanas levemente se movían signo de que estaba respirando por debajo de ellas, signo que aún estaba vivía y que no era un cuerpo helado y sin pulso. Entre tanto esfuerzo, y dar vueltas y vueltas por aquel pasillo para localizar un ángulo para ver tan siquiera una mínima parte de ella, se detuvo en seco al encontrar un pequeño espacio donde se divisaba un dobles entre las cobijas por medio del cual se alcanzaba a divisar la punta de la nariz de su hija, conectada a un respirador. El simple hecho de distinguir más el respirador que le mantenía con vida que a su propia hija le helaba el corazón y de ser posible se habría arrodillado en el suelo. Celestia coloca un casco contra el cristal, como un intento de poder alcanzar a su pequeña, pero el frío cristal seguía hay impidiéndole llegar.

Twilight igual o más colérica se regresa con su maestra, consciente de que no podía dejarle sola, está siente un nudo en el estómago al ver a Celestia casi a raíz del cristal, intentando ver a su hija dificultosamente. Twilight camina lentamente hasta su maestra. El silencio era predominante, por lo que sintió la necesidad de decir algo para romper con el silencio, pero no se le ocurría nada por el momento, por lo que simplemente se quedó al lado de su antigua maestra. Triste por el estado de su hija pero comprometida a quedarse con ella, Twilight permaneció en silencio.

-¿Por qué estás aquí con migo?- murmura Celestia.

-¿disculpe?- murmura Twilight confundida.

-¿Por qué sigues aquí? debes ir con tu hija, si esta tan mal, no es bueno que le dejes… - murmura Celestia con inexpresividad mientras coloca su casco contra el cristal y cierra los ojos.

-princesa….-

-tus hijas son más importantes que yo, ve, no te preocupes, yo estaré bien- suspira Celestia mientras continua buscando a través del cristal.

Twilight se arma de valor y rápidamente sale de la habitación de la princesa, para ir en búsqueda de su hija. Celestia permanece en el sitio, intentando buscar con la mirada a Tara, pero no podía verle por más que se esforzara. A Celestia se le destrozaba el corazón lentamente mientras permanecía varada en ese sitio, ni siquiera podía volar para intentar alcanzar una mejor altura para poder verle. Sus alas actualmente eran muy débiles debido a todo el castigo que ha tenido que soportar; y, con su embarazo tan desarrollado, no tendría ni de chiste la fuerza para poder elevarse sin que esto represente un riesgo para su bebé, pues sus alas se cansarían demasiado rápido con su peso actual y cabe el riesgo de que caiga. Y con todo lo que ha pasado; una caída, así sea de solo un metro de altura, podría terminar para siempre con su pequeño fruto.

Celestia se tendió en su silla rendida, ya no sabía qué hacer, estaba demasiado cansada y estresada para darle otra vuelta al pasillo de cristal. Es entonces que una aura azulada envuelve a Celestia y con mucho cuidado le eleva en lo alto llevándola a un ángulo superior por el cual para su completa sorpresa pudo ver perfectamente a su hija, pudo ver la parte superior de su cabeza y su larga melena, pudo ver los ojos cerrados de Tara como si estuviera durmiendo y el respirador que se mantenía conectado a su nariz para ayudarle a respirar, sin embargo eso ya no importaba, lo que importaba es que podía verle, podría verle hay aparentemente durmiendo cosa que por un momento curaban el corazón delicado de Celestia.

Celestia se sentía demasiado cautivada, que aunque aún se encontraba preocupada por su hija, verle por lo menos una vez ayudaba a su corazón a sanar. Una lagrima rueda por la mejilla de la princesa. Celestia sonríe levemente mientras lentamente era regresada al suelo, con total lentitud y suavidad para no lastimar ni sacudirle demasiado.

-gracias… Luna….- murmura Celestia mientras se limpiaba las lágrimas, sin embargo al darse la vuelta se sorprendería demasiado al no ver a su hermana si no a Starlight Road ante ella.

-Starlight… - inmediatamente se voltea por atrás, para ver si Twilight aún se encontraba en el pasillo, pero esta ya se había ido- tu madre te está buscando….- intentó reclamarle Celestia, pero por el momento no tenía la fuerza para mantenerse seria.

-sí, lo sé- murmura Starlight con inexpresividad mientras se dirigía al cristal, mirando la silueta de Tara a lo lejos.

-Starlight, tu madre está muy preocupada por ti- intenta decirle con un tono suave para que la princesa no se sintiera mal o atacada por sus palabras.

-estoy bien, no quiero hablar con ella- murmura ella con un tono completamente inexpresivo, como si no tuviera emociones.

-Starlight por favor entiende, no puedes hacerle esto a tu madre, ella…-

-ella se sentirá mal por mí, aja, no quiero su lastima, solo quiero… solamente quiero que me dejen tranquila-

-Starlight, no actúes como una niña maleducada, esa no fue la educación que no te dimos Discord o yo, mucho menos tu madre o Spike-

Starlight permanece callada por unos instantes, luego mira a Celestia con unos ojos humedecidos por las lágrimas.

-no me gusta que me vea llorar- murmura Starlight con inexpresividad.

Celestia suspira, mientras intenta pensar en cómo ayudarle. Ya antes había tratado con ella en situaciones semejantes, cuando Starlight se enteró que no podría regresar a casa o ver a sus padres en aquellos años en que aún era una pequeña niña sin duda estuvo incontrolable, y muy difícil para ella y su esposo, poder tratar con ella.

-Starlight por favor- dice Celestia comprendía.

-no quiero que me vea llorar, no quiero que me vea llorar… no quiero- murmura la yegua mientras sus ojos comienza a lagrimear- ella no me entendería, ella no me entiende…-

-¿Qué pasó?- suspira Celestia.

Starlight se queda callada y contiene el aliento mientras Celestia espera que le responda.

-entiendo- suspira Celestia- no estás aquí por mí, sino por Tara ¿verdad?-

Starlight asiente con la cabeza mientras no deja de mirar al frente suyo, con la cabeza pegada contra el vidrio.

-solo ella me entendía-

-Starlight, tu madre también quiere entenderte, solo necesitas decirle a ella todo lo que te pesa-

La joven princesa permanece callada completamente mientras su rostro seguía pegado contra el cristal, mirando como Tara respiraba lentamente.

-solo me queda ella- murmura Starlight.

-Starlight….-

-usted también está preocupada por ella ¿verdad?- murmura Starlight de la nada.

-sí, más de lo crees… es mi hija… pero Starlight, debes entender que no estás sola…-

-ella siempre fue muy optimista, como me gustaría que estuviera aquí, seguramente haría que todo fuera mejor- murmura Starlight mientras su ojo presentaba un tic nervioso.

-por favor escúchame-

-siempre sabía que hacer o decir para hacerme sentir mejor, como me gustaría poder hacer algo para ayudarle, ciento que soy una terrible amiga-

Celestia decide no tratar más y mejor decide seguirle la corriente a Starlight, sabiendo que no le diría nada si intentaba obligarle, era lo mejor, tratando de ganar su confianza escuchándole.

-sí, fueron las mejores amigas, Tara siempre dijo que te veía como una hermana. Je, la hermana que nunca le di-

-¿Cómo dice?-

-cuando nació Luck, ella esperaba una hermanita, para jugar, je, supongo que era normal… lo que quiero decir, es que ella te quería mucho-

-yo también la quiero- murmura Starlight mientras coloca un casco contra el cristal- quiero que despierte, quiero que esté bien-

-yo también- murmura Celestia- quiero poder tenerla entre mis cascos- piensa esta misma.

-dicen aun escuchan, por eso me gusta estar aquí…- murmura Starlight mientras sus ojos comenzaban a inundarse en lágrimas.

-si… por eso quería venir.

Las dos ponis permanecen en silencio, posadas ante el cristal, observando a la inconsciente yegua que para sus ojos era como si estuviera dormida. De repente el silencio es interrumpido, cuando una poni entra súbitamente a la habitación, Starlight desaparece ante Celestia, momentos antes de que aquella poni llegara. Es entonces que ante Celestia aparece Luna, la cual se veía muy exaltada.

-¿Qué pasa hermana?- pregunta la princesa del sol intrigada.

-¡es Discord, ha despertado!-


El tiempo pasa y finalmente comienzan a llegar de uno por uno los miembros del consejo, los primeros en arribar fueron los dignatarios de Maretonia, los cuales habían venido con su propia escolta personal, limitada a solo 4 guardias de elite para protegerles, a diferencia del inmenso batallón del señor grifo, cosa que les confundió y sorprendió bastante a los dignatarios. Al ir en búsqueda del señor Crow Wings para obtener respuestas, su sorpresa fue mayor al ver que el rey no había llegado con sus soldados.

Pasando el tiempo, finalmente arriba un nuevo batallón, esta vez conformado de colosales y fuertes minotauros, verdaderos gigantes, cada uno presentaba una armadura ligera que solo les cubría un hombro y parte del pecho, y venían armados con hachas, o mazos, en su mayoría. Hubo algunos que eran tan grandes e imponentes que hacían parecer a los ponis como simples cucarachas. Si los habitantes del imperio de Cristal se sentían ya de por si intimidados con la llegada de las tropas de grifos, los minotauros eran un verdadero terror, al punto de que todos rápidamente se ocultaron en sus casas. Hubo quien incluso llego a tapear sus puertas y esconderse abrasados con su familia. Ninguno de los pobres e inocentes habitantes del imperio comprendía lo que pasaba y eso era lo que más les corroía y causaba terror.

Finalmente de entre el grupo de recién llegados minotauros aparece una carroza de colosal tamaño, echa de acero y titanio, con 6 ruedas grandes y gruesas, una estructura tan pesada que solo 4 minotauros con la mejor condición física podrían arrastrar. De esta emergen el señor de los minotauros Minos XI, quien vestía una larga gabardina azul oscuro con decoraciones plateadas muy semejantes a raíces, tenía dos grilletes en ambos brazos, tan gruesos y duros que podrían detener con facilidad una espada; una larga capa negra, que le cubría el resto de su cuerpo; y como adorno, un anillo entre las fosas nasales y unas puntas de cobre en sus cuernos. Tras bajar de la carroza se siente une estremecer, y esta comienza a tambalearse como si se fuera a volcar. El señor de los minotauros mira con presencia y suelta una mueca de fastidio al ver a los grifos dispersados por todo el castillo.

-te dije que mis grifos llegarían antes, ya muchos tomaron posiciones sin necesidad de mi llegada- se escucha tras él señor minotauro, apareciendo finalmente el rey grifo Crow Wings. El Rey de los Grifos baja de la misma carroza por donde emergió el señor minotauro de la carroza y se colocaba a un lado de su amigo.

-no dejaste plumas en mis asientos nuevos, ¿verdad?-

-no más que el pelaje que tu dejaste-

-es época de calor- se excusa el señor minotauro y el rey grifo suelta una leve sonrisa -creo que exageramos con esto ¿no crees?- dice al contemplar todas las tropas de grifos y minotauros por el imperio.

-solo es un pequeño grupo de mis tropas-

-je el mío también, y parece que invadimos el imperio- murmura Minos mientras mira a su alrededor y llega a divisar a un tembloroso poni de vista asomándose tras una cortina.

-supongo que tu pequeña no vendrá a esta junta de oyente- murmura el señor minotauro mientras camina hacia el castillo, con Crow al frente.

-le envié una carta donde le ordené que se quedara, esta no será una junta de negocios, no le incumbe estar aquí mientras aun no sea una miembro oficial del consejo-

-je claro, protege a la sucesora de la corona- comenta Minos en broma, pero su sonrisa se desvanece al ver la seriedad de su amigo- ¿de verdad crees que la cosa sea tan grabe?-

-mi abuelo me enseñó a no subestimar una situación- murmura Crow Wings mientras mira a su alrededor y divisa una carroza, escoltada por dos de sus mejores soldados esperándole, es entonces que el grifo se desvía de su camino al castillo y se dirige a aquella carroza y el señor minotauro le sigue.

-sabes que es una acusación muy seria ¿verdad?, si te equivocas, podría costarte tu puesto en el consejo-

-¡lo sé! No tienes que decírmelo- murmura el rey mientras mira a su alrededor, como si esperara que nadie más que no fueran sus tropas le vieran dirigirse a la carroza- pero piensa esto ¿y si no me equivoco? Es mejor estar un paso adelante, que dos atrás- murmura este mientras da un vistazo de reojo en la gabardina de su amigo donde ve una empuñadura oculta en el cinturón de su amigo.

El señor minotauro se queda pensando por un momento.

-debimos hablarlo con el consejo ¿alguien más sabe de esto?-

-aun no, pero lo sabrán-

El rey grifo llega a la carroza y sus dos guardias le saludan respetuosamente y se inclinan ante él.

-¿trajeron lo que les pedí?- murmura el rey grifo con seriedad ante sus hombres.

-está dentro- le indican sus soldados.

-perfecto- suspira Crow agradecido- ¿Por qué no te adelantas? Tengo entendido que tienes una entrega que hacer antes de la junta ¿no?-

-bien- le dice Minos al rey mientras este se retira.

-vigilen- les indica el rey a sus tropas.

Crow Wings una vez que ve a su amigo alejarse lo suficiente, entra a la carroza y se topa con un una gruesa capa de terciopelo roja con detalles dorados muy semejantes a las ramas de un árbol, el rey procede a ponérsela, abrochándosela cuidadosamente. Al terminar, este mira por un instante por la puerta que se encontraba entre abierta y divisa únicamente las espaldas de sus soldados resguardando la puerta, es entonces que el rey presiona un botón detrás de su asiento y suena un click, y abre el asiento como si fuera un cofre. Dentro se encontraba una vieja caja de madera tallada, con el emblema de sus ancestros, este abre la caja revelando una hermosa y sofisticada corona de oro con decoraciones de ramas grabadas dándole la apariencia de parecer un tronco, él procede a ponérsela y al entrar en contacto con su cabeza, la corona entra perfectamente y se amolda a su cabeza perfectamente.

El rey introduce sus garras hasta el fondo del cofre y extrae algo envuelto en un viejo trozo de tela, desenvuelve la tela y primero revela que aquel viejo trozo era una bandera vieja y degradada por el tiempo, sin embargo lo que realmente importaba era lo que esta embolia, una reluciente daga forjada con un metal muy raro, tan reluciente y pulcro como el diamante, blanco como la nieve, y afilada como un colmillo de dragón. Este era justamente el nombre que su familia le impuso a esta antigua reliquia familiar, que pese a los siglos se mantiene tan reluciente y afilada como cuando fue encontrada al inicio de esta era. El Rey procede a ocultarse la daga detrás de su lomo dejándola en un acceso de desenvaine fácil pero ocultada fácilmente por su larga capa que le cubría poco más del lomo y las patas traseras.


Celestia queda anonadada al ver a su esposo con los ojos abiertos, mirándole al pie de la entrada de su habitación. Realmente no podía creer lo que sus ojos miraban, su esposo estaba nuevamente con ella, estada despierto, finalmente estaba con ella.

-Celestia- murmura Discord con un tono de vos tenue, mientras igualmente le miraba con una expresión semejante. Al escucharle llamarle esta quiso correr rápidamente hasta sus cascos, pero por desgracia o fortuna, no pudo realizar esa acción al no tener sus cascos traseros, quedándose completamente inmóvil. Es entonces que siente como algo le empuja, era Luna quien arrastraba su silla de ruegas desde atrás, y le ayudo a acercarse hasta con su esposo.

-bien… supongo que aquí te dejare hermana, dentro de poco será la junta del consejo- le susurra Luna en el oído.

-sí hermana… está bien…- murmura Celestia mientras no dejaba de mirar a su esposo.

Luna finalmente se retira, dejando atrás a Celestia y Discord, los cuales permanecieron en completo silencio los primeros minutos.

-te gusta hacerme sufrir- dice finalmente Discord con un tono somnoliento.

-¿Cómo dices?- murmura Celestia con voz temblorosa.

Discord por un momento entrecierra los ojos, casi como si fuera a volverse a dormir, Celestia le mira preocupado, mira como este tenía vendajes en todo su torso, apenas disimulado por las mantas que le cubrían, su postura era un poco pálida y delgada, realmente se veía muy debilitado y cansado su querido esposo.

Discord abre sus ojos otra vez, luego de haberlos cerrado por algunos segundos, y suelta un bostezo que le llego a causar algo de gracia a Celestia, pues no era un bostezo común si no que emitió un tenue sonido chirriante, como si se tratara de un patito de goma.

-tu vientre- murmura Discord con una tenue sonrisa, Celestia inconscientemente dirige su mirada directo hacia su vientre- a estas alturas esperaba despertar con nuestro pequeño en tus cascos, sonriéndome y riendo, pero aún está dentro de ti. Te gusta torturarme, ¿verdad?- murmura este con un tono dolido y dramático, aunque sin dejar de lado el tono cansado y sofocado que ya poseía.

Celestia suelta una pequeña risotada por el comentario de su marido.

-sí, me gusta hacerte sufrir- comenta Celestia como parte del juego.

-eres muy mala, debería encerrarte en el tártaro-

-je, lo que digas cariño-

Discord se acomoda un poco en su cama, intentando estar en una postura que le permita sentarse, pero al intentar moverse siente un intenso dolor en el estómago que le detiene.

-¡Discord por favor…! Te abrirás las puntadas otra vez- le dice Celestia preocupada, he intentado detenerle, pero desde su silla de ruedas no podía llegar a él para detenerle.

-aj… no… no te preocupes, estoy bien cariño-

-Discord…-

-¿tú como estas?-

-yo estoy bien- bufa Celestia.

-¿enserio?-

-si…-

-¿entonces por qué esa cara larga?-

Celestia mira a su esposo con ojos preocupados y coléricos, quería decirle todo lo malo que ha pasado, quería hacerle entender que no había motivos para sonreír siquiera, quería expresar todo sentimiento de cólera y disgusto que le pasara por su cabeza, sentía que era una bomba a punto de estallar, pero al final no tuvo la fuerza para desquitar su cólera con su esposo, y se calmó rápidamente.

-¿Tara está bien…?-pregunta Discord, pero esta vez con un tono más serio y que denotaba en el alta preocupación.

Celestia queda completamente sin habla al escuchar esa pregunta, la verdad, ni siquiera sabía cómo responderle, solo la había visto una vez; y, aunque fue un consuelo poder verla, eso no le respondió ninguna pregunta; y, al contrario, le dejaron con más inquietudes referentes a lo que estaba pasando con la salud de su hija. Celestia se mantuvo callada por un largo rato, hasta que al mirar a su esposo, notó como fugazmente su actitud optimista se desbordaba completamente al posiblemente darle una falsa idea por su silencio.

-ella….- comienza con voz quebrada- está bien… aún está con nosotros…. Ella… aún está con nosotros, Discord... pero… pero… aún… aún no despierta- murmura Celestia mientras comienza a llorar, sentía como las lágrimas rodaban por su mejilla y sentía como su mandíbula inferior temblaba levemente por la cólera. En eso siente algo suave y blando rosando sus mejillas. Celestia lo toma, se trataba de un pañuelo, el cual usa para secarse las lágrimas, cuando termina mira a su esposo y nota una caja entera flotando a su lado. La princesa del sol mira a su esposo, notando como este le sonreía.

-se pondrá bien, lo sé- murmura Discord.

-no las has visto… ¿Cómo estás seguro de eso?-

-porque es fuerte, como su madre-

Celestia se queda por un momento en silencio, con la hoja de pañuelo entre sus cascos, y haciendo pequeñas bolitas con este para así librarse de un poco de tención

-¿sabes algo?- murmura Discord con voz seca, por lo que toma un momento para aclararse la garganta- ¿puedo decirte algo y no te enojas?-

-dime, mi vida-

-te ves hermosa así- murmura Discord con una sonrisa apenada.

-¿así como? ¿En silla de ruedas?-

-je, no, no me refiero a tu silla, te ves preciosa así-

-no te entiendo Discord- murmura Celestia mientras intenta alcanzar la mejilla de su esposo para sentir su temperatura y asegurarse que no la tuviera tan alta, es entonces que Discord le toma por el casco y lo frota contra su mejilla mientras mira cautivado los ojos de su esposa.

-enserio te ves más preciosa en ese estado, cariño-

-no te entiendo-

-cuando estas esperando, a eso me refiero- murmura el draconequus mientras con sus ojos mira el vientre de su esposa- tu vientre abultado, inmenso y redondo como pelota, siempre amé verte en ese estado-

-o sea… ¿Qué te gusta que me vea gorda?-

-no, no, no para nada jeje, es una belleza muy diferente la que yo me refiero- ríe Discord mientras con sus poderes levita a su esposa, levantándola de la silla y lentamente la recuesta a su lado, a la par que con sus mismos poderes ampliaba la cama de la enfermería, e incluso hizo que el colchón fuera más suave con tal de que fuese acogedor y cómodo para ambos.

-¿entonces?- murmura Celestia mientras no dejaba de mirar a su esposo a los ojos, y Discord por su parte levanto una de sus garras y comenzó a acariciar la meguilla de Celestia.

-te ves hermosa en ese estado porque… por que…. Aquí dentro, está una vida más, un fruto tuyo que pronto vendrá en camino. Te ves más hermosa así, porque tienes dentro la futura vida que tendrá tus preciosos ojos- murmura el draconequus con un tono dulce.

Celestia casi sintió como si su corazón estallara ante palabras tan dulces que su marido le decía, casi olvidando por un instante todo el mal que les acoge, y toda la desgracia que les asecha.

-o los tuyos- complementada Celestia mientras besaba a Discord apasionadamente en los labrios, el beso entre ambos fue tal que pese a provocarle algo de dolor a Discord en sus puntadas, este lo ignoro completamente, pues no quería interrumpir este momento, pese a todo lo que le doliera, para él varia la pena, valía la pena compartir este comento con su dulce esposa.

Celestia se dejó llevar, y olvidó el estado delicado de su esposo y procede a abrasarlo con fuerza mientras seguía comiéndoselo a besos, esto último provocó que sin querer el vientre de Celestia golpeara tenuemente la herida de Discord, quien no pudo aguantar esta vez el dolor de su aún abierta herida, y suelta un gemido de dolor que de inmediato hizo que Celestia parara y se alejara de su esposo, preocupada y asustada.

-¡lo siento, lo siento!- repetía ella mientras sentía un nudo en la garganta.

-aj… no… no es nada mi cielo…- murmura Discord con dolor mientras colocaba sus garras contra su estómago.

-¡llamare a la enfermera!- dice Celestia preocupada.

-no… no… no te preocupes… no es nada- le detiene Discord.

-Discord... pude haberte abierto las puntadas…- murmura Celestia con miedo.

-no, no pasó nada ¿vez?- le muestra su estómago- no hay sangre… estoy bien-

Celestia le mira aun preocupada.

-no debí actuar tan irresponsablemente, debí tomar en cuenta tu condición, lo siento…. Bájame de la cama, debo regresar a la silla-

-por favor no-

-no quiero lastimarte-

-oh, tu nunca podrás lastimarme…. A menos que me odies y digas que ya no me amas, eso sí me dolería mucho ¡por favor prométeme que nunca aras eso!-

-jeje lo prometo- murmura Celestia.

-¿pinkie promesa?-

-pinkie promesa- suspira Celestia.

-¡bien, aquí está el pastelito!- Discord le entrega un pastelito con betún azul y chispas de colores.

-no voy a poner este pastelito en mi ojos Discord, además ni siquiera recuerdo cómo va la canción- bufa Celestia.

-okei…- murmura Discord decepcionado, pero en eso Celestia le quita el pastelito que este sostenía.

-pero si me comeré el pastelito- ríe Celestia mientras le da una pequeña mordida, y Discord le sonríe. Celestia procede a comerse el pastelito completo mientras Discord le observa.

-¿sabes algo?-

-dime-

-qué bueno que despertar antes de que dieras a luz… he estado presente en el nacimiento de todos nuestros hijos, y seria inadecuado que no estuviera en este-

-Oh Discord, pero que tonterías dices- murmura Celestia con la boca llena.

-¿por qué?-

-la cesaría… ya se me programó para mañana… en tu estado no puedes estar presente-

-je ¿quieres apostar?-

-Discord-

-je, ¿qué? Solo tengo que recuperarme más rápido-

-es mañana, ¿no me oíste?-

-je, claro que sí, tengo exactamente 24 horas para recuperarme, te aseguro que estaré como nuevo en 23 horas con 59 minutos y 59 segundos- dice Discord muy confiado- puedes apostar lo que quieras a que te acompañaré mañana en este parto –

Celestia ríe ante el optimismo y la actitud de su esposo. La princesa procede a terminarse el pastelillo que le quedaba empinándose el ultimo bocado, y Discord se le queda mirando con un tono picaron.

-¿Qué vez?- murmura Celestia incomoda mientras tragaba.

-te quedó un poco de betún- murmura el draconequus mientras le sorprendía con un besó en la mejillas, esta vez Celestia se mantuvo reacia a abrasarlo, pero no trato de repeler el beso.

-¿ya no tengo begum?- pregunta la princesa al terminar el beso.

-jeje, no ya no- murmura Discord mientras acaricia la crin de su esposa con suma delicadeza.

Celestia se sonroja y baja la mirada mientras su esposo seguía acariciándole la meguilla, es entonces que Celestia se percata de algo, esta inmediatamente toma la garras de su esposo, llegando a sorprenderle, esta se encontraba con una venda cubriéndole casi toda la garra.

-¿Qué haces?- murmura Discord mientras ve como Celestia intentaba mirar por debajo de la venda y confirma lo que creyó haber visto.

-tu… tu garra… esta… se está poniendo negra…-

-¿eh?- murmura Discord mientras mira su garra-oh esto, hmmm no me duele, je, no es nada- ríe este mientras intenta acariciar otra vez la meguilla de su esposa para propiciar otro beso, pero Celestia se aleja de él.

-regrésame a mi silla, llamaré a un doctor- le ordena Celestia a su esposo, quien esta vez no tuvo más opción que obedecerle.


Cadance continuaba en el balcón de su habitación, con una expresión un tanto aburrida, esta ve desde lo alto como las tropas del rey grifo y minotauro se acoplaban a sus ponis para resguardar sus tierras, mientras proseguía la llegada de los demás miembros del consejo, uno por uno, las carrozas fueron llegando, y esto podía importarle menos a Cadance, quien comenzaba a notarse algo aburrida y aunque no lo demostraba físicamente, también se encontraba un poco impaciente.

-disculpe Princesa- la voz de uno de sus ponis interrumpen el silencio, la princesa no se molesta siquiera en voltear a ver a su allegado- disculpe princesa… pero el señor….-

Algo empuja al poni y entra el señor de los minotauros con lo que parecía ser una caja muy delgada y larga de madera tallada.

-buenas tardes, mi princesa de cristal- dice el señor minotauro mientras se reverencia ante la princesa del imperio.

-sal de aquí guardia, quiero hablar con él, asolas- dice la princesa con un tono cortante e irritado, el poni se arrodilla y sale apresuradamente de las habitaciones de su señora y antes de que él pudiera cerrar la puerta, la magia de la princesa Cadance es la que la cierra de golpe, golpeando fuertemente al poni en la nariz.

-je, qué servidumbre, ¿no? Ya no son como antes- comenta Minos con sarcasmo.

La princesa de cristal finalmente se da la media vuelta y ve al colosal minotauro con severidad.

-te tardaste demasiado- murmura la princesa mientras ve de reojo la caja que el señor minotauro sostenía.

-jeje, si la verdad quería enviarsela hace tres días, pero cuando me enteré que habría junta en el imperio, pensé en mejor traérsela yo mismo, solo fue un ligero retraso-

- 7 meces, eso no es un ligero retraso- dice Cadance entre dientes.

-no fue fácil de forjar princesa, además, usted se retrasó con los pagos que acordamos, tengo derecho a retener el arma hasta que termine de pagarme-

-tu último pago se enviara pronto, mucho más pronto de lo que imaginas- murmura Cadance entre dientes, pero ocultando un tono malicioso.

-je, ¿entonces? ¿Debería guardarla hasta que me entregue ese último pago?-

-lo tendrá-

-je, está bien ¿quiere verla?-

-claro- murmura Cadance, es entonces que el rey le ofrece la caja, y la princesa del imperio usa su magia para tomarla y abrirla, sacando de entre la caja una reluciente espada de metal oscuro, la princesa toma la empuñadura y la admira con asombro.

-creo que valieron los 4 quintales. ¿o no?-

Cadance sonríe.

-está bien, sígame, le daré su último pago- le dice Cadance con unas sonrisa, en eso su silencio es interrumpido al ver pasar por la ventana a uno de los soldados grifos sobrevolando el área, la princesa de cristal se pone un poco nerviosa ante esto y esto lo nota el señor minotauro.

-bien sígame- le dice Cadance con seriedad.

-hmmmm no, yo creo que no- sonríe el señor minotauro.

-¿no quiere su pago?-

-me lo dará cuando termine la junta, odio cargar mucho oro en los bolsillos, echan a perder los pliegues de mi capucha, quizás antes de partir envíe por el pago, mientras tanto, je, creo que nos hace tarde-

-de acuerdo, como usted prefiera- bufa Cadance con seriedad.

-la esperamos abajo- dice el señor minotauro retirándose, este camina hasta la puerta y nota como esta estaba atrancada.

-ejem ¿puede abrirme?- dice el minotauro con un tono amable, y Cadance de mala gana le abré la puerta con su magia.

-fue un placer hacer negocios con usted- dice el señor minotauro mientras finalmente salía de la habitación.

Cadance le mira alejarse con severidad, mientras comenzaba a escucharse un siseo preveniente de ella, mientras por un instante un tenue brillo dorado brotaba de sus ojos.


Caminando por los jardines exteriores del imperio se encontraba la princesa Luna, admirando el bello cielo azulado y las aves cantoras revoloteando de un lado a otro, parecía increíble que este sitio reflejara tanta paz luego de tantas calamidades, parecía imposible que hubiera lugar para un momento de calma, casi como si esta fuera completamente falsa. Luna siente algo estremeciéndole las alas como si tuviera un mal presentimiento de algo que fuera a pasar pronto.

-¿princesa?- se escucha una voz muy familiar para ella pero que sin embargo al mismo tiempo sonó un poco diferente, la princesa de la noche voltea levemente su cuello y se topa con el señor de los grifos acercándosele.

-buenas tardes, señor Crow- dice Luna con un tono que aparentaba ser amable pero que no lograba llegar ocultar del todo la preocupación que esta sentía.

-¿está todo bien? La noto un poco…-

-bueno… no sé si se enteró pero no hace mucho….-

-oh perdone, sí, me entere del ataque de Canterlot, ejem, según el reporte todos salieron bien-

-no es completamente verdad- murmura Luna con inexpresividad.

-¿a qué se refiere?-

-una de nuestros médicos se quedó atrás durante el derrumbe, se que quien escribió ese reporte, pero ella no es nadie, ella fue alguien muy valiente- murmura Luna con inexpresividad.

-lo siento… veo que el reporte no estaba bien informado, también apenas me doy cuenta que la princesa Celestia y su familia resultaron heridos-

Luna se queda callada por un momento.

-¿su hermana perdió…?-

-no…. Él bebé posiblemente mañana nazca, la operación ya fue programada-

-entiendo… ¿pero ella está bien?-

-¿Cómo se sentiría usted si tuviera a su hija al borde de la muerte y no pudiera verla?- dice Luna irritada por tantas preguntas que el señor grifo le hacía.

-supongo que como se ha de estar sintiendo su hermana en estos momentos, solo que, sin la preocupación de perder un nuevo hijo, esa oportunidad se me fue hace mucho- murmura el señor grifo con inexpresividad, Luna se le queda mirando, un poco arrepentida por cómo le hablo hace unos momentos- mire, sé que a usted no le caigo bien, y lo entiendo, francamente no he hecho mucho por ganarme su confianza, pero es importante-

-¿Qué quiere….?-

-quiero que me hable sobre la princesa Cadance-

-¿Qué quiere saber exactamente?-

-bueno, entiendo que ella tuvo una etapa en la que no la paso muy bien que digamos-

-todos pasamos por tiempos difíciles-

-je, lo sé muy bien pero, esto es importante ¿ella acaso sufrió algún cambio brusco de comportamiento?-

Luna queda en silencio por unos momentos ella realmente no sabía que responderle, y la pregunta comenzaba a intrigarle demasiado por su referente respuesta, no sabía que sentir exactamente por esto. Mientras más lo pensaba más cólera le provocaba, pues el rey grifo no era nadie para andas preguntando por la vida personal de alguna de ellas, pero por otro lado mientras más lo analizaba más le intrigaba, y nuevas dudas llegaban a su mente.

-¿y bien?-

-ella… aj, no soy la poni adecuada para anunciarle eso, si quiere saber algo mejor pregúntele a ella- dice Luna muy alterada- será mejor que nos vallamos ya es hora de la junta.

-sí- murmura el señor grifo con inexpresividad.


Wes se encontraba jugando a las escondidas con su amiga Ain nuevamente, esta vez por los pasillos del castillo de cristal, el potrillo se encontraba muy animado y entusiasmado.

-¡¿dónde estás?! ¡¿Dónde estás?!- exclama el potrillo muy animado mientras corría por uno de los pasillos, en eso este mira hasta el fondo, donde divisa una pequeña figura que el reconoció por lo que Wes le sigue apresuradamente, subiendo las escaleras, llegando casi al balcón superior del castillo.

-¡te voy a alcanzar!-

-a ver si puedes jeje- escucha la vos de Ain entrando a una habitación. Wes se detiene al pie de la puerta por un instante, confundido pues, extrañamente, pese a que el ha pasado toda su vida en el castillo, era la primera vez que veía esa puerta, de hecho, era la primera vez que estaba en esta parte del castillo ¿dónde se encontraba?

-¡a ver si me encuentras aquí dentro!- escucha la voz de la potrilla dentro del cuarto.

Es entonces que intentando ser sigiloso y no dejar que se le escape cuando entre, este entra cautelosamente a la habitación oscura.

-no dejare que salgas de aquí jeje- dice Wes con un tono divertido mientras lentamente se encaminaba en el interior del cuarto, disolviéndose en la oscuridad. En eso Wes de súbito se da la vuelta y ve a aquella potrilla azulada al pie de la puerta, y lo más inquietante de ello eran el intenso brillo purpura de sus ojos ante la oscuridad.

-lo siento, pero me temo que Sera al revés-

La puerta se sierra súbitamente, dejando a Wes en completa oscuridad, mientras se perdía en el brillo de esos ojos morados que rápidamente le hacían perderse en sí.

-no te preocupes, aquí estarás a salvo-


Los miembros del consejo comienzan a tomar sus respectivos lugares uno a uno, con orden y silencio, no más allá de uno que otro murmullo que ocasionalmente había, esta vez las cosas eran mucho más serias, un sentimiento de desdicha comenzaba a sentirse y extenderse lentamente por el salón.

Mientras los dignatarios de Maretonia ordenaban los documentos con los que darían pie al temario del día por la puerta superior entra la princesa Cadance, al terminar finalmente el invierno la princesa ahora podía jactarse de aparecer por las reuniones sin más que su racionales tiara, zapatillas y collar, la falta de abrigo hizo evidente su relativamente anchado vientre de tan solo unos meses, la cual ella parecía pasear con orgullo, llegando a generar uno que otros vistazo de reojo entre los miembros. Finalmente luego de tomar el camino largo la princesa de cristal toma asiento. Desde su lugar se encontraba alguien quien le miraba pero no por curiosidad por su embarazo si no por total desconfianza y análisis, pues el señor grifo Crow Wings comenzaba a tener ciertos pensamientos sobre ella.

-¿aun estas seguro de esto?- le pregunta el rey Minos desde un asiento tras el suyo.

-ahora, creo que no podría estar más seguro- murmura el rey grifo mientras organiza unos documentos que saco de entre un portafolios. Los dignatarios ponen orden entre el consejo y la reunión finalmente da comienzo.

La dignataria superior habla.

-sean bienvenidos a otra junta para nosotros, los gobernantes de todas las naciones del mundo, en esta ocasión todos deberíamos guardar sierra conciencia, y respeto, referente a lo acontecido en Canterlot, quien haya leído el reporte que apenas logramos entregar previo a esta junta sabrá que la ciudad capital de Equestria no existe más-

Algunos de los miembros del consejo se vieron algo intrigados y confusos ante lo que esta decía, otros simplemente guardaron silencio al ya saber lo que había pasado.

-francamente creo que hablo por mi gente y por todos los presentes que nos alegra que usted y su familia pudieran salir con bien del acontecimiento- dice la dignataria refiriéndose a la princesa Luna la cual mantuvo la mirada baja en todo momento.

-mi cuñado y mi sobrina no salieron del todo bien- murmura Luna inexpresiva.

-¿y cómo sigue su hermana?-

-si todo sale bien, mañana nacerá su bebé-

-una bendición, luego de tanto desastre- comenta uno de los dignatarios con tono animoso.

-sí, supongo que si-murmura Luna.

-ahora, si no es molestia, usted asistió a esta junta por algún motivo ¿cierto?- prosigue uno de los dignatarios, Luna se limita a escucharle.

-¿puede contarnos que es lo que paso en Canterlot el 20 de marzo del presente año?-

Luna se queda callada por unos momentos.

-puede tomarse el tiempo que quiera, pero debe de entender que si asedio a asistir es por usted viene a nombre de su hermana para contárnoslo todo-

-lo sé- murmura Luna con un tono cortante.

Desde su asiento el señor grifo saca papel y lápiz donde se dispone a apuntar.

-¿vas a escribir todo lo que se diga en la junta o que amigo?- le murmura el señor minotauro.

-solo lo importante- murmura el señor grifo mientras coloca la pluma contra el papel.

-todo comenzó un par de noches anteriores a ese atentado, no sí que tan fuerte fue o hasta que área se sintió, pero hubo una perturbación mágica muy poderosa-

-¿usted cree que ese incidente mágico fue provocado por la gema?-

-según las palabras de Discord…. Sí-

Los miembros del consejo se quedan muy serios por un momento, esta era la primera vez que una reliquia causaba tanto desastre.

-¿enserio cree que podemos confiar en el testimonio de una entidad del caos?- exclama uno de los dignatarios de repente.

-según el reporte que tenemos aquí, lo que destruyo Canterlot fue un temblor clase 3 que se originó en el núcleo de la montaña-

-¡esperen ¿Qué es tan diciendo?!-

-que este atentado como lo llaman, realmente fue un fenómeno natural que tarde o temprano iba a pasar- responde uno de los dignatarios superiores.

-¡no! ¡Escuchen! ¡Fuimos atacados!-

-por una cantidad mínima de criaturas ¿Quién organizaría un ataque en medio de un cataclismo como este?-

-¡fueron criaturas que vivían en las cavernas y salieron por causa del temblor!-

-¡es verdad! ¡Alguien nos quería muertos!- exclama Luna pero parecía que nadie le escuchaba.

-¿y si les querían muertos? ¿Entonces por qué siguen vivos?-

-¡no lo sé….!-

- Luna, quería, entiendo que estas muy alterada, pero francamente creo que abrían sido un blanco fácil si en verdad fueron atacados y retenidos en el bosque, ¿no creen?- se escucha la voz de Cadance quien faltaba poco para que se echara a reír.

-¡CADANCE!-

-esperen, nos desviamos del tema- dice la dignataria superior- princesa Luna, dice que la única ciudad afectada de su reino fue Canterlot ¿cierto?-

-hasta donde nosotras sabemos… si… -

-¿dice que no sabe siquiera el volumen catastrófico del incidente?-

-¡No! No…. no podría asegurarlo, todo fue muy rápido, y con lo que está pasando mi hermana, no tenía los medios para asegurar…-

-tranquila princesa, no le paso nada al resto de sus ciudades- se escucha una voz y todos ven al señor grifo levantándose de su haciendo.

-señor Crow, por favor no hable hasta que se le pida-

-pero si fuera por ustedes nunca abriría el pico- responde el señor grifo mientras sostiene sus papeles entre sus alas.

-¿Qué es lo que tiene que decirnos?- dice la dictan aria superior con impaciencia.

-que ustedes se están dirigiendo a la persona equivocada, miren, lo que ustedes tienen frente a ustedes es una testigo ocular, ella sufrió en carne propia, pero lo que le preguntan son datos y cosas de las que obviamente por diversas circunstancias ella no sabría responderles-

-¿y nos está diciendo que usted si tiene esos datos?-

- latitud 17.50ª longitud 94.12ª con un alcance de profundidad de 200 kilómetros, un temblor clase 5.0 se pudo sentir hasta mi jardín- murmura el señor Grifo mientras corroboraba los datos que le daba Luna- con esa fuerza fácilmente no solo Canterlot si no media Equestria estaría bajo tierra, pero hay algo que contuvo ese poder, evidentemente esto no fue una calamidad provocada por la naturaleza, hay poderosas fuerzas involucradas aquí, fuerzas que en lugar de señalar con el dedo o casco buscando a quien echarle la culpa, ¡SERÁ MEJOR APUNTARLO CONTRA LOS VERDADEROS CULPABLES!- exclama el señor grifo mientras despliega sus alas y por un momento apunto directamente hacia la princesa Cadance.

-pero claro, ¿yo que voy a saber, si ni siquiera soy de Equestria?- murmura el señor grifo mientras organiza sus papeles y los revisa de reojo.

-¿usted dice que el incidente de Canterlot fue realmente un ataque?-

-si hubiera sido un "incidente" guiado por la naturaleza este temblor clase 5 se habría desbordado y sin control pudo haber evolucionado a un clase 7, y si eso pasaba, me temo que no estaríamos haciendo esta pequeña junta en el imperio de Cristal, y muy posiblemente ni nuestra quería princesa Cadance estaría presente-

Todos los miembros del consejo se le quedan mirando con seriedad al rey Grifo, muchos no sabían que pensar de él mientras que otros comenzaban a preocuparse por que tuviera razón.

-señor Crow, ¿de dónde obtuvo toda esa información tan rápido?-

-desde que se nos reportó el incidente de la gema, me he dado a la tarea de recabar información de Equestria, y algunas cosas… son intrigantes- murmura el rey mientras mira de reojo a Cadance quien esta vez sintió su mirada asechándole.

-¡no puede venir a nuestro reino e indagar cuanto le plazca!- exclama Cadance colérica.

- pero si hubiera alguien por ahí con un arma de tales proporciones, eso significa que ninguno de nosotros está a salvo- murmura el príncipe Blueblood de entre la multitud, mostrándose por primera vez preocupado por lo que acontecía y Cadance le suelta una mirada severa.

-¡exactamente!- exclama el señor grifo- y cuando algo es tan grande como para amenazar a mi reino se vuelve completamente personal-

Se guarda un momento de silencio entre el consejo, mientras el señor grifo simplemente reacomodaba sus papales aparentemente buscando algo.

-¿Qué más tiene señor Crow?-

-¿Qué más tengo? Solo tengo algunos reportes y datos que por el momento no son nada ante ustedes, pero les aseguro que pronto lo serán- murmura el señor grifo con inexpresividad mientras regresaba a su asiento.

-díganos ¿Qué es lo que cree tener?- dice uno de los dignatarios y la princesa Cadance se muerde los labios.

-si voy a decirles lo que tengo, quiero perderles el favor de que nadie salga del salón, bajo ningún motivo, y también quiero que escuchen todo lo que tengo que decir antes de soltar alguna contra directa, esto que les voy a decir podría sonar como una acusación, pero es muy serio porque esto que os voy a decir es verdad, significa que se han burlado de nosotros por mucho tiempo-

Los dignatarios se quedan pensando por un rato, mientras desde su lugar la princesa Cadance comenzó a sudar frio y es entonces que esta comenzó a sentir un intenso dolor en el vientre, de repente esta comenzó a sentir como si algo comenzara a desgarrarle desde dentro. La princesa del imperio no lo resiste más y comienza a gritar y retorcerse seriamente del dolor y la agonía, cosa que llama la atención de todos los presentes.

-¡¿Qué le pasa?!-

-¡alquilen ayúdenla!-

La princesa del imperio se tira al suelo, uno de los miembros intento ayudarle a levantarse, pero Cadance se hace al intentar irse tropieza y cae por los escalones rodando. Todos van en su ayuda, mientras que el señor grifo miraba seriamente lo acontecido con inexpresividad y cólera.

-no hay duda, es ella- piensa este mientras se dirigía lentamente hasta el grupo.

-¡rápido, tenemos que llevarla a un doctor!- exclama Luna.

-no se ira, y nadie aquí lo ara- dice el rey con imponencia.

-¡CROW ESTO PUEDE SER SERIO!- exclama Luna.

-¡No! ¡Dije que nadie se iría! ¡Ya nadie se ira!- exclama el señor grifo con cólera mientras se impone ante el consejo, todos le miran con extrañeza y confusión, pero pronto esas miradas cambiarían por unas de exaltación.

-exactamente, nadie se irá- se escucha una voz siniestra tras el rey grifo aparece una enorme criatura sin piel y grandes cuernos, de la que se distinguía su siniestra sonrisa maliciosa, de repente antes de que el rey grifo pudiera reaccionar la criatura le toma por el cuello y lo eleva.

-nadie se irá y tú no dirás nada mas- exclama Carnage mientras tenia del cuello a el rey grifo ahorcándolo con un solo casco, casi parecía como si fuera a romperle el cuello en cualquier momento, los miembros del consejo miran atónitos a la criatura que estaba ante ellos, es entonces Carnage voltea con su singular sonrisa llena de dientes afilados y les dice a los del consejo - gracias por venir a la red que les he tendido-