La parte frontal de la Academia Mundial W se veía desde la estación de tren en la que Lili bajó. Lo único que debía hacer era caminar hasta allí por las calles de la ciudad de Nueva York, aprovechando para observar las diferencias entre su casa y ahí. A su alrededor podía ver muchos chicos con un uniforme violeta, liso en el blazer pero a cuadros en el pantalón, y todos se dirigían para el mismo lado que ella. Lili notó que en el escudo de sus uniformes tenían una W; no había que pensar mucho para saber que eran estudiantes que irían al mismo instituto que ella.
Todo el bullicio que había entre los chicos que caminaban con ella no le permitía oír nada sobre lo que hablaban, y hasta sentía que desentonaba siendo la única mujer con un uniforme verde alrededor de ellos, pero la ayudaron a orientarse para ver por dónde ingresaría. Pronto llegó a un enorme edificio de ladrillos blancos sin portón, el cual estaba decorado con matas verdes en sus bordes. Le costó entrar por toda la gente que se agazapaba en la puerta, pero una voz a uno de sus costados la identificó.
―¡Niño!
"¿Niño?", se preguntó extrañada, pero luego recordó que eso era lo que se suponía que era. Se giró para notar a la mujer de cabello corto y gran busto vestida también con blazer y corbata, pero a diferencia de los estudiantes ella usaba ropa negra, en conjunto con su corta falda la cual cubría sus medias de liga.
―Oh, buen día, señorita Irunya... ―contestó, dubitativa de como dirigirse a ella.
―Al fin te encuentro ―dijo ella sonriente. Buscó algo entre sus papeles, desconcertada, y se llevó una mano a la nuca poco después―. ¿Me recuerdas cómo te llamabas? No entiendo mi letra aquí...
―Claro, soy Li-
La joven estuvo a punto de decir su nombre real, pero luego notó que en efecto su nombre era demasiado femenino. "Recuerda, ya no eres Lili, necesitas un nombre masculino... piensa, Lili, piensa", se dijo a sí misma. Tenía que conseguir un nuevo nombre para ella misma; no tardó en improvisarlo.
―L-lion Zwingli. Me llamo Lion Zwingli ―repitió la rubia, intentando agravar su voz para que combinara con su nombre.
―Lion, eso ―confirmó Irunya―. Necesito que me acompañes luego de la ceremonia de apertura del ciclo escolar para que completemos tu inscripción. No es como la inscripción de la mayoría de las escuelas ―aclaró―. Los directivos son algo... ¿especiales? Bueno, hablaremos de eso luego. Ve con los chicos al patio, por favor, dejaré tus maletas en tu cuarto.
―Está bien ―dijo Lili. Le entregó su equipaje a la mujer, el cual ya estaba comenzando a hacerle pesar la espalda, y se dirigió a la puerta que daba hacia afuera.
El patio de la Academia Mundial W parecía ocupar casi la mitad del terreno que pertenecía a la escuela,
―¡SILENCIO!
Un grito proveniente del podio mandó a callar a todo el grupo de estudiantes que hablaba, logrando que se tranquilizara el patio. Lili se sobresaltó demasiado cuando la oyó, y no podía creer que el hombre rubio que estaba en la tarima fuera el dueño de esa voz. El hombre se aclaró la garganta para continuar, con la voz mucho más calma que antes. Tenía un acento alemán, el cual Lili reconocía por tenerlo ella misma.
―Ehem. Soy el director Brandolf Beilschmidt, y les doy la bienvenida a todos ustedes a un nuevo año escolar en la Academia Mundial W. Estamos felices de conmemorar el aniversario número cincuenta de la institución, el cual no sería si no fuera por quienes se dedican a la honorable labor de enseñar a los estudiantes que viven en este lugar. Si no fuera por todos los que están aquí, la academia no hubiera ni siquiera logrado cumplir la década.
A pesar de estar completamente espabilada por haber dormido bien la noche anterior, el discurso tan monótono del director la hizo cabecear un poco mientras estaba parada en la fila. Asimismo veía a su alrededor que casi todos estaban igual que ella, como un chico rubio que tenía entrecerrados sus ojos verdes y llevaba un pañuelo al cuello. También estaba así el estudiante a su derecha, sólo que este tenía cabello negro recto y rasgos orientales. No era tan alto como su hermano, pero aun así se sentía como un gigante al lado de ella. Claro que poco más de un metro y medio tampoco era una altura considerable.
―¡Brantie, no estés con cara de funeral, apenas comenzó el año!
El monólogo del hombre rubio fue cortado por un intruso que pasó al podio, que vestía un abrigo rojo, y su cabello castaño estaba despeinado en comparación con la larga cabellera rubia de Brandolf. Tampoco tenía un acento completamente americano, pero Lili no lograba reconocerlo. Hizo una expresión de confusión cuando notó la aparición del segundo hombre, y más cuando le quitó el lugar al director.
―¡Ya pasen a sus dormitorios, muchachos, tienen cosas más divertidas que hacer que oír formalidades de un viejo como su director! ¡Disfruten su juventud mientras puedan! ―exclamó, robando el micrófono de la tarima y logrando que todos los alumnos comenzaran a reír. En cambio, el alemán no se veía nada entretenido.
―¡César! ¡Déjame terminar! ―exigió él. Claro que el
―¡Vayan a sus dormitorios antes que comience la primer clase! ¡Tienen el permiso del subdirector Vargas!
Un festejo colectivo se oyó alrededor de Lili, al cual ella se unió. "Es la ceremonia de ingreso más divertida en la que estuve hasta ahora", pensó sonriente. Aún si quería quedarse entre los demás, se puso de puntas de pie para buscar a Irunya entre toda la gente. Por suerte Irunya la encontró antes que a ella y le tocó la espalda para hacerle saber que estaba ahí.
―Lion, ¿podrías acompañarme? ―preguntó sonriente. La joven asintió, y ambas se dirigieron hacia una oficina cerca de la entrada del edificio.
No era una habitación muy grande, de hecho; lo único que la ocupaba era un escritorio al centro, rodeado de gabinetes, donde Lili supuso que estarían las fichas de los estudiantes inscritos en la academia. Las paredes estaban pintadas de un lindo color rosa con adornos fucsias, lo que le dio algo de nostalgia. "Ni un día y ya extraño mi vestido...", pensó mientras Irunya tomaba lapiceras del escritorio y rellenaba unos campos de un formulario vacío.
―Toma asiento ―le ofreció, señalándole la silla de tela rosa que había frente al escritorio―. Lion, ¿verdad? ¿Cómo es tu apellido?
―Zwingli ―contestó Lili. Por si acaso, se lo deletreó, e Irunya miró a la hoja con satisfacción.
―¿En qué grado estás? ―preguntó de nuevo.
―Cursé octavo el año pasado, ahora estoy en noveno.
―Entonces debes tener catorce ―afirmó ella―. ¿Cuándo es tu cumpleaños?
―Doce de julio de 2006.
―Perfecto. Ahora, la dirección de tu casa, por favor.
Ambas continuaron completando el formulario que iría al legajo de la escuela, y cuando al fin terminaron la mujer ucraniana miró complacida el formulario completo. Se paró del escritorio para dejarlo en uno de los gabinetes, del cual Lili pudo ver que tenía la Z.
―Y con esto la burocracia acabó ―agregó Irunya. Suspiró―. Y eso que el día escolar aún no ha comenzado... Sígueme, Lion, te llevaré a tu habitación.
―¡Sí! ―afirmó, feliz. Oficialmente, su vida escolar comenzaría cuando ya estuviera acomodada por completo en su cuarto. La más alta la guio hacia un edificio aparte de la estructura de la escuela, y en la puerta pudo leer la inscripción "Dormitorios". Lili pudo contar ocho pisos desde la planta baja. Agradecía que fuera así; al no haber ascensor, sería mucho más cómodo que no hubiera una cantidad grande. Pero comenzó a preocuparse cuando subían cada vez más escaleras.
Un piso.
Dos pisos.
Cuatro pisos.
Lili ya no podía mantener la paciencia demasiado.
―Uhm, ¿dónde está mi dormitorio? ―preguntó, intentando no sonar muy grosera.
―Oh, cierto, olvidé decírtelo ―dijo Irunya, preocupada―. Como fuiste el último en entrar, te pusimos en el único cuarto en el que había un solo estudiante. Está en el octavo piso, espero que no te importe...
―No, no, no me importa, está bien ―se apuró a responder Lili. Continuó subiendo las escaleras. Cinco pisos, seis pisos, siete, uno más y ya podría llegar hasta el que sería su dormitorio. Los pasillos estaban llenos de gente a esa hora, montones de chicos que bajaban las escaleras apurados para volver al edificio a clases y montones de chicos que preferían quedarse molestando en los dormitorios.
Las dos pasaron por alto todo el lío que había a su alrededor, el cual gradualmente iba calmándose a medida que llegaban al cuarto que correspondía a la joven. Al final del pasillo, la única puerta que se veía tenía un cartel hecho en papel con una inscripción:
PROHIBIDO EL PASO A CUALQUIERA QUE NO SEA EL ASOMBROSO GILBERT.
Lili estaba a punto de comentar algo, pero entonces Irunya la interrumpió.
―No te alarmes, Gilbert siempre es así ―respondió. "¿Qué clase de persona cuelga un cartel así en su pared...?", se preguntó la niña, juntando las manos en su falda. "Bueno, al menos ahora sé su nombre"―. Si me disculpas, tengo que irme a la secretaría de nuevo. Tu equipaje está dentro de tu cuarto, junto con tu uniforme, pero apúrate a tomar tus cosas y dirigirte al salón 9-A en el segundo piso. No creo que te digan nada por el traje, aún. ¡Si necesitas algo, avísame! Hasta pronto, Lion.
La mujer se apresuró a bajar por las escaleras, dejando a Lili frente a esa puerta con aquel raro cartel. "No tienes por qué tener miedo, este es tu dormitorio", se dijo. Tomó el picaporte y se dirigió al interior del cuarto. Irunya tenía razón, las valijas estaban prolijamente puestas frente a la litera de la parte de abajo. Tomó la mochila en la que tenía sus cuadernos y sus útiles, para luego fijarse a su alrededor si el tal Gilbert se encontraba en el cuarto.
Le sorprendió oír una voz rasposa que provenía detrás de ella, pero le extrañó más ver de quién venía. Un hombre, o más bien un chico, de cabello blanco y ojos rojos, que también llevaba el uniforme violeta, se aclaró la garganta y se dirigió hacia ella.
―¿Así que tú eres el chico nuevo?
Su rostro no se veía para nada agradecido de tener que compartir su habitación con Lili.
