El rostro del chico de cabello blanco no se veía para nada agradecido de ver a Lili. Al contrario que él, la joven reaccionó con una sonrisa y se acomodó un mechón rubio para acercarse a saludarlo.

―Buenos días, mi nombre es Lion Zwingli.

Claro que la aparente calma de su compañero no duraría.

―¡Les especifiqué a los de administración que quería que me dejaran en una habitación individual! ¡¿Cómo se atreven a desafiar los pedidos de die große mich?!

"Oh, bien... calma, Lili, calma...", se dijo, retrocediendo hacia la puerta. "Sólo debe estar mal por ser el primer día de clases..."

―Uhm, hola... Me llamo Lion Zwingli ―murmuró Lili, sorprendida por la actitud de quien sería su compañero de cuarto―. Soy, eh, nue... vo...

―¡Al único que yo querría como compañero de habitación es a West, pero él prefirió quedarse con Feliciano! No lo culpo, yo también lo hubiera elegido, ¡pero eso no quiere decir que puedan poner a cualquiera como mi compañero de dormitorio! ¿Por qué no puedo quedarme solo de una vez?

―Espero que nos llevemos bien... ―continuó, sin dejar que el enojo del otro la afectara. Intentó extenderle la mano a modo de saludo, pero el chico apenas se la rozó.

―Gilbert Beilschmidt. ¿Escuchaste bien? Beilschmidt. No es con V, ni con A, ni con SH, y con T al final. No tenemos por qué llevarnos, lo único que haremos será dormir en la misma habitación y punto. Y no estoy acostumbrado a compartir mi cuarto, así que tendrás que ajustarte a cómo me manejo aquí. No esperes que pasemos la noche juntos compartiendo comida y contando anécdotas divertidas como si fuéramos mejores amigos. ¿De acuerdo, eh, Lionel? ―El chico, ahora llamado Gilbert, se cruzó de brazos y dirigió una mirada de desdén hacia la jovencita. A Lili ya había comenzado a costarle mantener la sonrisa, por lo que su rostro pasó de felicidad por conocer a su compañero a confusión.

―Uhm, mi nombre es Lion ―respondió ella. No sabía qué más agregar; Gilbert había dejado todo claro con su monólogo anterior. Él no la quería allí.

―Lion, Lionel, es lo mismo. Ahora apártate de mi camino. Llegarás tarde a clases, enano ―escupió, antes que ella saliera por la puerta hacia el pasillo junto con el albino.

"¿Buen comienzo?", se preguntó a sí misma. El otro se veía mucho menos optimista, y se adelantó rápidamente para no tener que cruzarse con Lili de nuevo. Ella siguió caminando sola, bajando los ocho pisos hasta llegar a la planta baja del edificio. Cambió de rumbo hacia la estructura de la escuela, de nuevo volviendo a subir las escaleras hasta el segundo piso en el salón que le indicó Irunya.

"Creo que si sigo subiendo escaleras conseguiré los músculos de bruder…", pensó. Luego de caminar hasta el salón de clases se sentó en el asiento que estaba libre, al centro del salón, y esperó que el profesor llegara.

―¡Hola! ¿Tú eres el nuevo?

Lili se sorprendió otra vez al oír una voz detrás de ella. Cuando se dio la vuelta vio un par de grandes ojos azules, similares a los de Irunya, en la cara de un jovencito que parecía tener su edad. Lo que más llamaba la atención en él eran sus cejas rubias; parecían demasiado gruesas para sus ojos, pero a Lili no le importó. El chico también llevaba un gorro de marinero azul como adorno, que le recordó a su propio moño que había dejado con su hermano.

―Hola, sí, soy Lion Zwingli ―saludó ella.

―¡Mucho gusto, Lion! Soy Peter, Peter Kirkland ―respondió él, extendiéndole su mano. A diferencia de Gilbert, él sí se veía a gusto teniéndola al frente. Su voz también era aguda como la de Lili.

―Igualmente ―dijo, sonriendo. El rubio parecía a punto de querer decir algo, pero para entonces una mujer con un vestido azul cubierto por un delantal blanco entró al salón. El bullicio que antes estaba por todos los estudiantes en el aula se calló repentinamente.

Observándola mejor, Lili notó que su cabello rubio ("¿Aquí todos son rubios...?", se preguntó) también llevaba un moño blanco que combinaba con su delantal y su cuello de encaje. "Ah, se ve como el vestido rosado que dejé en casa", pensó, dejando salir un suspiro de nostalgia. "¿Por qué todo lo que veo me recuerda a casa...? Apenas llevo un día aquí."

―Buenos días ―dijo la mujer. Su voz sonaba ronca, como la de alguien que apenas se levantó o que ni siquiera durmió por la noche. A pesar de eso no tenía ojeras, o cualquier señal de no haber descansado. Tal vez tenía la voz tomada y por eso le costaba hablar; no sería raro que en primavera los cambios climáticos hicieran que alguien se enfermara―. Bienvenidos a la escuela otra vez. El tiempo pasó volando, ¿eh?

Hizo lo que intentó parecer una sonrisa, pero a nadie entre los alumnos pareció hacerle gracia, en especial a uno de los chicos que se sentaba a la izquierda de Lili. Ella lo aceptaba, esa mujer no se veía inofensiva, pero tampoco creía que tenía que tenerle miedo.

―Irunya me dijo que el único alumno que ingresó este año al colegio está en mi clase, Lion Zwingli. ¿Quién es?

Lili levantó la mano, visiblemente tranquila.

―Presente ―dijo ella.

―Yo soy Natalia Arlovskaya-Braginski, profesora del curso 9-B. No tendrán otro profesor aparte de mí, ni siquiera para educación física ―contestó la mujer―. Eso implica tener que soportarme a las ocho de la mañana. Ugh, las ocho de la mañana... Peor hora para dar la clase de literatura... Bueno, abran sus carpetas. Comenzaremos con el género de terror.

La clase fue muy silenciosa, al contrario que en la escuela pública. Lo único que se oía en el salón era la voz ronca de la profesora Natalia explicando las características del género terrorífico. No era lo más divertido del mundo, o lo más agradable, pero dos horas pasaron después de eso y tocó el timbre para el recreo. "Vaya, eso fue rápido," se dijo Lili, dejando sus cosas en el salón para ir al patio. Las escaleras estaban aún más llenas de gente que su propio salón, tal vez porque todas las aulas estaban puestas en el mismo lugar.

Estaba caminando por el pasillo cuando sintió algo frotarse contra sus empeines. "¿Eh?", se preguntó, bajando la mirada al suelo. Junto a ella había un gato negro con orejas blancas, quien apoyó su cabeza contra sus piernas. "¿Qué hace un gato en una escuela...?", se preguntó. De todos modos Lili se arrodilló para acariciar su lomo. El gato le dirigió la mirada con sus ojos ámbar, los que luego cerró cuando ella comenzó a acariciar su cabeza. "En serio es tierno, ¿pero cómo llegó hasta aquí? No creo que en una escuela privada admitan mascotas..."

―¡MICHIIIIII! ¿MICHI, DÓNDE ESTÁS? ¡MICHI! ¡MICHIIII!

―Feliciano-san, te pediría que no grites en medio del pasillo...

―¡Pero no encontramos a Michi aún! ¡MICHIIIII! ¡VEN, GATITA! ¡TE TRAJIMOS COMIDA!

"Oh, ya veo por qué hay un gato en medio del instituto," pensó, buscando de dónde venían todos esos gritos llamando al animal. No le costó mucho encontrarlos; prácticamente todas las personas que estaban ahí se giraron a ver a los dos chicos que estaban gritando el nombre de la gata. Lili esperó que ambos notaran dónde estaba, lo cual no tardó mucho.

Cuando se acercaron pudo ver que el más ruidoso era un chico de cabello castaño prolijamente peinado, salvo por un rulo que sobresalía del lado derecho de su cabeza. Sus ojos estaban cerrados mientras seguía gritando "MICHIIII". "¿Cómo espera encontrarla si ni siquiera está mirando?", pensó Lili, algo sonriente. El otro chico llevaba su cabello negro cortado de forma recta, con dos mechones que enmarcaban sus ojos marrón oscuro. Ambos sostenían lo que parecía comida para gato en sus manos; una especie de galleta en forma de pescado.

―¡MICHIIII! ―exclamó el castaño, abriendo los ojos y dejando ver su iris ámbar. Poco después se giró hacia Lili para correr hacia ella luego de ver la gata―. ¡Michi, aquí estás! ¡Nos tenías muy preocupados!

―Podrías gritar un poco menos... ―dijo el otro, corriendo detrás de él. Él pareció ser el primero que notó que Michi no estaba sola, sino que también había un alumno junto a ella. Lili se paró, cargando a la gata negra en brazos. Michi no opuso resistencia a que una extraña la cargara―. Disculpa todo esto, no teníamos idea que estaba aquí contigo.

―No se preocupen ―dijo ella, sonriendo―. Se me cruzó en el camino.

―¡Oh, hola! ―saludó el chico ruidoso mientras tomaba a Michi en brazos―. ¡Gracias por encontrar a Michi, eh...! ―Se giró hacia el pelinegro, susurrando algo en su oído―. Kiku, ¿sabes quién es?

―Debe ser el alumno nuevo ―respondió. "Ahora que lo noto, se parece al chico que estaba parado junto a mí durante el discurso," pensó Lili. Hizo una inclinación frente a ella y se presentó―. Mucho gusto, mi nombre es Kiku Honda. ¿Cómo te llamas?

―Soy Lion Zwingli, igualmente ―saludó ella.

―Oh, ya veo, así que tú eres de quien hablaba papa ―comentó el otro. Le extendió su mano, a la cual Lili apretó―. ¡Soy Feliciano Vargas, pero puedes llamarme Feli! ¡Espero que seamos amigos!

Los dos chicos tenían acentos particulares, Kiku pronunciando las consonantes de manera extraña y Feliciano hablaba de una manera dulce y marcada, al contrario de la monótona voz del pelinegro. Seguía sorprendiéndole la cantidad de personas con distintos acentos en el colegio. En su escuela pública ella era la única que hablaba como si viniera directamente de Alemania, aunque hubiera venido de Suiza.

"¿Vargas?", pensó. Ese apellido le sonaba conocido. "Vargas... oh, ya sé".

―¿Tienes alguna relación con el subdirector? ―preguntó curiosa.

―¿El subdirector? ―preguntó Feliciano en respuesta―. ¡Por supuesto! Él es mi papa. Gracias a él mi hermano Lovi y yo ingresamos aquí, es muy divertido aunque esté rodeado de papeles todo el día. Pensando en eso, ¿dónde está Ludwig? Se quedó detrás de nosotros cuando vinimos a buscar a Michi.

Lili lo miró con desconcierto por el repentino cambio de conversación.

―Ludwig-san es el hijo del director Beilschmidt ―aclaró Kiku. Miró a sus costados como si buscara a alguien, al igual que Feliciano―. Oh, mira, está junto a ese salón con Gilbert-san.

―¿Gilbert? ―preguntó ella. Giró su cabeza hacia donde indicaba el pelinegro para encontrarse con un chico rubio, de rostro serio y gran altura comparada a la contextura del cuerpo del albino. A diferencia de su actitud a la mañana, se lo veía sonriente y feliz al lado de él.

―El hermano mayor de Ludwig-san ―dijo el de ojos marrones.

―Tenme a Michi, Kiku, iré a ver a Ludwig ―exclamó Feliciano, poniendo a la gata en sus brazos. Salió corriendo al encuentro de ambos hermanos, dejándolos a él y a Lili en medio del pasillo.

―Será mejor que vayamos, Zwingli-san ―le indicó Kiku. Caminó detrás del castaño, la rubia siguiéndolo entre las personas entre los pasillos. Pronto se encontraron con los tres chicos al otro lado del pasillo; Feliciano charlaba animadamente con quien habían dicho que se llamaba Ludwig. El castaño se giró hacia ambos, especialmente hacia Lili, a quien señaló apenas llegó.

―¡Ludwig, te presento a Lion! Él es el chico de quien hablaba papa cuando dijo que vendría un estudiante nuevo. Lion, él es Ludwig, espero que sean amigos ―dijo a modo de presentación.

―Buen día, soy Ludwig Beilschmidt ―saludó el rubio, extendiéndole su mano. "Otro rubio con acento alemán," pensó Lili, feliz de reconocerlo.

―Me llamo Lion Zwingli ―contestó ella estrechándola.

―He escuchado hablar de ti. Más de lo que me gustaría, de hecho ―agregó, mirando de reojo al chico detrás de ellos―. Vater dijo que entraría un alumno nuevo este año. Pero no parece que Gilbert se lo haya tomado a bien...

―¡Oh, Gilbert! ―dijo Feliciano, girándose hacia el mayor―. Te presento a Lion. Espero que sean ami-

―Ya lo conozco ―lo cortó Gilbert. Lili se sobresaltó al ver cómo había pasado de felicidad al estar con su hermano mayor al mal humor de tener que hablar con ella. O él, para el caso―. Es mi compañero de cuarto.

―Oh, entonces genial ―comentó el castaño―. Entonces se llevarán muy bie-

―No me gusta tener compañero de cuarto ―lo cortó, de nuevo―. Estoy perfectamente bien solo, ¡y le especifiqué al viejo Brandolf que no quería que me asignaran compañero! ¡¿Por qué no me escuchó?!

―Gilbert, cálmate ―exigió Ludwig. Su voz también había pasado rápidamente del desagrado al enojo, causando que los ojos turquesas de Lili se abrieran―. No deberías ser tan grosero con tu compañero de cuarto. Tampoco deberías hablar de nuestro padre así.

―¡Él no es mi padre! ―exclamó Gilbert―. ¡Mi padre se llama Fritz! ¡No Brandolf!

―No armes una escena, por favor ―exclamó el rubio en respuesta. Las reacciones de los dos chicos que no participaban en la disputa le sorprendían; Kiku permanecía inmutable, mientras que Feliciano se veía al borde del llanto―. Tuvimos miles de veces esta discusión...

―¡Bien! Me iré con Roderich, no necesito discutir contigo. Hasta nunca ―escupió, alejándose de los cuatro para irse al pasillo.


Bueno, este es mi retorno oficial a fanfiction XD Como no tenía suficientes capítulos para dar una actualización semanal decidí sólo hacer sufrir a mis lectores de wattpad subiendo un capítulo cada muerte de obispo (?) Pero como soy buena ahora tengo muchos más para subir aquí :'D Así que no las haré esperar. Y como ahora está la opción de subir capítulos por el celular soy más que feliz. Espero que sigan personas aún, sé que es molesto cuando un autor tarda siglos en actualizar (o en este caso cinco meses :v) pero les prometo que voy a seguir subiendo capítulos hasta terminar. See you~