DECLARACION: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen


Dos segundos…

Quinn llevaba diez minutos conduciendo rumbo al distrito de Bushwick donde se encontraba el departamento que Rachel compartía con su amigo Kurt; después de que la morena propiciara su encuentro con Britt, la rubia consideró que lo menos que podía hacer para agradecerle su ayuda, sería llevarla a casa; además de eso, Quinn sentía la necesidad de asegurarse de que Rachel llegara sana y salva.

Durante ese tiempo, la rubia había recibido ya tres llamadas de Santana sin responder a ninguna; se le hacía raro que Santana le llamara, debía necesitar algo para ser tan insistente. Finalmente aceptó la cuarta llamada y gracias a la tecnología del auto no tuvo que detenerse para hablar con ella.

- Dime San!

- Ahm… estoy hablando con Quinn?…la voz detrás del otro lado del teléfono no correspondía a la de su amiga

- Quién eres y por qué tienes el teléfono de Santana?… la rubia sonaba preocupada y mientras buscaba un lugar donde estacionarse, comenzó a bajar la velocidad; afortunadamente el tráfico en esa calle no era tan concurrido y podía permitírselo.

- Soy Jess, camarera en Bedlam. Santana está aquí, no ha parado de beber desde que llegó… creo que sufrirá un coma etílico si sigue así

- Dios!… dejó escapar la rubia en un susurro

- Me dio su móvil para que grabara mi número pero preferí marcar el primero del speed-dial… le he convencido de quedarse un rato más pero no sé cuánto tiempo espere al ver que no consigue lo que busca… Quinn decidió estacionarse cuando encontró un espacio para hacerlo sobre la calle… Me temo que si se va sola le pueda pasar algo y pensé que tal vez, podrías venir por ella?

- Claro que sí! Voy para allá de inmediato. Podrías darme la dirección?

- Sí. Es en la Avenida C, entre tercera y cuarta este, cerca del banco Capital One

- Llegaré tan pronto como pueda… por favor no dejes que se marche…

- Haré lo posible

- Gracias por llamar Jess. Las veré en un ratola chica del otro lado de la línea corto la llamada sin esperar más. Quinn se llevó las manos al rostro intentando ocultar el semblante desencajado que reflejaba en él.

Ninguna de las dos solían pasarse de copas. Bebían ocasionalmente en eventos pero siempre con límites. Era la segunda vez que Santana llegaba a los extremos con el alcohol en menos de diez días. Estaba más que preocupada por su amiga.

Rachel no dijo nada, había escuchado toda la conversación gracias al manos libres del auto, y ahora solo observaba a la rubia esperando que se pusiera en marcha rumbo al bar.

- Lo siento Rachel, tengo que ir por Santana… Quinn giró la cabeza para mirar a la morena mientras hablaba

- Lo entiendo, no te preocupes por mí… Rachel afirmaba con la cabeza

- Pediré un servicio de taxi para ti y esperaré a que llegue

- No es necesario Quinn, podemos ir al bar y allí lo tomo… así no pierdes más tiempo en llegar

- Estas segura?... la morena volvía a asentir con la cabeza a modo de respuesta

Quinn puso en marcha el auto después de indicar la dirección del bar en el gps del mismo.

Le llevo veinte minutos llegar al bar y cinco más encontrar un lugar donde estacionarse. Cuando finalmente pudo entrar, se dirigió a la barra para preguntarle al barman por Jess. Rachel la seguía sin decir nada.

Mientras esperaba a que la chica apareciera, buscaba con la mirada a Santana. Era sábado pasadas las nueve de la noche, era imposible encontrar a Santana entre más del centenar de personas que estaban allí.

Después de unos minutos, una chica rubia de ojos azules, buen cuerpo y de la misma estatura que Quinn, se postraba frente a ella.

- Eres tú quien pregunta por mí?… preguntó la chica

- Jess?… soy Quinn

- Ah!… hola!… Santana esta por aquí… señaló en dirección a una de las mesas del fondo… la dejé con unos amigos para que la entretengan… Quinn frunció el ceño, el comentario de la chica le había molestado… tranquila, son todos amigos míos. Te aseguro que la hemos cuidado bien… al escuchar eso a Quinn no le quedó más remedio que suavizar el gesto, después de todo Jess había hecho mucho más de lo que cualquier otra camarera haría y ella estaba agradecida.

Jess ya había terminado su turno en el bar; normalmente los sábados su grupo de amigos se reunían con ella allí esperando que acabara su turno para después ir algún otro antro a bailar. Pero esa noche la chica convenció a sus amigos para que se quedaran un rato más y no dejar sola a Santana.

- Gracias, en verdad muchas gracias Jess… la otra rubia le sonrió a Quinn como respuesta

- Vamos… le dijo al mismo tiempo que hacía un movimiento de cabeza invitándole a seguirla.

Quinn se giró para ver a Rachel que seguía parada dos pasos detrás de ella con la cabeza y la mirada agachada, un tanto tímida porque no encontraba su sitio en esa situación. Quinn le sonrió y extendió su brazo hacia ella, esperando que con ese gesto entendiera que la quería allí, a su lado, acompañándola porque en ese momento tenía un poco de temor y Rachel la hacía sentir segura.

La morena correspondió su sonrisa y se aferró a su mano porque el bar estaba tan lleno de gente que apenas se podía andar; pero sobre todo porque no quería dejar de sentir la suave piel de la rubia.

Llegaron a la mesa donde se encontraban Santana y los amigos de Jess. La latina apenas vio a Quinn, abrió los brazos hacia ella mientras se levantaba y gritaba…

- Rubbiaaaaa! Veniisteeee!… ebria, completamente ebria. Las palabras de la latina apenas y eran entendibles porque arrastraba la lengua al hablar, y tampoco lograba mantenerse recta mientras permanecía de pie.

A trompicones, Santana paso frente dos chicos para acercarse a Quinn y cuando finalmente lo logró… éssaa ess mii rubbiaaa favooritaaa!… gritaba señalando con sus dos manos hacia Quinn para que todos los que estaban con ella la escucharan antes de jalar a la rubia para abrazarla... bueeeno… noou erress mmi ruubiaa faavoriitaa, peero eress la úunicaa que mee quedaaa!… le decía mientras la abrazaba.

Quinn correspondía el gesto de la latina con un brazo; en ningún momento soltó la mano de Rachel, y mientras continuaban abrazadas, aprovechó para hablarle a su amiga… - Ya es hora de ir a casa, San… su voz era tranquila. No estaba molesta pero sí preocupada y en ese momento lo que más le importaba era llevarse a la latina de aquel lugar

- Aa casaa!?… yyah noss vaamoss aa Londreesss yujuuu!… levantó los brazos hacia el techo… chhicoos!, chiicoss!, chicosss!… bajaba los brazos para señalar a sus acompañantes en la mesa… eellla, ess acctrizz… dijo señalando otra vez a Quinn… yy eella ess canttannte… ahora señalaba a Rachel… veen Qq, toomatte unna fotto conn eelloss… tiraba de la rubia. Quinn intentaba no perder la paciencia con la latina mientras Jess y sus amigos reían por la escena que estaba montando Santana… no mme crreen veredadd?, puess sie bvvan aarrepenntir cuaando la veaann en eel cine!… miraba a los que habían sido sus acompañantes por poco más de media hora mientras se llevaba los puños a cada lado de su cintura.

- Anda morena, lléveme a casa… ahora era Jess quien le hablaba a la latina, intentando ayudar a Quinn

- Túu vieenss conn miigo?… preguntaba Santana a la chica y cuando ésta le guiñó el ojo, inmediatamente la latina comenzó a caminar rumbo a la salida del bar.

Quinn liberó a Rachel de su agarre para ayudar a Santana que no podía mantenerse completamente erguida y tropezaba con todo lo que se encontraba en su camino.

- Mirraa Qq!… gritó nuevamente señalando la cabeza de un alce disecado que posaba en una pared a mitad del bar… aa ell tammbiéen lle pusso cuuerrnos ssu novviia, commo ammí… Quinn simplemente caminaba y continuaba tirando de ella para sacarla del lugar.

Cuando finalmente consiguieron sacar a Santana del bar, y llevarla hasta donde la rubia había estacionado el auto; meterla en él se convirtió en una verdadera odisea.

Santana insistía en que Jess fuera la primera en subirse, y después de varios intentos de Quinn sin lograr convencer a la latina de que Jess y sus amigos la seguirían en otro coche, la chica tuvo que subir al asiento trasero del auto seguida de Santana.

Después de colocarle el cinturón de seguridad, la camarera bajó por la puerta que estaba a su lado, y apenas la cerró, Quinn activo el seguro del auto para dejar a Santana encerrada en el interior del mismo.

Mientras la rubia se despedía de Jess agradeciéndole por la atención y el cuidado que le brindó a Santana, ésta gritaba y pateaba el asiento del copiloto molesta por estar encerrada. La chica se marchó sin darle mayor importancia a lo que había hecho.

Durante unos segundos reinó el silencio entre Rachel y Quinn; había llegado el momento de separarse esa noche. Rachel tomaría un taxi que la llevara a su departamento y Quinn por fin se llevaría a Santana al hotel.

Sentir la presencia y compañía de Rachel en lo que le significaba emocionalmente el día más agotador desde el reencuentro con su familia en Londres, le fue de gran ayuda. Aunque no dijera una sola palabra, tenerla allí a su lado le entregaba; primero, la humildad que le hacía falta para enfrentarse a Britt y pedirle la oportunidad de volver a su vida, y después la serenidad para manejar la situación con Santana de manera pacífica.

Rachel le ofrecía sin saberlo, lo que necesitaba, en el momento justo. Y Quinn, no tenía intenciones de dejar escapar esa sensación.

Tal vez fue la incertidumbre de no saber cuándo volverían a verse o la necesidad de tener a Rachel a su lado esa noche lo que llevo a Quinn a tomar una decisión.

- Me acompañas?… lo había dicho como un susurro, un poco avergonzada por atreverse a hacer esa pregunta; que más que pregunta era una petición pero no quería que Rachel lo tomara como una ofensa; ni le estaba pidiendo ni le ofrecía una noche de locura y pasión desenfrenada. Simplemente quería seguir disfrutando de su presencia… no tienes que venir si no quieres, o si tienes algún compromiso… yo… lo entiendo… busco la mirada de la morena deseando no encontrar enfado en ella.

Cuando Rachel levantó la vista para encontrarse con los ojos de la rubia, pudo ver en ésas orbes de color avellana toda la ternura que jamás imaginó ver en alguien… y súplica; sus ojos brillaban suplicantes. Quinn le estaba suplicando.

Aunque las palabras de Quinn le habían tomado por sorpresa, y en unos pocos segundos se imaginó un millón de situaciones que pudieran darse esa noche a su lado; al mirar los ojos de la rubia entendió lo que ésta necesitaba de ella; no hizo falta que Quinn se lo aclarara, su mirada era lo suficientemente transparente para que la morena pudiera ver la pureza de su corazón.

Y como bien se lo había hecho saber ese mismo día unas horas antes… no había absolutamente nada que Quinn no pudiera conseguir de ella con solo una mirada… Rachel atinó a afirmar tímidamente con la cabeza antes de acercarse a la puerta del copiloto del auto.

La rubia siguió el ejemplo de la morena dirigiéndose a la puerta del conductor. Fueron rápidas al subir al auto, y Quinn todavía más al activar el seguro para niños evitando así que Santana consiguiera salir.

Quinn intentaba controlar su mal carácter mientras manejaba hacia el Hotel Sheraton Tribecca; había elegido el camino menos transitado pero el comportamiento de la latina en el interior del auto dejaba mucho que desear, y de no ser por la presencia de Rachel en él, habría explotado desde el momento en que se subió al mismo.

Santana gritaba, maldecía, vociferaba palabras altisonantes y golpeaba con los puños el asiento que ocupaba. Rachel a pesar de no arrepentirse de acompañar a la rubia, se sentía bastante incómoda.

Quinn intentaba no perder la compostura; sin embargo, Santana estaba consiguiendo sacarla de sus casillas. Había soportado los golpes y los gritos de su amiga sin decirle nada más que 'Cálmate por favor San', pero no fue hasta que la latina desde su lugar comenzó a patear el asiento del copiloto cuando Quinn decidió terminar con el estúpido comportamiento de su amiga.

- Pero qué demonios estás haciendo Santana!?… tras haber estacionado el auto en la orilla de la calle, se giró sobre su asiento para levantarle la voz y obsequiarle a la latina una mirada fulminante y llena de rabia que provocó que todo el alcohol se esfumara del cuerpo de Santana.

- No quiero estar aquí!… continuaba gritando la latina…

- Es eso!? … perfecto!… Quinn desactivó el seguro de la puerta de Santana sin apartar la mira de ella… bájate entonces!… no hubo respuesta de la latina ni con acción ni con palabras… qué esperas!?… la misma mirada fulminante continuaba atravesando los ojos de la latina… bájate de una maldita vez!…

Santana no conseguía decir ni hacer nada porque se sentía completamente intimidad por la actitud de la rubia. Hacía muchos años que no había visto ni esa mirada ni esa forma de expresarse de Quinn, mucho menos que estuvieran dirigidas hacia ella.

En ese momento Santana y Rachel eran testigos presenciales de una de las peores, si no es que la peor versión de high/bitch – bee/queen de Quinn Fabray y no era momento para llevarle la contraria.

Pero Rachel sintió la necesidad de tranquilizarla e instintivamente posó su mano sobre la que tenía la rubia en el descansabrazos entre los asientos delanteros del carro.

Un roce suave y un ligero apretón de Rachel sobre su mano fue todo lo que Quinn necesitó para dejar escapar su frustración y coraje mientras liberaba el aire que había acumulado en sus pulmones.

Miró a Rachel para agradecerle con la mirada el gesto antes de volver la vista a Santana

- Qué quieres San?… ni su voz ni su mirada eran los mismos de hace unos segundos atrás. Había vuelto la melodiosa voz y la mirada dulce de la rubia

- No quiero estar aquí… esta vez la voz de la latina era temblorosa y sus ojos negros brillaban por contener las lágrimas que amenazaban con salir sin permiso.

Esa imagen de Santana bastó para que Quinn entendiera lo que quería transmitirle. Se conocían demasiado bien para que el mensaje llegara a la rubia de manera clara.

Y Quinn entendió porque la latina se había quedado en aquel bar acompañada de la camarera rubia de ojos azules; entendió porque la efusividad al mencionar su vuelta a Londres; entendió que aquel 'no quiero estar aquí' no hacía referencia al auto sino a la ciudad; entendió que estar en Nueva York le estaba ocasionando a su mejor amiga mucho más daño del que podía manejar.

También se preocupó porque cayó en cuenta que Santana estaba utilizando el alcohol como medio para lidiar con su desilución. Era la segunda vez que salía y terminaba completamente ebria. Una cosa era salir con los amigos y beber algunas copas mientras convivían y otra muy diferente era acabar al punto del coma etílico e intentar llevarse a cualquier chica a la cama.

Santana no era así; por lo menos no lo había sido en mucho tiempo. En la secundaria había salido con varios chicos, pero siempre fue cuidadosa de que los rumores no llegaran a sus padres o abuela. Las únicas que lo sabían eran las rubias; eso, hasta que finalmente aceptó sus sentimientos por Britt y comenzaron una relación.

Su amiga estaba sufriendo cómo nunca antes y podía apostar su vida; por lo que le había preguntado la bailarina, que Britt también lo estaba pasando mal.

Sus hermanas estaban sufriendo, y aunque jamás lo hubiera querido; de manera indirecta, ella era la culpable.

Quinn se bajó del auto para acompañar a Santana en el asiento trasero. Apenas cerró la puerta Santana dejó caer su cuerpo para acomodar su cabeza y sus manos sobre el regazo de la rubia. Quinn inmediatamente dejaba caricias sobre el cabello y en ocasiones el brazo de su amiga.

Aunque Santana podría regresar sola a Londres, necesitaba tener a alguien a su lado y sentirse acompañada. Acompañada de quien pudiera lidiar con su negación, rabia y frustración, pero que también le permitiese tener sus momentos de depresión y vulnerabilidad, y sobre todo que en esos momentos pudiera ofrecerle un poco de consuelo; sólo había una persona a la que le permitiría verla rota, y esa persona no era otra más que su hermana. Y Quinn lo sabía. Sabía que Santana necesitaba de ella más que nunca y no la dejaría sola. No después de darse cuenta de la manera en que la latina pretendía manejar la situación.

- Quieres que volvamos a Londres?… sólo un movimiento de cabeza afirmando fue la respuesta de la latina… No quieres ver a nuestra princesa?… Santana repetía el movimiento de cabeza. Si bien no quería estar en Nueva York ni en Estados Unidos, hacía años que sólo veían a la pequeña en fotos y videos que le enviaba Noah a la rubia; por supuesto, no sería ella quien impidiese que Quinn viera y compartiera con su hija unos días… mañana a primera hora nos vamos a New Haven. Esta bien?… otra vez el movimiento de cabeza.

Rachel no perdía detalle de la escena entre Quinn y Santana gracias al retrovisor del auto. Se sentía incómoda con la situación, pero la rubia le había pedido que la acompañara, así que intentaría ser de ayuda para ella.

Sin saber cómo, logró pasarse del asiento del copiloto al del conductor, puso en marcha el auto siguiendo las indicaciones de la dirección que la rubia había puesto en el gps del mismo. Quinn le agradeció la comprensión y la ayuda con una tímida sonrisa que pudo apreciar otra vez gracias al retrovisor.

Después de diez minutos más de camino finalmente llegaron al hotel y tras haber entrado al estacionamiento, tomaron el elevador que las llevaría directamente a la suite de las chicas.

Rachel caminaba por el pasillo tomada de la mano de la rubia pero penas un paso atrás. Aunque Santana había cambiado su actitud radicalmente y ahora estaba cooperando con todo lo que la rubia le pedía, Quinn ocasionalmente le regalaba tímidas miradas y sonrisas a la morena para asegurarle que recordaba su presencia.

A la morena no le agradó la idea de que Santana y Quinn compartieran habitación, pero se tranquilizó al ver que en realidad se trataba de una suite con dos habitaciones separadas por un living room.

Santana se dirigió a su habitación dejando atrás a Quinn y olvidándose de cerrar la puerta antes de caer rendida en la cama.

Quinn y Rachel se quedaron en silencio mientras ingresaban al living room.

- Será mejor que me vaya; así puedes hablar con ella. Que me quede solo la perturbaría… Rachel fue la encargada de romper el silencio

- No, por favor… San ya debe estar dormida y no despertará hasta mañana… Al menos deja que te invite a cenar. Será mi manera de agradecerte todo lo que has hecho por nosotras hoy… Quinn de verdad quería agradecerle que la llevara a ver a Britt, y también que la acompañara a ir por Santana; pero sobre todo quería mantener la fortaleza que la presencia de la morena le otorgaba

- Pero si yo no he hecho nada

- Has hecho mucho… especialmente por mí… la rubia no podía evitar ser completamente transparente con Rachel… no sé cómo lo haces o si eres consciente de ello… pero tu sola presencia me tranquiliza, me da paz y créeme, eso ha sido de mucha ayuda hoy… dijo sonriéndole a la morena… entonces? Me acompañas a cenar?… y allí estaba otra vez aquella mirada avellana que lograba robarle el aliento a la morena. Rachel le sonrió a la rubia. Era toda la respuesta que podía darle.

Y mientras Quinn pedía el servicio para la cena, la morena navegaba entre sus pensamientos sin apartar la vista de la rubia. Pensamientos que se resumían en una simple pregunta. Cómo era posible que esa chica a quien apenas conocía, tuviera tal efecto en ella?.

Era bella? Sí!, de eso no había la menor duda. Quinn Fabray era una de las personas más hermosas que la morena había conocido en su vida. Pero de dónde venía esa necesidad de tenerla cerca? Esa necesidad de complacerla en todo?

Rachel Berry era una persona segura de sí misma; no le pedía permiso a nadie para hacer y decir que lo que quería y sentía. Desde pequeña hacía valer sus opiniones y siempre supo de su enorme talento y potencial para el canto.

Sus padres la habían educado inculcándole en el día a día el amor puro hacia las personas sin hacer distinciones, pero sobre todo libre; y con demostraciones de cariño y apoyo entre ellos cuando eran señalados por su condición de homosexuales, se lo habían confirmado. Podrían ser señalados, avergonzados, maldecidos o demás, pero jamás se cuestionaron el amor que sentían por el otro.

Rachel creció deseando vivir un amor como el de sus padres. Y siguiendo su naturaleza ansiosa comenzó a salir con chicos desde primero de secundaria; hubieron los que le atraían físicamente, pero después de no descubrir más en la primera cita, terminaba desilusionada; desesperada por enamorarse salió también con chicas; pero ni en la secundaria y en Nyada había una sola persona que le hubiera tocado el corazón. Ni siquiera cuando decidió dar un paso más y comenzar a mantener relaciones sexuales con algún novio o novia con quien llevaba saliendo meses y con quien pasaba momentos agradables. Para ella, siempre hizo falta algo más. Nunca pudo explicarlo con palabras pero siempre supo que se trataba de una conexión emocional.

Ahora, había llegado la rubia. Una persona que no necesito una sola palabra para captar su atención y que con su sola presencia la dejó completamente embelesada. Era eso lo que tanto estuvo buscando?

Quinn no necesitaba un monólogo para convencerla de nada. Con tan solo su mirada y sonrisa podría conseguir que la siguiera al mismo infierno; porque sí, sabía que sería capaz de cualquier cosa por Quinn Fabray. Y al darse cuenta de eso, el pánico se apodero de ella.

- Rachel?… la voz de la rubia la trajo de vuelta a la realidad… te importaría si te dejo sola unos minutos? Solo iré a checar que todo este bien con Santana… dijo señalando la habitación de la latina. Después de que la morena negara con la cabeza, continúo… Siéntete como en casa por favor… Quinn volvió a sonreírle a Rachel antes de atravesar el living romm y retirarse

Mientras la rubia despertaba a Santana e intentaba convencerla de cenar algo y darse un baño antes de volver a dormir, Rachel prefería buscar algún programa en el televisor del living room para distraerse, no quería ahondar en aquellos pensamientos que le hacían cuestionarse.

El servicio para la cena llegó unos minutos después. Quinn y Rachel cenaron en compañía de Santana; la poca conversación se centró en la amistad de la rubia con la pareja sensación y en la trama de la obra musical en la que Rachel había realizado casting esa tarde. Ninguna de las dos creyó oportuno comentar nada sobre el encuentro entre la rubia y Britt; no querían incomodar a Santana quien se mantuvo callada y ausente durante toda la cena.

Una vez que terminó de cenar, Santana se disculpó con las chicas y se retiró a su habitación para ducharse antes de volver a dormir.

Quinn y Rachel permanecieron en el comedor, continuando con su conversación mientras disfrutaban de la vista panorámica de las luces de la ciudad.

- Mm… bueno, creo que ahora sí me marcho… fue la morena quien rompió el silencio

- Segura? Puedes quedarte si quieres… insistió la rubia… mi habitación esta libre. Yo dormiré con Santana esta noche… Rachel frunció el ceño instintivamente; aunque pretendiera controlarse, la rubia le provocaba reacciones que no podía evitar, y eso, no le gustaba en absoluto…

Al notar Quinn el gesto contrariado de Rachel intentó esclarecer lo que había dicho… San la esta pasando muy mal, solo quiero cuidarla y hacerle compañía… nunca antes se había sentido con la necesidad de aclarar nada a nadie; para ella, solo importaba la opinión de su círculo cercano, y la morena en ese momento no era parte de él; pero extrañamente, lo que Rachel pudiera llegar a opinar de ella o de sus acciones, le importaba mucho más de lo que hubiera querido en ese momento.

Rachel negó con la cabeza mientras se levantaba del asiento que había sido su sitio durante la cena. Quinn siguió su ejemplo. Mientras caminaba detrás de ella, la vio atravesar el living room y dirigirse a la puerta de la suite. Una vez que llegaron a ella, la morena esperó a que Quinn la abriera

- Kurt debe estar esperándome, querrá saber cómo ha ido el casting… hablaba Rachel mientras veía a Quinn abrir la puerta.

- Me avisarás cuando llegues?… Me quedaré más tranquila… fue interrumpida por la morena

- Claro… Rachel dio un paso para acercarse a la rubia y despedirse con un beso en la mejilla.

Y cuando la morena deposito sus labios sobre la mejilla de Quinn, ésta sintió erizarse por completo. Los perfectos labios carnosos de Rachel, también eran suaves y se sentían maravillosamente bien sobre su mejilla. 'Cómo se sentirían sobre sus labios?'

- Perdón… dijo la rubia al sentir los labios de la morena despegarse de su mejilla

- Porque?… preguntó Rachel quedando apenas a unos centímetros del rostro de Quinn

Quinn no respondió con palabras pero sí llevando sus manos al rostro de Rachel para acunarlo entre ellas. Miró los brillantes orbes chocolate que se estaban volviendo su perdición, y a pesar de dudar si estaba precipitándose, su deseo era más fuerte.

La vida se había encargado de enseñarle con dolorosas lecciones que podía perder todo en cuestión de segundos. Y ella había aprendido con demasiadas lágrimas que es mejor aprovechar las oportunidades o terminaría cargando con el arrepentimiento.

Así que no lo pensó más. Quinn poso sus labios sobre los de Rachel, presionando suavemente contra ellos. No buscaba más que simplemente sentirlos sobre los suyos y descubrir las sensaciones que los labios carnosos de la morena podían llegar a provocarle…

… y apenas percibir el contacto de los suaves labios de Rachel le provocó un ligero temblor a sus piernas… un segundo… y se había perdido en el universo al que le trasladaba el aroma a vainilla que se desprendía del cabello de la morena… un segundo más… y el millar de mariposas revoloteando dentro de su estómago la hacían sentir que todo a su alrededor giraba a velocidad luz… un segundo más… y el ruido de algo rompiéndose dentro de la habitación de Santana la sacaba abruptamente de la nebulosa llamada Rachel Berry en la que se había sumergido.

Quinn despego sus labios de los de Rachel y un poco temerosa, colocó su frente en el de la morena; abrió los ojos buscando la mirada de ésta pero Rachel se encontraba perdida en sus propias sensaciones y aún continuaba con los ojos cerrados… liberó su rostro deslizando suavemente sus manos por sus mejillas, hombros, brazos, para finalmente tomar las manos de la morena…

- Lo siento… susurro. No estaba segura de cómo reaccionaría la morena por su atrevimiento.

Rachel abrió los ojos al sentir el aliento de Quinn cerca de su rostro. Al encontrarse con la brillante, penetrante, cálida y tierna mirada color verde aceituna de la rubia; la morena volvió a tener la certeza de ser capaz de abandonar todos sus sueños y su vida sólo por seguir a Quinn a donde fuera y volver a sentir sus maravillosos labios.

- Aaayyy!… la voz de Santana alertó a la rubia… Mierdaaaa!… sin demorarse más Quinn rompió la conexión con Rachel dirigiendo su mirada hacia la habitación de la latina mientras separaba su frente del de la morena… Maldiita seaa!… escuchar la voz de Santana siendo una mezcla de rabia, frustración, dolor y sollozos la hizo reaccionar soltando las manos de la morena para comenzar a caminar rumbo a la habitación…

Vacío… ambas sintieron un enorme vacío invadir sus cuerpos al dejar de sentir la piel de la otra… pero en ese momento, la rubia sintió necesario confirmar que todo estuviera bien con su hermana.

Ver a Quinn caminar en otra dirección que no fuera hacia ella le devolvió la sensación de pánico que había sentido unos minutos antes. Rachel terminó por salir de la suite y llamó al elevador que se encontraba frente a la puerta.

Quinn caminó hacia la habitación de Santana sin volver la vista atrás. Al entrar, se encontró con la latina sentada en el piso, intentado levantar los trozos de lo que en algún momento fue un jarrón. Mientras se acercaba pudo ver algunas lily's destrozadas y unas gotas de sangre completando la escena. Miró el rostro de Santana y luego sus manos para encontrar su puño izquierdo derramando unas cuantas gotas de sangre más

- Dios San! Estas sangrando!… tomó la muñeca de Santana y con el otro brazo rodeo su cintura para ayudarle a levantarse

- No!… tengo que levantar todo esto!… la latina señaló la escena con su mano libre

- Deja eso, pediremos al servicio del hotel que se encargue… Quinn utilizó sus dedos para limpiar las lágrimas que caían por las mejillas de su amiga cuando consiguió ponerla de pie… no te preocupes, vale?… Qué ha pasado?… Quinn caminó hacia el living room tirando ligeramente a Santana de la cintura.

- Yo… son sus flores Q… yo solo quería tirarlas, pero cuando las jalé el jarrón resbaló y todo se fue al piso… Mientras caminaban, la rubia miró la puerta de la Suite para descubrir que Rachel se había marchado dejando la puerta abierta… quise limpiar todo pero…

- Déjame ver… abrió el puño de la latina para revisar la gravedad de la herida… pediré un médico… dejó que su amiga tomara asiento en el sillón individual antes de dirigirse a cerrar la puerta y llamar al servicio del hotel.

Apenas diez minutos después; el médico ya se encontraba revisando la herida de Santana. Después de la limpieza del área, el médico colocó sobre la herida una crema, la cubrió con una gasa y venda, utilizó una malla negra para proteger toda la palma y una pequeña parte del antebrazo. Después de informar a las chicas sobre los cuidados que debían seguir y entregar a la rubia una caja de pastillas que Santana debía consumir en caso de dolor intenso; el médico se retiró de la Suite.

Santana se dirigió a la habitación de la rubia para intentar dormir mientras Quinn volvía a la habitación de Santana para disculparse con la persona del servicio que limpiaba el tiradero. Pidió también que se llevaran el jarrón que ya había sacado de su habitación y el del comedor que contenían lily's.

Cuando la persona del servicio se marchó, la rubia volvió a su habitación para cuidar de Santana, se recostó en la cama y recordó el beso que le había robado a la morena; volvió a sentir las millones de emociones y sensaciones que vivió en ese momento... también recordó que para Rachel no significó lo mismo porque no correspondió el beso y se marchó sin decir nada.

Se levantó de la cama para ducharse y ponerse el pijama. Decidió enviarle un mensaje a la morena antes de meterse nuevamente en la cama para descansar

'Espero que hayas llegado bien a casa… siento haberte incomodado con el beso pero necesitaba sentir tus labios… dulces sueños Rach'


" La decisión del primer beso es la más crucial en cualquier historia de amor, porque contiene dentro de sí la rendición "…

Emil Ludwig