DECLARACION: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen
… Es Mamá!
Tres horas con catorce minutos fue el tiempo que duró el recorrido del Hotel Sheraton de New York a la casa número 475 de la calle Stenvenson de New Haven.
Quinn y Santana llegaban agotadas. Apenas la rubia se estacionó fuera de la casa de Shelby y apago el motor, la latina bajo del auto y comenzó a recorrer el camino marcado hacia la puerta principal; se detuvo al percatarse que realizaba el trayecto ella sola, su hermana aún no bajaba del auto, espero un par de segundos y al ver que la rubia no se decidía volvió sus pasos por el mismo camino, se asomó por la ventana al llegar al auto; Quinn se había quedado petrificada en el interior, usaba ambas manos para aferrarse al indefenso volante y su mirada se perdía en la calle frente a ella.
Santana abrió la puerta del conductor después de rodear el auto, deshizo suavemente el agarre de la rubia al volante y le sonrió ligeramente a su amiga buscando transmitirle serenidad
- Es hora de reunirte con tu hija… le dijo y sin soltarle las manos, tiró de ella para sacarla del auto; cuando lo consiguió, tomó las llaves y se encargó de asegurar el mismo.
Mientras caminaban hacia la puerta de la casa, Quinn jugaba nerviosamente con los dedos de sus manos. Beth podría aceptarla en su vida, y amarla, tal como ella anhelaba; Santana, Britt, Noah, Shelby y quien sea que llegara a conocer su historia, podrían entender que había hecho lo correcto al entregar a la pequeña en adopción, después de todo, 'qué opciones tenía?; sin embargo, ella jamás compensaría el vacío de su corazón por no poder llamar hija a su pequeña princesa.
Tras un par de respiraciones y exhalaciones profundas, Quinn finalmente se decidió a tocar el timbre de la imponente casa.
Después de unos pocos minutos de espera, un apuesto caballero castaño y de ojos verdes, vestido de manera informal aparecía frente a ellas mientras abría la puerta.
Quinn arqueó su ceja izquierda cuestionándose para sí misma, quién era esa persona y qué hacía en esa casa?
- Dios! Noah tiene razón, hasta sus gestos son iguales!… dijo el hombre sin esconder su amplia sonrisa… pasen!, pasen!, las estamos esperando… continúo mientras abría completamente la puerta y despejaba la entrada
- Gr…gracias… las chicas ingresaron a la casa sin apartar la mirada de aquel hombre… perdón… usted es?… preguntó Quinn
- Lo siento, he sido un mal educado, debí presentarme antes… comentó extendiendo su mano hacia Quinn… William Schuester… la rubia estrecho la mano del alto hombre
- El novio de Shelby… afirmó la rubia pues ya tenía conocimiento de la relación que Shelby y el maestro de Música mantenían desde poco más de seis meses… Quinn… y Santana… le dijo señalando a su amiga detrás de ella… es un placer conocerle William
- El placer es todo mío chicas… dijo Will mientras estrechaba la mano de Santana… y por favor, tratémonos de tú. Después de todo, seremos algo así como familia… les sonrió… Shelby esta en la cocina, las llevaré con ella… vamos?
Las chicas afirmaron con la cabeza y en silencio siguieron a Will. Era evidente para la latina que su amiga estaba muy nerviosa. Quinn caminaba sin prestar atención a los detalles de la casa y con la vista baja; de manera mecánica seguía los pasos del hombre que las había recibido.
La ansiedad por ver a su princesa habían bloqueado las pocas ideas de posibles discursos que consideraba para su encuentro con Shelby; pero sobre todo, para el primer acercamiento con Beth.
- Shelby, cariño?. Quinn y Santana ya están aquí… dijo Will mientras se adentraba en la cocina, seguido por las chicas.
Shelby terminaba de preparar unos platanitos envueltos con tocino que metería al horno; uno de los aperitivos favoritos de Beth. Al escuchar a su novio, volvió la vista hacia él, sus labios reflejaron una sincera y auténtica sonrisa cuando descubrió aparecer a su lado la figura de la rubia.
La sonrisa que Shelby le ofrecía consiguió disminuir el nerviosismo de Quinn. Apenas un instante después de que se permitiera corresponder de la misma manera a Shelby, sintió los brazos de esta rodear su cuerpo; un abrazo que ni por asomo esperaba, un abrazo cálido, sincero. Un abrazo que le inspiró confianza; la confianza que necesitaba para disculparse con la madre de Beth por su comportamiento la última vez que se vieron.
Después que Beth naciera, y gracias a que Shelby trabajaba en la Secundaria William McKinley a cargo del Glee Club; Quinn podía mantener una relación cercana con su pequeña. Los primeros meses Quinn, Santana y Britt pasaban todas las tardes en casa de Shelby, pero cuando la inspectora del departamento del servicio social le recomendó a Shelby mantener distancia con Quinn por el bien de la pequeña, la rubia tuvo que pasar de ver a su hija tres o cuatro horas diarias a simplemente dos horas los domingos.
Para Quinn no fue fácil cumplir con el requerimiento, era eso o que Shelby y Beth se mudaran de la ciudad. Los meses pasaban y al distanciamiento con su pequeña comenzó a afectar su personalidad con actitudes que no eran características de ella.
Quinn pasó de ser la chica amable, educada, respetuosa y comprensiva, a una hasta ese momento desconocida versión de la rubia como high/bitch; arrogante, soberbia, egoísta e irreverente, tanto que olvidó cuál era su lugar y que ser la madre de la pequeña ya no era su papel; las discusiones con Shelby comenzaron a prevalecer en sus visitas a la pequeña.
Beth era la única que podía disfrutar de la naturaleza tierna de la rubia. Sólo ella, sólo Beth, sólo su pequeña princesa conseguía sacar lo mejor de Quinn.
Si reducir las horas que compartía con su hija le supieron mal a la rubia; que Shelby se marchara con su pequeña de 18 meses fue el acabose para ella.
Quinn tuvo su etapa más autodestructiva en los primeros meses lejos de su princesa. Llamaba a Shelby solo para amenazarla con quitarle a la pequeña si no volvía a Lima, faltaba a clases, cortó y tiñó su cabello de rosa, abandonó el escuadrón de las Cheerios para ser la líder de las Skanks y dedicarse a robarles el almuerzo y el dinero a los chicos de nuevo ingreso en la secundaria, terminó su relación con Puck, incluso Santana y Britt tuvieron que lidiar con los desplantes de la rubia, pero aún así nunca la abandonaron, soportaron sus groserías durante el día porque sabían que por las noches, Quinn se rompería y necesitaría de ellas. Las noches lejos Beth fueron una auténtica pesadilla para la rubia y sólo en compañía de sus hermanas se permitía sufrir por la ausencia de su pequeña.
No fue hasta una semana antes del segundo cumpleaños de Beth que gracias a las palabras de Santana, Quinn reaccionó sobre su comportamiento. La latina se encargó de hacerle ver que lo único que estaba consiguiendo con su actitud era alejar más a Beth de su vida. Santana le hizo entender que ella misma no querría a alguien así cerca de su pequeña. No era un buen ejemplo para Beth.
Después de ser consciente de su mal comportamiento; Quinn hizo de todo para compensar sus acciones. Con ayuda de Santana y Britt logró convencer a la entrenadora Sue Silvester de aceptarla de vuelta en las Cheerios, y aunque tuvo que sufrir por un par de meses los castigos que la entrenadora le imponía, la rubia respondió como la Capitana que era, recupero su posición en el escuadron y las llevo a ganar las nacionales. Se disculpó con los chicos de nuevo ingreso a los que había maltratado y también se volvió en su protectora; nadie se metía con ellos porque eran los protegidos de la Capitana y todo el escuadron de las Cheerios.
La rubia también regresó a los demás clubes en los que participaba y rápidamente se convirtió en la Queen Bee de la Secundaria McKinley; todos los chicos querían salir con la Capitana de las Cheerios pero ninguno tenía oportunidad, aunque Quinn no había vuelto con Puck, éste se encargaba de alejar a todo aquel que se le acercaba a la rubia. También todas las chicas querían ser como Quinn Fabray, querían verse como Quinn Fabray y por supuesto querían ser las sucesoras de Quinn Fabray.
Quinn y Puck hacían la pareja perfecta y aunque no estaban juntos, los coronaron Reyes del baile de graduación de su último año en el McKinley prácticamente sin tener competencia.
Por otra parte; gracias a que Quinn volvía a ser la chica aplicada y estudiosa de siempre obtuvo sus sobresalientes en casi todas las materias consiguiendo así graduarse con mención honorífica y ser acreedora al privilegio de proclamar el discurso de su graduación, un discurso que tuvo su momento más glorioso mientras se dirigía a sus hermanas: '…la vida nos sorprenderá con actos improvisados para los que creeremos no estar preparados tal como ya me ha pasado a mí, y cuando esos momentos lleguen, recordemos que estamos rodeados de personas que nos inspiran, nos motivan, personas que nos apoyan y nos aman a pesar de todo nuestro drama… créanme cuando les digo que ninguno lo logrará por sí solo!... Así que, no permitamos que nuestros miedos arrollen nuestros sueños porque siempre habrá una mano amiga que nos rete a seguir adelante… intentémoslo!, de lo contrario nunca sabremos de lo que somos capaces… sólo nosotros podremos bloquear nuestro propio camino… Dejemos de sufrir por nuestros errores porque no podemos cambiar nuestro pasado, pero podemos dejarlo ir y empezar nuestro futuro…'.
Cuando las chicas se mudaron a New York; Quinn decidió esperar un tiempo más para buscar a Shelby, no quería que tuviera duda sobre su comportamiento, quería demostrarle que había madurado y que tenía estabilidad con sus estudios y en su trabajo; pero nuevamente la vida improvisaba con ella al mermar su salud. Y aunque había mantenido varias conversaciones vía telefónica con Shelby durante su estancia en Londres, y se había disculpado por sus acciones del pasado; la rubia sentía la imperiosa necesidad de hacerlo nuevamente ahora que la tenía frente a ella.
No podía hacer menos tras sentir el abrazo sincero que le ofrecía Shelby.
- Shelby yo… yo de verdad lamento mucho la manera en que me comporté contigo… hablaba la rubia sin romper el abrazo… te garantizo que no soy más esa chica malcriada y caprichosa que alguna vez conociste, y te doy mi palabra que jamás volverás a ver esa versión de mí… Te doy mi palabra… Shelby rompió el abrazo para interrumpir a Quinn
- Tranquila Quinn, ya todo paso… ya todo esta olvidado… la miró a los ojos para continuar… una vez te prometí que amaría a tu hija casi tanto como tú, recuerdas?… pues bien, esta es mi manera de demostrártelo. No puedo ni quiero negarle a nuestra hija el derecho de tenerte en su vida… estoy segura que Beth sólo verá la mejor versión de ti y del amor que sientes por ella…
Quinn solo atinó a asentir con la cabeza; por supuesto que la pequeña solo recibiría lo mejor de la rubia, siempre fue así y no sería diferente ahora; ni siquiera su muy prometedora carrera como actriz llegaría a alterar la rutina de la pequeña… Quinn estaba dispuesta a renunciar a ello si fuese necesario.
Santana escuchaba y observaba toda la escena entre las madres de Beth. Sintió admiración por Shelby y la sinceridad con que le hablaba a su hermana.
- Gracias… en verdad gracias… te aseguro que no te arrepentirás de darme esta oportunidad… respondió Quinn a Shelby
- Lo sé… lo sé… Shelby le sonrió a la rubia y guio a las chicas al desayunador para platicar con ellas un momento.
William se retiró de la cocina para dejar a solas a las tres mujeres pues aún tenían temas que conversar y mientras montaba guardia en la sala para evitar que Beth entrara sin previo aviso, Shelby contestaba algunas preguntas de Quinn sobre la reacción de la pequeña al enterarse de la verdad sobre su procedencia y de la verdadera relación que tenía con Noah.
Al principio no le fue sencillo a Shelby lidiar con las preguntas curiosas de Beth… si tú no eres mi mamá, donde esta mi mamá!? Por qué no vivo con ella y con papá? Mi mamá no me quiere? Cuándo vendrá mamá?; Beth siempre había sido una niña muy inteligente y sensible, y su manera de entender las cosas era obteniendo respuestas, por eso motivo atacaba con infinidad de preguntas a Shelby quien con la ayuda de su amiga psicóloga logró encontrar la manera de disipar las dudas y las inseguridades que aparecieron en la pequeña tras conocer la verdad.
Para Beth fue de gran ayuda que Noah y Britt siempre le hablaran maravillas de su madre Quinn, que le contaran anécdotas de cuando la rubia estaba embarazada, o de lo amorosa que era al hablarle y cantarle; Britt le había regalado un álbum de fotos que se convirtió en el tesoro más preciado de la pequeña. Mientras más descubría más ansiedad sentía por conocerla.
Beth quería conocer a su madre, no por las anécdotas que le pudieran contar ni por los recuerdos de otros; quería anécdotas y recuerdos propios, quería escuchar su voz y que le cantara como cuando aún no había nacido o como cuando la cargaba en brazos, quería verla, descubrir si en verdad tenía esa sonrisa radiante y mirada mágica que decía su papá.
No quería más cuentos, la quería a ella. Tal cuál su gen Fabray lo había decidido y nada se lo impediría. Insistió hasta el cansancio a Shelby para que la llevara con Quinn, lo hizo también con Noah y al no lograr su objetivo aparecieron los berrinches; a Shelby no le quedó más remedio que hablarle de la enfermedad de Quinn y sin dar muchos detalles consiguió que Beth entendiera mejor la ausencia de su madre.
La pequeña ahora estaba convencida de que sus dos madres la amaban con toda su alma, y que todo lo que habían hecho e hicieran en el futuro sería por su bien, porque querían lo mejor para ella… ahora que no cabía duda de ello, deseaba con todo su corazoncito tener a sus dos madres a su lado. Aunque había aceptado las razones de Shelby al explicarle la lejanía de Quinn, la pequeña creía que nadie mejor que ella para cuidar a su mami; si mami esta enferma porque no podemos cuidarla nosotros? le preguntaba a su mamá Shelby...
Hacía poco menos de un mes que Quinn le había informado a Shelby sus intenciones de viajar a New Haven para pasar una temporada con ellas; sin embargo, antes debía organizar con su manager los pendientes laborales y hacerse sus análisis de control correspondientes.
Beth se había enterado por casualidad al escuchar a su papá contarle a Will sus intenciones de formalizar su relación con la rubia ahora que volvía... Noah estaba ilusionado por retomar su relación con Quinn, la rubia era el amor de su vida, estaba convencido de ello, y Quinn le había prometido intentarlo cuando estuvieran en el mismo país. Ahora no había impedimento para que estuvieran juntos, o por lo menos eso pensaba el chico…
Por supuesto la noticia provocó gran júbilo en la pequeña; su mamá Quinn volvía, al fin la conocería y además su papá y ella estarían juntos, igual que su mamá Shelby con Will; y por si fuera poco, pronto sería su cumpleaños; el pretexto perfecto para reunirlos a todos.
Beth estaba ansiosa por conocer a su mamá pero también nerviosa; quería agradarle, quería cuidarla para que no volviera a enfermar, pero sobre todo quería asegurarse que no le faltara nada para que Quinn no pensara siquiera volver a marcharse jamás. Así que pensó en prepararle una sorpresa de bienvenida y le pidió ayuda a su papá… Noah, para darle gusto a la pequeña, pero sobre todo para ganar puntos con la rubia, no encontró mejor idea que acondicionar el viejo y olvidado estudio del jardín trasero para convertirlo en una pequeña cabaña.
El chico trabajaba con un equipo de construcción; entre él, su socio Finn y algunos amigos de su equipo podrían encargarse de la remodelación y así lo hicieron, en menos de dos semanas el viejo estudio dio paso a una cabaña con estancia, dos habitaciones y un baño; necesitaban nada más.
Los muebles y la decoración estuvieron sujetos a las preferencias de Shelby y los caprichos de Beth; ambas consiguieron imprimirle un ambiente veraniego y muy cálido; aunque resaltaban algunos accesorios en color fiucsa, el color favorito de la pequeña.
Padre e hija imaginaban que esa pequeña cabaña sería su rincón familiar. Noah tendría al amor de su vida y a su princesa en el mismo lugar; por los días que la rubia estuviera en New Haven, serían la familia perfecta. Por supuesto él maquilaba en su cabeza todos los planes para prolongar para siempre la estancia de Quinn. Beth sólo deseaba tener a toda su familia reunida. Qué niña de cinco años no soñaba con que sus padres se amaran y estuvieran juntos?
Esa mañana Noah y Beth habían salido de compras; la pequeña estaba desesperada, le faltaba elegir toallas, colchas, algunos cojines para los sillones y los portarretratos para las fotos. Todo tenía que estar listo y perfecto para cuando su mami Quinn llegara; Noah tenía conocimiento de la llegada de la rubia ese día por lo que le propuso a su hija ir en busca de lo que hiciera falta; así mantendría ocupada a Beth y Shelby tendría oportunidad de recibir a Quinn y conversar con ella.
Tras algunas vueltas en el centro comercial, padre e hija volvieron a casa para afinar detalles de su pequeño rincón. Cuando finalmente acabaron con su tarea, se dispusieron a ver una de las películas favoritas de Beth mientras esperaban el llamado para comer.
Después de un rato conversando y un …'Vamos!, que hay alguien ansiosa por conocerte'de Shelby, las tres mujeres abandonaron la casa principal y se dirigieron a la pequeña choza del jardín trasero.
La puerta estaba abierta, así que Shelby decidió cederle el paso a Quinn para que fuera esta la primera en ingresar a la cabaña. Apenas cruzar el marco de la puerta, la rubia quedó inmóvil; la imagen de Beth sentada sobre las piernas de su padre siendo arropada por los brazos de este era la escena perfecta que le había quitado el aliento.
Con quince años, lo primero que imaginó Quinn cuando se supo embarazada fue compartir su vida con Puck. Formar una familia con quien creía entonces, era el amor de su vida; pero aquel '… Quinn, somos muy jóvenes para afrontar una responsabilidad como esa' le rompió el corazón; que después tuviera que enfrentarse sola a sus padres fue la confirmación de la inmadurez del chico…; sin embargo ahora, allí estaba el una vez adolescente rudo, rebelde y problemático abrazando tan amorosamente a su hija que la rubia recordó el por qué se había enamorado de él siendo apenas una niña.
El Puck adolescente fue un chico malo; solo su pequeña hermana y Quinn podían disfrutar de su versión protectora, cariñosa y romántica… pero allí, con Beth en brazos transmitía una ternura que la rubia no había descubierto en él. El papel de padre le sentaba tan bien y la relación entre ellos parecía tan natural… 'sería igual con ella?'…
Noah se percató de la presencia de alguien en la entrada de la cabaña, desvío la vista de la televisión y se encontró a Quinn mirando embelesada la escena que él compartía con su hija…
Beth no perdía detalle de como los chicos intentaban ayudar al pequeño E.T. a volver a casa. Su momento favorito de la película estaba por llegar; E.T. haría volar a Elliott con todo y bicicleta… estaba tan concentrada mirando la televisión que Noah tuvo que acercarse y susurrarle al oído…
- Princesita, alguien ha venido a verte!… le dijo; la pequeña se giró a su padre y lo vio sonreír ampliamente.
Sin ocultar su alegría y con un simple movimiento de cabeza, Noah le señaló hacia la entrada de la cabaña… Beth giró la cabeza siguiendo la dirección que este le señalaba…
- Oh!… escapo de sus pequeños labios al encontrarse con la mirada de Quinn… Si, su mami tenía esa sonrisa radiante y mirada mágica que siempre le presumía su papá… es… ma…má… susurró asombrada la pequeña mientras una enorme sonrisa se instalaba en su angelical rostro. Beth volvió la vista hacia Noah; la pequeña no podía creer que al fin su madre estuviera en casa… es… es mamá!… le dijo en un tono más audible y visiblemente emocionada.
Esta vez la dulce voz de la pequeña llego a los oídos de su madre. Los ojos de la rubia se llenaron de lágrimas inmediatamente. No fue solo por haber escuchado a su pequeña llamarla mamá, sino también la emoción que reflejaba en su rostro al verla.
Había visto a su hija con esa sonrisa infinidad de veces en fotografías y videos, pero lo que esas imágenes le transmitieron no eran nada comparable al sentimiento de verla a solo unos metros frente a ella.
Noah no había perdido detalle de sus rubias. Miró a la más pequeña para hablarle…
- Que esperas princesita?… ve con ella!… ve con mamá!… le decía mientras la bajaba de sus piernas y dejaba un beso en su cabeza
Beth miró ilusionada a Quinn antes de correr hacia ella. A la rubia se le olvidaron los nervios y toda la angustia que había sentido en los últimos años. Ver a su pequeña sonreírle la hacía infinitamente feliz.
Quinn se inclinó lo suficiente para tomar a su hija en brazos y estrecharla como si su vida dependiera de ello. Las lágrimas cayeron una a una por sus mejillas sin que la rubia pudiera contenerlas; y cómo hacerlo? si apenas al verla Beth la llamaba mamá y la abrazaba con la misma intensidad que ella…
Imposible calcular el tiempo que las rubias mantuvieron esa postura… ninguno de los allí presentes quería romper con el encanto. Shelby, Santana y Noah podían tener motivos diferentes pero los tres habían esperado y ansiado por tanto tiempo ese reencuentro que simplemente mantuvieron silencio y disfrutaron de la escena… madre e hija solo querían eternizar el momento, que el sentimiento de tenerse perdurara por siempre... y si por si acaso estaban soñando, ninguna tenía intenciones de despertar…
Cuando finalmente la pequeña abrió los ojos encontró a su otra madre sonriendo y mirándola enternecidamente.
- Mamá!… es mamá!… le dijo emocionada. Beth no hacía distinciones entre Shelby y Quinn desde que conoció y entendió la verdad sobre su existencia.
- Si cielo… mamá ya esta aquí!… le dijo Shelby después de acercarse para acariciar el pequeño rostro de su hija y dejarle un dulce beso en la cabeza.
Quinn se volvió hacia Shelby y cuando la tuvo frente a ella, volvió a repetirle la única palabra que le transmitiría su sentir
- Gracias Shelby… gracias… dijo la rubia antes de acariciar con una mano el rostro y cabello de su pequeña para llenarlos de suaves besos
Desde que vio a la pequeña correr hacia Quinn, una sonrisa se instaló en el rostro de Santana. Había sufrido con Quinn la ausencia de Beth en sus vidas; en varias ocasiones fue sorprendida por Britt susurrándole la letra de alguna canción o alguna anécdota de las trinidad impía a la pequeña mientras Quinn dormía. Fue ella la que eligió el elefante fiucsa. Lloró en brazos de Britt la noche que regresaron del hospital sin Beth. Se había perdido también los últimos tres cumpleaños de la pequeña para hacerle compañía a la rubia y evitar que se deprimiera. Beth era la razón principal de que decidiera hacer su especialidad médica en pediatría. Ella también amaba a la pequeña y por nada del mundo dejaría de ser testigo de ese encuentro.
Ver a su hermana abrazando y llenando de besos a su hija era la mejor escena de los últimos años. Contrario a preocuparse, sintió infinita alegría por las lágrimas que Quinn derramaba; la había visto llorar de tristeza tantas veces y hacía tanto tiempo que no la veía así de feliz… que aquellas lágrimas que se escapaban sin control de los ojos de la rubia no conseguían opacar la portentosa sonrisa y resplandeciente mirada de su rostro; y no lo hacían, simple y sencillamente porque esas lágrimas eran de verdadera e infinita felicidad.
Los besos de Quinn cesaron al sentir los deditos de su hija limpiar sus mejillas. Quinn estaba sorprendida de la ternura que Beth le mostraba.
- Te amo princesa… le susurro a la pequeña. No tenía idea de si esas palabras eran suficientes o si Beth podría dimensionar todo lo que quería transmitirle, pero 'qué más podía decirle? Qué otras palabras podrían darle sentido a sus sentimientos por Beth que aquel te amo?
- Y yo a ti mamá… la respuesta de la pequeña fue inmediata. Tras dejar un pequeño beso en la mejilla de la rubia, sus pequeños brazos rodearan nuevamente su cuello antes de depositar su cabeza en el hombro de su madre.
Noah ya se encontraba al lado de sus rubias y un par de segundos después del beso de la pequeña, Quinn sintió los labios del chico sobre su cabeza.
Una imagen que Santana logró captar gracias a su celular.
Noah enamorado de sus rubias, Quinn mirando embelesada a su hija y Beth abrazando a su madre. La familia perfecta pensó la latina.
" No es solo la carne y la sangre, sino también el corazón lo que nos hace padres e hijos "... Johann Christoph Friedrich Schiller
Perdón, perdón!... lo siento pero ya les había informado del retraso; por favor tenganme paciencia la historia continuará, por nada del mundo pienso dejarla colgada es solo q necesito enfocarme en mi trabajo y conseguir un par de ascensos... ojalá lo entiendan y me apoyen...
Este capitulo me costo mucho, tuve que reescribirlo varias veces... no se si logre transmitir el amor entre madre e hija como lo deseo pero creanme que he hecho mi mayor esfuerzo... espero que lo hayan disfrutado
Intentare publicar mucho más a menudo... me encanta leer sus reviews, así q no olviden comentar
Excelente semana a todos... abrazos y besos 3 ;)
