NOTAS DE LA AUTORA: Hola amigos. Pues quería decirles que este fic es un poquitín largo y ADVERTIRLES que tiene una escena medio lemon. Se que la sección para eso es para la "M" asi que voy a cambiarla y cuando suba el otro capitulo estará alla. No se si les parezca la idea asi que comenten por favor.
Gracias por todos sus comentarios y contestaré a todos cuando tenga tiempito porque igual y ahorita ando con mucha prisa. Los quiero un monton y son mis fans favoritos ¡TODOS! Paoh devi2791 ; Guest ; Eliza ; Mina Ain0 ; Nala Saotome O.o ; RubD ; Yosafire ; Chica844 ; AbiTaisho ; nancyricoleon A todos un saludo enorme y los quiero.
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CAPITULO 11
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CONOCIENDONOS
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Tengo la boca seca, demasiado seca. De verdad, mataría por un vaso de agua, también tengo mucho calor. Siento unos brazos aferrados a mí y una cabeza descansando en mi cuello, puedo sentir el aliento chocando contra mi piel, y unas piernas envolviendo las mías. Casi caigo en pánico pero enseguida los recuerdos golpean en mi mente como flashes. Ranma está abrazado a mí, su cabello hace cosquillas en mi nariz. Necesito salir, necesito tomar agua y un baño. La cabeza me duele, con la mano que tengo libre toco mi cabeza y trato de calmar el dolor.
¿Desde cuándo bebo así? No tenía esa costumbre cuando vivía en casa con mi familia. Definitivamente, las cosas han cambiado mucho desde que estoy aquí.
Me libero poco a poco, Ranma refunfuña entre sueños y me sujeta fuerte. No puedo evitar soltar una risita y trato de moverme de nuevo. Entonces se estira y tengo miedo de haberlo despertado. Se da la vuelta y sigue durmiendo, soltando un suspiro pesado. Aliviada, salgo de la cama hacia la cocina.
Mientras camino lento, voy recordando todo de ayer. Ranma cogiéndome con fuerza y llevándome a su auto, discutiendo, besándonos, discutiendo, abrazándonos, discutiendo y volviendo a besarnos. La charla que mantuvimos sobre lo que sentimos, sobre nuestros miedos y sobre cómo somos incapaces de estar sin el otro. Si no mal recuerdo, justo anoche él había dicho que se arriesgaría.
¿Estaré dispuesta? Bueno él ahora está en mi cuarto, durmiendo en mi cama, en cierto punto creo que he aceptado estar dispuesta.
No me arrepiento.
Tomo un vaso grande de agua helada que de inmediato calma mi sed. Me dirijo al baño y tomo una ducha relajante. Envuelvo la toalla en mi cuerpo y por unos segundos me quedo parada en el pasillo sin saber muy bien si cambiarme de ropa en el baño o en la habitación.
¿Pero en que estoy pensando? Tengo que ir a la habitación y sacar mi ropa de allí para ir al baño. Mi celular esta sobre la mesita de noche y miro la hora. Son las ocho de la mañana. La cabeza aun me duele y busco sin hacer mucho ruido unas pastillas que creo haber puesto en mi cajón. La encuentro por fin y voy hacia el baño.
Por nada del mundo puedo faltar a clases hoy, sé que Ranma quiere llevarme a cierto lugar que desconozco, pero tengo un informe que entregar muy importante. Me pongo unos leguis negros y una camisa abrigada un poco holgada blanca, también mis zapatos cafés –que parecen botas-. Seco mi cabello y dejo que caiga en ondas sobre mis hombros. Me miro detenidamente por un instante. Hubo un tiempo en que usaba el cabello corto, paso mis dedos por las puntas y me pregunto ¿Qué tal si lo corto?
Mi sangre se congela cuando tocan a la puerta de mi departamento. Mi corazón martillea y me quedo quieta. No sé si ir abrir o no ir. Tengo a un chico en mi cuarto y siento que me van a pillar en alguna travesura.
Lentamente me acerco hasta la puerta, tomo la perilla y respiro profundo antes de abrir. Despacio asomo la cabeza.
-¡Estas viva! – Toshi grita alzando los brazos. Nabiki está a su lado con los brazos cruzados y mirándome con los ojos entrecerrados.
-¿Se puede saber dónde estabas? Y ¿con quién? Y no te atrevas a mentirme, Akane.
-Yo… - ¿Y ahora que le digo? Me arrimo al marco de la puerta, la verdad, no quiero que pasen.
-Bueno golosa, sabemos que estuviste con Ranma. Anoche nadie dejaba de hablar sobre lo que paso en la fiesta. Cuando Ranma casi golpea a ese pobre chico y te saco a rastras de ahí – Toshi parece disfrutarlo.
Nabiki no.
-Explícamelo jovencita – Comienza a mover su pie con impaciencia. Una de las costumbres que tenia.
-¿Siempre vienen a molestar tan temprano? – la voz de Ranma suena de tras de mí.
Cierro los ojos fuertemente, de verdad, de verdad quería evitar este momento. Tapo mi cara llena de vergüenza. Nabiki abre los ojos como plato al igual que Toshi. Me volteo lentamente y veo a Ranma sin camisa, con los pantalones cayendo por su cadera, frotándose los ojos y un poco despeinado. Cualquier mujer se sentiría perdida delante de este adonis, pero yo solo quiero que se meta en el baño y no salga hasta que mi hermana y Toshi se hayan ido.
Estoy demasiado sonrojada.
-Estoy flipando – dice Toshi con un puño en la boca – viejo, voy a matarte – ríe –Te dije que no te metieras con mi pequeña Akane.
-¿Tu pequeña? El que va a matarte soy yo, por haberla emborrachado ayer.
-¿Qué hace Ranma en tu dormitorio? – pregunta Nabiki sin haber hecho caso a Toshi y a Ranma. Está enfadada. No pensé que le afectara tanto ya que ella siempre ha sido de mente abierta y siempre quiso que experimentara mi sexualidad.
-Pues… -
-Dormimos juntos, pero no le hice nada si eso es lo que te preocupa – me interrumpe Ranma. Vuelvo a tapar mi cara con la mano.
Trágame tierra.
-¿Akane? – dice ella ignorándolo.
-Nabiki, no pasó nada ¿de acuerdo? ¿Podemos hablar de esto luego? – ruego en silencio. No necesito más escenas como esta.
Ella respira hondo y se deja caer de hombros. Lo mira a Ranma, una mirada que antes no había visto en ella. Me asusta.
-Tengo los ojos puestos en ti, Saotome – luego me mira a mí señalándome – Y contigo, hablare después.
Ranma sonríe y con su dedo dibuja una aurora en el aire, sobre su cabeza. Toshi trata de no reír, Nabiki lo mira con mala gana. El solo me guiña el ojo y la toma a mi hermana del brazo y se la lleva. Cierro la puerta apenas los pierdo de vista, dejo salir todo el aire que tenía guardado.
-¿Nunca te enseñaron a no meterte en las conversaciones de los demás? Siempre tienes esa mala costumbre de meterte en lo que no te llaman – me arrimo en la puerta con las manos de tras de mi espalda.
-Bueno, si la discusión se trata sobre mí. Es normal que "meta mis narices donde no me llaman" – dice dibujando comillas con sus dedos.
Niego con la cabeza lentamente. No puedo evitar sonreír. Metiche y todo, igual me gusta mucho.
Ranma está en frente de mí. Trago fuerte al verlo, tiene los brazos a cada lado de su cuerpo, parece relajado, su cuerpo es tan trabajado, la forma de sus abdominales lo marca tan bien, esa línea en su cadera que hace que se lo vea tremendamente sexy. No es del tipo de hombres que tiene músculos exageradamente hablando, es del tipo normal pero a la vez te deja con la boca abierta. Anda descalzo, parece modelo de jeans. Sus ojos azules me abrazan y hacen que me olvide de mi enfado.
-Te ves adorable sonrojada, ¿Quieres que me ponga la camisa? – dice juguetón.
Sacudo mi cabeza y me dirijo a la habitación.
-No es juego Ranma. No debiste salir así – digo mientras tomo mi bolso para meter las cosas que necesito llevar a la universidad.
-No veo que tenga nada de malo. No hicimos nada malo, aunque hubiera querido que así fuera –Pero antes de que pueda quejarme Ranma me interrumpe – Pero te respeto como para obligarte a algo que no quieras – dice alzando un dedo delante de mi
Pues yo no pienso lo mismo respecto a lo que dijo de que no hicimos nada malo. Siento la mirada de Nabiki sobre mí como cuchillas, sé que está enfadada. Me había advertido que me mantuviera alejada de Ranma, también pienso en Ryoga, muchas personas me lo han advertido ¿Por qué? No creo que haya matado a nadie, tal vez no sea de fiar. Pero, pero no puedo juzgarlo, sé que estoy jugando con fuego pero tal vez… tal vez sea diferente.
-¿Dónde crees que vas? – Dice mientras mira fijamente mi bolso que suelo llevar a la universidad – Se suponía que íbamos a otro lado.
-Tengo que entregar una tarea, así que me vas a llevar a la universidad y de ahí… podemos ir donde quieras –
-Que mandona – da la vuelta a la cama y recoge su camisa y su cinturón –Puedes entregarla otro día ¿Sabes?
-No, no puedo – peino mi cabello con las manos – No quiero tener problemas.
-Hey, ven aquí – me extiende su mano, yo la tomo y me sienta en sus piernas – Buenos días – murmura y me da un beso -¿Cómo estas con esa resaca? Aún tengo que matar a Toshi, agradece que me haya comportado delante de tu hermana.
Golpeo suavemente su hombro.
-No te metas con Toshi – le riño.
-¿Ahora lo defiendes? – me toma de la cintura y me tira a la cama, el termina encima mío –Cuidado, soy celoso – dice sobre mis labios.
-No tienes por qué ponerte celoso de el – digo suavemente, cierro los ojos y deseo que me bese en este momento.
Me da un beso en la mejilla, luego en mi otra mejilla. Sube un camino de besos hasta mi frente, mis ojos, y la punta de mi nariz.
-¿Tengo que preocuparme por ese otro tonto? ¿Con el que siempre andas de arriba para abajo en la universidad? – dice besando mi mentón.
-¿Quién? ¿Shinossuke? – abro los ojos y aparto la cabeza un poco. Él no dice nada, solo me mira –Claro que no, él es mi amigo lo estimo bastante. Y no le digas tonto.
Besa mis labios. Suave, paciente, y me gusta. Acaricio su espalda desnuda y sentir su piel bajo mis manos hace mi cuerpo vibrar de emoción. Son experiencias nuevas para mí, me gusta vivirlas con Ranma. Cada vez que estoy cerca de él, es como si encendiera esa mecha que me hace estallar, esa mecha que no sabe si destruirá todo a su alrededor o solo me destruirá a mí. No es eso que siento cuando estoy con Ryoga, con Ryoga siento paz, confort, como si tuviera todo controlado. Hasta mis sentimientos. Pero, pero ahora no duele tanto pensar en Ryoga. No puedo negar que lo extraño, pero con Ranma aquí, no lo hago. Y no sé si eso está bien o mal. Me duele un poco ya que con el compartí muchas cosas y me siento muy egoísta al dejarlo de segundo plano.
Aunque hayan pasado muchas cosas. Aun lo quiero.
-¿Enserio tenemos que ir a la universidad? – pregunta con voz quejosa.
-Solo entregaré esto y nos iremos – le sonrió y él también lo hace.
Se levanta y me da la mano para ayudarme a levantar.
-¿Te he dicho que con esos leguis se te ve un trasero apetecible? – me sonrojo feroz mente y tomo mi bolso para correr hacia la sala. Escucho su risa y no puedo evitar reír también.
..
Ranma me llevo hasta la universidad y aceptó esperarme en el estacionamiento, ya que le insistí en que no me acompañara al salón. Mientras camino voy pensando en todo lo que ha pasado en las últimas veinticuatro horas. O mejor dicho. Desde que llegue aquí.
Si alguien me dijera hace un mes que iba a terminar mi relación con Ryoga por un chico que me iba a ser la vida imposible pero que a la vez estaría loca por él, me le hubiera reído en la cara. Siento que todo pasó tan rápido y estoy un poco asustada. No sé lo que pensara mi familia cuando se entere que Ryoga y yo terminamos, mi papá siempre tuvo una buena imagen de Ryoga y era el novio que quería para su hija. Tampoco sé que harán cuando se enteren que al parecer estoy saliendo con otro chico. Aunque, oficialmente no lo hacemos ¿O sí? Bueno, él no me lo ha pedido que yo recuerde.
Mi vida es un rollo.
Me encuentro con Shinossuke en el pasillo y lo abrazo al verlo.
-Hola ¿Cómo estás? – él sonríe y me mira de pies a cabeza – Te ves de buen humor, parece que no hacía falta preguntar.
-Estoy normal, pero digamos que hoy amanecí con el pie derecho – sonrió y saco el informe de mi bolso - ¿Podrías hacerme un favor? Le podrías entregar esto al maestro, es que hoy… - De repente me siento avergonzada. No quiero que Shinossuke piense que soy de las chicas que siempre se saltan las clases.
-Entiendo, no te preocupes –sonríe, pero hay algo en sus sonrisa que no me gusta. Parece deprimido.
-¿Estas bien? – suavizo mi tono de voz. Lo tomo de la mano, sus ojos son tristes, algo incomodos - ¿Quieres hablar?
-Yo, no se… - toma aire y me mira. Odio verlo así, normalmente siempre está sonriendo y de buen humor –Tal vez necesite distraerme – muerde su labio y me mira, aprieto su mano para darle valor porque sé que quiere decirme algo -¿Puedo ir a tu departamento esta noche? Necesito un amigo con quien hablar.
-Claro, no hay problema. Solo llámame y estaré esperando.
Shinossuke es de las pocas personas con las que me siento cómoda desde que llegue. Me refiero a que es el tipo de personas con las que puedes hablar de cualquier cosa, la persona en la que puedes confiar y reír de cualquier cosa. Es un amigo fenomenal.
Me sonríe.
-Gracias, de verdad, eres en la única aquí en esta universidad de locos en quien más confío.
Me siento halagada, a decir verdad, también Shinossuke es la única persona en la que confió en esta universidad de locos. Pensamos igual, creo que por eso me cae bien.
-y ¿tu? ¿Dónde vas? – dice mientras toma mi informe.
-Yo… - me sonrojo, no puedo contarle toda mi historia en este momento – te lo contaré esta noche ¿sí?
-No te preocupes, parece que necesitamos desahogarnos ¿Te parece bien si llevo chocolate para tomar y no sé, tal vez comida?
Asiento con la cabeza, esa idea me parece genial.
-Claro, suena fantástico.
Mi teléfono vibra y veo que tengo un mensaje de Ranma:
No me importa esperar aquí afuera para siempre.
Me encanta este estacionamiento.
Puedo contar todos los coches…
-Tengo que irme – miro apenada a Shinossuke. El asiente y me abraza.
-Nos vemos.
Me despido y me apresuro a ir con Ranma.
Al llegar lo veo arrimado en el auto y con los brazos cruzados.
-No demore mucho o ¿sí?
-No, pero quería largarme de aquí – dice un poco cortante ¿Qué le pasa?
Se da la vuelta y sube al coche. Me quedo de pie sin moverme, parece molesto ¿Por qué? Me dan ganas de darme la vuelta e irme, pero no puedo, tengo que quedarme. En otro tiempo hubiera hecho eso, pero ahora, ahora sé que le pasa algo y necesito saber que es. Me subo despacio, abrocho el cinturón de seguridad y lo miro de soslayo.
Ranma enciende la música, es algo pesada para mi gusto. Sube el volumen y sé que no quiere hablar.
Estoy molesta, llevamos cinco minutos aquí dentro y nadie ha dicho ni una sola palabra. Ranma está tarareando las canciones de rock y dando golpecitos con sus pulgares al volante. Cuando se pone en esta actitud distante me cabrea.
Bajo el volumen y el me mira con los ojos abiertos. Resopla y vuelve a subir.
¿Así estamos?
Le vuelvo a bajar al volumen.
-No te metas con los clásicos – reclama, intenta subir el volumen y yo golpeo su mano.
-¿Se puede saber qué diablos te pasa? – no dejo de mirarlo. Él no me mira, no se lo reprocho. Está manejando y tiene que tener la mirada fija al frente.
-¿Por qué lo dices? –
-Tienes mala cara, como si estuvieras cabreado y tu actitud lo demuestra – mi voz suena firme.
-¿Qué demuestra mi actitud? –
-No pases de listo conmigo. Algo te pasa y no voy a ser tu saco de boxeo para desquitarte – me cruzo de brazos y volteo la mirada –Si vas a comportarte como un idiota mejor déjame aquí y me voy de regreso a la universidad.
-¿Qué te hace pensar que… - se corta y respira profundo. Pone su mano sobre mi muslo y le da un apretón – Lo siento ¿Vale? Solo que… que recibí una llamada desagradable.
-¿De quién? – mi curiosidad me mata.
-De nadie. Mira yo solo, solo quiero, solo quiero pasar un agradable momento contigo y no quiero que nada arruine este día – me vuelve apretar la pierna.
Lo miro por unos segundos. Sé que para él es difícil comprimir su rabia en un segundo, sé que es de los que explota. En parte me entristece que cuando esta así sea cortante y frio conmigo, pero me alegra saber que está haciendo un esfuerzo por comportase. Me recuerda un poco a mí en otro tiempo. Me demuestra que le importo.
Lo dejo estar. No me gusta insistir, sé que algo paso, algo que lo molesto demasiado y muchas ideas vienen a mi cabeza. Tal vez haya sido algún compañero suyo, tal vez Mousse, tal vez… sus padres. Muerdo mi labio, quisiera decirle mis hipótesis pero, no quiero cabrearlo más. Porque sé cómo llegara esto, él se enojara, yo me enojare. Nos mandaremos a la mierda y me bajaría del auto. Y después, lo encontraría y me besaría y volveríamos a lo mismo.
Suena falta, lo sé. Ranma en ese sentido tiene mucho parecido a mí. Ambos tenemos la facilidad de explotar en cualquier segundo.
-Deja de darle tantas vueltas – interrumpe mis pensamientos. Parece mejor, me sonríe – Ya falta poco para que lleguemos.
Le sonrío y tomo su mano. Me arrimo al asiento y miro hacia la ventana. Estamos pasando por algunas casas y algunos edificios, puedo ver a las personas por las calles caminando alegres, otros cabizbajos y otros simplemente amargados. Trato de pensar en los problemas y alegrías de los demás. Trato de querer ver atreves de esas sonrisas y esos gestos. Confieso que hace un tiempo atrás -no mucho- prefería evitar hacer esto. No meterme en la vida de los demás, no opinar y sobre todo no discutir.
Hubo un tiempo en que perdía el control rápidamente y tenía un carácter de mil demonios. Era violenta y tuve muchos problemas en la escuela con muchos chicos. Fue en ese momento en que apareció Ryoga, se mudó cerca de mi casa, al principio no me fiaba de él. Pensé que sería como los demás chicos. Pero no. resulto ser diferente, parecía tranquilo, algo taciturno al principio pero luego, cuando nos hicimos amigos, se fue soltando. Y me enseño a calmar mi temperamento porque dijo que podría haber consecuencias.
Desde entonces, mi mundo estuvo equilibrado. Todo era tranquilo y yo era diferente.
Pero cuando llegue aquí y conocí a Ranma, fue como si la parte que tenía guardada en mi comenzara a escarbar la tumba y quisiera salir para reclamar posesión. Ranma está sacando a la antigua yo que quería esconder de la sociedad.
Me cuestiono sobre si eso está bien o mal.
Llegamos hasta la ciudadela donde vive el y Mousse. Lo miro de reojo, parece concentrado. Sigue sosteniendo mi mano con firmeza. Me pregunto ¿para qué me traerá aquí? Pasamos lejos de su casa y da la vuelta en la esquina.
Me sorprende lo grandes que son estas casas. Es como si ocuparan una cuadra cada una. Casi no veo gente por aquí.
Pasamos un parque y seguimos de largo hasta perder de vista las casas. Puedo ver los árboles, el color verde de sus hojas, puedo oler la tranquilidad que se respira aquí. Seguimos de largo y hay como un sendero a la derecha. Ranma lo toma y el carro se mueve debido a que está manejando sobre la tierra.
Luego de un rato, Ranma estaciona el coche.
-Bien, llegamos – apaga el motor y me mira.
-Estamos en medio de la nada – digo algo desconfiada. Miro hacia atrás, pero ningún carro aparece a la vista.
-No te preocupes, nadie viene por aquí – dice tranquilamente.
Lo miro algo desconfiada, el suelta una risa y me toca la mejilla suavemente.
-Tranquila, no voy a matarte y dejar tu cuerpo enterrado por aquí – se acerca y me desabrocha el cinturón de seguridad. Yo cierro los ojos esperando un beso, pero no llega y al parecer le hace gracia –Ven, te voy a mostrar algo.
Quisiera golpearlo. Pero verlo sonreír así, hace que me olvide de todo.
-¿Valdrá la pena haberme saltado las clases? – digo mientras lo sigo por el sendero.
-No lastimes mis sentimientos – dice con un tono falso de dolor mientras lleva su mano al corazón –Si me gusta a mí, sé que a ti te va a gustar.
Caminamos y yo voy de tras de él, tratando de seguir su paso. Me sujeta de la mano mientras subimos. No me canso, ya que ejercitaba mucho y pasaba tiempo con mi padre entrenando. Es más, necesitaba hacer este tipo de caminata, hace bien a mi cuerpo.
Ranma me mira de soslayo y sonríe.
-¿Qué? – pregunto con una tímida sonrisa.
-Nada, es que, normalmente otras chicas se cansarían – dice mientras seguimos subiendo esquivando una rama de árbol en el suelo.
-¿Sueles traer a otras chicas aquí? – Siento un pinchazo en el pecho. Decepción.
-No, pero he visto a chicas en la universidad que se cansan con solo subir las escaleras.
Menos mal.
-Mi… mi padre solía enseñarme artes marciales y también tenía la costumbre de ejercitar en casa – comento con algo de pena, nadie además de Ryoga sabe eso.
-¿Sigues practicando? – su voz suena como si de verdad le interesara el tema.
-Eh… no, la verdad es que lo deje porque… - ¿Es necesario contestar? Es decir, Que Ranma sepa que antes en mi vida todo era violencia no me parece cómodo –Es una historia un poco complicada.
-Entiendo – no vuelve a preguntarme. Y se lo agradezco en silencio.
Después de una larga subida, llegamos a lo que parece el final del camino. Bajo mis pies puedo ver un lago gigantesco. El aire frio pega en mi rostro y tengo que aferrarme a mi cuerpo para no sentir el frio. Pero aquí, aquí es impresionante. Miro a mi alrededor, puedo ver a mi derecha un camino largo que está rodeado de árboles, el lago se ve tranquilo y las aves vuelan por debajo de mí. Miro hacia abajo y me viene una sensación de vértigo y me alejo. Es hermoso. El césped y la vista.
Ranma saca una manta de su mochila y la extiende sobre el césped. Lo miro arqueando una ceja ¿Estuvo listo incluso cuando ayer peleamos y durmió en mi casa? ¿De dónde salió esa manta? Ranma parece leer mis pensamientos y se encoge de hombros.
-En mi auto siempre tengo cosas que me sirven.
Me siento a su lado.
-Es hermoso – digo disfrutando del viento y disfrutando del aire que se respira aquí.
-Sabía que te gustaría – Ranma comienza a jugar con la tierra y las flores pequeñas que están creciendo, con la hierba, arrancándolo despacio y tirándolo a un lado.
-¿Siempre vienes aquí? – me siento tan relajada. Me siento tan agradecida con él por compartir este lugar conmigo.
Ranma se queda en silencio y mueve sus labios hacia un lado.
-A veces, solía venir cuando era más joven. También lo hago un poco de vez en cuando – aprieta sus labios y mira hacia el frente –Suena de lo más maricón pero… - se ríe y arranca más hierba – Aquí venía a pensar. Venía alejarme de toda la mierda que sucedía a mí alrededor.
Me quedo un momento en silencio. Filtrando sus palabras. Me imagino a Ranma joven, con problemas y huyendo para esconderse de los demás y estar solo. Vivir solo. Sin tener a nadie quien lo apoyarse. Un niño solo y que se acostumbraba cada día a estar solo.
-¿Porque me trajiste aquí? – siento la necesidad de saber.
Otro momento de silencio.
Ranma ríe y me mira divertido.
-No lo sé. Solo… solo pensé que te gustaría. Ese era el plan número uno. Acabo de quedarme sin ideas – parece apenado y su sonrisa tímida me llena el corazón de ternura.
-¿Tu? Pensé que eras más listo a la hora de armar alguna idea – yo también inconscientemente juego con la hierba.
-¿Por qué ya no entrenas? – pregunta de pronto. Mis dedos dejan de moverse, me pilla desprevenida.
-Yo, bueno… - respiro hondo. Pienso, Ranma fue muy lindo al compartir esto conmigo ¿Por qué no poder compartir parte de mi vida con él? –Hace muchos años, antes de que mi mamá muriera. Digamos que era la consentida de papá. Pasaba tiempo con él y el me enseñaba todo lo que sabía sobre las artes marciales y sobre como "defenderme de los chicos que querían propasarse" cuando mi mamá murió, entrenaba más arduamente. A veces él estaba conmigo y otras veces se encerraba en su dolor. Empecé a tener problemas de ira y tenía mal carácter. Creo que era porque me sentía sola, porque extrañaba a mamá y para mí era difícil superarlo. Y crecí así. Siempre peleando con los que me buscaban y estando amargada casi todo el tiempo – hago una pausa y suspiro en un recuerdo – Era muy diferente de lo que soy ahora… - detengo las palabras en el viento ¿Ahora? siento que estoy mintiendo ya que tengo el presentimiento de que la antigua Akane está volviendo.
-¿Qué te hizo cambiar?
Respiro hondo. Ranma parece tan pensativo con mis palabras. Sigue jugando con la hierba, distraído, arrancándola pero con los pensamientos puestos en mí.
-Ryoga – suelto con pesar. Volteo a ver alguna reacción de enojo. Pero no hay nada. Sigue mirando al suelo. Su codo acomodado en su muslo y su mano jugando. Así que continúo: -Aparte de él. También mi familia me hizo ver que estaba mal comportarme así y no como una señorita debería. Y por ellos lo hice.
-¿Te gusta el cambio?
Me sentí un poco incomoda por las preguntas de Ranma. Parecía estar en una entrevista sobre mi vida.
-Me siento extraña hablando de todo esto – respiro hondo y siento un peso en el pecho -¿No te importa que alguna vez haya sido así?
Ranma deja de jugar con la hierba y por primera vez me mira. Sus ojos destellan un intenso color debajo de sus pestañas gruesas. Apoya la mano hacia atrás y se voltea un poco para quedar frente a mí.
-Cómo eres ahora o como hayas sido antes – hace una pausa mientras juega con mi cabello –eres la misma Akane de la cual estoy enamorándome cada día más.
Mi corazón da un vuelco. Mi cuerpo parece perder el equilibrio y la gravedad se va. Me quedo sin aliento, sin palabras.
-Aunque a veces veo como pierdes en control. Sospecho que he causado eso ya que siempre peleábamos ¿pero sabes que pienso? Que una persona siempre tiene que ser como debe de ser. Tal vez cambiar un poco pero no por completo. No debes ser algo que los demás quieren que seas. Akane, si le gustas a alguien es por cómo eres. Aunque estés loca y seas una desquiciada que le gusta pelear. Aunque pienso que tienes una manera de ser tan fuerte y decidida que por complacer a otros la has estado escondiendo. Pero no puedes esconderla de mí. Sé cómo eres y conocerte cada día más es algo maravilloso para mi.
-No quiero que tengas un mal pensamiento de mi – susurro.
-Jamás tendría un mal pensamiento sobre ti. Yo también tengo mi carácter y sé que está mal; y que por culpa de ello solemos pelear mucho. Pero sé que no puedo cambiar por completo, pero quiero tratar de que aunque peleemos, podamos llevar las cosas bien.
-¿Te refieres a entablar una conversación civilizada? ¿Sin groserías, ni insultos, ni gritos?
Ranma se queda en silencio, pensativo. Entonces ríe y niega con la cabeza.
-¿Nosotros civilizados? No, no lo creo. Cuando peleamos o cuando estamos a punto de discutir siempre siento ese calor abrazador, esa ganas locas de tomarte contra la pared y besar y tocarte… - muerdo mi labio – y sé que tú también la sientes.
Me sonrojo y volteo la mirada.
-¿Este lugar te calmaba cuando venias? – Soy una cobarde. Ranma suspira y se deja caer de codos en la manta, con el cuerpo un poco inclinado.
-A veces si, a veces no ¿Sabes? Cuando mi papá obtuvo esa fortuna a costa de mi hermana, tuvimos aún más discusiones de las que teníamos antes. No lo soporto, siempre peleando y gritando y mamá llorando. No quisiera estar más allí.
-¿Por qué, porque solo no te vas? – me atrevo a preguntar tímidamente.
Ranma resopla –No lo hago por mi hermana, si estoy en esa casa, es solo por ella.
Odio ver a Ranma así, tan desesperado, tan angustiado por la situación de su familia. Quisiera abrazarlo fuerte y no soltarlo nunca.
-Quisiera poder aliviar tu dolor – digo pensando en voz alta. Me sonrojo y quisiera retirar las palabras dichas.
Ranma se sienta bien y me toma de la mano.
-Y lo haces. Desde que te conozco, siento como si toda la rabia que alguna vez tuve se evaporara. Desde que te vi, siento que tú puedes equilibrar todo lo que soy. Sé que me he comportado como un imbécil y que a veces lo sigo siendo y prometo que estoy trabajando en eso. Sé que somos diferentes y que tal vez nos vaya mal – Ranma toma un respiro hondo y aprieta su agarre – pero anoche, cuando te vi dormir. Me di cuenta de que, de que eres lo mejor que puede haber llegado a mi vida y creo que por eso decidí traerte aquí en primer lugar. Para, para compartir contigo algo que es solo mío. Algo que solo quiero que sea de los dos. De nadie más.
Me levanto y me coloco a ahorcadas sobre él. Parece sorprendido. A decir verdad, yo también me sorprendo. Pero algo en él, algo en sus palabras, en sus acciones y la verdad sobre sus palabras me empujan a querer hacer esto. Lo miro a los ojos intensamente, parece sorprendido por mi comportamiento. Pero enseguida me mira con ese azul intenso que me hace vibrar de emoción, acaricio su mejilla con mis nudillos.
Me toma de las caderas y respira hondo.
-Entonces ayer, cuando decías que me ibas a llevar a un lugar ¿no era este?
Niega con la cabeza lentamente –No, te dije que me había quedado sin ideas después del plan A.
-Me encanta este lugar – digo casi susurrando – Gracias.
Entonces lo beso. Suavemente, como si fuera el ser más delicado del mundo. Junto mis labios con los suyos y los presiono un rato, disfrutando de su respiración, de su cercanía. Lentamente abre los labios y vuelve a presionarlos con los míos. Despacio. Sube las manos por mi espalda y me atrae a su cuerpo con un abrazo. Enrollo mis brazos alrededor de su cuello y abro mis labios, presiono y muerdo. El gime y me besa con más fuerza. Su lengua roza mi labio inferior y con los dientes tira de él.
-Me vuelves loco – murmura y vuelve a besarme. Pero esta vez diferente.
Me besa como si me necesitara, como si fuera un salvavidas en medio del océano. Puedo sentir su urgencia, su llamado de auxilio. Me sujeta fuerte de las caderas y respira agitadamente. Sus manos suben por mi cuerpo y vuelven a bajar. Yo también hago lo mismo, toco su cuello, su cabello, sus brazos, su pecho. No paro de disfrutar de este hombre. Me sujeta de la cintura y con cuidado me da la vuelta para acostarme sobre la manta.
Estoy debajo de él. Y él está besando mi cuello, giro mi cabeza para darle acceso total a él, sus manos presionan fuerte mis caderas, cintura y piernas. Estoy completamente perdida entre sus brazos, entre sus besos y caricias. Muerde mi clavícula y yo dejo escapar un gemido. Jalo de su cabello y al parecer eso lo vuelve loco. Me encanta.
Jadea y empuja su cuerpo contra el mío. Oh, Dios. No quiero desmayarme.
-No tienes. Ni idea. De lo mucho. Que te deseo – dice pausando en cada beso que me da hasta llegar a mis labios.
Me besa vorazmente y me pierdo. Me derrito. Soy plastilina entre sus manos y él tiene el poder de moldearme a su antojo.
Su mano sube por debajo de mi camisa y siento como presiona mi pecho. Una corriente se desplaza haciéndome sentir algo que hace que mi cuerpo se mueva y busque el suyo con ansiedad. Siento una corriente recorrer mi espina y concentrarse en la zona entre mis muslos. Me siento caliente.
Soy fuego, soy fuego y el también.
Vuelve a masajear mi pecho con fuerza y esta vez apretando mi pezón por encima del brasier.
-Ranma… - jadeo su nombre.
El parece disfrutarlo. Su mano va bajando lentamente hasta llegar a mi estómago.
-Cuando dices mi nombre. Juro que me encanta – muerde mi barbilla y besa mi cuello.
Yo soy un mar de sensaciones. Tengo los ojos cerrados y mis manos buscan con urgencia sentir hasta el más recóndito rincón de su piel.
-Quiero hacerte sentir lo que provocas en mi – susurra promesas sobre mi piel –Quiero que seas mía.
Y con solo eso hace que mi cuerpo estalle de emoción. Jadeo y busco su boca con urgencia. Lo tomo del cabello, lo jalo y lo beso de la manera más apasionada que me pueda imaginar. La mano de Ranma avanza más hacia abajo, por debajo de mis leguis y mis bragas. Dejo de besarlo para jadear al sentirlo sobre mi intimidad. Masajea con los dedos y siento que voy a desmayarme de placer.
El viento frio de aquí no puede pagar la llama que siento. Cierro los ojos y hecho la cabeza hacia atrás y Ranma me lleva hasta el borde de un abismo y termino cayendo, deliciosa y dolorosamente.
-¿Te gusta? – abro los ojos y lo miro. Su mirada es feroz, como si quisiera comerme, frunce el ceño y cierra los ojos, respira profundo y vuelve abrirlos. Mete un dedo en mi interior y siento como si el mundo fuera de papel, como si todo fuera frágil y siento que puedo quebrarme en cualquier momento.
Entra y sale mientras la palma de su mano sigue masajeando antes donde sus dedos estaban.
Sus dedos siguen masajeando.
-Dilo… - ruge.
-Si… - jadeo y cierro los ojos al sentir una presión que viene y va queriendo salir y bajar por mi pecho hasta sus dedos.
-Vamos, Akane. Córrete, córrete para mí – muerde mi oreja y me besa.
Estallo. Estallo en miles de pedazos, siento la presión bajando dolorosa y tan deliciosa. Cierro los ojos y me dejo llevar por esa sensación. Mi respiración es agitada, siento los besos de Ranma sobre mi mejilla, mi sien, mi oreja, mis cejas. Por todo mi rostro.
No puedo moverme, mis manos descansan sobre la manta y trato de recuperarme de lo que parece ser un orgasmo. No sabía que era y muerdo mi labio. Rio apenada y lo miro. El también sonríe.
-¿Qué tal? – pregunta con un tono de voz divertido.
-Yo… - no sé qué decir. Solo sé que estuvo sensacional.
-Me encantas, Akane – deja de reír, esta serio y mirándome fijamente. Siento las mariposas revolotear.
-Y tu a mi – acaricio su mejilla. Se acerca a mi a reclamar mi boca y lo dejo. Dejo que me bese y dejo que sus manos acaricien mi piel.
