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UNA DOLOROSA DESPEDIDA
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CAPITULO 20
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No sé cuánto tiempo había pasado, no sé si fueron horas o días, simplemente para mi, el tiempo se había detenido después de lo que vi. Sinceramente, no sentía el tiempo pasar. Estaba acostada en cama de Ryoga y él estaba abrazándome por la espalda, consolándome, acariciándome el cabello mientras murmuraba palabras inentendibles para mí. Sentía los ojos hinchados y las lágrimas ya no caían. Solo estaba ahí, absorta del mundo, reviviendo las imágenes en mi cabeza. Ranma en aquel video luciendo tan cruel y apostando que iba a jugar conmigo y hacerme suya. Tenía la mirada perdida y las manos debajo de mi mejilla, arrugaba el ceño de dolor al recordar cuando dijo que podría conseguir que yo dejara a Ryoga por el.
Fui una estúpida, caí en su juego y fui suya. Sentía asco por mí, asco por todo lo que había sucedido. Seguramente le habrán pagado demasiado bien por lo que hizo. Acosta de mis sentimientos. ¿Habrá alguna cura para un corazón roto? Solo descargarse, eso creo. Pero no funciona así. Me sentí mal por el pobre de Ryoga ya que ni bien llegamos a su casa tuve un arranque de rabieta, como las que solía tener antes de conocerlo y rompí algunas de sus pertenencias. El solo trato de detenerme y me decía que esa no era la salida, y yo, yo solo caí de rodillas en el suelo y lloré. Por enésima vez.
Y Ryoga estuvo ahí, a mi lado, mirándome con lastima y dolor.
¿Qué había pasado? Por momentos pensaba que solo se trataba de una pesadilla, de un mal sueño, de una mala broma por parte de todos. Pero luego recordaba aquel video una y otra vez. Recordaba todas las palabras que Ranma me dijo, todas las confesiones que me había hecho, fueron un eco en el olvido. Como si hubiera pasado hace millones de años, o como si nunca hubieran existido. De todas formas, todo era mentira.
Jugo conmigo, se burló de mí, se rió de mí a mis espaldas.
Bueno, al final la culpa también era mía. Era mi culpa por dejar a un buen hombre por culpa de él. Era mi culpa haber caído en su trampa y… enamorarme. Era mi culpa ser tan estúpida.
Siempre supe que Ranma y yo no estábamos destinados a estar juntos, siempre supe que era lo mejor alejarme de él. Pero no, me deje llevar y callar a mi subconsciente. Todos me advirtieron, todos me dijeron que Ranma no era una persona en quien confiar. Y yo torpemente calle los comentarios y confíe en él, metía las manos al fuego por él. Y me quemé.
Y lo amo. Lo odio y lo amo.
Quisiera poder enterrar este sentimiento. Quisiera poder sacarme el corazón y tirarlo al fondo del mar.
-Hablé con Nabiki – dijo Ryoga en voz baja. Yo asentí suavemente con la cabeza –Le dije que te quedarías conmigo hasta que te sintieras mejor.
No dije nada. Solo volví asentir con la cabeza.
-Akane… - siento como se levanta –Siento mucho lo que pasó. Yo sé, sé que no debería de decir esto pero… te dije que no confiaras en él. Sabía que ese mal nacido jugaría contigo.
Cierro los ojos con dolor y las lágrimas vuelven a salir.
-Lo siento… - murmuro con voz ronca. Había perdido casi la voz por gritar tanto haciendo esa rabieta –Todo fue mi culpa… me, me lo merezco por lastimarte.
-¿Qué? ¡No! – Ryoga me toma de la cintura y me voltea para verme a la cara –Akane, esto no fue tu culpa. Ranma es un bastardo y le gusta jugar con las personas – limpio mis lágrimas y tapo mis ojos –Hey, nada de esto fue tu culpa ¿me oyes?
Asiento con la cabeza y trato de respirar tranquilamente.
-No dejarás que te deje así ¿Verdad? Akane, te conozco y sé que eres una persona fuerte. No puedes dejar que esto te destruya – murmura casi en un arrullo.
¿Cómo puede Ryoga decirme esto? Es decir, no es fácil aliviar el dolor de alguien que pisoteo tus sentimientos delante de todos. Alguien en quien confiabas ciegamente y te apuñalo por la espalda.
-Akane, se cómo te sientes – guarda silencio y luego continua –Sé que el dolor de perder a alguien que amas es inimaginable. Pero tienes que levantarte y demostrarle que no te ha vencido. No les des la satisfacción.
-todos… ¡Todos! ¡Todos se burlaron de mí! – grite, me levanto de golpe y siento mi cabeza dar vueltas. Me sujeto de la pared, Ryoga me mira alarmado pero no le presto atención- ¡Todos sabían lo que Ranma estaba haciendo conmigo! ¡Fingieron ser mis amigos y me apuñalaron por la espalda! ¡¿Sabes lo que se siente eso?!
Ryoga se levanta cauteloso y se coloca detrás de mí.
-Confié en él, se lo dije muchas veces. Incluso, incluso pensé que él no confiaba en mí pero… - una risa amarga asoma por mis labios –El muy bastardo solo se estaba riendo de mí. De verdad que fui una estúpida.
-Le daré su merecido, te lo prometo – sus palabras sonaron lejanas a mis oídos.
El vacío en mi pecho era asquerosamente doloroso. Solo quería desaparecer y olvidar, olvidar a Ranma, olvidar sus palabras, olvidar sus obscenidades, sus besos, sus caricias, su piel, sus ojos…
Oh no, iba a empezar a llorar de nuevo. ¿Cómo alguien es capaz de tomar tu corazón y destruirlo en miles de pedazos tan fácilmente? Sabía que Ranma Saotome sería mi perdición. Pague un precio muy caro.
-Lo haré pagar cada lagrima y…
-No harás nada, Ryoga – dije lentamente –Solo… solo quiero, quiero que desaparezca de mi vida para siempre. No quiero volver a verlo en mi vida.
-Me parte el alma verte así – dijo en un tono casi doloroso.
Me di la vuelta y le sonreí. Sé que mi sonrisa no llega a mis ojos, pero sé que en todos los momentos difíciles de mi vida, él siempre está ahí para mí. La única persona en la que debía confiar, y en nadie más. Me acerqué a él y lo abracé fuertemente. Me sentía tan bien en sus brazos, me sentía segura y protegida.
-Haré algo para comer – dijo en voz baja.
Negué con la cabeza, la verdad es que no tenía hambre.
-No me harás más berrinches, así tenga que amarrarte a una silla y obligarte a comer. Ya es tarde y necesitas comer algo.
-¿Qué hora es?
-las doce del día – parpadee un par de veces ¿Era medio día ya? El tiempo pasó tan lentamente. Pensé que era de noche –Oye, recuerdas los okonomiyakis que te gustaba que te preparara. Pues tengo los ingredientes así que hoy es tu día de suerte, los comerás - Ryoga trataba de sonar animado, pero sabía que no podía estarlo. Estaba triste.
Ryoga me besa en la mejilla y se va a la cocina. Yo me quedo ahí de pie, viendo a un hombre maravilloso tratando de curar un corazón roto con comida. A un hombre que me amaba y que yo solo lo había lastimado. Lo peor era que esos sentimientos que el siente por mí, yo ya nos sentía. Yo ya no sentía nada.
Estaba vacía.
Comí a regañadientes la deliciosa comida de Ryoga. No fue tan mala como pensé que sería. Comí lentamente ya que estaba demasiado deprimida como para seguir probando bocados. Escuche su teléfono sonar y fue a contestar. Había estado sonando repetidas veces y al parecer era alguien a quien no quería escuchar. También en ocasiones se trataba de Nabiki o Toshi pero, la verdad era que aún no estaba lista para enfrentarlos. No me sentía lista para enfrentar a nadie.
Ryoga regreso con cara de cansancio a la mesa.
-Era Nabiki, insistió en venir a verte pero le dije que por ahora no querías verla. Akane, ¿estas segura que no quieres verla?
-¿Y hablarle sobre lo que paso? – Niego lentamente –No estoy lista. Para mí, esto es humillante y doloroso.
-Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites - me toma de las manos por encima de la mesa –Además, volveré a la universidad mañana. Vine a pasar el sábado aquí ya que nos veríamos hoy, de verdad que me sorprendió mucho que me llamaras anoche. Fue una suerte que estuviera cerca.
Había recordado la cita que tenía con Ryoga el domingo. Y también había olvidado que tenía que cancelarle, fue una suerte que no lo hubiera hecho. No sé qué haría sin Ryoga.
-Quiero ir a casa de mi padre y pasar unos cuantos días allá.
-¿Faltarás a clases? – pregunto preocupado.
-No son clases importantes ya que en una semana serán vacaciones y por ahora son solo repasos para los futuros exámenes. Además, necesito despejarme un poco de todo.
-¿Cuándo piensas irte?
-Mañana mismo si es posible – paso mi mano por el rostro ofuscada y cansada.
Necesitaba salir de aquí, necesitaba respirar otro aire. Alejarme de Ranma, de sus juegos. Necesitaba desaparecer de su mundo. Era lo mejor para mí y lo mejor para el claro, así podría disfrutar mejor de su vida. Tal vez, hasta podría pedir que me transfieran. Es una decisión que estaba pensando en reconsiderar.
Entonces un destello aparece por mi memoria. Mi corazón late deprisa y recuerdo que tengo mis cosas en casa de Ranma. Oh, no. Pero, un momento, él no está.
-Ryoga, necesito que me hagas un favor - el me mira expectante y preocupado a la vez.
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Al llegar a casa de Ranma fue un alivio para mi no ver su auto estacionado. Era ya de tarde, el sol estaba pegando duro y estaba haciendo un poco de frio. Le había dicho a Ryoga que me esperara en la entrada, le prometí que no me demoraría mucho en entrar, recoger mis cosas e irme.
Al entrar me topé con el señor Genma. Parecía aliviado al verme, pero a la vez parecía preocupado. Seguramente mi aspecto lo preocupo. Apenas me había cepillado el cabello, tenía los ojos hinchados de tanto llorar y me había puesto un jean mío que Ryoga aun tenía aquella vez cuando estuvimos de paseo en Nerima y puse algo de mi maleta en su portaequipaje. También tenía una camisa de él puesta.
-Akane, gracias al cielo. Anoche no llegaste a dormir, no sabíamos nada de ti.
-Lo siento. Verá señor Saotome, yo solo… - un nudo se formó en mi garganta, mi pulso no dejaba de ser acelerado. Estar aquí era mucho peor para mí. Los recuerdos me golpeaban con violencia – Necesito recoger mis cosas e irme lo antes posible.
-¿Qué? ¿Y eso porque? Bueno, sé que entre Ranma y tu paso algo. No sé qué habrá hecho el estúpido de mi hijo pero estoy seguro que tuvo que ser algo realmente malo. Estuvo llamando muchas veces pidiendo que si te veíamos no te dejáramos ir.
Mi corazón volvía a partirse ¿acaso quería burlarse en mi cara? El miedo de volver a verlo hizo que mi corazón latiera desembocado y las ansias me carcomieran por dentro
-Yo… lo siento señor – limpie rápidamente las lágrimas que salían de mis ojos – Solo, necesito irme.
Subí rápidamente seguida por el señor Genma. Al entrar al cuarto un frio invadió mi cuerpo. No tenía tiempo de recordar, el solo ver la habitación sentía la opresión en mi pecho al pensar en Ranma y en los momentos que pasamos juntos. Cerré la puerta de tras de mi agradeciendo al señor Genma la intimidad que necesitaba. Él se quedó afuera esperando.
He recogido todas mis pertenencias, mi única maleta está llena, la mitad de ropa y la otra mitad de amargos recuerdos –tal vez algunos buenos-. La cierro con demasiada fuerza, pretendiendo estropearla y descargar mi rabia sobre ella, pero no sucede nada. Suelto un suspiro y sé que no tiene sentido seguir dañando más cosas. Miro el reloj viejo que esta sobre la mesa de noche y marca las tres de la tarde. De tras de la puerta oigo sus pasos apresurados, parece estar nervioso.
Enjuago otro rastro de lágrimas de mi rostro, y por un momento me pregunto ¿en qué momento cambio mi vida? Desearía poder regresar el tiempo y poder cambiar las cosas. Tenía todo bajo control hasta que apareció el. Desearía no haber venido a esta ciudad, no haber ingresado a la universidad, no haberlo conocido nunca. Todos me advirtieron, pero no escuché.
Sé que no debo marcharme de este modo, pero no tengo otra opción. Aún recuerdo sus palabras cuando muchas veces decía que era una cobarde. Pues bien, en este momento estoy siendo la mayor de las cobardes. Pero no me importa. No me importa nada, solo quiero irme y olvidarme de todo. Por suerte tengo un lugar en donde estar.
-¿Qué haces aquí? – Escucho la voz atropellada del señor Saotome –se suponía que no llegabas hasta el lunes.
-¿Dónde está? – su voz suena desenfrenada, al punto de la histeria - ¿Esta en la habitación, verdad?
-Oye, espera un momento. No creo que sea buena idea – parece que está haciendo un esfuerzo por retenerlo, pero conozco a quien se enfrenta, es algo imposible.
Sus pasos se aproximan. Mi corazón martillea desenfrenado, he temido tanto este momento. Aunque, siendo sincera hemos tenido muchas discusiones, pero esta, esta me tiene con el alma en la boca. No sé si esté lista para enfrentarlo. Había tomado una decisión y la voy a cumplir. Por mi bien, por el suyo. No somos el uno para el otro, somos muy diferentes. Es lo mejor.
Empuño mis manos y volteo al escuchar como abren la puerta de un empujón. Y ahí está, de pie frente a mí, sus ojos inyectados de sangre, ha estado bebiendo, su pecho sube y baja violento. Su mirada refleja rabia, rencor hacia a mí, y no lo culpo. Nos hemos lastimado demasiado.
Todo esto lo hago por mí, todo esto lo hago por el me recuerdo como por enésima vez.
Es hora de enfrentarlo. Es momento de enfrentarlo.
Se ve demasiado molesto, seguramente vio a Ryoga. Pero yo también estoy molesta y herida por lo que me hizo. Me iré lejos, lejos de Ranma, lejos de todo.
El jugo conmigo y lo odio por eso. Yo había tomado la decisión de no dejarme venir abajo por su culpa. Aunque mi corazón se quebrara en pedazos. Ranma era una persona con una vida muy diferente a la mía, y por mi bien era mejor que siguiera siendo así pero muy lejos de mí. Necesitaba alejarme de él.
-¿Qué hace el imbécil de Ryoga contigo? – Dice casi gruñendo - ¿Qué hacen juntos? ¿Pasaste la noche con él?
-¡Ranma, tranquilízate! – Ranma cierra los ojos al escuchar a su padre ¿enserio piensa calmarse?
Pero veo que solo está conteniendo más la rabia. No puedo creer que esté enojado, después de todo lo que me hizo, yo soy la que debería estar furiosa. Pero mi furia se ve cubierta por el dolor.
-Que haya pasado la noche con Ryoga o no, no es asunto tuyo. Solo vine a recoger mis cosas, me iré enseguida – dije casi en voz baja, ya que mi voz se quebraría si la alzaba. También estaba tratando de calmarme. No quería discutir, estaba cansada de las discusiones con Ranma.
Ranma se aproximó unos pasos a mí y yo retrocedí deprisa. Entonces apareció Ryoga en la puerta. Estaba desarreglado, la camisa estaba arrugada y algo ropa por los costados. Mire a Ranma mejor y vi que también tenía la camisa estropeada, y un moretón al costado del labios. Seguramente tuvieron un encuentro.
-Ni se te ocurra tocarle un pelo, ¿me oíste? – su voz era amenazante. Nunca antes lo había escuchado hablar así.
-¡Tú no te metas! – grito. Pegue un brinco al escuchar su voz y cerré mis ojos.
-¿Pero qué diablos está pasando aquí? – Ranko apareció junto con su madre. La pequeña pelirroja miró sorprendida a Ryoga y luego nos miró - ¿Ranma? ¿Qué sucede?
-Solo… solo necesito un segundo a solas con Akane – se lo mucho que le costaba conservar la calma.
-Hijo, por favor cálmate – rogo su dulce madre.
Todos estaban quietos, temerosos por la actitud de Ranma. Menos Ryoga, él estaba esperando el primer movimiento para saltarle encima.
Vi el rostro de Ranko, ella me miraba asustada y confundida, vi a la señora Saotome mirando con pena a su hijo, también vi al señor Genma pasando los dedos por los costados de su boca, claramente nervioso. Necesitaba acabar con esto de una vez por todas. Necesitaba poner fin a esto. No quería que nadie sufriera por esto.
-Ryoga, estaré bien – dije sonando lo más firme posible, sin quitarle la mirada de encima a Ranma. Aunque por dentro sentía que en cualquier momento me vendría abajo si estaba sola con él – Saldré enseguida, lo prometo.
-No pienses que te dejaré sola con este imbécil. Akane, lo que él te hizo…
-¡Lo sé! Por favor, solo será un momento – insistí.
Miré a Ryoga con los ojos suplicantes. Después de unos segundos que parecieron largos el asintió con la cabeza y salió de la habitación. Ranko seguía angustiada y triste al igual que sus padres. Se fueron cerrando la puerta de tras de ellos.
Ninguno de los dos dijo nada por algunos minutos. Yo tenía la mirada clavada en el suelo, no era capaz de ver aquellos ojos azules que tanto amaba, que tanto me dolían. Tenía el corazón en la mano, todos mis sentimientos, todos mis miedos. Esperando pacientes a que los destruyera por una décima vez.
-Akane… -
-No hay nada que decir, Ranma – dije sonando lo más fría posible. Él había estirado la mano y la bajo enseguida. Parecía abatido, perdido, triste. Pero solo era una máscara.
El tipo que tengo frente a mí, no lo conozco.
-No, ¡Si hay mucho que decir! ¡Sé que me comporte como un maldito idiota en esa ocasión y que…
-¡Me mentiste! ¡Habías dicho que no estabas conmigo por venganza! – Mi mentón tembló – Me lo dijiste aquella noche, aquella noche que… - pase mis manos por mí cabello varias veces con fuerza -¿Ese era tu plan desde el principio? ¿Qué se siente ganar tanto dinero robándole la virginidad a las mujeres? ¿Qué se siente ser un maldito bastardo?
-Akane, no por favor… – de sus ojos salieron lágrimas, llevo sus manos a su rostro mirando al cielo con frustración y dolor. Pero con eso la rabia crecía mucho más en mí. Su pecho subía y bajaba con dificultad como si no pudiera respirar.
Necesitaba verlo sufrir. Aunque eso sonara cruel, una parte de mi quería que Ranma sufriera pero al mismo tiempo me odiaba por tener esos sentimientos.
-¿Te sentiste bien? ¿Lo disfrutaste? ¿Qué hiciste después, Ranma? Le contaste los detalles a los asquerosos de tus amigos ¿no? – las lágrimas también resbalaban por mis mejillas al igual que las suyas. Pero estaba segura de que solo era un truco.
-Ak…Akane yo no… - su voz sonaba quebradiza. Parecía un niño.
-¡Me das asco! – en ese momento le había dado una fuerte bofetada. Mi mano escocia y su mejilla había quedado roja.
Gimoteó.
-Yo… me lo merezco – dijo con la voz rota. Se limpió las lágrimas pero seguían saliendo más. Se acercó a mí rápidamente y me tomo entre sus brazos y me abrazo fuerte.
Forcejee con él, no quería que me tocara, no quería estar cerca de él, no quería sentirme tan herida. Entonces me rompí, y comencé a llorar desesperadamente. Me aferré a su camisa y golpee su pecho varias veces hasta quedarme sin fuerzas. Ranma también lloró, jamás había escuchado llorar a un hombre, ni siquiera a mi papá cuando murió mamá. Bueno, no lo había visto porque se encerraba en su habitacion. El cuerpo de Ranma temblaba y se aferraba al mío con desesperación. Enterró su cara en mi cuello y pude sentir sus lágrimas cálidas sobre mi piel.
-Perdóname… perdóname… - su voz sonaba entrecortada –Fui un imbécil pero te juro que me arrepentí cuando fui conociéndote. Te juro que fui enamorándome de ti. Te amo Akane, juro que te amo – lo último casi sonó desgarrador.
-Mentira… mentira – murmuraba con dolor al mismo tiempo que él me pedía que lo perdonara.
Pero no puedo, no puedo solo perdonar. No le creo ni una sola palabra, el dolor en mi pecho es palpante y él no lo siente. No siente la traición, la humillación, el corazón roto. Pero tampoco puedo alejarme de su abrazo. No por ser fuerte si no porque sé que será el último que tenga en mi vida con Ranma.
-Perdóname… perdóname… - sigue susurrando.
Se separa un poco y toma mi rostro con sus manos temblorosas. Sus ojos están rojos e hinchados. Su boca tiembla y me parte el corazón verlo así. Pero no siento nada, sé que está mintiendo, no puedo confiar en él.
-Te amo… por favor… dime. Dime que me amas – cierra los ojos mientras une su frente con la mía.
Esto es lo más doloroso que he tenido que hacer en mi vida. Mentirme a mí y mentirle al hombre que amo. Pero el rompió mi corazón y tengo que alejarme de el para siempre.
-Lo siento Ranma, pero yo no te amo, no siento absolutamente nada por ti – pude sentir como corto su respiración. Me miro con los ojos abiertos, dolido.
-No… yo sé que tú me amas… tú lo dijiste.
-¡Lo dije porque tú me presionaste! pero la verdad es que, es que no te amo y mucho menos ahora que hiciste lo que hiciste conmigo Ranma. Yo… jamás te lo perdonaré.
-No puedes hacer esto ¡No puedes! ¡Dijiste que nunca me abandonarías! – se aleja de mi unos pasos y luego vuelve con fuerza y me besa.
Sus labios chocan con los míos tan fuerte que duele. Me sujeta de la nuca y me besa con una intensidad que nunca antes había sentido de su parte. El miedo era palpable.
Con un movimiento lo alejo de mí con fuerza. Ranma se queda plasmado, siento que si me quedo aquí un minutos más perderé mi control.
-No quiero que me vuelvas a tocar ¡¿Entiendes?! Esto se acabó Ranma. Todo aquello que llegue a sentir por ti murió ayer, murió la Akane ingenua y estúpida. Te burlaste de mí, lo conseguiste y te odio, te odio como no tienes idea. Me das asco…
Cada palabra que salía de mi boca al parecer era como un puñal para el. Negaba con la cabeza mientras en sus ojos trataba de mostrar cuanto le dolían mis palabras. Pero en este momento era lo que menos me importaba. Quería que sufriera, quería que sintiera lo que yo estaba sintiendo en estos momentos.
-Akane ¡Si solo me escucharas!...
-¡No hay nada que escuchar! ¡Vi ese estúpido video donde decías todo lo que estabas planeando! Y no quiero escuchar otra mierda que venga de ti, Ranma – Limpie mis lágrimas con fuerza – Y me voy ahora, porque Ryoga me está esperando.
Tome mi maleta y me encamine a la puerta. Pero Ranma me tomó del brazo fuertemente.
-¡Tú no te vas con ese infeliz! – Ranma respira con dificultad y se pasa la mano libre por el cabello. Luego me mira dolido –Dime que no es cierto, dime que no pasaste la noche… con el.
¿De todo esto se trataba el show? ¿Acaso tiene miedo de que Ryoga vuelva a quitarle la chica? Me suelto de su agarre y lo miro con rencor.
-Sí, volví con Ryoga y anoche estuvimos juntos – Ranma se queda plasmado en su sitio, impresionado –Me hizo el amor toda la noche – Ranma parecía una estatua.
Aproveche ese momento para huir. Sabía que estuvo mal haberle mentido, haber caído bajo como él. Pero no tenía otra opción. Al salir del cuarto, vi a Ranko con las manos sobre su boca, también pude ver sus lágrimas ¿habrán escuchado todo? No lo sé, pero no tenía tiempo de preguntar. Le brinde una sonrisa triste de despedida y salí corriendo de allí lo más rápido que podía.
-¡AKANE! – lo escuche gritar mi nombre mientras me alejaba de las escaleras - ¡SUELTAME! ¡NO ME TOQUES!
-¡Déjala ir! – podía oír hasta la puerta de entrada como peleaba con su padre. Como su hermana y su madre trataban de frenarlo.
Llegue al auto de Ryoga, el rápidamente se subió y me subí en la parte de atrás acomodando la maleta. Arrancó lo más rápido que pudo hasta que voltee y vi a Ranma correr hasta la entrada gritando mi nombre desesperado, el carro se estaba alejando cada vez más y yo último que pude ver fue a Ranma caer de rodillas en el suelo. Derrotado.
Me senté mejor y por un momento quedo mi mente en blanco, mis sentimientos, todo. Entonces mi pecho comenzó agitarse y tape mi rostro y me eché a llorar.
Sería la última vez que lo vería.
FIN
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Hola amigos, pues este es el fin de la primera parte de esta historia. Se que fue un poco triste pero voy a continuar con la segunda parte. Estaba pensando en hacer otro fic con otro nombre y otra reseña, pero no se, depende de ustedes. Quisiera saber si les gustaría que continuara escribiendo aquí o si tal vez les gustaría que hiciera otro fic.
Esta vez la historia será narrada por Ranma y por Akane. Sabremos lo que siente el y sabremos lo que siente ella. Asi que espero sus comentarios.
Gracias a los demás por los lindos comentarios y jeje perdón por hacerlos sufrir pero hay que darle una pizca de emoción a esto.
Continuare pronto y nos vemos.
