Hola amigos! Pues aquí estoy y escribiendo super rápido ya que en unos 30 minutos tengo que tomar un carro para irme a otra ciudad por unos días. Estaré por aquí pronto y gracias a todos por sus comentarios, los he leído y quisiera contestar pero estoy de apuro. Un beso enorme y pronto nos leemos.

Akane

Era un alivio haber terminado los exámenes, también era un alivio tener unas mini vacaciones. Pero aún me sentía mal por no poder ir a casa con Nabiki, ella me insistió en que podía reunir más dinero y pagar nuestros pasajes, pero le dije que solo fuera ella y que yo me quedaría averiguando sobre el curso de artes marciales de Saíto.

Y aquí estaba yo, caminando hacia el otro lado del campus, hacia el gimnasio. No puedo negar que mi corazón se contraía cuando no veía la cara de Ranma. En realidad, no lo he visto desde esa última vez donde me agarró fuera del salón. Una parte de mi estaba decepcionada, pero otra estaba aliviada. Apreté los puños y traté de sacarlo de mi cabeza.

-¡Viniste! – Saito salió del gimnasio. Estaba vestido con un gi. Se acerca a mí con una sonrisa de oreja a oreja – Pensé que no vendrías, estuve considerando ir a buscarte a tu campus. Pero teniendo en cuenta de que estabas a punto de terminar tus exámenes decidí no ir.

-Acabo de terminar hace poco. En realidad, pensé en venir antes pero… - la verdad no tenía ánimos, pero Nabiki me convenció a que lo hiciera.

No podía decírselo a Saito.

-No te preocupes, mejor tarde que nunca ¿no? – me sonríe y se dirige a la puerta grande – Ven, justamente vino una alumna. También empezará, estuve observándola pero aquí entre nos. Tu eres la mejor – dijo guiñándome el ojo. No pude evitar sonrojarme.

El espacio era amplio, el área de la clase de Saito estaba ubicada tras las canchas de voleibol. Había que subir una escalera y en la segunda puerta a la izquierda entramos a una habitación grande. Saito me está hablando sobre algo relacionado con los torneos que celebran, sobre los triunfos obtenidos y bla bla bla, yo solo me quedo maravillada al entrar a la habitación. El piso era de madera bien pulida, había un espejo amplio pegado a la pared y el resto parecía muy clásico de un dojo, hay trofeos colgados en una estantería y fotografías de chicos cargando sus medallas.

-¿Te gusta? – volteo a verlo y veo que esta emocionado. Asiento con la cabeza y sonrío.

Hace mucho tiempo que no entrenaba. Hace muchos… años.

-Hola – Mis ojos se enfocan en una chica, que extrañamente me resulta familiar. Esta acomodando una colchoneta al otro lado del dojo - ¿Tambien eres nueva? – pregunta con una sonrisa.

-Eh… si – respondo un poco ida. La verdad, la he visto en algún lado.

-Las presento. Akane esta es Ukyo. Ukyo, ella es Akane.

Ukyo…

Ukyo… me suena.

Ella se acerca a mí y su sonrisa se abre como flor en primavera. Chasquea los dedos.

-¡Te recuerdo! El otro día te pregunte donde estaba la biblioteca. Tú y tu amigo me lo dijeron ¿Te acuerdas de mí?

Asiento lentamente con la cabeza. En realidad si, la recuerdo. Pero su nombre es el que no deja de dar vueltas en mi cabeza.

Ukyo…

De repente una ráfaga de vértigo se apodera de mi estómago. Mi corazón martillea deprisa. ¿Cómo preguntarle si es la Ukyo que sospecho que es? Bueno, Ranma nunca me había dicho su apellido. Solo sabía que se llamaba Ukyo, además…

Por favor, puede haber miles de Ukyo en Japón, pero la duda sigue carcomiéndome en el interior. Así que es todo o nada. Tengo que hacerlo.

-Disculpa… ¿puedo preguntarte algo?

-Adelante.

-¿Conoces a… Ranma Saotome? – decir su nombre en voz alta aun produce un estremecimiento en mi cuerpo.

Ella parpadea varias veces, frunce el ceño y luego sonríe.

-Oh, Ranma. Si, solía salir con él hace muchos años. De hecho, el otro día lo vi y estuvimos charlando – comenta como si fuera la mejor experiencia de su vida.

Un nudo se forma en mi garganta. Ukyo, Ukyo…

Ella es la ex de Ranma, la chica que de verdad logró conquistarlo. La chica que lo enamoró, la chica con la que estuvo sin estar una apuesta de por medio. La única y verdadera novia de el. Algo dentro de mí se rompe, pero tengo que se fuerte para no demostrarlo.

-¿Y bien? – pregunta arqueando la ceja.

-¿Qué? – no me había dado cuenta que había hecho una pregunta antes.

-¿te pregunte si lo conoces? – su mirada amigable me sacan de mi punto de confort.

-Eh… si, bueno, quien no lo conoce – digo como si fuera algo de lo más obvio –Un… un amigo en común hablo algo sobre una tal Ukyo y… pensé que habrías sido tu…

-Oh.

Ella sonríe por un momento juré que se ruborizo. Entonces mi teléfono vibra y siento mi cuerpo saltar. Saito me da una palmadita en la espalda y me deja contestar. Siento un alivio pero al mismo tiempo un tirón de disgusto al ver que se trata de Ryoga. No había hablado con el hace mucho tiempo y lo extrañaba demasiado. Pero ahora, ahora que Ukyo está aquí también siento una pizca de celos. Ella logro conquistar a los dos chicos de los que yo estuve perdidamente loca. Ukyo logro mucho más que yo.

-Hola, pensé que te habías olvidado de mí – digo con un tono cargado de reproche.

-Lo siento, estuve muy liado con unos asuntos de la universidad y en fin. Te tengo una buena noticia – su voz está cargada de ansiedad.

-¿Qué es? – tampoco puedo ocultar mi ansiedad.

-¡Me traslade a tu universidad! – Tengo que alejar un poco el teléfono al escuchar su grito –Es por eso que no pude llamar, había pedido ser trasladado y fue un caos, tuve que hacer muchos papeleos, acomodar las materias, rendir algunos exámenes, buscar una residencia estable y más económica y todo me salió de maravilla. También quería darte la sorpresa ¿estás sorprendida?

Cierro mi boca. La verdad, es la mejor noticia que pude haber escuchado después de mucho tiempo. Tengo que contenerme para no dar saltitos. Ryoga vendría, estaríamos juntos y tendría con quien hablar sobre muchas cosas.

-¡Es una excelente noticia! ¿Ya estás aquí? – pregunto mirando a la puerta, como si esperara a que entrara por ella.

-Esa es la mejor parte. Vivo cerca de tu edificio, uno que queda un poco más alejado. Tengo que compartir habitación pero qué más da – escuchar su risa me llena de melancolía.

-Es la mejor noticia que podías haberme dado en todas estas semanas – digo con total sinceridad.

-¿Sushi esta noche?

-Por supuesto.

-Entonces nos vemos, pasaré a tu departamento con algo de comida. También podemos invitar a Nabiki para que diga que siempre la dejamos a un lado.

-Ella no está, fue a casa a pasar las vacaciones allá.

-¿Y tú no? ¿Por qué? – Puedo ver –aunque no esté con el- que su sonrisa se borra de su rostro.

-Te lo contaré esta noche ¿te parece bien?

-Sí, seguro. Entonces nos vemos.

Colgamos. En todos estos días, pensando en Ranma, extrañándolo, pensando que Ryoga se había olvidado de mí. Había sido una noticia que me animaba mucho. Extrañaba a Ryoga, extrañaba su compañía, su amistad, sus consejos. ¿Qué diría cuando le contase sobre mis peleas? Seguramente me miraría con desaprobación y me diría que no está bien. Pero, en fin. Estoy muy contenta de que esté aquí y que vaya a quedarse.

-Bien, Akane te explicaré todo sobre las clases. Los horarios, las rutinas y luego te presentaré al resto del equipo – Saito con su inigualable sonrisa me guía por el dojo contándome la historia de los trofeos.

Y por primera vez. Después de muchos días de soledad y tristeza. Me siento feliz.

..

Ranma

-¿Terminaste? – preguntó Ranko desde su lugar. La muy descarada estaba tomando el sol mientras yo estaba terminando de arrancar la mala hierba del jardín ¡¿Por qué coño tenía que hacerlo?!

-Me las vas a pagar – murmuro con mala cara.

Ranko rueda los ojos y suelta una risa.

-Te recuerdo que te estoy ayudando para recuperar a Akane – dice mientras se lleva la pajita y bebe esa estúpida limonada.

-¿Y qué tiene que ver eso con que yo corte el césped? – me seco el sudor de la frente.

-Bueno, porque así aprenderás a no ser un estúpido y porque creo que no es suficiente castigo después de todo lo que le hiciste a la pobre de Akane – me respondió con mirada reprochable.

Bajo la cabeza, maldición, tenía razón. Nada era suficiente. Desde que decidí contarle la verdad a Ranko, no puedo negar que me sentí un poco más aliviado al soltar todo el peso que tenía encima. Pero ella se ha encargado de hacérmelo pagar, como: arreglar la casa, ordenar y lavar su ropa, llevarla a todos lados, cocinar. Cosas absurdas, pero pesadas al mismo tiempo. Y desde que me suspendieron en la universidad, pasó más tiempo en casa y con los castigos de mi hermana.

-Y agradece que papá y mamá no están, así no sabrán que su hijo fue suspendido – dijo agitando su mano con desdén – termina rápido ¿Quieres?

-¡Se lo merecían! No podía dejar que nadie hablara a sus espaldas – dije mientras seguía en lo mio.

-Por lo que dijiste el otro día, ella sabe defenderse sola.

-Y casi le cuesta la suspensión de los exámenes – eso lo supe gracias al prometido de Ranko. Al parecer le contaba todo sobre Akane.

Suelto un suspiro lleno de frustración. Ahora, al parecer, Akane había dejado atrás a la tranquila y callada muchacha. Cada vez que veía como golpeaba a alguien, venía a una chica decidida, valiente, enojada. Y me enamoré aún más. Estuve en cada enfrentamiento de ella, casi mato a cada uno de los que se enfrentó a ella. De hecho, envíe a uno al hospital con un brazo fracturado, nariz rota y ojo morado, Ah si, también sin un diente. Eso me costó mucho y no la he vuelto a ver.

Ahora que nuestros padres no están, porque el sonso de mi papá tiene que hacer un trabajo en Corea, se llevó consigo a mi mamá y me dejo al cuidado de Ranko. Un largo tiempo sin verle la cara, eso era fantástico.

Había decidido contarle la verdad a Ranko sobre lo que paso con Akane. No me hablo por tres días y me sentí más solo como el infierno. Tampoco había hablado con Mousse desde la última vez, había insistido en verme pero siempre me negaba.

Ranko al darse cuenta de lo miserable que me sentía, accedió ayudarme a conquistar a Akane. Pero primero me torturaría hasta cansarse. Aun no me había contado su plan.

-¿Te diviertes hermanito? – dijo mientras reía.

Rodé mis ojos y seguí con lo mío. Tenía que confiar en Ranko, tenía que confiar en que ella me ayudaría en recuperar a mi chica.

..

Akane

Había terminado con la mini-clase de Saito. Había sido muy emocionante ser su alumna, también conocí al resto de los chicos de las clases, aunque sus nombres no se me hayan grabado mucho. Por desgracia puedo recordar el de Ukyo, y por desgracia resulta ser la chica más amigablemente adorable que haya conocido.

Empezamos con un calentamiento y luego Saito me pidió que le mostrara las cosas que sabía, como por ejemplo: las katas, las llaves, algunos que otros giros y por supuesto mi fuerza absoluta. Siempre me criticaron por tener una fuerza que no va con mi apariencia, pero hoy, en vez de criticarme todos aplaudieron. Saito se veía muy contento y dijo que estaba súper emocionado por tenerme en su clase y que tal vez podría llegar a las estatales. No me imaginaba compitiendo para ganar un trofeo, la verdad solo lo quería hacer porque estaba en mi sangre.

Llegue a casa y estuve ordenando un poco antes de que llegara Ryoga, aproveche para darme una ducha y ponerme algo mas cómodo. Recogí la ropa que estaba regada en la sala y lave algunos trastes. Mire con enfado hacia la puerta, tendría que llamar a alguien para que la arreglara.

Cuando tocan a la puerta me apresuro abrir. Ryoga está del otro lado sonriéndome y alzando una bolsa con lo que se supone que es nuestra comida. Sonrió de oreja a oreja y no puedo resistir las ganas de saltar hasta sus brazos.

-¡Te extrañe! – hundo mi cara en su pecho y el me abraza con un brazo.

-Yo también – besa mi frente y lo invito a pasar.

Estuvimos comiendo muy a gusto y viendo películas de acción hasta altas hora de la noche. El vacío que tenía en el pecho, aun lo sentía, pero con Ryoga a mi lado me sentía menos sola. Él sabía cómo me sentía, sabía las cosas que pensaba y sabía como hacerme sonreír. Definitivamente estaba agradecida por tenerlo a mi lado. A pesar de nuestra separación, no podía simplemente alejarme de él. Era mi mejor amigo. No podía decírselo, porque en el fondo sabía que lo lastimaría. Me sentía un poco culpable por eso.

-¿Y no tuviste problemas? – pregunto cuando le conté respecto a las peleas.

-Um… no mucho, el director me dio una advertencia y he estado tratando de evitar las peleas. Pero afortunadamente nadie se mete conmigo – le doy una sonrisa de superioridad, el solo pone los ojos en blanco y ríe.

-Así que, prácticamente, todos te tienen miedo – casi suena a pregunta que afirmación.

-No lo sé, supongo que sí.

-Yo tendría miedo si vinieras a mí para golpearme – suelta una risita – A decir verdad, tengo que confesar que cuando recién nos conocimos pensé que ibas a golpearme.

Comienzo a reír de lo absurdo que suena eso. Jamás lastimaría a Ryoga –bueno, ahora no- recuerdo con algo de gracia cuando conocí a Ryoga. Yo siempre estaba a la defensiva y el siempre tuvo paciencia conmigo. Pero nunca me porte mal con el, siempre fue tierno conmigo y eso me agradaba.

Ryoga es el tipo de chico, que aunque tuvo sus errores, se porta tierno y tiene mucha paciencia, también es confiable y es de las personas que daría todo por los que ama.

-Eso era antes, ahora eres confiable.

-¿Confiable? – Imita mi voz burlón - ¿Eso es bueno o malo?

-Es bueno – respondo golpeando juguetonamente su brazo.

En ese justo momento en que lo golpeo él me toma de la muñeca y me acerca a su cuerpo. Ambos paramos de reír. Siento el aliento de Ryoga chocar con el mío, su mirada cambio completamente, ya no estamos bromeando, ahora sus ojos castaños se oscurecen y siento lo intensa que es su mirada. Por un momento las mariposas amenazan en mi estómago, los nervios se disparan. Entonces siento su boca chocar con la mía.

No es el mismo beso de mi antiguo novio. Ryoga me besa con intensidad, como si quisiera recuperar todo el tiempo perdido que tuvimos dándonos besos inocentes. Esto para nada es inocente. Por un momento cierro los ojos y respondo al beso ¿Esto es besar de verdad a Ryoga? Muerde mi labio y gira mi cabeza para intensificar el beso.

Entonces algo dentro de mí se rompe. El rostro de Ranma aparece en mi cabeza y me tengo que apartar violentamente de él. No puedo, no puedo. El vacío en mi pecho crece y duele cuando pienso en Ranma y besando a Ryoga no voy a poder sanarlo. Estoy enamorada de Ranma, lo amo con todo mi corazón, aunque no lo quiera. Ryoga fue mi primer amor, pero ya no siento lo que sentía antes. El beso me aturdió mucho pero me hizo darme cuenta de algo.

Nunca voy a poder amar a Ryoga como amo a Ranma.

-Lo siento, no pensé… - dijo con la voz agitada. Se acerca a mí y yo me alejo un poco –Lo siento Akane, no sé qué me sucedió.

-Ryoga… - mi voz se quiebra. Maldición.

-Por favor no llores – se acerca a mi rápidamente y seca mis lágrimas –No lo volveré hacer, lo juro – su rostro esta agrietado por la angustia.

Lo extraño, quiero decirle que lo extraño.

Quiero decirle que me muero por verlo, aunque sea para pelear.

Entonces comencé a llorar. Me aproximo a Ryoga y lo abrazo fuerte, entierro mi rostro en su pecho y dejo salir todo el dolor que tengo dentro. De repente la necesidad de estar con Ranma, de hablar con él me abraza por completo. El vacío es tan grande que tengo que agachar un poco mi cuerpo procurando calentar el frio en mi corazón. Cierro los ojos y mi cuerpo se agita. Ryoga me abraza con fuerza, y sé que está seguro del motivo de mi llanto. No por él, si no por Ranma.

El mar azul de sus ojos, sus labios carnosos y bien definidos, los hoyuelos de sus mejillas al sonreír, su egocentrismo al hablar de lo guapo que es, su manera de burlarse de mi forma de vestir en ocasiones, su manera tan sucia de hablarme que me hace reír, sus manos grandes que lograban provocar que los vellos de mi piel se erizaran, su pausada respiración al dormir, su voz, su risa, sus cambios de humor. Dios, extraño tanto todo eso.

Me aferro más al cuerpo de Ryoga y desearía tanto estar junto a Ranma. Pero algo dentro de mí me lo impide. Ese algo que me hace retroceder cuando él está cerca, ese algo que me hace hablarle de la manera más cruel.

¿Porque todo tuvo que ser así?

..

Ranma

..

Estoy en mi habitación, después de haberme dado una ducha y haber puesto a todo volumen la música favorita de Akane, me acuesto en la cama y dejo que el día pase rápido y que termine. Pero, lamentablemente el tiempo es el peor enemigo en estos momentos. Cuando uno está bien, cuando se está tranquilo y nada te molesta el tiempo siempre pasa volando. El día termina tan rápido que no te das cuenta, las semanas son como minutos pasando y cuando menos te lo espera otro año termina. Pero ahora, ahora el tiempo es muy lento, una hora es como si pasara una semana, como si tuviera que esperar una eternidad para que termine el día.

Akane difícilmente sale de mi cabeza, ¿Desde cuándo una chica ha llegado a mi tanto? Siempre me procuraba que ninguna se liara conmigo y las relaciones eran estrictamente de sexo, tenia sexo siempre con las chicas que se me lanzaban fácilmente. Con Akane fue todo distinto, espere a que estuviera lista y diablos, esa chica sí que me la ponía dura con solo tocarme. Recuerdo que en uno de los entrenamientos de papá, habíamos viajado al sur de Japón, no recuerdo exactamente el lugar. Hacía mucho frio y yo había encontrado un pequeño conejo a mitad del camino. Sin que el viejo me viera lo había llevado conmigo, dentro de mi camisa y lo alimentaba de mi comida. Me encariñe mucho, claro, era un niño de solo seis años y los animales me encantaban. Un día mi padre se dio cuenta, y me obligo a soltarlo.

-Los animales tienen que estar en su habitad, Ranma – dijo con voz muy severa.

-Pero es mío – refunfuñe.

-Bien puedes soltarlo ahora, o lo comeremos para la cena.

-¡¿Qué?! ¡No! – me había aferrado más a mi conejo.

-Ranma, sé que es difícil dejar ir algo que quieres pero, a veces es lo mejor. Duele pero sabes que estás haciendo lo mejor para esa criatura.

-Pero yo lo quiero.

-Yo también lo quiero, tengo mucha hambre y se ve apetitoso.

-¡No te lo vas a comer!

-Entonces déjalo libre – dijo mientras apuntaba al bosque.

Recuerdo que con un ceño fruncido lo dejé ir. Siempre que encontraba animales en el camino y los cuidaba el me obligaba a dejarlos. También sucedía lo mismo con los amigos, hice amigos por todos lados y en el momento menos pensado nos marchábamos. Crecí sin aferrarme a nadie, crecí sabiendo que todo lo que viene se va y siempre procuré no aferrarme a nada. Hasta que llego ella. Hasta que Akane llego y fue difícil no dejar de querer pasar a su lado.

Maldita sea, me aborrecía haber puesto la esa estúpida apuesta como excusa. Soy un maldito bastardo.

-¿Ranma? – Ranko se asoma en la puerta de mi cuarto.

-¿Me vas a mandar hacer alguna otra cosa? Porque te advierto que ya me bañe y no estoy de humor.

Entra y se sienta en mi cama.

-No estoy por eso. Vine porque quiero contarte algo – toma aire –Shinossuke me llamo, estuvimos hablando y dijo que Akane está tomando cursos de artes marciales en el gimnasio de la universidad.

Me siento en el instante que nombro a Akane.

-Es tu momento de acercarte. No como antes y solo la acosabas, ahora puedes estar cerca de ella pretendiendo tomar clases.

Suelto un suspiro.

-No es fácil Ranko. Akane difícilmente puede verme – paso mi mano por el cabello varias veces.

-¡¿Y te vas a rendir fácilmente?! La cagaste muy feo Ranma, pero tienes que solucionarlo si es que de verdad te importa.

-Quiero recuperarla – le confieso.

-Entonces hazlo, depende de ti. Además, estoy completamente segura de que te quiere, solo que esta dolida.

-¿Así que… este es tu plan? ¿Acosarla en sus clases de artes marciales?

Pone los ojos en blanco y me golpea –Tu solo procura conquistarla de nuevo. Akane me cae muy bien y no quiero que lo estropees. Además, te he visto y se lo mucho que la extrañas.

Guardo silencio, es verdad, la extraño como un loco.

-Y deja de estar metiéndote en problemas y amenazando a todo aquel que se le cruce en el camino a tu chica.

-A veces siento que tú eres la mayor y yo el menor – ambos reímos.

Ranko es la mejor hermana que he tenido. Mañana mismo iría averiguar sobre las clases. Se que no tienen nada que ver con mi carrera asi que no importa que es suspendido, podré tomar las clases sin problemas.

Akane, no te escaparas fácilmente de mi.

Lo juro.