Se deslizó con cautela hasta quedar junto a él, el aroma a tofu llenó sus pulmones provocándole hacer un par de muecas. Pero no había nada que lo pudiera detener. Dio unos cuantos pasos hasta quedar junto a su cama, con precaución colocó su mano a la altura de la oreja del chico verde y apretó la parte superior de la bocina, haciendo que de esta brotara un ruido ensordecedor.

El sonido hizo que Chico Bestia se despertara dando un gran salto que por poco lo dejó colgando del techo.

—Hubieras visto tu cara, viejo.

—Cuídate, me las vas a pagar —bromeó intentando mostrar su mejor sonrisa.

Muy a su pesar bajó de la litera, se transformó en un gato y estiró cada uno de sus músculos, entonces recuperó su forma humana.

—¿Qué te parece si bajamos y desayunamos unos ricos huevos de tofu?

—¿El ruido te afectó el cerebro? Pasa del medio día, me mandaron a levantarte, vamos a ir a comer pizza.

—Entonces… Supongo que voy a arreglarme

El chico dio unos cuantos pasos hacia el baño de su habitación hasta que su amigo lo detuvo sujetándolo del hombro.

—¿Pasa algo?

Bestia se giró con la mirada clavada en el suelo.

—Pasa que… ¡Que mi mejor amigo es un tarado!

Chico Bestia se abalanzó sobre Cyborg aterrizando en sus hombros y golpeando suavemente la parte metálica de su cabeza. En compensación, el mitad robot lo tomó por las manos y jaló hacia el frente haciendo que el chico diera una vuelta en el aire y quedara de espaldas a él. Cyborg lo sujetó con un solo brazo y con la mano libre raspó la cabeza de Chico Bestia hasta que este pidió que se detuviera.

—Admítelo viejo, nunca vas a ser tan fuerte como yo.

Chico Bestia se giró para quedar de frente a su compañero y se transformó en un gorila que lo rebasaba por varios centímetro. Se acercó lentamente y Cyborg pudo adivinar una sonrisa en el rostro del animal. Antes de que el chico verde tuviera la oportunidad de atacar Robin apareció por la puerta de la habitación.

—Ustedes dos —su tono de voz indicaba que estaba molesto —dejen de payasear, queremos irnos.

—Claro, tenía que ser Capitán Mandón

Chico Bestia regresó a su forma original, tomó la toalla que estaba tirada junto a sus pies y entró al baño cerrando la puerta tras él.

A pesar de que sabía que debía darse prisa se desvistió lentamente, con mucho esfuerzo había logrado salir de la cama ese día. Se acercó a la regadera y abrió las llaves esperando a que el agua estuviera a una temperatura apropiada. Dejó que el agua lo empapara. Estuvo inmóvil bajo el chorro del agua por varios minutos, deseando que todo lo que sentía se fuera por el desagüe. Sintió una punzada de dolor al recordar a sus padres, ellos lo habían dado todo por él. Después de ser mordido, sus padres lo habían hecho todo con tal de no perder a su pequeño y ahora él, así, sin más, deseaba poder deshacerse del dolor que lo abatía.

—Eran tus padres, idiota, es normal que te duela.

Intentando resignarse tomó el shampoo y se lavó el cuerpo entero con él lo más rápido que pudo. Cerró el agua y tomó la toalla que nuevamente había dejado tirada en el piso. Salió de la regadera y secó su cabello alborotándolo hacia todos lados, entonces pasó la toalla por el espejo, desde donde lo miraba un chico con la mirada decaída. Apretó la mandíbula y dejó escapar un par de lágrimas antes de golpear la pared junto a él con ambas manos. Volvió a observar su reflejo, esta vez su mirada había cambiado, pudo identificar una extraña mezcla de rabia y desesperación. Se envolvió en la toalla y salió del baño a para buscar ropa limpia.

Cuando estuvo completamente vestido regresó para mirarse al espejo. Intento hacer que en sus ojos no quedará rastro alguno de su llanto y se plató una sonrisa boba en el rostro. Respiró profundamente hasta que se sintió listo para enfrentarse a sus compañeros.

—Bueno… Ya llegó el mejor y más guapo Titán de todos —gritó al atravesar la puerta del Living Room.

—Hasta que llegas —más que divertido Robin sonaba desesperado.

Bestia bajó las escaleras y se reunió con sus compañeros quienes después del alboroto se levantaron y tomaron sus cosas listos para marcharse. Antes de partir, él se acercó a la cocina, sacó una jarra del refrigerador y se sirvió un poco de agua en un vaso.

Dejó el vaso en el fregadero y se giró para dirigirse hacia la puerta. Raven lo observaba. Estaba parada en la sala con un libro entre las manos, lo miraba como si todavía no creyera que realmente estuviera bien.

—¿Vas a venir o qué?

Corrió hasta la entrada dejando a Raven, quien lentamente lo siguió.