N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar...

Cassandra Smythe, muchas gracias. Sí, esta es la única de las historias que comenté que todavía no he escrito... Me quedó un hueco libre y me decidí a escribirla... No va a ser tan larga como La Apuesta pero espero que aun así os guste... Besos


CAPÍTULO 3: CONOCIENDO A BLAINE ANDERSON

Sebastian llegó al dormitorio que le habían asignado. Tenía la llave pero decidió golpear la puerta para que le dejaran pasar. Suponía que Blaine estaba acostumbrado a estar solo en su dormitorio y desconocía si había sido informado de su llegada.

La puerta se abrió y el castaño se quedó sin respiración. Frente a él estaba una de las personas más atractivas que había conocido. Sus raras cejas triangulares no desviaban la atención de los ojos más indescriptibles que había visto nunca. No sabría decir de qué color eran ya que el verde, el dorado, el avellana y el marrón se mezclaban de una manera increíble.

Parecía que se había levantado hacía poco porque llevaba unos pantalones de pijama y una camiseta algo desgastada y que parecía muy grande para él. Su pelo rizado estaba alborotado y totalmente despeinado. ¡Cómo le gustaría a él ser el causante de ese "lío"!

– Hola... ¡Tú debes ser Sebastian! – El moreno ofreció su mano para que el otro la estrechara a modo de saludo.

– Sí, pero llámame Seb. Tú eres Blaine. – El ojiverde afirmó.

– ¿Necesitas que te ayude? – Anderson ofreció.

– No será necesario.


Sebastian pasó una hora acomodando sus cosas mientras Blaine se preparaba y le comentaba algunas cosas importantes sobre la convivencia en Dalton. El chico tenía un optimismo y una energía sorprendentes. Cuando el primero comenzó a desvestirse, comenzó la conversación que realmente le interesaba.

– ¿Vas a formar parte de los Warblers? Necesitamos miembros para poder competir en los regionales. – El moreno quiso saber.

– ¿Qué son los Warblers? – El castaño preguntó, fingiendo desconocimiento de lo que pasa en Dalton. Le resultó gracioso como el otro evitaba mirarlo mientras estaba poniéndose los pantalones.

– Son el coro de la Academia. ¡Son como Rockstars! ¿Sabes cantar o bailar? – El ojimiel lo miró tan ilusionado y nervioso que el otro tenía ganas de reír. ¿Podía alguien ser más adorable?

– Sé cantar y bailar... ¿Tú eres un Warbler? – El policía preguntó antes de coger su camisa para empezar a ponérsela.

– Sí, soy el líder vocal. – El más bajo parecía un niño a punto de abrir su regalo de Navidad.

– ¿Y todos los Warblers son tan sexys como tú? – Smythe se puso algo seductor, ayudado por el hecho de que todavía no había empezado a abrocharse los botones. Sabía que su mejor arma sería acercarse a Anderson y que la mejor manera era mostrar su homosexualidad. Sabía lo que era ser adolescente y se necesita todo el apoyo que se pueda tener y sabía que no había otro chico gay en todo Dalton.

– Bueno... – Las mejillas de Blaine estaban tomando un color rojo intenso. Sebastian pensó que era súper hot ese look de estudiante perfecto e inocente que desprendía y lo peor era que seguramente esa imagen no distaba mucho de la realidad. – Hay chicos muy atractivos pero son todo heterosexuales.

– ¿Y tú? ¿Eres heterosexual? – El castaño se acercó al otro tanto que sus respiraciones se mezclaban. Notaba lo nervioso que estaba su compañero pero no dijo nada.

– ¿Yo? N-no. – El moreno tartamudeó un poco porque se sentía intimidado. Nunca había estado tan cerca de un chico y era la primera vez que se sentía deseado... Si se descartaba a Lucy, una vecina que tenía dos años menos que él y que tuvo un crush que nunca pudo ser correspondido. El ojiverde decidió que ya había jugado demasiado, por lo que se separó, abrochó la camisa y se puso la corbata.

– ¿Vamos? No quiero llegar tarde el primer día.


Blaine y Sebastian llegaban a la primera clase y el castaño se dio cuenta de que varios chicos los miraban con diferentes expresiones, pero todos realmente sorprendidos. Todos esos jóvenes estaban en un grupo y sonrieron cuando llegaron junto a ellos.

– Chicos, él es Sebastian, mi nuevo compañero de habitación. Seb, ellos son David, Thad, Trent, Sam, Ryder, Jake, Nick, Jeff, Hunter y Artie. – Anderson señaló a sus amigos que sonrieron y lo saludaron. – ¿Por qué estáis todos aquí? Algunos no venís a esta clase... ¡Algunos no sois ni de este curso!

– Queríamos que nos contaras todo sobre tu nuevo compañero de habitación, no esperábamos que viniera contigo. Es muy raro que alguien se transfiera a mitad de semestre, más aún en su último curso. – Evans respondió por todos con total sinceridad, lo que se ganó algunas miradas de reprobación.

– Me caes bien, no das rodeos. Eso me gusta. Vivía en Denver pero mi padre ha sido trasladado aquí en el trabajo y no quería dejarme solo. – Smythe informó con tranquilidad.

– Eso apesta. Podrían haber esperado un poco... – Nixon comenzó a decir pero se dio cuenta de que podía ser malinterpretado. – Quiero decir, no es malo que estés aquí, es sólo que... Ya me entiendes...

– Lo que Trent intenta decir es que habrá sido difícil dejar a tus amigos en Denver. – Clarington se compadeció de su amigo, que lo miró con una sonrisa en agradecimiento.

– Sólo he adelantado unos meses mi salida. – Sebastian intentó restarle importancia.

– Señores, ¿qué hacen todos aquí? Es hora de ir a clase. – Un profesor interrumpió a los chicos que se dispersaron para entrar en las aulas que les correspondían. Blaine, Hunter y Trent acompañaron a Smythe dentro de ese aula, donde comenzaría la clase de álgebra avanzado. Era una gran oportunidad para el policía para conocer e intimar con los tres.


Sebastian no recordaba lo duro y aburrido que era estudiar. Acostumbrado a una vida llena de acción y peligro, estar en un internado y pasar horas en clase y estudiando se estaba convirtiendo en una auténtica tortura. Además, esa tarde no había reunión de los Warblers por lo que no sabía si conseguiría entrar en el coro. Era crucial que lo consiguiera porque era la mejor manera de conseguir información.

Aun así, consiguió que lo invitaran a tomar un café con ellos. Eso sirvió para que analizara el grupo, sorprendido de lo diferentes que son los chicos. Hunter era un líder, alguien que lucha por lo que quiere y que es protector. Blaine aparentaba ser un chico feliz, pero él sabía que todo era una máscara que ocultaba algo más. Sam era el chico algo torpe e ingenuo pero con gran corazón. Trent era tímido y callado. Thad era despreocupado y alegre. Nick era responsable pero sabía divertirse. Jeff era algo excéntrico pero buen compañero. David era sensato pero no extremadamente serio. Ryder era dulce y leal. Jake era algo mujeriego pero buen amigo. Artie era algo nerd pero sabía como divertirse.

Cuando llegaron a su dormitorio, Anderson recogió las cosas para ir a la ducha. Eso le extrañó porque sabía que todos planeaban hacer la tarea primero.

– ¿Dónde vas? – Sebastian preguntó.

– A las duchas. – Blaine informó a pesar de que era más que obvio.

– ¿Por qué tan pronto? – El castaño se extrañó.

– Sé que los chicos te han dicho que no les importa y que ese baño es casi exclusivamente nuestro, pero no quiero incomodar a nadie. Entiendo que se sientan algo raros cuando comparten ducha con un gay. – El moreno explicó con algo de nerviosismo.

– No tienes que hacerlo. Estoy seguro que lo dicen porque lo sienten así.

A pesar de eso, el ojimiel acabó marchándose. Smythe tuvo que añadir otra cualidad a su compañero de habitación. Era alguien muy considerado y eso le venía bien, podía utilizarlo a su favor.