N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar...


CAPÍTULO 6: INSTINTO PROTECTOR

Blaine paseaba con Sam y Hunter por las inmediaciones de Dalton, relajado y feliz charlando de cosas sin importancia cuando un coche paró frente a ellos. Los tres chicos se quedaron mirando el vehículo y pronto unos hombres salieron del vehículo. Los adolescentes intentaron correr pero los otros eran más rápidos y consiguieron alcanzarlos. Anderson vio como golpeaban a sus amigos, lo que hizo que los golpes que le daban a él no fueran nada importante.

Supuso que se había quedado inconsciente porque se encontró a sí mismo en una sala oscura y vacía. Sam y Hunter estaban a su lado, pero no podía acercarse a ellos. No sabía por qué pero cada vez que lo intentaba su tobillo dolía y su pie no se movía. Miró hacia atrás y se dio cuenta de que estaba atado a la pared.

No sabía qué hacer pero sus amigos no se movían y quería saber si seguían vivos. Comenzó a gritar para intentar despertarlos y después de varios minutos, se dio cuenta de que Evans parecía reaccionar.

¡Sam! ¡Sam! – Blaine gritó desesperado.

¿Qué...? – El rubio miró a su alrededor mientras intentaba sentarse. Se sentía igual que el moreno, su cuerpo dolía y no podía moverse. – ¿Dónde estamos? ¿Qué ha pasado?

Nos han atrapado. Hunter sigue sin responder... ¿Puedes llegar tú a él? – El ojimiel estaba desesperado. Evans intentó moverlo pero no consiguió tocarlo. Lo único que consiguió fue sentir aun más dolor por culpa del esfuerzo.

Tenemos que salir de aquí... ¿Puedes moverte? – Sam preguntó sin ocultar el miedo que sentía.

No... ¿Qué vamos a hacer? – Anderson preguntó desesperado.

No lo sé...

No vais a hacer nada. – Una voz los interrumpió y los dos miraron para ver un hombre vestido con un jersey azul y unos vaqueros. Por más que Blaine intentaba fijarse en su cara, no había rasgos y supuso que llevaba una careta.

¿Por qué nos retenéis? – El rubio quiso saber y en ese momento se dieron cuenta de que Hunter se despertaba.

Sois Warblers. Tenemos que liberar a la humanidad de lo que los Warblers harán en un futuro. – El desconocido comentó.

Blaine seguía algo aturdido pero se dio cuenta de que el asaltante estaba loco. Eso no lo aliviaba en absoluto, era peligroso y pensaba que ellos iban a hacer cosas malas. En cierto modo, muchas respuestas se habían respondido en cuanto a por qué ellos pero eso no conseguía que cambiara el hecho de que iban a morir.

Soltadnos, no vamos a hacer nada, lo prometemos. – Clarington habló por primera vez y, sin querer, consiguió que sus dos amigos se asustaran. Si el más fuerte y seguro de ellos tenía miedo, es que la situación era peor de lo que pensaban.

Por hablar, tú serás el primero. – El hombre sacó una pistola de su bolsillo trasero y apuntó a Hunter. Un disparo y el joven cayó al suelo cubierto de sangre, haciendo que los dos gritaran y comenzaran a llorar. – ¿Cuál de vosotros será el siguiente?

Los dos estaban temblando y, en el fondo, Blaine deseaba ser el primero. Ya había visto morir a Hunter y no podría soportar ver a su mejor amigo morir. Sam lo miró y susurró su nombre antes de recibir un disparo. El moreno estaba seguro que su grito se había escuchado a gran distancia.

Blaine... Blaine...

– Blaine. – Sebastian movió a su compañero de habitación que abrió los ojos sobresaltado. – Tranquilo, sólo era una pesadilla.

– ¿Dónde...? – El moreno iba a preguntar dónde estaba porque todo era muy confuso pero poco a poco comprendió. Había tenido una pesadilla y estaba en su cama en Dalton. Su compañero de habitación lo había despertado y parecía preocupado. – Lo siento, he tenido una pesadilla.

– No te preocupes... Sólo quería despertarte porque parecías muy angustiado... ¿Quieres hablar? – El castaño ofreció.

– Ha sido horrible... – El recuerdo de sus dos amigos muertos consiguió que comenzara a llorar. El ojiverde lo abrazó y esperó a que se relajara.

El policía no entendía lo que estaba pasando, pero escuchar la pesadilla y ver a Anderson de esa manera estaba consiguiendo que su corazón se encogiera de manera doloroso. Cuando el otro se tranquilizó, rompió el abrazo para limpiar las lágrimas.

– Es muy doloroso por lo que estás pasando, es normal que tengas pesadillas. – Sebastian sonrió con tristeza al ver los rojos e hinchados del otro.

– Tengo tanto miedo... ¿Por qué nosotros? ¿Quién hace ésto? – Blaine hipó por culpa del llanto.

– ¿Vosotros no lo sabéis? – El castaño preguntó.

– No tenemos ni idea... La policía nos ha preguntado cientos de veces pero no sabemos nada... Ha llegado un punto en el que nos sentimos señalados... Somos como hermanos, ninguno haría nada para dañar a los demás y si supiéramos algo, se lo contaríamos para que atraparan al asesino... No sé quién es pero tengo miedo... Cada vez que quedamos todos y alguien se retrasa todos entramos en pánico, cada vez que el director nos pide que nos reunamos en su despacho... Las tres últimas veces nos ha llamado para saber cuál faltaba... Lo peor es que cuando sabes que uno de nosotros ha muerto, rezas para que no sea alguien cercano... Me dolería cualquier muerte, pero si Hunter o Sam fueran los asesinados... – El moreno rompió a llorar y el otro volvió a abrazarlo. Era algo desesperante para el ojiverde saber que no sabían quién era el asesino. Ver su miedo y su desesperación le hacía creer que lo que le había dicho era verdad.

– Ojalá pudiera hacer algo para ayudaros... – Smythe se sentía frustrado, era su trabajo y no lo estaban haciendo bien y por eso seguían muriendo chicos. Tenían que hacer algo cuanto antes, de lo contrario habría nuevas víctimas y nuevas lágrimas en esos hermosos ojos dorados.

– ¿Qué podrías hacer? Ni la policía ha encontrado pistas... Ni siquiera sabemos si es una persona o varias... Sólo... Ten cuidado, ¿vale? Ahora eres un Warbler y tu vida también está en peligro... – El ojimiel suplicó.

– Te prometo que tendré cuidado... ¿Quieres dormir solo o prefieres que me quede contigo hasta que te duermas? – Sebastian estaba intrigado.

– Me gustaría que te quedes un poco más, tengo miedo de que la pesadilla vuelva... – Anderson estaba avergonzado porque parecía un bebé.

– Está bien...

Blaine se tumbó de lado para dejar espacio al otro en la cama. El castaño se metió bajo las sábanas y lo rodeó con su brazo para que se sintiera más seguro. Cuando los dos estaban cómodos, el ojiverde besó la frente del otro para desearle dulces sueños. Él siguió despierto, dibujando patrones aleatorios en la espalda del otro, escuchando como su respiración se volvía más lenta y sus músculos se relajaban indicando que estaba dormido.

Smythe quería saber qué era lo que le pasaba, nunca se había sentido así. Tal vez era que desde hacía mucho tiempo evitaba amar y sentirse amado porque de esa manera sólo encontraba dolor. Suspiró al darse cuenta que tal vez era demasiado tarde y lo peor era que le estaba mintiendo. No sabía si entendería la situación o se enfadaría y la perspectiva de perder el cariño de Anderson dolía demasiado como para arriesgarse... Pero encontrar al asesino era más importante que esos sentimientos que estaba comenzando a tener y que probablemente acabarían creciendo si la misión no terminaba pronto.