N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar...


CAPÍTULO 10: LOS CELOS

– ¿Vas a volver a salir con la Princesa de Porcelana? – Sebastian preguntó al ver que su compañero llevaba ropa de calle y estaba intentando controlar sus rizos con una cantidad extra de gomina.

– Se llama Kurt y no es una cita. Sólo vamos a ir a cenar a Breadstix con sus amigas. – Blaine respondió con tranquilidad para volverse a mirarlo en vez de ver su reflejo en el espejo.

– No me gusta que salgas sin los chicos. – El castaño tenía miedo de que el asesino aprovechara que no había nadie alrededor para atacarlo.

– No te preocupes, no va a pasar nada. Luego te veo. – Anderson se despidió y salió de la habitación para ir a su coche para emprender el viaje a Lima.

El policía se levantó para coger el teléfono y llamar al agente Johanson. No iba a permitir que Blaine fuera solo a Lima sin ninguna vigilancia. Sabían que él era el siguiente en la lista y, aunque a él no se lo habían dicho para no asustarlo, no iban a permitir que un descuido y lo confiado que es consigan ponérselo fácil al asesino.

Poco después de terminar la llamada, alguien llamó a la puerta. Extrañado, abrió para encontrarse frente a Hunter y Sam.

– ¿A qué debo la visita? – Smythe preguntó mientras los dejaba pasar.

– Queríamos comprobar que estabas bien después de ver a Blaine salir a su cita. – El rubio comentó mientras se sentaba en la cama de su mejor amigo.

– No es una cita, van a cenar con unas amigas de él. – Sebastian explicó.

– Sabes que Kurt intenta ligar con él, ¿verdad? – El otro castaño cuestionó.

– Lo sé y no le culpo... Al igual que no culparía a Blaine si decide salir con él. No somos nada. – El mayor comentó sabiendo que era inútil seguir fingiendo.

– Deberías decirle lo que sientes por él. – Evans lo animó.

– No creo que sea buena idea... Él y yo... No funcionaría. – El policía se sentía muy incómodo hablando de ese tema.

– No lo sabrás si no lo intentas... – Clarington añadió desesperado, pero Smythe cambió de tema y no pudieron convencerlo de que intentara confesarle a Blaine lo que sentía.


Cuando Blaine llegó de su salida con Kurt y las chicas, se dirigió primero a ver a Hunter y Sam para que se quedaran tranquilos. Todos se habían mostrado preocupados porque saliera solo mientras el asesino andaba suelto pero él se oponía a vivir su vida con miedo.

– ¿Qué tal la cita? – El rubio preguntó antes siquiera de cerrar la puerta tras él.

– No era una cita... ¿Por qué creéis que era una cita? – El moreno se mostró atónito.

– Kurt parece muy interesado en ti. – El castaño aclaró.

– Para disgusto de cierto Warbler... – Evans añadió.

– Sebastian no siente nada por mí. – El ojimiel afirmó. Le sorprendía la insistencia de los otros.

– Si estás tan seguro de que no siente nada... ¿Por qué no haces algo para descubrir si siente algo por ti? No sé, que te vea desnudo o una postura algo comprometida. – Clarington propuso.

– Estáis locos. Me voy, se acerca el toque de queda. Os veo mañana en el desayuno.

Anderson se fue a su habitación y vio que Sebastian ya estaba en la cama. Decidió poner en práctica lo que Hunter le había dicho y se quitó el polo y los pantalones para quedar en ropa interior con la escusa de ponerse algo más cómodo para dormir. Sintió la mirada lasciva del otro seguir todos y cada uno de sus movimientos y al volverse vio que bajo las sábanas el bulto de su entrepierna había aumentado y tuvo que volverse para ocultar su sonrisa. Tal vez sus amigos tenían razón, sólo quedaba que él entendiera sus sentimientos y tomara una decisión.


Blaine sabía que tanto Kurt como Sebastian sentían algo por él. Cualquier otro chico en su lugar aumentaría su ego y coquetearía con los dos hasta que estuviera seguro con cuál quedarse. Sin embargo, él no pensaba tener un comportamiento más allá de una amistad con ninguno de los dos hasta no supiera con quién quería estar.

Salvo que tal vez sí sabía con cual de los dos quería tener una relación y sólo estaba asustado porque no era como él había imaginado a su primer amor. Siempre pensó en alguien que también tendría poca experiencia y que sería dulce, romántico... Smythe era todo lo contrario.

El día antes a los regionales fue con Hummel a tomar un café. Todos los Warblers se mostraron preocupados porque pensaban que podía ser una trampa para que al día siguiente no estuviera concentrado y así New Directions pudieran ganar la competición.

A pesar de todo, los dos chicos se encontraron en el Lima Bean para pasar tiempo a solas. Estuvieron un rato hablando y lo pasaron muy bien. Sin embargo, a la hora de despedirse, estando los dos en el aparcamiento para entrar en sus respectivos coches, el castaño se acercó y lo besó en los labios. Al principio Anderson no reaccionó porque era algo muy inesperado, pero cuando sintió que el otro intentaba profundizarlo se apartó.

– No sigas, por favor. – Blaine susurró.

– ¿Por qué no? A mí me estaba gustando el beso... – El ojiazul lo miró intrigado.

– A mí no... Kurt... Podemos ser amigos pero no siento nada más por ti, lo siento. – El moreno lo miró con seriedad.

– ¿Es por Sebastian? – Hummel cuestionó.

– Sí, es por él... Nos vemos.

El ojimiel no esperó a obtener respuesta, simplemente entró en su coche y salió de allí. No podía creer que acabara de tener su primer beso y hubiera sido de esa manera.

Al llegar a Dalton, corrió hacia su habitación y vio a Sebastian que estaba sentado en el escritorio haciendo los deberes. El castaño, al escuchar la puerta, se volvió y pronto notó que algo malo había pasado.

– ¿Estás bien? – El ojiverde se levantó y guió al otro hasta su cama, donde los dos se sentaron con sus espaldas apoyadas en el cabecero.

– Me ha besado. – Las palabras de Blaine apenas fueron un susurro pero el policía las entendió perfectamente. Le dolieron tanto y sintió tantos celos que tuvo que esforzarse por no perder la compostura y hacer algo que realmente complicara la situación.

– Sólo es un beso, no tienes que ponerte así. – Smythe intentó quitarle importancia a la situación.

– Ha sido mi primer beso. – El moreno confesó. – Y no ha sido como yo esperaba.

– Entiendo lo que sientes. Ni mi primer beso ni primera vez fueron como había imaginado pero... ¿Sabes qué? Al final lo que importan son los besos reales, los que le das a alguien que realmente te importa. Lo demás queda en el recuerdo como una anécdota más en tu vida que tal vez cuentes cuando te pregunten pero nada más. Lo más probable es que con el tiempo olvides hasta su nombre y te cueste recordar su cara. – A pesar de que intentaba resistirse, verlo tan afectado estaba rompiendo el corazón de Sebastian, por lo que decidió abrazar al chico que le había robado el corazón con la esperanza de aliviar su dolor.

– Lo dices como si tú hubieras olvidado a quién te dio tu primer beso. – El ojimiel comentó.

– Han pasado unos años y sí, lo he olvidado. ¿Quieres que probemos algo? Tal vez puedas olvidar tú lo que ha pasado. – El castaño levantó la barbilla del otro para que lo mirara. Durante unos segundos, los ojos color avellana y los verdes se miraron. Muy despacio, dándole tiempo a Anderson para separarse si no quería, se fue acercando y acabó juntando sus labios con los del otro.

Blaine movía sus labios al ritmo que el otro marcaba, se dejaba llevar por todo lo que sentía. No era sólo sus bocas, su estómago estaba lleno de mariposas, su piel sentía escalofríos, su miembro empezaba a despertar...

– Éste debería haber sido mi primer beso. – El moreno susurró cuando se separaron, causando que Sebastian riera.

– Bueno, podemos repetir cuando quieras. – El castaño sugirió.

– No estoy seguro de querer que seamos novios...

– No tenemos que serlo si no quieres, pero eso no impide que nos besemos. – El policía volvió a juntar sus labios.

Estuvieron un rato así hasta que Hunter llamó a la puerta, preocupado porque no sabía si Anderson había vuelto pero pronto notó que había interrumpido a los chicos y decidió marcharse. No podía negar que le gustaba lo que había visto, tal vez así Blaine estaría más relajado y feliz.