N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar. La semana que viene no voy a poder actualizar porque estaré fuera unos días. No voy a abandonar la historia, dentro de dos semanas volveréis a leerme...
CAPÍTULO 12: LA GRAN DISCUSIÓN
Blaine sabía que estaba tumbado en una cama pero el dolor de cabeza le impedía abrir los ojos. Se preguntaba qué era el peso que notaba en su costado. Intentó recordar lo que había pasado la noche anterior y, después de mucho esfuerzo, a su mente vino la victoria de los Regionales y la posterior fiesta, pero no recordaba cuándo y dónde había dormido.
No podía moverse, no sabía si por lo que lo sujetaba, por el dolor de cabeza o el cansancio. Esperó unos segundos y se dio cuenta de que no sólo había algo en su costado. Toda su espalda estaba tocando algo, o mejor dicho, a alguien. Empezó a ponerse nervioso porque eso no solía ser buena señal.
Intentó moverse pero lo único que consiguió era que el peso que tenía en el costado (el brazo de esa persona) lo sujetara con más fuerza y lo apretara contra el pecho del desconocido. Notaba que, quien fuera, tenía la habitual excitación matutina, ya que un miembro duro se presionaba sobre su trasero. Notaba que, quien fuera, se mostraba muy protector con él y le transmitía cariño y seguridad.
Suspiró pensando que era Sam, su fiel amigo, que se había dado cuenta de que había bebido y lo había cuidado. Siempre atento para darle todo el cariño que su familia le había negado. Sin embargo, cuando esa persona habló se dio cuenta de que no era su mejor amigo.
– Descansa, todavía es pronto. – Una voz ronca susurró en su oído y él se sobresaltó.
Anderson se incorporó tan rápido que pensó que su cabeza iba a estallar. Esperó a que los puntos negros que nublaban su vista desaparecieran y se volvió. Tumbado en la cama, Sebastian lo miraba algo preocupado y Blaine entró en pánico. Ese estado empeoró cuando los ojos color miel se apartaron de Smythe y miraron su torso desnudo. Casi rezaba cuando levantó la sábana que lo cubría, deseando llevar algo de ropa pero, para su desgracia, estaba completamente desnudo.
Sebastian se levantó, se puso los calzoncillos y los pantalones y salió de la habitación sin decir nada. Blaine se sujetó la cabeza, por el dolor y la desesperación, y permaneció así hasta que escuchó que alguien abría la puerta.
– Te traigo agua y una pastilla para el dolor de cabeza. Cuando te la hayas tomado, túmbate y espera a que haga efecto. Hablaremos cuando te encuentres mejor. – El castaño dijo en voz baja, intentando no empeorar el dolor de cabeza de su amigo.
Anderson asintió pero pronto se arrepintió porque sentía como si varias taladradoras estuvieran trabajando dentro de su cabeza. Se tomó la pastilla y bebió todo el vaso de agua, de repente se dio cuenta de la sed que tenía. Después de eso, se acomodó en la cama y cerró los ojos, quedándose dormido a tal velocidad que no le habría dado tiempo a decir "fiesta".
Cuando Blaine volvió a despertar, se encontraba mucho mejor que la vez anterior. Seguía sin recordar lo que había hecho la noche anterior pero sí recordaba como se había despertado horas antes. Se levantó despacio y se vistió, consciente de que había llegado el momento de enterarse qué había pasado esa noche.
Bajó las escaleras y siguió el olor de café hasta la cocina. Hunter y Sam estaban ahí sentados. Parecían más despiertos que él pero tampoco se habían librado de la resaca. En cuanto vieron a su amigo, le preguntaron cómo se encontraba.
– Me siento como si fuera un zombie. – El moreno se sentó y el castaño le puso una taza con café frente a él.
– Bebe, te sentará bien.
– ¿Dónde están los demás? – El ojimiel se interesó.
– Han salido a tumbarse en el jardín a tomar el sol, todos estamos con diferentes grados de resaca. – El rubio informó antes de darle un trago a su café.
– ¿Recordáis qué pasó anoche? – Anderson frunció el ceño.
– Bebimos mucho, bailamos, bebimos mucho, cantamos, bebimos mucho. – Evans resumió la noche.
– Bueno, tú y Sebastian también tuvisteis una sesión muy caliente de besos. Os mandé a mi habitación para que tuvierais un poco de intimidad. – Clarington añadió y consiguió que su amigo gruñera. – ¿Qué?
– Me he despertado hace horas y tanto Sebastian como yo estábamos desnudos. No puedo creer que haya perdido la virginidad de esta manera. – Blaine se cubrió la cara con las manos, había cometido un gran error.
– No has perdido la virginidad. – Smythe entró y se acercó a la encimera para servir más café en su taza. Se volvió para mirar a Sam y Hunter. – ¿Podéis dejarnos un rato a solas?
Los dos asintieron antes de salir, sabían que los chicos necesitaban hablar de lo que fuera que había pasado esa noche.
– ¿Estás seguro de que no he perdido mi virginidad? – El moreno lo miró desesperado.
– Ayer los dos habíamos bebido bastante, por lo que comenzamos a besarnos y nos dejamos llevar. Cuando subimos a la habitación de Hunter, nos desnudamos. Debo decir que me sorprendió que llevaras la iniciativa de esa manera. Acabaste masturbándome y yo te hice una mamada. No pasó nada más...
– Y ahora no lo recuerdo... ¿Cómo pudiste dejarme llegar tan lejos sabiendo que estaba borracho? – Los ojos color miel se clavaron en los verdes, esperando obtener así una respuesta sincera.
– Yo también había bebido. – El castaño levantó las manos mostrando inocencia, con cuidado para no tirar el café de la taza que tenía en la mano.
– Obviamente no tanto como yo.
– Blaine... Que no estuviera tan borracho para no acordarme de lo que pasó no significa que tuviera la mente clara. Si no hubiera bebido, no habría permitido que nada así pasara. Recuerda que yo estuve ahí cuando Kurt te besó sin que tú quisieras que lo hiciera. Sé lo que te afectan estas cosas y no querría hacerte daño. – El policía intentó estar calmado. Lo último que necesitaba era que él mostrara que estaba molesto o enfadado.
– Creo... Creo que lo mejor será que nos distanciemos un poco, antes de hacer algo aun peor. – Anderson propuso y salió de la cocina. Buscó al resto de Warblers y les dijo que se iba porque tenía algo que hacer. En ese momento necesitaba estar solo porque tenía demasiadas cosas en la cabeza y sentía que iba a explotar.
Cuando Sebastian volvió al jardín de Hunter, todos los Warblers se acercaron y comenzaron a interrogarlo sobre lo sucedido. Él decidió no contarles nada porque no era a él a quién le correspondía, pero sabía que tarde o temprano se enterarían.
A pesar de no haber dicho mucho, enseguida notó que los demás se distanciaban de él. Después de 30 minutos, ya no se sentía tan integrado en el grupo y Hunter y Sam apenas hablaban con él. Debía reconocer que Blaine tenía amigos muy fieles y eso era bueno. Recordar lo que le había contado de su padre y su hermano dolía demasiado. Pero estaba feliz porque, al final, tenía una familia aunque a ella no le unieran lazos de sangre.
