N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar...
CAPÍTULO 15: EL FINAL DE LA PESADILLA
Sebastian y James estaban tan concentrados forcejeando que no se dieron cuenta de que las sirenas habían cesado, por lo que la policía debía haber llegado al lugar. El castaño se esforzaba para que en ningún momento la pistola lo apuntase a él porque sabía que el otro podría apretar el gatillo y acabar con él. Eso no era lo peor, sabía que si lo mataba, nada le impedía terminar con la vida de Blaine.
En un momento del forcejeo, la pistola se disparó y se escuchó un grito. Todos se quedaron inmóviles durante un segundo, temerosos de haber sido ellos quienes habían recibido el disparo. A partir de ese momento, todo pareció ir a cámara lenta.
Sebastian aprovechó la confusión para tirar la pistola al suelo y atar a James. Se volvió a toda prisa y corrió junto a Blaine, que todavía estaba atado. Soltó las cuerdas y lo abrazó con fuerza para tumbarlo con suavidad. El castaño se quitó la Blazer y con ella tapó la herida que el moreno tenía en el costado.
– Seb... – La voz del más joven sonaba débil.
– No hables, la ayuda está en camino. – El policía intentó tranquilizarlo.
– Debí dejarme llevar por lo que sentía mientras pude... – Anderson se quejó, se arrepentía tanto de no haber dado una oportunidad a lo que sentía.
– Yo no te habría dejado...
En ese momento, las puertas se abrieron y los agentes entraron con las pistolas en alto. Johanson se acercó a los dos chicos mientras sus compañeros procedían a detener a James.
– En cuanto hemos escuchado el disparo hemos llamado a una ambulancia. Está en camino. ¿Qué ha pasado?
Smythe comenzó a contarle lo que había pasado. Notaba la penetrante mirada de Blaine, que parecía confuso y algo desorientado. Aun no había acabado su relato cuando los médicos entraron al lugar y comenzaron a trabajar con el herido.
Sebastian se sentía muy raro. Él jamás había comprado flores, él jamás había sentido eso por un chico. Sin embargo, ahí estaba él, en la puerta de la habitación 312, con el ramo de rosas blancas más hermosas que había en la tienda. Nunca le había interesado el significado de las flores, pero tenía que elegir las perfectas. Según la dependienta, significan pureza e inocencia, un amor puro, feliz y eterno y, además, regaladas a un enfermo, que estás pendiente de él. Parecía el mensaje perfecto para lo que sentía en ese momento. Blaine era puro e inocente, lo que sentía por él era tan intenso que estaba seguro que sería para siempre y mientras esté herido, estará pendiente de él.
Suspiró para intentar reunir el valor para entrar. Había decidido no poner más límites a su relación con el moreno. Iba a explicarle todo y, una vez pudiera decir que era sincero con el hombre que amaba, dejaría que fuera él quien decidiera si intentaban tener una relación o no.
Sabía que no sería fácil, su profesión era muy compleja, con unos horarios muy raros, estresante y que mantenía a cualquier pareja preocupada por los riesgos que corrían mientras estaban de servicio. Gran parte de la culpa de que no se hubiera lanzado antes era que quería que Anderson tuviera toda la información antes de decidir si quería estar con él o no.
Finalmente entró y se encontró con Blaine, que estaba despierto y leyendo un libro. Los ojos color avellana se fijaron en el recién llegado y una inmensa sonrisa se dibujó en sus labios. El moreno buscó su marcapáginas y dejó el libro sobre la mesita que había a su lado.
Estaba un poco pálido y parecía algo débil, pero esas eran las únicas marcas visibles de lo que había pasado. No era una imagen impactante, sólo tenía una vía en su brazo izquierdo para suministrarle la medicación que evitase el dolor y posibles infecciones. La herida de bala no era visible puesto que la cubrían gasas y el pijama de hospital. Eran conscientes de que había tenido mucha suerte porque no había afectado a ningún órgano y había sido una herida limpia y que la bala había entrado y salido por sí sola de su cuerpo, sin necesidad de cirugía, lo que había facilitado las cosas.
– Hola. – Sebastian estaba sin palabras. Estaba tan nervioso que sentía la boca seca y sus piernas temblaban. Se había enfrentado a muchos delincuentes durante los últimos meses pero ninguno le daba tanto miedo como el rechazo del chico que tenía frente a él en ese momento.
– Hola... – Blaine notaba lo nervioso que estaba el otro por lo que decidió aligerar el ambiente. – ¿Sabes? No muerdo... Bueno, si no quieres...
Los ojos verdes reflejaron sorpresa porque jamás pensó que el otro sería capaz de insinuar algo así y no tardó mucho en notar que las mejillas del moreno se habían teñido de rosa. Le encantaba la timidez e inocencia del otro.
Se acercó lentamente, dejó las flores en el jarrón que había, ganándose una sonrisa del otro, y se sentó en la cama, junto a él. Agarró con suavidad la mano derecha para no mover la vía y comenzó a contarle toda la verdad que había tenido que ocultar durante esos meses. Le confesó su edad, su profesión y el motivo por el que se había acercado a él. Le explicó todo el proceso que habían hecho para buscar al asesino, que sabían que él era el siguiente y que lo estaba vigilando para que no le pasara nada.
– Siento haber llegado tarde. – El castaño se disculpó. – Y también siento haberte mentido.
– No tienes que disculparte, lo entiendo. – El ojimiel acarició el dorso de su mano. – ¿Puedo hacerte una pregunta?
– Puedes hacer todas las preguntas que quieras. – El policía estaba dispuesto a contarle todo lo que quisiera saber.
– ¿Los sentimientos que mostrabas hacia mí son reales o parte de la misión? – El Warbler lo miró a los ojos, esperando obtener la respuesta más sincera que pudiera darle el otro.
– Yo nunca me había enamorado... Hasta que te conocí. Me ha costado mucho entender lo que siento y aceptarlo. Me habría lanzado a tu conquista si no quisiera que lo nuestro durara, pero decidí esperar. Quería que supieras todo antes de aceptar salir conmigo, mi situación es compleja, hay una diferencia de edad, tú tendrás tus propios sueños... – Smythe se levantó y se alejó un poco, dándole la espalda para ocultar lo que estaba sintiendo. Temía tanto perder a la única persona que había amado.
– Comprendo la situación y... Tres años no son mucho... Me gustaría que intentáramos estar juntos... Disfrutemos del momento y veremos qué ocurre en el futuro... ¿Te parece bien? – Anderson propuso con una sonrisa.
– ¿Estás seguro? – El mayor cuestionó intrigado.
– Sí, pero quiero dejar algo claro. Quiero conocer al verdadero Sebastian, no al que crees que quiero conocer o al que crees que me enamoraría.
El castaño se acercó y besó a Blaine todo lo dulce y suavemente que pudo para confirmarle que haría lo que quisiera. El moreno correspondió rápidamente al beso, encantado de al fin tener todo claro y estar dispuesto a arriesgarse. Eran conscientes de que no podían intensificar mucho el beso porque estaban en un hospital, pero no tenían prisa. Pronto el ojimiel recibiría el alta y podrían disfrutar de su compañía... Al menos, mientras Anderson no tuviera que ir a Dalton, podría visitar a Smythe en su casa.
