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CAPÍTULO 19: AMOR ADOLESCENTE

Cooper debía reconocer que al principio no le gustaba Sebastian para Blaine. La vida de policía no era muy buena, siempre en peligro y con la duda de si volvería a casa. Además, había una diferencia de edad que, aunque no pareciera mucho, a esa edad sí se notaba.

Sin embargo, ver lo feliz que era su hermanito, a pesar de todo lo que había pasado, hacía que sus reticencias desapareciera y simplemente deseara que las cosas no se complicaran para ambos. Le gustaba la sonrisa que el más joven lucía en ese momento.

Los tres estaban volviendo a su hotel. El resto de Warblers ya habían regresado a Ohio pero ellos habían decidido pasar el fin de semana en Chicago. La mano de Smythe no había abandonado la espalda de su novio en ningún momento, intentando mantenerlo cerca y seguro constantemente.

– ¿Cómo vamos a distribuirnos en las habitaciones? – Cooper preguntó. Sabía de sobra como iban a dormir, pero no iba a ponérselo tan fácil a la pareja. A falta de unos padres que "controlaran" a esos dos, él debía ser el que se asegurara de que no se precipitaban.

– ¿En serio preguntas eso? – Sebastian lo miró extrañado.

– Sólo quiero asegurarme de que la Ardillita no hace algo para lo que no esté preparado. – El mayor se encogió de hombros.

– ¡No me llames Ardillita! No tengo dos años... Y si Sebastian hubiera querido obligarme a hacer algo, lo habría hecho durante los meses que compartimos habitación en Dalton. – Blaine se mostró molesto. Su novio lo miró sabiendo que eso no era del todo cierto, que habían pasado cosas entre ellos para las que el chico no había estado preparado... Pero tampoco iba a contárselo al actor. Entraron en el ascensor y pulsaron el botón de la tercera planta.

– Si te vas a sentir mejor, te prometo que trataré a Blaine como se merece. – El policía sonrió tranquilo mientras intentaba apaciguar el enfado de su pareja con pequeñas caricias en su espalda.

– Y según tú... ¿Cómo se merece Blaine ser tratado? – El ojiazul cuestionó.

– Con amor, delicadeza y dulzura. Sin obligarlo a hacer nada que no quiera y satisfaciendo sus deseos. – Smythe confesó tranquilo, ganándose un beso de su novio.

– ¡Ag! A veces sois un poco empalagosos... Nos vemos mañana. – Cooper salió a toda velocidad del ascensor para ir a su habitación, sin siquiera esperar a los otros.

La pareja caminó hacia su habitación y entraron sin decir ninguna palabra. Sin embargo, el silencio no era incómodo. Blaine llevaba días pensando en todo lo que Sebastian había hecho por él, en todo lo que había pasado y en lo que sabía que ambos sentían. Se había dado cuenta de una cosa, quería todo con su amado y no iba a reprimirse.

El castaño se sorprendió cuando sintió los labios del moreno sobre los suyos, besándolo con pasión y fuerza. Acabó retrocediendo por la fuerza del más bajo, hasta el punto de que su pie tocó la puerta y él se vio atrapado entre ella y su pareja.

Los labios del más joven abandonaron los labios de su amado y bajaron por el cuello, arrancando un leve gemido del otro.

– B... Amor... Deberías aflojar un poco... – El ojiverde susurró, no quería que el otro parara lo que estaba haciendo pero no quería que luego se arrepintiese si ocurría algo.

– No quiero aflojar... – El Warbler respondió con seguridad mientras comenzaba a desabrochar los botones de la camisa que llevaba el otro.

– Blaine... – El policía susurró, agarrando con suavidad las muñecas de su novio para evitar que siguiera desnudándolo.

– Estoy preparado. Quiero que esta noche tú y yo... – Las mejillas de Anderson se tiñeron de rojo.

– ¿Estás seguro? – Smythe preguntó intentando que no se notara el ansia y el deseo que sentía.

– Muy seguro.

Sebastian soltó las muñecas de su amado pero agarró sus manos para llevarlo hasta la cama y que los dos pudieran sentarse. Lo besó con mucha dulzura mientras movía su cuerpo para obligarlo a tumbarse. Se colocó sobre él, con sus piernas entre las de ese joven que tanto amaba.

– ¿Sabes que no hemos traído nada? – El castaño susurró en el oído del otro.

– Yo he traído lubricante... Sé que te has hecho análisis y estás limpio y yo soy virgen así que no... – Blaine se sonrojó. Notó que el otro fruncía el ceño y se levantaba. Él lo imitó.

– ¿Cómo sabes que me he hecho análisis?

– Los vi cuando fui a verte hace unos días. Estaban en la cocina y me fijé en ellos mientras preparaba las palomitas para nuestra noche de películas. – El moreno confesó.

– No me los hice para que tuviéramos sexo ya... Yo... Quería asegurarme que estoy sano para que, si en algún momento querías... – El ojiverde no tendía por qué le estaba costando tanto explicarse.

– Lo sé y te lo agradezco pero... Quiero hacerlo... Te amo... – El Warbler sonrió y volvió a besarlo, esa vez de forma muy dulce.

– Yo también te amo.

Los dos volvieron a tumbarse y, entre besos, retiraron la ropa del otro, de manera tan lenta que casi era una tortura. Se estaban tomando su tiempo, no tenían prisa. Lo que más les importaba en ese momento era demostrar que no sólo era sexo, que iban a hacer el amor.

Sebastian notaba que el otro estaba nervioso y empezó a preocuparse. Decidió besarlo en los labios mientras acariciaba su costado antes de hacerle la pregunta.

– ¿Quieres parar?

– No. – Blaine respondió muy rápido, ganándose una mirada del otro con una de sus cejas levantadas. – Estoy nervioso pero quiero hacerlo, de verdad.

– Puedes pararme si lo necesitas. – El castaño propuso y se incorporó. El moreno iba a protestar pero el otro se le adelantó. – ¿Dónde has dejado el lubricante? No quiero hacerte daño.

Después de coger el lubricante, el ojiverde se tumbó junto a su amado y comenzó con la tarea de prepararlo. Empezó con un dedo bien lubricado y poco a poco fue aumentando hasta que, con tres dedos en la entrada del más joven, éste estaba suplicando para que acelerara.

El Warbler protestó cuando los dedos salieron de su entrada, dejando una sensación de vacío que no le gustaba. Sin embargo, esa sensación sólo duró hasta que el policía comenzó a introducir su miembro en él. El dolor era intenso pero podía aguantarlo, aunque su cuerpo se tensó completamente.

– Mi amor, relájate o te haré daño. – Smythe susurró con cariño y cuando ya estaba completamente dentro de él, esperó unos segundos. Anderson asintió y se concentró en acompasar su respiración con la de su amante.

Cuando Sebastian notó que el otro estaba más relajado, agarró las piernas del otro para elevarlas y así tener un mejor ángulo antes de comenzar a moverse. Las primeras embestidas fueron suaves, buscando que el otro se acostumbrara, pero pronto comenzó a aumentar el ritmo.

Al principio, Blaine se sentía incómodo, pero sabía que era normal. Poco a poco se fue sintiendo mejor e incluso empezó a sentir algo de placer hasta que... ¡Ah! El castaño había encontrado ese dulce punto que hacía que el otro sintiera que iba a estallar de placer. Gimió sin reprimirse, sin importarle si algún otro huésped del hotel, incluido su hermano, lo escuchaba.

Sabiendo que su amante estaba sintiéndose más cómodo, el ojiverde decidió acelerar el ritmo y masturbar a su novio con la misma velocidad para acelerar e intensificar su orgasmo, puesto que él sabía que acabaría antes que el otro si no hacía algo.

El primero en llegar al orgasmo fue el Warbler, seguido muy de cerca por el policía. Compartieron unos besos algo perezosos antes de acomodarse para dormir, abrazados, con el hombro de Smythe como almohada de Anderson.