N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Perdón, me equivoqué al subirlo... Ahora sí...


CAPÍTULO 23: NOTICIAS

Sam sacó el móvil e intentó llamar a Smythe una vez más, pero seguía sin contestar. Esperaban que fuera sólo porque estaba muy ocupado, no porque lo habrían llevado hasta allí en una ambulancia.

– Ese es un compañero de Seb. – Blaine señaló a un agente que estaba ahí.

– ¿Estás seguro? – Hunter preguntó.

– Sí, lo vi con él una vez. – El moreno asintió.

– Vamos a preguntarle si sabe algo. – El rubio propuso algo nervioso. Los tres se acercaron al policía y éste reconoció al ojimiel.

– ¿Eres Blaine? ¿El novio de Sebastian? – El agente quiso saber.

– Sí... ¿Sabes algo de él? Estamos llamándolo y no contesta... – Anderson comenzó a sollozar y Evans lo agarró con fuerza.

– Está en quirófano. Ha resultado herido en la explosión y lo han traído aquí. Me han dicho que me avisarán cuando sepan algo. Podemos esperar juntos si quieres. – El hombre propuso.

– Sí, por favor.

– Todo estará bien, ya lo verás. – Hunter intentó animarlo y los cuatro se sentaron en la sala de espera.

Después de dos horas, una doctora llegó preguntando por ellos y la acompañaron a un despacho. La mujer señaló dos sillas que había frente a su escritorio antes de sentarse en la suya. Sam dirigió a Blaine a una y lo ayudó a sentarse, sabiendo que su amigo estaba aturdido y preocupado.

Hunter asintió para que Evans se sentara en la otra silla y, cuando lo hizo, él se puso detrás de Anderson y apoyó sus manos en los hombros de su amigo.

– Lo primero que quiero decir es que debéis tranquilizaros un poco, la vida del señor Smythe no corre peligro. – Esa frase consiguió que Blaine soltara el aire que estaba reteniendo y sintió a sus amigos relajándose. Eran unas grandes noticias, no tenían que preocuparse de si Sebastian sobreviviría. – Sin embargo, la explosión le ha dañado la pierna derecha. Hemos hecho lo que hemos podido para reconstruirla pero sabemos que no va a quedar bien. Intentaremos una segunda y tercera operación para que las secuelas sean las mínimas pero no volverá a caminar con normalidad.

– ¿Podrá caminar? – El moreno preguntó conmocionado.

– Sí, no quise asustaros. Con rehabilitación podrá apoyar la pierna y caminar, aunque se notará una cojera y probablemente necesite ayuda de un bastón, pero fuera de eso podrá llevar una vida casi normal. Evidentemente no podrá ser policía pero dada su cercanía a la zona de la explosión y que le cayó encima un bloque de hormigón de una pared, es lo menos grave que podría pasar.

– ¿Alguna secuela más? – Hunter preguntó mientras apretaba con más fuerza los hombros de su amigo para que supiera que no estaba solo en eso.

– No... Tiene algunas heridas y quemaduras leves pero creemos que desaparecerán con el tiempo. Está consciente y podéis ir a verlo cuando queráis, habitación 305.


Blaine se soltó del agarre de Sam nada más entrar en la habitación para avanzar deprisa hasta la cama donde descansaba Sebastian. El castaño debió notar la cara de su novio porque fue rápido a la hora de acomodarse y agarrarle la mano.

– Estoy bien... No te preocupes. – El policía apretó con dulzura la mano de su pareja.

– Estaba tan preocupado... – El moreno dejó salir una de las lágrimas que había estado conteniendo.

– Lo sé... Lo siento... – Smythe se incorporó un poco más y Hunter corrió para coger el mando y levantar la parte de arriba de la cama para que estuviera sentado. Una mirada de Sebastian le bastó para saber que se lo agradecía.

– Os dejamos solos, ahora estamos más tranquilos que vemos que estás bien. – Clarington se despidió y Evans lo siguió. La pareja se quedó a solas en la habitación.

– Ven aquí. – El castaño intentó mantener la calma mientras hacía hueco para que su novio se sentara a su lado, de manera que se miraban de frente. – No pienses más en lo que ha pasado, me voy a recuperar.

– ¿Los médicos han hablado contigo? – Anderson lo miró preocupado.

– Sí, me lo han dicho... Pero estoy vivo y... Hubo unos momentos en los que pensé que no volvería a verte... Así que, estar aquí, contigo, acariciándote... – El policía cerró los ojos y suspiró. – Es más de lo que imaginé.

Smythe sintió los labios de su amado sobre los suyos y se dejó llevar por ese sentimiento. Sabía que no hacía bien en mentirle a Blaine, pero no quería que sufriera más. Era cierto que estaba feliz por estar vivo, pero sabía que había perdido mucho más que la movilidad total de la pierna.

Después de años deseando ser policía, el distanciamiento de su padre por no seguir sus pasos y ser abogado, de todo el esfuerzo, de todas las noches de guardia para conseguir el traslado... Todo quedaba en nada porque un loco había estallado una bomba cuando él estaba demasiado cerca.


– Blaine, deberías ir a casa a descansar. Puedo quedarme yo esta noche si no quieres que se quede solo. Tú llevas aquí ya muchas horas. – Sam comentó mientras se acercó a él. Había hablado bajo porque creía que Sebastian estaba dormido. La realidad era que fingía porque quería que el moreno se fuera a descansar un poco.

– ¿Y si despierta y necesita algo? – El ojimiel quiso saber.

– Yo estaré aquí. Por favor, Blaine. No le haces ningún favor si enfermas, tienes que cuidarte también. – El rubio insistió.

– ¿Me llamarás si ocurre algo? – Anderson le preguntó mientras se levantaba.

– Por supuesto... Te prohíbo que vengas antes de las ocho de la mañana, yo me encargaré de todo hasta esa hora. – Evans advirtió.

– Gracias. – Blaine besó la mejilla de su amigo y la frente de su amado antes de salir.

Sam se sentó y se dispuso a abrir el libro de arte que había llevado con él cuando vio que Sebastian estaba despierto.

– ¿Te hemos molestado? – El rubio preguntó arrepentido.

– No... Quería que Blaine pensara que estaba dormido para que se fuera a descansar. – El castaño informó. – La verdad es que me duele tanto la pierna que no creo que pueda dormir.

– ¿Aviso a una enfermera? – El más joven ofreció.

– No pueden ponerme más medicación, ya he recibido la dosis máxima. Tendré que aguantar. – El herido se intentó acomodar.

– ¿Estás realmente bien o te has esforzado en aparentarlo por Blaine? – Evans quiso saber.

– No estoy bien pero Blaine estaba tan asustado que no me he atrevido a decírselo. – Smythe suspiró cansado.

– Tienes que decírselo o no se perdonará no haberte ayudado cuando lo has necesitado. Lo ha pasado mal porque pensaba que te había perdido pero ahora que estás bien, él puede ser fuerte por los dos. No cometas el error de creer que es débil, no quiero que después de todo acabéis distanciados por una tontería. – Sam suspiró algo incómodo.

– Tal vez sea lo mejor, él puede encontrar a alguien que... – Sebastian comenzó a decir pero el otro no le dejó.

– ¡No! Blaine te ama a ti y eres lo que él necesita, incluso aunque te hubieras quedado en una silla de ruedas, incluso aunque no puedas trabajar y no tengas dinero. Blaine te ama por cómo eres y eso no va a cambiar porque tengas que usar un bastón o no puedas ser policía. Y si no te das cuenta de eso, tal vez no eres la persona que nosotros creíamos por lo que sí, tal vez sea mejor que lo dejes ahora y te olvides de él para siempre. Hunter, Cooper, Thad y yo estaremos ahí para recoger los pedazos rotos y ayudarlo a salir adelante, de eso puedes estar seguro. – El rubio volvió a coger su libro de arte y lo puso de manera que su cara quedara oculta tras él. No quería seguir hablando porque confiaba en que el otro recapacitara. No quería que Smythe rompiera con Anderson pero no iba a permitir que dudara de su amor o de que él lucharía por los dos. Si el otro no lo valoraba, había muchos chicos en Los Angeles que seguro lo hacían.