Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.
Haunted
Por: Hoshi no Negai
6. Secretos, mentiras y verdades
Rin se encontró mirando impaciente el reloj sobre el pizarrón. La profesora de química les daba su lección escribiendo fórmulas y ejercicios como ejemplos, y ella lo copiaba todo sin prestarle demasiada atención. En cualquier circunstancia creería que era algo de qué preocuparse, pero era química orgánica, y eso era el doble de fácil que los demás temas para esa materia.
Era la última hora que debía ver aquel día, y después de cumplir su turno en las labores de limpieza del aula, podría regresar a casa en su nueva bicicleta, un regalo de sus padres por su último cumpleaños y con el cual seguía encantada como si fuera el primer día.
―Asegúrense de anotar bien esta fórmula porque puede que aparezca en el examen del martes. ¿Alguna pregunta, clase? ―cuestionó la maestra cuando cerraba su libro y se disponía a recoger sus pertenencias al igual que los alumnos. La campana estaba a punto de sonar.
―Sí. ¿Ese 'puede que aparezca' es un 'va a aparecer de seguro' o un 'estoy jugando con sus corazones porque me gusta hacerlos sufrir y estudiar como locos'?
Una risa baja recorrió la clase mientras Issei miraba muy seriamente a la profesora, que intentaba conseguir paciencia para lidiar con él.
―Es algo que tendrás que averiguar el día del examen, Katsura. Así que no seas desprevenido y asegúrate de aprenderla ―sentenció enigmáticamente justo antes de que el timbre sonara estridentemente.
La clase se puso de pie casi al unísono, y la antes tranquila aula se llenó con el chirrido de las sillas arrastrándose, libros llenando mochilas y conversaciones animadas. Cómo se notaba que empezaba el fin de semana. Rin acabó de anotar el último ejercicio en su cuaderno, prometiéndose mentalmente repasarlo y hacer unos cuantos más del libro de actividades durante la noche. Que la química orgánica fuera fácil no significaba que podía pasar el examen sin estudiar lo suficiente.
―Otro examen el martes, qué fastidio. Tenemos uno de literatura el mismo día ―gruñó Issei desde su asiento. No le hablaba a nadie en particular, pero como Rin era la que estaba más cerca y seguía sentada, imaginó que era con ella.
―No te olvides del de inglés del lunes, el de funciones para el miércoles y el viernes debemos entregar el informe de laboratorio de biología terminado ―dijo mientras guardaba los materiales en su morral. Issei volvió a refunfuñar.
―Eres una agenda humana, Rin ―la muchacha se encogió de hombros sin darle mucha importancia―. ¿Hoy te toca hacer la limpieza*, verdad?
―Ajá.
―¿Quieres ir al karaoke cuando termines? Los chicos y yo iremos con unas chicas muy lindas del salón de al lado ―alzó las cejas en un pobre gesto seductor.
―Gracias, pero verlos ligar es algo penoso, voy a tener que pasar.
Issei resopló y se sentó mejor en la silla cruzando los brazos.
―¿Qué, en serio? Hiciste lo mismo el otro día que te invitamos a una partida de Mario Kart.
―Ese día tenía que limpiar la jaula de los conejos, te lo dije ―señaló ella. Se había apuntado al voluntariado que cuidaba las mascotas y las áreas verdes por créditos extra, así que era común verla regando las plantas o cuidando a los conejos.
―Ya, ¿pero cuánto tardas en limpiar esas jaulas? No tanto, y menos si tienes compañeros que te ayuden. Y no sólo eso. Fuimos a casa de Haruka a ver películas la semana pasada y tampoco quisiste venir. Ni quisiste ir a la ciudad la semana anterior tampoco.
La muchacha se puso en pie dejando su mochila sobre el pupitre. El salón estaba más vacío, y el otro par de estudiantes a los que les tocaba el aseo habían sacado escobas y plumeros del armario de servicio. Issei fruncía sus facciones con evidente fastidio.
―¿Qué insinúas, Issei? ¿Adónde quieres llegar con esto?
El chico la miró un instante sin saber qué responder. Incluso abrió la boca con total inercia, pero la cerró al voltear la cara. Se puso de pie mientras se acomodaba las gafas sobre el puente de la nariz y la miró con una expresión muy seria que Rin apenas había visto en contadas ocasiones.
―¿Te hice algo malo?
―¿Perdón?
―Que si te hice algo malo ―repitió. Estaba cabreado, eso era seguro―. Siempre pones una excusa para evitarnos, dices que estás muy ocupada y ya nunca quieres salir con nosotros.
―Porque de verdad estoy ocupada ―contrarrestó Rin, poniéndose a la defensiva―. Quiero hacer mis tareas a tiempo, ayudar con el huerto y cumplir con mis quehaceres, ¿tiene eso algo de malo?
―Todos hacemos exactamente el mismo trabajo que tú aquí y en casa. Y aún así tenemos tiempo para socializar ―apuntó Issei, y la chica sabía que tenía razón... sin contar a Sesshomaru. Pero eso no era algo que pudiera revelar―. Es como si nos evitaras apropósito. O tal vez... evites a alguien en específico ―alzó de nuevo los ojos oscuros hacia ella como si le doliera decir aquello―. Por eso te pregunto, ¿te hice algo malo? ¿Tienes algún problema conmigo?
―Claro que no tengo ningún problema contigo, Issei ―le respondió con algo de mala gana, aunque intentó controlarse de la mejor manera. Él no tenía la culpa que estuviera ocupada con otros asuntos, sólo la veía como la amiga que gradualmente los iba echando de lado sin mediciones. Ver su cara herida le hizo comprenderlo. Respiró hondo y lo dejó salir poco a poco, sintiéndose bastante mal consigo misma. Tanto esmerarse por avanzar con Sesshomaru la había hecho alejarse demasiado de sus amigos, y eso no era justo―. Lo siento ―suspiró con más calma―. He estado algo dispersa últimamente, no quise ofender a nadie.
―¿Te ha pasado algo? ―inquirió él de repente―. Tú nunca habías sido así.
Rin se encogió de hombros intentando aparentar la mayor inocencia posible.
―No me ha pasado nada que yo recuerde. Supongo que es una fase o algo así... necesito tiempo para hacer mis cosas y estar sola.
―¿Estás metiendo a la adolescencia en esto? Suenas como mi mamá. Y los profesores.
La chica sonrió con algo más de soltura.
―Cuando cumpla la mayoría de edad te lo diré con certeza ―le aseguró con una cabezada. El semblante de Issei parecía haberse relajado un poco―. De verdad lo siento si te hice sentir mal, no fue mi intención. Prometo que no seguiré haciéndolos de lado.
―Ya... ―murmuró el chico. Rin torció la cara.
―¿Estamos bien?
Issei alzó la vista frunciendo las cejas evaluando la situación. Tardó un par de segundos en encogerse de hombros sin mayor remedio.
―Sólo si accedes a acompañarnos al karaoke.
―¿Sólo para verlos ligar con chicas menores? ¿En serio? ―Rin le dedicó una mirada poco impresionada, a lo que él se volvió a encoger de hombros.
―¿Y quién dijo que yo era el que iba a ligar? Voy para verlos hacer el ridículo y comer a sus expensas. Si quieres nos quedamos hasta que la primera chica se vaya y luego te acompaño a casa ―propuso con una sonrisita malvada haciéndola rolar los ojos.
―Ya sabía que no podías tener buenas intenciones. Está bien, tú ganas. Pero sólo si prometes que me dejarás ir antes de que se haga muy tarde ―terminó por aceptar. Issei tenía la extraña habilidad de siempre conseguir lo que quería y salirse con la suya, cosa que exasperaba a mucha gente. Como a ella, por ejemplo, pero no había nada que pudiera hacer al respecto.
―Por mi honor. Ahora empieza a limpiar, esclava. Te esperamos abajo ―se despidió con un saludo militar justo cuando salía del aula, dejándola sola con sus compañeros del aseo. Rin les dedicó una mirada al saberse con toda su atención, haciéndolos regresar a sus deberes con un pésimo disimulo.
Soltó una mezcla de resoplido con gruñido y tomó el limpiador de ventanas junto a un trapo para subir a una silla y comenzar por fin su labor. Un chico, Hajime, se encargaba de limpiar el pizarrón mientras que su amiga Momoko se encargaba de barrer el suelo después de arrimar las mesas y sillas a un extremo del salón con ayuda de los demás.
―Oye, Rin... ―la llamó cuando pasaba por ahí―. ¿Estás saliendo con Issei?
La muchacha bajó el paño de la ventana y la miró extrañada.
―Salimos en grupo con los otros, supongo. Pero no estoy saliendo con él. No de esa forma ―agregó contundente. Su amiga no quedo muy convencida y se apoyó en el palo de la escoba para enancarle una ceja.
―¿No estás de novia con él? ¿De verdad? ―Rin volvió a negar rotundamente, preguntándole de dónde sacaba esas ideas tan raras―. Es que parecen... bueno, no te lo tomes a mal, pero parece que coquetean todo el tiempo. Además de que Issei siempre te trata de una forma especial.
―No, qué va ―sacudió la mano para restarle importancia. Aquella teoría la ponía algo nerviosa y quería cambiar de tema cuanto antes―. Sólo somos amigos. Me trata como si fuera un chico de su grupo, nunca coquetearía conmigo.
Momoko siguió sin creerle pero optó por encoger los hombros y continuar con su faena. No sin antes decirle una última cosa, claro.
―Pues yo creo que de verdad le gustas. Se le nota a leguas ―y le alejó barriendo sin dejar de agitar la escoba, dejándola con la boca entreabierta y las mejillas algo rojas. Hajime, el chico que limpiaba las fórmulas de química de la enorme pizarra con un trapo húmedo regresó su atención a lo que hacía, mordiéndose los labios para ocultar la risa.
―¿De qué te ríes, Hajime? ―su voz salió quizás algo más aguda de lo normal y se odió internamente por ello. Esta tontería se le escapaba de las manos.
―¿Yo? De nada, no me río de nada ―respingó sin atreverse a alejar la vista del pizarrón mientras restregaba el trapo con más energía.
Hajime era un buen amigo de Issei, y era frecuente verlo en su grupo más cercano que incluía a Rin en casi todas sus salidas. También estuvo presente cuando estuvieron en la casa en medio del bosque, por lo que ambos mantenían una relación mejor que con varios miembros de su clase.
Era algo que aún se conservaba con el grupo que había hecho esa loca excursión cuando estaban en sexto de primaria. Eran cómplices los unos de los otros, manteniendo el secreto sin apenas comentarlo entre ellos aún después de los cinco años que habían transcurrido.
―No me digas... ―comenzó Rin con algo de horror. El color de la cara se le fue esfumando mientras se reclinaba de la ventana para mantenerse en pie. De repente las rodillas le temblaron― que Issei te ha dicho algo.
―No realmente ―evadió Hajime intentando mantenerse al margen―. Pero... pienso igual que Momoko. Es obvio que le gustas. Si parece que se puso celoso y todo porque no querías salir con él.
La boca de Rin se le abrió aún más. Ok, eso no se lo había esperado. Por la manera en la que sus compañeros de aseo la miraban casi diciéndole mudamente '¿cómo no te habías dado cuenta?', supo que no podían equivocarse. Bien, ella podía ser muy distraída en prácticamente todo lo que no involucrara sus estudios y algún otro par de cosas, pero eso...
El color le regresó a la cara en cuanto se dio la vuelta y siguió limpiando las ventanas con algo más de fuerza de la necesaria. Tenía que moverse, ocuparse con algo para evitar pensar, y restregar el trapo contra el vidrio hasta dejarlo prácticamente indetectable era lo único que parecía poder hacer. Sólo se cambiaba de posición cuando debía arrastrar la silla para moverse de sección, y más adelante al terminar, cuando ayudó a Momoko y Hajime a recolocar los pupitres y guardar los elementos de limpieza.
Tardaron quince minutos en terminar de limpiar el salón entre los tres, y en todo ese rato la maraña que enredaba sus pensamientos no había hecho más que crecer.
Habría sido una noticia maravillosa cuando tenía diez años y estaba totalmente colada por Issei, algo que le duró hasta el primer año de secundaria, y luego... simplemente se desvaneció. Dejó de verlo de esa manera y comenzó a darle su atención a otros asuntos.
Asuntos muy... peculiares.
Sesshomaru no estará nada contento con esto, pensó cuando bajó las escaleras, preocupada de que de alguna manera el inugami se enterara y tomara acción en el asunto. Eso era lo que hacían después de todo, ¿no? Proteger. Y ser extremadamente celosos. No sabía qué era lo que sentía su amigo del otro lado por ella, pero podía adivinar que fuera lo que fuera, no le gustaría para nada si de repente consiguiera novio.
¿Novio? Me estoy adelantando mucho a los hechos. Yo no quiero un novio. Rayos, ¿por qué no me dijeron esto mucho antes? ¡No es justo!
Pero... ¿y si tenían razón e Issei gustaba de ella? ¿Y si se le declaraba, qué le diría? ¿Su niña interna la impulsaría a aceptarlo, o se mantendría firme y le diría que no estaba interesada?
¿Y si estaba interesada?
Oh, Dios. Ni siquiera estaba segura de lo que sentía, y lo peor era que estaba por reunirse con él y el resto de sus amigos. Mientras bajaba por las escaleras afianzando nerviosamente la correa de su mochila sobre un hombro, pensó en lo bonito que sería que esa clase de cosas se dijeran con anticipación. Si no tuviera que verlo ahora cara a cara, si se lo hubieran dicho durante el fin de semana o las vacaciones habría sido perfecto.
Necesitaba tiempo para pensar y averiguar qué rayos iba a hacer. O al menos qué rayos era lo que sentía.
Voy a matar a Momoko el lunes, prometió para sus adentros cuando se paró frente a su casillero y se deshacía de sus zapatillas blancas. El corazón le palpitaba con fuerza haciendo que incluso le doliera el pecho. La puerta del casillero se cerró con un chillido metálico que resonó en el recinto casi totalmente vacío. Sería maravilloso que cayera un meteorito y nos matara a todos. Al menos así podría dejar de pensar y me evitaría todo esto.
Pero no, el cielo estaba perfectamente despejado en su espectáculo de colores que le daba inicio a la puesta de sol, con la excepción de un cúmulo de nubes a lo lejos. Probablemente llovería un poco durante la noche. Una brisa fresca le revolvió el cabello y justo a unos pasos del portón del instituto, Issei la esperaba completamente solo, con la espalda apoyada en el muro y los auriculares en los oídos.
Levantó la cara de su reproductor de música cuando la tuvo a su lado y le dio una de sus conocidas sonrisitas de suficiencia. Sacó un audífono para saludarla, ocasionando que su corazón latiera más deprisa.
A buena hora a Momoko se le ocurre decirme esas cosas. No sólo la voy a matar, primero la muelo a palos.
―¿Y los demás? ―preguntó intentando mantener su tono neutral para que no la delatara.
―Se adelantaron porque estabas tardando é que estabas limpiando todo el colegio como Cenicienta, cantando con pajaritos y todo ―se burló con un mohín al separar la espalda del concreto. Rin prefirió seguirle la corriente para que sus pensamientos se dispersaran y con suerte se marcharan. Oh, pero ya sé que eso es imposible.
―¿Cantando como Cenicienta con pajaritos y todo?
―Vamos, te gusta limpiar. Eso es raro. Y siempre estás rescatando pájaros caídos y esas cosas. Aún me acuerdo cuando llevaste una caja de gorriones a clase y la escondiste en el pupitre para que nadie se diera cuenta.
―Ah, es verdad ―recordó, contenta de tener algo de lo que hablar que no tuviera nada que ver con las afirmaciones de Momoko―. Tenía nueve años, al menos lo intenté.
―¿Qué pasó con ellos? Los estuviste llevando unos días más, y no recuerdo que te dijeran nada ―juntos comenzaron a caminar por la calle en dirección al local de karaoke. Las luminarias del pueblo se encendían con su andar, atrayendo polillas y otros insectos un par de metros sobre sus cabezas.
―Le rogué al profesor que me dejara llevarlos porque debía alimentarlos cada par de horas y no podía dejarlos solos en casa. Luego crecieron y se fueron volando. Pero se me murió uno y lloré bastante.
―¿En serio? ¿Lloraste porque se te murió un pichón?
―Bueno, cuando pases tiempo alimentando, cuidando y encariñándote con un animalito para que luego se te muera, hablamos ―se defendió con un refunfuño. Rin era extremadamente sensible en esos temas y aunque intentaba no hacerlo, se encariñaba muy rápido con cada criaturita que llegaba a sus manos.
Ja... quizás esa misma naturaleza era la que la había guiado a guardarle afecto a Sesshomaru tan pronto. Y él no era un animalito indefenso y necesitado de cuidados precisamente. Aunque de igual manera despertaba su instinto... ¿protector? Esa necesidad de reconfortarlo sabiendo lo horrible que sería estar encerrado durante tantos años, sin compañía ni la certeza de saber cuándo podría salir.
Sesshomaru no necesitaba que lo protegieran o siquiera lo cuidaran, pero sí necesitaba que alguien estuviera ahí.
Vio de reojo a Issei caminando a su lado, describiendo alguna anécdota de su corgi ya que hablaban de animales. Rin había de dejado de prestarle atención desde que el inugami entró en su mente.
De repente sintió como si lo estuviera traicionando. Como si dedicarle tiempo y atención a su amigo fuera algo inapropiado cuando él no era quien lo requería. ¿Sesshomaru estaría esperándola ahora? No le dijo que iría ese día, pero aún cuando llegaba sin avisar con anticipación estaba ahí para recibirla.
Sintió el extraño tirón de girar los talones e ir hasta la casa en medio del bosque para reunirse con él. Quería decirle que todo estaba bien, que no lo cambiaría por otra persona ni dejaría de visitarlo. Quería asegurarle lo mucho que le importaba.
Ok... esto no puede ser normal.
―... y cuando menos me lo espero, el pequeño desgraciado de Kenny aparece en la ducha, con uno de los zapatos de mi mamá, destrozado y lleno de babas. Nunca la escuché gritar tanto en mi vida y todavía me aterra. El perro se salvó porque es adorable, pero como es mío, el castigo me lo llevé yo ―se quejó Issei con un suspiro de derrota. Le dio una mirada de soslayo al ver que no hacía ningún comentario, y se la encontró con la mirada gacha e inquieta―. Oye, ¿estás bien? ¿Qué te pasa?
La mano del chico se sacudió frente a sus ojos perdidos, haciéndola regresar a la realidad. Se detuvo abruptamente, y lo observó algo aturdida, como si se hubiera olvidado que estaban juntos. Issei se paró frente a ella, acentuando su extrañeza ante tal comportamiento.
―¿Qué tienes, Rin? ¿Te sientes mal?
La muchacha no supo qué responderle cuando sus ojos oscuros detrás de las gafas la miraron con genuina preocupación, y se preguntó una vez más por qué no le había llegado la información mucho antes. ¿Qué hacía ella pensando en un inugami al que ni siquiera había visto una vez cuando tenía a alguien tan real a su lado?
Su boca se entreabrió, como si con esto fuera suficiente para que una buena excusa ocupara el silencio que los rodeaba, pero nada sucedió. El área de su mente ocupada del habla estaba en blanco, mientras que las demás partes corrían como locas sin control en círculos, algo que ella misma estaba tentada a hacer.
Tenía la impresión de que si permanecía con él mucho tiempo más, algo malo le iba a pasar. Era lo que los inugamis hacían, repitió una vez más.
Pero Sesshomaru no puede salir de su casa, ¡ni siquiera debe saber que estoy aquí ahora, y menos con quién! No tiene forma de hacer nada, Issei no corre peligro.
Y aún así... la duda permanecía.
¿Y si me estuvo mintiendo? ¿Y si no está ligado a esa casa, y si puede salir y me sigue adónde sea que vaya?
Oh, por Dios, no esto otra vez. Roló los ojos cuando estaban por llegar al local. El letrero con un micrófono y notas musicales de neón parpadeaban en vívidos colores que podían verse a varias cuadras de distancia. Me hago muchos rollos mentales.
―¿Rin? Te estoy hablando. ¿Qué te pasa? ¿Te diste cuenta de repente que dejaste el horno de tu cocina encendido o qué?
Rin le dedicó toda su atención con los ojos algo más abiertos de lo habitual, ganándose una ceja alzada en interrogación por parte del otro. Las palabras de su amiga volvieron a resonar, pero esta vez con un tinte algo diferente.
Sí, me hago DEMASIADOS rollos mentales. Sesshomaru no me está siguiendo ni me miente, e Issei definitivamente no gusta de mí. Nos conocemos desde que llevamos pañales, es ridículo. Debe verme como a una hermana.
Sacudió la cabeza levemente para salir de su sopor y apretó los puños con decisión, afianzando la correa de su mochila sobre su hombro.
Tenía muchas cosas de las que preocuparse en ese momento, pero ninguna de ellas le impediría divertirse por una vez después de tanto tiempo. Ya había dejado abandonados a sus amigos en demasiadas ocasiones, y ninguno de ellos merecían ser dejados de lado sólo porque Rin le tuviera cariño a alguien más. Debía asegurarse de encontrar un balance entre ambas partes antes de acabar volviéndose loca.
―Estoy casi completamente segura de que lo apagué ―le sonrió a su amigo―. Y si no lo hice, ya hubiera aparecido mi mamá para matarme. Todo bien.
―¿Estás segura? Te pusiste algo pálida hace un momento. ¿Qué te pasó?
―No pasa nada, cosas mías. Intentaba organizarme para hacer los deberes mañana, eso es todo ―inventó rápidamente, agitando una mano para restarle importancia.
Los hombros de Issei se desmoronaron cómicamente hasta casi hacerlo caer como si fuera un dibujo animado.
―Santo cielo, Rin, ¿desde cuándo eres tan nerd? ¿Cómo te vas a preocupar por la tarea un viernes por la tarde? ¡Para eso están los domingos a las once de la noche!
―Bueno, debe ser porque alguien no me dejó hacerlos más temprano que me preocupo ―se inclinó hacia él haciendo una mueca de obviedad, para luego seguir caminando con más soltura y dedicarle una sonrisa bromista―. Pero está bien, tienes razón. Por una vez dejaré los deberes para después.
―Música para mis oídos ―suspiró Issei dramáticamente, abriendo la puerta del local del karaoke para dejarla pasar primero―. Vamos, no hay que perdernos a los muchachos haciendo el ridículo con un micrófono y frente las chicas. Esto estará bueno.
Rin volvió a sonreírle al pasar por su lado. Ignoró con todas sus fuerzas el pequeño sobresalto en su pecho al creer haber visto un sonrojo en la cara de Issei. Momoko habló una vez más, mientras Rin se esforzó en hacerla callar internamente con varios 'no'.
He venido a divertirme, no a martirizarme, se recordó al subir las escaleras para encontrar la habitación donde estaba el resto del grupo. No me fastidies, cerebro con la voz de Momoko.
Abrió la puerta en la habitación reservada donde la recepcionista les dijo que estaban sus compañeros y entró. Era una pena lo difícil que era querer hacer algo y el hecho de poder hacerlo en verdad.
...
Eran cerca de las nueve y media de la noche cuando al fin llegó a casa. Su madre la habría recibido con el regaño del siglo de no haber tenido la fantástica idea de avisarle primero por el celular. Algunos dirían que sería algo obvio de llamar para decir que llegaría tarde, pero Rin estaba tan dispersa últimamente que hasta las cosas más simples las podía pasar por alto.
Y justo después de recibir el sermón de sus padres, quienes la habían esperado en la sala preocupados, se dejó caer en la cama con un gruñido. La salida habría sido perfecta si tan sólo sus propios pensamientos no la hubieran estado saboteando a cada rato.
Sesshomaru. Issei. Inugami. Posible enamoramiento. No tener idea de qué hacer ante ese posible enamoramiento. Lo furioso que se pondría Sesshomaru si se llegaba a enterar. Todo fue un ciclo repetitivo que le privó de la mayoría de la diversión. Y sus compañeros de clase intentando ligar torpemente con chicas más jóvenes que ellos habría sido muy divertido de ver, lo cual sólo demarcaba lo mal que se encontraba.
Abrazó una mullida almohada blanca en forma de gato y ocultó la cabeza entre las cortas patitas. Seguía sin saber qué hacer, más allá del bien planeado asesinato a Momoko el lunes a primera hora. Y a Hajime también, él era coautor del embrollo mental que le causaba esa jaqueca.
Tendría que simplemente esperar a que Issei se sincerara con ella, y ya entonces le diría que no le gustaba. ¿O sí le gustaba?
―Oh, por Dios, voy a saltar por la ventana si esto sigue así ―gruñó.
Había estado colada por él cuando era más pequeña. Issei siempre fue amable con ella, aún siendo el gran pesado y sabelotodo que solía ser el noventa por ciento de las ocasiones. Además de que no era nada feo y tenía cierta... química con ella desde siempre. Unos aires de cómplice que los había metido en problemas como cuando fueron a visitar la casa de Sesshomaru por primera vez. Si Issei no se lo hubiera mencionado, Rin no habría ido con ellos.
Recordó que en aquella ocasión le entró curiosidad, sí, pero esa curiosidad no llegó a superar su deseo de probarle a Issei lo valiente que podía ser. Ese era un secreto que se tenía tan bien guardado que hasta se le había olvidado a sí misma su verdadero motivo para ir a esa mansión.
Pero cuando llegó al cuarto piso todo pensamiento que involucrara a su compañero se esfumó al instante. Ya no quería impresionar a nadie, sólo quería saber quién era ese ser invisible que estaba ahí. Y más que nada, por qué sentía que debía ayudarlo.
Su enamoramiento adolescente con Issei se fue opacando gradualmente hasta desaparecer ―o eso creía, aún se lo cuestionaba muy para su tormento―, siendo reemplazado por Sesshomaru y lo que fuera que le hiciera sentir.
Aún no estaba segura de qué era eso, sólo lo identificaba como una especie de anhelo. Anhelo por alcanzarlo, por hacer más. Por verlo y escucharlo. Anhelo por estar con él.
Ok, esto es nuevo.
¿Quizás... le gustaba Sesshomaru?
Se enderezó muy lentamente hasta quedar sentada aún sosteniendo su almohada y con la cara medio oculta en ella. Los ojos totalmente abiertos con sorpresa eran todo lo que se veía entre la almohada de peluche y su flequillo negro alborotado.
Nunca se lo había planteado de esa forma.
Desde que se enteró que era una criatura no muerta, su imaginación se había encargado de darle forma sin parar. Desde un soldado herido hasta un samurái, a un adolescente flacucho y amargado por tener muchos granos. Luego le reveló que era un inugami, y empezó a imaginarse a un perro humanoide con un kimono y una diadema fantasmagórica. Después, se fue asemejando cada vez más a un humano joven con algunos rasgos caninos, como su pelo salvaje o colmillos largos, incluso una cola y patas traseras en lugar de piernas.
Inhaló todo el aire que fue capaz, sosteniéndolo al caer en cuenta de algo más.
Ahora que lo pensaba, durante sus visitas aquel último año... ¿no se había emocionado un poco? ¿Tal vez... de la misma manera de la que se había emocionado con Issei cuando era más pequeña?
Su corazón latió con fuerza y su cara pudo palidecer si tan sólo no llevara casi un minuto entero sin hacer uso de sus pulmones.
Mierda. Mierda, mierda, mierda.
Soltó el aire en una bocanada prolongada antes de volver a respirar con normalidad.
¿Cómo demonios podía siquiera pensar en que le gustaba alguien que no había visto jamás? ¿Alguien que no estaba en su mismo plano físico, alguien que sencillamente no podía existir? Además, ¿por qué sentiría un flechazo por él? Es decir... ¡Era invisible! No tenía idea de cómo se veía, apenas era capaz de escuchar su voz desde hacía relativamente poco.
No, eso era ridículo. Completamente ridículo.
Sin embargo... ahora que recordaba, había tenido algunos sueños extraños que lo involucraban. Soñaba que podía verlo e interactuar con él, soñaba que podía abrazarlo y tomar su mano. Soñaba que iba a la casa, y él la recibía con los brazos abiertos. Rayos, y por esos breves momentos se había sentido completamente dichosa, como si fuera un cuento de hadas y él fuera su príncipe azul.
Necesito terapia con urgencia .¡Esto no tiene nada de sentido!
Encendió la luz de su cuarto y sacó todos sus libros y libretas de apuntes, volcando la mochila sobre su escritorio. Tenía que ocupar la mente con algo más allá de lo que sus hormonas revolucionadas le hicieran pensar, eso no podía continuar así.
Era casi medianoche cuando su padre se asomó por el marco de su puerta entreabierta y se encontrara con la extraña escena. La habitación estaba hecha un desastre con la cantidad de hojas y libros desparramados, y entre todos ellos, su hija hincaba los codos con el portaminas rosado bien afianzado y la cara casi pegada de su cuaderno mientras escribía sin parar.
―Rin, ¿qué estás haciendo? ―preguntó cauteloso y algo asustado.
―Mis deberes.
El hombre arrugó sus facciones sin comprender.
―¿Sabes que es viernes, verdad? ¿O tienes clases mañana?
―No, estos son para el jueves. Sólo quiero adelantar.
Guardó silencio por un momento antes de preguntar, totalmente extrañado.
―¿A medianoche, hija? ¿No crees que deberías descansar?
―No tengo sueño ―respondió distraída mientras borraba algo que había escrito mal y seguía absorta en lo que hacía. Su padre jamás la había visto actuar así, incluso cuando sabía lo aplicada que podía llegar a ser. Pero entre ser aplicada y hacer deberes un viernes en la noche como si su vida dependiera de ello había una gran diferencia.
Y como todo buen padre, hizo todo cuanto estuvo a su alcance para llegar al fondo del asunto.
O mejor dicho, lo único que estaba a su alcance.
―Cariño, creo que le pasa algo a Rin ―le dijo a su esposa cuando regresaba a la recámara compartida. La mujer se revolvió entre las sábanas adormilada.
―¿Qué? ―se levantó el antifaz para dormir y lo miró con los ojos entrecerrados.
―Creo que nuestra hija tiene un problema ―le aclaró cuando se sentó en la cama. Ella se incorporó, arrimando el antifaz hasta que le quedó como un cintillo sobre la cabeza, extrañada por la preocupación de su marido.
―¿Por qué dices eso? ¿Ella te lo dijo?
―No. Es que la acabo de ver actuando... raro ―no supo explicarse mejor―. Está haciendo su tarea justo ahora, y no creo que vaya a detenerse pronto. Parece que intenta distraerse o algo parecido.
―¿No le preguntaste?
―Fue algo cortante, no quiso hablar al respecto ―admitió avergonzado. Podía ser un experto profesor universitario con una amplia gama de conocimientos, pero el comportamiento y los sentimientos adolescentes no eran precisamente uno de ellos. Algo curioso, pues se creyó muy buen progenitor a ver que Rin no parecía pasar por los típicos dramas de la edad y se enfrascaba en cosas más importantes como los estudios.
Claramente falló en ver que eso no era del todo normal.
―Lo que quiere decir que no le preguntaste ―roló los ojos la mujer. Amaba a su esposo con toda su alma, pero a veces era algo exasperante lo ingenuo que podía llegar a ser. Y la gente creía que era ella la ingenua.
―No. Lo siento, cielo, sabes que esas cosas se me dan fatal ―se disculpó con la mirada gacha. Ella le dio un besito en la mejilla antes de levantarse muy resuelta.
―No te preocupes, para eso estoy yo. Ya voy a hablar con ella.
Colocó una bata de algodón blanca sobre su pijama ligero y estiró un poco la espalda antes de salir. Y cuando vio el estado frenético de su hija, constató que su marido tenía motivos para preocuparse.
―Toc-toc. ¿Se puede, Rin? ―golpeó suavemente el marco de la puerta, sobresaltando a la adolescente. Rin, más sorprendida por los golpes que por la presencia repentina de su madre, levantó la vista de sus cuadernos alarmada. Por un segundo pensó que Sesshomaru estaba ahí y su corazón se aceleró.
Se volvió a tranquilizar con un suspiro al ver que quien hizo los toques era un ser de carne y hueso y parpadeó rápidamente para despejarse.
―Ah, claro, mamá. ¿Pasa algo?
―Creo que eso debería preguntártelo yo a ti, cielo. ¿Está todo bien?
―Sí, está todo bien. Sólo me pongo al día con mi tarea.
―¿Y eso no puede esperar hasta mañana?
Rin frunció el entrecejo levemente. No, no puede esperar hasta mañana, estuvo por contestar. Su madre se tomó la libertad de entrar en la habitación y sentarse sobre la cama, no sin antes hacer a un lado unas cuantas hojas de papel desparramadas.
―¿Hay algo de lo que quieras hablar, Rin? ―no tienes ni idea, mamá.
―No en realidad.
―Ya veo ―paseó la vista distraída por el lugar, reprimiendo inmensamente su instinto materno de mandarle a recoger el desastre de una vez por todas. Pero no, si siquiera mencionaba el deplorable estado de su alcoba, Rin se enfadaría y no le diría nada. Debía controlarse por ahora.
El silencio reinó entonces entre las dos. La más joven intentó volver su atención a sus apuntes, pero era incapaz de escribir siquiera una letra más con la presencia de su madre taladrándole la nuca. Se mordió los labios intentando resistir y forzar su mano para continuar, aunque la punta de la mina nunca volvió a tocar el papel.
―¿Quieres que te prepare un té? ―preguntó la adulta de repente―. Esta parece que será una noche larga. Si quieres te puedo ayudar con tu tarea también.
―¿No tienes sueño?
―Claro que tengo sueño al igual que tú. Pero algo te molesta y no te quiero dejar lidiando con eso sola. Así que...
Rin volteó la cara y miró a su madre. Sus ojos estaban ligeramente enrojecidos, su cabello despeinado y su bata mal colocada, sin mencionar el antifaz con ojos de gato que llevaba sobre el pelo cual esponjosa corona. Pasando por alto cada detalle que revelara su cansancio, su mirada inquisidora relucía sobre cualquier otra cosa.
Sí, a ella era imposible ocultarle algo.
Puso el portaminas sobre el escritorio y giró su silla para encararla, completamente resignada. Ahora... ¿cómo hablo de esto sin que me metan en un manicomio?
―No sé por dónde empezar, mamá.
―¿Qué te parece por el principio? ―probó tildando la cabeza. Rin agachó la suya sintiendo el calor acoplarse en la cara. Si empiezo por ahí con mayor motivo me meterás en un manicomio.
―Es... es algo complicado.
―¿Es sobre un chico? ―se mordió la lengua justo antes de que se le saliera un ¡joder, mamá! y la miró ceñuda, fastidiada por ser tan evidente y fácil de leer. Su madre sólo la miró con obviedad y encogió los hombros―. ¿Qué? Es normal, estás en la edad. ¿Qué pasa con este chico, cielo? ¿Se te ha declarado? ¿No sabes lo que sientes por él?
―Joder, mamá ―murmuró sin poder creérselo. Si adivina la parte de Sesshomaru creo que definitivamente me arrojaré por la ventana.
―¿Es eso?
―A-algo así ―contestó apenada. La última vez que había hablado de algo similar con ella había sido en sexto grado, e Issei había sido el protagonista también. Una cosa era contarle a tu mamá de su enamoramiento infantil, pero otra muy diferente lo era al ser casi adulta, cuando las cosas se complicaban más.
... e involucraban a un ser sobrenatural.
Su madre esperó pacientemente a que se animara a continuar, teniendo el suficiente tacto como para no presionarla con su mirada silenciosa.
―L-la verdad es que no me ha dicho nada. Una amiga me metió la idea en la cabeza de que yo le gusto, y tengo miedo de que tenga razón.
―¿Y por qué? ¿Qué te asusta?
―Es que... no sé si siento lo mismo por él. Y creo que no lo hago.
―¿Qué? ¿No te gusta Issei? ―se sobresaltó la mujer, abriendo mucho más los ojos enrojecidos por el cansancio. Rin frunció los labios―. Pero te gustaba desde pequeña.
―De ahora en adelante voy a asumir que eres vidente ―le dijo por lo bajo―. ¿Cómo supiste que era Issei?
―Cielo, es muy obvio. Siempre le tuviste mucho cariño, aún recuerdo cuando me dijiste emocionada que te regaló una gorra en sexto grado ―la mayor roló los ojos y Rin se sintió encoger de la vergüenza―. Además de que él siempre fue muy bueno contigo.
―Entonces... ¿tú crees que le gusto?
―No es por presionarte ni hacerte sentir mal, cariño, pero voy a ser sincera. No creo que le gustes. Creo que está loco por ti.
―¡Mamá! ―se le salió abochornada.
―¡Pero es muy obvio, Rin! ¿No te habías dado cuenta? No puedes ser tan despistada como tu padre, pensé que ese rasgo suyo no lo habías heredado.
―Pues sólo lo he pensado cuando Momoko me lo dijo esta tarde.
―Habrá que agradecerle a tu amiga por abrirte los ojos. ¿Me das su número para enviarle un mensaje por la mañana?
―¡No! A ella la quiero matar por haberme hecho un lío, no la felicites.
―Ay, Rin, no exageres. No es nada malo, ¿o sí? Issei es un buen chico. Demasiado bromista y confianzudo para mi gusto, pero es buen chico. Y es guapo, ¿verdad? ―por la manera tan fija en la que Rin miraba a su madre, cualquiera pensaría que intentaba hacerle estallar la cabeza en mil pedazos para dejar de oírla. Sintió la imperiosa necesidad de darse aire, pero no quiso dar más muestras de su tan evidente bochorno.
―Es un buen chico y es guapo ―concedió al fin mansamente, posando la mirada en un cuadro de flores justo sobre la cabeza de su mamá para evitar seguir mirándola sonreír de esa manera―. Pero ese no es el problema.
―El problema es que ya no sientes nada por él ―completó la otra con una cabezada―. ¿Puedo preguntar por qué?
―Tú eres la vidente, mamá ―hizo un gesto con la mano, rendida a seguir ocultando cosas. O al menos ciertas cosas. Había otras que no pensaba revelar por más hábil que fuera su madre sonsacando información. Llegados a ese punto no le quedaba de otra que mezclar la verdad con las mentiras, y más le valía hacerlo bien para variar.
―Te gusta alguien más.
―O eso es lo que creo ―admitió con un suspiro preocupado. Por favor, no preguntes quién es, no preguntes quién es, no preguntes quién es...
―Y esta persona... ¿sabes qué siente por ti?
―No. Nos llevamos bien, pero es muy difícil de leer ―bueno, al menos esa no era una mentira. No sólo era difícil de leer, era imposible.
―¿Se te ha ocurrido preguntarle? A veces es mejor ser directa e ir al grano en lugar de andarse con rodeos.
―Acabo de darme cuenta de que puede gustarme. Ni siquiera he pensado en preguntarle. Dudo que lo haga.
―¿Temes que te rechace?
Rin abrió la boca, pero la cerró poco después. Eso no lo había considerado hasta entonces en las pocas horas que llevaba comiéndose la cabeza dándole vueltas al asunto. ¿Si le llegaba a contar a Sesshomaru que era posible que se estuviera enamorando de él ―por más ridículo que sonara―, él la rechazaría?
Ni siquiera sabía si llegaría a sentir algo por ella siendo un inugami y todo eso, además de estar en otro plano físico. Sesshomaru era tan hermético como un cofre cerrado a cal y canto, rara vez le respondía sus cuestionamientos más personales. ¿Cómo llegaría a reaccionar si le decía 'oye, sé que suena loco, pero creo que me gustas'?
Oh, Dios, sonaba aún más idiota de esa forma.
―S-supongo que sí. Pero... no se trata de eso. No creo que pueda pasar nada entre nosotros aún si él llegara a sentir algo por mí.
―¿Por qué dices eso? ¿Tienes un romance por internet, acaso?
Eso sería definitivamente más fácil de manejar, pensaba sin saber muy bien cómo proceder. Debía pisar con calma y seleccionar las palabras cuidadosamente para no meter la pata.
―No, qué va. Nada por internet.
―¿Entonces por qué dices que no pasaría nada? ―la animó a continuar. Bueno, porque literalmente este es un tipo de otro mundo. Y lo peor del caso es que podría no ser un tipo, sino más bien un perro... y eso suena incluso peor.
―Él es... muy distante ―dijo al fin después de meditarlo unos segundos―. No creo que quiera estar con otra persona. Tiene muchos asuntos que resolver y... no sé si yo encaje entre ellos.
―¿No es un delincuente, verdad? ―su madre entrecerró los ojos con su habitual perspicacia. Técnicamente podía llegar a ser un delincuente... había matado gente en el pasado y había herido a muchos también. Claro, dile eso para que además de meterte en el manicomio llame a la policía de todos los países de Asia.
―No ―negó rotundamente. Podía tener su pasado oscuro, pero para Rin, Sesshomaru era bueno ahora. Y el presente era todo lo que le importaba.
―¿Y un mafioso?
―No te hagas una película, mamá, no es mafioso ni nada de eso ―tajó un tanto exasperada. Si su madre llegaba a decir la palabra inugami, no sabría si podría mantener el temple serio por la impresión.
―De acuerdo, voy a tomarte la palabra ―asintió, aunque no se veía del todo convencida. Y Rin sabía lo peligroso que eso podía resultar―. Sólo te voy a hacer una última pregunta. ¿Crees que este sea un buen tipo?
Ésta vez Rin no tuvo que vacilar para responder.
―Lo es.
―Eso es bueno ―asintió su madre. Entonces se levantó de la cama y estiró la espalda hasta hacer tronar algunas vértebras―. Tienes mucho que pensar, cielo.
―Espera, espera. ¿Eso es todo? ¿No me dirás qué hacer?
―No te puedo decir qué hacer, eso es algo que tú misma debes decidir.
―¿Pero no puedes al menos... no sé, darme una pista de qué es lo correcto?
―No hay correcto o incorrecto, Rin ―negó suavemente con la cabeza mientras le peinaba un poco el pelo revuelto del flequillo, haciéndola sentir como una niña pequeña―. Pero sí te puedo aconsejar si a eso te refieres. Si tú crees que este muchacho vale la pena, no te rindas aún cuando creas que es distante. No sabes si por no abrir la boca te pierdes una gran oportunidad de ser feliz. Y si resulta que él no siente lo mismo, al menos no te quedarás con la duda y podrás seguir adelante. Y con respecto a Issei... sé sincera con él. Pero sobre todo sé sincera contigo misma. No aceptes nada por compromiso o por no hacer sentir mal a otra persona, a la larga sólo causarás daño tanto a él como a ti.
Rin la miró sin apenas alzar la cara, sintiendo de nuevo el rubor de sus mejillas aumentar de tono. Su mamá volvió a sonreírle cariñosamente, bajando la mano de su fleco a su pómulo para acariciarlo con el pulgar.
―Pero sobretodo no fuerces nada, sólo deja que las cosas sucedan. Lo que tenga que pasar pasará, recuérdalo. Y no sufras, todo estará bien.
La muchacha sonrió tímidamente mientras asentía. Poder hablar de sus problemas con alguien más era muy liberador, justo lo que necesitaba para deshacerse de parte de la presión que amenazaba con hacerle perder la cabeza. Quizás eso era todo lo que necesitaba después de todo, sólo un oído atento y unos buenos consejos.
―Gracias, mamá.
―Cuando quieras, cariño, me alegra haberte podido ayudar. Ahora mejor vete a dormir, es muy tarde y necesitas tu descanso de belleza ―le dio un beso en la frente y unas palmaditas en el hombro antes de ir a la puerta. Rin suspiró un poco más tranquila, aún sonriendo por lo mejor que se sentía―. Una última cosa ―su madre se detuvo justo en el umbral captando su atención―. Si llego a encontrarme con este desorden mañana, comeremos sopa de espinacas y pimientos una semana entera. Quedas advertida.
Los ojos de la mujer adulta brillaron peligrosamente antes de cerrar la puerta, no sin antes darle el aviso también con su propia severa expresión. La cara de Rin se desfiguró con terror y apenas estuvo sola de nuevo, se lanzó a recoger el desastre que tenía hecho en su cuarto con una diligencia mayor a la que la invadió cuando estaba haciendo sus deberes. Realmente odiaba esa sopa de espinacas y pimientos.
Entre los papeles y bajo un libro de texto de historia, se encontró con su marca libros favorito: una flor disecada que había plastificado unos meses atrás. Aún conservaba sus bellos colores, variando entre el rosado brillante hasta un amarillo pálido en el centro. La flor era tan grande como su mano, y sus seis pétalos eran redondos y gruesos.
Claramente no era una flor ordinaria. Ni siquiera era de ese mundo.
Era un regalo de Sesshomaru.
Dejó el objeto cuidadosamente sobre su almohada para seguir ordenando, sin dejar de lanzarle miradas de soslayo de vez en cuando. Aquel había sido el primer regalo que le había hecho. La encontró sobre uno de los tantos pañuelos que usaba para darle sus ofrendas ―y que no creyó volver a ver jamás―, perfectamente posicionado en la entrada que usaba regularmente en sus visitas.
Quizás fue a partir de ese entonces que empezó a imaginárselo de otra manera, una más humana y hasta atractiva.
Su habitación volvió a su aspecto prolijo un cuarto de hora después. Rozaba la una de la mañana en el reloj despertador de su mesita de noche y francamente estaba agotada. Pero ver el marca libros de flor hizo que se sintiera algo intranquila.
En su escritorio, al lado del portalápices de ositos, estaba un modesto cofre donde solía guardar los zarcillos y pulseras que utilizaba de vez en cuando. Rin podía ser muy coqueta y femenina si se lo proponía, pero también tenía la asombrosa capacidad de perder los objetos pequeños sin siquiera notarlo hasta que era tarde, por lo que optaba por no tomarlos a no ser que fuera para algo importante. Ya había perdido la cuenta de cuántos pendientes favoritos había extraviado a lo largo de los años.
En el compartimiento secreto del cofre, un regalo de su madre de cuando era muy pequeña, extrajo una bolsita de terciopelo bastante pesada si se consideraba su tamaño. Era el último regalo de su amigo inugami, uno que apenas había recibido la semana pasada.
Lejos de ser algo simple como una flor o una fruta desconocida para su paladar humano, esta vez había optado por darle algo muy diferente.
Hacía calor ese día de primavera, un extraño contraste con los vientos fríos que parecían seguir llamando al invierno aún en abril. Por primera vez en meses, Rin vio el activo revolotear de las mariposas, libélulas y pájaros, señal inequívoca de la entrada triunfal de su estación preferida.
Llevaba un libro en el regazo como era su costumbre, y saltó a la casa con una gran sonrisa, mostrándole la portada al ser invisible que la recibía en silencio.
―Mitología Nórdica: Odín y los siete reinos. Me encanta este libro, es muy, muy interesante. Al menos Odín no era tan pervertido como Zeus que se lanzaba sobre cosa con pulso, así que creo que también te gustará más que la mitología griega.
Estaba a punto de sentarse en su lugar de siempre, apoyada en una columna cubierta de rayones y marcas de navajas con mensajes dejados por anteriores generaciones de valientes, pero su lugar lo ocupaba algo más. Un precioso saquito de terciopelo rojo.
―¿Y esto? ¿Es para mí? ―un toque en la madera le indicó que sí. El ruido proveía justo de la misma columna en la que su mano estaba puesta, por lo que pudo sentir las vibraciones. Su corazón comenzó a latir con más fuerza―. ¿Puedo ver qué es?
Una nueva afirmación le dio el visto bueno, por lo que deshizo el nudo del saquito y dejó caer en su palma con mucho cuidado el regalo. Era un broche para el cabello bastante grande y ostentoso con la misma forma de las flores que le regalaba de vez en cuando. Pero no era un broche llamativo sólo por su tamaño, sino porque se notaba a leguas que no era de fantasía como los que ella usaba.
Era de oro brillante y recién pulido, con pequeños diamantes ascendiendo hasta la pieza principal, un grupo de joyas de un rosado pálido que representaban a la flor. Una piedra preciosa amarilla, casi del mismo tono que el oro, marcaba el centro de la flor con elegancia.
Su boca se abrió de par en par al igual que sus ojos que no dejaban de examinar el broche como si temiera que fuera a explotar de un momento a otro. Eso definitivamente era algo que no se veía todos los días.
―¿De... de dónde has sacado esto, Sesshomaru?
―... tuyo ―fue todo lo que pudo captar. Desde que lo había escuchado decir su nombre aquel día, era normal que pudiera entender algunas palabras sueltas hechas susurros débiles. No captaba del todo el tono, pero sabía que se trataba de una voz masculina. Seguramente había querido decir 'Es tuyo'.
―Pero... Sesshomaru, esto es demasiado valioso. No puedo aceptarlo ―un toque afirmativo le insistió para que lo hiciera. Rin no sabía qué decir―. ¿No lo has robado, verdad?
No, dijo en golpes. Tenía sentido que no lo robara ―después de todo ni siquiera podía salir de su casa―, pero aún así la duda permanecía. No tenía un historial muy pulcro por así decirlo.
Siguió examinando el broche sin poder creérselo. No sólo parecía sacado de otro mundo, sino de otra época. Estaba segura de que de haber vivido siglos en el pasado, aquella habría sido una pieza ornamental en el peinado de las damas de alta alcurnia. O de princesas, tal vez.
¿Le intentaba mandar alguna clase de mensaje en especial con aquel obsequio, o sería algo más bien normal para él? Quizás habría pertenecido a su madre o a alguna hermana ―o novia, apuntó con cierto recelo―, y se lo quiso dar en lugar de dejarlo acumulando polvo. Eso sería bastante comprensible.
Pero... ¿y si no era así?
―¿Qué significa esto, Sesshomaru? ¿Qué me quieres decir?
―... tuyo. Rompiste... anterior ―fue todo lo que captó. Es tuyo. Rompiste el anterior.
Una oleada de alivio le hizo relajar los hombros.
―Oh.
Es cierto. Había roto su broche favorito unos días antes justo durante una visita. Se intentaba reacomodar un mechón de cabello y cuando colocaba el broche, el adorno de flor se desprendió por la fuerza que había empleado. Recordó haberse lamentado en voz alta para luego guardarlo en su bolsillo. Nada que un poco de pegamento no pueda hacer. Espero que no se note mucho, era mi favorito, había dicho antes de continuar leyéndole.
Así que se trataba de eso, sólo le estaba reponiendo el que había roto en aquella ocasión.
―Vaya. N-no sé qué decir ―admitió con algo de rubor coloreándole las mejillas.
―¿Te agrada? ―escuchó ahora más claramente, lo que casi le hizo pegar un brinco. La voz ya no era sólo un murmullo confundible con el viento, era algo más clara y el tono más fácil de distinguir. Como si hubiera una pared de por medio. Y aquel sonido había venido justo sobre su cabeza. Su corazón volvió a agitarse.
―Me encanta, es precioso. Muchas gracias ―se inclinó respetuosamente con una pequeña sonrisa―. Creo que nunca he tenido algo tan bonito.
Ante eso no hubo más respuestas por parte de su interlocutor invisible, por lo que no demoró en tomar su asiento correspondiente y abrir el libro. Colocó el broche en su cabello, dejando que sus dedos se deslizaran por las joyas con extrema delicadeza, intentando aplacar sus latidos. Tomó aire y comenzó a leer pausadamente sin poder quitar aquella sonrisa tímida de sus labios.
Regresó al presente con una suave caricia a su mejilla. Estaba algo caliente y de nuevo su pulso se había acelerado.
Apretó los dientes para no dejar salir un quejido y se apuró a vestir su pijama. La conversación con su madre había ayudado a aclarar algunos asuntos, pero a la larga no le servía tanto como creía.
Estaba metida en serios problemas si sus sospechas eran correctas.
Le dio una última mirada al precioso broche de joyas y lo guardó en su lugar secreto con sumo cuidado. No quería que nadie lo viera, harían muchas preguntas que no tendría cómo responder sin comprometerse demasiado.
Se metió a la cama tras apagar la luz, cubriéndose con las sábanas sólo hasta la mitad del pecho. Se acercaba el verano y hacía algo de calor, pero el aire acondicionado no lo prendería sino hasta llegar a julio por cuestiones del alto costo de la electricidad. Como dormía con la ventana abierta ―y un maravilloso sistema anti mosquitos y bichos conectado toda la noche―, al menos no era tan malo.
Una fresca brisa nocturna hizo que subiera un poco más la sábana. Hundió la cabeza en la almohada al acomodarse de lado, con la vista fija en el cofre sobre su escritorio. Cerró poco a poco los ojos, dejando que el cansancio la venciera y reclamara su consciencia por las próximas horas. Había sido un día demasiado extraño para su gusto, y eso que ella estaba más que acostumbrada a las cosas extrañas.
Su último pensamiento antes de perderse en los brazos de Morfeo era que definitivamente estaba metida en graves problemas.
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GLOSARIO
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*Limpieza del aula: En las escuelas japonesas se tiene por costumbre que los alumnos hagan la limpieza de su salón de clases cada día (si mal no recuerdo). En lugar de tener conserjes, se les enseña a los estudiantes a cuidar su institución por sí mismos. Por lo general los equipos correspondientes hacen la limpieza antes de que comiencen las clases, pero hay escuelas donde el horario se invierte y se hace después de la última hora.
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Actualización más rápida porque se la han ganado, mis amores ;)
Este capítulo tuvo que haberse llamado "Malditas hormonas adolescentes que siempre joden", pero no tenía mucho atractivo comercial xD Por aquí parece que al fin comienza el tan aclamado romance que muchas de ustedes estaban esperando, pero... ¿es romance de verdad? ¿Será que Rin está siendo manipulada? ¿Será que Sesshomaru tiene otras siniestras intenciones? Intrigas, intrigas everywhere.
Como vemos, aunque Rin tenga unos 17 años ahora, sigue siendo la misma chica rara y un tanto excéntrica de siempre, dándose rollos mentales y siempre yendo a su propio aire prestándole toda su atención sólo a unas cosas mientras otras las deja por alto, aunque no es inmune a sus propias hormonas. Como fue el caso del asunto de Issei. Ser adolescente apesta, y más si estás involucrada con seres de otro mundo xD
EDIT necesario: Sí, no me gustan los triángulos amorosos como a mucha gente, pero en esta historia, el conflicto tiene un propósito que será visto más adelante. Además les voy a dar un spoiler-no-spoiler: Miren el resumen del fic arriba y noten quién es la pareja principal. ¿Ya? Listo, no tienen de qué preocuparse xD
Lamento que Sesshomaru no apareciera mucho en este capítulo, pero resolví que como ya el anterior había sido para él en su totalidad excepto en el final, se podría aplicar el mismo caso a la inversa con Rin, donde se presenta otra problemática en la trama. Sé que al principio sonaba como "Interrumpimos su transmisión de Haunted para traerles un drama romántico de colegio", pero todo tiene su propósito, créanme.
Cambiando de tema: ¡189 reviews! Wow... flipo. Flipo tanto que no sé qué más hacer. ¿Les he dicho ya que las amo y que son muy sensuales? Lo digo otra vez: las amo, mis sensuales lectoras (es). Adoro sus mensajes, opiniones y palabras de ánimo, me encanta que elaboren sus propias teorías y me cuenten un poquito de ustedes mismas. ¿Les puedo seguir pidiendo su apoyo para este y los capítulos que siguen? Duhkha, Caliu, In-chan123, Serena tsukino chiva, SoyAnna, HasuLess, Blueberry Bliss, Sheccid Ishida, .96, Gima2618, Cristina97, ByaHisaFan, MisteryWitch, Hanami, Suaries, Dmonisa, Rosedrama, Esme, Baby Sony, Suaries, Yasuk0-sama, Melinna Sesshy, Arovi, Maizpalomero, Elenita-Ele-Chan, Angela922, BeautifulButterflyPink, Grell Whoops, Pamila de Castro, UmiQp, Floresamaabc, Lau Cullen Swan, Aónimo, Aoi Moss, Nani28, Alexarey, Kari, Frutadragon24, Laura y Berith han añadido un punto más en su escala de sensualidad gracias a sus hermosos reviews. Y puntos extra para todos los que han comentado en cada capítulo en cuanto terminan de leer. Adoro cuando hacen eso, da gusto ver que tienen ese ánimo de dar su opinión con cada avance. Muchísimas gracias.
Cuéntenme: ¿qué creen que pasará a partir de ahora? ¿Qué será de Issei? ¿Tendrá oportunidad o se ganará un lugar en la friendzone? (jaja, pobre, ¿quién puede competir contra Sesshomaru? xD) ¿Y qué será lo que pretende Sesshomaru con sus regalos? ¿Será que él también cayó por la excéntrica humana que le hace compañía?
Eso estará por verse muy pronto. ¡Un beso a todo el mundo y muchas gracias por leer! Espero que este capítulo les haya gustado y recuerden: cada vez que le dejan un review a Hoshi, su nivel de sensualidad va en aumento ;) ¡Hasta la próxima!
