Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.
Haunted
Por: Hoshi no Negai
7. Una barrera menos
Sesshomaru limpió la mancha de sangre que había caído en su mejilla con el dorso de la mano, aburrido. El olor era penetrante y muy desagradable, aún más que el cuerpo de ese ser que acababa de aniquilar. Los restos de tripas, carne y sangre estaban regados por doquier, justo a las afueras de la mansión. Incluso había manchado las paredes exteriores, pero no era nada que alguna lluvia no pudiera borrar.
Sacudió la mano y saltó el muro hasta situarse en su cima, admirando el paisaje que se podía apreciar a esos cuatro metros de altura. Árboles, arbustos, montañas a lo lejos, una villa destartalada a los pies de la colina... una visión a la que estaba más que acostumbrado. Se podía ver mucho más desde el cuarto piso de la mansión, o incluso más si subía al techo como era su costumbre durante las noches despejadas, pero no se sentía con ganas de seguir haciéndolo.
¿Qué sentido tenía? Era un mundo del que nunca volvería a formar parte. Tan cercano, y tan lejano al mismo tiempo, inalcanzable gracias a la maldita cúpula de energía que lo mantenía encerrado como a un animal.
Y dudaba que eso fuera a cambiar de un momento a otro. Había pasado siglos en esa rutina, lentamente perdiéndose en la silente desesperación que esas paredes significaban, acompañadas por el último mensaje que su padre le había dejado antes de partir.
No lo había vuelto a ver desde esa pelea; desde que fue derrotado de manera tan humillante para luego ser sellado por décadas. No tenía idea de qué había sido de él y no estaba seguro de que le importara.
Aún mantenía lo que había dicho y hecho aquel día, no se arrepentía de nada. Había sido lo correcto, por más que el sutra afirmara lo contrario.
Su padre fue el que se equivocó, su padre fue quien manchó su honor y lo traicionó. Sesshomaru sólo intentó corregir su error de manera limpia y rápida para recuperar a su padre. Lo amaba después de todo, aunque nunca se lo hubiera dicho. Lo había expresado desde su niñez con su admiración, incluso imitándolo para intentar ser cómo él.
Su padre, siempre tan correcto, honorable y perfecto.
Y era él quien pagaba por todo, encerrado y olvidado.
Claro que le dolía aún después de tantos años. Siempre había sido una persona solitaria, pero jamás se había sentido verdaderamente solo. Su padre había estado acompañándolo, su madre también hasta cierto momento de su vida antes de desprenderse de él alegando que tenía mejores cosas que hacer que cuidar a un cachorro.
Sus puños se apretaron ligeramente ante el recuerdo desdibujado de su rostro y su fría despedida. Era una emperatriz con sus propias tierras que atender, Sesshomaru sólo había sido parte de un trato del que ella ya no quería formar parte.
Pero eso no le importaba. Él nunca demandó cariño; al contrario, lo repudiaba como a la peste. A sus ojos, sólo era una muestra de debilidad incomparable a lo que el trabajo físico y mental para la lucha podía hacer.
Claro, hasta que cierta pequeña humana cruzó los límites.
Escuchó sus pasos resonando calladamente por el largo pasillo externo del piso inferior, y no tardó en ir a su encuentro con su característico andar sereno. Por primera vez en tantos siglos, no se sentía totalmente solo.
El broche que llevaba Rin en el cabello brilló tenuemente a la luz del sol. Solía usarlo cuando iba a visitarlo, aunque tenía la sospecha de que se lo quitaba en cuanto abandonaba la mansión. No le extrañaba, en realidad, si tan recitante se había mostrado al aceptarlo por su ostentosidad. Era una chica simple con gustos simples, y tal vez un adorno cubierto de joyas había sido demasiado para ella. Ahora lo sabía y no volvería a repetir el error.
Aún así, reconocía que tenía el buen detalle de demostrarle lo feliz que le había hecho su obsequio al usarlo para él.
Sólo para él, remarcó mentalmente.
Eso le complacía. Porque después de todo, no sólo era una muestra de su gratitud por sus atenciones ante tan monótona existencia. Sí, Sesshomaru estaba agradecido con una criatura humana, por más bizarro que pudiera sonar, o incluso ser en realidad para él. Pero no dejaba de ser cierto y le había costado bastante tiempo admitirlo.
Tomó asiento en su lugar habitual mientras Rin abría un libro sobre su regazo y le hablaba un poco al respecto del siguiente tema: la mitología egipcia. Por estar encerrado desde su juventud, la muchacha se había tomado muy en serio el instruirlo sobre todo tipo de temas referentes al mundo exterior, para que, en sus propias palabras, no estuviera desactualizado con lo que podría haber ahí afuera cuando llegara a salir.
Una sutil sonrisa cruzó su rostro normalmente estoico como una piedra.
Rin movió un poco la cabeza al empezar a hablar del dios Ra y su relación con el sol. El broche de su cabello volvió a brillar, captando su mirada. Un súbito pensamiento le atravesó la mente, contundente y demandante, pero supo controlarlo tan bien como era su costumbre.
Aquel regalo era una muestra no sólo de su gratitud, sino también de algo más. Algo que despertaba y le preocupaba, pues era algo tan nuevo como recibir compañía en medio de su forzada soledad.
Quizás era por esa misma razón que desarrollaba aquella clase de pensamientos ―por no llamarlos emociones― hacia ella, porque era básicamente la única persona con la que había entablado una relación desde hacía siglos. No, ni siquiera antes de su encierro había tenido tal contacto con otro ser vivo, sin contar a su padre, con quien la situación era completamente diferente.
Su padre había sido su mentor, su modelo a seguir, la única persona que admiraba en verdad. Y Rin era...
No lo sabía.
No sabía dónde clasificarla, pues era la primera vez que esto le pasaba.
Y una parte de él quería averiguarlo. Por eso había tenido el vago impulso de tocar su cabello, o incluso tal vez su rostro. Quería saber si ella se daría cuenta de lo que hacía, pero no llegó a mover un dedo. Aún había barreras que no quería derribar, que no podía quitar del medio. Eso lo dejaría demasiado expuesto. No ante ella o los enemigos que pudieran ir a atacarlo a la mansión, sino ante sí mismo.
Por mucho que quisiera saber qué era lo que le ocurría, su lado racional le hacía frenarse.
Quizás no debería seguir frenándose, pensó de repente, mientras la voz de Rin llenaba suavemente el vacío silencio. De todas formas quedaba poco para que se marchara del pueblo, y probablemente no la volvería a ver.
Los humanos crecían y cambiaban rápido, y Rin tenía su propia vida que atender, un futuro que labrar. No como él, que contaba con tiempo indefinido y nulas posibilidades de aprovecharlo.
Ella se iría, envejecería y moriría, cumpliría su ciclo de vida más rápido de lo que él podría estimar, y todas aquellas tardes que habían invertido en mutua compañía no serían más que un recuerdo. Quizás el único buen recuerdo de una larga existencia entre paredes.
Se dio cuenta de que su lado no racional tenía razón ésta vez. ¿Qué tenía que perder?
Su mano se alzó entonces de su rodilla y le acomodó un mechón de cabello fuera de lugar.
Rin se sobresaltó y rápidamente llevó la mano a su oreja, donde los dedos del demonio apenas la habían rozado. Sus ojos se abrieron como platos como si hubiera visto un fantasma.
Bueno, casi.
―¿Ese fuiste tú, Sesshomaru? ―preguntó con voz temblorosa, viendo hacia donde creía que el demonio estaba situado, fallando por muy poco. La madera del suelo sonó una única vez―. Qué susto me diste, ¡tus manos están heladas! ―le reclamó aún agarrándose la oreja. No se veía molesta, pero sí muy inquieta.
¿Manos heladas? cuestionó mentalmente. Debía ser el efecto causado por la diferencia de mundos. Habían aprendido a evadir muchas de sus limitaciones ―accidentalmente, claro―, pero nunca habían intentado llegar a algún contacto físico. Quizás, como con todo lo demás, se requería práctica.
―¿Te asusté? ―le preguntó con un minúsculo dejo de ironía. Llevaba años comunicándose con un ser invisible y un pequeño roce era lo que la asustaba. Rin miró en dirección de donde oía su voz y frunció el entrecejo.
―Claro que me asustaste. Estoy concentrada leyendo ¡y de repente siento algo frío en mi oreja! ―resopló sonoramente un par de veces más antes de voltear la cabeza de nuevo hacia el libro con la intención de seguir con su lectura. Su mano se resbaló de su rostro y cayó en su regazo, agarrando el texto sin mucha fuerza.
Se quedó viendo las palabras escritas, pero ninguna salía de su boca. Su corazón aún estaba muy acelerado, y más de una vez había virado los ojos para intentar captar la imagen de su acompañante sin apenas levantar la cara.
―¿Esta es la primera vez que haces eso? ―le preguntó, fijándose en la ilustración de la cabeza de halcón de Ra superpuesta al sol―. ¿Es la primera vez que tocas a alguien?
Sesshomaru se tomó un par de segundos para contestar.
No, resonó la madera.
Rin guardó silencio de nuevo. Claro que no era la primera vez. Ha lastimado gente, ¿recuerdas?, dijo una vocecilla en su cabeza. Ha herido a muchos, a matado también. ¿Cómo iba a hacerlo si no los tocaba?
Aquella mano que había rozado su oreja para acomodar su cabello seguramente había quitado más de una vida humana.
Sesshomaru la observó sin cambiar su expresión adusta, adivinando bastante bien qué era lo que pensaba. Era como si de repente hubiera recordado que estaba tratando con un ser sobrenatural bastante peligroso, con un largo historial de víctimas tanto humanas como demoniacas para probarlo.
―Tú... ¿me lastimarías a mí también, Sesshomaru? ―su vista no se alzó de la imagen de Ra, pero sus manos apretaron un poco más el libro. El demonio entrecerró los ojos antes de darle dos toques secos a la madera, usando un poco más de fuerza de la usual―. ¿Lo prometes? ¿Sin importar lo que pase?
Un golpe más marcó su afirmación, lo que la hizo sonreír tenuemente. El pulgar femenino acarició el borde de las páginas del libro, trazando arabescos sin sentido para tener algo que hacer con las manos. Aún estaba algo nerviosa, y el inugami ya no estaba tan seguro de por qué.
―Yo tampoco te lastimaría sin importar nada ―terminó por decirle al cabo de unos instantes tomando valor. Entonces alzó la cara justamente adónde él estaba, acertando en una de esas raras ocasiones en las que sus ojos se veían frente a frente―. Eres mi amigo, y los amigos están para cuidarse, ¿no?
Volvió a bajar la cara ruborizada y cerró el libro después de un momento de indecisión. Soltó un suspiro y lo guardó en su mochila para después recostar su espalda de la columna, estirando las piernas con la vista perdida en el cielo despejado de nubes.
―Oye, Sesshomaru... ―dejó la boca abierta para continuar, con el impulso en la punta de la lengua, pero rápidamente cambió de opinión y comprimió los labios para detenerse―. ¿Puedes hacer eso de nuevo? ―alargó el brazo hacia su lado, extendiendo los dedos para dejar la palma abierta. Al no recibir respuesta, giró la cabeza y observó su mano intentando evaluar si había algo diferente en ella. Frunció el entrecejo y se torció lo suficiente como para verse la palma sin bajar el brazo.
Casi salta hasta el techo cuando Sesshomaru la tocó de nuevo.
Contuvo el aliento con un respingo agudo, pero se esforzó por quedarse callada el mayor tiempo posible. Recogió las piernas y viró el cuerpo hacia él, mirando siempre hacia el frente con la esperanza de captar la imagen de lo que comprimía delicadamente su palma.
Sabía que era una mano por cómo se sentía contra su piel, y por más fría que estuviera, se notaba que era más grande que la suya; más áspera también. Comenzó a mover la suya para darle la vuelta a la palma masculina, topándose con sus nudillos y después con su muñeca. Dios, era tan extraño... como si tocara una mano con los ojos cerrados, era tan real que tenía el impulso de abrir los ojos, como si estuvieran jugando alguna clase de juego.
Llegó hasta su manga y sonrió sin darse cuenta, siguiendo el contorno de la tela hasta que esta terminó en el suelo.
―Qué mangas tan largas ―le dijo fascinada mientras regresaba de nuevo a su mano extendida hacia ella, ahora para seguir la línea de su dedo índice. No se le pasó por alto que no poseía uñas redondeadas como ella, sino que más bien eran filosas... como garras. Pero no permitió que eso la asustara, no a esas alturas―. Tienes manos bastante grandes, me haces sentir como una niñita. Apuesto a que eres muy alto.
El demonio apenas curvó la comisura de su boca ante el inocente comentario, y dio un golpe suave en el suelo para indicarle que estaba en lo cierto. Aunque para ser justos ella no era una muy buena comparación: cualquiera podría sobrepasarla en altura.
―Esto es tan... extraño ―murmuró Rin cuando juntó sus palmas de nuevo. Bajó la mano unos segundos después, rompiendo el contacto que seguramente no había durado más allá de un minuto, pero que seguía sintiendo como cosquilleos en la punta de los dedos. No dejaba de sonreír―. ¿Crees que alguna vez pueda verte? Me gustaría saber cómo eres... y poder mirarte a la cara cuando hablo contigo. Siento que te falto el respeto cuando lo hago, dudo que acierte alguna vez.
―No lo sé ―le dijo esta vez usando su voz. Él tenía una manera de pensar parecida, le gustaría compartir una conversación o al menos unos minutos en su compañía sabiendo que podía verlo. Sería muy interesante ver su reacción; si con un roce se había asustado, no imaginaba qué llegaría a hacer cuando lo viera.
―Bueno, ya podemos hablar mejor e incluso te he tocado la mano. Nunca pensé que llegaríamos tan lejos, así que hay que ser optimistas ―sentenció Rin rotundamente―. Ojalá lo consiga antes de terminar el curso. Y espero que todo esto no desaparezca cuando tenga que irme y regrese a visitarte mucho después, sería horrible no poder volver a hablar contigo.
La mandíbula del demonio se tensó un poco ante aquel último comentario. Mientras más tiempo pasaba, más le molestaba la idea de su partida. Como una incómoda astilla que no podía sacarse y acababa enterrándose más en su piel.
No quería que se fuera, eso era seguro.
Un pitido agudo rompió de repente el ambiente, haciendo que Rin se mirara la muñeca algo sobresaltada. Había olvidado que tenía la alarma programada de su reloj.
―Rayos, ya son las cinco y media, tengo que regresar antes de que mamá se pregunte dónde estoy. O llame a Momoko para preguntarle, lo que sería peor ―roló los ojos al imaginárselo. Desde aquella conversación que ambas habían tenido a la media noche, Rin se andaba con más cuidado que nunca para no ser pillada. Casi podía sentir la suspicacia de su madre cada vez que regresaba de sus supuestas "salidas de chicas", la excusa que tenía para encubrir sus encuentros con Sesshomaru.
Estaba más que segura que sabía que salir con sus amigas no era precisamente lo que hacía, así que no quería darle más motivos para sospechar. Que supiera que había alguien más quien llamaba su atención era más que suficiente.
Se puso de pie y sacudió un poco sus pantalones cortos. Tenía varias plantitas pegadas en los zapatos, por lo que debía recordar quitarlas antes de llegar a casa sólo por si las dudas.
―Creo que he estado leyendo por mucho tiempo, de seguro te sabes más de estos libros que yo a estas alturas. ¿Quieres que hagamos otra cosa la próxima vez? Quizás podrías sacar el juego de Go, hace tiempo que no jugamos, ¿no crees?
―Me gustaría ―le dijo él, asintiendo con la cabeza levemente sin que ella pudiera saberlo.
―Genial. Practicaré un poco con mi papá antes de volver, ya verás que no podrás vencerme tan fácilmente. De nuevo, al menos... ―refunfuñó. Nunca había sido capaz de ganarle en ningún juego, pero últimamente se sentía optimista―. Quedamos para el... miércoles. Salgo temprano el miércoles, sí, la profesora de física no estará por un par de semanas. Así que prepárate, Sesshomaru.
Colocó las tiras de la mochila en sus hombros y saltó del pórtico abierto al suelo de pasto alto. Y antes de marcharse, como siempre hacía, se daba la vuelta y le dedicaba una graciosa cabezada de despedida.
―Hasta pronto. Que no se te olvide sacar el juego, espero que no lo hayas perdido. ¡Nos vemos en un par de días!
Y sin más que decir, no sin antes sonreírle ampliamente, su cabeza negra desapareció de la densa maleza para atravesar el hueco del muro. El demonio apenas se quedó observando el último sitio en el que la había visto para regresar al interior de la mansión con una elegante vuelta. No se percataba que había apretado ligeramente la mandíbula.
...
Issei miró furtivamente a Rin mientras la clase de literatura se sumía en el somnífero sopor de la voz apagada de la profesora. No era la primera vez que la pillaba distraída en una de sus asignaturas favoritas, reposando la barbilla en la palma de su mano mientras fijaba su atención a algún punto muerto del salón de clases. Incluso era fácil atraparla con una sonrisa ligera y casual, como si le sonriera a alguien que sólo ella podía ver.
Issei no era nada tonto y sabía sacar las cuentas. Aquella actitud le había comenzado justo desde el día del karaoke, poco más de un mes atrás. En ese momento, cuando iban de camino, parecía tensa y nerviosa, incluso había actuado un poco más raro de lo habitual. Y al lunes siguiente... era como si hubiese recibido una revelación.
Seguramente él era el único que se daba cuenta de esos pequeños detalles, porque era el único que le prestaba tanta atención como para notarlos.
No era un secreto para nadie que gustaba de ella desde hacía tiempo, y hasta hace poco había pensado que la cosa era recíproca. Rin siempre lo había tratado muy bien y seguía la corriente de sus bromas como nadie más sabía hacerlo.
Y de repente... fue como si todo se apagara.
Había algo que definitivamente andaba mal.
―Hajime, ¿cómo se puso exactamente Rin cuando Momoko le dijo que parecía que salíamos?
―Nerviosa, supongo. Creo que también se puso roja ―contestó distraído, encestando un balón en la canasta con los demás.
―¿Y qué le dijo a Momoko?
―Que ustedes no salían y sólo eran amigos, pero... ni siquiera parecía estar demasiado segura. No me extrañaría si de verdad no se hubiera dado cuenta, con lo despistada que es...
―¡Espera un momento! ―lo frenó en seco. Ambos amigos se habían quedado al finalizar la clase, guardando los balones en el depósito. Issei le bloqueó la salida con un brazo para evitar que se marchara―. No le habrás dicho eso, ¿verdad?
―¿Qué cosa, que es muy obvio? Creo que sí lo hice ―Issei lo miró ceñudo, evaluando si debía o no arrojarle el balón de básquet a la cara―. ¿Qué? Lo es.
―Espero que hayas tenido más tacto que ese, no quiero quedar como un tipo raro.
―Pff, qué tontería. Es raro el hecho de que no hayas tenido las pelotas de decirle nada, no sé a qué estás esperando.
Por primera vez en mucho, mucho tiempo, el chico de los anteojos se sintió enrojecer al menos un poco. Torció la boca para evitar insultar a su amigo y terminó por arrojar el balón al canasto con los demás. Por más que le mosqueara, Hajime tenía un buen punto.
―¿Crees que esté viéndose con alguien? ―le preguntó seriamente cuando salían del almacén. Por suerte la cancha deportiva estaba casi vacía y eran prácticamente los únicos que quedaban.
―¿Tú acaso ves a Rin con novio? ―el chico le alzó una ceja con incredulidad. A pesar de que era una muchacha bonita y simpática, la mayoría del curso no la veía como una opción 'para salir'; era
más fácil tomarla como una amiga que como algo más, con lo mucho que se solía juntar con los varones y participar de vez en cuando en sus partidos de voleibol.
Issei debía ser uno de los pocos que pensaba diferente sobre ella, y si él era capaz de verla como una chica, seguramente no era el único.
―No lo sé.
―Pues échale un par ―recomendó directamente, interrogándolo mudamente por qué simplemente no lo hacía de una vez y ya. Juntos desfilaron hasta las duchas, donde el resto de sus compañeros se preparaba para la próxima clase―. Si tanto quieres saber sólo pregúntale a ella, no me lo preguntes a mí. Y por Dios, dejemos de hablar de estas cosas, me siento como una niña ―refunfuñó cómicamente mientras agarraba su toalla y limpiaba su cara.
Issei contuvo un pequeño gruñido y lo imitó de mala gana. No tardaron en seguir los pasos de sus demás compañeros y para cuando ya estuvieron de regreso en el salón, el chico de las gafas resolvió prácticamente que su amigo tenía razón. Debía echarle un par y dejar de ser tan cobarde.
Lo más seguro era que se estuviera preocupando por nada y todo eran imaginaciones suyas. Sólo le pediría salir a solas y le diría la verdad, no tenía ciencia alguna. ¿Qué era lo peor que podía pasar?
...
El timbre sonó por todo lo alto y los alumnos del último año suspiraron de alivio al ver su jornada terminada. Con la profesora de física ausente por enfermedad y a falta de sustituto, tenían la maravillosa suerte de tener la última hora despejada.
O eso creían.
Apenas el profesor dejó el escritorio y salió de la puerta, Satsuki, la delegada de la clase, se apresuró a tomar su lugar y a pedir muy estrictamente que guardaran silencio, urgiendo mudamente a su compañero delegado que se uniera a ella. Masashi se levantó de su pupitre arrastrando los pies y se paró a su lado con cara de pocos amigos.
―Muy bien, muy bien, sé que queremos irnos, pero tenemos que... ¡¿Se quieren callar de una buena vez?! ―rugió Satsuki sobresaltando a más de uno. Sabiendo lo aterradora que podía ser la muchacha empeñando su papel, los chicos gruñeron entre dientes mientras tomaban asiento de nuevo―. Gracias, muy amables. Tenemos algunos puntos que discutir y vamos a aprovechar este tiempo libre para ponernos al corriente.
―Hurra... ―murmuró alguien muy bajito, ganándose una fea mirada de la delegada.
―Como sabrán, éste es nuestro último año y hay cosas que debemos hacer. Escogeremos una canción para nuestro acto de despedida, organizaremos los grupos responsables de dicho acto, acordaremos el presupuesto para el viaje de campo del próximo mes, y elegiremos qué rayos vamos a hacer para el festival de regreso de las vacaciones de verano.
―Hurra... ―volvió a murmurar la voz y esta vez unas más lo secundaron.
―¿A quién se le ocurre hacer un festival para después de las vacaciones? Eso es cruel ―murmuró una chica cerca del puesto de Rin.
―¿Es necesario hacer esto? El año acaba de empezar, tenemos mucho tiempo para organizar el acto de fin de curso ―se quejó Issei con fastidio.
―Mientras más rápido tengamos todo planificado, menos tendremos que preocuparnos más adelante. Además, siempre que planeamos algo de un día para otro todo sale mal. ¿O no se acuerdan de nuestro festival de invierno del primer año de preparatoria? Fue un desastre todo porque nos confiamos. Así que a callar las quejas y empecemos de una vez.
―De acuerdo, mamá ―ironizó Issei entre dientes, haciendo que Rin y otro par de chicos cercanos se rieran por lo bajo.
―Empecemos con lo más fácil: nuestra canción del acto de despedida. Nada de heavy metal, por favor ―cortó a un chico que alzaba el brazo lleno de brazaletes de pinchos. Desilusionado, volvió a reposar el brazo en el pupitre mirando a Satsuki refunfuñado.
Issei volvió a resoplar mientras la discusión más aburrida de la historia daba inicio. Se fijó en Rin, quien garabateaba distraída en su cuaderno mientras sonreía para sí misma, completamente ajena a lo que pasaba en el salón. Y... ¿era idea suya o tenía la cara ligeramente más roja?
La hora pasó entre discusiones, algunos insultos y unas cuantas risas hasta que al fin se cubrieron todos los puntos necesarios. Los que no formaban parte de ningún comité ni eran delegados estaban libres de irse y aprovechar lo poco que les quedaba de su clase perdida de química.
Issei se levantó de su asiento justo al mismo tiempo que Rin, pero cuando abría la boca para decirle algo, Masashi lo cortó con una cara de urgencia.
―Amigo, tienes que ayudarme. Me voy a lanzar por la ventana si sigo trabajando con Satsuki, es una pesadilla ―le exclamó exaltado.
―Si te lanzas de la azotea te matas más rápido ―le dijo, moviéndose a un lado para llamar la atención de Rin. Pero el otro muchacho no lo dejaría ir tan fácilmente.
―¿Puedes hacer de tesorero? Te lo ruego, me ha puesto tantas obligaciones que juro que agarraré todo el dinero y lo usaré para pagar un psiquiatra.
―¿Tesorero, yo? No, gracias. Ya me tocó una vez y fue muy fastidioso.
―Sólo tienes que guardar el dinero, no es para tanto. Por favor, Issei... me voy a volver loco.
Issei se siguió negando por un rato, el mismo que ocupaba su amigo para seguir insistiendo con más y más desesperación. ¿Por qué no le pedía la tarea a alguien más? Quizás porque eran mejores amigos e Issei era bastante responsable, o tal vez porque Masashi intuía que se quería ir lo más pronto posible y quería verlo sufrir.
Comenzaba a sospechar que la segunda opción era la acertada cuando se dio cuenta que Rin había desaparecido del salón. Terminó aceptando la propuesta de mala gala para no perder más tiempo, ofuscado por su mala suerte. ¿Tenía que escoger precisamente ese día para fastidiarlo?
Las amigas con las que había visto a Rin conversando momentos antes de perderle el rastro le dijeron que acababa de salir, por lo que no podía estar lejos. Después de asomarse por el pasillo, distinguió su silueta entre otras cuántas de alumnos que se marchaban temprano a casa. Todos tenían el andar relajado, casi perezoso típico después de un día de clase. Pero no Rin, ella caminaba más aprisa y resaltaba entre los demás por su largo cabello suelto.
Rin se dirigía a las bicis aparcadas, y una vez que tomara la suya no habría manera de detenerla. Así que corrió lo más rápido que pudo escaleras abajo, esquivando un par de alumnos y a un profesor, dejando su recriminación bien atrás. Pensó que la perdería cuando cambiaba sus zapatos en el recibidor de la escuela, pero aún así se apresuró en ir a por su propia bicicleta.
Tenía la intención de detenerla y hacerle la condenada pregunta de una vez por todas, pero, mientras salía del colegio y la encontraba de casualidad doblando una esquina cuesta arriba, prefirió desechar su idea.
Rin estaba apurada como lo había estado muchísimas otras veces al salir de la escuela. Estoy ocupada, tengo algo que hacer, prometí que ayudaría en casa... sus excusas para no salir con los demás se apilaban una tras otra, y tal parecía que se le daba la oportunidad de averiguar qué tan ciertas eran.
Comenzó a pedalear, siempre manteniendo la prudencial distancia para no ser detectado, cruzando los dedos para que a Rin no se le apeteciera girar la cabeza y descubrirlo. Una esquina de su mente le decía que probablemente lo conduciría a algún sitio abandonado donde cuidaba de animales peligrosos ―un osezno herido fue lo primero que se le ocurrió―, preguntándose qué sería peor: eso o la suposición de que se estaba viendo con alguien más.
Ya era hora de averiguarlo.
...
Apenas eran un poco más de las cuatro cuando Rin alcanzó la mansión. Desmontó su bici, dejándola apoyada al lado del hueco en el muro como siempre, y se aventuró entre la alta maleza con una gran sonrisa.
Con algo de suerte podría hacer un nuevo avance con Sesshomaru. Ver su sombra sería algo aceptable, por lo menos, o su figura aunque fuera translúcida y sin mucha forma. Ya lo escuchaba y podían tocarse, ¡no debía faltar mucho para poder verlo!
―¡Ya llegué! ―anunció cuando se subió al pórtico. Como solía suceder, sintió inmediatamente la presencia de su amigo silencioso justo al frente de ella. A un lado, bajo la columna que usaba para apoyar la espalda, la vieja caja de Go la esperaba pacientemente―. Oh, qué bueno, por un momento pensé que se te olvidaría. ¿Cómo has estado? Perdona la demora, creí que saldría más temprano ―acto seguido, sacó de su mochila la ofrenda del día. Un pastelillo casero de chocolate y una pera bastante grande―. Mejor te lo doy ahora, siento que el pastel se aplastará si sigue en mi mochila.
Dejó ambos regalos sobre una hoja recién arrancada de su cuaderno y los puso a un lado de la columna para abrir la vieja caja del juego de Go. El tablero y las piezas estaban en perfecto estado, tal y como los había dejado la última vez que jugaron. Los miró un momento un tanto ceñuda tras organizarlo todo para la partida antes de preguntar:
―¿Te cuesta mucho trabajo pasar los objetos de aquí hasta allá?
―No ―le dijo con soltura, prefiriendo usar su voz antes que los golpes con sus nudillos.
―¿Y regresarlos a este mundo? ¿Te gasta energía o algo?
―Sólo si son objetos grandes ―contestó. Rin distinguió cada palabra con una claridad mayor, lo que la hizo estremecer un poco de emoción. Aún le asombraba el hecho de poder escucharlo de verdad, y esperaba con ansias que llegara el momento para verlo. Estaba cerca, lo sentía.
―¿Puedes transportar criaturas vivas?
―Eso es más complicado ―no es que no pudiera, sino que no era como transportar una cosa inanimada. La vida de una criatura pesaba más que la masa de un objeto por la fuerza con la que se aferraba al mundo físico, por lo que no era algo precisamente que se pudiera hacer a la ligera. La primera y última vez que lo había logrado con éxito había sido por accidente, cuando transportó a un anciano siglos atrás en lugar de matarlo. Hacerlo le había consumido bastante energía, pero no la suficiente como para no llevar a cabo su labor inicial.
Lo interesante era que el viejo también parecía haber sufrido alguna clase de daño por el paso entre mundos. Aunque nunca supo exactamente qué había sido, pues acabó matándolo poco después.
―¿Y tú? ¿Puedes pasar a este mundo?
―Por poco tiempo.
Eso sí lo había intentado en más de una ocasión, pero no sentía el interés por contar su experiencia. No era algo que quisiera recordar.
Rin tuvo el impulso de pedirle que le hiciera una demostración inmediatamente o al menos le contara más detalles, pero en cuanto abrió la boca supo que no era muy buena idea. Ya lo conocía lo suficiente como para saber cuándo no quería hablar de algo, así que se encogió de hombros y decidió dejarlo de lado por ahora. No iba a presionarlo a hablar, jamás lo había hecho y no iba a comenzar ahora. Si él no se lo decía algún día tendría que aceptar que jamás lo sabría, y podía vivir con eso. Había ya demasiadas cosas que no sabía sobre él, así que estaba acostumbrada a apartar su incertidumbre y curiosidad por el bien de respetar la privacidad de su amigo.
Centró su atención en las piezas de Go y compuso una sonrisa ante la idea que le había llegado repentinamente. Era osada, pero se sentía especialmente optimista aquel día.
―Vamos a hacer las cosas interesantes. Si yo gano, me dejarás tocar tu cabeza. Pero estando de pie para saber qué tan alto eres.
―No alcanzarás ―se burló por lo bajo. Rin arrugó el entrecejo.
―Entonces me ayudarás a estirar la mano hasta donde llegue, al menos para hacerme la idea.
―¿Y si yo gano?
―Eh... no lo sé. ¿Qué quieres de mi parte?
Sesshomaru apretó la mandíbula ante aquella inocente pregunta. Constantemente se recordaba lo ingenua que Rin podía llegar a ser y lo fácil que sería manipularla. Pero se mantenía firme en su propósito de no corromperla. Lo haría con cualquier otro ser humano, pero no con ella.
Tuvo que contestarle cualquier cosa, alguna que estuviera bien lejos de lo que realmente quería.
―Otra partida.
―Te gusta verme sufrir, ¿no? Eres malvado ―le sacó la lengua chistosamente―. Pero no te confíes, estuve todo el fin de semana practicando con mis padres y nunca consiguieron derrotarme. Así que empecemos.
Como era costumbre, Sesshomaru le concedió el primer movimiento antes de hacer el suyo. La ficha blanca levitó por el aire y aterrizó pulcramente en el tablero.
Rin evaluaba su estrategia cuando le pareció oír un pequeño ruidito de entre la hierba alta. Viró la cabeza para ver qué pasaba, pero le restó importancia al no encontrar nada. Seguramente había sido algún animalito.
Movió su segunda pieza y espero a que Sesshomaru continuara, pero ninguna de sus piezas blancas se movió. Al contrario, sintió un cambio en el ambiente usualmente tranquilo a uno más tenso y hasta siniestro. De repente hacía algo más de frío y cierta presión le oprimía los pulmones.
Inmediatamente supo que Sesshomaru estaba molesto.
―¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
Pero no hubo palabras de respuesta por parte de su amigo, sino más bien... algo diferente, algo que no había escuchado desde aquel primer día que puso pie en aquella casa.
Era como si las mismas paredes se estremecieran ante la fuerte sacudida de un ser enorme, soltando un grave y sonoro gruñido. Los vellos de su nuca se erizaron y tuvo que llevarse las manos a los oídos más por el susto que por el sonido en sí.
Las piezas de Go y el tablero salieron volando con fuerza hacia el exterior como si un golpe o una patada las hubiera lanzado en un arranque de ira. Y Rin no fue la única que soltó un gritito ante la impresión.
Su corazón se detuvo al escuchar un claro quejido humano.
Se quedó paralizada ahí sentada, viendo cómo Issei emergía de entre la hierba alta, mirándola con los ojos bien abiertos y cubriéndose la cabeza con los brazos.
El mundo entero dejó de girar cuando sus ojos se encontraron.
Rin se quedó sin aliento en cuanto abrió la boca, tenía la intención de decir algo, pero ninguna palabra abandonaba su garganta. El rostro de su amigo estaba desfigurado entre el terror, el enojo y la incomprensión. Y antes de que Rin siquiera llegara a pensar en qué podía decirle, la casa volvió a estremecerse con la furia del inugami, quien tomó el impulso para ir tras el humano.
―¡NO! ¡ESPERA! ―le gritó con todas sus fuerzas, interponiéndose en su camino por pura inercia. Un cuerpo grande la golpeó e hizo caer con un sonoro gemido. Issei había salido disparado en cuanto el segundo rugido resonó entre las paredes, sabiendo que la cosa iría a por él, y no tuvo más opción que escapar.
Rin se presionó el lado de la cabeza con el que se había golpeado contra el suelo, apretando los dientes para no emitir ningún quejido. Le dolía muchísimo y le costaba pensar claramente con el agudo pitido que inundaba sus tímpanos.
Se incorporó como pudo en busca de su amigo, sólo para descubrir que no había rastro de él. Quizás había pasado un par de minutos inconsciente, pues no había sonido que rompiera el calmo ambiente más allá del viento meciendo el pasto y el canto lejano de algunos pájaros. Con suerte habría traspasado el muro sin ser alcanzado por el demonio y se había librado de una situación altamente peligrosa.
Bueno, por lo menos él corría con la fortuna de haber salido ileso.
Separó la mano de su cabeza al sentir algo caliente en ella y chasqueó la lengua ante la mancha carmesí en su palma. Sus dedos contornearon con cuidado la brecha que se había abierto por el fuerte golpe, y agradeció que al menos no era demasiado grande. Hizo presión con el dorso de la mano para frenar el sangrado y se puso de pie lentamente para no marearse más. El hombro también le dolía un poco, pero no tenía tiempo para preocuparse de eso.
Miró hacia el frente, donde sentía la presencia del inugami silencioso. Sabía que la miraba fijamente. Su ira se había frenado en seco cuando cayó al suelo y notó su sangre, y lo que sea que estuviera sintiendo en ese momento, Rin no podía identificarlo.
No sabía qué decirle, qué hacer o qué pensar siquiera. Todo había sido demasiado rápido y aún no le encontraba sentido alguno.
Todo iba bien, comenzaron la partida de Go y luego Issei... ¿qué rayos hacía Issei ahí? ¿Cómo lo había sabido?
Rayos, tenía que alcanzarlo, ¡no podía dejar que le dijera a nadie!
Tomó su mochila de un manotazo y saltó del pórtico, no sin antes dar una última y fugaz mirada hacia atrás.
Estuvo a punto de girar la cabeza una vez más al creer haber captado algo con el rabillo del ojo, pero no tenía tiempo que perder. Si Issei llegaba a contar lo que había visto... ni siquiera quería imaginarlo.
Se perdió en pocos segundos entre la alta maleza, aún apretando la brecha sangrante como podía.
Si hubiera volteado esa segunda vez se habría dado cuenta de que no dejaba un espacio vacío detrás de ella. En donde creía que Sesshomaru estaba parado, inmóvil y mudo, se había dibujado una silueta traslúcida con clara forma humana. Aunque sus rasgos o colores eran imposibles de distinguir, se podía notar su alta figura bajando la cabeza.
...
―¡Issei! ¡Issei, espera! ¡Por favor detente! ―le gritó, dándole persecución por el sendero del bosque. Issei la ignoraba mientras pedaleaba rápidamente, agarrando el manubrio con tanta fuerza que apenas podía controlarlo. Estaban por llegar a la carretera y una vez en terreno plano, Rin no estaba tan segura de poder alcanzarlo.
El chico acabó virando mal en una curva y se salió del camino. Habría chocado contra un árbol si sus reflejos no le hubieran hecho bajar la pierna para frenar por completo antes de darse contra el tronco. Rin derrapó con buen control sobre su bicicleta, acostumbrada a ese camino como nadie más en el pueblo, y se le atravesó enfrente para evitar que se marchara.
Su pecho subía y bajaba a toda velocidad en contraste con sus fuertes bocanadas de aire. El sudor bajaba por su cara, haciendo que algunos mechones de su flequillo se pegaran a su frente. Ambos muchachos se quedaron agitados viéndose el uno al otro sin ser capaces de emitir palabra alguna.
O al menos ese era el caso de Rin.
Le pareció que el rostro de Issei perdió el poco color que le quedaba cuando posó los ojos oscuros en el punto donde sentía el dolor más fuerte, notando en el acto que había resultado herida. Aquel nuevo detalle ayudó a incrementar su enojo.
―¡¿Qué demonios tienes en la cabeza?! ―le gritó él de repente, soltando el manubrio de su bicicleta―. ¿Qué mierda pretendes yendo a esa casa? ¡¿Has perdido la razón?! ¡Mira lo que te ha hecho, maldita sea!
―Issei... no es lo que piensas... ―consiguió tartamudear con algo de esfuerzo. El nudo en su garganta estaba demasiado apretado y le costaba mucho hablar.
―¿Lo que pienso? ¡¿Lo que pienso?! ¿Qué podrías saber tú sobre lo que pienso? Ya sé, déjame ayudarte con eso ―continuó sin dejarle oportunidad a Rin de defenderse―. Lo que pienso es que te has vuelto completamente loca y que es precisamente porque esa cosa que está ahí arriba te ha trastocado. ¿Cómo se te ocurre regresar después de lo que pasamos? ¿Qué se supone que haces?
―¡No me ha trastocado la cabeza! Y no es una cosa, es...
―¿No es una cosa? Lo siento mucho, Rin, pero eso no es algo siquiera de este mundo. Sé lo que pasó cuando vinimos y sé lo que acaba de pasar ahora. ¡Esa cosa estuvo a punto de matarnos, ¿recuerdas?! ¡Y si no me equivoco, pudo haberme atacado justamente ahora! ¡Y tú ahí jugando con él como si fuera... como si fuera tu mascota!
―¡Issei! ―lo interrumpió estridentemente antes de que continuara. La cara de su amigo estaba enrojecida y muy tensa. Rin enmudeció de nuevo cuando se supo con su atención. Sólo quería que dejara de gritar, pero aún no estaba muy clara en qué era lo que podía decir para mejorar la situación. Si es que algo podía hacer eso―. Lamento mucho que casi te haya hecho daño, pero... pero no tuviste que haber estado espiando de esa forma, se altera mucho con otras personas y...
―¡Oh, eso no hace falta que me lo digas, ya me he dado cuenta dos veces! Y si ya sabes que es peligroso, ¿qué rayos hacías ahí jugando con él? ¿Cómo se te ocurre...?
―¿Qué hacías tú ahí, Issei? ―lo volvió a cortar abruptamente. Ahora su mirada estaba más determinada y serena. Ni siquiera tuvo que alzar la voz.
―¿Qué hacía yo? Pues te seguía, ¿qué otra cosa sino? ¡Y eso no responde a mi pregunta, Rin! ¿Qué hacías TÚ ahí? ¿Por qué regresaste?
―Porque quise darle una oportunidad ―fue lo primero que se le ocurrió decir. Rápidamente se dio cuenta que no había sido una buena idea.
―¡¿Una oportunidad?! ¡Estás loca! ¿Una oportunidad para qué, para que te mate?
―¡Claro que no! ¡Él nunca me haría daño!
―¿En serio, eso crees? ¿Y qué es eso que tienes en la cabeza, eh?
Rin se llevó la mano a la herida. Un ancho hilo rojo le bajaba cerca de la oreja hasta la barbilla y manchaba su ropa del colegio. Se limpió la sangre y sacudió la cabeza para restarle importancia, ignorando el ardor que sentía.
―Esto fue un accidente.
―Claro, claro, ¿y cuántos más accidentes te habrán pasado estando ahí arriba?
―¡Ninguno! Él es bueno, siempre ha sido bueno conmigo.
―Sí, por supuesto que te creo. ¿Es que no te das cuenta de lo que estás haciendo? ¡Esa cosa es peligrosa! ¡Ha matado gente, Rin! ¡Los ha trastocado, los ha lastimado! Y tú vas y juegas juegos de mesa y le hablas... no te entiendo, no entiendo nada ―gruñó frustrado, impulsándose en falso para seguir pedaleando. Pero se detuvo para mirarla un momento antes de bajar la cabeza―. Ni siquiera sé si quiero entenderlo.
―¡Entonces déjame que te lo explique! Te prometo que no es lo que crees... Es decir, sí, tiene muy mala historia, pero cuando lo conoces es diferente, no sabes... ―hizo una pausa corta para reorganizar sus pensamientos enmarañados. Ese día estaba resultando ser una horrible pesadilla. Respiró profundamente y se dio ánimos para continuar―. No es culpa suya, de verdad, está encerrado y no puede salir. No tiene nada en el mundo, está enojado y muy solo. Sólo quiero ayudarlo.
―¿Ayudarlo? ―musitó incrédulo―. ¿Ayudarlo a qué, a conseguir más víctimas?
―No exageres, sabes que yo no haría nada para herir a nadie.
―Oh, ¿en serio? Porque si mal no recuerdo casi me hieren a mí.
―¡Porque lo tomaste por sorpresa! Nos estabas espiando, ¡no tuviste que haberme seguido!
―¿Y quién te crees que eres tú para recriminarme nada? ¡Yo no soy quien anda jugando con... con monstruos, pretendiendo que todo está bien!
―¡No es un monstruo! ¡Es mi amigo!
Issei bufó de nuevo.
―¿Tu amigo? Estás más loca de lo que creí. No sé qué sea esa cosa, ese... amigo tuyo, pero sea lo que sea, no es bueno, Rin. Sólo vas a conseguir que te maten.
―Claro que no, sé lo que hago.
―¿Y qué es lo que haces exactamente?
Rin abrió la boca para contestar, pero la cerró dos segundos después. Esta vez no tenía nada que decir, ella tampoco sabía muy bien qué estaba haciendo, o al menos no sabía cómo decírselo a Issei sin que este volviera a explotar.
―Hago que sea bueno ―no le quedó de otra más que decírselo de esa manera. Su compañero soltó una risa irónica algo cruel y la miró como quien observa a una criatura ridícula y sin sentido.
―Sí, seguro, y haces un estupendo trabajo ―roló los ojos y se preparó para partir. Había tenido suficiente por un día, y no quería hacer o decir algo de lo que pudiera arrepentirse más tarde. Tenía demasiadas cosas que pensar―. Todo lo que sé es que esa cosa es peligrosa. Pero ya verás qué haces con eso.
―Issei, espera... ―Rin tuvo la intención de detenerlo, pero carecía de la fuerza física y mental como para hacerlo. Estaba demasiado agotada y aturdida como para coordinar su cuerpo―. Por favor... no le digas a nadie. N-no puede saberlo nadie más. Por favor, no...
Él la miró un momento más, ceñudo, evaluando si debía contestar o no. Negó con la cabeza, harto de todo y con el único pensamiento de largarse lo más pronto posible. Las ruedas de su bicicleta aplastaron las hojas caídas en su retorno al sendero marcado.
―Ve a que te atiendan esa herida. Y háblame cuando hayas recapacitado ―fue lo último que le dijo antes de marcharse, sin siquiera mirar atrás.
Rin se quedó plantada al lado del árbol, viendo su camiseta blanca perderse entre el verde del bosque, junto al sonido de la cadena y las ruedas de su bicicleta al aplastar la maleza.
Todo su cuerpo perdió fuerzas y cayó sentada al no poder mantenerse más tiempo de pie. La bici se derrumbó a su lado, y una punzada en su cabeza le hizo soltar un quejido agudo.
El castillo de naipes que había construido se derrumbaba ante ella y no había nada que pudiera hacer para detenerlo.
...
A su madre casi le dio un ataque al corazón cuando la vio regresar por la noche con la camisa manchada de sangre, las rodillas llenas de tierra y los ojos rojos. Miles de preguntas la atacaron al mismo tiempo, y lo mismo pasó cuando su padre llegó unos escasos minutos después. Preocupados, la sentaron en la sala mientras su madre limpiaba su herida y su padre hablaba por el teléfono.
Su vecina más cercana llegó poco después con un pequeño botiquín de primeros auxilios y procedió a examinar, desinfectar y hacer la sutura después de indicar que no era algo demasiado grave. Era una fortuna vivir al lado de una enfermera retirada, decía constantemente su madre, y aquel día lo habían comprobado.
Su madre continuó interrogándola cuando la vecina se marchó media hora después, para nada convencida con su historia de que se había caído de la bicicleta en su regreso de la casa de Momoko. Era una excusa bastante estúpida y poco creíble, pero había sido la primera que se le ocurrió cuando se dio cuenta que estaba en el umbral y no tenía nada preparado para decir.
―Rin... por favor, hija, dime la verdad ―insistió cuando el padre les dio algo de privacidad. Quizás por ser mujeres ambas preferían conversar a solas, y él haría todo lo posible para no empeorar las cosas. Le dio un beso a su hija en la coronilla y se marchó a la cocina a preparar un té para calmar los nervios de su esposa―. ¿Te ha golpeado alguien? Si es así tenemos que hacer algo al respecto.
―En serio, mamá, no me ha pegado nadie. Ya te lo dije, iba distraída y me caí.
―¿Y por qué regresaste a casa con la ropa sucia y llorando?
―Bueno, porque me dolió y me puse a llorar. Y uno se ensucia cuando se cae ―le contestó de mala manera cansada de su interrogatorio. Ya le dolía la cabeza bastante como para añadir más cosas en ella. Su madre la miró dispuesta a seguir con el tema.
―¿Y qué estabas haciendo antes de caerte?
―Estuve en casa de Momoko, después decidí tomar el camino largo. Un gato se me atravesó y por no atropellarlo me lancé a un lado ―relató, imaginándose la escena al instante y evaluando que dado su historial de llevar animalitos a casa, era mucho más creíble. Su madre también parecía pensar en eso, pues su manera de mirarla había cambiado un poco.
Aunque sabía que había algo más detrás de su supuesta caída.
―Pero te pasó algo antes que eso, ¿verdad? No estás alterada sólo por casi atropellar a un gato y haberte lastimado la cabeza. ¿Es algo de lo que me tenga que preocupar?
Rin bajó la mirada, soltando un suspiro. Estaba demasiado cansada hasta como para seguir inventando mentiras descaradas.
―Issei ―murmuró.
―¿Qué pasó con Issei?
―Discutimos. Por eso... por eso fui con Momoko.
―¿Por qué discutieron? ¿Pasó algo entre ustedes?
―Mamá... ―Rin la miró un momento, pidiéndole mudamente que se detuviera. No sabía cuánto más podría resistir―. Perdóname, pero no quiero hablar de eso. Te prometo que estoy bien, es sólo que... fue un día muy largo ―se desinfló de nuevo sobre la silla, rascándose por inercia los seis puntos que le habían colocado. Obviamente retiró la mano ante el dolor.
―Pero Rin...
―Disculpen la interrupción ―apareció su padre repentinamente por la puerta de la cocina. Cargaba una taza de té humeante en las manos, y su dulce aroma inundaba el salón―. Hija, te preparé la bañera por si quieres darte un baño. Sólo recuerda usar el gorro para no mojarte el cabello. Después de eso podemos cenar todos juntos, ¿les parece bien?
La chica le dedicó al hombre una mirada llena de gratitud antes de levantarse. Había dicho las palabras mágicas, aquello era lo que más necesitaba. Su madre recibió la taza de té sin dejar de mirar hacia su hija con una expresión contrariada. Sabía que tenía algo más que decirle, pero no le dio ninguna oportunidad y se apresuró a subir al baño y a cerrar la puerta con seguro.
―¿Crees que de verdad se haya hecho eso ella sola cayéndose de la bicicleta? Dice que intentó esquivar un gato, pero no me cuadra demasiado... ―manifestó la mujer en cuanto su marido tomó asiento a su lado.
―No veo por qué debamos dudar de ella. ¿Te acuerdas cuando se rompió un brazo al caerse de un árbol por intentar regresar a unos pájaros a su nido? Que se haya hecho daño esquivando a un gato tiene sentido. Rin es así, no le importa llevarse la peor parte siempre y cuando pueda salvar a algún animal.
―Qué pesadilla fue su lío con los pájaros ―musitó ella mientras se llevaba una mano a la sien―. No entiendo cómo se las arregló para romperse el brazo y aún así ningún bicho se murió con la caída.
―¿Lo ves? No te preocupes, cariño, por suerte no fue nada peor y pudimos solucionarlo con ayuda de la señora Yamato. Creo que estás leyendo muy entre líneas. Relájate. Rin es grande y responsable, no se metería nunca en serios problemas, y los pequeños que tenga es muy capaz de manejarlos por su cuenta.
―Sí... puede que tengas razón ―se inclinó hacia él cuando su marido le dejó un besito en la mejilla. Tomó su mano y la apretó levemente. Por más conciliadoras y lógicas que fueran sus palabras, aún seguía inquieta.
Algo le decía que Rin no era del todo sincera, y le dolía que su hija no quisiera decirle la verdad. Quizás era la edad ―que era lo que más esperaba que fuera―, o tal vez... era porque se trataba de algo tan malo que no se sentía capaz de compartir. ¿Tendría miedo de ser juzgada? ¿Temía por un castigo? Cómo le gustaría saber, cómo quisiera poder ayudarla.
Pero su esposo tenía razón. Su hija era mayor y responsable, fuera lo que fuera que le causara problemas, podía manejarlo. Y si no era así, para eso estaban sus padres. Siempre estarían ahí cuando los necesitara.
La cena transcurrió tranquila y algo tensa, la adolescente apenas levantó la cara de su plato, del cual apenas comió y retiró rápidamente para irse a dormir. Los padres se miraron el uno al otro cuando Rin desapareció escaleras arriba tras desearles las buenas noches. Él tomó la mano de su mujer para tranquilizarla, cosa que ella agradeció con una cabezada.
Sin embargo, cuando ambos se iban a dormir una hora después, la mujer le echó un último vistazo al cuarto de su hija para asegurarse que estuviera bien. La encontró mirando hacia el techo con los ojos muy abiertos. Apretaba la sábana que la arropaba a la altura del pecho, y parecía que con esto intentaba contener sus ganas de llorar.
―Buenas noches, cielo ―le dijo al pararse en el umbral. Rin salió de su ensoñación y se reacomodó en la almohada para dormir después de asentirle con la cabeza―. Rin... escucha, no voy a molestarte más con esto, pero quiero que sepas... ―se sentó en el borde de la cama y tomó su mano, tensa y agarrotada que no quería soltar la sábana― que si algo llega a pasar, si nos llegas a necesitar... no tengas miedo de acudir a nosotros. Te ayudaremos con lo que sea sin hacer preguntas. Te amamos, hija. Nunca lo olvides.
La muchacha sonrió enternecida por la preocupación de su madre, y giró su mano para tomar la suya.
―Gracias, mamá. Yo también los amo.
La mujer le dejó un besito en la coronilla y le dio un último apretón antes de levantarse.
―Y si alguien te llega a hacer daño sólo dime su nombre. Encontré un bate en el depósito ―se despidió muy seriamente aunque con una sonrisita traicionera. Rin la imitó.
―No te preocupes, porque si eso pasa seré yo quien se lo devuelva ―le aseguró con toda confianza. Su madre la miró un momento más antes de marcharse y cerrar la puerta tras de sí.
Rin suspiró con pesadez y se dio la vuelta, encogiéndose bajo la sábana mientras apretaba su almohada en forma de gato contra el estómago. No sabía si era capaz de dormir aquella noche, pero debía intentarlo. Iría a clases al día siguiente sin importar lo mal que se sintiera, tenía que intentar hablar con Issei aunque él no quisiera escucharla. Las cosas no podían quedarse así, simplemente no podía dejar que le contara a alguien lo que había visto. La tomarían por loca, no la dejarían regresar a ver a Sesshomaru.
Y Sesshomaru...
¿Qué sería de él? ¿Creería que lo había traicionado por haber llevado inconscientemente a Issei hasta ahí? Esperaba que no. Cómo deseaba que las cosas pudieran salir bien aún a pesar de lo enredado que estaba todo.
Cayó rendida un par de horas antes de que amaneciera, aún preguntándose qué iba a hacer la mañana siguiente. Lastimosamente, no encontró nada con lo que sentirse mejor.
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¡Buenas, chicas y chicos! Sí, otra actualización antes de tiempo. Qué raro, ¿verdad? xD Creo que las voy a dejar entre sábados y domingos en lugar de lunes, es más fácil así.
Oh, Dios, ¿qué decir de este capítulo? ¿Qué no ha pasado? El rollo de Issei, la cercanía de Sesshomaru y Rin, el lío tremendo en el que se metió ella y lo cerca que estuvo Issei de ser hecho papilla. Qué desastre, no me extraña que la pobre de Rin no haya podido dormir, entre eso y el tremendo golpe que se llevó por haberse puesto en el camino el sueño le habrá costado un mundo de conciliar. ¿Cómo hará para solucionar todo lo que ha pasado? Tendrán que esperar a la próxima semana para averiguarlo ;)
¡Y lo mejor de todo! Estuvo a un sólo pelo de verlo. Si tan sólo hubiera volteado esa segunda vez tal vez no se hubiera ido corriendo a buscar a Issei. O tal vez sí. Quién sabe. Pero abre muchas posibilidades para el próximo capítulo, ¿no? Oh, y sigan elaborando esas teorías sobre el pergamino y por qué Rin puede comunicarse mejor con él. Me encanta saber lo que piensan al respecto, a ver si alguna da en el blanco.
Pasemos a otro tema que probablemente no querrán leer pero he de mencionar: el dichoso triángulo. Sí, todas los odiamos y es un fastidio y todo eso, pero, aún cuando recibí alguno que otro comentario un tanto fuera de tono, me alegra mucho que hubieran personas que captaran el trasfondo que intento tocar con este tema. Rin tira para dos lados totalmente opuestos y por supuesto que se siente fuera de base: ¿Hacer a un lado a un chico genial y normal por una criatura que ni siquiera ha visto, que no existe en su mismo plano? Digan lo que quieran con que Sesshomaru es la única opción, pero aplicando la lógica simple cualquiera puede ver cuál es la elección sensata y el motivo del fuerte conflicto interno de Rin. Lo señalo porque, créanlo o no, ese es un punto importante en la trama y necesita existir. Ahora, el que yo lo maneje de la manera apropiada ya es algo que ustedes tendrán que evaluar. Lamentablemente no puedo complacer a todo el mundo, sólo hago lo que considero correcto y lógico para que la historia esté bien estructurada y sea entretenido, así que disculpen si alguien queda insatisfecho por mi manera de llevar las cosas. Sólo confíen en mí y disfruten la lectura.
Doy este pequeño sermón porque encontré un review muy curioso donde le dedican todo su odio a Issei y me pareció... no sé cómo describirlo. WTF supongo. Es decir... es un personaje de ficción... en una historia de ficción sobre un mundo que ya de por sí es ficción. Calma, que no va a aparecer Issei a perseguirte por la noche xD Interesantemente también encontré personas que lo encuentran simpático, las mismas que acertaron muy bien con el dilema que planteo con su situación. De hecho, Issei es mi OC favorito hasta el momento y seguirá siendo una parte no principal, pero igualmente importante en esta historia. Así que lo siento al que no le guste. No, al demonio, no lo siento, me encanta Issei xD
Holy sh*t, 231 reviews. No sé qué decir que no haya dicho ya, no me quiero pasar de cursi especialmente hoy, pero no lo puedo evitar. DIOS, CUÁNTO LOS QUIERO A TODOS. TOMEN COSAS CON AZÚCAR Y CHOCOLATE Y HELADOS Y CREMA Y TODO QUE NO ENGORDE PORQUE SE LO MERECEN POR SENSUALES. Frutadragon34, Serena tsukino chiba, Abigz, gima2618, SoyAnna, Pamila de Castro, BeautifulButterflyPink, HasuLess, Yasuk0-sama, Nani28, Jezabel, Itza Moon, MisteryWitch, Suaries, Dmonisa, Aoi Moss (Sí, la portada la ilustré yo, qué buen ojo tienes xD Y fue cuando la terminé que me decidí a publicar el fic, porque sentí que ya no tenía ninguna excusa para retrasarlo xD), Laura, Anónimo1, Batusay la destajadora, Cristina97, Hanna543, Hanami, Blueberry Bliss, Melina Sesshy, Emihiromi, Maizpalomero, UmiQp, Rosedrama, Grell Whoops, Lau Cullen Swan, Ginny chan (te he fallado, soy demasiado cursi para evitarlo xD así que calla y acepta mi amor, ¡ACÉPTALO, GINNY!), Arovi, Clau, Kari, Floresamaabc, Alexarey y Marta93 anotan un punto más en su escala de sensualidad ;)
Espero que hayan disfrutado este capítulo y disculpen si encuentran algún dedazo o error por ahí (de ser así les pido que me notifiquen), y si pueden comentar qué les pareció la entrega de hoy se los agradecería muchísimo. Los lectores aman las actualizaciones tempraneras y los escritores amamos recibir sus opiniones.
Gracias por leer, que pasen un excelente fin de semana y nos vemos el próximo sábado. O domingo. Ya veremos. ¡Un beso a todos, hasta entonces!
