Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.

Haunted
Por: Hoshi no Negai

8. Enmendando errores

―Rin, ¿estás segura de que quieres ir a clases hoy? No tienes muy buena cara, deberías quedarte descansando ―la recibió su madre aquella mañana, espantada. Tenía los ojos algo enrojecidos, ojeras, el cabello revuelto y la piel extremadamente pálida. Su corazón se oprimió al ver a su hijita en aquel estado y se apuró para tomarle de la mano y ayudarla a sentarse en la mesa de la cocina.

―Estoy bien, mamá. Tengo un examen de matemáticas y no me lo puedo perder.

―Puedo llamar a la escuela para avisarles, no creo que tengan problemas para hacerte el examen mañana. No me gusta cómo te ves, cielo, quizás debería llamar a la señora Yamato para que te eche un vistazo por si las dudas.

―De verdad, mamá, no pasa nada ―negó con la cabeza ignorando olímpicamente lo mucho que le dolía cuando lo hacía. No quería más personas ni más distracciones, sólo quería arreglar las cosas. Empezó a comer el desayuno que su madre le había preparado tan diligentemente, aún cuando tuviera el estómago tan revuelto por los nervios para demostrarle que no había ningún problema―. Te prometo que si me siento aunque sea un poquito mal te avisaré y vendré derechita a casa.

―¿Estás segura? ¿Quieres que te acompañe al colegio? Puedo hablar con tu profesor de matemáticas para que te haga el examen a primera hora, así regresarías más temprano.

―¡NO! No, mamá, te lo suplico, no lo hagas ―se horrorizó. Sabía que tenía las mejores intenciones, pero eso ya era demasiado. ¡Incluso podía escuchar a sus compañeros burlándose de ella por adelantado!―. Ya has hecho mucho por mí, puedo manejar el resto por mi cuenta. Ni siquiera me siento mal.

―Pero, Rin, tu cara...

―¡Ups, mira la hora! Será mejor que me prepare antes de que me deje el autobús. Muchas gracias por el desayuno, estaba delicioso ―alzó los pulgares con una gran sonrisa forzada y se apuró a perderse escaleras arriba para escapar de ella. Intuía que ese día sería bastante malo y no necesitaba que su madre aún con sus buenas intenciones lo hiciera peor.

Bajó un poco más tarde de lo habitual tras haber estado luchando con su cabello rebelde, intentando peinarlo en una cola alta para disimular los puntos y el moretón consecuente. Menos mal que tenía mucha cantidad de pelo, pero la parte difícil había sido pasar el peine por ese lado sin soltar un grito al casi arrancarse una o dos suturas. Tan estresada estaba que ni se dio cuenta de la fuerza que empleaba para peinarse.

Se despidió de su madre, pues su padre había salido mucho más temprano ―no sin antes pasar por su cuarto para ver cómo estaba―, y esquivó muy hábilmente sus nuevas insistencias para que se tomara las cosas con calma y permaneciera en casa.

Esperó un poco escondida detrás de unos árboles hasta que su madre regresó al interior y se apresuró a tomar la bicicleta. Le habían dicho que lo mejor era que ni la tocara por si las dudas, pero no se sentía con ganas de estar diez minutos encerrada en un autobús. Necesitaba aire más que descanso, y tener la mente ocupada pedaleando y viendo hacia el camino era una excelente forma de distraerse y organizar sus ideas.

―Buenos días, Rin ―corearon un par de chicas que se sentaban cerca de ella cuando la vieron llegar. Rin les respondió con una cabezada y sonrisa vaga, mirando por el salón en busca de su compañero. Aún no había llegado, y eso que faltaba poco para que tocara la campana.

Espero que venga hoy. Pero... ¿por qué no habría de venir? Yo me abrí la cabeza, casi no dormí, y aún así estoy aquí. Y si no viene, derribaré la puerta de su casa si es necesario. ¡Tiene que escucharme!

―Qué tal, Rin ―la saludó Momoko, sentándose en el asiento delante del suyo―. ¿Estás bien? Te veo algo pálida.

―Buenos días, Momoko. Es que no dormí muy bien, es todo.

―¿Y eso? No me digas que te desvelaste estudiando. No me hagas sentir peor, yo estudié todo lo que pude y aún así sé que me irá mal.

Rin soltó una risita ante el comentario, agradeciendo que ni se acercara a lo que de verdad la había mantenido despierta. Al menos podía contar con que Issei no le había dicho a su amiga... ni a los demás, a juzgar por lo normales que se veían todos en clase. No le prestaban más atención de la usual ni parecían creer que estaba loca.

Era como si nada hubiera pasado el día anterior.

Comenzó a imaginar la maravillosa fantasía en lo que todo lo sucedido no había sido más que un mal sueño, alguna alucinación por su caída; pero cuando sus esperanzas se hinchaban seriamente, Issei entró en el salón justo con la campana.

Ambos se miraron de frente un tanto sorprendidos. Aparentemente él no esperaba verla, y ella creyó por un momento que tampoco lo vería a él. Issei se quedó parado bajo el marco de la puerta, viéndola mientras todos los alumnos tomaban asiento para esperar al profesor. Y por la manera en la que fruncía el entrecejo, Rin supo que no había sido ninguna pesadilla.

El contacto se rompió cuando llegó el profesor de ciencias sociales, quien lo apuró para que se sentara. Como su puesto estaba casi al lado del de Rin, apartó bruscamente la cara para no tener que verla, sacando su cuaderno y lápiz de la mochila de muy mala gana. Algunos chicos incluso se habían extrañado de su actitud, cuando Issei era el payaso de la clase que siempre estaba de buen humor. Pero antes de que nadie pudiera hacer algún comentario, el docente comenzó la lección.

Las siguientes horas transcurrieron demasiado lentas para su gusto, y con cada una, sentía que el nudo de su estómago se apretaba cada vez más.

...

Por fin, después de todo el día intentando hablar con él a solas, Rin tuvo la oportunidad de alcanzarlo justo a la salida. No había mucha gente alrededor, y todos estaban metidos en sus propios asuntos. Más de uno le había preguntado a Issei por qué estaba enojado, pero él se negó a contestar al respecto. Incluso vio cómo le lanzaba una respuesta ácida y muy desagradable a Hajime cuando éste le dijo algo en voz baja, y eso no la hizo sentir mejor.

Pero aún así tenía que probar.

Momoko y otro par de chicas cercanas a ella la habían cuestionado al respecto, alegando que ella también estaba actuando algo extraño aquel día, y le había costado muchísimo disimular su estrés. Para apaciguarlas un poco, les comentó que había tenido una pequeña discusión con él el día anterior, y les pidió muy amablemente que no le hicieran más preguntas ya que era un tema que prefería no tocar.

Las chicas desistieron a regañadientes, respetando su espacio tal y como quería. Sólo Momoko insistió un poco más cuando se encontraron solas, imaginando que los sentimientos que Issei tenía por Rin tenían algo que ver. A Rin no le quedó de otra más que prometerle contarle el asunto en cuanto todo estuviera resuelto, pero que por ahora prefería guardarse los detalles.

Nunca había agradecido tanto tener amigas tan comprensivas como lo era ella, pues la chica se despidió al final del día con la promesa de escucharla y ayudarla en cuanto lo necesitara.

Oh, y claro que necesitaba esa clase de ayuda.

Sus piernas temblaban tenuemente mientras se quitaba el calzado de interior para colocarse los zapatos marrones. La zona de los casilleros estaba bastante despejada, e Issei se había dado cuenta que Rin lo miraba con insistencia. Cerró su casillero de un portazo y salió del recinto lo más pronto que pudo. Tuvo que trotar para alcanzarlo, y sólo lo consiguió a las afueras del colegio, interceptándolo cuando montaba su bicicleta.

―Issei, espera. Por favor, tienes que escucharme.

―No quiero hablar contigo, déjame tranquilo ―le gruñó.

―Por favor, Issei, no quiero que esto se quede así. Déjame explicártelo. Puedes no creerme, puedes pensar que estoy loca si quieres, pero... al menos dame la oportunidad de hablar contigo.

El muchacho la miró cansino por un rato antes de responder. Su intención inicial era negarse rotundamente e irse lo más pronto posible. Pero esa era Rin, la chica a la que le guardaba mucho aprecio, una mejor amiga que ansiaba que fuera algo más.

Ella merecía esa oportunidad, reconoció aún sin disipar su malhumor. Gruñó de nuevo para dejar salir el cúmulo de frustración que se le acoplaba en el cuerpo y terminó por asentir con la cabeza una sola vez. Rin sonrió de alivio y propuso ir a un sitio un poco menos concurrido para hablar más tranquilamente.

Terminaron yendo a un bonito mirador colina arriba, una especie de ruta de senderismo mayormente transitada por turistas y agricultores, pero abandonada de visitas por los habitantes del pueblo, que la conocían tan bien que no les interesaba mucho. En la parte más alta, por los campos de cultivo inclinados y cuando era temporada, se podía oler el cilantro, perejil y apio por todos lados, como si todo el día estuvieran preparando una deliciosa sopa.

La chica tomó una bocanada de ese aire tan delicioso, agradeciendo haber subido en la época del año correcta. Quizás le daba hambre, pero por alguna maravillosa razón ayudaba a calmar sus nervios. Esperaba que con Issei pasara lo mismo.

―¿Y bien? ―quiso saber él ante el silencio que Rin no se atrevía a romper aún―. ¿No ibas a decirme algo?

―Sí. Em... deberíamos tomar asiento ―señaló los bancos de piedra a unos metros del cerco de cadenas en el borde. No era muy alto pues era la primera parada del sendero, pero aún así se podía ver una muy bonita vista del pueblo y las montañas a lo lejos.

Procedió entonces a contarle parte de lo que había visto y vivido con Sesshomaru durante todo ese tiempo, dejando varios detalles de lado en respeto de su amigo inugami. Le contó la verdadera razón por la que no había escuchado a sus amigos llamándola desesperados en aquella primera visita ―obviando el hecho del pergamino, cosa que Sesshomaru guardaba celosamente―, y su corazonada de que aquel era un espíritu amable pero confundido.

Issei la interrumpió varias veces, y por fortuna, Rin tuvo la paciencia suficiente como para no alterarse y soportar sus recriminaciones.

'¿Por qué te quedaste tanto tiempo? ¿Por qué seguiste regresando? ¿Por qué dices que es amable? ¡Nos atacó a todos! ¿Por qué hablas con él si sabes que es peligroso? ¿Sabes que te puede estar manipulando, verdad? ¿Cómo sabes que no te está manipulando ahora?' eran sólo algunas de las muchas preguntas que le hacía a cada rato, sobresaltado. La única diferencia entre hoy y el enfrentamiento del día anterior, era que al menos y contra todo pronóstico, Rin parecía estar mejor preparada para lidiar con él.

Seguía enfadado y muy alterado, pero su curiosidad era palpable cuando empezó a preguntarle esta vez sobre el espíritu. No le dijo su nombre ni que era un inugami ―tenía la impresión que, viendo el significado del nombre Sesshomaru empezaría con un sermón, y luego sabiendo de la naturaleza de un inugami al menos superficialmente, le diera uno aún más largo―. En cambio, prefirió decirle que era una especie de fantasma que había sufrido mucho, y esa era la razón por la que seguía regresando para ayudarlo y hacerle compañía.

Si se le ocurría decir que era un youkai, Issei saltaría por los aires con más recriminaciones. Puede que fuera idiota creer en youkais tanto como en fantasmas, pero como el chico sabía lo que había visto y constataba que era real, no quería tentar a la suerte.

―¿Entonces lo que pretendes es hacer que descanse en paz?

―Más o menos. No creo lograrlo... tiene un carácter complicado, pero me gustaría que fuera menos agresivo.

―No veo que eso ocurra en un futuro cercano ―ironizó él cruzándose de brazos, haciéndola sentir bastante culpable―. Lo que no entiendo es por qué nunca le dijiste a nadie sobre esto. O por qué no me dijiste al menos a mí.

―¿Me lo preguntas después de haberte molestado tanto conmigo ayer?

―Esa cosa me atacó, claro que me molesté. ¡Pudo haberme lastimado o hacer algo peor, incluso a ti te abrió un hueco en la cabeza! ―le señaló donde tenía la herida, pero por fortuna su cabello recogido la ocultaba bastante bien. Por inercia se llevó una mano a los puntos, presionándolos levemente para evitar rascárselos.

―No lo hizo apropósito, en serio. Además... ¿me hubieras creído si te lo hubiera contado?

―No lo sé ―admitió pensativo y con el seño fruncido―. Aún recuerdo lo que nos pasó en sexto grado, a veces sueño con eso y todo. No habría creído que te habías hecho amiga de esa cosa.

―No quería decírselo a nadie porque sabía cómo iban a reaccionar. Y peor aún, sé cómo reaccionaría él. Bueno, esa parte ya la has visto ―Issei torció la boca, pero evitó hacer algún comentario―. Tú... ¿tú lo escuchaste hablar conmigo?

―No. Sólo gruñir. Te escuché a ti, pensaba que hablabas sola, pero cuando vi la pieza moverse... todo tuvo sentido ―suspiró sin saber qué más hacer. Todo era demasiado raro para su gusto. Y aún así... todo encajaba en el perfil de Rin, la niña que siempre salvaba animalitos, era dulce y la amiga de todos. Tenía sentido que quisiera salvar a un alma en pena, aún cuando ésta fuera tan peligrosa―. Espera un momento, ¿dices que tú lo entiendes cuando habla?

―Bueno, sí. Desde hace poco empecé a oírlo.

―¿Y qué cosas dice? ―entrecerró los ojos escéptico.

―Responde a mis preguntas, comenta algunas cosas... no lo sé, son cosas normales. Sólo conversamos.

―Ajá, sólo conversan... ¿No has usado un tablero ouija, verdad?

―¿Qué? ¡Claro que no! Con esas cosas nunca me metería.

El chico torció la boca mirándola enarcando una ceja.

―¿Le tienes miedo a una ouija pero no a un espíritu diabólico que mata gente?

―No es un espíritu diabólico.

―Pero mata gente ―apuntó acertadamente. Rin bufó. Y eso que comenzaba a creer que no se lo estaba dejando tan difícil.

―Ese no es el punto. Y no, no uso tableros ni micrófonos, ni sensores de fantasmas ni nada de esa chatarra. A él no le haría gracia si lo trato de esa forma, como un...

―¿Fantasma, monstruo?

―Sí. Para mí es una persona normal. Bien, no tan normal, pero entiendes lo que quiero decir.

―No hay mucho de normal en todo esto, Rin, no sé qué tanto pueda entender ―admitió pensativo. Aún estaba procesando todo lo que la muchacha le explicaba, intentando aplicarle toda la lógica en su haber para darle sentido y credibilidad. Hasta el momento, seguía teniendo la mente en blanco con sólo fragmentos de lo que recordaba de esa visita en su sexto año de primaria y el extraño encuentro de la tarde anterior―. ¿Qué vas a hacer ahora?

―Esperar lo mejor, supongo. Que no esté enfadado conmigo.

―¿Vas a volver?

―Le prometí que le haría compañía y que no lo volvería a dejar solo, al menos no ahora que puedo estar con él. Además... me gusta visitarlo.

―Claro, como es tu amigo... ―refunfuñó otra vez. Todo el asunto no le convencía para nada, pero al menos su enfado había quedado reducido significativamente. Lo que quedaba era la sensación de sentirse traicionado, como si Rin no lo considerara digno de confianza como para haberle contado todo desde un principio.

―Sí, es mi amigo. Sé que ha hecho cosas malas, y que no puedo controlarlo, pero... no quiero rendirme sólo por eso. Sé que puede ser mejor que esto, lo he visto yo misma y sé que puedo ayudarlo. No quiero que siga sufriendo.

―Suena como si le hubieras cogido algo más de cariño ―comentó alzando una ceja sin mucha gracia. Ella se sintió enrojecer ligeramente.

―Es que me importa ―se defendió simplemente, alzando los hombros para restarle importancia.

―Ya, claro...

―Issei... ¿por qué terminaste en la mansión? ¿Por qué me estabas siguiendo?

El chico apretó los labios y prefirió fijarse en el bonito paisaje. Habían estado hablando acaloradamente por casi una hora, y aunque el clima estuviera despejado por la estación, se notaba que comenzaba a hacerse tarde.

―Sentía curiosidad. Siempre te ibas pronto y dabas excusas para no estar con nosotros, y ahora veo por qué.

―Pero... ¿eso es todo?

―¿A qué te refieres?

―Nada. Es que me dio la impresión de que podrías tener alguna otra razón. Supongo que imaginaba cosas.

Issei guardó silencio un momento, pensativo, y dejó escapar un resoplido silente. Ya que Rin había sido sincera con él para variar, bien valía que lo fuera él también. No era como si algo fuera a cambiar de todas formas, pero quería sacárselo del pecho de una vez.

―¿Quieres saber la verdad? ―preguntó sin verla a la cara―. Te iba a preguntar si querías salir conmigo.

Rin abrió los ojos como platos y no pudo mantener la boca cerrada mientras lo miraba sorprendida, incapaz de hacer que brotara palabra alguna.

Era como si el mundo a su alrededor se hubiera detenido un instante para después desinflarse y oscurecerse. Entonces todo el mundo había tenido razón... y ella... se sentía fatal. Era por eso que estaba tan dolido.

Se le apretujó el corazón al darse cuenta de que no había tomado en cuenta el consejo que su madre le había dado en aquella ocasión. De haber sido sincera desde un principio, nada de esto habría pasado. Estaba tan acostumbrada a ocultar cosas que no notó el daño que podía causarle a alguien más.

―Lo lamento, Issei ―musitó apenada al cabo del forzado silencio―, pero no te veo de esa manera. Perdón.

―Ya me lo imaginaba ―contestó encogiéndose de hombros como si no fuera la gran cosa. Tal parecía que si había tenido alguna esperanza con ella se había esfumado de la noche a la mañana. Y no podía culparlo―. No importa.

―De verdad lo siento. ¿Vas a estar bien?

―¿Yo? Si te soy sincero creo que tengo cosas más importantes de las que preocuparme ahora que por esto ―le dio una mirada obvia―. Y tú también. Un jodido espíritu mata-personas, Rin... Dios, en qué lío te has metido... Ojalá no te hubiera seguido ayer ―se rascó la cabeza revolviéndose el cabello en el proceso. Obviamente seguía inquieto, y Rin ya no sabía qué más hacer para tranquilizarlo. A ella también le hubiera gustado que no se enterara de nada. Que las cosas siguieran igual y Sesshomaru fuera su mayor secreto.

En parte lo era, pues Issei no conocía ni la mitad sobre él, las cosas que le había dicho ni lo que le hacía sentir cuando estaba con él. Debía reconocer que había acertado al decir que le había tomado más cariño del normal y esperó que su amigo no acabara por descubrir también aquella verdad que tanto la atormentaba y avergonzaba, esa que casi ni se quería decir a sí misma para no agobiarse más.

Aunque... juzgando por lo bien que se había tomado el rechazo tal vez sí tenía alguna idea de lo que le pasaba en realidad.

Se quedaron callados un rato, admirando el paisaje sin saber qué más hacer para llenar ese incómodo silencio. El lado bueno era que aún a pesar de todo, las cosas habían salido mejor de lo que Rin había imaginado. En un principio creyó que seguiría llamándola loca y se marcharía cuanto antes, pero Issei se mantuvo sentado y la escuchó hasta el final, aunque la interrumpiera a cada rato. Eso era mucho más de lo que esperaba.

El muchacho se puso de pie de repente, estirando la espalda hasta hacerla crujir después de estar tanto tiempo sentado. Tomó el manubrio de su bici y la miró con una expresión difícil de identificar. Al menos no parecía tan enfadado como antes; si tenía que ponerle un nombre escogería confundido.

―Me voy. Estos días han sido demasiado raros, y yo... ―se cortó un momento y luego cambió lo que quería decir―. Estoy cansado. Hasta luego.

―Issei... ¿no le dirás a nadie todo esto, verdad?

―¿Crees que alguien me creería si lo hiciera?

―Quizás los chicos con los que fuimos en sexto grado. Kappei, Masashi, Hajime, Kechiro...

―Sí, quizás ellos podrían creerlo ―reconoció tildando la cabeza a un lado al ver que aquello era cierto. Después de todo, Issei y Rin no habían sido los únicos en la casa aquel día―. Pero no les diré nada. Ya está muy complicado como para involucrar a más personas.

Rin sonrió de alivio.

―Muchas gracias. Y de nuevo... lo siento.

El chico volvió a soltar algo parecido a un bufido bajo, pero no dijo nada más. Montó su bicicleta y se despidió secamente antes de partir, dejándola sola. Sabía que eso era una grosería monumental y su carácter no había sido el mejor durante todo el día, especialmente cuando ella se había disculpado y le había dicho tantas cosas con toda la calma del mundo. Sabía que estaba siendo un imbécil, pero... ¡joder, es que no era fácil de digerir!

Ya tendría tiempo para rectificar después de haberse tranquilizado y asumido el extraño asunto. Por ahora, todo lo que necesitaba era desconectar y reorganizar sus ideas.

Resultó que la excusas que ponía Rin de por medio tenían una razón mucho peor de lo que había pensado. Hasta prefería que estuviera cuidando de una manada de osos salvajes antes que estarse metiendo con el violento espíritu de la casa del bosque. Y eso no lo era todo, pues había acertado en su otra teoría aunque fuera a medias. Tenía la impresión de que Rin tenía sentimientos por aquella cosa. Cómo y por qué era algo en lo que ni quería pensar, pero era innegable que le tenía mucho cariño, cosa que no ayudaba en lo absoluto.

Había tomado una muy mala decisión al haberla seguido el día anterior, y desearía nunca haberlo hecho. Hasta haberlo rechazado en su cara parecía mucho menos problemático si lo compraba con la extraña amistad de la muchacha.

...

Rin esperó hasta el fin de semana para regresar a visitar a Sesshomaru. No quería ver las miradas reprobatorias de Issei si la pillaba tomando aquel camino de nuevo, aunque sí lo vio mirándola con cierto reproche el viernes por la tarde cuando sólo iba a su casa. Issei sabía que iría a la mansión tarde o temprano, y no por eso significaba que lo aprobara.

El viernes había transcurrido de manera razonablemente normal, aunque la actitud de su amigo seguía siendo tensa y cortante, pero no tanto como el día anterior. Tardaría un poco más en asimilar la idea de que Rin se veía en secreto con un peligroso ser de otro mundo que había intentado atacarlo no sólo una, sino dos veces. A él y a muchos otros también.

Y pensar que apenas un mes atrás ella se había hecho un lío imaginario sólo por creer que gustaba de él y viceversa. Había tenido su ataque hormonal adolescente más alto de su vida y no podía sentirse más tonta al respecto. Issei tenía razón en algo: había cosas más serias en las que enfocarse que esas.

Apoyó la bici en el lugar de siempre, no sin antes quedarse un momento vigilando por el hueco del muro para asegurarse de no estar siendo vigilada de nuevo. Tras unos minutos sin nada más interesante que ver que unos cuántos pájaros y mariposas, atravesó el pasto alto y se quedó en frente de la casa antes de subir al pórtico.

Ésta vez no traía nada para él, cosa que la hizo sentir culpable en cierta manera. Pero tenía sentido, pues si Sesshomaru decidía que quería que se fuera, ¿para qué le dejaría algo que no aceptaría? No tenía una mochila que guindara de su hombro, sólo llevaba sus llaves y su celular en el bolsillo de los vaqueros, y una botella de agua en el canasto de su bicicleta.

Se puso un tanto nerviosa cuando decidió subir, recordando muy bien el rugido estremecedor que Sesshomaru había lanzado. Esperó no tener que escucharlo nunca más.

―Sesshomaru, ¿estás aquí? ―esperó a sentir su presencia o escuchar una respuesta, lo que tardó un poco más de lo usual. Y no era una respuesta en sí, sólo apareció de repente. Rin no podía verlo, pero sabía que estaba ahí, parado a unos metros de ella―. Lamento lo del otro día, no sabía que Issei me había seguido ―le dijo con voz dócil. No quería discutir ni enfadarse, no se sentía preparada para enfrentarlo a él.

El demonio no dio ninguna respuesta, pero sí unos pasos en su dirección.

―¿Estás enfadado conmigo? ¿Quieres que me vaya? ―de nuevo hubo silencio, y éste sólo era interrumpido por los ligeros pasos resonando en la madera. Su corazón comenzó a latir nervioso, pensando en retroceder. Confiaba en él, pero también era impredecible y de poca paciencia, y no quería entrometerse con eso a sabiendas de lo que era capaz de hacer―. Dímelo, Sesshomaru. Si quieres que me vaya lo haré. No te volveré a molestar, lo prometo.

Al contrario de lo que esperaba, sintió unos dedos fríos rozando cuidadosamente los puntos en su cabeza. Con el cabello suelto era un poco más fácil verlos. Unos mechones pequeños se colocaron solos detrás de su oreja.

El atisbo de temor y su necesidad de retroceder se esfumaron ante aquel dulce gesto. No quería hacerle daño, sólo quería ver que estaba bien.

Llevó una mano hasta donde él tenía la suya, apretándola temblorosamente. Aquella piel era dura, podía sentir sus nudillos perfectamente, y los contó para asegurarse de que tuviera cuatro y un pulgar. Era una mano ordinaria, sólo que... invisible.

Cerró los ojos para ayudarse a hacer la experiencia algo más normal. Era más fácil así, por lo menos.

―¿Te duele? ―escuchó su voz baja, casi en murmullo como si temiera asustarla. Eso la hizo sonreír un poco.

―No, sólo me da algo de comezón ―acarició aquella mano con el pulgar. El inugami la giró para tomarla, y comenzó a alzarla en el aire lentamente. Rin no abrió los ojos, pero frunció un poco el entrecejo ante la incertidumbre.

Hasta que sus dedos extendidos tocaron algo. Cabello. Y una ceja. Y la sien, y más cabello.

Estaba tocando su cara por primera vez, y era como si acariciara el rostro de una persona común. La piel era asombrosamente tersa, y su cabello suave y lacio. Todo normal hasta que llegó a su ojera, siempre guiada por esa mano firme. Ahí se dio cuenta de que no era un ser humano, sino otra cosa. La oreja era puntiaguda y algo más fina de lo normal.

Su corazón latía a mil por hora cuando la mano soltó la suya, más no la apartó de su rostro. Rin posó los dedos en la curvatura de su mejilla, descubriendo una mandíbula fuerte que acababa en un mentón afilado.

―¿Lo ves? Sí llegué. Tenía razón, eres muy alto ―susurró cuando regresó el brazo a un costado de su cuerpo, pues tampoco quería pasarse de confianzuda. Aún no quería abrir los ojos, temiendo que todo desapareciera: el cosquilleo de sus dedos y la increíble calma que inundaba su mente―. Entonces... ¿no estás molesto conmigo?

―¿Tú lo estás?

―¿Por qué habría de estar enfadada contigo?

―Te lastimé ―apuntó el demonio con un tono un tanto diferente, como si le molestara el hecho de tener que decirlo. Rin sonrió enternecida.

―¿No lo hiciste a propósito, verdad?

―No.

―Entonces no pasa nada. Fue un accidente ―le aseguró con calma. Quería tomar su mano una vez más, pero no tenía el valor como para hacerlo. Rin podía llegar a ser bastante cursi cuando algo tocaba su fibra sensible, y con alguien tan estoico como Sesshomaru debía mantenerse en control―. Pero... mi amigo se llevó un gran susto. Te agradezco que no le hayas hecho nada.

―No tenía que estar aquí ―musitó él.

―Lo sé, ya hablé con él. Pero aún así no puedo controlar lo que hacen los demás. No puedo garantizar que alguien me vaya a seguir o alguien quiera venir a echar un vistazo. Yo también lo hice. Por eso, quisiera preguntarte... ―tomó una bocanada de aire para darse valor―, ¿podrías no lastimar a nadie más? No todos los que vienen aquí tienen malas intenciones. Algunos sólo llegamos por curiosidad.

―No me agradan los humanos, Rin.

―Yo soy humana.

―No como ellos.

―Es posible ―concedió con un asentimiento―, pero sigo siendo humana. Y no me gusta cuando los míos salen heridos, especialmente mis amigos. Tienes una gran reputación en mi pueblo, ¿sabes? Por eso atraes a tanta gente, porque quieren saber si es verdad que hay fantasmas aquí.

―No deberían venir si conocen mi reputación.

―Créeme, estoy de acuerdo. Lastimosamente, algunos somos muy tontos como para hacer caso de las advertencias. Unos porque somos niños, otros porque son escépticos, o quieren probar su valor... El punto es que nadie viene buscando problemas. Ignoramos lo que hay en esta casa, lo que eres tú y lo que te sucede. No es por faltar tu respeto, es por curiosidad.

―Tú no ignoras quién soy.

―No, aunque estoy segura de que hay muchísimas cosas que no sé sobre ti. Y aún así te respeto y te aprecio; y sé que eres mucho más que un espíritu en una casa embrujada. Eres gentil, amable, y muy interesante. No tienes por qué lastimar a otros, puedes sólo ignorarlos. Si la gente viene esperando un encuentro sobrenatural y ven que no pasa nada, dejarán de molestarte. Así te desharías de ellos de una vez por todas, ¿no crees que es mejor idea?

El inugami no dijo nada, como si se lo estuviera pensando. O eso era lo que Rin quería creer. Era una petición muy arriesgada y un tanto ridícula, pero no perdía nada proponiéndole la idea. Con que al menos lo considerara se daba por satisfecha

―¿Y tú?

―¿Y yo qué?

―¿Me desharé de ti también?

Rin guardó silencio por un momento antes de responderle un tanto entristecida.

―Tarde o temprano tendré que irme. A la universidad... a trabajar, a... lo que siga después de eso. Pero si tú quieres puedo hacer como el resto. Puedo dejarte tranquilo y no regresar.

―No ―la cortó y casi la sobresaltó. Sentía su voz ligeramente más cerca―. Quiero que regreses.

Su pecho se hinchó por la cantidad de aire que se negaba a soltar. Sintió las ganas de llorar, pero no se lo permitió. Cómo le alegraba escuchar eso, y al mismo tiempo le partía el corazón. No sabía qué tantas veces podría regresar cuando se marchara del pueblo, pero eso no era algo que quería repetirle. Él ya lo sabía.

Rin se prometió entonces hacer todo lo posible por mantener seguidas sus visitas, aún cuando estas significaran constantes viajes en el tren y fines de semana fuera de la ciudad. Podía vivir con eso, siempre y cuando su amigo fuera feliz.

Pero sus músculos se tensaron inmediatamente después.

El pecho se le estremeció cuando cayó en cuenta de lo que estaba haciendo. Una verdad tan poderosa como aterradora: había rechazado a Issei, un chico perfectamente normal y alegre... por un ser que ni siquiera podía ver. Por un ser que ni siquiera debería existir. Le estaba entregando su corazón de una manera tan ciega que todas sus alarmas comenzaron a sonar como locas.

¿Cómo... cómo no se había dado cuenta antes? ¿Por qué no intentó detenerlo cuando aún estaba a tiempo? Sabía que comenzaba a gustarle, pero nunca creyó que fuera algo serio... nunca lo vio más allá que un tonto enamoramiento infantil y platónico, ese que nace por admiración a alguien más, alguien lejano con quien sabes que jamás tendrás nada por más que lo desees.

Pero acababa de romper esa barrera sólo unos días atrás y apenas era ahora que la verdad la golpeaba con tanta fuerza.

¿Acaso todavía tenía chance de echarlo todo para atrás y cerrar la puerta a lo que estaba dejando entrar sin pensarlo?

Sus manos temblaron cuando supo que aunque lo hiciera, el daño ya estaba hecho. La grieta permanecería, sería un recordatorio de lo cerca que había estado de perderse por siempre en algo que no tenía sentido alguno.

Pero también sería un cruel recordatorio de su cobardía.

No hay correcto o incorrecto, Rin ―resonó la voz de su madre en sus recuerdos haciendo que se desarmara internamente―. Si tú crees que vale la pena, no te rindas aún cuando creas que es distante. No sabes si por no abrir la boca te pierdes una gran oportunidad de ser feliz.

¿Existía al menos una mínima posibilidad de ser feliz con Sesshomaru? ¿Cuando ni siquiera podía verlo o estar con él como una persona normal, cuando ni siquiera sabía qué sentía por ella?

Sentía la cabeza saturada e ida por las nubes ante el fuerte mareo que la sacudió. De tener los ojos abiertos estaba segura de que tendría visión doble de un mundo que no paraba de dar vueltas.

Apretó el puño que cerraba fuertemente un pedazo de su camiseta y se sintió estremecer. No había escuchado el consejo cuando tuvo que haberlo hecho en el caso de Issei, pero... tal vez podía hacerlo a partir de ahora. Visto desde una perspectiva ajena sabía que se trataba de una gran locura, algo que sólo hace una persona fuera de sus cabales que no piensa normalmente.

Ella nunca había sido del todo normal para empezar... pero aquello era ir demasiado lejos incluso para ella.

Pero había pasado por tanto para llegar a este punto que no iba a desechar todo por la borda. No cuando lo tenía tan profundo en su corazón. Comprimió los labios en una mueca ligera cuando por fin pudo llegar a una tregua consigo misma.

Su voz no fue del todo estable cuando volvió a hablar después de su mutismo prolongado, pero no por eso fue menos sincera.

―Entonces eso haré. Regresaré siempre que pueda ―aseguró en un murmullo. Lo siguiente que pasó la impresionó.

Una presión muy ligera se oprimía contra su frente. Fue sólo un momento, unos pocos segundos a lo sumo, y no fue un contacto frío como lo había sido hasta ahora. Era cálido, como si aquella frente que se pegó a la suya hubiera sido de alguien de carne y hueso, de alguien de ese lado.

Abrió los ojos cuando la presión desapareció y tuvo que llevarse una mano a la boca para no gritar, aunque no pudo evitar pegar un salto hacia atrás.

Ya no había un espacio vacío frente a ella, sino más bien una silueta casi translúcida. Se quedó anonadada viéndola con los ojos muy abiertos, recorriéndola de arriba a abajo para asegurarse de que no fuera un engaño de la luz o un efecto óptico. Parpadeó varias veces para ver si desaparecía de repente, pero no, seguía ahí.

Tenía forma humana, pero era más alto que cualquier hombre de su pueblo. Creía que era delgado, probablemente su ropa de la época anterior le hacía ganar anchura que de seguro no poseía. En especial en el hombro derecho, donde veía una especie de deformidad que no sabía identificar.

―Puedo verte ―susurró anonadada―. No puedo creerlo. Es decir... sé que estás ahí. Eres como una sombra, veo dónde están tus pies, tus brazos y tu cabeza, pero no... no sé cómo es tu cara ni de qué color es tu ropa. Dios, qué extraño es esto. No sé qué hacer... ¿tú me ves diferente?

―No.

―¿Me puedes ver... no lo sé, de forma normal? ¿Ves mi cara y todo eso?

―Siempre lo he hecho.

―No es justo. Yo apenas estoy comenzando a verte a ti. ¿Por qué será? ―no le dio oportunidad de contestar, pues hizo un gesto con los brazos antes de llevarse ambas manos a la cara, impresionada por su enorme avance―. Esto es increíble.

Se quedó admirándolo un momento largo, luchando para no ser demasiado irrespetuosa ante su nuevo y emocionante descubrimiento. Quería alargar la mano de nuevo y descubrir la textura de su ropa, el largo de su cabello y ver qué rayos era esa cosa grande y rara en su hombro, pero tuvo que contenerse de nuevo. Cada vez se le hacía más difícil hacerlo, y no podía garantizar quedarse muy tranquila cuando su imagen real se aclarara por completo.

―Es extraño... ¿por qué sólo podré verte como una sombra cuando tú siempre me has visto normal? Oh, bueno... ¡pero puedo verte! Aún no me lo creo.

El demonio no respondió a su pregunta dejada en el aire, pues no creía tener una explicación más allá de algunas pocas suposiciones que comenzaba a imaginar. Tomó asiento en su puesto habitual, cruzándose de brazos. Rin abrió tanto los ojos al verlo moverse que daba la impresión que saldrían despedidos de su cara. Era tan fácil impresionarla y hacerla sonreír que se preguntó si era por cosas que él hacía o si ella simplemente era así.

―¿Puedo sentarme contigo?

¿Desde cuándo pedía permiso para tomar asiento?, se cuestionó alzando una ceja. Le hizo un gesto con la cabeza, cosa que ella comprendió y acató con entusiasmo. Se notaba lo mucho que le costaba mantenerse a raya, y era hasta gracioso verla forcejear por ello. Era como si un enorme peso se hubiera elevado de sus hombros en el último minuto y no supiera qué hacer con todo lo que estaba sucediendo.

Se sentó a su lado derecho, viéndolo de reojo con disimulo mal controlado, sonriendo para sí misma y hablando sola por cada pequeño detalle que saltaba a la vista.

Se notaba que era hombre, no se podía negar viendo su porte que le hacía juego con esa voz grave y suave. ¿Cómo sería su rostro? ¿De qué color serían sus ojos y su cabello? ¿Tendría colmillos sobresalientes como un perro? ¿Tendrá alguna facción canina? Por lo poco que pudo distinguir con la mano, parecía el rostro de un hombre normal, exceptuando las orejas.

―Tienes muchas preguntas ―se fijó él de repente, sacándola de su torbellino de pensamientos. Rin bajó la cabeza con evidente vergüenza por su falta de tacto y respeto, y apretó su camiseta con los puños en un intento de quedarse lo más quieta posible―. Puedes hacerlas si eso deseas.

Sus ojos castaños se abrieron en su máxima capacidad por enésima vez y tuvo que morder sus labios para evitar soltar un gritito de emoción. Se creía como una fanática loca en presencia de su celebridad favorita, y no podía sentirse más idiota por ello.

Tomó una honda bocanada y se relajó lo mejor que pudo, dándose cuenta de que si le hacía caso, jamás regresaría a su casa por la cantidad de cosas que quería saber. Y él probablemente desearía no haberle dicho nada en primer lugar, o peor aún: quedarse sordo para no escucharla más.

―Sólo tengo una ―decidió, serenándose repentinamente. El inugami giró un poco la cara en su dirección―. Si te lo pidiera... ¿dejarías de lastimar seres humanos?

Silencio. Silencio absoluto fue lo que le siguió a su pregunta, una que hizo con plena consciencia y seriedad en lugar de mera curiosidad infantil. Sus facciones se endurecieron un poco mientras veía su figura de reojo regresar el rostro hacia el frente.

Pasó un largo rato hasta que se decidió a responder.

―Lo pensaré.

Rin suspiró por lo bajo totalmente aliviada. Entre un 'lo pensaré' y un rotundo no había un largo trecho, y para ella eso era una posibilidad a un sí. Con eso le bastaba por ahora.

―De acuerdo, creo que tengo más preguntas después de todo ―se rindió finalmente cuando el tenso aire se disipó―. Son muy pocas, lo prometo ―tomó aire de nuevo y esperó lo mejor. Debía aprovechar que estuviera tan comunicativo, no era cosa de todos los días―. Sé que no te gustan los humanos y no somos el mejor ejemplo de amabilidad, pero... ¿por qué te desagradan tanto? ¿Hay alguna razón en especial?

Tuvo que esperar un momento para que el demonio quisiera responder.

―Causan problemas. Hacen ruido, destruyen, invaden. Su olor me es desagradable.

―¿El mío también? ―se preocupó Rin, pensando ya a qué champú cambiarse antes de su próxima visita.

―No, el tuyo no.

―¿En serio? ¿Por qué, qué tiene de diferente?

―Nada en especial ―contestó mirando hacia otra dirección momentáneamente―. Supongo que me acostumbré a él.

―Oh... bueno, si lo pones así... ―la chica se encogió de hombros y continuó sin darle mucha importancia―. ¿Qué tienes en el hombro? Veo algo diferente ahí, pero no le encuentro forma.

―Mi estola.

―¿Tu estola? ¿Es algo así como una capa o una bufanda?

―No. Es parte de mí, lo que queda de mi verdadera forma.

―¿Tu... verdadera forma? ―Rin entrecerró los ojos, recordando que los inugamis, como los kitsunes y tanukis podían cambiar su apariencia animal a una humana. Los zorros y mapaches podían transformarse en lo que quisieran en realidad, pero no sabía si los inugamis también podían hacer eso―. ¿Es decir que así no es como te ves normalmente?

―No.

Wow. ¿Qué apariencia tienes, la de un perro gigante? ―bromeó sin tomárselo muy en serio.

―Así es.

De nuevo sus ojos se abrieron como platos y ésta vez no pudo ocultar su escepticismo.

―¿Me estás tomando el pelo?

―¿Por qué habría de hacerlo? ―cuestionó él a su vez un tanto divertido. Rin parecía librar una batalla interna para saber si debía creerle o no. Al final acabó deduciendo que era un inugami después de todo, ¿por qué no podría ser en realidad un perro gigante? Incluso podría tener saliva venenosa o ser capaz de volar, a esas alturas cualquier loca teoría era posible.

―Vale, está bien, eres en realidad un perro gigante ―concedió sin mayor remedio. Imagino que no te transformas a menudo para no romper tu casa, quiso decir, pero se mordió la lengua. Evita los chistes malos, idiota, se recordó―. ¿Por qué tu estola se queda contigo cuando adquieres esta otra forma?

―Sólo lo hace. Me es útil de esta manera.

Rin no tenía ni idea de a qué se refería con eso, y pensó que era algo más de ver para creer. Si seguía haciéndole preguntas al respecto acabaría entendiendo menos, así que prefirió dejar el interrogatorio hasta ahí. Al menos por ahora, cuando pudiera verlo e interactuar con él como era debido no habría quien lo salvara de la avalancha de preguntas que le caerían encima.

Empezando con cómo había quedado encerrado ahí en primer lugar.

Miró la figura humana de reojo, cuestionándose si sería apropiado preguntarle al respecto. Sabía que era un tema sensible para él, como muchas otras cosas que lo involucraban de manera personal.

Debía resistir el impulso a como diera lugar.

―Tienes más preguntas ―se volvió a fijar Sesshomaru, y Rin inmediatamente volteó la cabeza fingiendo ver hacia el techo para pretender normalidad.

―Bueno... sí, tengo muchas. Sabes que siempre las tengo ―admitió con pena por sentirse tan entrometida, bajando los ojos a sus manos que apretujaban la camisa. De repente se escandalizó por la hora que marcaba su reloj de pulsera―. Tendré que dejarlas para otra ocasión, dije que regresaría temprano a casa. No pensé que... ―murmuró para sí misma.

―¿No pensaste qué?

Rin agachó la cabeza y se rascó las suturas con cuidado.

―No pensé que me quedaría. Creí que me dirías que me fuera después de lo que pasó el otro día.

Sesshomaru entrecerró los ojos.

―No te diría eso ―le dijo seriamente antes de ponerse en pie, y Rin rápidamente lo imitó conteniendo una tímida sonrisa. Se golpeó las mejillas para disipar el tenue rubor y disimuló con sacudirse los vaqueros despreocupadamente. Cada vez que Sesshomaru decía algo similar hacía que su corazón se exaltara de emoción.

Quizás... tal vez, era posible que él sintiera al menos un pedacito de lo que ella sentía por él. Y la sola idea le hacía hiperventilar.

―Me alegra que todo esté bien entre nosotros. De verdad lamento lo que pasó con Issei ―hizo una reverencia a modo de disculpa bajo su fría mirada―. Regresaré el próximo fin de semana, ¿está bien? Haremos lo que tú quieras, jugar, leer, hablar... o sólo quedarnos callados viendo al techo, tú decides ―le aseguró sonriente. Ésta vez se había ganado el derecho de elegir.

Saltó del pórtico y se giró para ver a su amigo una última vez. Aún se le hacía demasiado extraño poder ver su figura, y cruzaba los dedos para que ésta se hiciera más nítida con cada nueva mirada. Aparentemente no tendría suerte ese día.

―Gracias por todo, Sesshomaru. ¡Hasta luego!

El demonio esperó a que cruzara el muro, escuchando el distintivo sonido de su bicicleta aplastando ramitas y hojas secas, y subió al cuarto piso, donde el sutra lo recibía silenciosamente con su sentencia escrita en sangre.

Tomó asiento y lo observó largamente sin apenas pestañear.

Después de siglos de amargura y resentimiento, distinguió algo nuevo en sí mismo mientras meditaba. Algo diferente e irreconocible, acompañado del recuerdo de los pequeños rastros de calor que aquella piel humana había dejado impregnados en la suya. Por alguna razón, recordó el último momento en el que vio a su padre justo antes de que lo sellara. No sólo había furia en su mirada ambarina, sino también un dolor infinito, uno del que jamás se había dado cuenta antes.

Por primera vez se cuestionó quién había tenido la razón aquel día.

Y por algún motivo, en el pequeño instante en el que juntó su frente con la de Rin tuvo la sensación de que él estaba equivocado.

Y de que siempre lo estuvo.

...

REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS

...

Puff, las cosas salieron mucho mejor de lo que Rin se imaginaba, menos mal. Pobrecilla... cuántos problemas se ha ganado sólo por querer 'hacer bueno a Sesshomaru'. Entre ella enviando a la friendzone a su amor de infancia y descubriendo sentimientos (¿recíprocos?) por parte de un demonio de pésima reputación ya tiene su lista de totalmente llena.

Joder, Rin, es que sólo a ti se te ocurre ser así. Y encima ir de Madre Teresa de Calcuta intentado convertir a la bondad a un youkai que ha matado gente. Pero bueno... si la Rin original siendo una pequeña niña sin nada que ofrecer intentó cuidar a un agresivo demonio herido aún cuando él le decía que se fuera, la de este AU puede tener los mismos arranques de bondad que raya en un deseo de muerte xD

Y no olvidemos lo más importante de este capítulo (o bueno, una de las cosas más importantes porque ha pasado mucho xD) ¡Puede verlo! No nítido ni perfecto, ¡pero puede verlo! Uff, cuando pueda distinguir su rostro tal y como es quizás se dé cuenta de que por más platónico que sea su enamoramiento, ya no tendría forma de evitar caer redondita por él xD

Muchas gracias a todas las bellas criaturitas que comentaron el capítulo pasado: cada ánimo, consejo, recomendación y bonita palabra ha sido almacenado satisfactoriamente en mi banco inspiracional *-* Jenks, HasuLess, Cristina97, Gima2618, MisteryWitch, Floresamaabc, Suaries, ByaHisaFan, Blueberry Bliss, Dmonisa, Ele, Meaow, Berith, FlowerBloom, Jezabel, Panchissss, Hanami, Inu-chan123, BeautifulButterflyPink, BABY SONY, Natsyxmiikan, Itza Moon, Melinna sesshy, Any-chan, serena tsukino chiba, Duhkha, Luti Uchiha, Alexarey, rosedrama, Grell Whoops, Lizzie, Laura91ok, Clau28, Abigz, Ginny, Leiitakhr, VanneeAndrea, Lau Cullen Swan, Kari, AlexMichaels suman más puntos en su sensu-escala. Bienvenidos lectores nuevos, los viejos y los fantasmas tímidos, los quiero a todos por dedicarse a seguir la historia hasta aquí. Perdonen si he saltado a alguien en la mención de reviews, a veces me como uno sin querer mientras hago la lista, no es apropósito D':

¿Qué les pareció este capítulo? ¿Creen que Rin tomó la decisión correcta al enviar a la friendzone a Issei y darle una oportunidad a Sesshomaru? (Intuyo acertadamente que Ginny me dirá un enorme y rotundo NO xD) Si ustedes estuvieran en su lugar, ¿qué habrían hecho? ¿Romper toda relación con Sesshomaru y rectificar su vida para que fuera más normal, seguir adelante y darle la oportunidad o buscar terapia con un buen psiquiatra porque es anormal 'enamorarse' de alguien que ni siquiera sabes cómo luce? (bueno... si cuentas que hay gente que se enamora por internet sólo con chats supongo que no sería tan raro xD).

POR CIERTO, mis estimados y guapos lectores, les traigo una recomendación SesshRin. No sé si habrán leído ya la historia 'Esperándote' de Hinikuna, pero si no lo han hecho les sugiero que lo hagan. Al principio parece una historia normal de SesshRin, pero mientras va avanzando te das cuenta de que tiene un no-sé-qué que la hace muy entretenida e interesante de leer. Excelente manejo de personajes, diálogos, redacción y trama, en lo personal me encanta y animo a quien tenga la disponibilidad de echarle un vistazo y dejarle tantos comentarios como sea posible porque realmente se los merece. A los interesados les anuncio que tengo esa historia entre mis favoritos para que la encuentren con menos complicaciones. Denle una oportunidad y no se arrepentirán ;)

Sin más que agregar de momento, me despido de todos para que disfruten esas fiestas de carnaval (por lo menos aquí en Venezuela tenemos libres el lunes y el martes), y si no lo celebran en su país, pues que pasen un excelente fin de semana de todas formas. Muchísimas gracias por leer, espero que lo hayan disfrutado. Y ya saben: un review a Hoshi te mantiene saludable y en forma :D

Hasta la próxima semana, ¡un beso para todo el mundo!