Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.
Haunted
Por: Hoshi no Negai
9. Un proyecto para el festival
Las cosas fueron mejorando muy lentamente los días siguientes. O tal vez lo mejor era decir que no habían empeorado más. Issei seguía algo distante; su relación con Rin no se recuperó a como estaba antes, quizás nunca lo haría. Era muy complicado y en el fondo Rin sabía que Issei se sentía traicionado. Por no haber confiado en él... y por haberle dado su corazón a alguien más.
¿Era muy pronto como para verlo así? De hecho... ¿podría verlo así?
Cada evento había pasado uno después del otro, y ella jamás se sintió demasiado convencida del todo. Cuando intentaba ponerse en la piel de otra persona y ver sus problemas desde una perspectiva ajena, se daba cuenta de que todo el asunto no tenía sentido. ¿Por qué rechazaría a Issei, un chico genial, inteligente y gracioso, para esperanzarse con una especie de fantasma? Esas cosas sólo pasaban en las películas, y Rin no tenía manera de descifrar la trama de la suya.
Bueno, era como había dicho su madre: no tenía que forzar nada, sólo era cuestión de dejar que las cosas fluyeran en su propio curso. Lo que tenga que pasar pasará, se repitió. Así que la semana siguiente fue a clases sintiéndose renovada y lista para cualquier cosa.
O bueno, casi cualquier cosa.
―¿Un 33? ―se horrorizó el martes por la mañana cuando el profesor le entregó el examen de funciones del jueves anterior. El hombre la vio un momento un tanto decepcionado por su pobre desempeño, algo que jamás había pasado con ella, y siguió repartiendo los exámenes.
A Rin le iba a dar algo cuando revisó y se dio cuenta de lo mal que lo había hecho. Tan nerviosa y asustada había estado ese día que ni siquiera había respondido todas las preguntas, y la mitad que había resuelto tenía números sin sentido.
Miró a su alrededor para ver si alguien más había tenido tan mala suerte, pero de los pocos exámenes que pudo ver, todos tenían notas de aprobado. Aunque a juzgar por cómo se quejaba Momoko en su asiento de la primera fila podía intuir que tampoco le había ido bien. Después de todo la pobre siempre había sido muy mala en matemáticas.
Intercambió una rápida mirada con Issei, quien no se veía muy contento al igual que ella. Articuló una pregunta sin hacer sonido alguno, y el chico le mostró su nota: un 42. Rin le mostró su nota que era menor, pero eso no lo hizo sentir mejor.
Tenía sentido que les hubiera ido mal, ninguno de los dos había pasado una buena noche y simplemente les fue imposible concentrarse después de semejantes eventos.
Así que, sintiéndose extremadamente culpable por su amigo y pensando en la mancha que aquel reprobado dejaría en su boletín de calificaciones a final de curso, fue decidida a hablar con el profesor cuando terminó la clase.
―Disculpe, profesor... ¿le importa si le quito unos minutos?
―Sólo unos minutos, jovencita, tengo que preparar mi próxima clase ―concedió el hombre mientras consultaba su reloj y recogía sus cosas. Issei se asomó por el marco de la puerta del salón, intuyendo lo que Rin pretendía hacer.
―Me estaba preguntando si había posibilidad de recuperar la nota que perdimos mis compañeros y yo en este último examen ―fue directamente al grano. El profesor hizo una mueca, pero antes de soltar su negativa, la chica se le adelantó―. De verdad lamento mi desempeño, pero le aseguro que se salió de mi control aunque estudié mucho para la prueba.
―¿Qué quieres decir con eso?
―Pasé muy mala noche el miércoles ―le dijo intentando sonar lo más convincente posible quitando el hecho de que aquello era una canallada―. No quise decir nada para no preocupar a nadie, pero tuve un pequeño accidente y no estuve en óptimas condiciones, aunque quise venir para no perderme el examen ―se hizo a un lado el cabello para mostrar sus puntos y el moretón que apenas comenzaba a desinflamarse pero mantenía su color.
El profesor pareció verdaderamente sorprendido por el respingo que se le salió de entre los labios. Examinó un poco la herida con gesto preocupado, para después ver la cara de Rin.
―¿Qué te sucedió?
―Me caí de la bicicleta... antes de que me atropellaran ―se inventó de repente, cruzando los dedos para que se lo creyera. A juzgar por la mirada escandalizada del profesor, parecía funcionar. Primero por esquivar un gato, luego por un auto. ¿Qué le diré al siguiente, que fue un OVNI?―. Fue algo muy tonto, pero me llevé un gran susto y un buen golpe.
―Me lo imagino, tuvo que haber sido bastante feo ―concedió el hombre afligido. Issei, desde la puerta, se sorprendió por lo buena actriz que era Rin. Bueno, tenía bastante práctica en el asunto, pensó―. Con razón no respondiste todas las preguntas y escribiste resultados tan extraños, esto nunca te había pasado. Tiene sentido. Está bien, te repetiré el examen. Eres una buena alumna y no mereces que se te baje el promedio por esto.
―¿De verdad? ¡Oh, muchas gracias, profesor! ―se inclinó repetidas veces juntando las manos. Ahora esperaba que su buena reputación de la niña buena y estudiante modelo la ayudaran con su siguiente canallada descarada. Colocó una cara de pena muy convincente y prosiguió―. Pero si no es mucha molestia... ¿podría incluir a mis compañeros Issei y Momoko también, por favor? No sería justo que ellos se queden por fuera. ¿Por favor? No se lo vuelvo a pedir, lo prometo.
El hombre frunció los labios un momento antes de volver a consultar su reloj y darse cuenta de que se le acababa el tiempo.
―Sólo por esta vez ―le dijo al ponerse de pie―. Tengo entendido que tienen una hora libre mañana por la tarde, los esperaré en el salón de profesores. Prepárense mejor ―fue lo último que dijo antes de salir. Issei se apresuró a disimular que no había oído nada y se agachó a fingir que tenía algo en el zapato. Con suerte, el profesor iba tan metido en sus asuntos que ni siquiera lo notó.
Rin salió después de él y le sonrió a su amigo alzándole el pulgar cuando éste se puso de pie de nuevo.
―Deberías ir a Hollywood a hacerte actriz ―ironizó. Rin se encogió de hombros.
―Es una buena idea, me la pensaré. Al menos no nos quedaremos con esas notas.
―¿Por qué nos incluiste a Momoko y a mí? Contigo hubiera sido suficiente, el profesor pudo haber cambiado de opinión.
―Porque fue culpa mía que tú también reprobaras ―le dijo mordiéndose el labio inferior―. Siempre fuiste de los mejores en matemáticas, supongo que tu mala nota habrá sido por lo que pasó el miércoles.
―Pues sí. No pude dormir.
―Yo tampoco.
―Bueno... entonces te lo agradezco. Fue un buen gesto de tu parte ―murmuró el muchacho por lo bajo. No se sentía del todo cómodo con Rin, pero de verdad apreciaba la oportunidad. La chica le sonrió para restarle importancia.
―Es lo menos que podía hacer. Voy a buscar a Momoko para decirle y la ayudaré a estudiar, a ver si consigo que apruebe esta vez ―se despidió con la mano antes de perderse por el pasillo, dejándolo caminando en dirección contraria. Issei se llevó las manos a los bolsillos y evitó voltear para verla desaparecer.
Toda esa semana se había preguntado qué le había visto a Rin en primer lugar, y cómo era posible que aún sintiera cosas por ella después de comprobar la clase de líos en los que estaba metida. Aquella tontería del examen le había recordado que, quitando los problemas que acumulaba, era una buena chica que siempre pensaba en los demás.
Se preguntó si la cosa que estaba en esa casa era capaz de ver lo mismo que él. Y por más ridículo que sonara, esperaba que no.
...
―Rin, jamás dejaré de repetirte cuánto te quiero ―dijo por enésima vez Momoko ese miércoles por la tarde. Desde que le había dado la noticia había saltado de emoción, y el abrazo de gratitud que le había dado casi le rompió un par de costillas. Habían pasado todo el día anterior y cada receso del siguiente preparándose para la prueba.
Al menos Rin tenía la cabeza mucho más ligera, y cada tema y fórmula que estudiaba lograba quedarse sin tanto esfuerzo. Además de que ayudar a estudiar a su amiga había hecho que cada cosa se grabara con fuego por la cantidad de veces que tuvo que repetirlas, así que ésta vez estaba segura de que no sólo aprobaría, sino que conseguiría la mejor nota de la clase.
La campana sonó por última vez para el salón que contaba con la hora libre ―la última vez esa semana, pues la profesora regresaba el lunes siguiente y les tocaría sufrir por su ausencia―, y los tres chicos se prepararon para presentarse en el salón de profesores.
―¿Eh, adónde creen que van? ―los detuvo Satsuki a voz de grito.
―A repetir el examen de matemáticas ―respondió Issei sin mucho humor.
―¿Qué? No, no puede ser ahora, estamos en reunión.
―Oh por Dios, ¿otra reunión? ¿Y ahora de qué?
―Vamos a hablar del tema del festival, claro. ¿No te acuerdas? Quedamos en hacer una película y ya tenemos varias ideas preparadas, ¡debemos discutirlas todos juntos!
―Sí, pues nosotros no queremos quedarnos con esos reprobados, así que si nos disculpan...
―Rayos, Issei, eres el tesorero, ¡no puedes hacerme esto! ¡Te necesito aquí! ―se exaltó la muchacha, casi interponiéndose para que no se marchara. Rin y Momoko retrocedieron y la miraron asustadas. Satsuki era muy apasionada con su labor de delegada, pero eso ya era un poquito exagerado.
―Ya podrás contarme cómo les fue ―se encogió de hombros el muchacho antes de pasarle por el lado y salir del salón con la mochila colgando. Momoko se apresuró a seguirlo, temiendo que si llegaba tarde le restarían puntos. Sólo Rin se quedó para disculparse.
―Intentaremos no demorar mucho, ¿está bien? Lo siento.
Y se marchó justo antes de que Satsuki se lanzara a por ella también. Trotó para alcanzar a sus amigos y juntos cruzaron la puerta del aula de profesores donde les aguardaba su examen.
―Bueno, no podemos hacer nada ―resopló Satsuki con indignación, cerrando la puerta―. Empecemos de una vez. ¿Qué temática tendrá esta película, para empezar? Algo que impacte y no sea muy complicado sería perfecto. ¿Quién propone primero?
Una chica con coletas de la primera fila alzó la mano.
―¿Qué tal una película de terror? ―propuso inocentemente―. No necesita mucho guión, sólo unos buenos sustos. Podría ser una tipo documental, como El Proyecto de la Bruja de Blair o Actividad Paranormal. No tendríamos que gastar mucho presupuesto.
Satsuki alzó las cejas con interés y comenzó a maquinar de qué manera podía exprimir esa opción tan simple y tan buena.
Y casualmente se le acababa de ocurrir una maravillosa idea.
...
Masashi fue quien los recibió cuando llegaron al salón, deteniendo en especial al chico de los lentes y a Rin. Los tres iban conversando tranquilamente por el pasillo, comentando las respuestas que habían obtenido y el puntaje que creían haber sacado ésta vez. Con suerte, hasta Momoko había logrado aprobar con buena nota.
―Necesitamos hablar ―dijo con disimulo Masashi. El salón estaba algo desordenado, con cada grupo de personas hablando al mismo tiempo. La chica de las coletas, Shizuku, atraía a un corro de espectadores a sus espaldas mientras escribía concentrada en su pupitre, con Satsuki dándole instrucciones muy entusiasmada.
Los únicos que estaban más callados de lo normal eran Kappei, Hajime y Kechiro, que juntaban las cabezas al fondo del aula y murmuraban por lo bajo.
―¿Qué pasó? ―preguntó Rin cuando se reunieron con ellos.
―Satsuki se volvió loca ―respondió Kappei asustado―. Quiere ir a grabar la película en la casa maldita.
Rin e Issei se sobresaltaron e intercambiaron una mirada llena de circunstancias. Sus amigos consideraron que era una reacción normal, pues ellos mismos la habían puesto, pero lo que no sabían era que ambos tenían algo mucho más serio de lo que preocuparse que un trauma infantil.
―¡No puede hacer eso, es peligroso! ―urgió Rin, asomándose para ver a Satsuki conversando animadamente con Shizuku―. ¡No tiene idea de lo que hace!
―¿Y crees que no lo sabemos nosotros?
―¿Por qué no la detuvieron?
―¡Lo intentamos! ―se defendió Kechiro―. De verdad, estuvimos discutiendo por mucho rato, pero el resto del salón no nos hizo caso.
―Nos llamaron miedicas ―se quejó Hajime―. Lo cual es irónico, porque nosotros somos los únicos que fuimos a esa casa y ellos no porque tenían miedo.
―¡Pero...! ¡Pero no puede hacerlo! ―se aterrorizó Rin, imaginándose qué podría llegar a hacer Sesshomaru si un grupo de adolescentes iba a su mansión. Con promesa o sin ella, no podía resultar bien, eso era pedirle demasiado. Apretó los puños y ni siquiera se molestó en escuchar qué más tenían que decir los otros, fue derecha al pupitre de Shizuku―. ¡Satsuki, no podemos ir a esa casa! ―dijo con la voz más alta de lo normal. Todo el salón la escuchó y muchos se callaron. No era común que Rin gritara.
―¿Tú también estás con eso? Vamos, Rin, no tengas miedo. Ustedes mismos dijeron que no vieron nada, ¿recuerdas?
―Sigue siendo muy peligroso, la casa está en mal estado y puede caerse en cualquier momento.
―No exageres, siempre ha estado ahí y siempre estará ahí. Porque vayamos unos días a grabar no pasará nada ―sacudió la mano para restarle importancia y se volvió a inclinar hacia lo que la otra chica estaba escribiendo.
―Satsuki, es en serio, es muy peligroso. Debe haber otro sitio para hacer esto.
―¿Qué otro sitio mejor para promover una peli de terror que la misma casa maldita? Es sólo un cuento, Rin, ustedes están exagerando.
―No, no estamos exagerando ―se defendió Rin. Issei y Masashi se le acercaron para apoyarla, con los otros tres justo detrás. Satsuki sacudió la cabeza con fastidio y puso los brazos en jarras.
―¿En serio? ¿Y por qué? ¿Qué fue lo que vieron en realidad?
El grupo de amigos intercambió una mirada, y por lejos se podía ver que Rin era la más nerviosa de todos. ¿Lo dirían? Habían prometido guardar el secreto para no quedar en ridículo, y quedar en ridículo no era precisamente lo más preocupante ahora. En especial para Rin e Issei, que apretaron las mandíbulas debatiéndose si debían contar la verdad o no. O al menos Issei lo hacía muy seriamente.
―No vimos nada ―terminó diciendo Kappei. Rin suspiró silenciosamente de alivio―. Pero sí escuchamos cosas. Cosas feas ―las entrañas de la muchacha se contrajeron y le dedicó una nueva mirada preocupada a Issei.
―No me digas, ¿y qué clase de cosas?
―Gruñidos. Y ruidos fuertes, pisadas. Me empujaron y nos persiguieron hasta que salimos de ahí ―confesó Kappei rojo de vergüenza. Algunos chicos murmuraron preocupados, otros soltaron risitas por lo bajo.
―¿Qué cosa los persiguió? ―cuestionó suavemente Momoko con sus ojos puestos en Rin.
―No lo sabemos. Pero sea lo que sea, no era amistoso ―respondió Hajime―. Lo que hay ahí arriba es... simplemente es malo.
Rin sintió una espinita en su costado, pero logró ocultar su cara de dolor. Si habían risas por las confesiones de los muchachos, con las suyas la internarían en el manicomio hasta el siguiente siglo por lo menos. Sólo Issei se dio cuenta que las palabras de Hajime le habían sentado mal, y por motivos muy diferentes a lo que cualquiera podía adivinar.
Algunos se rieron, otros intercambiaron miradas cómplices llenas de incredulidad. Sólo un pequeñísimo puñado de personas parecían angustiados por las revelaciones del grupo de amigos que se mantuvo ahí, firme en sus palabras.
―Miren, no sé qué habrá sido esa cosa que los persiguió, pero les aseguro que no existe ―volvió a hablar la delegada con tono condescendiente, como una madre explicándole a sus hijos que la historia del coco no era cierta―. Eran pequeños y se dejaron llevar. Ahora somos mayores y prometo que sea lo que sea que hayan creído ver no es real. Es un cuento para asustar a los niños.
―No es ningún cuento, yo sé lo que vi ―se defendió Kappei, notablemente cabreado―. ¡Me empujó, nos persiguió a todos! ¡Ni loco vuelvo a pisar esa casa!
―No tienes que hacerlo si no quieres. No necesitamos a todo el salón para grabar, puedes formar parte del equipo de edición o algo así ―intentó tranquilizarlo Shizuku, cosa que pareció funcionar. Kappei, el más alto y musculoso de la clase, relajó los hombros ante la nueva revelación―. De verdad. Quien no quiera ir no será obligado, puede hacer otra cosa para colaborar.
―¿Ven? ―secundó Satsuki mirándolos con condescendencia―. No pasa nada, tampoco vamos a hacerles pasar un mal rato. ¿Con eso estamos bien?
Bueno, definitivamente es más seguro tener un grupo pequeño a todo el salón de clases en la casa, pensó Rin lógicamente, pero menos personas no significaba que Sesshomaru estuviera más apacible. No sabía qué tanto podría controlarse si llegaban a molestarlo de verdad, y él era muy fácil de molestar.
―No. Sigue siendo peligroso ―se opuso. Satsuki y otros más rolaron los ojos, pero antes de que alguien pudiera reñirle por ser cobarde, Issei se adelantó.
―Rin tiene razón. Nosotros sabíamos que sería peligroso cuando nos metimos en esa casa y nos llevamos una lección que todavía recordamos. ¿Qué pasará si les sucede algo peor por no hacernos caso? No lo decimos para arruinar la fiesta de nadie; por mí hagan una película en el fondo del mar si les da la gana, pero no quiero que alguien salga herido de gravedad. Casi nos pasa a nosotros por hacernos los valientes.
El aula se sumió en silencio por medio minuto. El tono de Issei era tan serio que por un momento nadie tuvo el valor de llevarle la contraria. Sus ojos oscuros miraron intensamente a Satsuki, dándole a entender que no estaba bromeando. Y por un pequeñísimo instante, pareció que ella se echaría para atrás.
Pero lo mismo que tenía para ser una buena delegada lo tenía de terca y orgullosa, por lo que no cedería tan fácilmente.
―Te diré lo que haremos: vamos a la casa e intentamos filmar al menos una escena. Llega a ocurrir el más mínimo incidente y nos vamos. Ni siquiera haremos preguntas. Sólo danos la oportunidad de por lo menos verificar si el sitio es apto o no.
Ese era un trato muy razonable y todos lo sabían, era lo máximo que la muchacha permitiría. Y no era suficiente para Rin.
―Satsuki, en serio. Estás cometiendo un error.
―No te preocupes, Rin, todo estará bien ―le aseguró posando una mano en su hombro. La chica tuvo el impulso de quitarla de un manotazo y zarandearla con fuerza para hacerla entrar en razón. Antes de que pudiera replicar, Satsuki continuó hablando―. Ni siquiera tienes que estar ahí si la pasaste tan mal. Puedes ayudarnos con el libreto, eres de las mejores escribiendo ensayos en clase.
Rin iba a intervenir cuando la otra regresaba su conversación animada con Shizuku, que volvió a escribir no sin antes darle un reojo, pero fue Momoko quien la detuvo negando con la cabeza. Por más advertencias que le dijera, no había forma humana de hacerla cambiar de opinión.
―¿Por qué nunca me dijiste lo que les pasó ahí arriba? ―le murmuró cuando se la llevó a un extremo del salón para evitar que se le abalanzara encima a Satsuki. Rin respiraba fuertemente con la adrenalina fluyéndole a gran velocidad, carcomiéndose el cerebro por los enormes problemas en los que estaba metida, ¡y todo el salón también!
Miró a su amiga, quien a su vez la observaba contrariada esperando una explicación.
―Me daba pena que pensaras que era una gallina ―le dijo con la sinceridad a medias. Después de todo, aquella razón había sido la principal del grupo al hacer el pacto.
―Yo nunca pensaría que eres una gallina ―aseguró la otra chica.
―¿Entonces dices que nos crees?
―Claro que les creo ―Rin le torció la cara por la impresión. Sonaba tan convencida que no había espacio a dudas―. ¿Qué? Recuerda que mi tío se rompió una pierna por visitar esa casa. Mi papá dice que desde entonces nunca fue el mismo. Estuvo internado en el sanatorio por un mes, y no fue sólo él, los amigos suyos que lo acompañaron también tuvieron que ir a terapia. Sea lo que esté allá arriba es malvado.
Entre tanto estrés, Rin estuvo a punto de abrazar a su amiga por tal muestra de solidaridad. Se quedó en silencio viéndola con tal agradecimiento que Momoko le hizo una mueca de extrañeza que la regresó a la realidad.
―¿De verdad empujaron a Kappei cuando fueron ahí?
―Sí, pero por suerte no se hizo mucho daño. Aunque... no sé qué pasará cuando vayan los demás ―hizo un gesto a los estudiantes que hablaban emocionados alrededor del pupitre de Shizuku, con la terca de Satsuki a la cabeza―. Mis abuelos también fueron a esa casa ―mencionó, recordando de repente las fotografías que había visto hacía unos años―, fue cuando eran jóvenes, y la pasaron muy mal.
―Bueno... creo que no hay nada más que puedas hacer para evitar que vayan ―intentó consolarla su amiga por lo bajo―. Hay que ver el lado bueno: si les pasa algo nunca te volverán a llevar la contraria. Y si no pasa nada o pasa poco, tendremos una película genial y ganaremos el premio del primer lugar.
Rin quiso sonreír ante su optimismo, pero no se vio capaz ya que otra idea ocupó su atención. Quizás había una pequeña oportunidad para asegurarse que sus compañeros no estuvieran en peligro.
La última campana del día sonó entonces, seguida por el característico ruido de las sillas arrastrándose y las mochilas siendo llenadas. Casi había olvidado que el timbre sonaba otra vez a esa hora, y descubrió que era mucho más temprano de lo que había imaginado. Dio un rápido vistazo por la ventana, viendo que la luz se había opacado gracias a los grandes nubarrones.
Los demás también parecieron percatarse de esto, pues se apuraron en salir del aula antes de que la lluvia los agarrara a medio camino a casa. Pero Rin tenía otros planes.
―¿Qué piensas hacer? ―la tomó Issei del brazo cuando vio que se dirigía muy decidida a Satsuki, quien guardaba cuidadosamente unos papeles en su carpeta.
―Lo que pueda.
―¿Crees que puedas no cometer alguna locura?
―Ya es un poco tarde para eso ―le sonrió un poco para tranquilizarlo, esperando que no malinterpretara nada―. Tranquilo, no haré nada tonto.
―Eso lo dudo ―suspiró por lo bajo y soltó su brazo, más no se apartó de su lado mientras iba a hablar con la otra chica. Satsuki, en vista de que ambos se paraban frente a ella, roló los ojos y se preparó para escuchar otro sermón.
―¿Hay manera de que cambies de opinión, Satsuki? ―quiso saber con el ceño fruncido. La chica tuvo el impulso de rolar los ojos pero se contuvo.
―Hicimos una votación y la mayoría decidió que iríamos allá. Quedará muy bien dada la reputación de la casa ―le explicó llanamente―. Quizás de haberse quedado habrían ganado con mayoría.
―Pero eso no es culpa nuestra, estábamos repitiendo el examen ―intervino Issei, cabreado. Él también tenía muchas ganas de agarrar a la delegada y zarandearla por su cabezonería imposible―. Deberías considerar lo que decimos ahora, porque de haberlo hecho nosotros antes, nos habríamos ahorrado una experiencia bastante fea.
―Issei, estaban en sexto grado ―trató de razonar con él con tono cansino―, te prometo que están exagerando las cosas que creen recordar.
―Pues yo te prometo que no lo estamos haciendo ―ahora fue Rin quien lo dijo―. Estamos diciendo la verdad: todos recordamos muy bien lo que pasó ese día y lo cerca que estuvimos de sufrir un accidente. ¿Por qué no nos escuchan? ¿Acaso una condenada película es más importante que hacer que todos estén a salvo?
Satsuki resopló probablemente pensando en lo inmadura que sonaba la petición de Rin, quien a su vez no podía creer lo difícil que era hacerle llegar el punto a su compañera sin comprometerse a revelar la información que guardaba tan celosamente sobre Sesshomaru.
―Creo que el trato que propuso Satsuki tiene sentido ―musitó tímidamente Shizuku, algo cortada por la mala vibra que desprendían los tres―. Con echar un vistazo y comprobarlo por nuestra cuenta sería suficiente.
―¿Y no sería mejor simplemente mover la filmación a otro lado para evitarnos problemas?
―El único problema lo tienen ustedes ―espetó duramente la delegada, ya un tanto harta de que le llevaran la contraria. Se puso de pie con sus notas entre las manos, dedicándoles una mirada fastidiada antes de colgar su bolso de su hombro―. No entiendo cuál es el problema si ni siquiera los estamos haciendo ir.
Ese es un buen punto... ¡si lo miras desde tu lógica! estuvo a punto de gritar Rin. Estaba tan frustrada que lo único que quería era estrellar su cabeza contra la pared unas cuántas veces. O mejor, estrellar la de Satsuki unas cuántas veces.
Esta chica estaba despertando un lado violento que nunca supo que tenía.
Issei no dejó que las cosas se enfriaran así de fácil y continuó dándole algunas razones a Shizuku, quien parecía ser la menos terca de las dos amigas, mientras Rin se frotaba el puente de la nariz para disipar su creciente migraña. Sólo se le ocurría una última alternativa. No era lo ideal, pero era mejor que nada.
Si no puedes contra ellos... úneteles.
―Espera ―la llamó cuando ya se alejaba del salón. Momoko también se le había acercado con la intención de hacerla entrar en razón, pero la delegada ni siquiera la escuchaba. Se giró con cara de pocos amigos a Rin, preparada para ponerle un alto a lo que sea que fuera a decir―. Los acompañaré.
Todos los que quedaban en el salón la vieron atónitos por el súbito cambio. Todos menos Issei, que se debatía entre querer matarla y decirle '¿pero es que estás loca o qué?'.
―Quieres acompañarnos... ―repitió incrédula―. Claro.
―Te lo digo en serio ―insistió con seriedad―. Quiero ir con ustedes.
―¿Y por qué? ¿Por qué quieres ir ahora?
―Porque quiero comprobar con mis propios ojos si lo que dices es cierto o no ―le espetó tratando de hacer todo lo posible por no seguir demostrando lo molesta que estaba. Satsuki y Shizuku intercambiaron una mirada nada convencida.
―No te entiendo ―dijo la delegada―. ¿No le tienes miedo a esa casa?
―Sí, le tengo miedo... pero aún así... ―compuso una cara pensativa que esperaba hacer pasar por convincente. Estaba tan cansada de mentir pero no tenía más alternativa. Era hacerse la loca contrariada o revelar su más preciado secreto, lo cual sería mil veces peor. La primera opción tendría que ser―. Creo que al menos debería darte el beneficio de la duda. Quizás tengas razón y de niños lo exageramos todo ―hizo un gesto muy leve con su mano a Issei y los demás compañeros que tenía a sus espaldas, intuyendo que replicarían lo contario―, pero sigo estando convencida de lo que vi. Sólo quiero comprobar qué tan cierto es lo que vivimos.
Esto es una locura, jamás me va a creer. Tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no girar la cabeza hacia Issei a quien sentía taladrarle la nuca con los ojos y se mantuvo para hacer valer su punto con firmeza. De nuevo Shizuku y Satsuki se miraron de soslayo.
―Si te sientes incómoda con la idea no tienes que hacerlo ―le dijo la chica de las coletas con calma.
―No te voy a poner a que pases un mal rato, Rin ―continuó Satsuki.
―No sería muy diferente a lo que harían ustedes, ¿no? ―instó Rin―. En caso de que todo haya sido por histeria colectiva o algo similar entonces me gustaría superarlo de una vez. Quisiera ir para quitarme la duda, es todo.
―¿Estás segura?
―Sí... cualquier cosa que pase igual seré la primera que se vaya corriendo ―intentó bromear para alivianar la tensión que las previas discusiones había inundado en el ambiente.
―Bueno... Tendré que pensarlo. Supongo que podrías ser una camarógrafa entonces, si estás bien con eso.
―Claro.
―Entonces inclúyeme a mí también en ese grupo ―se metió Issei con un resoplido resignado.
―¿Qué, tú también quieres ir? ¿Pero que les pasa a ustedes? ¿Quién los entiende?
―Esa es una excelente pregunta ―murmuró Masashi por lo bajo. Rin volteó a ver extrañada a Issei por su arrebato aparentemente altruista.
―¿Tú también irías?
―¿Es tan extraño? ―resopló él a punto de poner los ojos en blanco―. Necesitan a alguien que conozca esa casa y sepa a lo que se enfrentan, ¿no? ―cuestionó mirándola con obviedad, haciendo que ella tuviera el vago impulso de lanzarle su bolso a la cara para que dejara de ser tan evidente.
―¿Y estarías bien con acompañarnos?
―Sí, ¿por qué no? Así podría decirte 'te lo dije' cuando pase algo feo. Y si no pasa nada, entonces tú podrás decírmelo a mí ―se encogió de hombros―. ¿Qué te parece? Podría ser otro camarógrafo, tengo un par de cámaras portátiles que podrían servirnos.
―¿A qué están jugando? ―quiso saber la delegada con sospecha, viéndolos a ambos con los ojos entrecerrados―. ¿Qué intentan probar con esto?
―¿Nosotros? Nada. Sólo queremos saber quién tiene la razón. Pero digo igual que Rin: pasa algo y me piro como alma que lleva el diablo. No digan que no se los advertí.
―¿Qué dices, Satsuki? ¿Estamos adentro? ―ahora fue Rin quien se metió en la conversación dando un paso adelante. La muchacha no dejaba de verlos a los dos, y ocasionalmente a Shizuku y Momoko en busca de algo de sentido a lo que acababa de pasar. Al cabo de un rato sin respuestas se deshizo en un suspiro llevándose una mano en la frente.
―Ustedes son demasiado extraños ―musitó contrariada―. Supongo que no habrá problema, pero tendrán que esperar a que se organicen bien los equipos para estar seguros. ¿De verdad quieren ir?
―Vale la pena intentarlo ―volvió a decir Issei con una tranquilidad forzada.
―Y comprobar qué tan cierto es lo que recordamos ―terminó Rin con un asentimiento.
Satsuki bajó los hombros y negó levemente con la cabeza. Se notaba que lo único que quería era que la dejaran tranquila con el condenado tema, así que terminó por asentir sin mayor remedio.
―Está bien, como quieran. Mañana traeré el planificador y comenzamos a reunir los equipos, ¿de acuerdo?
―De acuerdo.
Shizuku se apresuró a seguir a su amiga no sin antes dedicarles un vistazo rápido e inseguro al par de chicos tan determinados. Rin e Issei echaron a andar fuera del salón poco después, y ella en particular sentía que las piernas le pesaban como si fueran de plomo. Momoko fue a su lado comenzando su interrogatorio mientras Hajime y Masashi hacían lo propio con Issei.
―Rin, ¿por qué quieres ir? ―cuestionó su amiga al mismo tiempo que sacaba sus zapatos del casillero. Rin se colocaba los suyos y guardaba los de interior.
―Creo que sólo debo superarlo ―musitó. Aún sentía el corazón acelerado y un instinto asesino latente, pero lo mejor era tratar de opacarlo con toda la normalidad posible―. Ya estoy grande para tenerle miedo a una casa. Si voy y veo que no hay nada, dejará de darme miedo.
―Es extraño que digas eso. Estabas muy convencida de que era un sitio peligroso hace unos minutos y de repente ¡zas! cambias de opinión. No te entiendo ―la miró ofuscada arrugando la nariz. La otra chica no la culpaba, su abrupto cambio de parecer no tenía ni pies ni cabeza para nadie que no fuera Satsuki, pero debía mantener la farsa lo más convincente posible.
―A decir verdad yo tampoco me entiendo a veces ―se rió un poco para quitarle importancia. O al menos intentarlo. Y sí, su amiga no se lo creyó.
―¿Hay algún motivo en especial por el que quieras ir ahora? ¿Es como dice Issei, sólo quieres ir para ver quién tiene la razón?
Sí, bueno... eso suena lógico. Qué más da, eso será.
―Me pillaste ―admitió cerrando la puerta de su casillero. Momoko alzó una ceja―. Es que... me sentiría algo responsable si les llega a pasar algo estando ahí. Como no puedo detenerlos, si puedo estar con ellos me haría sentir más tranquila.
―Pero no es tu culpa que sean cabezas duras, no te hagas responsable por ellos cuando son los que no quieren escucharte.
―Lo sé, pero aún así no puedo evitarlo, ¿sabes? ―suspiró. Al menos ahí no tenía por qué mentir, y poder abrirse con su amiga era ciertamente liberador―. Quizás pueda ayudar si algo pasa... aunque espero que nada suceda. Pero no me quedaré preocupada por ellos si los acompaño.
―De todas formas no podrías hacer nada si la cosa esa que vive ahí arriba va contra ellos. Nadie puede hacerle frente a un fantasma enojado, ¿no? ―apuntó la muchacha encogiéndose de hombros. Rin obvió de nuevo vez el tic nervioso al escuchar que se referían a Sesshomaru como si fuera una cosa (aunque, ¿quién podía culparlos?) y aceptó de nuevo que tenía la razón. ¿Momoko se había vuelto una sabia experta o era ella la que cometía muchas imprudencias? Seguramente es lo segundo.
―Habrá que esperar lo mejor ―fue todo lo que se le ocurrió decir. Se preguntó si alguna vez las cosas terminarían saliendo como ella planeaba, si encontraría el valor necesario para confesar cada trocito de su extraña historia con el inugami. Momoko sería una de las que más merecería saber la verdad, supo inmediatamente. Ella y sus padres. Y Satsuki también, para poder zarandearla de los hombros y decirle "¿ves por qué no quería que fueran a la casa? ¡Terca!"―. ¿Tú no vas a ir, verdad?
―¿Quién, yo? ―se sorprendió de repente la chica, mirándola asustada―. ¿Tú quieres que vaya?
―¡Por supuesto que no! ―saltó Rin en la mitad del patio de entrada. Algunos chicos que iban cerca de ellas se le quedaron viendo como si estuviera loca―. Ni se te ocurra acercarte a esa casa. Me da igual que pueda ser una cosa imaginaria, un trauma infantil o un fantasma de verdad. Sigue siendo un sitio peligroso y no quiero que te pase nada.
―Pero si tú vas a ir...
―Esa soy yo y sé dónde me estoy metiendo. Por favor, Momoko, prométeme que nunca bajo ninguna circunstancia pondrás un pie ahí ―se le paró de frente, frunciendo el ceño con determinación. Su amiga tragó con una mezcla entre alivio y preocupación, y sin más remedio asintió con la cabeza. No podía mentir, le alegraba mucho no tener que subir a ese horrible lugar, pero igual temía por Rin.
―Entonces tú me prometes que te vas a ir si las cosas se ponen feas. No te hagas la heroína que te conozco ―la señaló acusadoramente con el dedo mientras reanudaban el camino hacia la salida. Rin le dedicó una sonrisa para nada inocente y volvió a encogerse de hombros.
―Lo intentaré, pero no prometo nada.
Detrás de las chicas y ajenos a su conversación, los muchachos se habían pasado todo el trayecto picoteando a Issei con las mismas preguntas.
―¿De verdad vas a ir? ―cuestionó incrédulo Hajime por centésima vez. Issei, hastiado, le dio una mirada cansina. El chico bajó considerablemente la voz―. ¿Es porque Rin va a ir también?
Issei prefirió no contestar.
―Lo siento, amigo, pero yo no creo ser tan valiente. Ni por una chica, esa casa me dejó pesadillas durante semanas ―se estremeció Hajime frotándose los brazos―. Espero que no suceda nada de nuevo, daría lo que fuera porque Satsuki tuviera razón y todo fuera inventado.
―No sólo tú ―concordó Masashi con un suspiro―. Es una locura que quieran ir a filmar ahí. Pero como Issei dijo antes: cada quien sabe dónde se está metiendo. Y por esa misma regla tú y Rin no deberían ir.
El chico de las gafas volvió a resoplar. No tenía ganas de seguir discutiendo lo mismo una y otra vez, estaba cansado. Oh, y lo que le quedaba. Sentía que necesitaba mucha preparación mental para cuando tuviera que subir a la mansión de nuevo. Si tenían suerte, el amigo de Rin los echaría rápido y ni siquiera tendrían que quedarse más de una hora. Cruzaba los dedos por ello, y para poder señalar a Satsuki y decirle "¡te lo dije, terca, loca de remate!". Pocas cosas le darían más satisfacción.
―Es una mala idea, Issei.
―Te estás poniendo pesado, ¿sabes? ―musitó girando los ojos. Rin y Satsuki se despidieron en la intersección calle arriba. Issei les hizo un gesto con la mano a los otros dos chicos antes de montar su bicicleta e ir tras ella. Los muchachos intercambiaron una mirada contrariada, pero no hicieron ningún comentario ante la actitud de su obstinado amigo.
Rin ralentizó su ida al ver que la estaban siguiendo, y esperó a que Issei la alcanzara para tomar un ritmo normal. Tenía algo que hacer y era mejor apurarse antes de que empezara a llover.
―Irás a verlo, ¿no? ―le dijo él. La chica apenas lo miró por el rabillo del ojo, sabiendo que contenía un gesto de desaprobación.
―Tengo que intentar hablar con él y convencerlo para que no haga nada.
―¿Y crees que te haga caso?
―Bueno... ya le había mencionado que no me gustaba que lastimara personas, y cuando le pedí que no lo hiciera me dijo que se lo pensaría.
―¿Ah, sí? ―resopló incrédulo. Qué oportuno que mencionara eso, pensó―. ¿Y cuándo fue esto?
―Después de que casi te atacó ―ésta vez Rin lo miró más de frente, bajándose de la bicicleta para subir a pie la empinada colina que llevaba a la ruta 42. Issei se quedó quieto, sólo bajando una pierna para detener su bici.
―Espero que sepas lo que haces. ¿Qué pasará si algo sale mal? ―Rin apretó los labios y bajó momentáneamente la mirada. Aquella pregunta le aterraba.
―Tendré que hacerme cargo. Esperemos que todo salga bien, ¿vale? Envíame energía positiva, es lo que necesito ―intentó bromear, pero Issei estaba demasiado serio como para siquiera sonreír.
―¿Cómo? ―preguntó, inclinándose ligeramente sobre su bicicleta―. ¿Cómo te harás cargo?
Rin apretó el manubrio de su bicicleta e hinchó el pecho con todo el aire que contenía silenciosamente.
―Sólo lo haré ―le dijo decidida antes de despedirse de su amigo con un gesto mudo y empezar a subir la colina lo más rápido que podía. Issei se quedó abajo, viéndola irse cada vez más lejos. Quería detenerla y hacerla entrar en razón, pero... ¿qué se suponía que le iba a decir? Ahora mismo, en vista de la locura que sus compañeros de clase querían cometer, Rin era la única que podía evitar el inminente desastre.
Se dio la vuelta en cuanto la vio desaparecer, cruzando los dedos para que fuera capaz de persuadir al violento espíritu. No había más opción que confiar en ella.
...
El primer trueno retumbó a la distancia cuando Rin divisó el muro. Sus piernas le dolían un poco por la velocidad a la que les había obligado a llevar la bicicleta, y esperaba poder irse antes de que la lluvia ―o tormenta, por cómo se arremolinaban las nubes oscuras― iniciara. Podría darse la vuelta ahora mismo y quizás llegaría a casa medianamente seca, pero se conocía demasiado bien: no estaría tranquila hasta hablar con Sesshomaru.
Corrió por la hierba alta, apartándola de su camino con manotazos, y subió de un salto el pórtico. Le dolía el pecho tanto por el esfuerzo como por el miedo que sentía con cada fibra de su ser. O no tanto miedo, tal vez era más bien inseguridad.
―Sesshomaru ―lo llamó entre resoplidos mientras intentaba recuperar el aliento con las manos en las rodillas. Sintió la presencia del inugami sólo unos segundos después, y se enderezó con una sonrisa cansada.
―¿Qué ocurre? ―resonó su voz. La imagen traslúcida dio un nuevo paso hacia ella, como si estuviera preparado para atraparla en caso de que se desmoronara.
Rin limpió el sudor de su frente con un brazo y una fría brisa removió su cabello. Habría sido un alivio por las últimas semanas cálidas que habían invadido el pueblo, pero en circunstancias como aquella, sólo la ponía más nerviosa.
¿Cómo le digo esto sin hacerlo enojar? Rayos, me va a odiar.
Apretó la mandíbula, deduciendo cómo proceder, algo que no se le había ocurrido en su carrera hasta allá. Tan concentrada estaba en llegar y simplemente hablar con él que ni siquiera se le ocurrieron las palabras para comenzar.
―Lo siento ―dijo al fin―. De verdad, yo... lo siento.
―¿Por qué?
Tomó aire y miró a la figura humana que estaba frente a ella. Apretó los puños y sólo se lanzó.
―Mis compañeros... ellos quieren venir a esta casa. Tienen la estúpida idea de hacer un proyecto y pretenden usar esta casa para eso. Intenté detenerlos y hacerles cambiar de opinión, pero no me hicieron caso. No quiero que vengan, no quiero que te molesten, pero... no puedo hacer nada, no me escuchan.
La figura se quedó en silencio entonces, y Rin supo que alzó la cabeza para mirar por encima de la suya, como si buscara a alguien más. Su energía normalmente apacible se había vuelto tensa para cuando volvió a bajar su atención hacia ella.
―¿Cuándo?
―N-no lo sé, en unos días o unas semanas, no me dieron una fecha exacta.
De nuevo silencio. Tal parecía que Sesshomaru no sabía muy bien qué hacer ahora. Una parte de él estaba lógicamente furiosa ante la idea de tener un grupo indeterminado de humanos invadiendo su territorio. Pero por otro lado... Rin lo observaba expectante y ansiosa retorciéndose las manos como si quisiera arrancarse los dedos.
Estaba asustada y tenía buenos motivos para estarlo.
El demonio respiró profundamente antes de responder.
―¿Estarás con ellos? ―Rin primero asintió con la cabeza antes de soltar su 'sí' en voz baja―. Entonces no tienes de qué preocuparte.
―¿Lo dices en serio? ―la muchacha se inclinó hacia él un poco como si no hubiera oído bien.
―¿Desconfías de mí? ―joder, pregunta engañosa, pensó ella.
―Confío en ti, pero no quiero abusar de tu... disposición ―dijo, sin saber si esa era la palabra adecuada. Sesshomaru tampoco parecía muy convencido―. Sólo puedo pedírtelo, no exigírtelo, y lo sé. Por favor... no los lastimes. Ignóralos, asústalos si quieres para que se vayan... pero no les hagas daño.
―Ya he dicho que no lo haré ―contestó con algo de rudeza, haciendo que Rin se echara un poco hacia atrás. Sesshomaru notó su reacción y bajó un poco los hombros. La asustaba y hacía sentir insegura; a ella, la única persona a quien no quería ni siquiera intimidar. Rin no tenía la culpa de nada, ni de su encierro, de su furia o siquiera de que esos otros humanos planearan subir hasta la mansión. No debía hacerla pagar por algo de lo que no tenía control cuando todo lo que intentaba era proteger a sus congéneres... y hacerlo feliz a él.
Se sintió un tanto estúpido por una milésima de segundo por no manejar apropiadamente sus reacciones. Era extremadamente fácil ofenderlo y enfurecerlo, y ella sería la única por la que se mantendría a raya. Al menos por esa vez.
―No haré nada. Tienes mi palabra ―prometió más sereno. La humana alzó los ojos hasta él, interrogante, y le sonrió con infinita gratitud. En un acto de osadía que jamás se había creído capaz de hacer. Alargó su brazo y, seguramente en un golpe de suerte, encontró su mano. La apretó sin dejar de sonreírle, sonrojándose sólo un poco.
Era tal su alivio que sentía que se desmoronaría si no se aferraba a algo que la mantuviera de pie.
―Te lo agradezco... Dios, no sabes cuánto. Significa mucho para mí, y lamento tener que colocarte en esta posición. Seguiré intentando disuadirlos para que no suban, pero no estoy segura de que lo lograré.
Sesshomaru sintió un muy ligero cosquilleo ante el calor de esa pequeña y firme mano tomando la suya. Había pasado lo mismo cuando juntó su frente con la de ella durante escasos segundos, y algo dentro de él se retorció al tener una vaga idea de por qué esto sucedía.
―¿Sesshomaru? ¿Estás bien? ―se extrañó al no obtener ningún tipo de respuesta, como si lo hubiera tomado desprevenido. Bajo la vista hacia su mano, dándose cuenta de lo que hacía, y su rostro enrojeció un par de tonos más―. Ay, lo siento, no sé en qué estaba pensando...
Dejó de ejercer presión, pero el agarre se mantenía. Ligero, pero estable. Su mano blanquecina era apretada por la sombra de dedos largos y grandes, y por un instante se olvidó de respirar cuando miró de nuevo hacia arriba.
Sabía que él le mantenía la mirada fijamente, y lo único que podía hacer ella era hacer lo propio, sintiendo cómo su corazón se aceleraba repentinamente. Pestañeó saliendo de su trance cuando el ruido de la lluvia comenzó a tomar fuerza.
―¡Rayos! ―musitó en cuanto se dio cuenta de lo oscuro que se había puesto y lo rápido que había empeorado el clima―. Perdona, tengo que irme antes de que esto se ponga peor ―le dio un último apretón acompañado de una leve sacudida a modo de despedida y lo soltó para dirigirse al pórtico.
Antes de que pudiera saltar, Sesshomaru la detuvo. Un fuerte trueno volvió a retumbar, tomándola desprevenida. La lluvia caía con una fuerza mucho mayor.
―Quédate, es peligroso ―le dijo, acercándose para que pudiera escucharlo sobre el estruendo del agua golpeando la tierra.
―Pero... esta lluvia podría tardar horas, si no llego pronto a casa mi mamá se volverá loca.
―Sólo veinte minutos ―estimó el demonio al asomarse para ver las nubes de aquel lado―. Se debilitará y no correrás peligro.
Rin volteó a ver a aquella criatura sin rostro ni forma definida para luego volver a fijarse en el exterior. Las gotas grandes y pesadas caían como proyectiles, bajando rápidamente la cálida temperatura de inicios de verano que había predominado por semanas. Con la lluvia así le sería casi imposible controlar la bicicleta y fijarse por donde iba al mismo tiempo, aún cuando conociera tan bien el camino. Podría ocurrir un deslave o caer una rama sobre ella, o bien podría resbalar y derrapar por un barranco.
Sesshomaru tenía razón, lo mejor sería esperar. De todas formas su madre la regañaría por llegar tarde a casa, pero mayor sería el regaño si se daba una matada por ir apurada.
Suspiró y se fue a sentar en la columna de siempre. De saber que tendría que quedarse un poco más de tiempo al menos habría procedido con más tacto para explicarle la situación a su amigo.
Abrazó sus piernas ante la súbita corriente de aire helado y se maldijo por no haberse llevado un suéter. Claro, como si hubiera podido adivinar que esto pasaría en este día de locos.
―¿Qué planean los humanos? ―cuestionó Sesshomaru sentándose a su lado. No era muy común que él iniciara una conversación o hiciera preguntas, pero la situación se había vuelto tan extraña que lo dejó pasar.
―Filmar una película de terror ―roló los ojos al recordar la tonta idea. El demonio guardó silencio, por lo que Rin supo que necesitaba explicarse un poco mejor―. Una película es... ¿cómo explicarlo? Es como retratar una historia con imágenes que se mueven. ¡Como una obra de teatro! Sí, eso mismo, sólo que sin audiencia. Se toman las imágenes de la obra, se las modifica y después se las presenta al público.
―¿Por qué tiene que ser aquí?
―¿Recuerdas eso que te dije que tienes una reputación en donde vivo? Bueno... quieren aprovecharse de eso para tener un efecto más dramático ―gruñó rolando los ojos otra vez―. No sé cuántas veces vayan a venir, pero espero que sean pocas. Me ocuparé de que no causen ningún daño, lo prometo. O si quieres... ―suspiró con el amago de una sonrisa en los labios― puedes darles un buen susto desde el primer momento para que se vayan lo más rápido posible. Sería genial verles las caras por no querer escucharme.
Volvió a apretujar las piernas contra el torso y frotó un poco los brazos. Después de todo Satsuki le prometió que se marcharían sin hacer preguntas ante cualquier indicio de que algo fuera a salir mal, así que el que los ahuyentara de buenas a primeras sería lo mejor. Dio un reojo a la figura que se había sentado a su lado, pero no hizo ningún comentario. Ella no tenía derecho de pedirle más de lo que ya hacía, por lo que no le quedaba más opción que cruzar los dedos y esperar lo mejor.
―Intenté detenerlos ―siguió hablando después de un pequeño silencio―. De verdad lo intenté, incluso Issei y otros chicos me apoyaron, pero no hubo forma de hacerlos entender. En especial a Satsuki, ser delegada se le subió a la cabeza y todo debe ser siempre como ella quiere ―bufó al recordar sus enormes ganas de estrangular a Satsuki y lo cerca que estuvo de darle algún golpe presa de la desesperación. Relajó un poco los hombros cuando soltó un suspiro para calmarse―. Me hace sentir mal. No quiero que nadie te moleste, no quiero que se metan contigo o con tu hogar. Siento que te fallé ―culminó, acurrucando la cabeza entre los brazos. No podía esperar a llegar a casa, darse una ducha y echarse a la cama para que ese día terminara. Si apenas había logrado lidiar con la idea de que Issei se enterara de su pequeño secreto, ¿cómo haría cuando medio salón de clases se sumara al club?
―No fallaste en nada ―le dijo él lo suficientemente fuerte como para escucharse sobre el golpeteo constante de la lluvia, pero controlada de igual manera para hacerle entender que no estaba enojado con ella―, deja de culparte.
Sesshomaru era mucho más consciente de su agitado estado de nervios y preocupación de lo que ella creía. Estaba prácticamente en el ambiente.
―Ojalá fuera tan fácil ―murmuró. Tenía la necesidad de seguir disculpándose e insistiendo con retribuírselo de cualquier manera, pero hasta ella misma se estaba cansando de repetir tanto las mismas palabras. En lugar de quejarse tanto por su poca suerte, debería comenzar a planear qué era lo que haría en cuanto tantos muchachos llegaran a la casa. Debía haber alguna forma de mantenerlos controlados y hacerlos respetar el espacio al menos lo suficiente como para no ganarse problemas.
Tal vez estaba pensando demasiado las cosas y se preocupaba más de la cuenta. Sesshomaru le había dado su palabra, ¿por qué no habría de cumplirla?
Su tren de pensamientos se detuvo cuando sintió algo cálido a su alrededor. Miró sobresaltada hacia abajo para descubrir una masa extraña y mullida del lado izquierdo de su cuerpo. Estiró la mano para tocarla, embelesada, y descubrió que era extremadamente suave como la piel de un animal.
―¿Este eres tú, Sesshomaru? ―no hubo respuesta, pero ella asumió que lo era―. ¿Qué es esto? Es tan suave...
―Mi estola.
Rin alzó las cejas y sonrió emocionada, hundiendo un poco más la mano en lo que sólo podía ver como una masa de aire caliente. Así que esa era la cosa tan rara que tenía sobre el hombro, la estola que era parte de su verdadera forma. Estaba acariciando, literalmente, la piel de un inugami de verdad, y le parecía la cosa más maravillosa del mundo. Por un momento recordó la ilustración tan tétrica del libro de criaturas mitológicas y se preguntó cómo era que una criatura tan fea y famélica pudiera tener un pelaje tan acogedor.
Probablemente Sesshomaru no tenga la apariencia de ese inugami, pensó mientras llevaba los dedos en asenso. Me pregunto cómo se verá como un inugami de verdad. Debe ser impresionante.
Su mano se topó con una superficie definitivamente diferente a la del pelaje que había estado acariciando. Sin atreverse a abrir la boca para no romper el calmado ambiente, siguió subiendo lentamente por ese brazo firme hasta el borde de su hombro, casi por encima de su cabeza.
―Qué alto eres ―soltó sin querer justo cuando retiró la mano.
Se sintió enrojecer un poco entonces, y regresó a su postura inicial, abrazando sus rodillas para combatir el frío, ahora un poco menor gracias a la presencia de la estola. No pudo evitar seguir sonriendo para sí misma, ignorando por completo que el demonio la miraba de reojo.
La potencia de la lluvia disminuyó poco antes de cumplirse los veinte minutos predichos, hasta que sólo quedó una ligera llovizna que probablemente remontaría en un aguacero mayor durante lo que quedaba de la tarde.
Rin se despidió de su amigo aprovechando la tregua en el clima, y se perdió en la hierba alta esperando llegar a casa a tiempo antes de que volviera a empeorar.
El inugami se quedó solo, viendo hacia el muro donde podía escuchar la bicicleta pasar por el hueco que él mismo había abierto hacía tantísimos años.
¿Así que vendría un grupo de humanos, eh? Qué molestia. En cualquier otra circunstancia ni siquiera habría pensado dos veces en liquidarlos, pero ahora se veía forzado a frenarse con una de las pocas cosas que de hecho disfrutaba.
No me gusta cuando los míos salen heridos, especialmente mis amigos. Tienes una gran reputación en mi pueblo, ¿sabes? Por eso atraes a tanta gente, porque quieren saber si es verdad que hay fantasmas aquí, le había dicho sólo unos días atrás. Rin era demasiado gentil para su propio bien queriendo proteger a seres que no valían la pena.
Controlaría su impulso de caza y su furia sólo por esa vez, porque ella se lo había pedido. Porque sabía que estaría triste si faltaba a sus palabras.
Por Rin estaba cambiando muchas cosas, meditó después de un rato. De todas las maneras y criaturas por las que decidir contenerse, escoger a una humana era realmente singular. E irónico. Muy irónico
...
REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS
...
Apuesto lo que sea a que vieron el título y más de una pensó "Aquí vamos con el drama escolar de nuevo". Pues sí y no xD Aquí es donde podemos decir OH SHIT porque lo que viene... bueno, podría no ser muy bonito que digamos. ¿O tal vez sí? Quizás todo salga bien y los chicos se retracten de ir a filmar, quién sabe, todo el posible xD
Dios, pobre Rin... no sale de una para entrar en otra aún más gorda, y ahora no es sólo Issei sino que varios chicos de la clase. Uff, la que le espera. Todo gracias a Shizuku y Satsuki... en especial Satsuki. No es que sea malvada y quiera joderle los nervios a Rin e Issei (aunque todo indica que ese es su único propósito en la vida xD), sino que la pobre de verdad no tiene ni idea de lo que está haciendo y el problemón en el que se puede meter.
Y ahí en medio se tendrá que quedar Rin, la única que podría garantizar la seguridad de sus tercos e idiotas compañeros.
Ahora, la cuestión que se debe considerar de verdad es ¿podrá lograrlo? ¿Sesshomaru mantendrá su palabra? ¿Rin se verá obligada a revelar su más preciado secreto para evitar que todo se vaya al carajo? (joder, ¿le creerían?). Pero sin dudas lo más importante es... ¿Podrán Rin e Issei zarandear a Satsuki y gritarle "Te lo dijimos, terca loca de remate"? ¿Qué creen ustedes? Vamos, quiero leer sus apuestas xD
POR CIERTO! Les digo desde ahora que el próximo capítulo será corto. El más corto de todos, pero aún así será picoso. Así que no se quejen que el que avisa no es traidor xD Ya después, el de arriba sí será mucho más largo en compensación.
¡OMG, LOS REVIEWS! Diooos que me derrito con ustedes, son un amor. Ya sean sus comentarios larguísimos, sus cortos "sigue así!", sus teorías o sus palabras de ánimo, los adoro a todos por simplemente dejarse notar. De verdad que motiva muchísimo a mantener el ritmo para no defraudarlos. Creo que voy diciendo las mismas cosas en cada capítulo, pero es que de verdad no salgo del asombro por tanto apoyo que recibo y no tengo otra manera más de decir GRACIAS. Los adoro. Puntos de sensualidad añadidos para: ByaHisaFan, VanneeAndrea, MisteryWitch, Jenks, HasuLess, Suaries, Pamila de Castro, LovelyClau, Floresamaabc, Jezabel, Leiitakhr, HannahCamila, BeautifulButterflyPink, Kikyou1213, Itza Moon, Uchiha Nai, UmiQp, Blueberry Bliss (espero que este también haya quedado tan o más bueno que echarle salsa tártara a la empanada xD), Melinna Sesshy, Sayuri08, Serena Tsukino Chiba, Cristina97, Gima2618, Dmonisa, Ally Dilly, CornPie, Hanami, Kari, Aleza Rey, Black urora, Rosedrama, Nani28, Anónima, Baby Sony, Abigz, Lau Cullen Swan, Gaby L (Eeeeeh, presta atención en clases o te pueden raspar las materias! xD), Duhkha, SoyAnna (ya me voy aprendiendo los nombres y claro que noto las ausencias xD), Yarisha y .96. GRACIAS, UN MILLÓN DE GRACIAS.
A continuación me gustaría resolver algunas dudas que encontré entre sus reviews:
- ¿Por qué no lo ve nítidamente? Por la misma razón por la cual no lo escuchaba bien a la primera. Todo a su tiempo, que estos cambios tienen significado y motivo, no pueden ser apresurados.
- ¿El contacto será íntimo entre estos dos? Voy a ser sincera: No. Pero volveré a ser sincera. No está cerrado a posibilidades. Todavía quedan capítulos, acontecimientos y barreras que derribar como para que lleguen a ese nivel. Tened paciencia, jóvenes padawan. Tened paciencia.
- Rin es bajita: Vale, esta no es una pregunta pero igual lo respondo porque me hace mucha gracia xD Lo siento, pero la media estándar de altura de los japoneses es... bastante baja. Las mujeres rondan por el metro 60 (incluso menos) y por ahí está Rin. Pero tampoco es para tanto... yo mido 1.54 y no es tan malo xD
- De dónde saca Sesshomaru sus regalos: Bueno... vive en una casa bastante grande y Jaken es su fiel *esclavo* sirviente. Recursos tiene xD
Y antes de irme, quisiera volver a agradecerles a los que siguieron mi recomendación y fueron a echarle un vistazo a la historia "Esperándote" de Hinikuna. Gracias por darle la oportunidad y dejarles sus reviews. Para un autor un comentario positivo puede ser de mucha más ayuda de la que imaginan :)
Listo, me voy a cenar que me muero de hambre. No actualicé más temprano porque me tocó trabajar este sábado y después de eso tuve el resto de la tarde ocupada con otros asuntos. Pero aquí estoy cumpliendo para ustedes. Espero que lo hayan disfrutado.
Quienes comenten este capítulo estarán a un paso más de adquirir la figura envidiable de Sascha Fitness ;) ¡Un beso a todos, gracias por leer y hasta la próxima semana!
