Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.

Haunted
Por: Hoshi no Negai

11. Terror en la oscuridad

―¡Buenos días, Jiro! ―saludó alegremente Satsuki esa mañana cuando se reunieron en el colegio, el punto de partida. Era apenas las seis y media y una fina capa de neblina comenzaba a desintegrarse con los primeros rayos del sol. En la entrada del establecimiento apenas había otro par de chicos con los materiales de utilería en los que habían estado trabajando las semanas anteriores: enormes cruces de palillos atados, partes humanas mutiladas, tarros de sangre, tripas falsas y ese tipo de cosas espeluznantes.

Jiro dejó las enormes maletas con las cámaras en el suelo ―alguien más llevaría los trípodes y reflectores portátiles― y se pasó la mano por el cabello largo y revuelto hasta la barbilla. Satsuki torció la cara hacia él, notando sus ojos enrojecidos y su piel excesivamente pálida. Se veía mucho más hippie que nunca, contando que llevaba la ropa desarreglada y parecía estar sujeto a alguna clase de sustancia alucinógena a juzgar por la manera en la que fijaba la vista en un punto incierto.

―Oye, ¿qué te pasa, te sientes mal? ¡No me digas que estás fumando a estas horas!

El muchacho la miró entonces con infinita consternación, debatiéndose si debía abrir la boca o quedarse callado. Eso era una buena parte de lo que le había mantenido despierto toda la noche, y se había planteado muy seriamente si debía quedarse en casa hasta tarde o no. Después de todo él no tenía por qué estar ahí a esas horas, no tenía nada que ver con la escenografía, los ensayos o la utilería.

Y aún así... ahí estaba, incapaz de permanecer en su habitación un minuto más.

Debía contarlo. Alguien podía salir lastimado, y si no decía lo que sabía a tiempo sería culpa suya.

―Tengo que mostrarte algo ―le dijo. Sin siquiera esperar a que ella le preguntara qué era, la tomó de del codo y la arrastró al interior del edificio, justo al primer salón que pudo encontrar. Como era domingo y las actividades extra curriculares empezaban a partir de las diez, no había ni un alma que los interrumpiera por el momento. El resto de sus compañeros apenas notaron la partida del par, pero no lo consideraron más importante de lo que estaban haciendo.

―¿Qué hay con la actitud misteriosa? ―Satsuki se sacudió el brazo ligeramente adolorido por la presión que Jiro había usado para llevársela. El muchacho, por toda respuesta, sacó la laptop del bolso que tenía colgando del hombro y la abrió sobre el escritorio del profesor. El programa de edición estaba abierto y cada video seguía en las pistas justo como los había dejado la noche anterior. La chica alzó una ceja hacia él esperando más explicaciones.

―Creo que tenemos un problema ―Jiro inició la tira de videos recortados y llenos de filtros de luz que lo mantuvo despierto hasta casi la salida del sol. El chico echaba vistazos rápidos ante las reacciones de Satsuki, quien primero fruncía el ceño intentando encontrar cuál era la gracia del asunto y le devolvía el gesto esperándose que fuera alguna broma. Pero la cara agotada y enfermiza de Jiro le hizo comprender que no había manera de que aquello fuera una jugarreta. En especial cuando presenció lo que intentaba mostrarle en primer lugar.

Le pidió que pausara algunos clips y los iniciara de nuevo sólo para estar segura, quedándose perpleja y con la boca entreabierta ante la innegable figura que aparecía siempre cerca de Rin.

Su rostro, al igual que el de su compañero, comenzó a palidecer.

―¿Qué es eso? ―murmuró impresionada señalando a la sombra con el dedo cuando ya no podía negar lo que veía. Jiro pausó de nuevo ese video y acercó la imagen lo suficiente como para que fuera más distinguible. Satsuki inhaló profundamente y lo contuvo consternada.

―Tengo toda la noche intentando averiguarlo ―contestó él con voz cansada―. Sólo sale cerca de Rin, ¿ves? Siempre está detrás de ella, es espeluznante.

La chica demoró un tiempo en lograr pronunciar palabra alguna. Sus ojos seguían clavados en la imagen congelada de Rin con esa cosa a sus espaldas.

―¿Puede ser algún error de luz, de la lente o algo así?

―No lo creo, revisé todos los lentes y están bien. Sólo aparece cuando está Rin ―volvió a decir―. Como si estuviera pegado a ella, o como si tuviera una sombra asechándola...

―No digas eso. Por favor no digas eso ―se estremeció ella, apartando al fin la cara de la pantalla para ver hacia la ventana. Habían llegado otros chicos del equipo, y dentro de poco tendrían que partir para comenzar a armar el escenario de la última escena. Permanecieron en silencio un buen rato en el que Satsuki no podía dejar de darle miradas de soslayo a la pantalla como esperando a que aquella sombra desapareciera si la miraba con intensidad―. Bien, pensemos con lógica... ―comenzó a dar caminar por el salón cual león enjaulado, tratando de encontrar alguna explicación que le quitara el mal sabor de boca―. No puede ser un fantasma, los fantasmas no existen.

―No sé si existan o no... pero no puedes negar que hay algo ahí, Satsuki.

―Tal vez Rin proyecte una sombra muy grande... o...

―Vamos, sabes que eso no tiene sentido. Además no estaba contra una pared, mira ―señaló la computadora. La pared más cercana estaba a unos cuantos metros y era imposible que su sombra llegara a ella―. Ni siquiera el sol estaba tan bajo como para que diera por ahí, ¿y cómo quieres que tenga una sombra tan grande y extraña de todas formas?

―¿Entonces qué sugieres que sea, genio?

―Creo... ―tragó con dificultad, revolviéndose el cabello por décima vez en lo que iba del día― que tenemos que aceptar que los chicos tenían razón y hay algo en esa casa.

Por toda respuesta, Satsuki dejó su caminar nervioso y lo miró de frente con los ojos como platos y el corazón en la mano. Tal parecía que ella misma también había llegado a esa conclusión, pero no quería aceptarla. Los dos se quedaron callados sin saber qué más decir.

―¿Qué hacemos? ¿Le decimos a los demás? ¿Le decimos a Rin? ―cuestionó Jiro poco después.

Satsuki apretó los dientes y se frotó los brazos, sintiendo un escalofrío creciendo bajo la piel.

―No sé si sea buena idea, no quiero que haya pánico. Pero me parece que debemos evitar que Rin regrese allá arriba. Esa cosa podría... rayos ―suspiró, llevándose ambas manos a la frente. Tenía el estómago tan revuelto que creería que devolvería hasta la primera papilla que le habían dado sus padres de bebé. Todo tuvo sentido―. Ellos dijeron que había algo ahí, ¿no es así? No lo vieron, pero lo sintieron y lo escucharon. Y yo no les creí, pero ahora... ¿Será la misma cosa que los atacó cuando estábamos en primaria?

―Pero es extraño que no nos haya atacado a nosotros, ¿no te parece? ―abordó Jiro.

―Sí, me parece muy extraño. Y ni siquiera sentimos algo raro ayer, ¿verdad? Era como estar en una casa vieja cualquiera. Es decir, conocemos la historia que trae y su mala reputación, y aún así no se sintió nada raro.

―¿Y si Rin sintió algo? ―la miró insistente. Estaba tan cansado por haberse hecho preguntas toda la noche que lo único que le apetecía más que poder dormir un poco era conocer todas las respuestas―. Deberíamos decírselo a ella. Merece saberlo.

―No quiero que se asuste ―se negó rápidamente Satsuki―. Estaba frenética antes de empezar todo esto y se unió al equipo de filmación para intentar superarlo, ¿no?

―Más bien se unió para probar que estabas equivocada ―musitó el chico sin que la otra le prestara atención. Estaba tan metida en sí misma que ni lo escuchó.

―¿Cómo crees que se sentirá si de repente le decimos 'hey, ¿te acuerdas lo asustada que estabas de esta casa? ¡ahora sabemos por qué lo estabas! Hay una enorme sombra siniestra siempre detrás de ti'? Podría darle un ataque de pánico. Y ya me siento mal por haber comenzado todo esto...

Se sentó en uno de los pupitres de la primera fila y soltó un nuevo resoplido mientras se masajeaba las sienes. Jiro alternó la vista entre la pantalla y la chica paralizada.

―¿Piensas cancelar todo?

―No lo sé ―contestó, descubriéndose lentamente la cara y negando cabizbaja―. No sé si sea seguro para nosotros regresar a ese sitio, y menos para Rin.

―¿Y menos para mí qué cosa? ―se asomó Rin de repente, haciéndolos saltar del susto. Esa era precisamente la última persona que ambos querían ver. Ella sólo los miró extrañada, temiendo haber interrumpido algo privado. Los dos se veían como si les hubieran pillado haciendo una indecencia, o al menos fue la primera impresión que le dio. Estuvo a punto de picarlos preguntándoles cuándo se habían vuelto novios, pero la notoria palidez de sus rostros le quito todo vestigio de jocosidad al asunto.

Estaban realmente asustados.

―¿Qué les pasa?

―¿Qué haces aquí?

―Tenía que ir al baño. ¿Por qué me miran así?

Ambos intercambiaron una mirada como queriendo transmitirse un mensaje sin tener que abrir la boca. Satsuki negó levemente con la cabeza, pero Jiro frunció el entrecejo y decidió no hacerle caso.

―Rin, tenemos que hablar contigo un momento, ¿está bien?

El gesto de extrañeza en su rostro se hizo más pronunciado.

―Eh... ¿estoy en problemas?

―No, para nada ―se adelantó Satsuki, colocando una mano en el hombro. Quería detener a Jiro, cerrar la laptop y arrojarla por la ventana, pero el chico era mucho más rápido que ella y se le adelantó.

―Hay algo que necesitas ver. Trata de no asustarte, porque es... bueno, es algo impresionante, pero tienes que saberlo. Será mejor que te sientes ―le cedió la silla del escritorio del docente, levantándose y señalándola con un brazo demasiado tenso. Satsuki lo taladraba con los ojos como si quisiera matarlo a golpes.

―Ok... ―se sentó, mirándolos sin comprender nada. Se sentía como una niña pequeña a la que sus padres no saben cómo darle una mala noticia. Y esa fugaz idea hizo que sonaran sus alarmas. Jiro era el que manejaba las cámaras y tenía una computadora frente a ella. Los dos se veían consternados y habían estado hablando muy preocupados antes de que los interrumpiera.

No hacía falta ser un genio para deducir de lo que podría tratarse la cosa.

Mierda, que no sea lo que creo que es.

―No lo hagas, Jiro ―le advirtió Satsuki con un siseo cuando el muchacho presionaba una tecla para quitar el salvapantallas que se había activado automáticamente. Lo primero que Rin vio fue el programa de edición abierto con muchos clips en la pista de video. Su corazón dio un tumbo feroz, pero se esforzó por no demostrar ninguna reacción.

―Lo siento, Satsuki, pero merece saberlo ―negó rotundamente Jiro―. Rin... cuando estuve revisando los detrás de cámara de ayer me di cuenta de que había algo... peculiar en los trozos en los que aparecías tú. No te vayas a asustar, pero no sé que sea, estuve aplicando muchos filtros y buscando fallas en el lente y eso... pero no encontré ninguna explicación.

―Puede ser cualquier cosa ―se apuró en decir Satsuki, buscando restarle importancia.

―Sí, pero no sabemos qué es. Y bueno... es extraño. Mira ―reprodujo sólo los primeros diez segundos del primer video de la pista, pausándolo en el momento adecuado donde se apreciaba muy claramente la figura humana detrás de ella.

Sus ojos castaños se abrieron aún más y sus labios se apretaron para evitar emitir ningún sonido. Estuvo a punto de decir el nombre del inugami y por suerte pudo contenerse a tiempo.

M-i-e-r-d-a.

Se quedó viendo a la imagen por un rato en el que sus compañeros intercambiaron una nueva mirada llena de circunstancias. Satsuki estaba lista para cerrar la laptop y consolar a Rin, y Jiro para mostrarle más de sus hallazgos con un único clip.

Todo en lo que pensaba Rin era en Sesshomaru. No había ninguna duda, ése era él. Era la misma figura traslúcida que había comenzado a distinguir hacía relativamente poco, la misma forma y altura, sólo que ahora... le daba miedo.

Y Sesshomaru nunca le había dado esa clase de miedo.

―¿Qué es eso? ―tuvo que preguntar para aparentar estupefacción. Sí la tenía pero por un motivo muy diferente al que los otros creían.

―No tenemos idea. Casi parece una persona ―Jiro continuó con la tira de videos, donde se veía a Sesshomaru siempre detrás de ella como si la estuviera custodiando. ¿Siempre había estado ahí a sus espaldas?―. ¿Viste o escuchaste algo? ¿Sentiste algo diferente?

―No ―dijo ella aunque no era del todo sincera. Al principio creyó que Sesshomaru estaba en el ático o al otro lado de la casa, luego sí supo que estuvo acompañándola, pero no tenía idea de que se había quedado a su lado todo el día. ¿Eso era bueno o malo?

―¿Estás segura? Porque sólo aparece cerca de ti, ¿ni siquiera escuchaste unos pasos? ―insistió Jiro, a lo que Satsuki le dio un golpe en el brazo para hacerlo callar.

―Déjala en paz ―musitó molesta―. Rin, ¿estás bien? Lo lamento mucho, yo... no sé qué decir. Creo que lo mejor será que te quedes hoy, no vuelvas a subir a esa casa.

Rin salió de su momentáneo trance y rompió el contacto visual con el Sesshomaru del video.

―¿Qué? ¿Por qué dices eso? ―su repentino tono agudo sacó a la otra chica de base. ¿La estaba regañando?

―Porque no pinta bien. Es decir... no puede ser normal que esa cosa esté detrás de ti. Y no quiero que vayas para que te sientas incómoda o en peligro.

―¿Y qué hay de los demás? ¿Van a seguir filmando ahí?

―Bueno... en vista de que sólo parece estar en dónde tú estás, y lo bien que nos fue ayer... quizás deberíamos intentar terminar las últimas escenas hoy. Y si algo sale mal, nos vamos.

―¿Vas a continuar sabiendo que hay algo ahí? ―le recriminó con una cara que decía 'te lo dije'. No estaba realmente asustada, sino más bien indignada. ¿Cómo se le ocurría seguir adelante? ¿Por qué demonios no entendía el peligro que eso significaba?

―Vamos a intentarlo ―la corrigió Satsuki.

―¿Y le van a decir a alguien más lo que aparece en estos videos?

―Deberíamos... ―murmuró Jiro por lo bajo.

―No, no deberíamos. No quiero que nadie se asuste. Nos fue bien precisamente porque nadie tenía en mente que había algo sobrenatural en la casa, y... sólo nos queda esto último y no tenemos que volver. Ni volveremos a pensar en esto.

Ahora la que quería arrojar algo ―o a alguien― por la ventana era Rin. ¿Era posible que una persona fuera tan terca y ciega? ¡Rayos!

―Entonces vamos a volver sabiendo que está esa cosa ahí, y pretenderemos que no pasa nada, ¿no? ―ironizó rolando los ojos.

―No, tú no regresas. A nosotros no se nos acercó, sólo fue hacia ti por alguna razón... asumiendo que sea una criatura sobrenatural o un fantasma ―resopló contrariada y muy incómoda―. No quiero que te haga daño o te haga pasar un mal rato. Debes ser más sensible a estas cosas que el resto, supongo... no le encuentro otra explicación.

Claro que lo soy, ¡lo conozco desde hace años! No se acercó a ustedes precisamente porque YO estaba ahí, estuvo por decir, pero se mordió la lengua con una fuerza un poco mayor de la necesaria.

―Lo siento, Satsuki, pero voy a volver con ustedes. Soy parte de este equipo y no me quedaré por fuera ―declaró con decisión. Los otros dos la miraron como si hubiera dicho una sarta de disparates.

―¿De qué estás hablando? ¿Por qué quieres regresar sabiendo que hay una sombra detrás de ti? ¿Acaso no tienes miedo?

―Si ustedes van a continuar grabando, yo también iré ―se cruzó de brazos y frunció el ceño. Estaba furiosa no porque quisieran protegerla, sino porque no tenía manera de decirles que era ella la que quería protegerlos a todos. Si no subía a vigilar y a aplacar a Sesshomaru, las cosas se pondrían muy feas. Y no, gracias, pero esa terca gente le caía bien y no permitiría que les sucediera nada malo.

―Pero Rin...

―No tengo miedo ―dijo al ver que Satsuki abría los brazos para intentar hacerla entrar en razón―. De verdad, esas cosas ya no me asustan. Sólo quiero poder continuar con todo tal y como lo he hecho desde que comenzamos.

―No tienes que probarle nada a nadie, Rin ―le aseguró la chica, nerviosa por no poder controlar la situación―. Tu seguridad es mucho más importante que tu valentía.

―No quiero probar mi valor, Satsuki. Quiero lidiar con esto con ustedes. Somos un equipo, ¿recuerdas?

―Pero... ¿y si llega a pasarte algo?

―No pasó nada ayer, ¿no? Nos fue tan bien que nadie pensó en nada sobrenatural, así que no tendría por qué ser diferente hoy.

Jiro se apoyó en la pared de espaldas, evaluando la situación silenciosamente. Sus ojos negros estaban fijos en Rin, quien defendía con mucho ímpetu su resolución de seguir adelante mientras Satsuki, extrañada, intentaba explicarle que podía ser peligroso.

Debía admitir que sospechaba de Rin. Cualquier otra persona habría puesto pies en polvorosa después de pegar el grito al cielo. No era normal que quisiera volver a subir después de haber visto que había algo detrás de ella. Él apenas había podido dormir de la impresión, ¿cómo podía estar Rin tan tranquila, defendiendo su puesto de camarógrafa? No tenía sentido.

A no ser... que no estuviera diciendo algo.

¿No había sido ella parte del grupo que visitó la mansión en sexto grado? Jiro era tan desentendido con las cosas que pasaban a su alrededor que rara vez se enteraba de algo. Pero sí recordaba la discusión cuando se decidió el tema y el lugar de filmación, y había sido precisamente Rin quién más se había opuesto para que no lo hicieran. Era como si estuviera aterrada de que algo pudiera pasar.

Y ahora que tenían pruebas de que había algo ahí, y justamente la seguía a ella, ¿insistía en regresar?

¿Qué rayos le pasaba? ¿Qué estaba ocultando?

―Si Rin quiere ir déjala que vaya ―no supo que había dicho algo hasta que las palabras salieron de su boca. Satsuki volvió a taladrarlo con sus ojos grises―. ¿Qué? Creo que tiene razón, por un día más dudo que pase algo. Además si llega a ser el caso sólo nos vamos como alma que lleva el diablo, ¿no? Era lo que habías dicho al principio.

―Sí, pero esto es diferente.

―¿En qué sentido? ―se encogió de hombros. Estaba impresionado y asustado, pero también tenía mucho interés en averiguar qué era lo que estaba pasando en realidad, y Rin era la clave del asunto―. Ellos ya dijeron que había algo ahí, no les creímos y aquí está la prueba. Aún así no pasó nada.

Satsuki tenía la apariencia de estar a punto de explotar. Rin, al contrario, fruncía el entrecejo con terquedad mientras cruzaba los brazos, señal inequívoca de que se mantendría firme en su decisión. Ahora eran dos contra uno, y aunque estuviera a la cabeza del proyecto y la clase en general, no tenía muchas opciones.

―No pueden estar hablando en serio ―resopló cansada.

―De haberme hecho caso antes no estaríamos así, pero ya ves ―dijo a su vez Rin mientras salía del salón. Ella podía ser más cabezota que Satsuki y acababa de comprobarlo―. Será mejor que nos apresuremos, creo que ya están todos aquí.

―Rin... ¿Por qué quieres volver de verdad? ¿Hay algo que no nos estés diciendo? ―la detuvo Satsuki con preocupación y sospecha.

Rin estuvo a sólo una milésima de segundo de decirles la verdad. De decirles que ella sabía quién era esa sombra, por qué la seguía y por qué necesitaba regresar con ellos. Pero una chispa de temor la hizo retroceder y desechar la idea.

Tenía miedo de lo que fueran a decir y lo que pudieran hacer si se enteraban de la verdad. Temía que regaran lo que les dijera y todo fuera peor para ella y Sesshomaru.

Por un día más no pasará nada. Después de hoy olvidaremos todo el asunto.

―Estamos todos en el mismo barco, ¿no? Quiero que hagamos esto, si estamos juntos nada malo puede pasar.

―Rin...

―Así que mejor nos vamos ya para salir más pronto de todo esto, ¿no creen?

Satsuki y Jiro volvieron a intercambiar una mirada cuando la muchacha más bajita se marchó en dirección al patio de entrada. Jiro procedió a guardar el archivo del programa de edición y a desconectar la computadora del tomacorrientes antes de guardarla en su bolso. Se veía relativamente tranquilo, cosa que exasperaba aún más a la directora.

―¿Crees que oculta algo? ―le preguntó. Jiro seguía haciéndose el desentendido, aunque por dentro seguía con las mismas teorías para entrelazar cada hecho y detalle.

―¿Quieres que te diga la verdad? Yo creo que sí. Pero no parece que podamos sacarle nada. A no ser que quieras que muestre esto a los demás y entre todos la interroguemos.

―No. No quiero que nadie se ponga nervioso ―repitió antes de soltar una exhalación frustrada. ―No entiendo nada, esto no tiene sentido. ¿Por qué quiere regresar? ¿Qué estará ocultando? Yo ni muerta pondría un pie de nuevo ahí después de haber visto eso.

―¿Entonces por qué dejas que todos los demás lo hagamos? ―cuestionó ácidamente el chico, haciendo que ella le frunciera el ceño ofendida.

―Porque esa cosa no tiene nada que ver con nosotros, sólo con ella.

―Eso no lo sabes.

Satsuki decidió pasar por alto aquello último y siguió hablando.

―Además de que sería un total desperdicio si echamos por tierra todo lo que avanzamos ayer. Hoy debe ser el último día de filmación y vamos a terminar todo en una nota alta.

―Ya, claro... si eso es lo que de verdad te importa... ―salieron por el pasillo hasta el área de los casilleros. Detrás de las puertas de vidrio se veía el grupo de diez personas, incluyendo a Rin, reunido cerca de la salida. El material de utilería estaba en grandes maletas y bolsas, listo para el viaje.

―¿Y eso qué se supone que significa? ―lo tomó del brazo para detenerlo. Sus labios estaban apretados y los ojos le centellaban con rabia. Oh, había captado muy bien lo que significaba.

―Nada ―dijo él para evitar seguir discutiendo. Le dolía mucho la cabeza y moría por descansar un poco, lejos de todo ese drama. Pero también se moría por averiguar qué sucedería cuando pisaran esa casa de nuevo.

Se soltó del agarre de la chica y salió para reunirse con los demás, dejándola atrás y muy contrariada.

Una cosa era segura: mantendría el ojo ―y el lente― sobre Rin para no perderse nada.

...

―Buenos días ―saludó Issei en cuanto vio a Rin emerger del interior del colegio. La muchacha le levantó una mirada sombría y angustiada, pero rápidamente la sustituyó por una sonrisa forzada que no engañaba a nadie―. ¿Qué hacías allá adentro?

―Nada, fui al baño ―contestó rápidamente. Estaba harta de discutir, y si le decía alguna palabra sobre el vídeo y los hallazgos de Jiro y Satsuki, estaba segura de que aquella sería una contienda verbal agotadora. No tenía fuerzas para eso, todo lo almacenaba para usarlo a lo largo del día mientras estuviera cerca de Sesshomaru.

―¿Y por eso tienes cara de como si se hubiera muerto alguien? ―Rin le ignoró pretendiendo revisar uno de los bolsos con las cámaras. Hurgó entre los compartimientos como si hiciera un conteo de los lentes, baterías, cables y demás, todo bajo la estricta mirada de su amigo que estaba dispuesto a sacarle la verdad.

Poco después se les unieron Jiro y Satsuki que iba un poco rezagada, con una mueca comprimida de enfado. Jiro también estaba molesto, aunque en un grado menor. Issei paseó la vista entre los tres que habían estado en el colegio y no tardó en deducir que estaban relacionados. Algo tuvo que haber pasado.

―¿Y bien? ¿Vas a decirme qué está pasando? ―le dijo con tono grave, pero bajo al mismo tiempo para no llamar la atención de los demás chicos que conversaban entre ellos. Rin se puso de pie y sacó de su mochila el itinerario del día para revisarlo. O fingir que lo hacía―. Rin, sé que algo anda mal. Dímelo.

―Issei... ¿te puedo pedir algo? ―le siseó mirándolo angustiada―. Cuando subamos no te acerques a mí.

―¿Qué? ¿Por qué?

―El espíritu es... celoso conmigo. No le gusta que haya otros cerca de mí. Tengo miedo de que te haga algo. Creo que deberías quedarte hoy.

―¿Por qué me dices esto ahora? ¿Qué pasó? ―inquirió. Entonces se dio cuenta de la mirada tan extraña que le lanzaba la recién llegada Satsuki. Poco detrás venía Jiro con su computadora portátil haciéndose el desinteresado. No le costó atar cabos―. ¿Qué pasó allá adentro, Rin? ¿Qué te dijeron?

Fingieron sus mejores caras de normalidad cuando pasaron otros chicos a su lado y los saludaron. La voz de la muchacha temblaba un poco cuando le respondió.

―Lo vieron ―musitó―. Lo tienen en video, Issei.

Issei tragó con dificultad. Tenía muchas ganas de ponerse a discutir largo y tendido, pero no podía darse esa libertad con tantas personas alrededor. En especial bajo las miradas atentas de Jiro y Satsuki que también cuchicheaban entre ellos.

―¿Y qué vas a hacer?

―Voy a tomármelo con calma. O al menos eso intentaré.

―¿No les dijiste que debían cancelar esta estupidez?

―Satsuki no lo va a hacer ―le replicó ofuscada haciendo su mayor esfuerzo por no ir hasta la directora y zarandearla con fuerza como si intentara exorcizarla―. Ella y Jiro saben que pasa algo, pero no quiere cancelar esto. Me dijo que me quedara, pero... si no voy con ustedes no sé qué pueda pasar.

―¿Has considerado decirles la verdad?

―Sí... lo he hecho ―confesó. Estaba tan estresada que su rostro se había vuelto más pálido de lo habitual―. Pero dudo que eso los detenga. Les dará más curiosidad... conociendo a Satsuki querrá provocarlo para conseguir mejores efectos visuales o alguna tontería de esas.

―No puedes decirlo en serio.

―No quiero correr el riesgo. Si vamos y fingimos que no pasa nada, no habrá motivos para que pase algo ―explicó rogando por algo de apoyo.

―Bueno... no lo sé, Rin. Suena igualmente peligroso. Pero es verdad que ayer no pasó nada, tal vez hoy corramos con la misma suerte. Aunque sigo pensando que deberías decir la verdad.

―Es sólo un día. Por sólo un día...

―¿Podrás mantener a tu amigo controlado? ―la miró sin estar demasiado convencido.

―Lo voy a intentar ―prometió―. Por eso... por favor, quédate hoy. No vayas con nosotros. Durante esos videos... se veía molesto cuando estabas a mi lado. No quiero que te pase nada.

―Le tienes muchas esperanzas a tu amigo ―se fijó él chico con un resoplido. Rin sólo apretó los labios y los puños con ansiedad―. Si tú vas yo voy. Me mantendré a raya, pero no me quedaré aquí.

―Pero Issei... ―empezó ella con un suspiro. Él la detuvo a tiempo alzando una mano para callarla y sacudió la cabeza.

―No. No me voy a quedar. Te ayudaré a mantener a los demás fuera de problemas, tú ocúpate de tu amiguito simpático.

Rin lo observó insistente un momento más mientras Issei sólo le devolvía la mirada decidida con el ceño fruncido. Discutir con él no tendría sentido, no había forma de hacerlo entrar en razón. Sólo le insistió unas veces más antes de rendirse y forzarse a confiar en él también.

―De acuerdo. Pero prométeme que me harás caso ―suplicó―. Tratemos de mantener a los chicos controlados, ¿está bien? No le demos motivos a mi amigo para que se enfade, ya que la idiota de Satsuki tiene ganas de fastidiarme la existencia. Estúpido proyecto del demonio, sólo quiero que se termine de una vez.

―Todo termina hoy ―le aseguró el chico sin relajar su semblante. Comenzaba a dolerle el estómago y no estaba muy seguro de cómo llevaría el día una vez que llegaran a la dichosa casa.

―¡Hey, ustedes dos! ―llamó alguien en ese momento―. Ya estamos por irnos, ¿vienen o no?

―Ya vamos ―anunció Rin tomando el bolso de su cámara y reajustando el morral sobre sus hombros―. Acabemos con esto.

Issei sólo asintió y la siguió para reunirse con los demás que esperaban el autobús en la parada. Una vez ahí, Rin se distrajo conversando con Haruka como si nada del otro mundo estuviera pasando, o al menos esa era la impresión que quería dar. Se esforzaba por eliminar el miedo de su subconsciente hablando un poco más alto y con más ánimo del habitual. Para todos era algo normal pues así era ella, pero para los que sabían que algo pasaba, era evidente que sólo intentaba mantener a raya su estrés.

Cuando el autobús llegó unos minutos después, el conductor se sorprendió de ver a tantos muchachos abordándolo un domingo en la mañana, y más con semejante equipaje. Las charlas se avivaron cuando el vehículo inició la marcha, con las personas que habían hecho ese viaje el día anterior explicándole a los nuevos cómo era la casa a la que se dirigían con pelos y señales, siendo Haruka quien lideraba la conversación con dramatizaciones muy divertidas.

El ambiente era muy relajado para la mayoría; esos chicos ingenuos que no tenían ni la más remota idea de lo que había en ese lugar.

Rin ignoraba olímpicamente que las miradas de los tres muchachos estaban puestas sobre ella, sólo se concentraba en el paisaje que veía pasar borroso por la ventana. Árboles, autos, casas y personas que eran dejadas atrás y a las que no les prestaba la más mínima atención por estar intentando controlar la tormenta que crecía en su cabeza.

No podía permitir que eso la controlara, que la preocupación la carcomiera y le hiciera cometer un error que podría resultar muy caro para todos. Quería a Sesshomaru y le tenía mucho respeto, pero sabía que ella no era nadie para llegar a ponerle freno. Si algo salía mal, no había forma de detenerlo. Era impredecible, temperamental y con un pasado terrible a sus espaldas que sólo confirmaba el reducido límite de su tolerancia.

Tenía que demostrarle que todo estaba bien, que no había nada fuera de lo ordinario y que sus amigos eran humanos decentes con los que no tenía la necesidad de enfurecerse.

Cruzó los dedos cuando el autobús se detuvo en la parada solitaria de la ruta 42. Era un día hermoso de inicios de verano con un cielo tan azul que parecía irreal entre las constantes lluvias que asediaban la región. Pidió fuerzas a todas las deidades cuyos nombres recordaba y se levantó de su asiento, componiendo una sonrisa despreocupada antes de unirse al resto de los chicos que hablaban emocionados mientras se bajaban.

Les mantuvo el paso durante todo el trayecto por el bosque, interviniendo en la conversación de vez en cuando y hasta contando algunos chistes para deshacerse de la tensión que invadía cada fibra de su ser. Detrás de la caravana, algo rezagados, iban Satsuki y su amiga Shizuku, quien intentaba averiguar por qué iba tan callada y no había dado ninguna orden. Issei estaba detrás de ellas con las manos en los bolsillos, mirando ceñudo cuanto estuviera a su alrededor. Jiro, de último, sacaba y preparaba una nueva y pequeña cámara personal para iniciar las tomas de los detrás de escena.

―Issei, ¿puedo hacerte una pregunta? ―lo abordó mientras ajustaba los parámetros del aparato. El chico de las gafas resopló fastidiado y acomodó el morral que llevaba guindado del hombro.

―Ya la hiciste.

―¿No te parece que Rin ha estado actuando algo raro? ―Issei tuvo un pequeño espasmo en los hombros que supo ocultar con un resbalón por las hojas. Claro que le preguntaría algo parecido, no por nada Rin y él eran buenos amigos.

―No más de lo normal.

―¿Seguro? ¿No notaste algo particular ayer?

―La verdad es que no ―dijo desinteresado, apurando un poco el paso para sacárselo de encima. No estaba de humor para hablar con nadie, y menos para que le hicieran preguntas incómodas.

―¿Y por qué discutieron al final de la tarde? Se veía muy enojada.

―Porque le dije un chiste malo que la ofendió.

Jiro consideró momentáneamente que aquello podía ser verdad. Después de todo, Issei era famoso por sus bromas pesadas que le sentaban mal a más de uno. Pero no terminó de convencerlo. Issei no era precisamente alguien esquivo, y menos con Rin. Siempre estaban juntos y se llevaban bien, hasta alguien tan desentendido de la vida como él se daba cuenta. Y ahora, simplemente cada uno iba por su lado, uno molesto y la otra ignorando los problemas que iban con ella.

No cuadraba para nada.

Así que decidió soltar la bomba para probar su teoría.

―¿No tiene nada que ver con la sombra que estuvo con ella?

Issei se detuvo un momento, no esperando ese comentario. Se giró un poco para confrontarlo pero cambió de idea a medio camino. No podía darle cuerda, si lo hacía no tardaría en conectar las pistas y dar con la verdad. O al menos hacerse a la idea.

―¿Qué sombra? Yo no vi nada.

―Pues mi cámara sí ―trotó un par de pasos para situarse a su lado con la intención de mostrarle un vídeo. Issei resopló cansado y le dio una mirada de advertencia.

―¿Intentas asustarme?

―No, ¿para qué querría asustarte? Puedo mostrarte pruebas, dame un momento ―abrió la cámara y se dirigió al fichero con los últimos archivos del día anterior. Iba a reproducir un clip de un par de minutos, precisamente el de la discusión que Rin e Issei había tenido la víspera, pero el chico de las gafas lo detuvo.

―No lo hagas. No quiero verlo.

―¿Qué? ¿Por qué, no me crees?

―No es cuestión de creer. No creo que ahora sea el momento más apropiado para jugar a los cazafantasmas.

Jiro lo vio ofendido. El sabelotodo sabía exactamente lo que Jiro intentaba hacer, y aún así se negaba a cooperar o al menos dignarse a escucharlo.

―No estoy jugando a los cazafantasmas, esto es en serio ―apuntó con los ojos decididos y el ceño fruncido, apretando la cámara en la mano―. Y estoy seguro de que sabes de lo que estoy hablando. Y Rin más aún.

―Creo que ir de camarógrafo se te ha subido un poco a la cabeza ―comentó Issei, con ganas de pegarle un puñetazo y mandar a volar la maldita cámara. El calor, el enfado, el miedo y las hormonas adolescentes estaban a flor de piel de los dos, y alguno tendría que alejarse antes de comenzar una discusión o algo peor―. Mira, vamos a pasar este día como si nada paranormal estuviera pasando. Llevemos las cosas en paz para terminar esta estúpida película y no tener que regresar nunca más. Y luego, cuando estemos de regreso, me muestras todas las pruebas que quieras.

El camarógrafo resopló indignado. ¿Qué le pasaba a todo el mundo hoy? Había encontrado pruebas sólidas de un contacto paranormal y nadie le creía... al menos no como era debido. Satsuki era la única que se lo había tomado en serio al menos a medias. De estar consciente del peligro que significaba habría parado el proyecto inmediatamente. Rin le restaba importancia y actuaba como si nada fuera de lo normal estuviera pasando e Issei lo ignoraba como si fuera un niñito fastidioso.

Se quedó un poco rezagado de la fila y volvió a fijarse en su cámara. Quizás todo lo que necesitaba eran pruebas más convincentes. Escuchó la voz de Rin a la cabeza del grupo, diciendo algo que no se molestó en escuchar.

Sí, ella estaba ocultando algo.

Y por un demonio que iba a averiguar qué era.

...

―Bien chicos, compórtense para no molestar al espíritu y hacer que nos mate a todos ―les advirtió Issei con seriedad. Todos lo miraron perplejos, en especial Rin justo cuando alcanzaron el muro. Antes de que se preocuparan más de la cuenta, el muchacho soltó su risa típica de bromista y los miró sonriente, haciendo un excelente trabajo en pretender haberles hecho una broma―. ¿Qué? Ayer nos portamos bien y todo salió perfecto, así que no rompamos esa racha, ¿de acuerdo? Seamos buenos.

Algunos cuántos rieron con él y le restaron importancia cuando pasaron el hueco, disfrutando de la vista antes de acercarse más para iniciar su labor. Pero Jiro, Satsuki y en especial Rin, se le quedaron viendo extrañados un poco más.

Issei se encogió de hombros tranquilamente musitando '¿Qué? ¿Acaso no tengo razón?' y se marchó para seguir a los otros. Parecía irrealmente confiado como si de verdad no ocurriera nada fuera de lo normal, haciendo que Rin se sintiera ligeramente mejor. Antes de seguirlo les dedicó una mirada a los otros dos secundando las palabras de su amigo, dejándolos con un feo sabor de boca.

La mañana transcurrió con cierta normalidad si no fuera por Satsuki que no dejaba de ver críticamente hacia Rin cada tanto tiempo, como buscando la sombra que supuestamente la asediaba. No podía ver nada, pero las imágenes que había visto en la laptop de Jiro aquella mañana aún no se le quitaban de la cabeza.

Rin seguía llevando el juego por el camino más seguro, relajándose y mostrando toda la buena disposición en su haber para hacer de ese un día más llevadero.

Su corazón casi había dado un tumbo al encontrarse al inugami en la entrada en cuanto llegaron, esperándola como siempre. Vio disimuladamente hacia sus compañeros para ver si alguien más podía verlo, y se llevó un gran disgusto al encontrarse a Jiro apuntando la cámara hacia ella. Cuántas ganas tenía de tomar el aparato y practicar un lanzamiento largo con dirección a la pared.

Previno que nadie estuviera pendiente de ella cuando le dio una sonrisa de saludo a Sesshomaru, articulando un 'buenos días' sin omitir sonido. Quería pedirle que mantuviera sus distancias, que no estuviera cerca de ellos para que no lo capturaran en video otra vez, pero no tenía manera de hacerlo sin levantar sospechas. Especialmente cuando era objeto de observación de tres personas, todas con razones diferentes.

Aprovechó un descuido de Jiro, quien hablaba con Shizuku un momento, y rozó suavemente la mano de su amigo. Para los demás debería haber quedado como si balanceara el brazo, y si nadie la había grabado, pasó desapercibido. Tenía que encontrar el momento adecuado para hacerle la advertencia sin que nadie estuviera mirándola. Quizás en el receso del almuerzo los chicos se dispersaran... maldita sea la suerte que los tendría ahí todo el día hasta la noche.

Armaron las escenografías en las habitaciones de la casa. En una repartieron los restos 'humanos' y esparcieron sangre falsa por las paredes ―cosa que casi le da un ataque a Rin―, preparándolo todo como si hubieran cometido una cruel masacre.

―Cuando nos vayamos habrá que dejar una nota en algún lado para que nadie crea que esto es real ―comentó Shizuku, complacida con el buen trabajo. Rin se escandalizó.

―¿Lo vamos a dejar así?

―Las partes de utilería nos las llevamos, pero no creo que nadie se quiera poner a limpiar sangre falsa en medio de la noche ―se encogió de hombros sin darle mucha importancia. Los demás asintieron de acuerdo con ella―. Con una nota explicando no creo que pase nada. Además, nadie nunca viene aquí, no creo que sea muy necesario.

Pues lo es, estuvo por decir Rin enojada. Sesshomaru estaba por ahí, algo alejado de los chicos pero igual presente. No podía voltear a verlo porque el condenado de Jiro seguía apuntándola con la cámara, pero se hizo la promesa silente de regresar a la mañana siguiente para limpiarlo todo hasta dejarlo reluciente. Esperaba que Sesshomaru adivinara sus planes por arte de magia y se quedara tranquilo con eso.

El lado bueno era que no percibía si estaba de malhumor. Su energía parecía ser bastante neutral por el momento, lo cual era bueno. Neutral pero alerta y no muy contenta, pero era mejor que nada.

Prepararon otra habitación con un altar y un pentagrama dibujado con tiza, con muchos muñecos de paja guindando del techo ―muy al estilo de El Proyecto de la Bruja de Blair―. Rin ayudaba sin hacer ningún comentario, sólo imaginando cuántas horas pasaría el día siguiente para borrar todo el rastro humano que sus amigos dejaban atrás. Tendría que prepararle algo especial a Sesshomaru por su infinita paciencia, un pastel, un bento enorme, una langosta azul con caviar en una bandeja de oro blanco... sería capaz de gastarse buena parte de sus ahorros sólo para compensarle todo lo que estaba aguantando.

Terminaron la decoración pasadas las tres de la tarde, y ya en ese entonces se comenzaban a formar las nubes de la tormenta que caería en la noche. Dejaron un par de cámaras en sus trípodes para la primera escena, al igual que los focos de iluminación con sus respectivas pantallas. Como serían escenas nocturnas lo mejor era estar bien equipados.

Por suerte la lluvia no duraría lo suficiente y les permitiría marcharse antes de que se hiciera demasiado tarde.

Los chicos que fueron a ayudar con la escenografía se marcharon, dejando al equipo de filmación y los actores esperando a que oscureciera un poco más para comenzar las tomas. Rin se sintió altamente aliviada cuando vio que había menos gente y dispuso a sentarse en su lugar de siempre para tomar el almuerzo. El resto de los chicos estaban sentados en dos grupos, charlando y descansando a sus anchas por el área de la primera escena tomándose fotos sin parar.

Apoyó la espalda en la columna y cerró los ojos un momento antes de llevarse el primer bocado. Sesshomaru estaba parado a su lado silenciosamente.

―Ya quiero que este día termine... ―le dijo por lo bajo, fijándose primero si Jiro o Satsuki estaban prestándole atención―. ¿Cómo estás?

―Pienso lo mismo que tú ―contestó, haciéndola sonreír vagamente.

―Me lo imaginaba... ―suspiró. Pensó en disculparse y agradecerle por milésima vez, pero a esas alturas razonó que debía estar un tanto harto de siempre escucharle decir lo mismo. No, lo mejor era dejar de perder el tiempo―. Sesshomaru, ¿ves al muchacho con la camisa negra? Ese de allá, con los pantalones rotos ―señaló con los ojos a Jiro, procurando no mover demasiado la boca. Estaba cambiándole las pilas a su cámara―. Trata de no acercarte a mí cuando me esté apuntando con la cámara, te puede capturar en vídeo.

―¿Eso qué significa?

―Que con el aparato que tiene en la mano puede verte... más o menos. Sabe que estás aquí.

―¿Ese artefacto? ―el demonio se fijó en lo que el muchacho humano llevaba en las manos. Entrecerró los ojos con desagrado―. Puedo hacerlo estallar.

―¡No! ―desafortunadamente su voz sonó mucho más alta de lo normal, y los chicos que estaban cerca de ella se giraron para verla. Issei frunció el ceño muy pronunciadamente, bajando el morral en el que buscaba alguna cosa. Rin pensó rápido y señaló su caja de bento―. ¡Oh, no...! Se me olvidó agregar calabacín. ¿Qué? Me gusta el calabacín.

Algunos intercambiaron una mirada extrañada, pero la mayoría no tardó en restarle importancia. Todos excepto, por supuesto, el trío de las intrigas. Jiro terminó de cambiar las pilas y no tardó en alzar el aparato hacia ella mientras Shizuku le daba un golpe con el guión enrollado en la cabeza para que se detuviera.

―¡Déjala comer tranquila! ―escuchó que le dijo enfadada. Jiro bajó la cámara a regañadientes y decidió esperar a otro momento para volver a grabar, uno en el que preferiblemente la directora no se diera cuenta. Rin pudo suspirar aliviada al menos por el momento.

―Debería matarlo ―masculló Sesshomaru conteniendo su enfado. El alivio de Rin se disipó como el humo.

―No, no deberías. Tienes que aguantarlo. Igual no nos queda mucho tiempo aquí.

―No eres nadie para darme órdenes ―siseó venenoso. Rin jamás creyó que lo escucharía con tal actitud que le hizo helar la sangre. ¿Es que nadie podía hacerle las cosas más fáciles ese condenado día?

―No son órdenes. Soy tu amiga, prometiste que no lastimarías a nadie.

―Mi amiga... ―volvió a musitar esta vez con un tono más bajo que ella no pudo identificar.

Quiso preguntarle qué le pasaba, pero apenas abría la boca, Issei se acercaba a ella con cara de pocos amigos. Sintió la energía del inugami tornarse inquieta, al mismo tiempo que su cabeza se volvía hacia el chico recién llegado. Estaban prácticamente uno al lado del otro, y la diferencia de alturas era considerable. Como si Issei no fuera más que un chiquillo. Sesshomaru, por el otro lado... era un hombre adulto, más alto y fornido. Más fuerte. Más peligroso.

¿Issei tendría idea alguna de lo que estaba parado tan cerca de él, seguramente dándole una mirada de odio?

―No deberías estar aquí ―siseó Rin con disimulo.

―Sólo quería decirte que Satsuki adelantó la hora de la filmación y comenzamos en un rato.

―¿De verdad? ¿Tan pronto?

―¿No has visto el cielo? Está oscureciendo y no quiere quedarse aquí hasta la noche ―el muchacho señaló hacia los oscuros nubarrones que se comenzaban a formar a una velocidad alucinante. Se levantó de su puesto en la columna y se asomó por el pórtico, asombrada. Ni siquiera se había dado cuenta que el sol se había ocultado hacía tiempo y el ambiente se había tornado hasta un poco más frío.

Se frotó los brazos ante una repentina ventisca y dio unos pasos atrás para refugiarse. Según su reloj ni siquiera eran las cuatro de la tarde aún, ¿cómo podía estar tan oscuro y frío en pleno verano?

―¿Viene algún huracán? No tiene sentido.

―Lo sé, por eso nos vamos a apurar. Ven, tenemos que preparar los equipos ―la incitó él con un tono un poco más calmado y apremiante. Sólo quería que se alejara de esa cosa que la acompañaba, quería que regresara con los suyos donde debía estar.

Rin asintió y lo siguió, aún mirando anonadada lo que antes había sido un cielo hermoso y azul. Giró un poco para ver a Sesshomaru, que se quedaba atrás en el mismo sitio donde había estado parado. Su corazón se estrujó al ver que su figura era mucho más nítida que antes.

No pudo seguir caminando, su cuerpo había repentinamente dejado de obedecerla mientras sus ojos sólo se abrían a su máxima capacidad.

Era como ver a una persona detrás de un vidrio opaco. Veía todos sus colores, veía dónde empezaba su ropa, dónde empezaba su cabello y su rostro. Vio su piel pálida con marcas púrpura en las mejillas, vio una figura circular en su frente. Vio que sus ropas eran mayormente blancas, al igual que su cabello. Su estola, aquella masa abstracta que reposaba sobre su hombro poseía un suave color crema.

Pero lo que más la impresionó fueron sus ojos. Dos puntos amarillos resplandecientes y filosos. No cabía duda que tenía el ceño fruncido en su dirección... o quizás, más exactamente, en dirección a Issei.

Tragó en seco al no saber qué hacer consigo misma más allá de mirarlo de hito en hito con el corazón en la mano.

―¿Rin? ―la llamó Issei en voz baja, preocupado. Tomó su brazo para hacerla reaccionar, y ella se sacudió rápidamente sin dejar de ver a Sesshomaru.

―No te me acerques ―le advirtió con un hilillo de voz. No era un reproche ni una advertencia llena de enfado, sino más bien de puro miedo―. No debes acercarte a mí, Issei. Por favor.

El chico la miró confundido y siguió la dirección de sus ojos hacia un espacio que aparentaba estar vacío. Pero no, Rin no despegaba su atención de ese lugar, y se podía hacer una muy acertada idea de por qué. Asintió forzadamente sin mayor remedio y retrocedió un paso, alejando su mano de ella hasta que quedó retraída a un costado. Si hasta Rin estaba asustada debía ser por algo muy serio.

Es un inugami, se dijo ella en un esfuerzo sobrehumano para dejar de mirarlo tan fijamente como lo hacía él. ¿Dónde quedaba su amigo apacible que respondía sus dudas y jugaba juegos de mesa con ella? ¿Dónde estaba ese ser que tanto quería? Lo que ocupaba su sitio era...

Un inugami. Es un youkai, un demonio territorial y posesivo, y yo... soy su inumochi.

No sabía si existía alguna otra explicación. ¿Por qué entonces había prometido mantenerse a raya ante tantos intrusos, sólo porque ella se lo había pedido? ¿Por qué siempre permanecía a su lado, atento y vigilante, tenso ante cualquiera que se le acercara?

¿Estaba celoso, acaso?

Por eso tenía que mantenerlos a todos lejos... tenía que evitar que el inugami formara ideas erróneas. Ni siquiera podía explicarle que no tenía de qué preocuparse, que ninguno de esos chicos le haría nada ni quería nada con ella. De hecho, ni siquiera sabía si lo comprendería aunque se lo dijera.

No se había percatado que Jiro volvía a alzar la cámara hacia ella, y miraba petrificado a la sombra cada vez más oscura y rígida en dirección a la muchacha. No había otra forma de interpretarlo: Rin podía verlo e interactuar con él.

―Está comenzando a hacer frío, ¿no les parece? ―se quejó Haruka mientras Shizuku la maquillaba después de cambiarse a su atuendo de la película.

―Creo que la tormenta comenzará más pronto de lo que dijeron por la radio ―comentó alguien más cuando Rin se volvía para reunirse con el resto del grupo. Su rostro estaba increíblemente pálido, pero rápidamente sacudió la cabeza para espabilarse. Sólo Jiro e Issei se percataron ello. El chico de la cámara vio con un nudo en la garganta cómo la figura oscurecida daba unos pasos para seguirla como si fuera una siniestra sombra de la desgracia, pero no podía dejar de grabar. Estaba atascado con la mente el blanco.

―Vamos a apurarnos para salir de aquí antes de que oscurezca más, ¿de acuerdo? ―Satsuki dio una palmada para acallar los murmullos por el brusco cambio en el clima. Un par de chicos bromearon con que era el espíritu maligno ayudándolos a crear la escena perfecta, y aquel chiste no le hizo ninguna gracia.

―¿Qué pasó con eso de esperar la tormenta? ―quiso saber Shizuku al acabar su labor con Haruka. Rin se acercó a ellas y tomó la cámara portátil que había usado desde el primer día. Jiro tenía una mucho más pequeña que debía bajar en cualquier momento para hacerse con su equipo grande y más profesional, al igual que Issei.

―Creo que mejor no nos arriesgamos. No me gustaría pasar la noche en este lugar.

Al fin dices algo coherente, quiso intervenir Rin, pero se mordió la lengua.

Si hubiera visto a Sesshomaru de aquella forma tan nítida habría pegado saltitos de alegría, dándole vueltas alrededor para intentar encontrarle sentido a su atuendo y ver qué tan largos eran su cabello y estola, bombardeándolo de preguntas al mismo tiempo. Pero ahora... rayos, ahora toda la emoción estaba oculta bajo una inmensa pila de miedo y ansiedad.

Demoraron diez escasos minutos más para tomar posiciones. Jiro dejó su camarita en un trípode un tanto apartado de la escena, muy para el desagrado de Rin, Satsuki e Issei que no tardaron el quejarse. Jiro les ignoró sólo diciendo que así conseguiría algunas buenas tomas más amplias que se verían fenomenal. Shizuku y los actores, por el otro lado, creyeron que era una excelente idea.

Empezó la primera escena con Kazuo despertando lentamente de su letargo, al lado de un agonizante y sangrante Kotaro. El diálogo fluyó tenso, no tanto por la gravedad implícita en la escena en sí, sino porque el mismo ambiente les sofocaba. Hacía un frío anormal que se colaba por debajo de la ropa veraniega y la cara de los actores era de genuina incomodidad.

Tomaron un par de minutos para iniciar la escena con Haruka, y Rin fue obedientemente a su lado para seguirla. La actriz, maquillada y ataviada de manera espeluznante con lentes de contacto rojos para acentuar su supuesta posesión demoniaca, la vio preocupada antes de que Satsuki diera la orden de acción.

―¿Te encuentras bien, Rin? Te ves pálida.

―E-es que hace mucho frío ―dijo con una sonrisa ligera para restarle importancia y no preocuparla.

―Lo sé, es muy extraño. Espero que terminemos pronto.

―Y yo. Da lo mejor de ti para que no tengamos que quedarnos más de lo necesario.

―Eso no tienes ni que decirlo ―le respondió de manera cómplice con el mismo tipo de sonrisa nerviosa. Todos estaban muy incómodos, con un nudo en la boca del estómago apretándose cada vez más.

―¡Acción!

Rin alzó la cámara y siguió a Haruka mientras recorría la habitación con aquel andar desproporcionado y espeluznante mientras se acercaba a Kotaro, quien intentó incorporarse para correr. La actriz, con el rostro ido en una crueldad demencial muy realista, extendió el brazo en su dirección y cerró el puño. Kotaro comenzó a convulsionar y expulsó toda la sangre falsa que había acabado de beber, fingiendo su muerte.

Taichi, el otro actor cuyos supuestos miembros estaban desparramados por la estancia, sujetaba el micrófono detrás de Issei intentando contener la risa a como diera lugar. En otras circunstancias Rin también se habría reído por aquel efecto tan patético ―después de todo sólo eran sólo estudiantes de preparatoria, ¿qué tan buenos efectos se podría esperar de ellos?―, pero sus labios ni siquiera se curvaron en una sonrisa.

Comenzó a sentirse algo mareada y apartó la vista un momento de su cámara para ver si alguien más se veía enfermo. Todos estaban tensos, pero nadie parecía tener ganas de vomitar el almuerzo que acababan de comer.

Apretó los dientes ante el oportuno deseo de su cuerpo de molestarla también y se forzó a seguir grabando.

Vio cómo Kazuo se arrastraba lejos de Haruka y el cuerpo de su amigo entre alaridos de terror, intentando ponerse de pie. Inició una carrera, tropezándose sin querer con una de las puertas de madera y papel, atravesándolas en el proceso hasta salir del área de la escenografía. Satsuki gritó corte y fue hasta él para regañarlo mientras otros chicos se acercaban a ver si se había hecho daño.

De haberse sentido mejor, Rin se habría sacado el zapato para pegarle en la cabeza una y otra vez por semejante torpeza. Ahora además de limpiar sangre falsa tenía que reparar una puerta, lo que le faltaba.

La lluvia comenzó a caer con gotas grandes y frías, golpeando la tierra con una fuerza desproporcionada. La temperatura bajó un poco más, ahora peor gracias a la humedad. Las regañinas de Satsuki apenas se dejaban escuchar entre el sonido de la lluvia. Todo aquel ruido no hacía más que empeorar lo que parecía estarse convirtiendo en una migraña. Lo cual era raro, porque no era nada propensa a las migrañas.

Y encima, Jiro no dejaba de filmarla.

Iba a decirle que la dejara en paz cuando se dio cuenta su expresión pálida al contemplar la pantalla de la cámara que llevaba encima, pero sus piernas le fallaron y cayó arrodillada al suelo. Soltó su cámara portátil y presionó su cabeza con las manos en un intento para aplacar el dolor punzante que sentía en las sienes.

Esto no puede ser normal. ¿Por qué me está pasando esto justo ahora?

―¡Rin! ―se asustó Haruka, llamando la atención de los demás. Cortó la distancia que las separaba y se agachó a su lado para ayudarla. Rin quiso detenerla, no quería que se acercara nadie a ella.

Pero ya era tarde para eso.

Satsuki e Issei corrieron a su lado para ver qué le pasaba, ambos igual de blancos con los mismos pensamientos surcándoles la mente. La chica les negó con la cabeza, mirando suplicante a Issei conforme se arrodillaba.

―E-estoy bien, no pasa nada. Sólo me duele la cabeza ―intentó tranquilizarlos haciéndose hacia atrás para que no la tocaran―. En serio, no...

―¡¿Qué DEMONIOS es eso?! ―el grito de Shizuku retumbó por la amplia estancia, agudo y penetrante, rompiendo por un segundo el constante golpeteo de la lluvia. Estaba asomada por el lado de Jiro, viendo exactamente lo mismo que él en la pantalla.

Taichi, Kotaro y Kazuo se apresuraron para ver qué era lo que pasaba.

El lente de la cámara temblaba ante el febril agarre de Jiro apuntando hacia Rin, Haruka, Issei y Satsuki. Una sombra oscura, casi totalmente negra, se cernía sobre ellos. No cabía duda, aquella era la figura de un hombre. Un hombre alto... y furioso. Los chicos ahogaron respingos y gritos llevándose las manos a la boca.

Issei y Satsuki sabían lo que debían estar viendo.

―Rin...

―¡No me toques! ―le gritó aterrada cuando Issei puso una mano en su hombro para ayudarla. Justo ahí resonó el primer gruñido.

―¡Oh, por Dios! ―gritó Haruka viendo a las espaldas de Rin. La figura no sólo estaba en vídeo, sino ahí entre ellos, como un monstruo inmenso a punto de saltarles encima en su cacería. Nadie podía dar crédito a lo que estaba pasando, y más de uno se había quedado sin habla. Otros, en cambio comenzaron a gritar con más fuerza, lanzando preguntas aterradas al aire mientras se estremecían unos contra otros.

―¡Dios mío!

―¡¿Qué mierda es eso?!

―¡¿Qué está pasando?!

Rin giró la cabeza en cámara lenta mientras los gritos le perforaban los tímpanos para encontrarse con la imagen del inugami, distorsionada y más negra de lo que la había visto jamás. Sus ojos ya no eran dorados, sino rojos, y un aura parecida al humo se desprendía de su cuerpo cada vez a mayor velocidad. Issei afianzó su brazo y la tironeó para ponerla en pie. Sentía que sus piernas la dejarían caer otra vez si su amigo la soltaba.

Lo cual era exactamente lo que tenía que hacer.

―¡No me toques! ¡Vete, tienes que irte!

―¿De qué estás hablando? ¡No te dejaré aquí con ese monstruo! ¡MUÉVETE!

Un segundo gruñido gutural emergió de los mismos cimientos de la casa, traspasando paredes, techo y suelo por igual, haciendo que todo temblara ante la furia del youkai. Ahora los que se habían quedado callados por la impresión soltaron un alarido de pánico ante el crujido de la madera, y Rin le dio un manotazo a Issei para que se apartara de ella. El chico se negaba a dejarla. Más gruñidos, más gritos y más desesperación.

Era como tener un horrible déjà vu que la llevó justo a aquel día donde todo comenzó. Donde sólo eran unos niños buscando aventuras y emoción, donde nadie tenía idea de lo que llegaría a pasar. Nadie... en especial ella.

―¡Vámonos de aquí ahora! ¡Corran, hay que irnos! ―bramó Satsuki.

―¡Corran, corran!

Los chicos soltaron las cosas que tenían en las manos y dejaron de tomarles importancia inundados por el pánico. Haruka agarraba el bajo del andrajoso kimono que era parte de su vestuario y tironeaba de Rin al mismo tiempo para hacerla reaccionar de su shock, cuando todo lo que ella quería era que dejaran de perder el tiempo y se marcharan cuanto antes.

Issei volvió a tomarla del brazo, halándola tan rudamente que casi la hizo caer. Rin siguió suplicándole que la dejara, pero él no la escuchó.

Craso error.

El gruñido se tornó diferente en ese instante, como el sonido que propina un gran animal antes de saltar sobre su presa. Antes de lo que alguien pudiera prever, Issei había sido expulsado con una fuerza sobrehumana varios metros en el aire ante un poderoso golpe en el estómago. El muchacho rodó por el suelo hasta chocarse de espaldas contra la pared.

Los chicos no paraban de gritar, y ahora más que nunca Rin sintió que la cabeza y el corazón le estallarían en mil pedazos.

―¡Oh por Dios, Issei! ―corrió Taichi hasta él, quien estaba más cerca. Las piernas de Rin reaccionaron al fin y temblaron en su ida, pero algo la detuvo. O más bien alguien.

―Sesshomaru... ―le suplicó con la voz rota y atemorizada. No se sentía capaz de pronunciar palabra alguna en voz alta―, por favor, no... no lo hagas. Por favor...

―¡No tiene buena pinta! ―exclamó Taichi. Ketaro estaba con él y juntos ayudaban al muchacho a ponerse de pie. Sus lentes habían salido volando y la fuerza del impacto le había desbaratado todo el cabello que caía por su frente hasta tapar sus ojos. Un hilillo de sangre corría ininterrumpidamente desde la comisura de sus labios y su nariz.

―¡Issei! ―exclamó tan alto como pudo, lo cual no fue mucho. El chico alzó la cara hacia ella, evidentemente desorientado e intentando buscarla. Rin volvió a intentar acercársele, pero el inugami la empujó hacia atrás haciéndola tropezar hasta que casi se cayó sobre Haruka, quien veía a la figura caminando lentamente en dirección a Issei, Taichi y Ketaro. Sus pasos hacían eco entre las paredes y sobre la lluvia, pesados y peligrosos.

―Dios mío, Dios mío... ¿qué es todo esto? ―escuchó que la muchacha murmuraba estupefacta. Rin la tomó de la muñeca y se le plantó en frente con desesperación.

―Haruka, tienes que irte ahora. Te lo ruego, sal de aquí ―pero la chica estaba en estado catatónico al igual que todos, sin poder dejar de ver a aquella sombra caminando en dirección a los chicos. El corazón le latía a una velocidad imposible y todo a su alrededor daba vueltas sin parar.

Aquello no podía estar pasando, ¡NO podía estar pasando!

―¿Qué están esperando? ¡CORRAN! ―al fin consiguió gritar con todas sus fuerzas, despertándolos de su sopor. Los chicos no tardaron en hacerle caso, y entre Taichi y Ketaro se las arreglaron para arrastrar a un semi-consciente Issei. Shizuku era empujada por Satsuki, que ya no insistía por las cámaras, y Jiro daba pasos lentos hacia atrás, incapaz de bajar el brazo que sostenía su equipo de grabación.

Pero Sesshomaru no se los dejaría tan fácil.

Todas las pantallas exteriores y puertas de las habitaciones se cerraron de golpe. Los altos velones de la escenografía del supuesto ritual se apagaron, y los focos de las tres pantallas de iluminación estallaron en pedazos, ocasionando una nueva ola de gritos. Era casi imposible ver nada en ese cuarto en el que todos habían quedado atrapados.

Jiro reaccionó entonces y jaló la mampara más cercana, encontrando imposible hacerla ceder. Shizuku y Satsuki se abalanzaron contra el papel de arroz para romperlo, dándole patadas y puñetazos a los que Taichi se les unió, corriendo hacia una de las puertas para envestirla con el hombro. Cayó sentado por el fuerte impacto al encontrarse con una estructura tan sólida como una pared de ladrillos, soltando un alarido por haberse lastimado.

―¡Santo cielo! ¡No se abre, no se abre nada!

―¡No puedo romperlo! ¡Necesito unas tijeras o algo para cortar esto!

―¿Qué está pasando, por qué no se abre? ¡No veo nada!

―¡Oh por Dios, vamos a morir!

Rin estaba afianzada a las manos de Haruka, quien no dejaba de temblar, y buscó distinguir algo entre toda la oscuridad. Ahora era imposible encontrar a Sesshomaru, no podía ver hacia dónde se dirigía ni dónde estaba.

Oh, no... no necesitaba verlo, ¡lo sabía!

―¡ISSEI! ―vociferó con la voz en el cuello―. ¿Dónde estás, Issei? ¡Ten cuidado!

El aullido de su amigo no se hizo esperar, y cuando soltaba las manos de la muchacha para ir a ayudarlo, los objetos comenzaron a volar sin parar, dando vueltas como si hubiera un tornado en la habitación. Entre los gritos se escucharon los alaridos de dolor de sus compañeros al ser alcanzados por estos proyectiles que iban desde trozos de madera hasta las mismas cámaras, trípodes y pedazos de vidrio de los focos.

―¡Mierda, mi pierna! ¡Ayúdenme, auxilio! ―gritó Kazuo desesperado tras caer duramente al suelo. Rin seguía avanzado, esquivando por alguna razón todos los objetos voladores.

No, no esquivando... no la alcanzaban porque ella no era el objetivo.

Sus lágrimas cayeron una tras otra sin parar hasta que se detuvo en el centro de la habitación. La poca luz que se colaba de algún lugar le dejó ver una tétrica imagen que la petrificó.

Issei era sujetado del cuello a un metro del suelo, dando patadas a la nada para liberarse del mortal agarre que no tardaría en cobrar su vida. Rin dejó de pensar claro e hizo lo único que se le ocurrió.

―¡SESSHOMARU! ―cortó el espacio que la separaba de la imponente sombra―. ¡NO LO HAGAS! ¡SESSHOMARU, POR FAVOR! ¡HARÉ LO QUE SEA, LO JURO! ¡SÓLO SUÉLTALO!

El caos se detuvo en el acto tras sus alaridos desesperados. Un poco más de luz entró en la estancia y pudo darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

Los objetos usados como letales proyectiles se quedaron suspendidos en el aire a medio camino, como si el tiempo se hubiera detenido. La lluvia de afuera seguía igual de fuerte que antes, ajena a todo el calvario que los muchachos estaban viviendo.

Sus amigos estaban entre tendidos en el suelo, agarrándose una extremidad, o acurrucados contra los rincones buscando hacerse lo más pequeños posibles. Haruka se quedó agazapada en el trocito de espacio en el que Rin la acababa de dejar, con la cabeza entre los brazos cubierta de polvo y pedazos de escombros. Shizuku y Satsuki se abrazaban contra un rincón, llorando descontroladas ante un tajo sangrante que Satsuki tenía en el brazo. Jiro estaba en el suelo, aparentemente inconsciente con la nariz rota y la cámara a su lado, negándose a soltarla incluso sin estar despierto. Taichi aún estaba cerca de la puerta, con trozos de vidrio de los focos incrustados dolorosamente en su espada al igual que Ketaro, quien los tenía en las piernas. Kazuo había sido alcanzado por la pesada cámara de Issei que aparentemente le había roto la pierna, a juzgar por el ángulo retorcido en el que estaba. El muchacho sollozaba aterrorizado intentando regresarla a su posición original sin ningún éxito.

E Issei... seguía suspendido en el aire, con ambas manos afianzadas a aquella más grande que lo tomaba del cuello. Seguía luchando, pero al menos el fiero agarre había dejado de cerrarse en cuanto Rin pronunció aquel nombre tan extraño.

Issei no le quitaba sus ojos oscuros de encima, llorosos y enrojecidos al igual que su rostro por la falta de aire.

La figura también tenía sus ojos rojizos sobre ella.

―Por favor, Sesshomaru... suéltalo, no le hagas daño. Haré lo que sea, te lo prometo.

―R-rin, n-no ―musitó Issei como pudo. Los chicos que estaban conscientes alzaron sus rostros hacia ella, haciéndola el centro de atención. Satsuki la observaba con un terror más allá del descriptible mientras la muchacha daba un nuevo paso decidido hacia esa cosa.

―¿Rin...? ¿Qué...? ―murmuró con un hilillo de voz. Nadie comprendía nada de lo que estaba pasando, pero algunos podían conectar fácilmente que Rin y esa cosa se conocían. Lo había llamado Sesshomaru, hablaba con él... ¿cómo era eso posible?

―¿Lo que sea? ―repitió el demonio con un resoplido gutural que los demás escucharon como un gruñido bajo y grave. La chica asintió con más lágrimas deslizándose por sus blanquecinas mejillas cuando asentía varias veces.

―Lo que sea. Pero no les hagas daño, te lo ruego... déjalos ir. Suelta a Issei, por favor... no lo lastimes más.

―N-no... n-no lo ha-gas... ―volvió a pronunciar Issei de manera forzada, sin dejar de luchar contra aquella garra que parecía hecha de piedra. Pero no había nada que él pudiera hacer para evitar lo inevitable, el acuerdo silencioso que aquellas dos criaturas, una sobrenatural y otra humana, habían forjado sin tener que decir nada más.

Se desplomó en el suelo cubierto de astillas y pedazos de vidrio con un sonido sordo, llevándose las manos instintivamente al cuello en un intento de recuperar el aire que tanto le hacía falta, aguantando las arcadas con fuerzas que no sabía que tenía. Todo se veía borroso sin sus gafas, pero no le costó encontrar la camiseta naranja de Rin aún cuando la habitación estuviera a oscuras. Aquella maldita cosa estaba parada frente a ella, mirándola.

Rin sintió que tomaba su brazo en un demoledor agarre y la atrajo un poco hacia él. No bastó nada más para hacerle entender lo que pretendía. Sin siquiera detenerse a meditarlo, volvió a asentir con la cabeza, estrujando los párpados al cerrar los ojos. El grito de asombro y pánico de sus amigos se quedó muy atrás, opacado por lo que le parecieron kilómetros de un túnel que atravesaba a toda velocidad.

Lo último que escuchó fue el grito sofocado de Issei llamándola por su nombre.

Después de eso, nada.

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¡Uff, perdonen la hora! Se me fue el día entre una cosa y otra, y cuando iba a subir el capítulo decidí hacerle una edición rápida para dejarlo mejor. Pero aquí estoy, cumpliendo la promesa del capi el doble de largo que el anterior.

Apuesto a que muchos se frotaron las manos leyendo el título xD

Por favor alcen las manos quienes intuían que algo así pasaría. Sesshomaru acabó perdiendo el control y acabó dándoles una noche de terror a los chicos que jamás olvidarán. ¿Era esto lo que tenían en mente, chicas? Porque no sólo les dio un buen susto, sino que estuvo a un sólo paso de terminar la noche de manera irreparable. Con decir que Issei sólo habría sido el aperitivo y los demás no tardarían en seguirlo.

Sé lo que todos están pensando: ¡MALDITA SEA SATSUKI Y JIRO! Y sí, tienen razón. Siempre habrá alguien terco que jode y alguien más que sólo jode por curiosidad. Concuerdo con Issei: Rin tuvo que haberles dicho ahí mismo la verdad, pero estaba tan asustada y estresada que simplemente no pudo. A veces pasa, hay personas que se trancan en estas situaciones. De nuevo tuvo esa ciega fe en la que todo saldría bien si se mantenía calmada. Le funcionó el día anterior, y de no haber sido por algunos factores extra (el acercamiento de Issei y el fastidio de Jiro con las cámaras), de seguro lo habría logrado esta noche también.

Pero en fin... de haberles contado la verdad y forzarlos de alguna manera loca a que no volvieran a subir (lo cual lo tenía muy difícil), este plot twist no habría pasado y la historia no seguiría el curso que tengo planeado. ¡Porque sí! ¡Tengo planes, grandes planes que se ponen en marcha a partir de ahora!

Este capítulo fue divertido y a la vez estresante de escribir. Primero porque tenía ganas de que pasara algo como en el primero: terror, desenfreno y Sesshomaru haciendo gala de su poder. Y segundo, por todos esos detallitos que uno intenta afinar para que quede perfecto o al menos lo mejor posible. Ustedes me dirán si he hecho un buen trabajo (cruzo los dedos para ello).

Y ahora... HOLY FREAKING CRAP! ¡Más de 400 reviews! Tengo que ser sincera: estuve toda la semana pendiente de los comentarios y cuando se marcó el número 400 (¡Gracias, Yarisha!) casi me dio un mini ataque por la emoción. GRACIAS. GRACIAS A TODAS. LAS AMO COMO NO TIENEN IDEA. Nunca dejaré de esforzarme para mantener el nivel que esperan tanto en la historia como en las actualizaciones. Mis sensuales lectoras lo valen. Gima2618, LovelyClau, Clau28, Duhkha, ByaHisaFan, MisteryWitch, Jezabel, Kikyou1312, Baby Sony, Laura91ok, Gaby L, BeautifulButterflyPink, Anónimo, Floresamaabc, HasuLess, Sayuri08, VanneAndrea, Kagamii Desu, Sammy Blue *gritito de fangirl*, Anónimo 2, Danielao, Litu-Uchiha, Ranmasan, Blueberry Bliss, Ana, Melinna Sesshy, Blond hair girl, Dmonisa, Serena tsukino chiba, Genesis Torres, Lau Cullen Swan, Krayteona, Kari, Lizzie, Grell Whoops, Maizpalomero, Danyk, Ginny chan, Sara, Abigz, Hannah Camila, Yarisha, Meaow, Hanami y Jenks (+10 en escala de sensualidad, ¡level up!) Si escribí mal un nombre o me comí a alguien discúlpenme D:

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Cumplió con sus expectativas? (Dios, espero que sí). ¿Les gustó? ¿Estuvo tan intenso como querían? ¿Cuáles son sus predicciones para el siguiente? Vamos, no sean tímidas, adoro leer sus comentarios y reacciones. Son el combustible para el escritor xD

De la misma manera pido que si encuentran algún dedazo o error me lo comuniquen. Todas las críticas constructivas son bienvenidas y agradecidas. Recuerden que son ustedes quienes ayudan al autor a que mejore :)

Un besote a todo el mundo, miles de chocolates y cachorritos también. Eso último no es broma *Empieza espacio publicitario*. Si hay alguien de Maturín - Venezuela interesado en adoptar un cachorrito que me avise. Tengo tres hembras y un machito preciosos buscando hogar. En especial el macho que tuvimos que operarlo por una hernia y me lo estoy quedando hasta que le quiten los puntos. Al menos de una camada de 10 sólo quedan 4, así que vamos por buen camino. Vamos, gente de Maturín, ¡reclama tu cachorrito gratis! *Fin del espacio publicitario*.

*Sí, ya sé que es un tiro en la oscuridad hacer ese anuncio por esta página, pero uno nunca sabe xD*

Gracias a todos por leer, perdonen la demora. Espero que lo hayan disfrutado, ¡hasta la próxima semana! ¡Y vengan por su cachorrito! xD