Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.
Haunted
Por: Hoshi no Negai
15. Recuperando la confianza
La muchacha depositó el pincel en su base de madera, dándose masajes en la muñeca derecha después de haber pasado un par de horas escribiendo sin parar. No estaba acostumbrada a mantener la mano totalmente suspendida sobre el papel, todo para evitar correr la tinta fresca con sus movimientos. Tenía que encontrar la manera de fabricarse lápices con pedazos de carboncillo, era una pequeña tortura someterse a la escritura tradicional.
Sus quejas se fueron acallando mientras contemplaba el fruto de su arduo esfuerzo: hoja tras hoja de pergamino de un almanaque de ese y los meses venideros. Tenía que hacerlo ahora que recordaba qué día de la semana correspondía al día del mes, al menos de esa manera tendría una manera más organizada de saber llevar el tiempo.
El calendario había comenzado en el día domingo 21 de junio, y lo había dejado de fabricar en diciembre del 2018. Cuatro años completos...* y los que le faltaban. Pero ya cuando alcanzase la fecha en la que se quedó podría continuar, por el momento era suficiente.
Trató de llenar el vacío incómodo que se había formado en su estómago tragando, pero hasta eso le resultaba molesto. Cuatro años... cuántas cosas podrían suceder, cuánto podría cambiar su vida entre esos meses que aún ni llegaba a imaginarse viviendo.
Soltó la hoja que llevaba los últimos meses del 2018 y se inclinó hacia atrás, dejando que su vista se paseara por aquella habitación. El estilo tan tradicional de las paredes de madera y papel de arroz, el suelo de tatami color verde claro, el techo alto de vigas oscuras... ¿podría de verdad estar en ese lugar durante tanto tiempo? ¿Durante el resto de su vida? Qué difícil se le hacía ver hacia el futuro cuando aún no tenía claro qué hacer en el presente.
Se mantuvo un rato en esa posición, aprovechando para estirar su espalda y músculos algo entumecidos por permanecer sentada tanto tiempo. Tomó la primera página que había hecho y, según lo que había escrito, estaba en el diez de julio. Tres semanas enteras en ese mundo y todavía se iba a dormir esperando despertar en su habitación a la mañana siguiente, rodeada de sus peluches y libros. Cruzaba los dedos cada noche por estar de regreso con sus padres, por compartir una comida con ellos e ir a la escuela como si nada hubiera sucedido.
Era tan extraño abrir los ojos a su nueva realidad, acurrucada en un futón que por más cómodo que fuera no podía comparársele a su adorada cama de estilo occidental, su aire acondicionado y las maravillas de tener un baño moderno con agua caliente.
Quizás en unos años despierte y me digan que estuve en coma, divagó ausente. Quizás he estado en coma desde los once años y todo este rollo de Sesshomaru no es más que producto de los medicamentos.
Podía pasar horas e incluso días enteros con esa clase de locas teorías que explicaran su situación actual. Desde estar en coma hasta estar en un manicomio o tener el sueño más largo y detallado de la historia.
No se sentía del todo lista para afrontar que aquella era indudablemente su realidad.
Recogió las hojas y las organizó. Armaría el almanaque con aguja e hilo y se aseguraría de marcar cada día que pasara para no perder la noción del tiempo.
Una vez terminada su labor de construir un calendario artesanal dio una mirada de soslayo a otro manojo de hojas que tenía en el extremo de la mesa, decidiéndose si aquel sería el día para llevar a cabo su idea o no.
Dobló a modo de sobre las páginas y se las guardó en la solapa del kosode rosa que estaba usando. Sí, tenía que hacerlo tarde o temprano, y ya había esperado demasiado tiempo como para alargarlo aún más.
Inhaló una honda bocanada y se dirigió a los escalones del último piso.
Seguía poniéndola un tanto nerviosa estar con él. No era nada como cuando no podía verlo, como cuando no sabía de lo que era capaz. A veces cuando lo miraba no podía evitar crisparse al recordar sus gruñidos, sus ojos rojos y la manera tan cruel con la que había atacado a sus amigos. Aunque intentaba llevar las cosas con normalidad entre ambos dentro de lo posible, era extremadamente cuidadosa al seleccionar sus palabras. Nada como en su llegada, que le gritaba, lo insultaba y casi se le echaba encima para caerlo a golpes para conseguir que la regresara a su mundo.
En ese momento apenas podía pensar claramente, pero ahora que lo hacía, era muy consciente de que cualquier paso en falso podría ser el último, aún cuando él había dicho que jamás la lastimaría.
También había prometido no herir a sus compañeros y no podía olvidar lo bien que había resultado eso.
Hizo un puchero para evitar el resoplido de frustración. Debía ser sincera: seguía molesta por todo ese asunto, aunque no precisamente de la misma manera de antes. Aunque aún se le retorcieran las tripas al recordar la escena en la que Sesshomaru había acatado a sus amigos, estaba más enojada consigo misma por haberse metido ella sola en semejante problema.
¿Pero qué podía hacer ahora? No podía refunfuñarse y encerrarse en su cuarto para siempre, ¿para qué? Y tampoco podía aislarse para siempre e ignorarlo a él, dándole la ley del hielo como castigo por lo que había hecho. Era mucho más sano pasar la página y tratar de vivir con la mayor normalidad posible. De todas formas no podría cambiar nada estando enfadada todo el tiempo, así que muchas opciones no le quedaban más que adaptarse.
Llegó hasta las escaleras y se asomó por el último piso. No siempre podía encontrarlo ahí arriba, había veces en las que simplemente desaparecía y no había manera de saber dónde estaba por más que buscara, y lo había intentado sólo para descubrir adónde iba cuando no estaba meditando en el ático.
La única explicación que tenía era que simplemente salía en dirección al límite en busca de oponentes con los que luchar. Tendría sentido, pues comprendía lo aburrido que era estar encerrado todo el día sin tener mucho que hacer. Ella, con apenas tres semanas en aquel régimen sentía que se subía por las paredes, ¿cómo podría sentirse él tras siglos con la misma rutina?
No le extrañaba para nada que tuviera siempre tan mala cara.
―Hola, Sesshomaru ―le saludó lo más casualmente que pudo al encontrarlo de pie mirando por la ventana. El hombre apenas viró los ojos antes de regresar a lo suyo―. Me preguntaba si tenías un momento, me gustaría preguntarte si... ¿qué pasa? ―quiso saber al notar que algo debía estar captando su atención por la manera tan fija con la que mantenía la mirada.
Se acercó a su lado con algo de aprehensión y se puso de puntillas para echar un vistazo. Sólo veía una amplia extensión del bosque con grandes montañas a lo lejos, nada fuera de lo común.
Pero cuando iba a preguntar de nuevo qué ocurría, un movimiento llamó su atención.
A unos cuantos metros del muro del lado externo, los árboles se batían con el paso de alguna criatura de buen tamaño. Y no sólo en ese punto, en varios más a lo largo de la extensión de la muralla ocurría lo mismo. Algunos más leves, otros más fuertes, pero todos intermitentes como hubiera alguna especie de código de comunicación de por medio.
―¿Qué es eso?
―Un intento de hacerme salir ―contestó el demonio con tono aburrido.
―¿Quién te quiere hacer salir?
―Algunos youkais patéticos.
―Y... ¿no te importa que se queden ahí? ¿No podrían entrar a pelear contigo si les ignoras? ―le siguió la corriente como si aquello fuera algo cotidiano. Tras unos días en ese mundo podía constatar que prácticamente cualquier anomalía para ella era cosa normal para sus habitantes, así que no debería sorprenderse demasiado con las cosas que veía. O bueno... al menos esa era la teoría que intentaba llevar a cabo.
―Si salgo de la mansión entrará el grupo que está del otro lado ―dijo haciendo un gesto con la cabeza en dirección al patio opuesto de aquel que encaraban por la ventana―. Tienen alguna clase de plan para distraerme el tiempo suficiente como para invadir este lugar.
―¿En serio? ¿Y... por qué querrían hacer eso? Imagino que todo el mundo sabe lo fuerte que eres, ¿no?
―Supongo que creerán que de esa manera podrían capturarte.
Rin apartó la mirada de la ventana y lo encaró con los ojos muy abiertos torciendo la cabeza. ¿Capturarla a ella? Santo cielo... era cierto que los demonios que la habían perseguido aquella única vez que había salido de la mansión querían devorarla, pero... ¿había más criaturas dispuestas a arriesgar sus vidas para eso?
El nudo de su estómago subió hasta la garganta causándole fuertes nauseas.
Ahora que recordaba, los ogros que habían atacado la mansión unos días después también mencionaron que querían hacer un banquete con ella una vez hubieran acabado con Sesshomaru. Su rostro palideció bastante al imaginarse el escenario en el que eso llegaba a ocurrir; si una horda de monstruos se organizaban y atacaban todos juntos. Ni siquiera Sesshomaru, por más hábil que fuera, podría contra todos al mismo tiempo.
¿Y si era eso precisamente lo que estaban haciendo los youkais afuera? ¿Reuniendo un buen número de allegados para reducir al inugami y llegar hasta ella? Volvió a fijarse en el exterior buscando evaluar la cantidad de enemigos al acecho. Quizás entre ellos habrían oponentes dignos de temer, alguno que pudiera hacerle frente a Sesshomaru el tiempo suficiente.
Se echó un poco hacia atrás respirando forzadamente llevándose una mano a la boca. Nunca había considerado aquella posibilidad hasta ahora. Había estado tan enfrascada lamentándose por lo que había perdido de su mundo que no vio lo que pasaba en este lado.
―¿Hay... hay algo que podamos hacer para detenerlos? ―cuestionó trémulamente. Sesshomaru, que había notado su súbito pico de adrenalina, la observó por el rabillo del ojo con su semblante serio habitual.
―No es necesario que hagas nada ―dijo con calma mientras también se alejaba de la ventana, no sin antes dar un último vistazo analítico. No parecía ni de lejos preocupado por todo lo que pudiera estar ocurriendo afuera.
―¿Qué pasa si alguien entra? ¿Qué pasa si es un grupo grande que no puedes controlar? ―la voz se le fue un poco presa del miedo que crecía ante la indiferencia de Sesshomaru. ¿Acaso no se daba cuenta del peligro en el que estaban metidos?
―En total son menos de cien por los momentos. Lo sensato es esperar que terminen de agruparse para acabar con todos al mismo tiempo.
A Rin casi le dio un infarto con el 'menos de cien'. ¡¿Y menos de cien le parecía poco?!
―¿Pero cómo puedes decir eso? ¡Pueden estar tramando una estrategia, pueden tener a alguien que te haga frente! Quizás sean más listos de lo que imaginas y tengan un plan para...
―Les estás dando demasiado crédito ―interrumpió su monólogo atropellado sacudiendo un poco la cabeza―. Conozco esa clase de demonios; un árbol posee mayor inteligencia estratégica. Su plan no consiste en nada más que atacar cuando crean haberme distraído, sin contar la velocidad con la que puedo acabar con ellos. Son incapaces de organizarse de manera decente.
La chica apretó los labios y arrugó un poco los ojos sin estar muy convencida. Sesshomaru no tenía problemas en presumir su habilidad de combate, cosa que ella no le podía reprochar porque había visto que era bastante fuerte, pero aún así...
Bajó los hombros con un suspiro al desviar la mirada. No le quedaba mucho más que hacer además de confiar en él. Después de todo, había pasado casi una eternidad lidiando con esa clase de criaturas, ella no tenía mucha base para poner en duda su conocimiento y experiencia al respecto.
Agachó la cabeza y asintió una sola vez, apretando levemente los puños sin dejar de pensar en la cantidad de bestias reunidas en las inmediaciones de la mansión esperando para atacar. Recordó cómo se había salvado de milagro de su propio ataque al salir por su cuenta y en la visita explosiva del par de ogros semanas atrás, imaginando que serían esa clase de monstruos los que conversaban con morbosa exaltación lo mucho que deseaban hacerse con ella y comerse las partes de su cuerpo.
No creía poder adaptarse jamás a esa sensación de nauseas cuando pensaba que para el 99 por ciento de los habitantes de ese lugar no era más que un pedazo de carne muy codiciada.
Sesshomaru entrecerró los ojos al notar que su desasosiego se mantenía. No sólo estaba preocupada, estaba mortificada.
No hay remedio.
Pasó por su lado soltando un resoplido mudo de resignación. Rin se giró hacia él para verlo marchar, manteniendo su pose de músculos tensados. Todavía escuchaba los fuertes latidos de su corazón.
Probablemente no tuvo que haberle dicho que había youkais afuera planeando matarla. Había olvidado lo sensibles e impresionables que podían llegar a ser los humanos.
―No deberías angustiarte por esta nimiedad.
―¿Irás...? ¿Vas a pelear? ―tragó con dificultad apretando el puño sobre el pecho. Como Sesshomaru no lo negó, Rin avanzó un paso hacia él―. ¿Podrás con todos ellos?
―¿Estás dudando de mí? ―cuestionó duramente como si aquello le ofendiera.
―Sé que eres muy fuerte, pero de todas formas me preocupo ―se defendió ella como pudo, apabullada por aquella mirada tan fea que le había lanzado.
―Sandeces ―el demonio viró la cabeza y continuó su camino para bajar por las escaleras―. No permitiré que nadie te toque un cabello, ya deberías saberlo.
La chica se sorprendió un poco por aquella última afirmación que no se esperaba. Sintió algo de calor acoplarse en su rostro al preguntarse si detrás de eso podría haber algún doble significado, pero rápidamente se le pasó.
Era totalmente ridículo siquiera imaginarlo. La protegía porque era un inugami muy posesivo y era su inumochi aunque él lo negara y a ella le provocara escalofríos.
Terminó de bajar los escalones para verlo dirigirse al balcón del tercer piso, ese mismo que el ataque de los onis había destrozado y se había reparado solo mágicamente a la mañana siguiente. En aquella oportunidad sólo lo había examinado desde todos los ángulos tratando de entender cómo era eso posible y cómo funcionaba. Tuvo que desistir tras un largo rato y otro más haciéndole preguntas al demonio que sólo respondió de manera vaga. Aparentemente él tampoco sabía la lógica de esa casa y poco le importaba.
―Ten cuidado, por favor ―le pidió cuando estaba a punto de saltar por la barandilla. Sesshomaru apenas le dedicó una mirada fugaz sobre su hombro antes de arrojarse al vacío.
Rin corrió y se apoyó en el borde de la baranda esperando verlo dirigirse caminando o corriendo por el patio, pero no fue así. Todo lo que vio fue cómo una esfera de luz salía disparada hasta el límite de la mansión y se perdía detrás del muro. Parpadeó varias veces enfocando mejor los ojos creyendo que había visto mal, pero ni siquiera tuvo tiempo de analizar lo que sucedía cuando los gritos de dolor y sorpresa comenzaron a resonar uno tras otro.
Respingó de golpe dando un paso hacia atrás ante la impresionante visión de pedazos de monstruos cercenados volando sobre la muralla, marcando el veloz y letal paso de Sesshomaru entre sus contrincantes sin darles ni siquiera un chance para defenderse.
La estela de destrucción se perdió en el recodo y Rin no pudo seguirla más aunque se inclinó sobre el balcón con los ojos abiertos como platos. Miró su reloj digital de pulsera, el mismo que había permanecido con ella desde su llegada a ese mundo y que nunca se quitaba, y calculó estupefacta que no habían pasado ni dos minutos desde que el demonio saltó hacia la pelea.
Corrió hacia el balcón del otro lado de ese piso para tener un vistazo del patio este, y ya estaban saltando los miembros por el aire: brazos fornidos, patas articuladas, piernas, cuernos, cabezas... era tan grotesco e irreal que no pudo considerarlo como algo que estuviera pasando de verdad. Se sentía más bien como viendo una película especialmente gore tan acelerada que le costaba mantenerle el ritmo.
Y si alguna vez aquellos invasores tenían planeado entrar a la mansión mientras Sesshomaru lidiaba con un grupo en especial, nunca vio pruebas de ello. O de verdad les había dado demasiado crédito al creerlos capaces de hacer una estrategia decente o Sesshomaru era tan veloz que les era imposible llevar a cabo ningún plan por más bueno que fuera.
Volvió a perderle el rastro en un parpadeo y tuvo que quedarse con la segunda opción.
Al cabo de unos segundos más volvió a reinar el habitual silencio del bosque que rodeaba la mansión. Se fijó con especial cuidado en las copas de los árboles más cercanos y notó que ninguno se agitaba como antes, al menos no más allá del mecer tranquilo que venía acompañado por el viento.
Se sintió realmente idiota por haberse preocupado con tanta exaltación y caminó hasta el balcón contrario componiendo una cara de póker sin querer. ¿Acaso algo en ese mundo tenía sentido? ¿Cómo rayos había Sesshomaru corrido tan rápido y se había deshecho de esa centena de demonios en ―revisó su reloj y comprobó que habían pasado cuatro minutos― menos de cinco minutos?
Se asomó por la barandilla hacia el patio oeste por el que había salido el inugami y soltó un suspiro de incomprensión. De nuevo estaba buscando lógica donde simplemente no la había.
Estuvo postrada en esa posición por más tiempo del que pudo contar, vigilando los alrededores ansiosamente en busca de algo fuera de lo común que pudiera delatar que Sesshomaru se encontrara en problemas.
Él es fuerte, no existe manera de que nadie lo derrote, se obligó a pensar para mantenerse serena y no seguir mortificándose como siempre lo hacía.
Incluso cuando comenzó a anochecer y la expectativa por verlo aparecer de nuevo de su lado del muro crecía a pasos agigantados, se forzó a mantenerse mentalmente serena mientras tomaba asiento en el suelo sin dejar de ver hacia el límite de aquel patio por entre los barrotes de madera del barandal. Recostó la cabeza y abrazó sus rodillas taladrándose en el subconsciente que él era lo suficientemente fuerte como para estar a la mar de bien por su cuenta y si aún no había vuelto era porque así lo quería.
Era totalmente de noche cuando el demonio hizo acto de presencia. El cuerpo entumecido de Rin por haber permanecido inmóvil por horas se quejó cuando se levantó de golpe a recibirlo, con el alivio escurriéndosele por la piel como si se tratara de agua. El inugami la miró brevemente con los ojos ligeramente entornados, como si no hubiera esperado encontrársela ahí.
―¿Te encuentras bien? ―suspiró ella, buscando cualquier rastro que delatara alguna herida a consecuencia de la larga pelea que había mantenido por horas.
―Sólo eran basura.
―Has tardado mucho, pensé que te había pasado algo.
―Te dije que era más sensato esperar a que se agruparan ―le recordó con seriedad. Rin volvió a resoplar y guardó silencio algo apenada por su comportamiento de la tarde―. ¿Estuviste aquí todo este tiempo?
Levantó la cara hacia él, que aún mantenía una mirada entornada en suspicacia que la hacía sentir nerviosa.
―Pues... sí, claro que sí ―admitió encogiéndose de hombros. Como el demonio mantuvo su mirada un instante, Rin tuvo la impresión de que diría algo más. Sin embargo decidió dar un paso al frente para entrar en la casa de una vez por todas. Hasta que la voz de Rin lo detuvo―. Espera. Tienes algo aquí... ―estiró la mano y limpió la suciedad con su pulgar pasándolo con cuidado por el hueso de la quijada, conteniendo su asco al ver que se trataba de un ínfimo rastro de sangre, la única prueba de su reciente pelea pues no había ninguna otra mancha en su ropa, estola o cabello.
Alzó los ojos hasta los suyos cuando su pulgar llegó hasta la barbilla, y creyendo que se estaba pasando de límites en cuanto a su espacio personal, retiró la mano rápidamente y agachó la cabeza a modo de disculpa.
―Perdona por haberme exaltado ―musitó con un ligero tartamudeo―, no tenía idea de que podrías controlar las cosas de esa manera, no quise ofenderte. Y... gracias por haber ido.
―No tiene importancia.
―Tal vez no para ti, pero... ―su voz murió cuando sinceramente no encontró nada más que decir. Se sentía tonta por haber actuado de esa manera como si el mundo fuera a acabarse en cuestión de segundos y más aún haciéndolo salir en contra de sus propios planes. Se había quedado horas ahí afuera, esperando a sus contrincantes hasta acabarlos a todos antes de volver, en lugar de seguir su idea lógica de esperar a que se reunieran en su totalidad. Sólo porque ella había tenido un pequeño ataque de pánico.
―Ibas a decirme algo ―se volteó él de repente en lugar de marcharse, quedando cara a cara.
―¿Qué?
―Antes de que supieras del ataque subiste a decirme algo. ¿Qué era?
Rin abrió la boca un segundo antes de volver al cerrarla cuando recordó el verdadero motivo de querer hablar con él. Era extraño... lo había tratado como una prioridad a la cual le había costado días cosechar el coraje apenas para pedirlo, y al momento de pensar que su vida corría peligro simplemente se le había olvidado.
Lo miró antes de decidir que su petición era demasiado importante como para dejarla de lado por vergüenza, así que simplemente lo hizo sin apartarle los ojos de encima con determinación.
―Cuando llegué dijiste que lo que sea que pidiera se me sería concedido, ¿no es así? ¿Lo decías en serio, lo que fuera?
―Lo que sea que desees será tuyo ―confirió con un tinte de suspicacia. Rin curtió un poco sus facciones como si le costara creerlo. Y en un momento de debilidad por intentar disipar el ambiente tan tenso, suspiró con una sonrisa incrédula.
―Claro, entonces quiero un dragón de dos cabezas que lance rayos y pueda volar ―resopló inocentemente esperando verlo ablandar su ceño fruncido. Pero al contrario de lo que pretendía, su semblante se endureció más―. Estoy bromeando, fue un chiste. No te lo vayas a tomar en serio. En realidad... quería pedirte que me enseñaras a pasar objetos al otro lado.
Sesshomaru se quedó ligeramente extrañado. Quizás él era fácil de impresionar con pequeños gestos o era ella en particular que hacía cosas que no comprendía.
―No puedes hacer eso ―le negó tranquilamente. Su corazón dio un brinco doloroso.
―¿Por qué no? Si tú puedes hacerlo entonces yo también puedo aprender.
―Puedo hacerlo porque con mi youki abro un agujero en la barrera que separa ambos mundos ―explicó con sencillez―. Este lugar es un punto intermedio; una ventana, si prefieres verlo de esa manera. Aquí es fácil mantener contacto con el mundo contrario por ambas partes. Pero para abrir una brecha es necesario sacrificar energía espiritual o demoniaca para conseguirlo.
―Es decir... ―musitó cuando comprendió lo que quería decir― ¿que das de tu poder para interactuar con el otro lado?
―No. Sólo para pasar de un sitio al otro. Interactuar es un asunto diferente ―tildó la cabeza en su dirección―, en especial si existe un receptor tan perceptivo.
La muchacha bajó los hombros con desilusión, pasando por alto el pequeño gesto hacia ella. Apretó la mano sobre su pecho, justo por encima de los papeles doblados que guardaba con recelo. Tanto que se había esforzado para escribir aquello para que al final nunca fueran a parar en las manos correctas.
―¿Qué querías enviar al otro lado? ―inquirió el demonio fijándose en su mano y lo que podía haber debajo. Rin extrajo el fajo de hojas de su solapa y las mantuvo pegadas a su pecho con la cabeza gacha.
―Una carta para mis padres y amigos. Quería que no se preocuparan tanto por mí y que supieran que estoy bien... ―suspiró hondamente y levantó la vista hacia él casi suplicante―. ¿Podrías... pasarla por mí?
Tuvo muchísimo miedo de que bajo aquella fría y afilada mirada saliera el inugami despiadado que la había arrancado de su hogar sin miramientos. Temía que se negara a que mantuviera contacto con su familia, temía que repentinamente tomara la carta y la hiciera pedazos en su cara. Esas y muchas otras crueles ideas pasaron a gran velocidad por su mente, y debía ser demasiado evidente lo que pensaba porque Sesshomaru apretó un poco la mandíbula en una especie de tic molesto.
Y para su sorpresa, extendió su mano hablando con una docilidad que no se había esperado.
―Dámela.
Las dejó en su mano un tanto titubeante, no sin antes tener un último instante de duda. ¿No se había prometido horas atrás que dejaría de darle tantas vueltas a todo y no se dejaría llevar por sus ideas sin fundamento? Pero era difícil seguir esa regla cuando tenía ante sí un sujeto tan impredecible.
―¿Puedo ver cómo lo haces?
―Si eso quieres ―contestó monótonamente, dándose media vuelta para ir hacia las escaleras. Rin se situó detrás de él y lo siguió silenciosamente hasta la planta baja, específicamente hasta el sitio donde siempre solían reunirse cuando estaban en planos separados. Se situó entonces frente a él, viendo fijamente su mano derecha con la que sostenía las siete hojas dobladas.
Sin mayor ceremonia, hizo un corto movimiento ascendente como si estuviera intentando empujar alguna fuerza invisible que ponía bastante resistencia. Rin ahogó un respingo cuando vio su piel enrojecerse mientras más tiempo continuaban esa posición, tal y como había pasado cuando había intentado pasar la barrera que limitaba su encierro.
Cuando su brazo estuvo recto a la altura de su hombro y su mano se encontraba con un aspecto que parecía ser doloroso, sus dedos se abrieron y la carta simplemente se desvaneció en un parpadeo. El demonio retrajo el brazo de la fisura que había creado y lo dejó caer a un costado sin quitar los ojos del espacio donde había estado la carta momentos antes. Seguramente la estaba viendo caer al suelo en ese momento, pues sus ojos seguían el descenso de algún objeto invisible.
Levantó la cara hacia ella, quien lo miraba estupefacta, y asintió una sola vez dándole a entender que ya había terminado.
―¡Santo cielo, tu mano! ¿Estás bien? ¿Te duele?
―Sanará en unos minutos ―contestó restándole importancia como siempre, apenas dedicándole una mirada a su piel irritada. Rin tomó su mano herida entre las suyas más pequeñas y la examinó de cerca consternada.
―¿Esto es lo que te pasaba cada vez que tomabas o dejabas cosas?
―Es lo que suele suceder.
De nuevo ahogó un respingo al darse cuenta de algo muy importante. Apretó su mano un poco mientras levantaba la cara hacia él.
―Entonces... oh, Dios, ¡te dejé demasiadas cosas! Y te hice jugar juegos de mesa, te hice pasar y devolverme libros... ¿Por qué nunca me dijiste que te herías cada vez que interactuabas conmigo?
―Carece de importancia.
―¡No, claro que no! Te hacías daño, yo te hacía daño, y aún así... ¿Por qué seguías haciéndolo? Mira cómo quedaste... ―su voz bajó considerablemente el volumen, torciendo la cabeza intentando comprender. Sesshomaru mantenía su rostro impávido característico, fallando en encontrar un punto que pudiera preocuparla de tal manera.
―Una herida tan insignificante no es impedimento para mí, ya deberías saberlo.
La chica infló las mejillas al intuir que jamás sacaría una respuesta directa de ese sujeto tan evasivo. Pero no tenía importancia en realidad, el hecho de que estuviera dispuesto a lastimarse las manos para interactuar con ella durante todos esos años le hacía sentir un no sé qué muy dentro de sí.
Cambió su expresión contrariada por una sonrisa suave y agradecida sin siquiera notarlo.
―¿Qué ocurre? ―inquirió el hombre sin dejar de lado su suspicacia. Parecía que todas las reacciones repentinas de Rin le causaban extrañeza aún cuando la conociera desde pequeña.
Soltó su mano con algo de aprensión al notar que la había estado apretujando por más tiempo del necesario, posiblemente causándole más molestias.
―N-nada, no pasa nada. Te lo agradezco ―se inclinó como muestra de respeto, pues no tenía mayor manera de expresar su enorme gratitud―. Significa mucho para mí que lo hayas hecho aunque digas que es una tontería. Espero que mis padres encuentren algo de tranquilidad después de semanas de ausencia... Con que sepan que estoy bien me basta. Sesshomaru ―lo llamó cuando él disponía a retirarse en dirección al patio tras unos segundos de pausa. El demonio detuvo sus pasos para escucharla―. ¿Podrías avisarme si alguien viene a recogerla? ¿Y si me dejan una respuesta?
Y a pesar de que sus facciones se habían tensado ligeramente mientras la miraba con fijación por el rabillo del ojo, Rin ésta vez no tuvo dudas de su respuesta.
―Si eso es lo que quieres ―dijo antes de desaparecer en un salto hacia el exterior que lo alejó de su campo de visión. La sonrisa de Rin se mantuvo un tanto tenue mientras tomaba su propio camino en dirección a las cocinas. Podía sentir que ese día, en ese preciso momento, algo pequeño pero crucial había cambiado para bien.
Sesshomaru, de pie en el borde del muro viendo hacia el lado sur del bosque, también fue consciente de ese cambio aunque no quiso reconocerlo de manera consciente. Rin le había preguntado antes si habían ido humanos hasta la casa a buscarla, ya que no era capaz de percibir nada fuera de lo normal aun cuando permaneciera horas en la planta baja esperando ver o sentir a alguna persona.
Y él le había respondido con la verdad... a medias.
'Humanos con uniformes azules' le dijo en esa ocasión, a lo que ella dijo que esos debían ser policías. Lo bombardeó con preguntas de todo tipo, desde cuántos eran, qué cosas decían, cuánto tiempo se quedaban y si había visto a personas pertenecientes a su grupo de amigos o núcleo familiar. La muchacha se fue algo desanimada tras escuchar su no a esa última pregunta y algunas otras cosas un tanto vagas para las demás.
No quería decirle que sus padres y algunos de sus amigos habían ido hasta ese lugar llamándola a voz de grito. Lo habían hecho de nuevo aquella tarde, por lo que no dudaría que encontrarían la carta la próxima vez que fueran a buscarla.
Él sí los veía y los oía, sabía el desespero que los invadía, el miedo, la culpa y el dolor. Y sabiéndolo tan bien, se mantenía impávido sin mover un músculo para controlar su ira. En respeto a Rin, no les daría muestras siquiera de su presencia, pasaría inadvertido y no los dañaría aún cuando cada fibra de su ser se lo exigiera.
Mantenía esa información para sí mismo con recelo, sabiendo lo alterada que se pondría si supiera la verdad. Gritaría, lloraría y cometería alguna estupidez para reunirse con ellos, incluso lo desafiaría de nuevo como ya había hecho al llegar y se arriesgaría a hacerlo perder su paciencia.
Sesshomaru era un demonio metódico y muy frío, pero a consecuencia de sus innumerables años de encierro, su carácter se había vuelto explosivo e impredecible con solamente un impulso. Era precisamente gracias a Rin que aquella ira había sido mejor controlada con el paso del tiempo después de conocerla, y quizás era uno de los motivos por el cual la había arrastrado a ese mundo.
Y cómo se odiaba por ello. Se odiaba por depender de ella de esa forma tan humillante.
Así que no le comentaría nada sobre las visitas desesperadas de sus padres y amigos, jamás sabría nada de la cantidad de veces que había sido silente testigo de la desesperación de las personas más próximas a la muchacha en el mísero transcurso de esas tres semanas. Los humanos eran patéticos, se decía asqueado al ver la debilidad que poseían y lo fácil que era quebrarlos.
Pero, cuando veía el dolor de su madre gritando el nombre de su hija mientras lloraba, y la moral destrozada de su padre cuando se forzaba a seguir llamándola, apretaba la mandíbula y en algunas ocasiones se iba de la escena. Sabía que no podía culparlos a ellos, Rin siempre había hablado de lo unida que era su familia y lo importantes que eran sus padres para ella. No era algo con lo que él pudiera tener empatía pues no compartía esa cercanía con los miembros de su familia, pero veía su profunda tristeza y de cierta manera sabía lo mucho que la lastimaba.
Si le contaba la verdad, la destrozaría por completo.
No podía permitirlo ahora que se estaba recuperando del shock inicial del paso entre mundos.
Y no quería que lo obligara a hacer algo drástico para solucionar la fuerte depresión que le caería encima. Algo como dejarla ir.
Encontró por fin lo que estaba buscando después de varios minutos de vigilancia y descendió grácilmente al exterior. Mientras caminaba por el bosque, no pudo evitar que un nuevo y molesto pensamiento lo aguijoneara antes de bloquearlo con apatía.
Lo que los humanos tenían de débiles, Sesshomaru lo tenía de egoísta multiplicado por diez.
...
Rin se despertó de golpe pateando las sábanas para librarse del agarre imaginario. Miró a todas partes en busca de su agresor lista para golpearlo con el celular apagado que guardaba debajo de su almohada y gritar como loca.
Sus latidos aún estaban desbocados cuando cayó en la realización de que sólo había tenido una pesadilla. La estresante experiencia de esa tarde le había dejado un muy mal sabor de boca que su subconsciente no había dudado en amplificar mientras dormía.
Su reloj digital marcaban las cuatro y tanto de la mañana, y el cielo aún se veía de un azul oscuro desde su ventana. Sentía la garganta seca tras la agitada pesadilla, pero cuando se llevaba la cantimplora que siempre conservaba al lado del futón se dio cuenta de que estaba prácticamente vacía. Se le revolvió un poco el estómago al pensar que tenía que recorrer la mansión hasta el pozo al lado de la cocina a oscuras.
―Maldición, tengo mucha sed ―musitó entre dientes al intentar ignorar la sensación rasposa. Sin mayor remedio, terminó de sacarse las sábanas de encima y salió de su habitación con la cantimplora apretada fuertemente entre las manos. El único rastro de luz que entraba a los pasillos venía del tenue resplandor de la luna y las estrellas que se colaba por las ventanas, lo cual apenas era suficiente como para saber dónde estaban los escalones para no caerse.
Llegó a la planta baja aún con los latidos rápidos pero definitivamente más tranquilos al ver la absoluta calma que había en el lugar. Se aseguró de pensar que si llegaba a entrar algún demonio, Sesshomaru no demoraría ni un segundo en aparecer y deshacerse de él. Ya no tenía motivos para dudar de su habilidad, así que eso también la ayudó bastante a relajarse y continuar con su camino.
Pero cuando pasaba por la puerta para atravesar la cocina, toda su confianza se escurrió de golpe.
Lo único que pudo hacer fue gritar con todas sus fuerzas.
...
Sesshomaru ni siquiera terminó de escuchar su grito cuando atravesó toda la casa desde donde estaba para ir hasta ella. Entró en la cocina con las garras en alto listo para despedazar a cualquier criatura cuando se detuvo en seco por lo que estaba viendo.
Rin alzaba una vasija de barro sobre su cabeza para usarla como arma en contra de Jaken y sus vasallos que sólo reabastecían las provisiones. Algunos pequeños demonios corrían en círculos sin saber qué hacer, mientras otros se asomaban por la salida contraria viendo hacia la humana casi con terror. Un grupo la rodeaba amenazándola con bastones y puños, y Jaken, justo en frente de ella, la apuntaba con su báculo de dos cabezas gritándole un puñado de palabras sin sentido para que se callara.
Era sin dudas la escena más estúpida que había presenciado jamás.
―¡Oh, amo Sesshomaru! ―se alegró el hombrecillo verde en cuanto notó su presencia. El volumen en la habitación descendió hasta casi convertirse en un mutismo en el que sólo se escuchaban los murmullos apagados de algunos demonios de río. Rin se quedó estupefacta viéndolo, le temblaban los brazos por el esfuerzo de mantener arriba la vasija―. ¡Cómo me honra estar ante su presencia, gran señor! Perdone este imprevisto, la humana se niega a escuchar razones y nos trata como enemigos sólo cuando pretendíamos cumplir sus órdenes de abastecer los almacenes.
―Oh... ¿Así que por eso están aquí? ―musitó la chica para sí, bajando el jarrón.
―¡Pues claro que sí, niña tonta! ¿Crees que osaríamos en desafiar al amo Sesshomaru cuando sabemos de primera mano su poder? ¡No me hagas reír! ¡Casi no recordaba lo tontos que son los humanos!
―¿Qué haces aquí, Rin? ―inquirió el inugami para hacer callar a Jaken.
―Ah... sólo vine por agua ―le mostró la cantimplora que colgaba de un cordón en su muñeca―. No tenía idea de quiénes eran, pensé que estaban atacando la casa.
―¡Serás idiota! ¡Atacar esta casa, cómo no!
La muchacha vio apenada hacia los demonios verdes y pequeños que había confundido con el enemigo. Era la primera vez que conocía a los sirvientes de Sesshomaru y ya había intentado echarlos a patadas. Comenzamos bien, se dijo sarcásticamente.
―Lo lamento ―hizo una reverencia marcada ante Jaken y los youkais que tenía enfrente―. No tenía idea de que estaban a las órdenes de Sesshomaru, no tuve que haberles atacado. ¡Lo siento mucho! No quise causar problemas.
―¡Sí, más te vale disculparte, tonta! Pero de poco te sirve, ¡ya nos causaste muchos problemas! Mira que hacer venir hasta aquí al amo Sesshomaru y encima tratarlo de esa manera tan irrespetuosa...
―Suficiente, Jaken.
―¡Pero amo, es una niña grosera que necesita aprender modales! Si usted me lo permite, me encargaré personalmente de...
―¿Te llamas Jaken? ―lo interrumpió Rin con curiosidad. Por más enojado y amenazante que pudiera intentar hacerse ver con sus insultos y amenazas, le parecía más bien un personaje gracioso e interesante. Al menos era el único demonio a parte de Sesshomaru que no tenía intenciones de comérsela.
―¡Gran Jaken para ti, humana!
―Gran Jaken ―hizo una nueva inclinación siguiéndole el juego―. Es un gusto conocerlo, me llamo Rin. ¿Son ustedes quienes traen la comida hasta aquí para mí?
―¡No para ti! Son órdenes del amo Sesshomaru, sólo por eso hacemos esto. Niña tonta...
―Pues se los agradezco mucho, de verdad ―les sonrió de tal manera que dejó a muchos de ellos desconcertados. Estaban tan acostumbrados a seguir órdenes a los gritos y malos tratos de Jaken y a la indiferencia absoluta por parte de Sesshomaru, que no tenían idea de cómo sentirse ante su primer gesto amable.
Muchos de sus lacayos miraban a Jaken a esperas de instrucciones, pero él estaba demasiado ocupado examinando a Rin con ojo crítico lleno de sospecha. Él no necesitaba muestras de gratitud o cordialidad, sino dejar a esa humana en su sitio por ser irrespetuosa con el inugami que servía fervientemente.
―¿Trajiste el recado que te hice? ―preguntó Sesshomaru obviando por completo la inusual interacción que tenía delante. Jaken se giró y se echó al suelo pegando la frente varias veces a modo de exagerada disculpa.
―Lo lamento profundamente, amo, pero aún no lo hemos encontrado. Tengo un grupo iniciando la búsqueda en este momento, en cuanto demos con él lo traeremos ante usted.
―Bien. Márchense en cuanto hayan terminado.
―¡Por supuesto amo! ¡Ya lo escucharon, holgazanes, muévanse!
Rin se quedó pegada a la pared viendo cómo aquellas pequeñas criaturas verdes con taparrabos traían incontables cantidades de alimentos y los ordenaban pulcramente en la cocina: desde plantas, legumbres, frutas y tubérculos hasta pescado seco, sacos de arroz, especias, sal, y un montón de cosas más que no llegó a distinguir por la oscuridad que reinaba en la estancia.
Habérselos encontrado en medio de la noche después de tener los pelos de punta por una vívida pesadilla casi le había dado un ataque al corazón. Eran al menos dos docenas de demonios pequeñitos, verdes y con ojos muy saltones y redondos que les daba el aspecto de sapos antropomórficos. Todos iban con simples atuendos como taparrabos, y sólo uno iba vestido ceremonialmente con un traje marrón que lo distinguía como el cabecilla.
Pero ahora que los veía trabajar tan laboriosamente no podía evitar que se le hicieran un tanto tiernos. Quizás era el tamaño compacto o su habilidad de querer rescatar a todo animalito que se cruzara por su camino, pero cualquier temor que les hubiera guardado minutos atrás se había desvanecido por completo gracias a Sesshomaru.
Los vio limpiar los alimentos en mal estado que Rin no se había llegado a comer ―pues no tenía refrigerador donde conservarlos y no había forma posible de consumir tanta comida en tan poco tiempo―, y tuvo el impulso de ayudarlos en su labor.
―Si no tienes nada que hacer en la cocina te recomiendo que te retires ―la cortó Sesshomaru en cuanto vio sus intenciones.
―Pero... no me importa echarles una mano, si les ayudo terminarán más rápido, ¿no crees?
―¡Humana irrespetuosa! ¿Cómo se te ocurre responderle al señor Sesshomaru? ¡Si te da una orden sólo cúmplela sin rechistar! Qué falta de respeto...
―Cállate, Jaken. Están cumpliendo con su trabajo, Rin, no interfieras ―le recomendó el inugami mientras se daba la vuelta para retirarse. Rin les lanzó una mirada de soslayo con el impulso de llevarle la contraria, pero lo mejor era no ganarse más problemas. Las cosas habían mejorado considerablemente entre ellos sólo unas horas atrás y no quería arruinarlo.
Así que fue hasta el pozo para llenar su cantimplora y perderse tan pronto como fuera posible.
―Oh. Aquí tienes ―se agachó y le extendió una patata al demonio más próximo que sin querer la había soltado. Iba tan cargado en los brazos que no podía con todo a la vez. El pequeño ser la miró extrañadísimo y, en vista de que no podía sostener la patata, la dejó cuidadosamente en la cima del montículo que llevaba encima―. Creo que están dejando demasiada comida, quizás la próxima vez deberían reducir un poco la cantidad. Es una pena que se eche a perder, ¿no crees?
La criatura se perdió a paso apresurado antes de que Jaken pudiera reprenderlos a ambos.
―Muchas gracias por su trabajo, que pasen buenas noches. Hasta luego, gran Jaken. Un gusto conocerlo ―se inclinó en el marco de la puerta que daba hacia la mansión.
―Ya vete, niña fastidiosa ―refunfuñó el hombrecillo antes de regresar a lo que estaba haciendo. Rin volvió a sonreír, fijándose que algunos de sus seguidores la veían de reojo con mucha curiosidad. Les dedicó un saludo amistoso antes de irse del que nunca obtuvo respuesta.
Seguía lanzando miradas hacia atrás aún cuando ya había entrado a la casa. El cielo comenzaba a lanzar tintes más claros que marcaban la próxima salida del sol, pero aún era demasiado temprano inclusive para ello. Sobre su cabeza, las relucientes estrellas y lejanas formaciones nebulosas seguirían coronando la bóveda celeste al menos por una hora más.
―Creo que son simpáticos ―comentó a Sesshomaru en cuanto lo alcanzó en su ascenso por las escaleras―. Una vez que se pasa la impresión pueden ser hasta adorables. Y el señor Jaken sí que tiene mucha personalidad. ¿Cómo es que trabajan para ti? ¿Siempre lo han hecho o...?
―Me deshice de uno de sus enemigos hace décadas, desde entonces me juraron su absurda lealtad ―obvió el detalle en el que incluía lo cerca que había estado de matar a Jaken y eliminar a todos sus lacayos porque sabía lo fácil que era Rin de impresionar.
―¿Así sin más? Debía ser un enemigo que les causaba muchos problemas entonces. ¿Y hacen todo lo que les dices o tienen alguna especie de trato? ¿Cómo les pagas por sus servicios? ―quiso saber al recordar lo duro que aquellas pequeñas criaturas habían trabajado para dejar la cocina impecable y bien abastecida. Se notaba que recibir órdenes era todo lo que conocían, cosa que la hacía sentir un poco mal.
―Juraron su lealtad a mí, no obtienen nada a cambio.
Rin estuvo a punto de decir lo injusto que le parecía eso e incluso había enumerado un puñado de argumentos con los derechos del trabajador que se había aprendido en una clase de Ciudadanía del colegio, pero prefirió ni tocar el tema. Las leyes humanas no aplicaban a los demonios y ahí no había nada que ella pudiera hacer.
―¿Qué hacían para ti antes de que yo llegara?
―Atraían contrincantes a los que derrotar ―contestó simplemente cuando llegaban al segundo piso. A la chica le costaba un poco seguirle el ritmo por lo marcado que era su paso (además de que en comparación ella tenía las piernas más cortas), pero aún así lo intentaba para mantenerse a su par.
―Oh, ya entiendo. Tú te entretenías luchando y ellos se deshacían de sus enemigos. Qué relación tan provechosa ―comentó inocentemente pasando por alto el atisbo de mala cara que él había puesto ante el 'te entretenías'. La vio de reojo intentando seguirle el ritmo subiendo los escalones casi de dos en dos. Para cuando llegaron al tercer piso, Rin se quedó en su lugar en vez de seguir ascendiendo. Tal parecía que quería decirle algo más pero se había arrepentido en el último momento―. Perdón por el alboroto. Qué manera tan extraña de empezar el día, ¿no crees? Buenas noches. O buenos días, da igual. Disculpa por haberte despertado.
―Yo no duermo ―la corrigió él cuando Rin se daba la vuelta para ir hasta su habitación.
―¿No? ¿Nunca?
―No es mi costumbre.
―¿En serio? Eso no es muy saludable ―añadió con el ceño fruncido como si lo regañara. Eso explica por qué siempre estás de malhumor―. Deberías intentarlo alguna vez aunque fuera por una hora o dos. No sabes las maravillas que causan un poco de sueño reparador o una buena siesta por la tarde.
Pero como Sesshomaru ni siquiera daba una muestra de interés ante su recomendación, terminó por rendirse y encogerse de hombros. La conversación no había terminado, pero no tenía mucho sentido continuarla cuando su interlocutor no estaba de ánimos para formar parte de ella.
―Bueno, pues... hasta luego. Nos veremos más tarde ―le dedicó un gesto con la mano un tanto alterada por su estoica e inmutable presencia que simplemente se había quedado ahí con un pie en el escalón, mirándola con sus ojos calculadores. Era como si intentara comprenderla o descifrarla, y ser objeto de tal fija atención la ponía nerviosa.
Convivir con un demonio sí que era toda una aventura.
...
La mujer resopló nerviosa ante el descaro del periodista que acababa de despedir casi a patadas de la casa. Las preguntas de los investigadores de los medios cada vez se hacían más hostiles, como si intentaran sonsacarle la verdad a base de burlas y desacreditaciones.
Aquel último hombre le había preguntado si su hija pertenecía a una secta satánica y se había escapado por cargos por realizar rituales con sacrificios. No era la primera vez que le hacían ese tipo de insinuaciones, pero en esa ocasión no pudo aguantarlo más y le pidió al caballero amablemente que se retirara. Le había faltado muy poco para darle un puñetazo en la cara ante su insistencia y la poca paciencia que tenía ella para lidiar con imbéciles insensibles.
Se llevó una mano a la boca para ahogar el sollozo inminente y se acabó deslizando por la puerta principal de la casa, llorando lo más calladamente que era posible por si aquel estúpido tipo tenía la oreja pegada al otro lado a esperas de detalles para surtir mejor su morbosa historia.
Desde que se había divulgado la noticia de su desaparición el pueblo entero no había dejado de hablar al respecto. Había muchos que le mostraban su apoyo incondicional y hacían de oídos sordos ante las ridículas palabrerías, pero también estaban los que creían en todas las supersticiones que rodeaban el hecho en sí. Ancianos y gente de mente cerrada que aseguraba que los demonios se la habían llevado como castigo, que la habían tomado como sacrificio por tanto profanar el lugar sagrado de poderosos espíritus de la naturaleza... cuentos de ese estilo iban y venían, consternando aún más a los padres de la víctima que ni siquiera sabían qué pensar de todo el asunto.
Una parte de ella temía que la gente supersticiosa tuviera al menos un poco de razón.
Habían escuchado los testimonios de los muchachos y el relato de Issei, más fueron los vídeos los que les cayeron con todo el peso de la realidad amenazando con dejarlos estampados contra el suelo. Ésa era la prueba que le daba sentido a todas las demás, el por qué del terror de sus compañeros de clase, la desesperación y el choque traumático.
Ella creía firmemente que los chicos decían la verdad. No había forma de dudarlo después de ver cómo aquella criatura entre sombras la había tomado del brazo y se la había llevado haciéndola desaparecer en el aire.
Había visto ese último minuto en el que su hija fue plasmada en video con mucho detenimiento, examinando cuadro por cuadro de la grabación hasta que se talló el más mínimo detalle. Cada viruta de polvo volando, cada rastro de vidrio y escombros, cada ruido... cada expresión que Rin había hecho.
Rin había estado aterrorizada, pero a diferencia de sus amigos, había intentado hacer algo. No cabía duda que conocía a esa criatura tan amenazante, que estaban familiarizados el uno con el otro de cierta manera, pues justo cuando esa cosa tomó su brazo la expresión en su rostro se ablandó en comprensión.
Su hija se había entregado sin oposición y con valentía a cambio de la seguridad de sus compañeros.
Issei les explicó cómo Rin se había hecho amiga de ese monstruo y cuáles eran sus intenciones al mantener el contacto constante con él, y tenía mucha lógica considerando su carácter. Rin podía ser distraída, exagerada, dramática y muy hiperactiva, pero si tenía una cualidad a su favor era su corazón. No había ni una pizca de maldad en él, todas sus acciones tenían el propósito de ayudar a cualquier persona o criatura que la necesitara.
Entendía que hubiera querido ganarse la amistad de aquel monstruo, pero... ¿por qué nunca dijo nada? ¿No confiaba en sus padres, creería que no la tomarían en serio o se burlarían de ella?
Ni siquiera sabía qué habría pasado si Rin les hubiera contado todo ella misma desde el principio y ya era demasiado tarde como para hacerse esa dolorosa pregunta.
Donde sea que estuviera sólo rogaba que se encontrara bien.
Caminó arrastrando los pies ante el peso que su ausencia suponía sobre sus hombros, toda la culpa y el remordimiento por no haber podido hacer nada por ella cuando más la necesitaba. Era su madre y había fallado terriblemente en proteger a su única hija.
Llegó hasta su cuarto y se quedó viendo la estancia vacía desde el marco de la puerta. Todo estaba tal cual lo había dejado aquel domingo en la mañana. La cama estaba tendida con prisas, los libros y cuadernos estaban sobre el escritorio, su pijama estaba doblado sobre el respaldo de la silla y las puertas del armario se habían quedado entreabiertas. Aspiró hondamente para captar el aroma tan peculiar de su habitación: olor a loción corporal de manzanas y champú de menta.
Se sentó en el borde de la cama como ya había hecho muchas veces antes y acarició las sábanas con cuidado, temiendo desaparecer con su paso alguna arruga que su hija hubiera dejado. Paseó la vista con nostalgia, recordando la cantidad de veces que le había dicho que ordenara su habitación o no se desvelara haciendo la tarea. Se dejó caer en la almohada bocabajo, abrazándola como si aquel objeto pudiera llevarla hasta donde fuera que estuviera su querida hija. Cómo la extrañaba, cómo se arrepentía por no haber estado más pendiente de ella...
Su lúgubre tren de pensamientos se detuvo cuando sintió que su codo rozaba algo debajo de la almohada, y cuando la levantó, se encontró con el viejo álbum de fotografías de sus padres.
Lo tomó entre sus manos preguntándose por qué Rin se lo había llevado y guardado en ese lugar, y empezó a ojearlo esperando encontrar alguna respuesta entre las viejas fotografías en blanco y negro. Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando llegó a una página en especial que le dio una vista más que conocida.
La casa maldita estaba ahí, de espaldas de su padre, su madre y otros dos amigos más que posaban como si fueran héroes que acabaran de conquistar la cima de una montaña. Pasó el dedo índice por el rostro de su padre, detallando aquella sonrisa congelada eternamente en el tiempo. Si tan sólo supieran sus padres lo que su nieta había vivido en ese mismo lugar...
La secuencia de fotos se tornaba más agitada conforme el grupo avanzaba en su recorrido. Ya no posaban ni sonreían, y el fotógrafo no enfocaba a ninguna persona en particular hasta el punto en el que parecía que presionaba el botón por error. Sea lo que sea que se hubiera llevado a Rin también había aterrorizado a sus padres décadas atrás, con la diferencia de que nadie había sufrido ningún percance de grandes proporciones... que se viera en las imágenes, por lo menos.
La mujer se acercó hasta estar a un palmo del álbum, esperando encontrar la sombra oscura del vídeo en alguna esquina. En algunas le parecía distinguir una silueta humana, pero el enfoque era tan malo que era muy difícil asegurarlo.
Hasta que llegó a una de las últimas fotos, esa en la que se veía el rostro asustado de su madre gritando. Recordaba haber visto aquella imagen años atrás cuando le mostró el álbum a Rin. En ese entonces la cara de la mujer era el único elemento en la esquina superior derecha al estar la cámara volteada apuntando al techo.
Pero no apuntaba al techo exactamente.
El aire se le escurrió de los pulmones cuando vio claramente la figura masculina de aquella criatura que había tomado el brazo de su hija. Casi no se distinguía por la mala calidad de la imagen en blanco y negro, pero tampoco se podía negar que estaba ahí, retratado en una carrera como si fuera un depredador a punto de saltar sobre su presa.
Sentía las manos entumecidas y la garganta muy seca ante el descubrimiento, pero aún así se obligó a buscar alguna información que sus padres hubieran dejado atrás, algún dato o explicación para aquella secuencia tan perturbadora. Despegó con cuidado cada una de las fotografías para ver su revés, frustrándose al encontrarlas solamente con algunas manchas de humedad amarillentas. Llegó hasta la primera foto, esa en la que el grupo de amigos posaba arrogantemente frente a la casa y encontró sólo una escritura con la letra de su madre:
21 de junio de 1957.
¿21 de junio? ¿No era ese el mismo día que Rin había desaparecido? Sus ojos se arrugaron extrañados. ¿Era esa una casualidad?
Con la adrenalina corriendo a millón por sus venas soltó el álbum sin importarle dejar todas las fotografías arrancadas regadas en el suelo del cuarto de Rin. Fue a su cuarto y desconectó el celular que había dejado cargándose en la mesita de noche, pasando por alto todas las notificaciones pendientes que se habían acumulado en la última hora que lo dejó desatendido. Navegó entre los contactos hasta dar con uno en particular.
―¡Hashimoto! Qué sorpresa que me llames, justo pensaba en hacerlo hace un momento. ¿Cómo estás? ¿Algún avance en la investigación de tu hija?
―Uetami, necesito un favor ―fue directo al grano. Hideo Uetami era un viejo amigo del trabajo cuando formaba parte del equipo de la radio local. No hablaba mucho con él últimamente, pero siempre que lo veía intercambiaban algunas palabras por cortesía. No le caía demasiado bien por lo altanero que era, pero realmente no tenía muchas opciones.
―Claro, Hashimoto, lo que necesites. ¿Qué pasa?
―¿Todavía estás trabajando en el periódico?
―Sí, aunque pensaba presentar la renuncia porque me han ofrecido una buena oferta en Sapporo. Sabes que no es lo mismo cubrir los eventos deportivos de nuestra pequeña comunidad ante las grandes competencias de la capital de Hokkaido. Me parece que voy a redactar los partidos de beisbol universitarios, ¡eso sí que será emocionante! Es decir, no por ofender a nuestra liga local, pero...
―Eso es fantástico, Uetami, te felicito, pero ¿puedes hacer algo por mí?
―Oh, sí, sí, lo siento. Es que este nuevo trabajo suena tan bien que me dejé llevar. ¿Qué necesitas?
―Sé que sonará extraño y está totalmente fuera de tu área, pero, ¿podrías ver los archivos relacionados con la casa maldita? Necesito saber la fecha en la que ocurrieron los peores accidentes.
―Eh... ―el interlocutor se quedó mudo por un momento. Si pensaba en replicarle o burlarse no le interesaba en lo más mínimo, por lo que estaba dispuesta a insistir mucho más por lo que pedía―. ¿No crees en esas cosas sobrenaturales, verdad? Es imposible que haya fantasmas ahí, es sólo superstición. Estoy seguro de que hay otra explicación para la desaparición de tu hija. Mira, mi colega Shimizu de Crónicas me habló de esta teoría y...
Pero la mujer lo cortó abruptamente comenzando a arrepentirse por haberlo llamado en primer lugar. No quería escuchar la teoría del condenado periodista Shimizu porque era el mismo tipo que había sacado de su casa minutos atrás.
―Por favor, Uetami, concéntrate. Sólo necesito saber las fechas de estos accidentes. ¿Puedes hacer esto por mí?
El hombre guardó silencio un tanto desconcertado por su actitud tan cortante, pero al final no le quedó más que acceder sin muy buena gana.
―Está bien. Estoy en el trabajo de todas formas, puedo echar un vistazo en el archivo y pedirle a alguien de Sucesos que me ayude. ¿Cuál es tu duda específicamente?
―Quiero saber si hubieron muertes o accidentes graves en fechas cercanas al 21 de junio ―explicó rápidamente, cansada de repetirse. El sujeto le respondió con ligereza como si la sola idea le pareciera graciosa. Tenía unas enormes ganas de darle un buen golpe en su cara de idiota pero debía mantenerse enfocada por el momento.
―Sí, claro. Seguro, lo que digas, Hashimoto. Ahora tengo un rato libre porque mi último artículo está siendo pasado a limpio por mi asistente, así que no me cuesta nada ―comentó siguiéndole la corriente con un aire humorístico que no pintaba nada en la situación tan seria que trataba la conversación―. Te mantendré informada, ¿está bien? Pero te voy a pedir que no te ilusiones demasiado, recuerda que no hay que dejarse llevar por supersticiones ridículas, son tus nervios los que ven por ti, no tu lógica ―agregó prepotente como dándole una lección elemental a un niño pequeño especialmente tonto. La mujer apretó los dientes y agradeció que no estuvieran cara a cara para no tener que esconder su repulsión.
―Lo tendré en cuenta, Uetami ―se forzó a decir con un tono neutral―. Te lo agradezco mucho. Hasta luego. Imbécil ―musitó una vez que la llamada finalizó. Podría haberle pedido el favor a su marido o a otras personas que pudieran manejar alguna clase de información relacionada, pero Uetami era realmente el único que tenía los registros reales a su alcance inmediato y podía darle la fecha exacta que tanto necesitaba.
Se llevó una mano a la frente mientras soltaba un prolongado suspiro para pasar el mal rato y regresó a ordenar el pequeño desastre que había dejado en la recámara de Rin. No sabía qué conseguiría si encontraba que la fecha no era una coincidencia, pero... tenía la esperanza de que al menos fuera una pista para recuperar a su hija de las garras de ese monstruo.
Cerró el álbum reorganizado y lo dejó sobre la cama con una mirada melancólica. Justo entonces su teléfono vibró en el suelo sacándola de su ensoñación. Por una milésima de segundo pensó que se podría tratar de Uetami, pero era demasiado pronto como para que hubiera terminado la investigación. Obviamente estaba en lo cierto.
―Hola, Hizashi, cariño ―suspiró esbozando una sonrisa triste―. Qué bueno que llamas.
―¿Te encuentras bien, Yuriko? ¿Estás en casa?
―Sí, cariño, estoy aquí ―respondió obviando la primera pregunta. No estaba bien desde la desaparición de su hija y no tenía caso mentir al respecto. Su esposo lo sabía mejor que nadie.
―La policía acaba de llamarme, Yuriko, dicen que encontraron algo dentro de la mansión.
―¿Algo? ¿Cómo que algo, qué es? ―la mujer se puso en pie de golpe apretando fuertemente el teléfono contra su oreja.
―Un sobre con hojas de papel adentro. Yuriko... dicen que Rin dejó una carta en el suelo de la casa maldita.
―¿Qué? ―chilló―. ¿Cómo es eso? ¿Una carta de Rin? ¿Dónde estás ahora, en la estación de policía?
―Me llamaron a la universidad y estoy en el tren ahora mismo ―contestó. Su esposo se había reintegrado al trabajo a regañadientes aquella semana por temor a ser despedido tras su larga ausencia. Pese a que sus superiores se habían mostrado tenuemente comprensivos por su situación, no eran demasiado flexibles ante lo que creían un caso de rebeldía adolescente.
―¡Entonces me voy a la estación! Santo cielo, eso me pasa por dejar el teléfono en silencio durante esa estúpida entrevista. Una carta... ¿pero cómo Rin habrá podido...? ―comenzó a caminar apresurada por toda la casa buscando su bolso y un abrigo ligero por si regresaba demasiado tarde.
―No sabemos si fue ella en realidad, te pido que no te hagas ilusiones en caso... en caso de que sea una falsa alarma. Por favor ―pidió con un resoplido forzado.
―Voy a ver de qué se trata esta carta, Hizashi, cuando la vea decidiré si ilusionarme o no. Nos vemos en la estación.
―De acuerdo. Nos vemos.
Guardó el celular en el bolsillo de su falda y se ajustó el bolso en el brazo antes de bajar las escaleras a toda prisa con el corazón latiéndole acelerado y su escaso almuerzo amenazando con salir disparado de su garganta. Llegó corriendo a la parada de autobús más cercana y esperó impaciente a que el colectivo pasara con una lentitud que parecía adrede.
Cuando llegó a la estación de policía fue recibida por el detective que llevaba el caso de su hija desde el día uno, el oficial Hachiken. La hizo pasar a su oficina donde estaba parte de su equipo de investigación y empezó a explicarle su rutina de reconocimiento en la escena de los hechos y cómo habían encontrado el sobre en el suelo. Su plática pasó como un zumbido ante los oídos de la mujer que casi se abalanzó sobre el objeto en cuestión en cuanto el hombre se lo enseñó pidiéndole que lo examinara con calma e identificara si aquella era la letra de su hija.
Yuriko Hashimoto juró que por un instante el alma se escapó de su cuerpo en cuanto vio que sin dudas su hija había escrito aquellas primeras palabras con las que se topó. A pesar de que eran trazos un tanto más gruesos e irregulares de los que acostumbraba a ver en sus apuntes escolares ―probablemente por el uso de un pincel tradicional en lugar de un bolígrafo―, no había forma de ocultar que ella era la autora.
Sus ojos se aguaron en cuanto vio cómo abría el mensaje:
Queridos papá y mamá: Estoy bien. Lamento muchísimo todo este desastre, nunca quise que fuera así, pero cuando me di cuenta de lo que pasaba ya no había vuelta atrás. Por favor, no se...
No pudo seguir leyendo porque tenía la vista tan nublada por las lágrimas que todos los caracteres escritos no eran más que un borrón oscuro. Apretó la carta contra su pecho pensando que su adorada hija la había tenido entre sus manos momentos antes, prueba inequívoca de que seguía con vida.
No podía explicar dónde estaba ni cómo había llegado ahí, pero sólo con leer aquella primera oración supo que su niña no se había perdido para siempre.
Su esposo la encontró media hora después entre sollozos siendo consolada por un miembro del equipo, aún apretando la evidencia como si temiera que la fueran a romper si no la sostenía con todas sus fuerzas.
Hizashi no pudo evitar que algunas lágrimas se colaran entre sus ojos cuando vio la carta y, al igual que su mujer, reconoció la letra de Rin.
Tan absortos estaban los dos ante el nuevo hallazgo que no fue sino hasta mucho, mucho después, tarde en la noche cuando regresaron con una copia de la carta para poder leerla con detenimiento, que se dieron cuenta de que había algo importante que también necesitaba su atención.
El teléfono de Yuriko marcaba diversas llamadas perdidas de Uetami que nunca llegó a escuchar por la conmoción. Al final el hombre le había enviado un mensaje que dejó a la pareja perpleja:
Tenías razón, Hashimoto. La mayoría de las muertes y peores accidentes ocurrieron un 21 de junio. Hubo personas heridas en otras fechas, pero las muertes siempre fueron un 21 de junio o un 21 de diciembre. ¿Crees que sea coincidencia?
Pero lejos de tomarse el último cuestionamiento en el tono sarcástico en el que Uetami lo había escrito, ambos padres se miraron el uno al otro con un pensamiento muy similar cruzándose por sus cabezas.
―¿21 de junio y 21 de diciembre? ¿Esas no son las fechas del...?
―Del solsticio de verano y el solsticio de invierno ―confirmó él.
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* Fecha del calendario: En el calendario que Rin hizo se aclaró que escribió para cuatro años hasta el 2018, y eso es porque la historia está situada en el 2014. Si se fijan en un calendario, el 21 de junio sí cayó en domingo xD Añado que tenía eso en mente cuando comencé a escribir en agosto del 2014.
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¡Buenas a todos! Actualización temprana en agradecimiento por hacerme llegar a los 600 reviews *-* ¿Ven cómo ayudan sus comentarios? Pueden adelantar el tiempo aunque sea por unas horas xD
Creo que algunas de sus dudas fueron respondidas satisfactoriamente en este capítulo: Apareció Jaken y conoció a Rin (adoré imaginarme esa escena idiota xD), la relación del par estelar se está recuperando y dio un importante paso, incluso hubo un pequeño rastro del romance que no dejan de pedirme con sus reviews xD Rin pudo enviar una carta a su familia y vemos todo el rollo que pasa del otro lado desde la perspectiva de sus padres.
Sé que quieren sólo leer de la pareja, pero me es imposible sólo hablar de ellos. Necesito variedad y mostrar las dos caras de la moneda. Esos personajes también son importantes y siguen jugando un rol fundamental. Lamento si no les gusta, pero así voy a llevar la historia.
Estas hermosas lectoras han aumentado su nivel de sensualidad de manera alucinante por ayudar a conseguir el precioso y redondo 600 en el conteo de los reviews: La chiquita, ByaHisaFan, KacoMU, Jenks, Mena, KeyTen, Meaow, Nameless Shinobi, Laura91ok, Kunoichi2518, MisteryWitch, Lizzy, Karen, Lau Cullen Swan, Floresamaabc, Sara, Gima2618, Pamila, Karin, Alexa Rey, Hooliedanisars, Raquel, Rosedrama, Krayteona, Yoko-Zuki10, Yarisha, Melinna Sesshy, PalomaLowen1, Wissh (cómo te echaba de menos, mujer *-*), BeautifulButterflyPink, Kikyou1213, Jezabel y Karin. Gracias, gracias, GRACIAS a todas, las adoro un montón y sus reviews siempre me suben el ánimo cuando más lo necesito :') (perdónenme si me he saltado algún nombre x_x)
Cuéntenme, ¿qué tal les pareció esta entrega? ¿Satisfechos por los avances aunque sean pequeños? ¿Les gustó la aparición de Jaken? ¿Cuál creen que sea el siguiente personaje en aparecer?
Ahora, respondiendo algunas duditas de sus comentarios:
- Rin perdonó demasiado rápido: Em... no. Ella dijo que no lo ha perdonado. Lo que ha hecho es aceptar su responsabilidad e intentar sobreponerse a su nueva vida. Sesshomaru en realidad NO la manipuló porque le advirtió varias veces que tuviera cuidado con lo que ofrecía. De hecho, él sabía lo fácil que sería manipularla y aún así se negó a hacerlo. El que ella se haya confiado de su amistad y creído que sería blando es algo totalmente diferente. Es un demonio después de todo, creo que se ha portado de manera ejemplar al no hacerle algo mucho peor xD
- Armas de Sesshomaru: No, en esta historia no tiene armas. Quedó encerrado antes de adquirir ninguna espada.
- Capítulos: Esta historia hasta ahora lleva 22 capítulos según mi borrador (o tal vez sean 23, depende de qué tan lago quede). Actualmente estoy escribiendo la primera mitad del capítulo 20.
- Aparición de otros personajes: No sé cuántas veces lo haya dicho, pero vamos oootra vez: todo a su tiempo. No se preocupen que algunos personajes importantes van a aparecer, pero si me pongo a responder cada duda y detallar cada cosita entonces no habría emoción al leer las actualizaciones.
Espero de todo corazón que hayan disfrutado el capítulo y me hagan saber lo que piensan al respecto. Las críticas constructivas son bienvenidas, y les recuerdo que si ven algún dedazo o errorcillo por ahí me lo hagan saber, por favor. Que no importa cuántas veces lea siempre va a haber un puñado de tonterías que se me cuelan.
Un beso enorme a todo el mundo, espero que hayan disfrutado estas vacaciones de pascua. Muchísimas gracias por leer, ¡hasta la próxima!
