Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.
Haunted
Por: Hoshi no Negai
18. A corazón abierto
Rin se sentó lentamente en el suelo con un movimiento que casi parecía mecánico si se tomaba en cuenta la expresión de pasmo que mantenía muy abiertos sus ojos. Todavía sentía el corazón latiendo desbocado, aún sentía muy ligera la cabeza como en una nube. Y sus labios aún cosquilleaban por aquel contacto que había compartido con el demonio.
Llevó dos dedos hasta su labio inferior y lo rozó con tanta delicadeza como si temiera espantar aquella sensación tan electrizante que se negaba a abandonarla. En su vida había besado a alguien y tenía tal embrollo dentro de sí que ni siquiera podía ponerle orden a sus ideas destartaladas.
Sesshomaru la había besado sin miramientos, advertencias ni romanticismos de por medio. Sólo lo había hecho y la dejó en un estado casi catatónico hasta que se separaron unos segundos después. ¿Eso significaba que él la quería? ¿O sólo había sido alguna clase de impulso... de necesidad masculina? Le aterraba pensar en la segunda opción, pero encontraba la primera tan difícil de digerir que no sabía por cual apostar.
Aunque no podía negar que las mariposas de su estómago habían revoloteado con más fuerza que nunca. Tan imposible e inalcanzable que jamás se planteó que pudiera ocurrir. Y sin embargo, había pasado; y había sido él quien tuvo la iniciativa.
Se cubrió la cara enrojecida con ambas manos presa de la vergüenza al recordar cómo se habían mirado a los ojos al separarse. Estaba segura de que su expresión de 'qué demonios...' había sido demasiado evidente. Y más aún cuando Sesshomaru la ayudó a bajar hasta el balcón; su rostro se había puesto tan acalorado que creyó haber estado corriendo un par de kilómetros en pleno verano. Apenas pudo tartamudear un buenas noches antes de irse con paso inestable a su habitación, retorciéndose las manos con unos nervios que la superaban.
El plan que había trazado para hacerlo comprender el error que le había costado su encierro se fue al traste inmediatamente. No era que pretendía seducirlo ni engatusarlo para cumplir sus propios propósitos de que la dejara regresar a su hogar. No se creía capaz de hacer semejante bajeza de manipularlo. Sin embargo, optó por dejarlo en un 'veamos qué pasa si...'. Lo único que había hecho fue, simplemente, quitarse el miedo que tenía de enamorarse de él.
Era estupidísimo ponerlo de esa manera, una cursilería que la empalagaba hasta a ella pues le parecía tan cliché como ridículo. Como si aquello fuera una película de Disney o un cuento romántico. Ella ya creía gustar de él en el sentido más extraño de la expresión antes de que se la llevara a su mundo. Sólo que habían pasado tantas cosas que, puesto infantilmente, no lo creyó merecedor de su cariño hasta ese nivel. ¿Cómo podría guardarle esos sentimientos después de todo lo que había hecho con sus amigos, de arrancarla de su entorno, de ver el motivo por el que estaba recluido entre esas paredes?
Y contra todo pronóstico, descubrió que nunca los había desterrado en realidad, sólo los había mantenido escondidos por miedo y orgullo. Rencor también, posiblemente. Intentaba ser optimista, pero hasta hacía relativamente muy poco debía admitir que una pequeña parte de sí seguía dolida con él por todo lo que había hecho, por ese pasado que aún la atormentaba y ese motivo por el cual estaba varada en esa habitación, tan lejos de la suya propia.
Y aún estando en ese estado tan desconcertante... sonreía.
Se metió en la cama llevándose las sábanas hasta la coronilla para seguir ocultando su rostro y la sonrisa traicionera que la delataba por completo. Por más que le costó dormir aquella noche, repitiendo un montón de razones crueles por la que su felicidad repentina se veía truncada, ningún amargo pensamiento por más cierto que fuera pudo arrebatarle aquella sensación de júbilo esperanzado que curvaba sus labios.
...
Se levantó de golpe muy temprano aquella mañana. No había dormido demasiado, pero poco importaba, tenía asuntos de los que ocuparse. Salió de su habitación caminando de puntillas intentando hacer el menor ruido posible y se detuvo un momento antes de entrar a cuarto de los kimonos a por uno limpio; no, no escuchaba sonido alguno que delatara al otro ocupante de la casa. Él era especialmente silencioso y era prácticamente imposible saber dónde estaba o qué hacía si no se lo podía ver, pero aún así lo quiso intentar por si se lo encontraba súbitamente bajando las escaleras en su dirección.
Cerró la puerta del baño con cuidado y soltó un suspiro mientras se desvestía. Después de mucho tiempo meditándolo con la almohada había resuelto llevar las cosas con toda la calma posible. Su madre se lo había recomendado en una ocasión y era perfectamente válido: no fuerces nada y deja que las cosas sigan su curso natural. Bien, era hora de ponerlo en práctica. Además sólo había sido un beso inocente, ni que hubiera intentado hacerle algo más o darle una fogosa declaración de amor.
Todo estaba bien, sólo fue un beso...
Pero...
Rin frunció la boca al encontrarse con más del mismo drama mental. Había tenido toda una noche de lo mismo y estaba cansada.
Arrebolada como pocas veces en su vida (algo que comenzaba a hacerse más frecuente últimamente), bajó dando pisotones hasta la cocina para buscar su desayuno y preparar el de Ah-Un, quien tomaba el sol tranquilamente echado en la hierba. Como ya no estaba en necesidad de cuidados por alguna herida era libre de caminar y dormir donde quisiera, por lo que dejaba la puerta de su recinto abierta todo el día. Le había quedado la costumbre de dormir bajo techo durante la noche, pero siempre se lo encontraba disfrutando de los primeros rayos del sol cuando bajaba a atenderlo.
El animal se levantó y dio un trote hasta ella cuando la vio llegar, exigiendo descaradamente sus caricias correspondientes mientras soltaba un fuerte ronroneo. Rin roló los ojos y concedió su deseo por unos minutos antes de continuar su camino. Ah-Un había crecido bastante desde su primer día en la mansión, tanto en altura como en músculos por la buena dieta y ejercicio que le hacía mantener, así que no le quedó más opción que quedarse afuera de la cocina a esperar que su comida estuviera lista.
Varias horas después, tras haber limpiado las áreas que frecuentaba el dragón, lavar un poco de ropa y tenderla posteriormente en los cuarteles de los sirvientes ―donde estaban todos los implementos para la labor―, se dejó caer bajo la sombra de un árbol reposando la espalda en el animal que tomaba una siesta. Acarició distraída la crin que estaba más a su alcance y dejó que su mirada se perdiera en las nubes pasajeras. En su mundo, esta sería la fecha que daba inicio a la temporada de lluvias que solía azotar la región, pero no estaba segura si de ese lado el clima fuera igual de predecible. De cualquier manera se aseguraría de reabastecer de leña la hoguera de su habitación en caso de que una lluvia repentina hiciera descender la temperatura drásticamente.
Se tomó sólo unos pocos minutos para descansar antes de levantarse de nuevo de un salto y dirigirse a su siguiente objetivo. Pasó al sector de los sirvientes una vez más y se instaló en lo que creía que debía haber sido algún área común, un espacio semi abierto que daba al lugar donde se suponía que la ropa era lavada. La mitad del sitio estaba techada y poseía ventanales que daban hacia el pequeño patio interno que había entre las habitaciones, logrando que el aire corriera limpiamente de un lado a otro. Por suerte también contaba con paneles plegables que se podían extender en caso de que el clima se tornara demasiado frío como para soportarlo.
Inhaló sonoramente y lo retuvo mientras miraba con decisión el rústico telar que tenía en frente en todo el centro de la habitación. Ahí, en el marco horizontal, estaba su último proyecto a medio terminar mientras que por el otro lado se desparramaban todos los hilos que el peine aún no había colocado en el diseño ―algo disparejo a su poca destreza en el arte, por cierto― . Tomó su lugar en el pequeño asiento de madera, dispuesta a terminarlo en la próxima hora para aprovechar la luz del sol. Fijó la banda del pedal en su pie derecho y comenzó a mover el peine y los rodillos esforzándose por hacerlo lo mejor posible. Lo cual en su caso significaba a hacerlo lo menos feo dentro de sus posibilidades.
Los lacayos de Jaken le habían explicado con pelos y señales cómo funcionaba esa máquina, y desde entonces estaba decidida a dominarla a como diera lugar. Su primer intento había sido un simple cuadrado de tela para hacer un cojín, y le había quedado tan feo que le daba hasta algo de pena mirarlo. Pero ya a su segundo intento, una manta para Ah-Un para cuando llegara el invierno, se sintió mucho más orgullosa y con la suficiente confianza como para dejarse llevar al siguiente nivel.
Arrastró el peine y aseguró la hilera viéndola con ojo crítico, conforme por cómo le estaba quedando. No era una maravilla, pero para ser el tercer intento y encima con un patrón de cuadros no estaba tan mal. Al menos ya le quedaba poco. Después de eso sólo le faltaría organizar algunas cosas más y...
―Rin ―llamó la voz de Sesshomaru. Sus manos se levantaron inmediatamente del artefacto al escuchar la voz peligrosamente cerca de donde ella estaba sentada con el telar. Se levantó de golpe al sentir sus pasos resonando en el pasillo próximo al área común y casi se cae echándolo todo a perder por no desprenderse del pedal sujeto en su tobillo. Lo interceptó justo antes de que llegara y viera lo que estaba haciendo, casi chocándose de frente con él.
―¡No! ¡No entres, no veas! ―alzó sus manos hacia su cara en un intento de bloquearle la visión.
―¿Qué estás haciendo? ―cuestionó con un tinte de sospecha y acusación en su voz.
―Nada malo, pero no lo puedes ver.
―¿Por qué?
―Porque es una sorpresa.
―¿Y?
―Que es una sorpresa para ti y no está lista, así que no la puedes ver ―le dijo meciéndose hacia adelante para marcar el límite que le prohibía cruzar. Le mantuvo la mirada firme hasta que el demonio relajó un poco los hombros y decidió que era mejor no insistir. Rin sonrió de suficiencia al saberse victoriosa. Sesshomaru entrecerró levemente los párpados y de todas formas le dijo:
―No me gustan las sorpresas.
―Pues esta te va a gustar o si no... no sé. Te fastidias ―estimó dando una cabezada con toda seguridad. En la pequeña pausa que siguió, la postura de la muchacha flanqueó ante la seria mirada que el hombre mantenía sobre ella. Trató de disfrazar su repentina timidez y sonrojo con un carraspeo para aparentar normalidad―. Me estabas llamando, ¿sucede algo?
―Más cartas ―explicó parcamente extendiéndole la mano donde llevaba un grueso fajo de cartas pertenecientes a las personas del otro lado. Le pareció que el corazón le pesaba todavía más cuando las tuvo entre sus manos y las examinaba con detenimiento. De nuevo habían puesto una carta de su madre como la primera del montón anudado. Sacudió la cabeza para desprenderse de los lúgubres pensamientos que la invadían y le dedicó una sonrisa al inugami.
―Gracias, Sesshomaru. ¿Cómo está tu mano?
―¿Mi mano?
―Te lastimas cada vez que pasas o tomas objetos de un lado al otro ―recordó, tomando su mano derecha con la que tenía libre y torció la boca al examinar las heridas que comenzaban a cerrarse―. Por curiosidad... aquella vez que te pedí que me dejaras tocar tu mano, ¿también te salieron estas heridas?
―Siempre lo hacen ―remarcó él sin darle importancia.
―Pero no te quedan cicatrices por lo que veo ―se fijó dándole otro vistazo. Fuera de las marcas que comenzaban su acelerado proceso de sanación no había ninguna cicatriz ni rastro de otras heridas.
―No suelo guardar cicatrices, menos por algo tan mínimo como esto.
Rin levantó la cara lista para hacer otra pregunta. Pero se detuvo al chocar de lleno con sus ojos dorados que la miraban con atención. Si le preguntaba por la gran herida que su padre le había hecho para colocar el sortilegio en el pergamino seguramente aquella expresión se borraría ante el amargo recuerdo. Así que desechó la idea unos segundos después de que esta llegara. No valía la pena sacar a flote ese tema que nada bueno podría traer.
―Tienes mucha suerte ―apretó ligeramente su mano antes de soltarla y se levantó la manga casi hasta el hombro para mostrarle una larga cicatriz que partía desde su codo y medía casi quince centímetros hacia su antebrazo―. Qué no daría yo por deshacerme de esta cosa horrible.
―¿Por qué la tienes?
―Ah, ¿no recuerdas que una vez te conté que me rompí un brazo al caerme intentando regresar unos pichones a su nido? Aquí está la factura por no haber querido ir a buscar una condenada escalera ―bufó al revivir brevemente el horrible vacío que sintió ante la caída y el agudo dolor que vino después―. Mi mamá tiene razón: ¿cómo rayos hice para romperme un brazo y que ningún pájaro se muriera? Nunca lo sabremos.
―Los humanos son muy frágiles al parecer ―observó él. Rin reacomodó su manga y dio una cabezada.
―En comparación contigo sí, nos magullamos cual durazno ―el graznido de un cuervo le hizo detener su hilo de pensamientos y fue entonces que se percató que el sol comenzaba a ponerse y el cielo se llenaba de tonalidades naranjas y apagadas―. ¿Qué? ¿Es tan tarde?
―Está por anochecer.
―¡Pero...! ¿Pero cómo? ¡Se me fue todo el día y todavía no he terminado! ―se escandalizó virándose para darle un vistazo al telar y su proyecto a medio terminar. Seguidamente se volvió hacia Sesshomaru y le blandió el dedo índice en son de advertencia―. Ni se te ocurra mirar. Vamos, regresa a la casa y deja que termine con lo mío, ¡apúrate que no tengo tiempo!
―¿Me estás echando?
―¡Sí, eso mismo! Te lo mostraré en un rato, no quiero que se haga de noche y seguir aquí sin poder ver nada ―intentó hacerse la dura para demostrarle dominancia, pero su sonrisita la delataba. Sesshomaru negó levemente con la cabeza y regresó por donde había venido sin creer que una mujer humana lo estuviera sacando de sus propios dominios como si fuera un cachorro regañado. Ningún otro ser con ganas de vivir se atrevería a hacer tal cosa.
Rin se quedó en su lugar hasta que lo vio desaparecer y se apresuró a entrar de nuevo. Sin embargo, apenas dobló para adentrarse en el área común, vislumbró las cartas y volvió a sentir la opresión en su pecho. Era la segunda vez que las recibía y se sentía casi tan mal como aquella primera vez. Les había dejado respuestas a cada una de las personas que le habían escrito y ahora tenía cierto temor por lo que pudiera encontrar en los sobres.
Las guardó cuidadosamente en su obi después de depositar un suave beso en la carta de su madre y volvió a sentarse diligente en el telar, obligándose a sí misma a enfocarse. Sólo le quedaba un poco más por hacer y en cuanto terminara se sentaría tranquilamente a leer sus mensajes a la luz de las velas ―y sentirse en libertad de experimentar el correspondiente retortijón de tripas al hacerlo, claro―. Sería su nuevo incentivo para acabar cuanto antes.
Una hora después pudo hacerse hacia atrás y estirar los brazos y la espalda después de tanto trabajo. Se deshizo de la atadura del pedal y corrió con cuidado los rodillos del peine para separar los hilos que ya no necesitaba. Retiró la manta terminada del telar y la extendió hacia arriba con ambos brazos para verla con detenimiento. A su ojo crítico no era nada del otro mundo, pero tampoco era un completo desastre como ese triste primer cojín. Sonrió satisfecha y la dobló para compactarla lo más posible. El último detalle de su obsequio estaba listo y aún disponía de algo de tiempo para terminar de organizar las cosas.
No fue sino hasta las ocho de la noche que se libró de sus actividades y tuvo el tiempo suficiente para sentarse a leer. Se arrimó al fuego del par de velones que había encendido en la cocina para tomar su cena y sacó el fajo de cartas de su obi, preparándose mentalmente para entrar de nuevo en la cruda realidad que aquellos textos escritos a puño y letra que sus seres queridos habían dejado en el papel.
Los mensajes fueron más o menos los mismos de la vez anterior, y por más que Rin les hubiera dicho que se encontraba bien y estaba a salvo, sus padres y amigos más cercanos parecieron haber hecho oídos sordos. Seguían pidiéndole que regresara, que se cuidara y encontrara la forma de volver a casa. Le volvieron a decir que la extrañaban y la esperaban ansiosos, prometiéndole que no se enfadarían con ella por todo lo que había pasado. Sus ojos volvieron a aguarse ante las tristes súplicas de su madre y la culpa de su padre; de las disculpas de Satsuki y el falso enojo de Issei.
Tenía que ingeniar la forma de hacerles entender que realmente no tenían de qué preocuparse, pero creyó que sería muy egoísta de su parte hacerlo. ¿Qué derecho tenía ella de exigirles que se quedaran tranquilos cuando había desaparecido tan súbitamente, causándoles tanta angustia y dolor? Si tan sólo hubiera una forma de que pudieran verla y constatar con sus propios ojos que estaba sana y salva, e incluso que Sesshomaru no era el terrible monstruo que todos decían que era...
Se golpeó la cara con la palma de la mano soltando un gruñido. Pero qué idiota era, claro que había manera, ¿cómo se le había podido olvidar? ¡Todavía tenía el celular! No lo había vuelto a encender desde los primeros días de su llegada a la mansión por temor que la batería muriera, pero aún tenía al menos el treinta por ciento de pila, si no recordaba mal. Podía tomar unas cuántas fotos de sí misma, su entorno y su extraño compañero de casa. Los impresionaría, pero... era mejor que nada. Incluso les podría pedir que recargaran el celular e hicieran lo mismo: que se tomaran fotos o se grabaran en video para que ella también estuviera más tranquila.
Y no sólo eso. Según lo que Shizuku y Momoko le contaban en sus respectivos mensajes, la policía aún estaba muy dividida por todo el asunto. Incluso habían instalado cámaras en la mansión del lado humano y captaron en vídeo cómo las cartas habían desaparecido en cuanto Sesshomaru las tomó la primera vez. Y por supuesto que grabaron el momento en el que las respuestas aparecieron de la nada en el suelo. Rin se sorprendió muchísimo de aquella táctica policial que según las chicas, había sido un intento de atraparla a ella saliendo de su escondite para tomar y dejar las cartas para después desaparecer en el bosque. Por más cámaras y sensores que colocaron, nunca la capturaron a ella. Pero sí a la energía de Sesshomaru abriendo la brecha.
Si tomaba esas fotos y vídeos podría demostrar que su caso no era ninguna broma elaborada ni farsa publicitaria. Le daba un poco de miedo saber que quedaría tan expuesta ―y que expondría también al reacio de Sesshomaru―, pero después de su abducción y todo lo que había escrito ya no tenía sentido querer mantener el secreto guardado.
Así podrían dejar de hostigar a su familia bajo la falsa presunción de que Rin se había fugado o pertenecía a alguna secta, y sus amigos dejarían de sentir la horrible presión del señalamiento de culpabilidad por elaborar una supuesta broma que se salió de control.
Además de eso, podría darles la paz que necesitaban. Si veían su cara sonriente y volvían a escuchar su voz caerían en cuenta de que todo lo que decía en sus cartas era cierto.
Bueno, en teoría. Pero aún así debía intentarlo.
Se levantó del asiento con renovadas fuerzas tras su convicción. En cuanto saliera el sol terminaría de gastar la pila de su celular haciendo fotos, videos y notas de voz. Y persuadiría a Sesshomaru para que colaborara aún si tenía que perseguirlo por toda la casa.
¿Cómo rayos no se le había ocurrido aquello antes? Era tan lógico que no haberlo hecho la hacía sentir realmente idiota.
Se apretujó en su kimono ante la súbita brisa helada que la recibió en cuanto salió de la cocina. Ah-Un tampoco era muy asiduo al frío, por lo que era normal verlo recogido en su habitación apenas el sol se ocultaba. El condenado animal de verdad estaba en un hotel de cinco estrellas, no podía culparlo por no querer irse.
Se preguntó qué tanto se impresionarían sus amigos y familiares cuando vieran imágenes del dragón, y si éstas les resultarían más o menos perturbadoras que la propia de Sesshomaru. En todo caso tendría que esperar a tener una respuesta a su proyecto para saberlo.
Caminó un rato por los pasillos exteriores en lugar de adentrarse en la mansión para llegar a su destino, encontrando irresistible la visión del hermoso cielo estrellado aún cuando el clima no fuera tan acogedor. Estaba segura de que podría quedarse admirándolo toda una vida si fuera posible. Permaneció algunos minutos con la espalda apoyada en una columna observando el lento pasar de un par de nubes bajas y solitarias. Había un cúmulo de ellas allá a lo lejos, pero no parecía que se movieran hacia esa dirección.
Su línea de visión bajó al notar movimiento varios metros más abajo, justo en el borde del muro. Sintió un fuerte palpitar al distinguir la inequívoca figura del inugami saltando para aterrizar limpiamente en el pasto sin siquiera ocasionar un pequeño ruido. Tenía su punto de mira en algún otro lugar que no era ella, pues no parecía ni siquiera reparar en su presencia aún cuando estuviera caminando en su dirección casi en línea recta, como si estuviera más pendiente de escuchar los sonidos lejanos que inundaban el bosque a esa hora de la noche.
Rin dejó de sentir el frío otoñal en su rostro cuando el demonio la notó viéndolo con atención y como ya venía siendo un hábito cada vez más común, formó una pequeña sonrisita traicionera imposible de ocultar.
―¿Has estado peleando? ―le preguntó con suavidad, demasiado conforme con aquel ambiente calmado como para querer arruinarlo.
―Sólo lo rutinario.
―¿Te has hecho daño? ¿Te encuentras bien?
―Sabes que ninguno de esos demonios podría siquiera ponerme un dedo encima.
―Oh, claro que lo sé.
―¿Entonces por qué siempre haces las mismas preguntas?
―Porque siempre me preocupo por ti ―dijo con normalidad como si fuera lo más lógico del mundo―. Ya sé que eres muy fuerte y que todos son unos debiluchos a los que puedes aplastar con el dedo meñique, pero de todas formas temo que te suceda algo.
―¿Por qué? ―se acercó un paso más. Para variar Rin estaba en cierta ventaja de altura pues estaba sobre el pasillo de madera al cual Sesshomaru aún no se había subido, y la súbita cercanía aún con esa diferencia la puso un poco nerviosa. Claro que no lo suficiente como para darle una respuesta sagaz para romper con la tensión que se estaba creando.
―Porque si te pasa algo a ti estaré muerta en menos de una hora ―arrugó el ceño dramáticamente mientras se llevaba una mano al pecho como si se estrujara el corazón. Nada más cercano a la realidad, de hecho―. Sabes que sin ti no duraría por mi cuenta, sería el banquete de muchos monstruos hambrientos. Así que al ver que estás bien aseguro mi propia supervivencia, ¿notas la quid de la cuestión?
Por un momento le pareció que Sesshomaru o le daría una respuesta a juego con su tono o mostraría alguna de sus escasas sonrisas genuinas. Ambas opciones poco probables, pero aún así notó que parecía haberse relajado tenuemente.
―Lo tomaré en cuenta ―fue todo lo que dijo mientras subía al pasillo externo y le pasaba por al lado para adentrarse en la mansión. Rin lo tomó de la manga para detenerlo antes de que se alejara más.
―¿Tienes algo más que hacer esta noche, Sesshomaru?
―¿En qué sentido?
―No lo sé... si tienes algo planificado que te gustaría hacer... leer o... yo qué sé ―resopló ante la realización de que todavía no sabía qué hacía Sesshomaru cuando no estaba luchando ni estaba con ella. ¿Qué tanto podía hacer estando encerrado, si no parecía tener ninguna otra labor que proteger esa casa y aceptar su compañía?
―No, no tengo nada ―admitió él con un tinte de suspicacia―. ¿Existe algo que desees hacer?
―¿Yo? Qué bueno que lo preguntas, porque sí hay algo. Bueno, es algo que me gustaría que hicieras tú en realidad ―Sesshomaru mantuvo sus ojos entrecerrados y alzó una única ceja ante sus palabras. Rin se apresuró a señalarlo acusadoramente con el dedo―. No pienses nada inapropiado porque no son mis intenciones ―le advirtió―. Ya verás. Ven, acompáñame.
Rin echó a andar por el corredor hasta adentrarse en la casa y guiarlo en dirección a las escaleras. El demonio iba detrás de ella con paso calmado sin quitarle la mirada de sospecha de encima, sin saber qué esperar del repentino entusiasmo de la muchacha que giraba la cabeza de vez en cuando para asegurarse de que la estuviera acompañando.
Llegaron al tercer piso en un silencio por ansiedad por parte de ella y a la expectativa por parte de él. Volvió a arrugar el ceño cuando lo hizo doblar en dirección contraria en la que estaban sus aposentos y se paró frente una puerta cerrada de la que se colaba una tenue luz anaranjada por la ranura y el papel de arroz.
―Hace un tiempo me dijiste que nunca habías tomado una habitación como tuya a pesar de todo el tiempo que tienes aquí, y que sólo usabas esta como depósito para guardar tus cambios de ropa ―dijo después de tomar aire para prepararse. Rin lo había mirado como si le hubiera brotado una segunda cabeza cuando le dijo que había vivido en esa casa unos 500 años y simplemente no tenía habitación. Una cosa era ser orgulloso y no querer ligarse a esa propiedad, pero otra era ser un simple terco obstinado que no daba su brazo a torcer incluso con algo tan básico como un cuarto propio―. Así que me tomé la libertad de hacerle algunos ajustes.
Rin corrió la puerta y reveló la estancia recientemente remodelada.
Él apenas entraba algunas veces y jamás se molestó en dejar nada más que no fuera ropa, por lo que solía haber una capa de polvo que le daba una permanente apariencia de abandono. Rin se había dedicado a limpiar pulcramente todas las superficies hasta desaparecer todo rastro del aire viciado que la había caracterizado por muchísimos años. También dispuso de altos velones en extremos opuestos y limpió a fondo la vieja hoguera de la cual brotaban unas llamas bajas.
Sesshomaru dio un paso al frente notando todos los toques personales que la humana había agregado: algunos pergaminos colgados de la pared con ilustraciones de montañas a base de tinta negra y verde; una mesita pulida con un florero alto de cerámica azul con detalles blancos donde sólo había una rama de romero de jardín de la que emanaba una suave fragancia; cojines con diseños muy sobrios y minimalistas a los pies de la mesa; un móvil de viento en forma de hongo con una piedra de jade colgando de su extremo; y sobre todo, un futón doblado en el centro de la recámara con un par almohadas bastante mullidas ―se notaba que las había hecho ella― y bajo ellas, una manta azul a cuadros de apariencia artesanal.
Rin apretujaba sus dedos detrás de la espalda esperando su veredicto. Había invertido mucho tiempo en los días anteriores para que todo tuviera el mejor aspecto posible. Incluso casi se había tragado algunas plumas de ganso que Han le había traído como pedido cuando rellenaba las almohadas con algo más que copos desmenuzados de algodón. Sabía que aquel era un gesto un tanto... pobre y tonto para alguien como él, quien no se fija en esas minucias tan simples, pero aún así esperaba que al menos no se ofendiera por haber dispuesto de la única recámara que 'utilizaba' aunque fuera como depósito.
―¿Tú hiciste todo esto? ―inquirió él, dedicándole una mirada por el rabillo del ojo.
―No todo. Las pinturas las conseguí en el segundo piso y la mesita también, sólo la limpié y di una capa de barniz para darle brillo. Y el futón obviamente estaba en otra habitación. Lo que sí hice fue el móvil de viento con un tazón de porcelana y algunas joyas que encontré en el cuarto de los kimonos. Las almohadas también las hice yo y... y esa manta también. La acabo de terminar. Sé que no es muy bonita ni está muy bien hecha, pero... al menos no está tan mal. Pero tranquilo, ni siquiera abrí el armario donde están tus cosas.
Sesshomaru no quitaba su expresión ceñuda, cosa que la preocupó al creer que le había molestado que redecorara la habitación.
―¿Por qué lo hiciste? ―inquirió secamente, desconfiado.
―Porque todos necesitamos un sitio en el que descansar de vez en cuando, ¿no?
―Yo no descanso.
―Es difícil de creer que estando aquí 500 años no hayas descansado ni un día ―le espetó a la defensiva. Inhaló profundamente para calmarse antes de enojarse o desanimarse más. Era oficial: no le gustó su sorpresa―. Sólo quería que tuvieras un lugar para ti. Aunque no te gusta estar aquí y odias esta casa por todo lo que ha pasado... negarte a reposar no te hace bien. No le hace bien a nadie ―rectificó con un carraspeo―. ¿Crees que puedas darle una oportunidad? ¿Sólo una? Prometo que mañana lo quitaré todo y dejaré la habitación tal cual como estaba antes, pero... Por lo menos inténtalo una vez. Si puedes.
Rin le mantuvo la mirada entre triste y terca al demonio que se mantenía adusto con su gesto de suspicacia desconfiada. Poco a poco la chica bajó los hombros ante la desilusión y desvió los ojos hacia otro lado. Había puesto demasiada esperanza con que fuera a recibir el cambio de brazos abiertos. No era que esperaba un 'gracias' o algo similar, pero que lo rechazara de esa manera igualmente dolía.
―Entiendo ―musitó molesta consigo misma. Qué tonta había sido―. Supongo que de verdad no necesitas descansar si nunca tomaste una habitación... lo acomodaré en la mañana. Perdón por hacerte perder el tiempo.
Intentó mantener la cabeza en alto para que no se notara que su autoestima estaba rozando el suelo. Tanto empeño que había puesto por aquel detalle para nada. Seguramente Sesshomaru ni siquiera tenía interés en tener una habitación. O tal vez los inugamis dormían al aire libre o en algún otro sitio, quién sabe...
O quizás de verdad ni siquiera duerma, musitó mentalmente evitando a toda costa hacer un puchero al darse la vuelta.
Nunca pudo llegar lejos porque una mano masculina se cerró en torno a su muñeca y la haló de regreso. Los ojos marrones chocaron contra los fríos dorados que le mantenían una mirada difícil de descifrar.
―¿Por qué estás enojada?
―No estoy enojada ―lo contrarió ceñuda.
―Sí lo estás. Dime qué sucede.
―Estoy molesta conmigo, ¿está bien? ―resopló haciendo algo de fuerza para soltarse de su agarre―. Sé que nunca pediste que hiciera esto y no te culpo porque no te guste, pero... por un momento pensé que le darías una oportunidad. Nada valió la pena si te molestó que te cambiara esta habitación.
―Nunca dije que no le daría una oportunidad ―puntualizó él en tono neutro. Rin arrugó un poco más el entrecejo.
―Pero no te gustó, ¿verdad?
―Tampoco he dicho eso ―volvió a negar.
―¿Entonces por qué tenías esa cara tan seria?
―Esta es mi única cara, Rin.
Pese a la seriedad de su rostro que no había flanqueado ni un ápice, la muchacha tuvo el ligero impulso de sonreír. No sabía si lo había dicho con esas intenciones o realmente era una persona extremadamente literal, pero aún así le ayudó a ablandarse un poco. Sus defensas fueron cayendo y su ceño se suavizó considerablemente.
―¿Es decir que no estás molesto? ¿Te agrada tu habitación?
―Es difícil de decir aún ―contestó dando una mirada sobre su hombro al cuarto que tenía a sus espaldas. Aún no soltaba su muñeca―. Ha pasado mucho tiempo desde que tenía una.
―Bueno... si pasa la prueba de esta noche entonces podrás eliminar ese conteo ―le sonrió suavemente para borrar cualquier trazo de malos recuerdos. Retrajo un poco la mano que él aún mantenía sujeta hacia sí misma en un nuevo intento de romper el contacto, pues sus intensos ojos dorados comenzaban a hacer que el calor en su rostro subiera repentinamente―. Espero que puedas dormir un poco, ya verás lo bien que te sentirás mañana cuando despiertes. ¿Sesshomaru...?
Y pese a su nerviosismo por su fija mirada, ni siquiera retrocedió cuando el demonio posó sus labios en los suyos tal cual como había hecho la noche anterior: sin palabras ni advertencias. Su pulso se disparó cuando la atrajo hacia sí sólo lo suficiente como para encajarse mejor en ella, dejando profundizar la caricia inicialmente casta y superficial.
Rin no hizo nada para detenerlo en cuanto lo sintió abrirse paso lentamente en su boca, al contrario; lo imitó tan bien como fue capaz, posando su mano libre en su cuello mientras se alzaba de puntillas.
El contacto cesó en cuanto él se apartó, dejándola arrebolada con los labios entreabiertos y los ojos empañados. Sin contar sus locos latidos perfectamente audibles para los oídos sobrenaturales. No dejó que la distancia siguiera aumentando y procedió a posar su frente en la de Rin a lo que ella volvía a pararse en sus talones.
La muchacha volvió a cerrar los ojos y dejó caer su mano muy lentamente hasta que esta quedó sobre donde sentía los tenues latidos del demonio. Tenía cosquillas en todo el cuerpo y la cabeza parecía estar sobre una nube muy, muy alta. Se estremeció un poco más al notar que él frotaba suavemente la frente contra la suya, como si con ese pequeño gesto intentara explicarle lo que sus palabras jamás llegarían a decirle.
―¿Esta es tu forma de darme las gracias? ―le preguntó por lo bajo. Sesshomaru se separó para mirarla de frente. Rin no supo qué case de mirada era aquella, pero sí sabía una sola cosa: hacía que su corazón latiera mucho más deprisa que nunca.
―Podrías verlo así.
―Entonces... por nada.
―¿Te retirarás a dormir? ―inquirió él en el mismo tono callado sin separarse más de ella. Habían pasado medio minuto completo en silencio, sólo disfrutando de la proximidad entre ambos. Rin consultó la hora en su reloj y vio que apenas iban a ser las nueve y media de la noche.
―No, todavía es temprano.
―Quédate ―le dijo repentinamente casi como si se lo demandara. Se cortó un poco ante esto y retrocedió para verlo mejor.
―Espero que no estés pensando nada sucio ―le advirtió tal y como había hecho en la planta baja antes de conducirlo hasta el tercer piso. Si llegaba a tener ideas erróneas por el beso que le había devuelto necesitaba detenerlo antes de que pasara algo de ligas mayores. Rin tragó en seco ante la alta posibilidad de que eso sucediera en realidad.
Había pensado al respecto alguna que otra vez, pero siempre con tono ligero y sarcástico... hasta la noche anterior. Curiosamente no fue sino hasta ese entonces que reparaba en una verdad tan elemental como evidente: estaba viviendo sola con un hombre. Un sujeto al que casualmente encontraba atractivo y al cual le guardaba ciertos sentimientos. Y aparentemente, si él no tenía esa clase de sentimientos por ella, al menos debía encontrarla bonita como para querer besarla, y más una segunda vez.
Eran hombre y mujer viviendo bajo el mismo techo, totalmente solos y sin interrupciones. Como si fueran una pareja rara que dispone de prácticamente toda la privacidad del mundo para estar en compañía del otro.
¿Y qué hacían las parejas que vivían juntas? Pues lo que seguía después de algún beso como el que se acababan de dar, por ejemplo.
La cara se le enrojeció dos tonos y Sesshomaru le pareció mucho más adulto de lo que había imaginado. O tal vez ella se sintió más niña de lo que en realidad era. ¡No, no podía pensar así! Apenas se habían besado dos veces, no era como si fueran a compartir la cama esa misma noche...
¿Verdad?
No le apartó la mirada anonadada de encima al demonio que arrugaba ligeramente el entrecejo ante sus reacciones que revelaban tan acertadamente lo que pasaba por su cabeza. Más que ser un libro abierto, Rin parecía más bien gritar sus pensamientos con los ojos.
―No es nada de lo que estás imaginando ―le respondió calmadamente con un tinte de burla. Rin se mortificaba tan fácilmente por pequeñeces que era imposible no encontrarlo entretenido. Acto seguido señaló hacia el balcón que tenían en frente al final de ese pasillo y Rin, renitente, terminó por asentir. Fue guiada por el alto hombre que no soltaba su muñeca y la mantenía cerca de sí. ¿Qué estaba tramando?
―¿Iremos al techo?
―No. Aquí ―indicó en el balcón. La noche era despejada pese a un cúmulo de nubes pasajeras, pero nada de lo que era necesario preocuparse más allá del frío típico de las noches de aquel mundo. Rin titiritó un poco ante el cambio de ambientes cuando se abrieron las puertas corredizas del balcón, pero la sensación no le duró mucho cuando Sesshomaru le hizo un leve gesto para que tomara asiento en el suelo a su lado.
―¿Estás tramando algo?
―No.
―¿Así que sólo nos quedaremos aquí y ya?
―Correcto.
La muchacha se sentó a su lado aunque manteniendo una pequeña distancia por si las dudas, sin dejar de mirarlo esperando a que explicara su repentino e inexplicable arrebato de querer sentarse en el balcón sólo porque sí.
―¿Y... por qué?
―Haces muchas preguntas ―notó él neutralmente. Rin resopló una corta risita.
―No es nada nuevo para ti, siempre las hago ―se encogió de hombros―. Sólo tengo curiosidad. ¿Por qué me trajiste aquí sólo para quedarnos sentados? ¿Va a pasar algo, regresan los pájaros de fuego?
―No, no sucederá nada esta noche.
―¿Entonces...? ―insistió un tanto nerviosa. Sesshomaru apenas le dedicó una breve mirada por el rabillo del ojo.
―Sólo disfruto de tu compañía, es todo ―le dijo parcamente. Rin lo miró de hito en hito, sintiendo por enésima vez en los últimos diez minutos que su rostro se encendía cual semáforo. ¿Pero por qué me avergüenza que diga eso si ya me ha besado? ¡Dios!
Desvió rápidamente su atención hacia el borde del balcón para ver algún punto muerto del patio y se retorció la falda del kimono con las manos para al menos tener algo con qué ocuparlas y distraerse.
―A mí también me gusta estar contigo ―dijo bajito.
―Eso ya lo sé ―los hombros de Rin cayeron cómicamente con un gruñido.
―Qué ego el tuyo, la verdad ―musitó entre divertida e incrédula. Espera un momento... ―. ¿Acabas de decirme que te gusto? ―la pregunta que debía formular para sus adentros salió disparada en tono más alto de lo que imaginaba. Quiso golpearse la cabeza contra la pared por su lengua floja, pero estaba tan estupefacta analizando su propio razonamiento que todo lo que pudo hacer fue observarlo con la boca ligeramente abierta.
―Puedes interpretarlo como desees ―contestó sin darle importancia alguna. Para él, aquella conversación y situación no parecía nada fuera de lo ordinario. Aparentemente no había cosa alguna que pudiera sorprenderlo. O también podía ser que era ella quien se sorprendía por cualquier pequeño detalle y lo magnificaba como si fuese el apocalipsis. Era muy posible, sí.
Si me ha besado y quiere estar conmigo aunque no hagamos nada... entonces sí le gusto. Oh por Dios... Sesshomaru gusta de mí.
Se inclinó un poco hacia adelante con los ojos muy abiertos y el corazón latiéndole a mil por hora, haciendo que su cara se encendiera al rojo vivo. No sabía si eso era posible a esas alturas, pero con todo lo que acababa de pasar ya nada le sorprendería. Y él actuaba tan normal... Sí, debía ser que ella era una exagerada. Tomó aire hondamente y regresó a su posición original más relajada, apoyando la espalda en la pared.
Rin esquivó su mirada por poco cuando estuvo por pillarla viéndolo como si fuera la primera vez que lo veía de verdad. Comprimió los labios en una fina línea y se mantuvo tiesa por un rato, sintiendo el constante martilleo de sus latidos contra las costillas.
―¿Te ha pasado esto antes? ―quiso saber. Aún no se atrevía a mirarlo a la cara más allá de un vistazo rápido por la esquina del ojo, su voz seguía algo cortada por la impresión―. Que te... guste alguien, me refiero.
―No particularmente.
¡Entonces lo admite! OH-POR-DIOS.
―¿Nunca, ni siquiera una vez? ¿No has... em... disfrutado la compañía de ninguna otra persona de esta manera?
―No que recuerde.
Rin se quedó callada otra vez antes de dar su comentario.
―No me lo voy a creer.
―¿Qué significa eso? ―a la chica se le escapó una sonrisita que intentó esconder tras un carraspeo.
―Ah... es sólo que no pareces ser el tipo de persona que... ya sabes, permanece soltero ―le dijo medio en broma y medio en serio, evitando una vez más hacer contacto visual con él. Como toda respuesta, el demonio sólo alzó una ceja―. Vamos, no me digas que no has tenido novias en estos 500 años ―y se mordió la lengua para que no se le saliera la burrada de decir que pinta de virgen no tenía ni un pelo.
Dios... qué extraño era pensar como si fuera un sujeto normal. No era que Rin fuera una chica santa o una salida; sabía cosas aunque nunca las había experimentado de primera mano. Después de todo no se podía tener amigos varones sin escuchar sus hazañas masculinas ―posiblemente inventadas sólo para impresionar― al menos un par de veces por semana. Tampoco le escandalizaba en realidad pensar de esa manera sobre él: era un hombre y sabía que era algo sumamente normal.
La cosa empezaba a hacer sonar sus alarmas cuando precisamente ella se suponía que entraba en el cuadro.
Y como aparentemente eso era lo que hacía ―repitió mentalmente los dos besos que se habían dado y la lacónica 'confesión' del demonio―, al menos debería saber en lo que se estaba metiendo por guardarle sentimientos a una persona como él.
―Novias no ―dijo él, haciendo un tenue énfasis en la primera palabra.
―¿Damas de compañía? ―ofreció como opción.
―Si así quieres llamarlas... ―resopló Sesshomaru sin apenas demostrar alguna emoción. Sería interesante verlo reaccionar por algo más allá de algún enfado ocasional o su habitual indiferencia.
―¿Qué pasó con ellas?
―Se marchaban, evidentemente.
―Menos mal, porque sería muy incómodo si alguna de tus amigas me viera aquí tan cerca de ti, ¿no? ―volvió a bromear sonriente, pasando por alto el hecho de que pensar en otras mujeres compartiendo tal proximidad con él le provocaba severos retortijones y gruñidos en la base de la garganta―. ¿Alguna vez sentiste algo por alguna de ellas?
―Era meramente físico, no había necesidad de nada más ―respondió tajante. A Rin nunca dejaría de asombrarle la seriedad que siempre mantenía sin importar de lo que hablaran. Era como si el pudor no existiera en su vocabulario. En cambio, en su caso personal, pese a existir cierta soltura en su comportamiento por regla general, había ciertas cosas que la cortaban. Imaginarse a Sesshomaru manoseando a alguna mujer demonio era una de ellas e hizo que el nudo de su estómago se retorciera.
Y no sólo por los celos que intentaba negar despreocupadamente, alegando que ya de seguro había pasado mucho tiempo desde la última visita femenina ―o eso quería creer con todo su ser―, sino porque sacó a la luz algo más que la estremeció. Y no en el buen sentido.
―Sesshomaru... ¿me trajiste aquí ese día con esas intenciones? ¿Eso es lo que quieres de mí? ―aunque sentía las manos entumecidas por el repentino miedo que la invadió, se obligó a verlo a la cara. La impasible expresión de Sesshomaru mostraba esta vez un leve rastro de enfado.
―Hiciste una pregunta similar entonces y la respuesta sigue siendo la misma, Rin ―espetó severamente.
Los recuerdos de la muchacha la trasladaron rápidamente a aquel terrible primer día, la pesadez que invadió todo su cuerpo y el intenso frío bajo su piel a saberse a la total merced de un demonio inflexible. No había forma posible de que pudiera olvidar ese momento, el que fue antes y el que vino después. Sabía que los tendría grabados en su mente como si los hubieran puesto con hierro hirviendo.
Ése día le había preguntado si la mataría o si la violaría, y a ambas preguntas recibió una parca y hasta aburrida negativa.
―¿Cómo sé que eres sincero conmigo? ―la estupefacción reflejada en su rostro se tornó en una mueca preocupada y desconfiada.
―Porque de haber tenido ese propósito lo habría llevado a cabo ese mismo instante ―espetó fríamente para zanjar el asunto. La buena vibra que les había rodeado se apagó como si le hubieran echado un balde de agua helada encima, y los nervios de Rin ya estaban lo bastante inquietos como para aguantar mucho más.
―¿Por qué me trajiste de verdad, Sesshomaru? Sé que te dije que haría lo que fuera... pero para que me hayas traído debe ser que lo querías de antes.
―Lo pensaba ―concedió sobriamente―, pero nunca lo consideré hasta ese momento.
―¿Desde hace cuánto lo pensabas?
―Desde que te entregué el broche ―dijo mirándola fijamente a los ojos. Rin contuvo el aliento sin darse cuenta.
¿Desde lo del broche? Musitó suavemente en su cabeza. Aquel acontecimiento le parecía tan lejano que casi lo sentía como un recuerdo de una vida anterior, una muchísimo antes de la realidad que vivía actualmente. Y en cierto modo era así, pues su vida había dado un giro tan brusco que era como ser una persona totalmente diferente.
―Qué curioso que fuera justamente a partir de ahí... ―murmuró tan bajito que creyó que no la oiría. Pero era difícil ocultar algo de unos oídos sobrenaturales―. Fue más o menos desde ese momento que yo también... tú sabes ―desvió la mirada hacia otro lado por puro bochorno. Todo era tan nuevo que a pesar de su shock, aún no encontraba el coraje suficiente como para ser tan directa y verlo a la cara al mismo tiempo. Era su primera vez confesándosele a alguien y que se alguien fuera alguien como él no era de mucha ayuda―. Me causó muchos problemas descubrirlo. Aún no puedo creer que haya pasado tan poco tiempo, eso fue en primavera y apenas estamos en otoño. Siento como si hubiera sido ayer... y al mismo tiempo hubieran pasado algunos años. Supongo que es porque sucedieron demasiadas cosas después de eso.
―¿Por qué dices que te ocasionó problemas?
―Ah... bueno, es que no era fácil admitir que me gustaba de ésta forma una persona que ni siquiera podía ver o con la que podía estar de manera normal ―soltó una risita nerviosa. Aún le daban escalofríos recordarlo―. Además de que en ese momento me enteré que Issei gustaba de mí y como él me gustaba desde primaria me hice un lío tremendo que casi me causa una crisis existencial ―se dio aire con la mano cómicamente, reviviendo aquella desesperación que ahora se le antojaba tan infantil.
Giró la cara sólo lo suficiente como para descubrir la fea expresión en el rostro del inugami y no se percató sino hasta entonces que había hablado de más. Pero eso no la iba a espantar.
―¿Qué pasa? Tú has tenido tus 'encuentros', ¿y yo no puedo tener ni siquiera alguien que me gustaba de antes con el que no ha pasado nada?
―Ese inútil humano pretendía alejarte de mí ―dijo él, llevándola de golpe a esos primeros días donde habían discutido acaloradamente aquel asunto en el mirador. La muchacha apretó los labios y le devolvió una mirada un tanto desafiante. Issei era uno de sus puntos flancos y no le gustaba que se metiera con él, menos considerando cómo lo había dejado.
―Intentó hacer lo que debía hacer en ese momento. Recuerda que fuiste tú la amenaza para ellos, ellos no hicieron nada ―le recordó de mala gana―. ¿Es que estás celoso? Issei ni siquiera está aquí y después de lo que le hiciste no tienes ningún derecho a meterte con él y mucho menos de insultarlo.
―No le hice nada irreversible.
―No, claro que no, ¡casi lo estrangulas! No te atrevas a meterte con mi amigo nunca más, ni siquiera con tus palabras, porque no lo voy a tolerar.
Sesshomaru mantuvo tenso su rostro ante el creciente enfado de Rin que la hacía inhalar y exhalar con mucha más fuerza de la necesaria mientras lo miraba ceñuda. Estuvo a punto de responderle algo que seguramente sólo la enfadaría más, pero por primera vez se contuvo de salvaguardar su orgullo.
Como inugami que era, para él era sumamente natural poseer un instinto altamente posesivo y territorial, y Rin precisamente despertaba aquel lado de su naturaleza con una facilidad desconcertante. Pero debía recordar que ella era muy diferente a él; los humanos no poseían aquel instinto ni tampoco lo veían con lógica. Para Rin, Sesshomaru había sido cruel. Y tal vez tuviera razón hasta cierto punto.
No podía culparla por estar enojada con él y guardarle cierta desconfianza cuando eran seres de mundos y costumbres opuestas.
Qué interesante era, pensó repentinamente con un dejo de desagrado, toda una vida dedicado a odiar a los seres humanos y ahí estaba actualmente intentando comprender a una, dejando que surcaran pensamientos flexibles en su mente con tal de mantenerla contenta.
Rin vio con asombro cómo el demonio permanecía callado con una expresión más blanda en su rostro, como si por una milésima de segundo alguna disculpa saldría de sus labios. Eran imaginaciones suyas como era de esperarse, porque nada semejante se dejó escuchar con su voz grave, pero aún así no negaría que percibió aquel pequeño amago y sostuvo la esperanza entre sus manos.
El silencio volvió a cernirse entre ellos y con él, lamentablemente el ambiente inicialmente bochornoso pero cómodo se había desvanecido. Ahora estaban los dos metidos en sus propios pensamientos, tozudos al no querer admitir cuál estaba equivocado.
Eran un poco más de las diez de la noche cuando Rin revisó su reloj. Sentía el cuerpo más pesado y unas inmensas ganas de dormir, pero mientras más miraba furtivamente a su terco acompañante, más se le estrujaba el nudo en la consciencia. No quería irse dejando las cosas así.
Así que exhaló un suspiro y decidió que era hora de ponerle un punto final a aquella tonta disputa. Necesitaban comenzar de nuevo.
―Sesshomaru... escucha, no tiene sentido que nos enojemos por esto. Estoy harta de sentirme triste y enojada, y de seguro tú también debes estarlo ―le mantuvo fija la mirada, y él, como cosa rara, continuaba con su cara de póker correspondiente.
―Mi enfado no es contigo ―Rin frunció el ceño con interrogantes arrimándose a sus ojos castaños, pero sacudió la cabeza para alejarlas para que aquella incómoda conversación no durara para siempre.
―No importa con quién estés enfadado. Esto no llegará a ningún lado si no nos entendemos. Así que seré sincera: todavía me duele mucho lo que pasó el día que me trajiste aquí. Todavía me siento mal por cómo dejé a mis amigos y a mi familia sin siquiera poder despedirme de ellos ―llevó una mano al obi donde guardaba las cartas que había recibido durante la tarde y tomó una honda inhalación para forzarse a continuar. No quería llorar frente a él―. Pero... estoy dispuesta a perdonarte y a intentar dejarlo en el pasado... Si... ―lo detuvo antes de que la interrumpiera. Ya sabía que la del trato había sido ella, pero aún así había sido él quien atacó a sus amigos y eso nunca lo podría justificar con nada más― prometes que nunca, bajo ninguna circunstancia, volverás a hacerle eso a ningún ser humano.
―¿Dices que te entregarías a mí si no vuelvo a atacar humanos?
Rin torció la cara ante aquel selectivo uso de palabras.
―No lo digas así, suena mal ―dijo con una mueca―. No es que me esté entregando. Es más bien... que no tendré reparos en seguir adelante. Yo también quiero estar contigo, Sesshomaru, pero... sabiendo que puedes volver a herir a otros humanos no me dejaría la consciencia tranquila.
―Ya veo.
―¿Qué dices? ―pero el demonio mantuvo el entrecejo fruncido y la vista perdida hacia adelante, meditándolo. Rin estuvo muy cerca de preguntarle qué tan bueno podía ser asustar y matar humanos como para que le costara tanto tomar una decisión, pero supo inmediatamente que nada bueno podía salir de ello. Asimismo se abstuvo de hacer ningún comentario sobre lo satírico de todo el asunto: cuando antes él había repudiado a la esposa de su padre por ser humana, sólo le tomaba cinco siglos querer tener una relación con una.
Por más que quisiera tocar ese tema para ver qué tenía que decir al respecto, debía mantener la boca cerrada a cal y canto. Quizás... aquella era la clave para romper la barrera. Le parecía cursi y de nuevo muy pretencioso de su parte, pero, ¿su padre no había dicho algo como 'cuando entiendas el daño que has causado'? ¿Y qué otra forma había de entenderlo que estrechando su vínculo con un ser humano?
Tal vez no tuviera que ser necesariamente una persona humana, pero sí alguien más que le diera y devolviera cariño. Y en vista de que pese a sus encuentros 'casuales' con otras mujeres ninguna había pasado esa etapa, pues le tocaba a ella intervenir.
Sé que puedo hacerlo. Ha cambiado tanto desde que lo conozco que sé que puedo ayudarlo a salir de aquí.
―Puedes pensarlo en el transcurso de la noche y dar tu respuesta mañana... o cuando la tengas ―ofreció cautelosa al ver que no salía de su estado pensativo―. Incluso puedes consultarlo con la almohada y la cobija ahora que tienes unas ―sonrió intentando captar su atención, cosa que logró. Sus ojos dorados eran tan fríos y calculadores que por un momento le atacaron escalofríos en la columna. Constantemente debía recordarse que aquel no era un sujeto normal, sino un demonio con la capacidad de hacer todo pedazos si así lo quería―. No te apresuraré, ¿de acuerdo? Creo que me iré a dormir ahora. Buenas noches, que descanses.
Pero mientras se ponía en pie, una mano grande la tomó velozmente de la muñeca para impedirle que se marchara.
―No necesito consultarlo ―le dijo con mucha seriedad. Rin tragó en seco―. Si es lo que deseas en realidad, no volveré a dañar a ningún ser humano.
El brazo que era sujetado tembló ligeramente ante la profundidad de aquellos ojos dorados que ni siquiera pestañeaban. Agradeció estar aún arrodillada en proceso de levantarse porque si no, habría tenido que apoyarse en la pared para no caerse. Su corazón comenzó a latir tan fuerte que hasta le causaba incomodidad.
Y aún así, no le importaba. No le importaba el martilleo, el cosquilleo en sus manos, la piel de gallina o el ligero mareo efecto de haberse olvidado tomar aire por más tiempo del que podía contar.
Pero de nuevo, un latigazo de sospecha la hizo despertar a la realidad:
―¿Cómo sabré que mantendrás tu palabra? También me dijiste que no atacarías a mis amigos, ¿cómo podría saber si sólo lo dices para acostarte conmigo?
Sesshomaru torció ligeramente su boca en señal de desagrado. De haber sido un gesto más acentuado, creería que lo había ofendido.
―Hace un momento dije que de haber querido tal cosa de ti, no habría titubeado en tomarla ―le espetó con fría calma―. No te estoy dando mi palabra bajo engaños. Concedí cumplir tus deseos, y si deseas que no ataque más seres humanos, es lo que haré. Sin importar lo que ofrezcas a cambio.
Rin le mantuvo firme la mirada mientras él hacía lo propio con su seriedad característica, manteniendo su frente en alto con orgullo. Ablandó considerablemente su ceño fruncido al caer en cuenta de que estaba siendo sincero. Tenía una fuerte corazonada de que decía la verdad.
Eso, o era increíblemente ingenua y se creía cualquier cosa.
Decidió ir con la primera opción para no martirizarse y darle algo de crédito al demonio. Una cosa sí era cierta: de sólo haber querido acostarse con ella en primer lugar no habría esperado tanto tiempo ni haría promesas de por medio.
―Está bien ―articuló conmocionada sin encontrar más que decir―. Te lo agradezco.
Tomó la mano que la retenía y la apretó suavemente con sus dedos considerablemente más pequeños sin dejar de verlo a los ojos. Calló definitivamente todas las voces crueles que no dejaban de minar la seguridad que sentía, que le recordaban que había hecho esa misma promesa antes de atacar a sus amigos y casi estrangular a Issei. Para ella, en ese instante que sus miradas se conectaban, Sesshomaru no rompería su palabra. Había algo diferente en él, algo que hacía que sus palabras se volvieran definitivas, casi como si hubiera hecho un juramento en lugar de un trato.
Todo estaría bien. Ahora tenía la certeza de ello.
Terminó de ponerse en pie sonriendo suavemente para sí, posando una mano en el hombro masculino mientras le pasaba por al lado para entrar.
―Buenas noches, Sesshomaru. Trata de dormir un poco, ¿sí?
―Buenas noches, Rin.
¿Era efecto de las mariposas en su estómago o su voz había sonado realmente más grave y suave de lo que ya era?
Rin miró hacia atrás una última vez antes de adentrarse en el pasillo que le correspondía. A sus espaldas, el demonio se había levantado y se encaminaba a la nueva habitación recientemente redecorada. Tuvo que haberse sentido observado, pues también se viró a su encuentro sólo para verla sonreírle tímidamente una vez más antes de desaparecer por el recodo.
...
Aquel día hubo un gran revuelo en la estación de policía de la pequeña población montañosa.
Los sensores y cámaras que habían instalado en la planta baja de la casa en medio del bosque habían reaccionado cuando, una vez más y aparentemente de la nada, había aparecido un paquete. Pero no cualquier paquete, ya no se trataban de cartas como las veces anteriores.
Ahora también había un teléfono celular descargado y con la memoria a medio llenar de fotos y cortos vídeos muy recientes. Exactamente de ese mismo día.
La estación, que desde que aquel caso en particular se había abierto, siempre se mantuvo en una posición dividida: los que creían que era una farsa, los que daban fe de que todo era real, y una pequeña parte que aún no se decidía a qué creer, pues el solo hecho de considerarlo como un caso de abducción sobrenatural ―como los supersticiosos lo habían bautizado pese al desagrado de los escépticos― era algo difícil de tomar con seriedad.
Pero ahí estaban los tres grupos reunidos con expresiones incrédulas, intrigadas e incluso asustadas, viendo hacia la pantalla de la computadora donde el material recopilado del teléfono se mostraba como evidencia.
Al principio era sólo un par de investigadores chequeando el aparato, pasando cuidadosamente las imágenes que sólo contenían las típicas fotos que haría una chica adolescente. Amigos, su casa, apuntes, chistes bajados de internet, animales, ropa... pero hacia el final de la carpeta las cosas se tornaron... raras.
Primero pasaron las fotos, pues todos los videos estaban archivados en una carpeta aparte. La primera de la nueva tanda reciente era una autofoto de Rin Hashimoto luciendo una sonrisa algo extraña. Forzada o insegura, según les pareció. Luego otra con una expresión más natural, como si la primera hubiera sido una prueba que salió mal y olvidó borrar. Ahora saludaba con una mano mientras que con la otra tomaba el celular. Por lo que podía apreciarse de esa toma más amplia vestía un kosode púrpura a rayas que parecía nuevo. Los investigadores arrugaron el ceño e intercambiaron una mirada al notar ese detalle.
Y no dejaron de hacerlo mientras contemplaban las siguientes: habitación tras habitación, todas amplias, bien iluminadas y muy limpias. Una parecía ser un dormitorio por el futón doblado en el centro de la recámara. Otra parecía ser un vestidor enorme repleto de telas de colores y kimonos muy elaborados guindados de aparadores. Había también una sala con instrumentos musicales, un baño anticuado con una enorme tina de madera y una especie de biblioteca con varios estantes llenos de libros y pergaminos.
Siguieron fotos de pasillos y la vista desde un balcón que daba hacia un amplio follaje donde sólo se veían las copas de los árboles y las montañas lejanas que a todos se les hicieron muy familiares.
El puñado que vino después eran similares: unas escaleras de estilo tradicional, un jardín con una laguna enorme, las extrañas carpas ―algo borrosas por error del fotógrafo―, un mirador, varios árboles anormales... los que estaban ahí reunidos sentían que estaban viendo alguna clase de publicidad para un hotel japonés ambientado en la época antigua y que aquello no era más que material con el que hacer folletos y presentaciones.
Uno de ellos incluso hizo esa broma y sonrió incrédulo por la vista. Hasta que apareció una criatura enorme... e imposible.
―¿Es eso un dragón? ―comentó otro investigador, inclinándose para ver más de cerca la foto. Pasaron a la que venía después de esta, pero se encontraron con otro paisaje. Se quedaron examinando la foto del supuesto dragón intentando averiguar si era un ser de verdad o se trataba de alguna escultura hiperrealista. Labraron la teoría de que era un fotomontaje, pero de ser así había quedado tan bien hecho que parecía totalmente legítimo.
Las últimas fotos de la carpeta mostraron algo que los impresionó incluso más que el dragón: un hombre que jamás habían visto antes. Y podían asegurarlo porque era de la clase de sujeto que uno recordaría haber visto al menos una vez, por menor tiempo que haya sido.
El extraño hombre, de largo cabello blanco y marcas en la cara, estaba de espaldas sosteniendo un animal muerto con una mano. Vestía ropa que uno sólo ve en la actualidad en interpretaciones teatrales o pergaminos antiguos, dándole un aire que a su gusto era un tanto estrambótico e impactante. Sus ojos estaban clavados en la cámara con un gesto de desagrado.
Pasaron la imagen para ver un plano mucho más cercano de este tipo, ahora de frente. Parecía mantenerse quieto sin mucha gracia por obligación a juzgar por su expresión de pocos amigos. Vieron con claridad que tenía los ojos de un amarillo imposible en cualquier ser humano y que además, de entre su cabello blanco se notaban sus orejas puntiagudas.
La exposición había atraído a un corro de curiosos que se arremolinaron en el cubículo, lanzando comentarios sagaces. Llegaron a la última foto donde ahora se veía un plano mal tomado de otra autofoto de Rin Hashimoto y aquel hombre desconocido, donde se marcaban evidentemente las diferencias entre ambos. Desde su altura y apariencia física hasta su propio carácter: uno alegre y el otro apático.
Pero lo que más sorprendió al grupo que contemplaba la imagen era algo que una mujer había soltado casi sin querer:
―O ese tipo es un excelente cosplayer o no es humano.
Su porte, rostro, exóticos colores y algo en su mismo aire sembraba el gusanillo de la duda en más de uno. Incluso en los escépticos que intentaban negarlo con sus incrédulos comentarios para alivianar la sensación de desasosiego que recorría a todos los reunidos en el minúsculo cubículo.
Cuando pasaron a los cortos clips de video decidieron que era hora de llamar a los padres de Rin.
...
Los citados aparecieron mucho más rápido de lo que las autoridades pudieron prever, pues en menos de veinte minutos de haber hecho las respectivas llamadas casi todos estaban entrando por la puerta de la estación y cruzando palabras confundidas con los oficiales encargados del caso.
Era un grupo de personas un poco más grande de lo que habían estimado en primer lugar, y al principio no estaban muy seguros si aquel material debería ser compartido con todos los presentes al mismo tiempo. Dada la delicadeza del caso, los padres de la joven desaparecida deberían ser los primeros en verlo. Pero no sólo se presentaron ellos: el grupo completo de muchachos involucrados en el proyecto escolar había asistido, al igual que algunos otros compañeros cercanos a Rin Hashimoto. Todos tenían ese aire típico de desasosiego mientras esperaban impacientes a que se diera a conocer la información por la cual habían sido invocados un domingo en la tarde.
Sin mayor remedio, todos los presentes fueron acomodados en una diminuta sala multimedia que los investigadores usaban para discutir pistas y evidencias. Siendo un pueblo tan pequeño y con muy poca actividad criminalística, por lo general sólo se usaba ese lugar en casos de extravíos accidentales en las montañas.
Era un sitio cerrado, sin ventanas y con un aire frío. Incómodo e impráctico para tantas personas que apenas tenían donde sentarse ―habían dispuesto de quince sillas plegables y apenas había sitio para caminar entre ellas o salir del recinto―, pero aún así ninguno le tomó importancia y tomaron asiento apretujados sin intercambiar demasiadas palabras. Los padres, el chico del collarín y otro chico con la pierna escayolada tomaron lugares en la primera fila, donde el último dejó las muletas apoyadas contra la pared y rechazó cualquier ayuda para acomodarse. Él, al igual que todos, tenían una expresión tensa, preparándose mentalmente para lo que pudieran llegar a ver en el proyector.
El jefe de la investigación dio sus explicaciones antes de comenzar a exponer el material, detallando el proceso que habían realizado remarcando lo extraño que todo era para él, quien en casi treinta años de experiencia jamás había tratado un caso ni remotamente similar. Finalizó pidiendo calma ante las próximas imágenes y que se avisara si era necesario detener la proyección. Aseguró que no había nada que demostrara que Rin corría alguna clase de peligro ―la madre y algunas chicas ahogaron un grito cuando se confirmó que había fotografías recientes de ella―, pero que aún así lo que estaba por ser mostrado podría alterarlos.
Y sin nada más que agregar, apagó las luces y accionó el aparato en el techo. La pantalla plegable mostró la misma secuencia de fotos que los investigadores habían estado examinando horas atrás, y los comentarios y murmullos no se hicieron esperar. La madre de Rin comenzó a llorar al ver el rostro sonriente de su hija entre las primeras fotos, pero aseguró que estaba bien y quería continuar.
Los presentes tuvieron la misma reacción sobre la fotografía del supuesto dragón de dos cabezas, dando inicio a un debate entre ellos mismos y ellos con los investigadores y el jefe, haciendo que la proyección se retrasara varios minutos.
Pero, cuando llegaron a las fotografías del hombre de cabello blanco, todas las voces se callaron de golpe como si alguien hubiera accionado un botón de silencio. Era tal la impresión que el jefe dio un paso adelante y explicó la información que manejaban, obviando la parte en la que algunos de ellos afirmaban que ese tipo no podía ser humano.
Los murmullos regresaron con la última selfie del lote, pero con un tono diferente. Miedo e incredulidad eran las emociones predominantes entre el grupo de espectadores.
Finalmente dio inicio a la muestra de los cortos vídeos. Empezando, por supuesto, desde el mismo lugar donde partían las primeras fotos:
―Qué mal se ve, no hay suficiente luz ―fue su línea en el primer clip. La chica se veía confundida y apresurada. Comenzó el siguiente―. ¡Listo, ahora sí! ¡Hola a todos, aquí Rin! Soy una idiota que no recordó que tenía el celular encima, y como me queda muy poca batería haré esto rápido. Primero que nada, estoy bien. Lo prometo. Como tres veces al día, duermo más de ocho horas y cuido mi salud. Los extraño muchísimo a todos y lamento no haber pensado en esto antes... pasaron tantas cosas que simplemente se me fue de la cabeza. Pero no es nada que no haya escrito antes en una carta. Esto es más que nada para demostrar que estoy aquí y estoy bien ―cortó el clip y ahora se veía una toma de una recámara―. Esta es mi habitación. Y sí, mamá, me aseguro de que esté limpia y ordenada todos los días ―afirmó con soltura. Corte―. Aquí es donde están los kimonos que utilizo. Es una ridiculez tener un cuarto lleno de telas y eso, pero Sesshomaru es bastante ostentoso y me da pereza cambiar las cosas de lugar ―corte―. Esta es la biblioteca: hay muchos pergaminos y libros, algunos de los cuales se los dejé yo hace años. Ya casi me he leído todo ―corte y otro cambio de escena más―. Este es mi baño. Sí, hay un baño en un tercer piso. Extraño la electricidad y el agua corriente, pero ya me estoy acostumbrando. Salimos por aquí y tenemos el pasillo. Miren la vista rápido que no tengo tiempo ―soltó una risita forzada y nerviosa, dando un pase veloz por la barandilla para mostrar la extensión de bosque que se abría a lo largo y ancho de la montaña sin ningún rastro de civilización.
La siguiente escena ya estaba en la planta baja.
―Este es Ah-Un ―explicó enfocando al dragón que pastaba tranquilamente. Respingos, gritos ahogados y exclamaciones de groserías no se hicieron esperar cuando la criatura se movió para engullir pasto con flojera y luego alzó una de sus cabezas hacia ella―. Es un amor de animal, ya lo estoy entrenando para seguir órdenes sencillas. Bromeé con que quería un dragón de dos cabezas que volara y lanzara rayos por la boca, y Sesshomaru el señor Literal me hizo caso. Ya no puedo hacer bromas delante de él porque se las toma muy en serio. Y no, no es peligroso, nunca me ha atacado. Es muy tranquilo, parece más un caballo mimado que un dragón. Comparado con él supongo que cualquier animal que haya llevado a casa habrá parecido un osito de peluche, ¿verdad? Ahora, ¿dónde está Sesshomaru?
Se cortó el vídeo súbitamente cuando la cámara fue hacia sus pies y comenzó a andar. Antes de que pudieran asimilar nada, un nuevo clip se ponía en marcha:
―¡Ajá! Ahí estás, te estaba buscando, ¿dónde...? Oh, Dios ―exclamó al bajar el objetivo hacia el faisán muerto que el sujeto sostenía. La cámara volvió a subir a su rostro y se acercó algunos pasos a él. La audiencia casi contenía el aliento al contemplar el gélido semblante del nuevo personaje en escena―. Me vas a hacer desplumarlo y destriparlo, ¿verdad?
―A menos que quieras comértelo crudo ―dijo él seriamente. Supieron que debía tratarse de alguna clase de comentario humorístico puesto que Rin volvió a reír calladamente, pero ninguno pudo siquiera abrir la boca para decir algo al respecto. Su voz profunda y carente de emociones los incomodó a tal punto que algunos se llevaron una mano a la boca para cubrir su mueca de impresión―. ¿Qué estás haciendo con esa cosa?
―Te dije que haría unos videos para mandárselos a mi familia y amigos, y te pedí que te quedaras un rato para presentarte ―lo regañó Rin con un resoplido. El tipo extraño permaneció impasible.
―También dijiste que querías aprender a preparar faisán, así que fui a cazar.
―Sí, ya me di cuenta de eso. Hagamos esto rápido que me queda... ¡Dios, está en rojo! Se me va a apagar pronto. Bueno, este señor carismático es Sesshomaru. Como ven tiene un tremendo sentido del humor...
―Qué graciosa.
―No es tan malo como imaginan, se los aseguro. Aunque dudo que me crean después de todo... ―el inugami entrecerró los ojos y alzó una ceja. Se notaba claramente molesto por tener que prestarse a esa situación y ser presentado de esa manera, sin embargo no dijo nada al respecto―. ¿Quieres decir algo, Sesshomaru? ¿Te gustaría mandar algún mensaje?
―¿A los humanos? No.
―Vamos, di algo. Podrías disculparte por lo menos, ¿no? Es lo mínimo que podrías hacer ―agregó más seriedad.
―Eres terriblemente insistente.
―No es nada que ya no sepan ―resopló dándose por vencida. Ahora cambió a la cámara frontal y se apuntó a su propio rostro, buscando el ángulo correcto para que se viera centrado―. Sólo quería mostrarles con quienes comparto la casa, no hay nada más que les pueda decir que no haya hecho ya en una carta. Les prometo de todo corazón que estoy bien. Los quiero muchísimo y extraño cada día, por favor no se preocupen tanto por mí. Eh, Sesshomaru, espera, vamos a tomarnos una foto. ¿Puedes tomarla tú? Eres más alto y tienes el brazo más largo. Mira, es fácil... ―y se acabó. Así sin más, sin ninguna despedida o promesa por parte de Rin que asegurara que haría todo en su poder por regresar con ellos cuanto antes.
Y eso, tal vez, fue una de las cosas que más notaron los presentes. Pero nadie se atrevía a comentarlo para no herir más a los padres angustiados que no dejaban de ver hacia la pantalla como esperando que su hija saliera de ella y los abrazara.
Tampoco hicieron casi ningún comentario hasta que dejaron atrás la estación una hora después por este mismo motivo. Los padres seguían ahí, y aunque estaban un tanto más aliviados de ver a su hija tranquila, contenta y animada, no significaba que todas sus preocupaciones habían desparecido ni mucho menos. Y todas estas se centraban en el mismo punto: el hombre llamado Sesshomaru.
No les fue difícil ver que Rin lo trataba con una naturalidad irreal, sin pararse a pensar que aquel era la criatura sobrenatural responsable de su partida de su pueblo natal y la separación de sus seres queridos. No reparaba en que era un sujeto violento que había atacado a sus amigos y tenía a cuestas muchas muertes humanas a lo largo de la historia de esa casa.
No, para Rin él sólo era Sesshomaru y nada más.
¿Qué significaba eso? Sabían que Rin era muy amistosa y abierta, pero tras ver ese último vídeo... casi parecían algo más.
¿Lo eran acaso? Rin jamás les comentó nada al respecto en sus cartas, sólo se limitaba a decir que a pesar de todo Sesshomaru no era tan malo y que sabía que jamás le haría daño. De resto sólo soltaba algunas anécdotas sobre él, como la vez que le había enseñado los pájaros de fuego o lo estremecedor que era verlo combatir contra otro monstruo.
Y los padres no eran los únicos con aquella teoría loca. Shizuku había soltado por lo bajo que Rin casi sonaba risueña cuando hablaba con él ―palabras que lastimosamente no escaparon al oído de Issei cuando fueron a reunirse a la casa de Kazuo, la más cercana, para discutir todo lo que acababan de ver―, pero gracias al considerado codazo de Momoko logró desistir en el tema para no herir al chico de las gafas, aunque ella misma tuviera la misma impresión.
Quizás era por algo que Rin no les había vuelto a decir que regresaría tan pronto como fuera posible.
Tal vez... tenía un motivo para quedarse.
Uno con cabello blanco y gélidos ojos dorados.
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EDIT: En vista de los terribles acontencimientos que estremecieron Ecuador durante este fin de semana, me gustaría expresar mis más sinceras condolencias ante las víctimas y afectados por el terremoto que ocasionó más de 200 fallecidos y un sinúmero de heridos. Espero que de haber ecuatorianos entre mis lectores, tanto ellos como sus familiares hayan salido ilesos de la catástrofe y estén fuera de peligro. Un fuerte abrazo para todos nuestros hermanos de Ecuador, mis mejores deseos para que su país se recobre lo más pronto posible y todos los desaparecidos sean encontrados para llevar paz a sus familias.
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Oh por dios, qué difícil es describir a Sesshomaru en situaciones románticas. Más de una vez me quise romper la cabeza contra el escritorio por la cantidad de correcciones y ediciones que tuve que hacerle a este capítulo. Quise que se conociera más sobre él, las inseguridades de Rin y las marcadas diferencias que pueden truncar lo que está naciendo entre ellos, pero nunca quedaba conforme con lo que escribía. Te maldigo por ser tan complicado, Sesshomaru, ¡te maldigo!
Pero dejemos las quejas de lado para enfocarnos en lo importante: ¡OTRO BESO, POR DIOS! Y no sólo eso sino también todas las demás posibilidades que eso conlleva, pues ambos están dispuestos a poner de su parte para que las cosas se den. Cruzo los dedos para que ambos hayan quedado in character, lo que es mi mayor preocupación con este capítulo. Para que haya una relación estable ambos tenían que conversar y sincerarse, solucionar las cosas desde adentro antes de dar un paso inseguro. En el caso de Rin, porque a Sesshomaru prácticamente todo le suda xD
Y por último siguiendo mi nueva costumbre de cortar el romance con una cruel dosis de realidad, damos otro vistazo a lo que está pasando al otro lado con las fotos y vídeos que Rin dejó para su familia y amigos. Los suegros le dieron un vistazo a su yerno e Issei tuvo el trago amargo de ver quién le arrebató el corazón a Rin. Esto también me dio dolores de cabeza. En realidad todo esto de darles la oportunidad a los protas de tener una relación en sí por todas las complicaciones y elementos en contra que, en la vida real, la haría prácticamente imposible. Menos mal que esto es ficción y no la vida real xD
Miles de gracias a todos por sus hermosos comentarios, ¡qué bueno que hayan disfrutado tanto el capi pasado! Y que nadie se esperara el beso con Sesshomaru teniendo la iniciativa (es más lanzado de lo que parece porque lo hizo de nuevo xD), la aparición de los SesshoPadres y las oscuras intenciones tras la aparición de InuTaisho que dejaron a más de uno mordiéndose las uñas. Gracias en especial a Laura91ok, MillaU, DreamFicGirl, CruzMarie, Mena123, Irivel, ,Gima2618, Haru1305, Clau28, Rokko, Baby Sony, Esme, Black Urora, Seika to yami, Pinky's, Pamila de Castro, Meaow, Gnesis Torres, Anónimo, ByaHisaFan, Hyadea princess of Janina, Narari, Blonde hair girl, Itza Moon, BeautifulButterflyPink, Jenks, Foresamaabc, Nikoru San Fantasy, Kokoa Kirkland, Melinna Sesshy, Cristina97, Kunoichi2518, Nally, Paloma, Aikayuzu-13.17s, Celeste, Jezabel, Anónimo2, Kari, Ranmasan, Nameless Shinobi, Rosedrama, Lizzie, Yoo Joo, AlexMichaels, Hooledanisars, Amie, Krayteona, Yarisha, Nesher, Carol.9803, Karen, Anónimo3, Mena123, AlexanderSR25, Naho89 y Trío Infierno (por tu bello PM *3*). Les pido que no se olviden de firmar con su nombre las que no usan cuenta, me gusta referirme a cada una como se debe pero si no sé quiénes son no me queda más que usar los Anónimos.
Ahora, respondiendo una duda en particular:
- ¿Irasue escogió a Rin?: No. Ella sólo abrió la brecha para que Sesshomaru se topara en algún momento con alguien que pudiera romper su encierro cumpliendo por así decirlo con las palabras de InuTaisho. Irasue no vio a Rin y dijo "esta es la que quiero de nuera", sino fue más bien una maravillosa coincidencia que Rin apareciera... y Sesshomaru no la matara xD
Hay más dudas que serán resueltas en su momento, tranquis. Y para los que quieren más romance les tengo la buena noticia de que probablemente les guste mucho el capítulo que viene *guiño guiño*.
Muchísimas gracias por leer, dejar en favoritos, alertas, comentar y seguir esta historia. Espero que este capítulo también les haya gustado y sea merecedor de un comentario ;) Un beso a todos, ¡hasta la próxima semana!
