Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.
Haunted
Por: Hoshi no Negai
19. Dar la oportunidad
Octubre había terminado para Rin de una manera incómoda y vergonzosa, en una de esas situaciones que uno desea más que nunca meterse en la piel de otra persona para abandonar la propia y no sentir aquel inevitable arrebato de tirarse de cabeza en un agujero y cubrirlo con una roca.
No tenía nada que ver con Sesshomaru. O bueno, en realidad sí, pero la cosa no era con él.
Bien... no directamente.
Desde que se había sincerado con él y le había propuesto seguir adelante con su relación a cambio de la garantía que ningún ser humano recibiría ni siquiera un mísero susto por parte del inugami, la vibra entre ellos había cambiado.
Al principio intentó sobrellevarlo de la manera más normal del mundo, como si fuera cosa de todos los días iniciar una especie de noviazgo con un ser sobrenatural ―a falta de un mejor término para definirlo―. Y que fuera su primer noviazgo lo hacía más... bochornoso.
Aunque intentaba ocultarlo a toda costa, se sentía nerviosa cada vez que estaban cerca el uno del otro, aún si Sesshomaru no actuaba de manera distinta en su presencia ni exigía absolutamente nada. Sólo se quedaba a su lado en silencio y continuó con sus visitas al tejado hasta que la caída de la temperatura ante la inminente llegada del invierno le quitó cualquier deseo a Rin de salir por más de dos horas seguidas.
Si juzgaba la actitud del demonio, lo único que había cambiado un poco era su manera de mirarla. Quizás fueran ideas suyas ante una imaginación más volátil y encendida que antes, pero casi podría jurar que si la observaba a los ojos durante varios segundos sus pupilas se dilataban y su cuerpo se tensaba.
Pero no podía culparlo por pensar en esas cosas que Rin estaba segura que debía pensar. Ella también lo hacía, por más vergüenza que pudiera darle. Pero hasta la vergüenza se quedaba atrás cuando la comparaba con la gran curiosidad y ansiedad que le provocaba ser observaba de esa manera, o cuando el demonio tenía algún arranque de romanticismo ―como ella lo llamaba secretamente― y acariciaba su rostro antes de besarla. No se besaban mucho en realidad, o al menos no tanto como pensaba que lo hacían las parejas normales. Y pese a que eran pocas las ocasiones, nunca faltaban las intenciones de llegar más allá. Nunca faltaban por parte suya por lo menos, aunque se frenaba porque, siendo franca, era una mojigata.
Sesshomaru, por el otro lado, parecía frenarse para mantener su autocontrol. No le había preguntado y no estaba segura si lo haría en algún futuro cercano, pero tenía la impresión de que el contacto entre ellos era escaso porque él así lo imponía. Tal vez no quería hacerle daño, pues dado a que era un demonio y poseía una fuerza descomunal, Rin creía que hasta en eso podría írsele la mano y era lo que él intentaba controlar.
O podía ser que no la deseara como había deseado a las mujeres de sus encuentros físicos.
Rin sabía que apenas era una chica ordinaria sin mucho que ofrecer, pero... ¡qué frustrante era que ni quisiera darle la oportunidad! De acuerdo, quizás era demasiado pronto como para querer llegar hasta ese nivel ―después de todo sólo había pasado un mes―, pero... ¿quién podría culparla? Vivían a solas, se gustaban y hasta ella, mojigata como era, notaba la vibra que había entre ambos.
Ella quería hacerlo seguramente tanto como él, y por más pena que le causara sabía que llegado el momento no pondría reparos en seguir adelante.
Se suponía que era una parte normal de cualquier relación y no tenía problemas con ello.
Pero por más que sus hormonas revolucionadas le susurraran que debía quitarse lo miedica y ser directa, existía un fuerte motivo para detenerla.
Motivo por el cual necesitaba tener una vergonzosa conversación con Han para hacerle un pedido especial y que esperaba fuera lo bastante discreto como para no dejarla en evidencia. Le caía bien Jaken y había aprendido a interactuar con él pese a todas las quejas y reclamos que el hombrecillo verde tenía que ofrecerle cada vez que se veían, pero con Han la cosa era más cordial y hasta amistosa.
Esa mañana como todas las anteriores se había levantado excesivamente temprano para ver si tenía la suerte de encontrarse con alguno de los pequeños demonios que esperaba mientras se retorcía los dedos de nervios. Cuando bajó a saludar a Ah-Un se alegró al ver que los youkais de río estaban reunidos en la cocina descargando las nuevas provisiones. Algunos incluso comían discretamente los alimentos que había dejado para ellos y la saludaban cortésmente al verla llegar.
―Buenos días, señora Rin ―corearon algunos educadamente. Rin ya se había resignado a ser llamada señora, pues por más que intentaba disuadirlos para que la tutearan tenía la impresión de que nunca lo conseguía.
―Hola a todos, buenos días ―les sonrió de vuelta―. ¿Alguien sabe dónde está Han? No lo he visto últimamente, me gustaría hablar con él.
―Han sufrió un accidente, señora ―le dijeron―, no podrá venir por algún tiempo.
―Oh, Dios, ¿qué le pasó? ¿Está bien?
―Está bien, señora. Se ha caído de un risco y rompió varios de sus huesos, pero está estable por ahora.
Rin ahogó un respingo llevándose las manos a la boca. Imaginarse a ese hombrecito verde cayendo por un risco... qué imagen tan horrible. Jamás se había imaginado que su ausencia se debiera a un accidente, simplemente pensó que no habían coincidido por esos días.
Se sentía realmente mal por no haber preguntado antes.
―Rayos... no tenía idea, cuánto lo siento... ¿Hace cuánto pasó esto?
―Unos veinte días, señora.
―Pobre Han... qué horror. ¿Lo están cuidando bien? ¿Tardará mucho en recuperarse?
―Se hace todo lo necesario, señora. Estimamos que estará recuperado en un par de semanas más aproximadamente.
No quería ni pensar en qué estado debía estar el pobre Han si hasta él, siendo un demonio cuyas heridas se suponía que sanaban a mayor velocidad, necesitaba tanto tiempo para estar sano de nuevo. Esperó de todo corazón que realmente estuvieran cuidándolo apropiadamente para que esto fuera posible.
―¿Puedo hacer algo por él? ¿Hay algo que necesite?
―No, señora, lo tenemos todo bajo control ―respondió con cortesía el hombrecillo. Claro, ¿qué podía darle Rin si estaba encerrada en esa casa y que ellos no pudieran conseguir por su propia cuenta? Pensó en decirles que lo trajeran para ayudar con sus heridas y recuperación, pero rápidamente se dio cuenta de que sería demasiado para él: tener que soportar el viaje de ida, lejos de su gente donde debería estar.
De verdad no había nada que ella pudiera hacer para ayudarlo. O tal vez sí.
―¡Ya sé! ¡Esperen un momento! ―entró corriendo a la cocina esquivando y saludando al resto del grupo mientras preparaba una pequeña cacerola de cerámica con estofado del día anterior. Colocó un enorme melocotón sobre la tapa y lo anudó todo con un pañuelo de colores―. ¿Pueden entregarle esto, por favor? Para que recupere sus fuerzas más rápido y regrese pronto. No es mucho, pero es lo mínimo que puedo hacer.
―Por supuesto señora, estará agradecido ―aceptó el mismo demonio de voz chillona con el que estaba hablando antes. Tomó la cacerola envuelta entre sus manitas huesudas y la observó un momento. Unos meses atrás le habría dicho que no debía entregarles nada puesto que no era su obligación y ellos no requerían retribución alguna, pero al igual que ella, ya se habían acostumbrado a aceptar que Rin haría lo que quisiera de todas formas.
―Le ruego que le envíe mis recuerdos y le diga de mi parte que espero que mejore pronto. Si hay algo con lo que pueda ayudarles por favor hágamelo saber ―pidió de nuevo, consternada al imaginarse el estado del pequeño hombrecito con el que se llevaba tan bien. El otro demonio de río asintió y le aseguró que le haría llegar su mensaje―. ¿Sabe dónde se encuentra el señor Jaken de casualidad?
―Está al lado del pozo, señora ―indicó antes de regresar a sus actividades. Rin agradeció con una cabezada y cruzó de nuevo la cocina hacia el área exterior. La puerta trasera del muro estaba abierta y todo lo que distinguió fue una carreta estacionada al otro lado de donde los secuaces de Jaken descargaban todas las provisiones de costumbre y las desfilaban hasta los almacenes. Jaken, por supuesto, dirigía la operación dando órdenes a diestra y siniestra sin mover un músculo él mismo. Le dio una mirada ceñuda en cuanto la vio dirigirse hacia él.
―¿Qué quieres, niña tonta? ¿No ves que estoy ocupado?
―Buenos días, señor Jaken. Me preguntaba si podía quitarle algunos minutos.
―Eso es demasiado tiempo, di de una vez qué pretendes.
Rin se cortó un poco y volvió a retorcerse los dedos.
―¿Podría...? ¿Podría hablar con usted en privado?
―¿Qué? ¿Y eso por qué?
―Porque voy a decirle algo delicado y me gustaría que fuera lo más discreto posible ―musitó, mirando con cautela hacia sus ayudantes que no parecían reparar demasiado en ellos. Ya estaban acostumbrados a verla revolotear por todos lados, así que estuviera ahí no tenía nada de extraño. Jaken acrecentó su entrecejo hundido―. Por favor.
―Bien, de acuerdo. Pero que sea rápido ―Jaken dio un salto del borde del pozo desde donde dirigía a los suyos y la siguió hasta los cuarteles de los sirvientes, sitio en el cual no había absolutamente nadie más. Ni siquiera Ah-Un, quien dormía en sus habitaciones, estaba cerca de ahí―. ¿Qué quieres decirme, niña?
Rin tragó en seco y sintió que sus mejillas se calentaban por adelantado. Era algo que tenía que hacer sí o sí, pero la ceñuda expresión del demonio verde no la ayudaba a darse valor.
―Necesito hacerle un pedido... importante ―comenzó algo titubeante, evitando hacer contacto visual con él. Su rostro ya había enrojecido notoriamente―. Necesito que me consiga, si es posible... unas hierbas para una infusión en especial.
―¿Qué clase de infusión? ¿Estás enferma? ¡Sí que causas problemas, niña idiota! ¿Dónde te has metido para necesitar medicamentos especiales?
―No es nada de eso, señor Jaken, le ruego que me deje terminar ―pidió intentando controlarse―. Es para una infusión preventiva...
―¿Preventiva de qué? ―la interrumpió.
―De un posible embarazo ―soltó sin más, mirándolo a la cara sin querer. Jaken no demoró casi nada en caer en cuenta de lo que estaba diciéndole en realidad. Sin embargo, no le quitó la expresión de suspicacia y sospecha malhumorada.
―¿Esa cosa sería para ti?
―Sí.
Casi podía ver los engranajes en la cabeza de Jaken haciendo giros a toda velocidad. Incluso le parecía poder escuchar sus chillidos estridentes y todo. Sus ojos, ya grandes de por sí, aumentaron su tamaño cuando la observó de hito en hito.
Sólo necesitaba imaginar que no estaba teniendo esa conversación con él y podía continuar.
―Quieres hierbas anticonceptivas ―repitió él. Ah, ¿usan la palabra anticonceptiva en este mundo también? No tenía idea.
―Así es.
―Para ti.
―Ajá.
―Para que las uses con... con...
Rin volvió a tragar con dificultad pero terminó la frase por él.
―Con el señor Sesshomaru ―hizo énfasis en la palabra señor para no descontentarlo más. Jaken no parecía caber en su asombro, como si la sola idea de su estimado amo necesitando hierbas anticonceptivas con una humana fuera algo imposible... ¡algo catastrófico que pudiera significar el fin del mundo!
O al menos esa era la idea que su cara de espanto le daba.
Cuando esta conversación se acabe voy a pretender que nunca pasó.
Jaken no pudo decir nada por varios segundos en los que mantuvo la boca abierta con la mandíbula inferior casi rozando el piso y los ojos desorbitados a punto de saltarle de las cuencas.
―¿Cómo...? ¿Pero tú y el amo...? ¿Por qué...? ―tartamudeó sin salir del horror. Rin roló los ojos creyendo que sólo estaba exagerando―. ¿El amo...? ¿El amo sabe que me estás pidiendo esto?
―Sí, lo sabe ―aseguró. Una mentirilla blanca no le haría más daño de todas formas―. Yo se lo dije y él iba a pedírselo a usted, pero... preferí hacerlo yo en persona.
―Es lo mínimo que podrías hacer después de... Oh, por todos los infiernos... esto es imposible. ¡Debo hacerlo entrar en razón ahora mismo! ¿Cómo se le ocurre compartir el lecho con una humana? ¿Él, el demonio más respetado y de mayor linaje? ¡Esto es una locura!
―¡No! ―lo tomó rápidamente del cuello del traje para impedir que se fuera―. Por favor, no lo haga más difícil de lo que ya es. El señor Sesshomaru quiere mantener la privacidad y discreción con esto, no estará nada contento si arma alboroto en frente de todo el mundo ―razonó inteligente. El demonio calló sus protestas para que lo soltara y supo a regañadientes que ella tenía razón―. Además... las hierbas son precisamente... para evitar que su linaje se vea manchado. Ni él ni yo podemos conseguirlas, pero usted... usted podría evitar que su nombre se corrompa.
Soltó con lentitud al hombrecillo cuando este dejó de pelear y analizaba cuidadosamente cada palabra que Rin le acababa de decir. La chica sólo tenía que seguirle el juego para que al pobre sujeto no le diera un ataque al corazón ni a ella un derrame cerebral.
―Sí... tienes razón... debo evitarlo a toda costa. No puedo creerlo... una humana tan débil y patética con el señor Sesshomaru... ¡qué escándalo! ―Rin evitó soltar un nuevo resoplido mientras volvía a rolar los ojos. Si fuera otra persona quien estuviera hablando de esa manera sobre ella se sentiría ofendida y con ganas de reñir, pero aquel era Jaken y Jaken tenía su propia manera de ver la vida que ella simplemente no comprendía. Así que lo dejaría pasar.
―¿Conoce usted de ese tipo de hierbas, señor Jaken? ―quiso saber para cambiar el tema.
―No, pero en la colonia tenemos herboristas que sabrán qué buscar. Ni se te ocurra hacer nada antes de que regrese, ¿te queda claro, niña tonta? Un pequeño desliz de tus intensiones desbocadas y no me dejarás de oír en tu vida.
―Hey, tampoco es que yo esté desesperada por...
―¡No me interesa lo que digas! ¡Me harás caso y punto! Regresaré con esas hierbas e instrucciones muy claras para que las prepares. Hasta entonces mantén tus manos para ti misma.
Rin estuvo a punto de contestar ácidamente que el mismo sermón debería ir también para Sesshomaru, pero se mordió la lengua antes de hacerlo. Sólo asiente y terminemos con esto. No puedo creer que hable con Jaken sobre iniciar mi vida sexual. Apuesto que discutirlo con mis padres habría sido menos horrible.
―Tiene mi palabra, señor Jaken ―forzó una mueca complaciente. El demonio apresuró a salir con su nuevo objetivo en mente sin dejar de murmurar para sí todo lo que tenía que hacer, mezclado con algo que sonó como 'humanas calenturientas' que aumentó las ganas de la muchacha de estrangularlo.
Estaba segurísima de que Han no hubiera reaccionado ni un cuarto de mal que el señor Jaken.
Inhaló fuertemente y exhaló con lentitud, tranquilizándose con saber que al menos ya había salido de aquella bochornosa conversación y todo estaba parcialmente solucionado. ¿Calenturienta yo? Si hay personas que comienzan desde la secundaria y con un montón de gente que apenas conocen. Yo soy muy normal en comparación, al menos tomo precauciones antes de hacer nada.
Se marchó de los cuarteles de la servidumbre refunfuñada y apretando los puños para no gruñir de la frustración y vergüenza. Los hombres de Jaken se estaban retirando de las cocinas y sólo quedaban algunos dando los toques finales a la organización de provisiones. Rin se despidió de ellos con una cabezada y se alegró de que su líder no estuviera donde pudiera verlo.
Sólo necesitaba unas horas y llenarse el estómago para pasar el malhumor. Y posiblemente terapia de electroshock.
―¿Qué estabas haciendo con Jaken ahí adentro? ―cuestionó una voz a sus espaldas que casi la hizo brincar del susto. Condenado Sesshomaru y sus pasos silenciosos, justo lo que menos necesitaba cuando tenía los nervios crispados.
―Ah... sólo le pedí algo privado, nada más ―hizo un gesto desinteresado con la mano para restarle importancia antes de continuar su camino. Pero Sesshomaru no se quedaría contento sólo con esa respuesta, claro que no.
―¿Qué clase de cosa privada?
―Cosas de mujeres ―espetó cortante con una mirada que decía que no quería seguir hablando al respecto.
―¿Te encuentras bien?
―Sí, estoy bien.
―Estás enojada.
―Eres todo un detective ―gruñó por lo bajo. ¿De dónde salía tanto interés por los asuntos femeninos que le había pedido a Jaken de todos modos?―. No es nada malo... es que me frustra un poco tener que hablar de esas cosas con alguien como él. Es decir... en estos casos preferiría tener a otra chica con la cual entenderme mejor o al menos conversar con más libertad... ¡NO! Ni se te ocurra traer a ninguna mujer a esta casa, ¿quedó claro? ―lo señaló acusadoramente cuando lo vio entrecerrando los ojos ante su queja. Hasta con esos comentarios debía cuidar su lengua, ¡todo siempre se lo tomaba en el sentido literal!―. Retiro lo dicho, no prefiero a nadie, yo solita puedo llevar mis propios dramas femeninos. Si llegas a traer a alguien... sólo no lo hagas, ¿está bien? Rayos, no tienes que tomarte todo lo que digo tan a pecho.
―No he hecho tal cosa.
―Claro, cómo no ―roló los ojos antes de sacudir la cabeza. Tenía que dispersar la conversación antes de que Sesshomaru acabara sonsacándole lo que le había pedido en realidad a Jaken. Prefería que fuera algo para ella sola, y aunque confiara mucho en él... necesitaba mantenerlo para sí misma―. ¿Te gustaría desayunar conmigo? Acaban de traer unas frutas con un aspecto increíble que me han hecho agua la boca.
El demonio no demoró en asentir con la cabeza y posteriormente la siguió a la cocina recientemente abandonada por sus peculiares sirvientes. Toda la comida que Rin había dispuesto para ellos en el mesón había desaparecido y sido reemplazada por productos frescos muy bien organizados.
No le quitó la mirada suspicaz de encima por un buen rato, notando con facilidad lo nerviosa que Rin se ponía cuando se sabía objeto de su total atención. Escuchaba el súbito aumento en sus latidos y el tenue temblor en su voz en contadas ocasiones, incluso notaba algo tan ínfimo como las rápidas miradas de soslayo que le lanzaba de vez en cuando.
Le complacía enormemente saberse con tal control de sus reacciones.
...
Algo en Sesshomaru había cambiado en esos últimos días, esa clase de cambio significativo que le hacía a Rin preguntarse más de una vez al día '¿pero qué mosca le picó?'.
Era como si la vigilara aún cuando no podía verlo, como si esperara que algún enemigo apareciera de la nada y siempre estuviera listo para una pelea. Tal parecía que esperaba un desastre y tomaba las medidas necesarias para sobrellevarlo. Era también un poco más arisco, no había vuelto a besarla ni buscaba su compañía como antes, sino que parecía mantenerse más ocupado haciendo que todo estuviera bajo control. Era normal encontrarlo subido en el borde del muro resguardando el perímetro, y cuando Rin le preguntaba si sucedía algo malo, él sólo respondía que era una ronda de vigilancia de rutina.
Pues había estado con él durante meses y nunca había tenido tantas rondas de vigilancia tan largas ni tan seguidas. Le preguntó también si esperaba algún atacante de gran poder, pero él le repetía sus palabras parcamente sin mirarla a la cara.
Y cuando la miraba a la cara estaba segura de que sus ojos eran mucho más afilados y amarillos de lo que habían sido antes. Como si contemplara una presa antes de saltarle encima.
¿Estará pasando por alguna etapa territorial...? Se preguntaba mientras examinaba cuidadosamente los archivos en la biblioteca a esperanzas de encontrar algún dato sobre el comportamiento de los inugamis. Desde que había llegado a esa casa siempre la había tratado con respeto y naturalidad... con algunos comentarios sarcásticos, sí, pero nada fuera de lo común. Y ahora...
¿Pero qué mosca le picó?
El único texto que encontró sobre los inugamis provenía del mismo libro que ella había usado cuando era niña y supo a qué especie pertenecía. Lo ojeó con la esperanza de que alguna explicación al respecto, pero como era de esperarse, sólo poseía el mismo párrafo decepcionante de siempre.
La única forma de saber la verdad era confrontándolo y listo. Apenas lo viera aparecer no lo dejaría ir tan fácilmente sin antes explicarse.
Así que esperó... y esperó un poco más. Se mantuvo ocupada con Ah-Un, en la cocina, en el telar, limpiando un poco el baño y lavando las toallas... ya era totalmente de noche y el demonio no daba señales de vida. En otros tiempos se habría preocupado de esto, pero ahora que conocía más su fuerza y costumbres, sabía que nada malo podía pasarle.
Resignada a dejar que la conversación pendiente quedara para mañana, tomó las sobras de su cena y se dirigió a la laguna. Sesshomaru le había comentado que no era necesario alimentar a las carpas puesto a que comían insectos y plantas acuáticas, pero aún así le entretenía lanzarles algo de vez en cuando. Especialmente si era de noche donde sus brillantes escamas eran mucho más notorias.
Tomó asiento en el borde del suelo elevado y lanzó pequeños puñados de pan duro del día anterior, quedándose prendada del rápido coleteo de los animales que competían para comer. Era imposible dejar de mirarlos cuando estaban en grupo, era como contemplar una obra de arte en movimiento. Rió suavemente cuando uno de ellos saltó del agua para tomar las migajas al vuelo. Estaba tan concentrada que no notó que Sesshomaru iba caminando en su dirección hasta que lo tuvo a unos pocos pasos.
―Hey, ¿dónde estabas? Te estuve esperando durante horas y... ¿Pero qué...? ¿Qué te pasó, estás bien? ―su sonrisa se esfumó al distinguir las manchas de sangre en todo su cuerpo. Su rostro, como siempre, permanecía impasible. No respondió. Rin musitó su nombre preocupada y se levantó para tantear sus brazos en busca de alguna herida―. Esta sangre no es tuya, ¿verdad?
―No.
Sus hombros cayeron con el suspiro de alivio que profirió para después verlo un tanto indignada.
―¿Pero por qué regresas así? Nunca habías quedado cubierto de pies a cabeza. ¿Qué pasó, el monstruo explotó y no te pudiste quitar o decidiste darte un baño de sangre? ―trató bromear para ablandar su serio semblante, pero a diferencia de veces anteriores, esto no funcionó―. ¿Vas a decirme qué sucede?
De nuevo se quedó sin una respuesta más allá de una mirada fija y desinteresada de su parte. Sesshomaru podía actuar muy extraño cuando se lo proponía. Roló los ojos y después de lanzar el último puñado de migajas en el agua, lo tomó de la mano y tiró de él en dirección a las escaleras.
―Ven, al menos vamos a quitarte esa peste de encima. No sé cómo no te dan arcadas estar así con el olfato tan sensible que tienes.
Lo guió apenas soltando algunos comentarios eventuales hasta el tercer piso, tratando de ignorar el hecho de lo realmente raro que era todo lo que estaba pasando. Estaba inusualmente silencioso, taciturno incluso. Pero por más que trataba de averiguar qué le pasaba, el demonio no respondía. Era como si tuviera la mente en un lugar lejano, sólo dejándose llevar por mera inercia.
Abrió la puerta del baño y le indicó que entrara con un gesto mudo.
―Voy a traerte un cambio de ropa y unas toallas, ¿de acuerdo? Empieza antes de que la sangre se seque y sea más difícil de sacar.
Lo dejó solo en el baño y cerró sintiéndose ligeramente perturbada. Algo debía estarle pasando a ese sujeto como para que regresara en ese estado tan desalineado, siendo él alguien tan pulcro y cuidadoso de su apariencia. Regresó poco después diciéndole que dejaba las cosas en la puerta, más no la abrió para dárselas en persona para evitarse ver de más, y para no restarle privacidad prefirió esperarlo en el balcón.
El sonido de las puertas del baño deslizándose retumbaron lánguidamente en el silencioso corredor un tiempo después. Rin apenas miró cautelosa sobre su hombro, apoyada en el barandal de manera casual, para verlo acercarse con su cambio de ropa y el cabello algo húmedo. Ya no había ningún rastro de sangre en su cuerpo o estola, pero su mirada extraña se mantenía. Se giró por completo para recibirlo con preocupación, apenas estirando un poco la mano en un amago de acariciar su rostro buscando captar su atención.
―¿Quieres que nos sentemos? ―le invitó haciendo un gesto hacia el suelo, hablando siempre con voz suave como si temiera emplear un tono que pudiera hacerlo reaccionar de mala manera. Para su sorpresa el demonio no sólo aceptó su propuesta, sino que fue el primero en seguirla. No sólo se veía ido, sino también cansado. Rin tomó asiento a su lado y después de estar observando el paisaje nocturno no pudo soportar el silencio por más tiempo―. Has estado luchando todo el día, ¿verdad? ¿Es por eso que estás tan cansado?
―No estoy cansado ―negó parcamente. Su voz era tenue.
―¿Te pasó algo allá afuera? ¿Qué es lo que no me estás contando, Sesshomaru?
―He oído rumores ―contestó después de un prolongado mutismo―. Al parecer mi padre sigue con vida y se encuentra cerca de este lugar.
Ahora la que se quedó sin palabras fue ella. Entreabrió la boca y lo observó impresionada sin apenas parpadear. ¿Qué se suponía que podía decir? ¿Que era una buena noticia? ¿Que era una mala? ¿Que sería interesante conocer al pseudo-suegro? A juzgar por la expresión del inugami, aquella información no le había sentado del todo bien. Y claro, ¿cómo podría hacerlo después de que la última vez que había visto a su padre, éste casi lo mata después de una fuerte pelea?
―No sé qué decir ―admitió finalmente―. ¿Cómo te encuentras?
―¿Cómo habría de encontrarme?
―No lo sé. ¿Conmocionado? ¿Sorprendido, molesto? Si pasaste tanto tiempo afuera debe ser por algo, ¿no? Y más si regresas en ese estado... ―Sesshomaru guardó silencio durante un momento, a lo que Rin agregó―. ¿Crees que volverás a verlo?
―No lo sé.
―¿Querrías verlo?
―Eso tampoco lo sé.
―Tal vez... si tienes la oportunidad de hablar con él, podrían solucionar sus problemas... ―probó intentando ser optimista. Por la mirada afilada que le había lanzado el demonio podía adivinar que no lo había conseguido.
―Las cosas no funcionan así.
―Vamos, no lo sabes si no lo intentas por lo menos. Apuesto a que si le hablas...
―No hemos hablado en más de quinientos años ―la cortó ásperamente―. Y no me rebajaré a pedirle que elimine esta barrera.
―Eres demasiado orgulloso, no estoy diciendo que te rebajes a pedirle nada, sino a que hables con él para que se arreglen. ¿Ni siquiera pensarías en intentarlo?
―Eso está fuera de discusión.
Rin tuvo que soltar su resoplido lo más bajo posible para que su falta de paciencia fuera menos notoria.
―Entonces si te encuentras con tu padre, ¿qué harías?
―Lo mataría ―espetó sin siquiera titubear. La chica podría haberse sorprendido con la facilidad de hacer tal afirmación, pero a esas alturas no valía la pena gastar energía en preocuparse o exaltarse más de la cuenta.
―¿Después de tanto tiempo sigues enojado con él?
―Después de tanto tiempo sigo encerrado aquí ―contrarrestó arrugando la nariz con desagrado.
―¿Y crees que si él muere la barrera desaparecerá?
―Valdría la pena intentarlo.
―Sesshomaru... ―empezó con todo el tacto en su poder. Tuvo la intención de tomar su mano para captar su atención, pero estando en un estado tan inestable como aquel no estaba segura de que fuera la mejor idea―. Debes saber que si tú estás furioso con tu padre, él debe seguir furioso contigo por lo que le hiciste a su esposa e hijo. No creo que deberías buscar más enfrentamientos, creo que deberías tratar de resolver esto usando palabras en lugar de fuerza bruta. No puede acabar bien.
―Eso no lo sabes ―gruñó mirándola muy feo a los ojos. Pero eso no era suficiente para detenerla.
―Sí lo sé. La violencia te dejó en esta situación la primera vez, ¿recuerdas? Estuviste a punto de morir, Sesshomaru. Tu padre pudo haberte matado cuando estabas inconsciente, y aunque tú lo encuentres humillante, denigrante o como quieras llamarlo, prefirió dejarte aquí en lugar de acabar con tu vida. No sé si tocando el pergamino puedas ver lo que yo vi, pero... tu padre estaba devastado. Lo lastimaste de la peor manera imaginable y aún así no pudo vengarse de ti.
La mueca de desagrado del inugami se acrecentó ante las palabras que no quería escuchar. Pero tantos años de rencor y sufrimiento debían terminar, y sin Rin podía hacer que pasara, eso haría aunque a él no le gustara oírlo.
―Creo firmemente de que existe la esperanza de que ambos puedan solucionar sus problemas... de alguna forma. Debe existir una forma. Sólo es necesario que des el primer paso.
―¿Por qué habría de ser yo quien lo haga? ―musitó indignado como si hubiera escuchado el mayor de los insultos.
―Porque tú lo heriste a él primero, Sesshomaru. Le quitaste seres amados sin contemplación alguna. Y podrás decir que era lo que debía hacerse, que era tu obligación para evitar guerras y todo eso ―se apresuró en añadir antes de que la interrumpiera como lo vio en sus intensiones―, pero eso no quita el hecho de que hayas matado a su esposa e hijo. Ellos no tenían la culpa de estar ahí, el problema era con tu padre; ni la dama Izayoi y menos el pequeño Inuyasha tenían que pagar por algo de lo que no tenían control. ¿Me explico bien? ¿Sabes a lo que me refiero, verdad?
Como toda respuesta el demonio apartó su mirada de ella para fijarla en un punto muerto hacia adelante sin emitir sonido alguno. Rin quiso creer que estaba considerando lo que acababa de decirle.
―Sé que no te gusta oírlo, pero... no tenías que haberlo hecho. Tu padre te habrá encerrado, pero no te quitó la vida como hiciste tú con sus seres amados. Pese a todo te dio la oportunidad de vivir y redimirte.
―Fue un cobarde por no haberme eliminado cuando pudo.
―No, fue más valiente de lo que imaginas porque con todo el daño que le hiciste, te perdonó la vida. Odiar es muy fácil, Sesshomaru. Pero perdonar... no todo el mundo puede hacerlo. Muy pocos pueden, de hecho, y es muy difícil. Pero cuando lo haces te sientes tan libre, como si un enorme peso se te quitara de los hombros. Ves las cosas con claridad y puedes seguir adelante. Es lo que quiero para ti, Sesshomaru. Lo único que quiero.
Lo miró directamente a los ojos sin apenas parpadear mientras él hacía lo propio manteniendo su mirada fija con ligerísimos tintes de confusión. Probablemente entendía muy poco de lo que le explicaba con infinita paciencia, pero el que lo intentara era lo que realmente importaba. Significaba que estaba dispuesto a hacer su orgullo un lado al menos por ese pequeño momento que consideraba sus palabras y evaluaba que podría estar en lo cierto.
Pero claro, de ahí a que aceptara que ella tenía razón había un largo trecho.
Supongo que no importa. Tenemos bastante tiempo. Sé que lo conseguirá algún día, estoy segura.
―Todo se solucionará tarde o temprano, ya verás. Sólo no te cierres a las posibilidades ―le recomendó encogiéndose de hombros y devolviendo la vista al frente.
―¿Cómo estás tan segura de eso? Siempre dices cosas similares.
―Soy optimista por naturaleza ―aseguró hinchando el pecho. Cómo se alegraba que la peor parte ya hubiera pasado―. Deberías intentarlo de vez en cuando en lugar de verle siempre el lado negativo a todo.
―Se llama realismo.
―Esa es sólo una excusa para evitar decir que eres pesimista ―le sacó la lengua con una sonrisita graciosa. Por fortuna, las facciones endurecidas del demonio se habían ablandado considerablemente.
―Tienes mucha confianza en tus palabras.
―Tengo mucha confianza en ti ―contrarrestó.
―¿Por qué? ¿Por qué confías que haré algo que está en contra de mi naturaleza? ―ahora parecía genuinamente extrañado, aunque su escasa manera de expresarlo lo ocultara bastante bien. Como toda respuesta Rin le dedicó una sonrisa pequeña pero segura.
―Porque no es ir en contra de tu naturaleza, sería más bien aprender algo nuevo. Y ya lo estás haciendo.
―¿Cómo dices que lo estoy haciendo?
―Estás sentado al lado de un ser humano como si nada, ¿no? Dices que nos odias pero heme aquí ―hizo un gesto con su mano señalándose a sí misma como si acabara de hacer un truco de magia.
―Eres diferente a los otros humanos, Rin.
―Sin embargo, sigo siendo un humano ―puntualizó inteligente―. Uno con quien te gusta pasar tiempo para más detalle, así que no digas que estás yendo en contra de tu naturaleza. Si formara parte de tu naturaleza ni siquiera me habrías permitido acercarme a ti en primer lugar, ¿o no?
El ceño fruncido de Sesshomaru pareció relajarse un segundo mientras la observaba a la cara. Era claro que no se esperaba tanta franqueza viniendo de ella. Regresó su atención hacia un punto muerto hacia adelante, sin reaccionar cuando Rin posó la mano sobre la suya y se inclinó hasta reposar la cabeza en su hombro.
―Todo estará bien ―repitió por lo bajo, como quien habla con cuidado para no despertar a alguien más. Por alguna razón el demonio sintió que la calma llegaba a él de la forma más insospechada, por medio de una criatura que se reclinaba a su lado y le hablaba de manera suave. Y por ese momento, le creyó.
Todo estaría bien... si ella estaba ahí.
Y no era el optimismo que Rin predicaba lo que hablaba por él. No, era su mismo realismo, la certeza de que esa simple afirmación era verdadera.
La observó por el rabillo del ojo; esa sonrisa ligera y expresión despreocupada que se mostraba más a menudo conforme pasaba el tiempo. Conforme seguía en su compañía, en realidad. El tenue rubor de sus mejillas y los dedos delgados y pequeños que acariciaban sus nudillos de manera conciliadora, como si buscara alejar todas sus preocupaciones ―esas que Rin siempre decía que tenía―... simplemente que estuviera ahí.
Su respiración comenzó a hacerse más honda y sus músculos se tensaron con el pasar de los segundos silenciosos. No pudo seguir controlándose.
Ni siquiera esperó a que girara la cara en su dirección y notara cómo la miraba. Sólo tomó su mentón entre los dedos y la besó sin siquiera darle tiempo de reaccionar.
Rin lo sintió casi echársele encima con aquel gesto; tanto figurativamente como literalmente, quitándole el aliento en el acto. Tuvo que arquear la espalda y apoyar un brazo en el suelo para evitar caerse por la súbita rapidez con la que él se había movido, aprisionando sus labios con tal ímpetu que le dejó la mente en blanco. La mano que había estado siendo acariciada tan mansamente instantes atrás subió por su brazo hasta tomarla del codo para evitar que se moviera.
Su corazón dio un tumbo mientras intentaba corresponderle, haciéndole ver que aunque no se oponía era necesario bajar un poco la intensidad. Tuvo que eliminar su único soporte y confiar con que él no la dejaría caer ―el agarre en su brazo así lo hizo, afortunadamente―, y llevó la mano hasta su rostro, rozando su mejilla con la punta de los dedos para captar su atención. Dejó que su tacto descansara en su cuello, ligero y mucho más tranquilo de lo que había esperado en una situación así, cosa que tal vez lo hizo reaccionar.
Tomó una honda bocanada de aire mientras se separaba de ella, dejándola con los labios un tanto hinchados, rojos y húmedos, además del rostro arrebolado y los ojos empañados. Esa única visión era suficiente como para incrementar el hambre que sentía, pero su manera de observarlo como pidiéndole un minuto para asimilarlo ayudó a que pudiera mantenerse bajo control.
Al verlo relajar un poco los hombros, Rin acarició su pómulo con el pulgar regalándole una pequeña sonrisa. Ésta vez fue ella quien reanudó el contacto, guiándolo para que se lo tomara con calma. No hay prisa, decía con sus gestos. Tenemos tiempo. Sesshomaru decidió seguirla y hacerlo a su modo, empezando con caricias suaves e inhalaciones profundas mientras la besaba con parsimonia, mordiendo tenuemente su labio inferior y encajándose mejor en su rostro para profundizar cada nuevo beso que le siguió después.
La mano que el inugami había dejado en su cintura comenzó a subir por su espalda y su cuerpo fue empujando al suyo hasta que cayó en su estola, que la escudaba del frío suelo de madera. Ésta vez las atenciones no fueron a su boca, sino que bajaron en un camino húmedo y cálido desde su mandíbula hasta su cuello, donde sus colmillos rozaron delicadamente la tierna piel de su hombro tras apartar un poco la tela que se lo impedía. Rin comenzó a soltar suspiros un tanto más elevados, perdiéndose en todas las sensaciones que experimentaba por primera vez y que no quería detener.
Pero que debía hacerlo.
Fue cuando una caricia firme subía por su pierna, elevando la falda de su kimono en el proceso, que supo que las cosas llegarían demasiado lejos si no las detenía.
―Sesshomaru... ―lo llamó. Su voz sonaba pastosa e ida, pues tenía los sentidos tan entumecidos que era casi un milagro que pudiera pensar algo coherente. Y mucho más llegar a hacerlo―. Espera, Sesshomaru... ―posó los dedos en sus labios cuando el hombre se disponía a besarla de nuevo. Se ganó una mirada que era una extraña mezcla entre indignación y confusión. Aquel debía ser un día muy agitado para sus nulas expresiones faciales, pues no era normal verlo tan emotivo―. Perdóname... pero no puedo. No podemos. No aún.
Sesshomaru mantuvo su postura estática junto a esa mirada unos cuantos segundos más, como si le diera tiempo para que se retractara y comenzaran la ronda de nuevo. Pero Rin se mantuvo firme y con algo de pena y cohibición negó con la cabeza. El demonio se hizo hacia atrás, permitiéndole que se incorporara.
―Lo siento... yo... créeme, también... yo también quiero esto, pero... No puede ser hoy.
―Aún no llega Jaken ―contestó él. Su voz sonaba más ronca y pesada de lo normal.
―Así es, no puedo correr el... Espera un momento, ¿sabes que yo...?
―Escuché tu conversación con él ―dijo como toda respuesta, ayudándola a terminar. Los colores de Rin, subidos ya de por sí, se oscurecieron un par de tonos más.
―¿E-en serio? ¿Lo escuchaste todo? ―agregó con un tono más agudo.
―Tengo buen oído. Y sí, lo escuché todo.
La muchacha sintió cómo su cabeza se hundía entre los hombros y omitió un gruñido bajo y prolongado antes de que su garganta lo produjera por mera inercia. Sentía la mirada recurrente y ligera de su acompañante sobre su coronilla, y eso sólo ayudaba a que los latidos de su corazón fueran más deprisa y el cosquilleo en sus extremidades se acrecentaran.
―Vaya... y... ―carraspeó incómoda―. ¿Qué piensas al respecto? ―apenas lo miró de soslayo sin siquiera levantar la cara de su sitio. Para su fortuna, él había decidido ese preciso momento para hacer lo mismo en dirección contraria.
―¿Por qué preferiste decírselo a Jaken antes que a mí?
―Bueno... es que me daba mucha pena hablarlo contigo ―admitió bajito―. Además él es el que puede conseguir los remedios. Y... es algo personal que me incumbe a mí.
―Nos incumbe a ambos si mis cálculos no fallan, Rin.
―Sí, lo sé... pero no serías tú quien se quedaría embarazado, ¿no? ―trató de bromear para quitarse todo el bochorno que sentía. Obviamente no funcionó. El demonio no hizo ningún comentario al respecto―. ¿Estás...? ¿Estás molesto porque he hablado con él sobre eso?
―Tuviste que habérmelo dicho.
―¿Haberte dicho qué cosa? ¿Que buscaba métodos anticonceptivos?
―Que estabas lista para esto ―su forma tan directa de hablar hizo que su corazón latiera un poco más deprisa.
―Yo... pensé que esas cosas sólo pasaban y ya. Sólo quería estar preparada para cuando llegara el momento. Además... es bochornoso hablar de estas cosas.
―Lo hablaste con Jaken ―repitió enarcando una ceja.
―Y me quería morir porque fue horrible. Ni siquiera quiero recordarlo ―gruñó con un escalofrío intentando alejar los recuerdos de su mente―. Lo siento... no se trata que no confíe en ti. Sólo quiero tomar precauciones, es todo. O... ¿me estás intentando decir que no estás de acuerdo con que lo haga? ―preguntó extrañada pensando en la posibilidad.
―No se trata de eso ―negó él parcamente―. Fue una buena decisión la que tomaste.
―¿Entonces...? Oh... ―cayó en cuenta de lo que podía ser. ¡Claro que está molesto, acabo de cortarle el rollo de una manera muy cruel! Pero no fue para tanto, podría haber sido peor... cuando estuviéramos a punto de hacerlo de verdad. Ahí si entendería, ¿pero ahora? ¿Será que se trata de otra cosa?―. Sesshomaru... ¿tú has pensado en eso?
―¿En qué?
―En lo que llegaría a pasar si no tomo previsiones. ¿Es que tú quieres...?
―No he dicho tal cosa, Rin.
Pero por cómo lo dijo ella supo que había algo entre líneas, algún significado oculto que no podía descifrar. ¿Se trataba de su orgullo masculino, acaso? ¿Era alguna clase de orgullo primitivo el que le dictaba que debía tener descendencia?
No, eso es ridículo, desechó la idea tan rápido como la pensó. ¿Por qué querría Sesshomaru hijos que saldrían híbridos, cuando repudió a su padre por hacer lo mismo? ¿Cuando él mismo odiaba con todo su ser a los seres humanos y había asesinado a sangre fría a su madrastra y hermano? Rin sabía que para él, ella no era una humana ordinaria, pero aún así...
Estoy pensando demasiado en esto. Mejor lo dejo hasta aquí.
―Es mejor así. Soy demasiado joven y apenas estamos empezando... lo que sea que tengamos entre nosotros.
―No eres tan joven ―señaló él con indiferencia. Ella entrecerró los ojos sin mucha gracia.
―Nunca le digas eso a una chica porque no puede salir nada bueno ―le recomendó torciendo la boca―. Y sí lo soy, tengo diecisiete años. Ni siquiera soy mayor de edad.
―Eso carece de importancia aquí.
―Sí, ya me di cuenta ―se cubrió la boca con los nudillos reviviendo brevemente los apasionados besos que le había dado minutos atrás―. Pero de todas formas... Sabes que es mejor tomar precauciones.
―Lo sé.
Después de eso se hizo un silencio un tanto incómodo que Rin ocupó en abrazar sus rodillas y pretender que estaba muy interesada en las líneas en la madera del suelo, siguiéndolas con el dedo como método de distracción para no levantar la cara hacia él. Qué ridículo era sentirse tan avergonzada considerando lo que habían estado a punto de hacer. Sabía que quería llevar las cosas hasta ese extremo con él y romper el límite, pero entre hacerlo y tener que explicar sus razones había una diferencia... de ponerle voz a la maraña de cosas que sentía y pensaba, lo cual no era exactamente fácil.
Sonrió un poco agradecida con que el pequeño interrogatorio hubiera terminado. Sesshomaru tenía su fibra de curiosidad ―ni por lejos tan marcada como la suya, claro, pero seguía estando ahí―, pero lo bueno era que no duraba demasiado ni llegaba muy lejos. Quería creer que como a él no le gustaba ser interrogado de manera personal, sabía lo incómodo que podía ser y prefería ahorrárselo a ella.
¿Ir en contra de su naturaleza? Quién sabe. Tal vez eran los dos quienes iban en contra de la corriente en un intento de comprenderse mutuamente. Pero valía la pena. Por primera vez desde que llegó a ese plano sobrenatural sentía que hacía lo correcto. O al menos así se sentía esa noche en particular, compartiendo aquel momento y espacio con él después de sincerarse sin tantos tapujos de por medio. Cada vez era más fácil hablarle de temas delicados, cada vez era más fácil...
Sentirme en casa, completó asombrada ante la realización.
Por primera vez desde su llegada... se sentía en casa.
Lo miró estupefacta como esperando a que él corroborara lo que acababa de analizar con una certeza casi aterradora.
Pero en lugar de ponerse a pensar mil veces en el asunto, recordar sus tormentos y torturarse silenciosamente por la culpa que la había llevado hasta ahí en primer lugar, cuando la mirada dorada se fijo en la suya asombrada como cuestionándola por su expresión, sólo pudo esbozar una sonrisa enternecida. Se puso de pie tras negar ligeramente con la cabeza y reacomodó sus ropas desordenadas.
―Creo que iré a recoger el baño y después me iré a dormir.
―Ya lo hice ―contestó el demonio aún desde el suelo.
―¿En serio? ¿Y qué hiciste con tu ropa ensangrentada?
―La tiré.
―... qué práctico ―se rió bajito imaginándoselo tirar sus cosas por la ventana. Tendría que bajar en la mañana a ver si era cierto o no, o si de alguna manera las había hecho desaparecer. Sesshomaru tenía tantas habilidades sobrenaturales que no le extrañaría que desaparecer objetos de la nada fuera una de ellas. Bueno, me desapareció a mí―. En ese caso me iré a dormir. Buenas noches, Sesshomaru ―rozó su hombro cuando se retiraba, no sin antes dedicarle un último vistazo.
―Buenas noches, Rin ―contestó cuando ella ya se había ido.
Cada vez se le tornaba más dificultoso mantener el temple cuando Rin estaba cerca, en especial desde que sabía que estaba dispuesta a compartir el lecho con él. Había pensado en la posibilidad, y aunque admitía que jamás se le pasaría por la cabeza siquiera tocar a un humano con un ínfimo rastro de esas intensiones, con Rin... era distinto.
Muy, muy distinto.
Existía una innegable atracción entre ambos, y ni siquiera la diferencia entre especies podía frenarlo.
Pero después de la conversación que habían tenido aquella noche y la manera tan extraña en la que había apaciguado sus impulsos, se dio cuenta que controlarse no era tan difícil como había pensado en primer lugar.
Rin siempre conseguía aplacarlo cuando menos se lo esperaba.
...
Cuando su agudo oído registró la presencia de Jaken aquella mañana en la mansión después de tanta ausencia, supo exactamente por qué estaba ahí y qué había traído consigo esta vez. Fue hasta la planta baja y se encaminó hasta la fuente de todos los sonidos y olores, de entre los cuales resaltaba el de Rin notoriamente.
Los lacayos de Jaken hicieron una honda inclinación al reparar en él, a lo que el demonio no hizo ningún gesto para reconocerlos. Igual que la vez anterior, Rin hablaba en privado con Jaken en los cuarteles vacíos de la servidumbre que ahora eran el cómodo hogar del dragón. Lo vio intentando robar las provisiones de Rin a los pequeños renacuajos que intentaban alejarlo sin mucho éxito. Pasó de ellos y se situó al otro lado de la pared de la habitación que la humana ocupaba para su intercambio de palabras con Jaken... y otro demonio más, uno de sus tantos fieles seguidores. Sus voces, calladas en murmullos para mantener la discreción ―en especial la de Rin―, eran perfectamente audibles para él.
―No sabía que eras el herborista de tu pueblo, Han ―escuchó que decía Rin―. Me alegra que estés mejor. ¿Te recuperaste por completo?
―Así es, señora. Agradezco su preocupación y sus atenciones ―aunque no podía verlo, Sesshomaru sabía que el hombrecillo hacía una pronunciada reverencia que avergonzaba a la muchacha. La conocía bastante bien.
―Lamento no haber podido hacer más, me hubiera gustado...
―Deja las tonterías, niña, que no estamos aquí para chismes ―se enfurruñó Jaken―. Asegúrate de memorizar cada explicación, humana tonta, no pueden haber errores.
―No se preocupe, señora, he anotado paso por paso todo lo que debe hacer.
―¿En serio? Gracias, qué considerado. Justamente traje para anotar yo también, para llevar un registro.
―Bien. Puede hacerlo si eso desea. Empecemos con esta. ¿Ve las raíces torcidas? Debe dejarlas cociendo con el jugo del tallo por aproximadamente diez minutos, cuando el agua ya esté hirviendo y haya tomado la coloración del tallo. Después...
Y a continuación procedió a explicarle muy pacientemente cada paso a seguir para la preparación de cuatro infusiones diferentes, dándole consejos y recomendaciones sobre su uso y consumo. Rin no hizo demasiadas preguntas y escuchó cómo su pincel trazaba líneas en los pergaminos que había llevado diligentemente. Él también prestaba delicada atención para estar al tanto.
No se movió de su sitio hasta que la reunión hubo terminado y el trío desocupara la habitación. Rin se percató inmediatamente de su presencia y por un instante se quedó helada. Sólo fue un segundo, pero supo identificar la mirada cargada de complicidad que le siguió escondida entre su rubor. Se alejó con el tal Han que seguía dándole recomendaciones mientras Jaken se quedaba con él para darle su dosis correspondiente de alabanzas. Los ojos del inugami siguieron a Rin hasta que esta se distrajo con el dragón al lado de las cocinas y por fin le dio un poco de atención a su lacayo.
―¿Has oído algo sobre mi padre? ¿Sabes dónde se encuentra?
―He escuchado muy poco, amo, pero todo apunta a que está por las riveras cercanas a la costa del oeste ―le respondió con cautela y tenía sus razones. Aquellos eran los dominios de su madre, de quien apenas había sabido desde su encierro y a quien no había vuelto a ver desde que era un cachorro. Arrugó la nariz con desagrado y emitió un gruñido bajo.
―¿Qué estarán tramando? ―lanzó la pregunta al aire, como si realmente no esperara que Jaken supiera la respuesta.
―No podría decirle con certeza, amo, su padre es muy sigiloso y casi no se deja ver por estos lugares. Mis fuentes lo han visto emerger del castillo de su señora madre al menos en dos ocasiones, pero no hay manera de saber qué es lo que ocurre cuando está adentro ―Jaken tembló ante la fría mirada que se cernió sobre él y se apresuró en corregir su error―. No ha habido manera hasta ahora, amo, pero la habrá. Téngalo usted por seguro. Ya mismo comandaré una misión para infiltrar a mis hombres a la fortaleza, conseguiremos esa información cueste lo que cueste.
―No me defraudes, Jaken ―fue todo lo que dijo, consiguiendo que el demonio verde se lanzara al piso en inclinaciones asegurándole que así sería y que lo juraba por su vida. De ser ese tipo de personas, Sesshomaru pudo haber rolado los ojos. Si tan solo Jaken no fuera tan adulador sería más fácil soportarlo.
Pero hacía su trabajo con eficiencia y no solía fallarle, cosa que le sumaba puntos positivos.
Para cuando los youkais de río se marcharon, el inugami encontró a Rin en la cocina pegada a un pergamino, leyéndolo tan de cerca que casi lo tocaba con la nariz. En su mano libre sostenía un cucharón de madera y le daba vueltas al contenido de una pequeña olla de la que emergía un fino rastro de vapor. De nuevo se sonrojó ligeramente al saber que lo tenía al lado, pero intentó cubrirlo depositando su atención en lo que estaba preparando y le comentó lo más casualmente que pudo:
―Aparentemente debo tomarme esto todos los días sin falta y no puedo recalentarlo, así que hay que prepararlo cada mañana con el desayuno. Espero que no sepa tan mal como huele ―intentó bromear, claramente nerviosa por su proximidad. Sesshomaru pretendió interés en lo que estaba haciendo, pero eso no la engañó en lo absoluto―. Debo tomarlo unos días antes de que pase nada ―le dijo en son de advertencia―. Este y otro más. Han me entregó una hierba especial que tiene el efecto de la píldora del día después y otra infusión que me mantendrá protegida por tantos potajes, para que mi salud no tenga efectos secundarios de todo lo que me estaré tomando a partir de ahora.
―Lo sé, estuve escuchándolo.
―Oh... cierto, tienes buen oído ―recordó y regresó los ojos al papel antes de agregar el contenido de un pequeño mortero de piedra en el líquido hirviente―. Supongo que estar apoyado en la pared también ayuda a tu oído, ¿no?
―Lo hace.
Rin contuvo el aliento un momento para luego soltar un suspiro largo y prolongado, como si todo lo que estaba haciendo apenas comenzara a ser asimilado de verdad. Presintió su inseguridad, su miedo y su incertidumbre. Pero al mismo tiempo descubría un ínfimo rastro de anticipación. Era extremadamente fácil leerla si la observaba sólo un momento.
Aunque fuera un ser humano y muchas de sus reacciones o motivos le fueran desconocidos, no había manera de engañar a su olfato ni pasar desapercibidas sus respuestas físicas.
Sesshomaru se dispuso a retirarse para que pudiera hacer lo suyo con tranquilidad, pero se detuvo un instante para una última cosa.
―No te obligaré a hacer nada para lo que no estés preparada, lo sabes ―aseveró muy seriamente―. Sólo tienes que decirlo.
La mano que removía la infusión se quedó quieta sosteniendo el cucharón mientras la humana lo miraba con sorpresa. No se había esperado aquel comentario.
Rin apretó ligeramente el papel antes de recuperarse de su instante de aturdimiento y bajó los hombros con un suspiro.
―Lo sé ―le sonrió conmovida. Ni siquiera lo ponía en duda.
El demonio se marchó dejándola con el corazón más acelerado que antes. Su mano no siguió removiendo el contenido de la olla, sino que permaneció estática mientras sus ojos se perdían en el líquido verde mezclado con hojas y raíces trituradas. Estrujó el cucharón y se volvió hacia el marco de la puerta por donde había salido Sesshomaru, tragando con pesadez.
Una idea, un mínimo deseo que había estado ahí desde hacía semanas ―aunque no estaba del todo segura de cuándo había llegado en primer lugar― hizo eco en su cabeza. Pequeño pero latente.
Continuó con su labor siguiendo las instrucciones al pie de la letra para después proceder con la siguiente infusión. Tomó ambos brebajes inmediatamente después, aguantando el horrible sabor que tenían y se dio unas palmadas en las mejillas para enfocarse e iniciar sus labores correspondientes de la jornada.
Sin embargo, aquella idea no abandonó su subconsciente por el resto del día.
...
Sesshomaru regresó de su habitual ronda de vigilancia nocturna, una que hacía más por rutina que por verdadera necesidad, pues sus sentidos eran lo bastante agudos como para avisarle con tiempo si existía alguna amenaza por los alrededores antes de que ésta traspasara los límites.
Rin estaba despidiéndose de Ah-Un para cuando cruzó el muro, pero estaba lo suficientemente lejos como para no percatarse de él, por lo que continuó mimando al animal sin interrupciones. El demonio se adentró en la fortaleza hasta llegar al tercer piso. Se detuvo tras subir el último escalón, contemplando el siguiente tramo de escaleras para su usual morada del ático. Hacía varios días que no lo visitaba, al menos no con la misma frecuencia que antes. Quizás lo hacía algunos minutos día de por medio para ver el perímetro por los ventanales y dedicarle una rápida mirada de soslayo al pergamino con su sangre.
Ya no sentía la imperiosa necesidad de meditar frente a él, buscar en sus recuerdos algún detalle pasado por alto que pudiera significar el fin de su encierro. No se molestaba en encontrar algo que simplemente nunca encontraría, algo que desde hacía semanas... ya no tenía el mismo poder sobre él.
El pasado no lo atormentaba, la rabia acumulada por siglos de cautiverio se mitigaban con una facilidad casi arrolladora cuando otra cosa se coló paulatinamente en el primer lugar de su lista de prioridades.
Rin.
Tan simple, tan cierto.
La humana era quien lo mantenía fuera de sus obsesiones cultivadas tras largos años de odio, incomprensión e intranquilidad; sólo necesitaba llamarlo o apenas estar cerca para dispersar su mente de aquellos temas que la habían plagado desde el momento de su encierro.
Comenzó a abandonar ambiciones destructivas y, sin siquiera detenerse a analizarlo, comenzó a maquinar algo totalmente diferente: Un futuro con ella.
Sabía que Rin haría todo a su alcance por deshacer la barrera que lo ataba a la casa ―y veía claramente sus tácticas para conseguirlo―, pero en lugar de sentirse humillado por sus intenciones, todo lo que sintió fue curiosidad. Estaba abierto a lo que fuera que quisiera hacer.
Si funcionaba, bien. Y si no funcionaba... tal vez no fuera tan malo. Siempre y cuando estuviera Rin ahí, podría tolerarlo.
Nunca supo cuándo su manera de pensar y ver las cosas, su misma lógica, fue cambiando hacia los rumbos que la humana le proponía pacientemente, esperanzada de hacerlo comprender su punto de vista. Estaba comenzando a hacerlo y, muy a su pesar por su misma naturaleza demoniaca, descubrió que en realidad no era tan humillante como había estimado en principio. Era diferente, sólo eso.
Giró los talones y se dirigió al pasillo donde estaba la habitación que Rin había preparado para él. A pesar de su casi inexistente capacidad para dormir, seguía dándole un uso regular de todas formas, más que nada para tener un lugar propio en el que meditar en soledad.
Soledad que, curiosamente, se vio interrumpida por primera vez aquella noche.
Antes de abrir la puerta sintió los suaves pasos femeninos acercándose. Sus pies descalzos ni siquiera hacían eco entre las paredes, y sería lo bastante buena como para pasar desapercibida si tan sólo no tuviera los sentidos tan desarrollados.
Sesshomaru la miró esperando a que dijera lo que tenía que decir ―seguramente desearle las buenas noches―, pero en cambio la joven se detuvo y le devolvió la mirada frunciendo ligeramente el entrecejo.
―¿Ocurre algo? ―preguntó al fin después de varios segundos esperando en vano. Por alguna razón desconocida el rostro humano se ruborizó al escuchar su voz, pero no cambió su expresión resuelta.
―Nunca he hecho esto ―le dijo con sinceridad. Sus mejillas estaban al rojo vivo―. Pero... de verdad me gustaría intentarlo. Me gustaría que fuera contigo.
―¿De qué estás hablando?
Como toda respuesta la muchacha eliminó el espacio que los separaba y se estiró para besarlo impulsándose sobre sus puntillas y tomándolo del cuello del haori con mucha fuerza. Sesshomaru no lo había visto venir. Volvió a cuestionarle qué pasaba, pero todo lo que ella hizo fue besarlo de nuevo sólo que durante un poco menos de tiempo. Acto seguido lo observó de la misma manera con sus ojos grandes y decididos. El demonio supo inmediatamente lo que quería decir.
―¿Estás segura de que es lo que quieres?
―Si es contigo ―asintió intentando reflejar una convicción que no estaba del todo seguro que tuviera.
―Intimar con un demonio puede dejarte cicatrices. Puede ser más doloroso de lo que imaginas ―le advirtió. Rin entrecerró los ojos con suspicacia y alzó una ceja.
―¿Me dices esto ahora que ya he tomado las infusiones y has estado a punto de pasar a segunda base en más de una ocasión?
A pesar de que el inugami no sabía qué significaba exactamente pasar a segunda base, sí entendió el significado detrás de su manera de hablar
―Es diferente. Puedo hacerte daño.
―Lo sé. Sé que eres muy fuerte y te dejas guiar por tus instintos ―apretó ligeramente la tela que cubría su brazo. Por la forma que tenía de mirarlo a la cara, sin un dejo de duda, sabía que no se echaría para atrás―. También sé que somos diferentes en muchos aspectos. Pero confío en ti. Sé que estaré bien. Además, no es como si me fueras a romper en dos. Dame algo de crédito, no soy tan debilucha ―le sacó la lengua con un mohín de burla. Casi, casi lo hizo sonreír.
―Sé que no lo eres ―le dijo. Su tono emergió algo ronco y bajo, sin perder la cercanía ni dejar de sentir las caricias de su respiración en el rostro―. Pero creí que debías tomar las infusiones días antes de esto.
Como toda respuesta la chica dejó entrever una sonrisa entre tímida y pícara. Sus ojos brillaban más de lo normal e incluso podía escuchar sus apresurados latidos del corazón.
―Por unos días no pasará nada. Además... ya esperamos suficiente... ¿verdad? ―agregó por lo bajo mordiéndose el labio inferior mientras miraba hacia otro lado por inercia. Regresó su vista al frente cuando el inugami tomó posesión de su boca en un beso demandante y profundo que le sacó el aire. La tomó de la cintura con una mano para mantenerla cerca.
―Cierto.
Algo en su voz hizo que Rin se descolocara por completo, perdiéndose en el momento sin nada más de lo que preocuparse que seguir besando y acariciando a aquel hombre que regresaba sus gestos tan gustosamente. Ella no era la única que se creía liberada y quería darle rienda suelta a su deseo según lo que estaba viendo... y sintiendo.
El demonio la acorraló contra la puerta, mordiendo su labio inferior mientras se apegaba a su cuerpo hasta que ambos se tocaban en la mayor medida de lo posible. Rin rodeó su cuello con un brazo y con el otro apretó la tela del haori de su espalda, como si con esto pretendiera mantenerlo justo donde estaba. Sesshomaru no necesitaba la fuerza de sus brazos para esto, ya se encargaba él mismo de que así fuera.
Justo como la noche anterior, bajó sus atenciones dejando un rastro húmedo de suaves mordiscos desde su mandíbula hasta su hombro, el cual descubrió apartando la tela de su kimono apretándola con un puño. Callados gemidos eran los que le incitaban a continuar con un ímpetu mayor del que ya tenía.
La temperatura subió en cuestión de segundos, y lo único que se escuchaba en el silencioso pasillo eran las respiraciones y jadeos agitados que se entremezclaban con el deslizar de telas. El inugami la elevó tomándola de las caderas, acción que la llevó a aferrarse a él abrazándolo con las piernas. Arqueó la espalda con un nuevo jadeo al sentir la piel de su pecho ser explorada con hambre y sin pudor alguno. Rin no tenía idea de que esa área pudiera ser tan sensible, y se llevó la sorpresa cuando uno de sus senos era mordido y lamido con una deliciosa lentitud que le envió descargas eléctricas por la columna vertebral.
Un sonoro crack retumbó en el corredor cuando el demonio, buscando eliminar cualquier mínimo espacio que pudiera meterse entre ellos, se apegó más a la chica consiguiendo que la puerta de papel y madera se hundiera hasta que se partió. Se miraron un segundo desubicados por esto, pero Rin no tardó en soltar una corta risita por la gracia de estar incrustada casi literalmente en la puerta.
Tenía la impresión de que serías intenso pero no hasta este punto, quiso decirle, pero el agite del momento no le permitía articular tantas palabras seguidas. Sin embargo, sus ojos divertidos hablaron por sí mismos.
―¿Mejor adentro? ―fue todo lo que pudo decir. La voz le temblaba y sonaba ida, pero no por ello menos emocionada. El hombre estuvo a punto de regresarle la leve sonrisa, tanto que el amago de una se formó en la comisura de su boca.
―Mejor adentro ―consintió. La aferró a sí mismo con un brazo mientras que con el otro abría y cerraba la puerta después de adentrarse en la habitación en penumbras. Rin casi no había vuelto a entrar desde el día que la había preparado, y mucho menos lo había hecho de noche. Aunque debía reconocer que una ínfima parte de ella había imaginado cómo sería estar ahí en esas mismas circunstancias que la apegaban al cuerpo masculino.
Volvió a reírse al distinguir el notorio hundimiento que acababan de hacer.
―El lado bueno es que mañana estará como nuevo ―comentó antes de que Sesshomaru se detuviera en el centro de la habitación. No parecía tener intenciones de soltarla, pero Rin le hizo un pequeño gesto para que le permitiera regresar los pies en el suelo. El demonio lo acató a regañadientes, y cuando la chica se deslizaba para bajar, sintió la forma endurecida que se apegaba a su entrepierna y a su vientre. De nuevo la invadió la misma descarga eléctrica en su columna, cosa que profundizó sus inhalaciones y mantuvo fija su mirada en él.
La ropa de ambos estaba descolocada y aunque no pudiera verse, sabía que tenía el cabello algo revuelto y metido entre los pliegues del cuello del kimono. Sesshomaru, por su parte continuaba haciendo uso de su porte elegante aún cuando su haori estuviera mal acomodado y un notable bulto sobresaliera de entre la tela de su hakama.
El pensamiento de que estaba literalmente a minutos de acostarse con el demonio sacudió su mente como si fuera un látigo. Estaría desnuda ante él, dejaría que la tocara y lo tocaría en respuesta, le permitiría quitarle su virginidad y explorar cada centímetro de su cuerpo...
Y pese a que sentía algo de aprensión ante esta realidad que estaba por afrontar, mentiría si lo tomara como algo malo. Quería que pasara con él... sólo con él.
Sin quitarle los ojos de encima, Rin estiró una mano y haló de su cinturón para deshacer el nudo que mantenía cada pieza de sus ropajes en el lugar correcto. Su pecho ancho y trabajado quedó descubierto, y una de las manos femeninas reptó por la abertura hasta llegar a su cuello. Acercó su rostro al de él y musitó presa del ambiente cargado que los rodeaba:
―Sólo te pediré una cosa ―dijo contra sus labios―. Cuidado con las garras y los dientes.
Sesshomaru le devolvió el beso con ardor, llevando una mano a su espalda hasta dar con el nudo de su obi. Tiró de él y lo desató sin esfuerzo alguno. Ésta vez sí mostró una sonrisa ladeada al responder.
―Causarte dolor no es precisamente lo que planeo para ti esta noche.
Dio un jalón firme para eliminar la opresión de la ancha tira de seda, consiguiendo en Rin el mismo efecto en la parte superior de su cuerpo. Aunque parte de sus pechos comenzaban a mostrarse por la corredura del kimono en su hombro, la abertura llegó hasta su cintura, regalándole sensación de su blanca y tersa piel contra la suya también expuesta a medias. El roce sin ninguna barrera de por medio fue igual de gratificante para ambos, aunque sólo fue Rin quien no pudo ocultarlo al intentar ahogar un gemido.
―Entonces demuéstramelo ―lo retó con una mirada cargada de deseo y picardía. El inugami no necesitó escucharlo dos veces y se abalanzó sobre ella, besándola con un ímpetu mayor de lo que la muchacha había experimentado. Su obi ya suelto cayó alrededor de sus pies, terminando de abrir su ropa de dormir sin esfuerzo alguno. Sesshomaru tomó una buena cantidad de tela en el puño que mantenía en su espalda y tiró de ella sin contemplación alguna, desnudándola en cuestión de segundos.
Se quedó quieta por un instante, con el amago de cubrirse por mero reflejo. Pero sus brazos permanecieron lánguidos a su costado, permitiendo que el hombre la examinara sin pudor alguno. Ver sus pupilas dilatadas concentradas en recorrerla para después detenerse en su rostro le hizo sentir el fuego corriendo a toda velocidad por sus venas hasta agolparse en puntos estratégicos de su anatomía.
¿Era así como se sentía ser deseada? Podía acostumbrarse.
Y por eso mismo, animada por su reacción, no se permitió acobardarse ni quedarse atrás. Llevó ambas manos a las solapas de su haori a la altura de las clavículas y las quitó hasta que obligó al demonio a retirar sus brazos para deshacerse de las mangas, tal cual había hecho él escasos segundos atrás. Volvió a rodearla, guiándola con empujones y doblando su espalda lo suficiente como para que se recostara sobre la estola que se arremolinaba en los pies de ambos, ahora desprendida del hombro masculino. No parecía haber tiempo como para desdoblar el futón y tenderse sobre él.
La chica quedó entre sentada y acostada, negándose a simplemente dejarse hacer, e intentaba mantener el ritmo de su compañero, devolviéndole cada caricia con el mismo brío. Su falta de experiencia no parecía ser un impedimento, pues entre sus propios quejidos placenteros le pareció escuchar algunas exclamaciones guturales masculinas.
Con una mano mantenía el equilibrio para no terminar de caer mientras que con la otra recorría el pecho de su compañero, pasando desde la gran cicatriz dejada siglos atrás por su padre ―la única que marcaba su nívea piel― hasta los duros músculos de su constante actividad física en los alrededores de la casa. El demonio masajeaba sus senos al mismo tiempo que mordisqueaba su cuello hasta que la delicada mano de Rin llegó hasta el borde de su suelto pantalón, pero se detuvo antes de sobrepasar el límite de la tela. Buscó su mirada titubeante, alertándolo ante la súbita tensión que se acumuló en sus músculos.
A pesar de su notable deseo por continuar, una parte de ella aún tenía reparos. Y él sabía exactamente cómo solucionarlo.
―Aún no ―murmuró roncamente en su oído antes de morder su lóbulo. Rin respingó cuando terminó de empujarla para hacerla caer de espaldas, dándole un profundo beso que aturdió sus sentidos. Y eso que no tenía idea de lo que le aguardaba a continuación.
El inugami apenas le dedicó una rápida mirada a su rostro acalorado a la vez de ansioso, y fue bajando las caricias que le propinaba con los labios y lengua casi en línea recta, lanzándole corrientazos en la piel cada vez que bajaba más y más. Hasta que se detuvo momentáneamente en su vientre plano y volvió a alzar la mirada dorada, casi resplandeciente de deseo en la oscuridad. Tenía una mueca victoriosa, como si se supiera vencedor de un juego que sólo él conocía. Rin no demoró en adivinar sus intenciones, pero cuando estuvo a punto de decirle que no lo hiciera ya era demasiado tarde.
Volvió a recostarse con un espasmo, arqueando la espalda cuando su zona íntima se vio invadida por él... de esa manera. Apretó con fuerza la estola y se mordió los labios para no dejar escapar ningún alarido. Jamás había sentido nada como eso... tanto calor y deseo al mismo tiempo, una combinación peligrosa que la conducía al borde de la locura.
El hombre no se detuvo hasta que escuchó su nombre brotar de los labios femeninos en un suspiro que le indicaba lo cerca que estaba de alcanzar el clímax. Rin levantó la cabeza con la vista nublada para verlo separarse, devolviéndole el gesto con la misma expresión triunfante. El muy maldito sabía lo que estaba haciendo y disfrutaba viéndola en ese estado tan penoso. Sabía que quería más, estaba tan ida que no podía decirlo, pero su solo rostro casi indignado por su alejamiento lo decía todo.
Limpió su boca con un sensual gesto sin quitarle la mirada afilada de encima, mostrando la sonrisa ladeada que le ponía la piel de gallina. Se elevó sobre ella hasta llegar a su altura, pero no rozó sus cuerpos en ningún momento. El pecho de la chica subía y bajaba pesadamente y estaba tan abrumada que apenas podía formular pensamientos coherentes.
―Ahora sí ―musitó en su oído después de trazar un pequeño camino de ascenso en su cuello. El acelerado pulso que hacía palpitar con fuerza su yugular se sentía delicioso en sus labios y lengua, y tuvo que reprimir la primitiva necesidad de utilizar también sus dientes de la forma correcta.
Pese a todo, el demonio mantenía un control ejemplar sobre sus instintos para cumplir la petición de la joven humana que yacía debajo de él.
Tomó la mano que apretaba la estola a la altura de su cabeza, haciendo que se desprendiera de su fiero agarre separando los dedos uno por uno, guiándola por sus músculos abdominales hasta toparse con el último pedazo de tela que les impedía continuar debidamente. Los dedos finos y trémulos estiraron las tiras internas que mantenían la hakama en su lugar, haciendo que esta se soltara más ampliamente alrededor de la cintura del demonio. Sus curiosos ojos castaños viajaron hasta ahí abajo, en medio de sus cuerpos, y pese a su posición distinguió lo que estaba ocurriendo.
Nunca había visto un hombre desnudo y listo para la intimidad, nada más allá que ejemplos para sus clases de educación sexual y dibujos de mal gusto que algunos de sus compañeros pasaban como burla en cadenas telefónicas. Todo le parecía juego de niños comparado con lo que estaba viviendo.
Su mano no necesitó guía alguna ésta vez, y se adentró a la tela que aún no terminaba de abandonar las piernas masculinas. Rozó su longitud con la yema de los dedos, sintiéndola mucho más caliente y sólida de lo que había estimado. Palpitante también. Sesshomaru no quitaba sus ojos dorados de ella, apreciando sus reacciones mientras le permitía explorar su cuerpo. Soltó un siseo bajo cuando la suave mano se cerró y se movió para palparlo mejor con deseo y curiosidad. Rin se mordía los labios en otro intento de reprimir sus propios gemidos.
Fue entonces que la detuvo tomándola de la muñeca para que lo soltara, pues comenzaba a causarle un dolor que podría hacerlo perder el control que tanto le costaba mantener. Su ceño estaba fruncido a la par de sus ojos entrecerrados y su boca ligeramente abierta por donde se colaba el aire que respiraba de manera profunda y forzada.
No atinó a eliminar por completo sus pantalones. Tomó una de las piernas de Rin por el tobillo y la alzó para dejarla más expuesta de lo que había estado hasta entonces. Sólo le dio una mirada, una última oportunidad de que se retractara. Y por la manera casi demandante en la que había suspirado su nombre supo que era una oportunidad que ni siquiera contemplaba tomar.
Así que se hundió en ella, empujando cuidadosamente para causarle el menor daño posible aquella primera vez. Sabía que era el primero que la tocaba, su virginidad era tan evidente que ni siquiera su disponibilidad para compartir su lecho aquella noche lo puso en duda, y ser consciente de que era él quien la convertía en mujer le dejó un gustoso sabor de victoria en la boca.
Esa noche, Rin fue suya en todos los sentidos.
Como debía ser. Y como siempre debería ser.
La escuchó quejarse un poco ante el ardor de ser desgarrada por dentro, pero por fortuna fue lo suficientemente leve como para no privarla de las nuevas sensaciones que la inundaban con cada sacudida masculina. Al principio se quedó quieta, adaptándose y disfrutando el placer recién descubierto. Pero inconforme por creer quedarse atrás, hizo todo lo posible por mantener el ritmo en aquella danza erótica que sus cuerpos protagonizaban con sus instintos más básicos a flote.
Se aferró a él clavándole las uñas en la espalda incorporándose apenas un poco, aumentando el ritmo de sus caderas con un esfuerzo sobrehumano que no sabía que tenía. El placer la sobrecogió al escuchar un claro gruñido de gusto cuando mordió su cuello, imitando los mismos juegos que él mismo había iniciado momentos atrás.
Las palabras mermaron entre los jadeos, suspiros y ocasionales gruñidos, sólo hacían acto de presencia en caso de que Rin musitara el nombre de su compañero, acalorada y cerca de perderse por completo.
Y ese momento llegó a ambos poco después, casi al mismo tiempo, cuando ella se estremeció de tal manera que tuvo que apegarse con mucha más fuerza a él para no desmoronarse, ahogando el bramido consecuente ocultando el rostro en el cuello masculino. Sesshomaru fue mucho menos evidente, pues apenas dejó escapar sonido alguno que lo delatara, gracias a la fuerza con la que mantenía cerradas sus mandíbulas.
Se quedaron en esa posición mientras recuperaban el aliento, aún sin separarse ni un centímetro. Rin seguía aferrada pues era lo único que podía hacer, por lo que cuando cayó de vuelta a la estola fue porque el demonio así lo quiso, cubriéndola a su vez con su cuerpo de mayor tamaño que inhalaba y exhalaba pesadamente buscando recuperar la calma.
Las temblorosas manos de Rin acariciaron su cabello y espalda. Sus piernas también se sacudían y la que había sido sujeta del tobillo ya se encontraba extendida a un lado mientras que la otra estaba doblada, inclinada hacia las caderas masculinas en el intento de mantener la intimidad que los unía.
Saber que aquella criatura se estremecía de placer gracias a él ayudó a acrecentar su ego y orgullo. Apenas movió la cabeza para morder con delicadeza su cuello en un acto reflejo de deleite. Ahora que lo había probado, no pensaba que fuera posible cansarse de la sensación que aquella noche le había ofrecido. Que ella en su totalidad le había ofrecido.
Al cabo de algunos minutos, la chica pareció recuperarse medianamente bien e intentó escabullirse, haciendo el intento de apartarlo. Él se lo impidió y volvió a besar y morder su cuello, cerrando los brazos a su alrededor.
―Quédate.
―No iré a ningún lado ―le dijo por lo bajo como si temiera arruinar el apacible momento―. Pero pesas mucho.
―Tendrás que acostumbrarte.
―Sesshomaru... e-en serio, me estás aplastando ―se rió bajito, a lo que él se elevó lo suficiente como para que dejara de sentir su peso muerto sobre ella. El demonio la contempló, fijándose en su rostro arrebolado, su cabello despeinado, el sudor que perlaba su frente y la eterna y dulce sonrisa que adornaba sus labios rojos.
Hasta entonces no había reparado en lo hermosa que era.
La muchacha deslizó el brazo de su espalda y contorneó con cuidado el rostro de su compañero, como si de alguna forma algún pensamiento similar invadiera su mente.
―¿Te encuentras bien? ―quiso saber Sesshomaru.
―Sí, estoy bien. E-eso fue... wow. Nunca creí que... wow ―musitó fijando la mirada al techo. Unos segundos después regresó la atención a él y le preguntó: ―¿Te arrepentirás de esto después?
―Nunca.
Rin se estiró lo suficiente, apenas elevándose algunos centímetros, y besó sus labios de manera rápida antes de dejarse caer de nuevo. Su pulgar delineó delicadamente el patrón de las franjas en su mejilla.
―¿Aunque yo sólo sea un ser humano?
―Tu especie es lo que menos me importa en este momento ―le espetó.
―¿Y la tuya? ―quiso saber con un murmullo.
―Tampoco.
La chica inhaló aliviada por la sinceridad que apreciaba en su voz, firme y segura como si aquello fuese una verdad elemental. Él, que sabía lo mucho que despreciaba a los seres inferiores, había admitido en voz alta que no se avergonzaba de lo que había hecho con ella.
Había condenado a su padre de deshonor por haber hecho lo mismo siglos atrás, había ocasionado tal caos por su prejuicio hacia los seres humanos que había acabado encerrado durante quinientos años completos. Y ahí estaba... haciéndole el amor con un cuidado tal como si temiera que la fuera a romper.
Sin ser totalmente consciente, Rin se sintió bastante poderosa esa noche. Había conseguido cambiar al demonio con voluntad de acero, poseedor de un orgullo inclusive mayor a la barrera que lo mantenía enjaulado... y sólo siendo ella misma, dándole su corazón sin siquiera titubear.
―Yo tampoco me arrepentiré. Nunca ―reafirmó cerrando los ojos.
El inugami pasó una mano por su cabello negro, ese que era tan común y corriente, y apartó un mechón desordenado de su rostro para verla mejor, para luego deslizar su tacto hasta su nuca y atraerla a sus labios una vez más.
Por ese pequeño momento, todo lo que estaba mal en el mundo dejó de existir: todas las preocupaciones, culpas, remordimientos y malos recuerdos. Cualquier pelea, tristeza o dolor que pudieran haber experimentado el uno con el otro simplemente se desvaneció. Rin se sentía totalmente segura entre esos fuertes brazos, con el cálido cuerpo masculino sobre ella acunándola deliciosamente. Y él... se sentía en paz. Realmente en paz, como nunca lo había hecho antes.
Era una noche de primeras veces para ambos, por lo que parecía.
Pero claro, la noche aún no terminaba.
Ésta vez fue Rin quien tomó la iniciativa, deshaciéndose de la posición inferior y tomando la delantera con una actitud mucho más osada de la que había esperado de ella, quien disfrutaba de una recién encontrada libertad que no quería despachar en ningún momento cercano.
Resta decir que ninguno de los dos se tomó un merecido descanso sino hasta que los primeros rayos del sol se asomaron en el horizonte.
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Y ahí lo tienen. El lemon que tanto habían pedido finalmente llegó. Voy a ser extremadamente sincera aquí: no iba a haber lemon en este fic. Quizás besos y alguna que otra metida de mano, pero no planeé que llegara a estos extremos. Fue en parte por sus insistencias que empecé a planteármelo y me decidí a intentarlo como un reto: quería que quedara creíble, bien redactado y argumentado. Y sin OoC, por supuesto.
Quería quitarme el repelús que le tengo a estas escenas, más que nada porque cada vez que las escribo temo ser repetitiva y caer en el surrealismo con respecto a la personalidad de Sesshomaru (¡te maldigo de nuevo!), así que me centré y me dije a mí misma "voy a escribir porno... con clase". Y digo con clase porque evito deliberadamente algunas palabras para que no quede vulgar... y porque me da mucha risa xD
Pero bueno, ahí está mi esfuerzo. Sean jueces y díganme qué tal me fue. Sean sinceros, por favor.
Quitando eso del medio... ¡OHPORDIOSLEMONMALDITASEA! ¡Apenas en el capi pasado se besaban por segunda vez y aquí ya pasaron a tercera base haciendo una anotación y todo! ¿Les parece que quedó muy apresurado? Tengo la ligera impresión de que así fue, pero... joder, ¿quién demonios se aguanta las ganas viviendo con semejante semental? NADIE. Y Rin siendo adolescente menos. Ella sabe lo que quiere y va a por ello. Primero Sesshomaru toma la iniciativa con los besos y ahora ella hace su parte con el resto, ¿quién lleva los pantalones de la relación ahí? xD
Rayos, y la conversación con Jaken. Quise hacerla primero porque me pareció muy gracioso imaginarme la escena, y segundo porque creo que, por más ganas que tenga Rin de que pasen cosas sucias con Sesshomaru, como chica lista del mundo moderno piensa en las consecuencias muy seriamente. Aunque sus hormonas le ganen al fin, pero ya están cuidándose que es lo importante xD
¡824 REVIEWS! WTF. OMGOMGOMGOMG *vomita arcoíris y escarcha con confetis* Cuánto los amo a todos. De verdad espero que les haya gustado este capítulo, está dedicado a ustedes por alegrarme tanto con sus comentarios, ánimos y muestras de apoyo: ByaHisaFan, KeyTen, DreamFicGirl, Paloma, Black urora, Arovi, Rinmy Uchiha, Raquel, MisteryWitch, Irivel, CryxMarie, Nesher, Laura91ok, Kikyou 1312, Lizzie, Nubia, Alma de Titán, Meaow, Seika to yami, Nani28, Floresamaabc, KaitouLucifer, Naho89, Natity, Jenks, Kari, NickyMiriam, Gima2618, Celeste, , Any-Chan, AlinaStarlight, Sayuri08, Kunoichi2518, Pinky's, Yoko-Zuki10, Lunera's dream, Jezabel, Alexa Rey (Esperar The Walking Dead es mil veces peor, ¡son seis meses de estrés especulando a quién mató Negan! Yo nunca dejaría un cliffhanger por tanto tiempo D': Pero gracias por la comparación xD) Lau Cullen Swan, Clau28, AlexMichaels, Francisca Marin, Kokoa Kirkland, BeautifulButterflyPink, Nameless Shinobi, Melinna Sesshy, Baby Sony, Amie, Yarisha, Marialaurajs, Nally, Alexa grayson hofferson, Nikoru San Fantasy y Mena123, ¡Alcanzaron un nivel de sensualidad de más de 8000! *se rompe el scoutter*.
Miles de gracias por leer y estar al tanto de las actualizaciones, pero más que nada gracias por todo el cariño y apoyo que me transmiten con sus comentarios. Por ustedes vale la pena romperse la cabeza para encajar a Sesshomaru en escenas románticas xD
Me encantaría saber qué piensan de este capítulo y espero que lo hayan disfrutado *tanto como Rin xDDD*
Gracias una vez más y hasta la próxima semana, donde quizás... *guiño guiño intensificado*. ¡Un beso a todo el mundo, feliz fin de semana!
