Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.
Haunted
Por: Hoshi no Negai
24. En el mundo real
La dama se le quedó viendo con una curiosidad tan grande que hasta era apreciable en sus facciones generalmente imperturbables. Sesshomaru permaneció quieto frente a la brecha que acababa de cerrarse, pendiente hasta el final de lo que sucedía con la humana que acababa de regresar a su mundo.
Si no lo conociera mejor diría que estaba apesadumbrado.
Pero, ¿realmente lo conocía? En quinientos años podían suceder muchas cosas, y acababa de ser testigo de la más retorcida de ellas.
Su hijo Sesshomaru enamorado de un ser humano.
La risita irónica que se le escapó entre dientes llamó la atención del demonio, quien se volvió apenas lo suficiente como para dedicarle una mirada de desprecio. Era como si le hubiera leído la mente y supiera que se burlaba de él.
―Realmente has crecido mucho, hijo. Eres la copia casi exacta de tu padre ―dijo Irasue con un movimiento de mano. El ceño del hombre se arrugó un poco más en respuesta―. ¿Qué tienes planeado hacer ahora que tu pequeña compañera no está?
―No es de tu incumbencia.
―Quizás, pero la curiosidad es incontrolable. Más cuando te envuelve a ti.
Sesshomaru se mantuvo callado y le pasó por al lado con indiferencia. Más allá, aún en el interior de la casa, Inuyasha observaba la escena sin saber qué pensar. Su padre lo había involucrado en algo demasiado extraño para su gusto y lo único que tenía en mente era iniciar la travesía de regreso a la capital para reunirse con Kagome. Ella le gritaría y de seguro discutirían un buen par de horas, pero aún así se sentía infinitamente más cómodo con ella que con ese par de demonios.
Sin embargo, encontraba difícil apartar su atención de ellos y su interacción. En especial a su recién conocido hermano mayor, quien para él era una inverosímil mezcla de misterio, desprecio e intriga. Era espeluznante lo mucho que se parecía físicamente a su padre y tenía la misma aura friolenta de la vieja loca.
El demonio avanzó hasta llegar al extremo donde Inuyasha estaba parado con el impulso de irse pero el magnetismo inexplicable de quedarse para ver qué pasaba. Ambos intercambiaron una mirada dura, y justo cuando el híbrido creyó que su hermano le diría algo y se preparaba para darle una respuesta ácida, éste repentinamente se transformó en una esfera de luz y se perdió de vista entre la oscuridad.
―Qué tipo tan raro... ―musitó.
―Mi pobre hijo no estaba preparado para tal revolución de sentimientos, lo más probable es que no sepa cómo manejarlos y necesite tiempo a solas ―contestó Irasue al llegar a su lado, fijándose en la dirección donde había estado la esfera de luz segundos atrás.
―¿Desde cuándo eres experta en emociones y sentimientos?
―Una madre sabe, Inuyasha.
―Difícil de creer cuando eso te incluye a ti, vieja ―enarcó una ceja con incredulidad. La dama devolvió una ligera sonrisa de suficiencia.
―¿Regresarás al centro del país para esperar a tu esposa?
―Pues claro, ¿qué otra cosa haría?
―También me gustaría que me visitara ella ―comentó regresando su mirada al horizonte oscuro―. Ningún humano me había enfrentado de esa manera, estoy intrigada.
―Rayos, me hubiera gustado verte mordiendo el polvo ―murmuró él sonriente.
―Ya quisieras, híbrido. Dale mis saludos a tu padre si te lo encuentras en el camino ―agregó cuando Inuyasha tomaba el impulso para irse al igual que su hermano―. Su plan resultó mucho mejor de lo que había esperado, me dejó impresionada. No puedo esperar para saber qué sucederá en el próximo solsticio.
―Eres una vieja chismosa.
―Me gusta mantenerme informada ―contrarrestó suavemente con un dejo de dramatismo. Inuyasha roló los ojos.
―Si quieres llamarlo así... ―y sin más avanzó hacia adelante, dando un gran salto para iniciar su viaje. Irasue mantuvo su sonrisa ligera un poco más antes de retirarse ella misma de la propiedad, caminando con elegancia hasta que estuvo totalmente al aire libre.
La presencia de su hijo seguía muy presente por los alrededores, debía estar en algún lugar entre los muros o en el interior de la mansión. Uno pensaría que al haberse deshecho de la barrera lo primero que haría sería marcharse lo más lejos posible. Pero tal parecía que, hasta los momentos, le era fiel a la reciente promesa que había hecho con aquella humana.
―Ironías de la vida... ―rió. Segundos después su forma canina se elevó hasta el cielo y desapareció entre las nubes.
...
Sus ojos se abrieron como si alguien hubiera encendido un interruptor para despertarla. Al principio no pudo ver nada más allá de un techo oscuro apenas iluminado por una tenue luz que se colaba de algún lugar. Lo siguiente que llegó a ella fue el sonido de una máquina, un constante tono agudo de su lado derecho. Giró la cabeza aún adormilada y se topó con el equipo de electrocardiograma de donde provenía la luz verdosa.
Se incorporó restregándose los ojos empañados, notando que también estaba conectada a una vía de suero. A ambos lados de su cama había sendas cortinas blancas corridas que la aislaban del resto de la habitación. Tenía que estar en el ambulatorio local, pues su pequeño pueblo no contaba con centros médicos de alto calibre. Si alguien sufría una lesión lo bastante seria como para no ser tratada ahí, se lo solía transportar en helicóptero hasta el hospital más cercano en la ciudad a varios kilómetros de distancia. Y dudaba seriamente que aquel fuera su caso.
Carraspeó un poco para aclarar su garganta, y con el más mínimo ruido, la cortina a su derecha se corrió súbitamente.
―¡Rin! ―apenas pudo distinguir la cara de su madre segundos antes de que esta se le abalanzara encima en un abrazo demoledor que no tardó en responder―. Mi niña... gracias al cielo que estás bien, estábamos tan preocupados...
―Hola, mamá ―dijo ella acurrucándose un poco en el agarre. Cuánta falta le había hecho un abrazo de su madre, no había sensación que pudiera comparársele. Levantó la cara de su hombro con aquel característico perfume que la hacía sentir en casa, y vislumbró la silueta de su padre a contraluz contemplándola desde la cortina. Sus ojos se encontraron y Rin estiró una mano para que se les uniera.
La familia se abrazó por un rato largo, estrechándose de tal manera como si temieran que en cualquier momento alguno de ellos pudiera desaparecer.
―¿Cómo te sientes, Rin? ―le preguntó suavemente su padre. Yuriko se había sentado en la cama y apretujaba su mano con insistencia.
―Desubicada ―volvió a carraspear. Aún le dolía un poco la garganta, pero estaba definitivamente mejor que antes puesto a que no tartamudeaba―. ¿Estamos en el ambulatorio?
―Sí, cariño.
―¿Qué hora es?
―Deben ser casi las seis de la mañana ―contestó su padre antes de chequear su reloj. Rin no se había percatado hasta ese entonces que estaba vestida con un pijama del centro de salud y no tenía su propio reloj de pulsera puesto. Con razón sentía tanto frío; le habían quitado el kimono―. Llegamos aquí a la una de la mañana, estuviste inconsciente algunas horas.
Se restregó un poco los ojos con la mano que tenía libre y dio otro vistazo a la estancia, apreciando los notorios cambios entre ese lugar y la casa en la que había vivido por seis meses. Los colores, los olores, los sonidos de las máquinas, el mismo aire... Nunca creería que aquellas cosas tan cotidianas se le hicieran tan desconocidas de un momento a otro.
―¿Qué fue lo que pasó? ¿Dónde está la otra chica, Kagome?
―Está en otra habitación, ingresamos a su abuelo por una subida de tensión ―informó su madre con tono cuidadoso intentando no preocuparla. Obviamente había fallado.
―Santo cielo... ¿está bien?
―Está bien, cariño, tranquila ―le apretó la mano de nuevo para enfocar su atención en ella. No dejaba de verla a la cara como si estuviera a punto de echarse a llorar de la emoción―. ¿Estás segura de que te encuentras bien? Pasaste tanto tiempo inconsciente que temimos lo peor...
―Me siento bien, no te preocupes.
―Rin, nos asustamos tanto ―la volvió a abrazar con fuerza sin poder contener las lágrimas―. Nos hiciste tanta falta... y cuando Kagome dijo que estabas en problemas y no podía cruzar... Temí que no volveríamos a verte...
Rin le regresó el abrazo de nuevo, reprimiendo sus propias ganas de llorar sin éxito alguno.
―Lo siento mucho, mamá... papá... ―musitó contra el hombro de su madre, su voz comenzaba a temblar cada vez más―. Nunca quise que las cosas resultaran así... no tenía idea de que esto podía pasar. Pero estoy aquí y estoy bien, lo prometo.
―Nos diste un susto de muerte, Rin ―dijo entonces su padre viéndola fijamente. Tenía los ojos enrojecidos y cansados, nunca lo había visto así.
―Perdónenme. Tuve que haberles dicho... pero tenía miedo de que no comprendieran. Creí que podía manejarlo yo sola y me equivoqué. Lo siento tanto... ―repitió devolviéndole la mirada con pena.
―Ya pasó... todo terminó, mi cielo ―su madre la estrechó de nuevo antes de dejarla ir para verla a la cara. Su expresión de alivio fue tal que Rin sintió que se le estrujaba el alma―. Estás con nosotros ahora y eso es lo único que importa.
La chica sorbió con fuerza y volvió a restregarse los ojos, dando fuertes bocanadas para recuperar la compostura. Le tomó uno o dos minutos estabilizarse y quitar el temblor de su voz.
―¿Qué pasó cuando regresé? ¿Ustedes me trajeron aquí?
―No, la policía lo hizo ―reveló su padre dando un rápido vistazo sobre su hombro para ver lo que estaba detrás de la cortina―. ¿Recuerdas que te dijimos que había cámaras en esa casa? Descubrieron lo que estábamos haciendo y justo cuando regresaste ellos llegaron y nos trasladaron a todos aquí.
Rin apretó los labios un momento.
―Supongo que tienen muchas preguntas que hacerme, ¿verdad?
―Sí, eso parece ―asintió él para después agregar más seriamente―. Y no son los únicos, Rin. Tus amigos y nosotros también tenemos mucho que preguntarte.
―Mis amigos... ¿ellos están aquí? ¿Saben que regresé?
―No, aún no. Sucedió en medio de la noche, creo que los oficiales se comunicarán con ellos en cuanto amanezca.
―No les dijimos que recibimos tu última carta ni que intentaríamos traerte de vuelta ―añadió su madre anticipándose a su siguiente duda―, no queríamos que se expusieran a algo peligroso, así que lo mantuvimos en secreto para no preocuparlos.
―Se los agradezco ―asintió conmovida. Prefería que fuera así―. ¿E Issei? ¿Cómo está Issei?
―Ya le quitaron el collarín, no le quedaron secuelas del ataque ―continuó su madre―. Todos tus amigos se encuentran bien. Kazuo estuvo algunos meses con la pierna escayolada y a tu amiga Satsuki sólo le quedó una ligera cicatriz en el brazo.
―¿Y Haruka? En las cartas decían que había sufrido un trauma bastante fuerte ―preguntó angustiada. Las heridas físicas podían sanar relativamente rápido, pero ¿las mentales? ¿Habría quedado tan mal su amiga como para no volver a la normalidad? Sus manos empezaron a temblar ante la imagen de su compañera de clase encerrada en la habitación de un hospital psiquiátrico, traumatizada de por vida por todo lo que había visto aquel día de junio. Pero antes de que su volátil imaginación profundizara el oscuro cuadro su madre la tomó de los brazos para llamar su atención.
―Haruka está mejor. Regresó a la escuela una semana después, aunque por lo que sé sigue yendo a terapia. Una vez que te vea estoy segura de que se recuperará por completo.
Rin se encorvó cerrando los ojos, consternada. La cabeza comenzaba a darle vueltas por el peso de la realidad que caía sobre sus hombros: todo el daño que había causado, todo el dolor de los seres queridos que había dejado atrás le dio de frente como si la golpearan con un bate. Sabía que debía enfrentar a cada una de esas personas para disculparse y darles cada explicación que se merecían, pero... ¿sería eso suficiente para reparar lo que había hecho?
Dudaba que unas palabras tuvieran tal poder.
―Nunca quise lastimar a nadie... No creí que las cosas pudieran salir así.
―Lo sé, cariño...
―¿Están enfadados conmigo? ―alzó la cara para verlos de frente. Los ojos de su madre se agrandaron y su padre abrió ligeramente la boca, tocado por el desasosiego de su hija.
―Deberíamos ―dijo él―. Estuviste mintiéndonos durante años, te expusiste deliberadamente ante una criatura peligrosa, expusiste a tus amigos y desapareciste sin dejar rastro alguno. ¿Cómo piensas que nos sentimos? Creímos que te habíamos perdido, Rin.
Rin le mantuvo la mirada el instante en el que inhalaba profundamente. Asintió con la cabeza una sola vez y suavizó su semblante.
―No tengo excusa para haberles mentido, tampoco voy a justificarme diciendo que tenía miedo de lo que fueran a decir. Sí lo tenía, pero eso no quita el hecho de que tuve que haber sido sincera con ustedes. Lo lamento ―se inclinó tanto que su frente rozó sus piernas estiradas bajo la sábana―. Hice mal en no confiar en ustedes, pero ya no hay nada más que pueda ser que disculparme. Fui egoísta e irresponsable, de haberles dicho la verdad desde un principio quizás nada de esto habría pasado.
―Rin...
―¿Pueden perdonarme?
―¿Pero qué cosas estás diciendo? ―exhortó la mujer―. Por supuesto que te perdonamos. ¿Cómo esperas que te guardemos rencor después de todo esto? Lo único que nos importa es que estés sana y salva con nosotros.
La muchacha sonrió aliviada, pero no fue suficiente para aplacar su remordimiento. Alzó los ojos hacia su padre, insistente ante su mutismo.
―¿Papá?
Como toda respuesta el hombre dio una zancada y la aprisionó en sus brazos con fuerza, temblando. Rin se quedó sin aliento: pese a que era un hombre cándido y cariñoso con su familia, era raro que tuviera aquellos arrebatos tan efusivos. Era más dado a dar palabras conciliadoras y palmadas en los hombros antes que un abrazo propiamente dicho. Y más aún uno como ese.
Se aferró a él como si fuera una niña pequeña y soltó un par de lágrimas más, conmovida hasta lo más profundo de sí.
―Claro que te perdono, Rin. Ni siquiera lo dudes ―le dijo sin soltarla.
―Gracias, papá... gracias por no haberte rendido conmigo.
―No puedes esperar que nos rindamos con nuestra única hija, ¿verdad? ―se separó al cabo de unos cuantos segundos más, y por un breve momento distinguió una leve inflamación en sus ojos oscuros. Jamás había visto a su padre llorar hasta ese entonces.
La familia guardó silencio entonces, tiempo que Rin aprovechó para darle un nuevo vistazo a la habitación ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad. Rara vez había visitado el ambulatorio, y por el momento sólo recordaba la ocasión cuando se había roto un brazo tratando de regresar pichones a su nido y cuando unos años después visitaba a su amiga Momoko tras habérsele extirpado el apéndice. El sitio permanecía tal cual como lo recordaba.
Buscó alguna cesta o bolso con sus cosas a los pies de la cama, pero el área estaba aparentemente vacía.
―¿Dónde está el kimono que tenía puesto? ¿Y mi reloj?
―Deben tenerlos adentro, te los quitaron para hacerte un examen de rutina.
―¿Me hicieron un examen? ―se sorprendió―. Pensé que tenía que estar despierta para que me hicieran un examen médico.
―No podíamos despertarte y tenías manchas de sangre... no sabíamos qué hacer, Rin ―explicó su madre preocupada. ¿De verdad tenía tan mal aspecto al regresar? Ni siquiera se había detenido a considerar si había sufrido algún daño después de esa noche tan turbulenta. Rozó su cuello con la yema de los dedos recordando el demoledor agarre del inugami y tragó con dificultad
―¿Encontraron algo?
―Por suerte nada ―suspiró su madre llevándose una mano al pecho―. Con toda esa sangre en tu ropa creímos que...
―¿Sangre? ―carraspeó ella. Hizo algo de memoria y recordó de dónde podían venir las manchas de sangre―. Debe ser de Sesshomaru... tenía heridas bastante feas en los brazos.
Ambos adultos intercambiaron una mirada de soslayo antes de que su padre hablara de nuevo:
―Rin... ¿Qué fue lo que pasó? Higurashi nos dijo que desapareciste súbitamente del lugar y ella tardó bastante en regresar una vez que traspasó a ese mundo. No nos explicó nada, sólo que algo le impedía cruzar. Estábamos aterrados.
La chica dio una profunda bocanada antes de frotarse la frente. Le parecía increíble que todo hubiera transcurrido apenas unas horas atrás. En un momento estaba al borde de la muerte y al siguiente estaba en esa fría cama del ambulatorio con sus padres tomándola de las manos y brazos como si fuera a esfumarse en el aire.
―Es toda una historia ―terminó por decir.
―¿Te importa si también la escuchamos nosotros? ―interrumpió una cuarta voz a las espaldas de su padre. Los tres dirigieron su atención a la pareja de oficiales que se asomaba por la cortina, un hombre y una mujer que observaba con especial interés a Rin.
―Oficial Hachiken, buenos días ―lo recibió su padre algo tenso. El policía hizo un saludo con la cabeza―. Creí que el interrogatorio pasaría a ser más tarde cuando Rin hubiera descansado.
―En realidad acordamos llevarlo a cabo en cuanto la señorita Hashimoto despertara y constatáramos que se encuentra estable. Y lo está por lo que podemos ver. Un placer, señorita, soy el oficial Hachiken y ella es mi asistente la oficial Oshima. ¿Cómo te sientes?
―Ah... bien, estoy bien ―respondió un tanto extrañada por la repentina llegada. Era consciente que tenía que rendir cuentas con los investigadores que llevaban el caso de su desaparición, pero nunca esperó que fuera tan pronto.
―Nos alegra. Tenías a todos muy preocupados, ¿lo sabías? Desapareciste sólo dejando atrás unos cuántos videos perturbadores, no sabíamos qué creer.
―Lamento mucho las dificultades que les ocasioné ―inclinó de nuevo la cabeza, incómoda―. No tuvo que ser muy fácil lidiar con mi caso, supongo.
―Es por lejos la investigación más extraña que he hecho hasta la fecha. Y he visto muchas cosas extrañas ―añadió el hombre alzando las cejas. Rin iba a abrir la boca cuando su madre se le adelantó.
―Oficiales, sé que tienen muchas preguntas, ¿pero creen que sea posible mover el interrogatorio para cuando Rin esté algo más compuesta?
―En realidad no es un interrogatorio, señora Hashimoto, es más bien una... plática amistosa. No queremos someter a su hija a la presión de un interrogatorio verdadero, por lo que preferiríamos mantener tratos algo menos formales. Sólo tenemos algunas cuántas preguntas que hacer, simple rutina. Después de eso puede continuar su descanso.
―Oficial Hachiken, de verdad no creo que... ―comenzó Hizashi antes de que su hija lo interrumpiera.
―Está bien ―asintió armándose de paciencia―. Creo que puedo manejarlo ahora, no hay problema. ¿Qué desean saber, oficiales?
―¿Estás segura de que quieres hacer esto ahora, cariño? ―la miró preocupada su madre―. Quizás deberías descansar un poco, llegaste hace apenas unas horas.
―No pasa nada, mamá. Tengo muchas cosas que explicar, así que creo que es mejor hacerlo lo más pronto posible. Se los debo a todos.
Sus padres se dedicaron una nueva mirada entre ellos sin demasiada seguridad, pero Rin no dio señales de retractarse o siquiera estar asustada. Se notaba que había resuelto desde hacía algún tiempo lo que tenía que hacer y decir. Sin mayor remedio tuvieron que acceder a que los oficiales se acercaran un poco más a la cama de su hija. La mujer policía abrió la libreta de anotaciones que llevaba consigo y preparó el bolígrafo para empezar apenas Rin dijera algo.
―Pueden tomar asiento si quieren. Es una historia bastante larga ―les invitó tímidamente. Su madre se sentó de nuevo en el borde de la cama y la tomó de la mano. Su padre se posó al otro lado de la mujer sin quitarle los ojos de encima a la pareja de investigadores que se preparaban para iniciar el cuestionario manteniéndose de pie―. Supongo que empezaré desde el principio, cuando conocí a Sesshomaru por primera vez. Ya sabrán algunas cosas por lo que dije en las cartas, pero es mejor tener la información clara, ¿no?
―Pareces estar muy relajada en todo esto. Uno creería que después de una experiencia como la tuya estarías más alterada ―comentó suspicaz el oficial Hachiken, ojeando la carpeta con todo lo referente a su caso antes de entrecerrar levemente los ojos hacia ella. Rin supo rápidamente que el sujeto estaba escéptico y probablemente esperaba probar que todo se trataba de una elaborada farsa. Ya le habían advertido sobre las opiniones divididas en su caso particular por lo que no se sorprendió.
Había pasado tanto tiempo preparándose para ese momento que se sentía más relajada de lo que había esperado.
Después de haber sobrevivido seis meses entre demonios y no haberme muerto ayer creo que puedo hacer cualquier cosa. Además de que este señor no intimida ni siquiera un gramo de lo que intimidaba Sesshomaru. Puedo manejarlo.
―Sé que debo explicar muchas cosas, lo he tenido claro desde que pisé el otro mundo y me di cuenta de lo que había hecho. No tengo nada que ocultar, oficial ―el hombre no suavizó su mirada de sospecha, pero no permitió que eso la pusiera nerviosa. Tomó aire profundamente y sintió el apretón de manos de su madre. Todo estaba bien, se repitió antes de abrir la boca de nuevo―. Todo comenzó cuando tenía once años y decidí hacer el reto de valor en la casa del bosque con mis amigos...
Rin habló y respondió las intrigas de los oficiales y sus propios padres durante lo que creyó que fue al menos una hora entera. La habitación se había iluminado por completo con luz natural e incluso oía los movimientos tenues del resto de la sala detrás de las cortinas, activada desde el amanecer. La mujer policía tomaba notas a una velocidad alucinante aún cuando hubieran depositado una grabadora en la mesita al lado de su cama.
Resolvió todas las preguntas sin mayores complicaciones, asombrándose por la calma con la que llevaba toda la situación y lo bien que se sentía desahogarse con algo que durante tanto tiempo fue su mayor secreto.
La cuestionaron sobre el mundo de los espíritus, su día a día, cómo se las había arreglado para sobrevivir casi totalmente sola. Preguntaron sobre la lógica en sí de todo ese lugar ―sin electricidad, tecnología, muestras de vida inteligente más allá de un puñado de seres, e incluso la mujer policía se interesó sobre las constelaciones que había descrito―, querían saber sobre Jaken y toda su tribu, sobre Ah-Un y más que nada, sobre Sesshomaru. En especial cuando habló de lo que había visto al tocar el pergamino, algo que nunca había hecho en ninguna carta para no preocuparlos más de lo que ya estaban.
Sus padres se alteraron al enterarse del motivo tras el severo castigo del demonio, y estuvieron un rato bastante largo sermoneándola por cómo podía ser tan imprudente por seguir relacionándose con él y haberse comprometido a ayudarlo aún después de saber lo que había hecho. Rin ocupó una cantidad de tiempo similar en explicarles que no tenía mayor opción y que eso aunque la había aterrado, había sucedido hacía demasiado tiempo como para considerarlo de tanta importancia tomando en cuenta las circunstancias.
―Quería que Sesshomaru fuera libre, y si lo ayudaba podría hacerlo reconsiderar su idea de dejarme ir ―les dijo con una paciencia ante el creciente ataque de pánico de su madre, quien no dejaba de decir que su hija había estado conviviendo no sólo con un asesino, sino con un infanticida sin corazón
―¿Y cómo pretendías liberarlo de la barrera? ―preguntó el policía.
―Quería hacerlo comprender que lo que había hecho estaba mal ―dijo ella con simpleza―. No fue nada fácil, razonar con él en esta clase de temas es como pedirle a un león que no se coma a una cebra. Como es un demonio no puede pensar de la misma manera que nosotros, tuve que decirme eso todo el tiempo para tratar con él.
―Puede que no piense como nosotros pero es un ser que piensa. Claramente no distingue lo que está bien de lo que está mal ―contestó su padre.
―Para él lo que está bien o lo que está mal no tiene importancia en realidad. Es muy práctico en ese aspecto. Hace lo que estima conveniente para sí mismo. Pero eso no signifique que sea mala persona ―lo defendió.
―No puede ser buena persona si ha matado a tanta gente, incluyendo a su madrastra y hermano pequeño. Además de que hirió a tus amigos ―señaló la oficial Oshima levantando el bolígrafo del papel por un segundo. Ya llevaba al menos veinte páginas, y eso que tenía una letra pequeña y delgada.
―En realidad no llegó a matar a su hermano menor, él sobrevivió al ataque. No estoy diciendo que lo que haya hecho sea bueno ni pretendo justificarlo... sólo que su pasado no lo debería definir ahora. Soy testigo de que hay bondad en él, nunca le temí en realidad, ni siquiera cuando vi de lo que fue capaz. Supe desde siempre que nunca me haría daño.
―¿Cómo puedes decir eso después de saber todas las atrocidades que ha hecho? Es un monstruo, Rin... y aún así...
―Lo sé, mamá. Sé que su historia es aterradora, pero... lo he visto cambiar para bien. Siempre fue muy amable conmigo, nunca me trató mal ni me hizo daño. Bueno, exceptuando aquella vez que me disloqué el hombro y me lo acomodó, eso dolió ―rectificó haciendo memoria. Aquel era el único recuerdo de algún dolor físico durante su estadía en ese mundo―. Pero entiendo que no me crean. Suena tan loco que hasta yo misma dudaría si no lo hubiera visto.
―Veo que le guardas bastante estima a este inugami ―mencionó el oficial Hachiken mientras levantaba una de las hojas de la capeta para ver una copia de la fotografía que se había tomado Rin con el extraño hombre. Escéptico o no, no podía negar que había cierta complicidad en esa imagen y en el vídeo en el que aparecían juntos. La chica se elevó los hombros torciendo un poco la boca.
―Después de seis meses es un poco difícil no acostumbrarse a él. Sí, le tengo bastante estima y respeto a pesar de lo que puedan pensar.
―¿Puedo preguntar hasta qué grado llega esto, señorita Hashimoto? ―el hombre levantó la mirada de la foto para verla a los ojos esperando pillarla desprevenida, cosa que no sucedió. Ya lo veía venir.
―¿Pero qué cosas está preguntando? ―se indignó su madre tomándola de los hombros―. No me parece lo más apropiado, además de que está fuera de lugar.
Rin permaneció impasible.
―¿Tiene algo que ver con la investigación, señor? ―preguntó.
―Podría dependiendo de la respuesta, señorita Hashimoto.
Sí, claro. Mantén la calma, sabías que te harían esa pregunta.
No quería mentir por primera vez desde su llegada, pero tampoco quería dar detalles de algo tan privado. Tenía que bordear el tema con cuidado.
―Tenemos una buena relación, si quiere saber. Soy su inumochi después de todo.
―¿Qué quiere decir eso exactamente?
―Que es protector conmigo, al mismo tiempo que cortés y amable. Aunque no sea el tipo más simpático del mundo nos llevamos bien. No teníamos más opción en realidad, estábamos atorados en esa casa y pasar tanto tiempo sin hablar con alguien me habría vuelto loca.
Vio en el oficial la intención de insistir de nuevo en el tema, pero afortunadamente su acompañante intervino:
―¿Y qué fue lo que sucedió durante esta madrugada? Captamos a los señores Hashimoto y al señor y señorita Higurashi subiendo a la mansión... pero a partir de ahí todo se vuelve confuso.
El semblante de Rin se relajó considerablemente cuando se dirigió a ella. Había resuelto que Hachiken no le caía bien y dejar de tener que evitar responder abiertamente que tenía una verdadera relación con Sesshomaru la aliviaba. No quería soltarlo de repente, tenía que preparar el terreno para sus padres y para eso necesitaba más tiempo y privacidad.
―¿Es cierto que el inugami te dejó ir por voluntad propia? ―quiso saber su padre.
―Sí, así fue.
―¿Y por qué?
Vamos a ver cómo digo esto sin comprometerme demasiado.
―Descubrió que su padre continuaba con vida y estaba por los alrededores. Sesshomaru no quería arriesgarse a que atacara la mansión pues ambos estaban en pésimos términos, por lo que prefirió mandarme a casa por la alta posibilidad de que eso pasara ―dijo sonando lo más natural posible y cruzando los dedos mentalmente para que Hachiken no volviera a insistir con su cercanía con el inugami―. No creía que pudiera vencer a su padre, y si él perdía yo quedaría desprotegida. Lo hizo para mantenerme a salvo.
―Siempre con sus intereses por delante, ¿no es así? ―Hizashi frunció el ceño en desagrado.
―Su interés era que yo no resultara dañada, así que... podrías verlo de esa forma.
―¿Y qué sucedió, su padre terminó apareciendo?
―Sí, justo cuando se abrió el portal. Atacó a Sesshomaru, las cosas se pusieron bastante feas.
―Higurashi dijo que tanto tú como el inugami se habían esfumado ―comentó su madre preocupada―. ¿Fue por esto?
―Sí, fue por eso. Sesshomaru intentó empujarme a la barrera para hacerme cruzar, pero su padre se interpuso y tuve que quedarme. La pelea escaló muy rápido y tuvimos que movernos ―no tenía manera de ocultar lo que había pasado a partir de ahí, pero siempre podía omitir algunos detalles o al menos hacerlos parecer menos graves.
Había ensayado cómo decir absolutamente todo lo de lo que ya habían hablado, pero era en esa parte, justamente ahí que su plan se quedaba en blanco. No había tenido casi nada de tiempo para organizar sus ideas al respecto. Había estado más ocupada pensando en lo cerca que había estado de morir.
―¿Kagome no les dijo nada más sobre lo que pasó? Fue muy repentino, todavía no lo digiero del todo ―al menos no tenía que mentir con eso, pensó.
―Sólo dijo que ambos habían desaparecido, después de eso ella fue a ese lugar después de muchos intentos ―Yuriko se estremeció al revivir el estresante momento―. Fue horrible... no sabíamos qué sucedía o si volveríamos a verte. Y cuando regresó unas horas después nos dijo que estabas por cruzar y que te descompensarías por el paso entre mundos, pero que estabas bien. Después de eso apareciste... con ese hombre.
―¿Vieron a Sesshomaru? ―se quedó estupefacta. No tenía idea de que Sesshomaru hubiera sido visible para ellos también... aunque si lo pensaba tenía sentido. Estaba físicamente en su plano pues la había ayudado a cruzar. Observó con cuidado las reacciones de sus padres: ambos se veían incómodos y descontentos, como si ni siquiera supieran cómo sentirse al respecto.
―Te llevaba de la mano ―respondió su madre frunciendo levemente el entrecejo en confusión. Rin sintió la necesidad de explicarse para que no pensara cosas dispersas... y acertadas.
―Me ayudó a cruzar, no podría haberlo hecho sola.
Tal parecía que Yuriko tenía algo más que decir, alguna contestación ofuscada a juzgar por su expresión contrariada, pero torció la boca para mantenerla cerrada. Ella también se había abrumado por la inquisición del oficial en la relación que su hija pudiera llevar con aquel sujeto, y prefería no escuchar más. Especialmente con lo posible que era que Rin confirmara sus sospechas.
Su corazonada se hacía más certera conforme escuchaba el relato y la forma que tenía de referirse del inugami, y después de haber visto cómo éste había observado a su hija a los ojos y juntaba brevemente sus frentes en una íntima despedida... más cuando Rin estiró la mano al este retroceder, como si intentara alcanzarlo para que no se fuera... supo que lo que Kagome Higurashi había insinuado era cierto.
―Creo que eso es todo, después de eso llegué a este plano ―concluyó Rin cuando la habitación se vio sumida en mutismo, con los tres adultos mirándola esperando a que continuara.
―¿Qué pasó con la pelea entre el inugami y su padre? ¿Quién ganó? ―quiso saber la mujer policía.
Con cuidado, Rin, con mucho cuidado.
―Por fortuna la pelea se detuvo antes de que llegara demasiado lejos. Pero no estuve ahí para verla.
―¿A qué te refieres?
―Sesshomaru me puso a salvo y alejó a su padre para que no me hiciera daño. Cuando nos reencontramos de nuevo ya todo había terminado y Sesshomaru me llevó de regreso a la mansión.
―¿No le preguntaste qué había pasado?
―Claro que sí, pero él no es una persona que hable mucho. Además de que estaba más preocupada por sus heridas. Cuando llegamos a la casa nos encontramos con Kagome.
―¿Eso es todo? ―presionó Hachiken para nada convencido. Rin estaba tan cansada de hablar que tuvo la tentación de darle una respuesta cortante para que la dejara tranquila, pero se obligó a mantenerse serena. Estaba acostumbrada a mantener su carácter a raya, Sesshomaru la había ayudado indirectamente a que eso pasara.
―No, claro que no. Kagome me explicó lo que estaba sucediendo y que ustedes me esperaban del otro lado, por lo que Sesshomaru me ayudó a cruzar para pasar a este plano. Sí tenía intenciones de dejarme volver después de todo, no puso ninguna objeción como antes aún cuando ya no hubiera ninguna amenaza.
―¿Como antes? ―inquirió de nuevo el detective mirándola entre sus notas.
―Como había prometido hacer lo que sea para que no lastimara a mis amigos, ese 'lo que sea' era quedarme con él. Cada vez que le hablaba para que permitiera regresar a casa me lo negaba... puede ser muy temperamental y cortante cuando está molesto, así que dejé de insistir cuando supe que no conseguiría nada.
―En otras palabras te rendiste, ¿es eso lo que dices? ―atajó velozmente el hombre como si algo en su respuesta le hubiera dicho mucho más de lo que quería explicar―. Como viste que no tenía sentido seguir pidiéndole regresar preferiste conformarte y aceptar que te quedarías ahí.
―Nunca me conformé ni acepté quedarme en ese lugar ―le dijo con calma aunque por dentro quisiera pegarle en la cabeza con su carpeta en repetidas ocasiones―. A pesar de que haya dicho en mis cartas que debía adaptarme y no creía que fuera posible estar de vuelta en casa, nunca asimilé que me quedaría en ese mundo para siempre. Sólo tenía que ser paciente y esperar la oportunidad de sacar el tema de nuevo, es todo.
―¿Y por esperar el tiempo adecuado a qué te refieres?
―¿Tiene esto algo que ver con la investigación, detective? ¿Acaso intenta descubrir si mi hija se fugó como tanto piensa?
―Hay que considerar todas las posibilidades para que no hayan cabos sueltos, señor Hashimoto ―agregó tildando con la cabeza.
―Tal parece que sus intenciones son incriminar a mi hija de algo que no cometió.
―Muy al contrario, mis intenciones son llegar hasta el fondo del asunto ―le aseguró suspicaz―. Como comprenderá esta es una historia un tanto difícil de creer. Puede tener las evidencias que lo marcan como un caso sobrenatural, pero hay quienes buscamos todas las explicaciones lógicas posibles antes de dar por sentado un hecho tan poco ordinario.
Rin sintió un pequeño tic nervioso en el ojo y sus músculos se tensaron. Y yo que creí que Sesshomaru era terco como una mula...
Tomó una disimulada respiración honda y volvió a serenarse. No lograría nada alterándose, además de que no contaba con las energías suficientes como para gastarlas en tal tontería. Habló antes de que alguno de sus padres pudiera contestarle por ella al policía.
―No hay problema. Admito que todo esto es difícil de asimilar, pero no le he dicho todo esto para ganarme su favor. He dado mi historia como es, queda a su criterio creerla o no. Mantengo firme mi postura porque sé lo que vi y sé por todo lo que pasé.
Rin conservó la mirada sólida sobre el policía al igual que lo hacía él. Sus padres y la otra mujer variaban la atención entre uno y la otra durante el silencio que se cernió en la habitación. Al cabo de unos segundos, el hombre pareció relajar levemente su postura y acabó asintiendo con la cabeza.
―Puedo darme cuenta. Agradezco tu sinceridad, Hashimoto ―dio una cabezada mientras detenía la grabadora y su asistente hacía una última anotación―. Te contactaremos más adelante para continuar con la investigación, mientras tanto procura recuperarte. Hasta entonces, señores Hashimoto, gracias por la cooperación.
La muchacha siguió a la pareja de policías hasta que estos se perdieron detrás de la cortina blanca. Seguidamente escuchó cómo la puerta se abría y cerraba, opacando el resonar de los pasos por el pasillo.
―¿No cree en nada de lo que le dijo, cierto? ―le preguntó Oshima en voz baja conforme abandonaban el edificio pocos minutos después.
―Sigo esperando que todos me digan que este caso no es más que una broma por mi último año antes de mi retiro ―confesó él con una mueca.
―Sería muy difícil coordinar algo de ese estilo, señor.
―Uno mantiene las esperanzas, Oshima.
―¿Aún así no piensa en creerle a Hashimoto? Tenemos la evidencia en video, y hemos revisado tantas veces la casa que es imposible que hayan movido un equipo de producción de efectos especiales de la noche a la mañana sólo para tomarnos por inocentes.
―Parte de mí no quiere creer en lo desconocido. Estoy demasiado viejo para considerar la existencia entes sobrenaturales y mundos paralelos ―musitó. Ambos subían a la patrulla que los llevaría a la estación. Sólo pensar que dentro de poco deberían reunirse con el resto del equipo a desmenuzar cada tramo de la información recolectada hacía que le doliera la cabeza―. ¿Qué piensas tú al respecto?
―Es un caso realmente inusual, pero con tanta evidencia me inclino a decir que está diciendo la verdad. No sé qué sacaría de todo esto en caso de ser falso.
―¿Publicidad, fama, dinero? Hay muchas razones para querer llamar la atención con algo así.
―No lo sé, señor. No veo a esa muchacha causando tantos problemas a sus familiares y amigos por quince minutos de fama ―contrarrestó ella. Tras haber abordado la patrulla añadió―. ¿Qué haría en caso de comprobar que todo es real?
El hombre arrancó el vehículo y durante un instante el sonido del motor fue todo lo que se escuchó en la cabina. Soltó un largo suspiro y pisó levemente el acelerador para salir del estacionamiento.
―Supongo que contarle a mis nietos el caso más raro e imposible en el que me ha tocado trabajar.
...
Conforme la plática con los oficiales se alargaba, Rin había sentido poco a poco el peso del cansancio sobre los hombros, pero procuró ocultarlo lo mejor posible para no posponer aquella incómoda conversación. Al menos ya había acabado y podía darse el lujo de dejar de fingir que estaba totalmente despierta.
Apoyó la espalda contra la cabecera metálica de la cama mientras escuchaba en silencio los murmullos indignados de sus padres por la total falta de respeto del detective Hachiken.
En medio de los reclamos de marido y mujer, un enfermero se asomó por la cortina, anunciando que traía el desayuno de Rin. La muchacha no se dio cuenta de lo realmente hambrienta que estaba hasta que tuvo la bandeja de plástico en su regazo. La comida estaba algo fría y carecía de buen sabor como cualquier comida de hospital, pero esto no impidió que la devorara a gran velocidad.
Cuando iba terminando su ración de frutas entró un médico de pelo entrecano, bajito y con gafas de montura redonda que le daban un aire caricaturesco. Tragó con cierta dificultad el bocado de manzana que aún masticaba cuando distinguió que el hombre tenía una carpeta entre sus manos. Sus resultados médicos habían llegado.
―Todos los valores han salido dentro del rango normal ―reveló después de una inspección física a sus pupilas, oídos y garganta más la plática de presentación y saludo correspondiente. Toda la tensión que había acumulado desde que lo vio llegar pareció desvanecerse en el aire, y sus padres también suspiraron aliviados―. Estás en muy buena forma para haber pasado seis meses fuera de casa. ¿Cómo es eso posible, jovencita?
Rin se encogió de hombros. Su padre se excusó un momento fuera de la habitación para hacer una llamada mientras que su madre le volvía a apretar la mano. No quería apartarse de su lado ni un instante.
―Tenía una dieta balanceada, supongo. Y recibía bastante sol y hacía actividades al aire libre.
―¿Es cierto que un demonio te llevó al mundo de los espíritus?
―Sí, es cierto ―asintió. ¿Qué sentido tenía negarlo? Ya la verdad estaba a la luz de todas formas. El médico le dio una mirada inquisidora ligeramente parecida a la del detective pero con un toque menos incrédulo y severo. El hombre le dio una rápida mirada al enfermero como si le comunicara algo e hizo un pequeño gesto con la cabeza.
―Siempre supe que había algo raro con esa casa ―suspiró―. He atendido varios casos de personas que van a comprobarlo. El que más recuerdo sucedió hace varios años cuando atendí a un sujeto que se rompió la tibia y se desplazó la rótula de la rodilla. Nunca quedó bien de la cabeza, aún recuerdo que tuvimos que sedarlo las primeras noches para que pudiera dormir, e incluso al salir de aquí tuvo que ser internado un año entero en una institución psiquiátrica de la ciudad.
―Ese debe ser el tío de Momoko ―se dio cuenta Rin, recordando la historia que su amiga le había contado cuando intentaban detener el inicio del proyecto para filmar en la mansión―. Entonces... ¿me cree?
―Claro que te creo. Después de ver cómo quedaron los chicos que fueron durante el verano y escuchar sus versiones sería de idiotas creer que todo es una farsa. Nadie se arriesgaría a morir por gastar una broma de mal gusto ―aseveró con una cabezada. Rin le sonrió agradecida y le imitó―. Aunque me sorprende que esa criatura te haya dejado vivir cuando dejó tan mal a todos los demás que pisaban la mansión.
―No quería que siguiera lastimando personas, así que me hice su amiga para disuadirlo ―suspiró ella―. Nos hicimos amigos, pero al final me salió el tiro por la culata porque igual perdió el control. Eso me pasa por meterme con cosas que no comprendo.
―Eso es cierto ―secundó su madre con cierta amargura.
El médico soltó una risita ante el tono irónico y cerró la carpeta con sus resultados.
―Yo no diría eso. Tus amigos no paraban de decir que si no hubieras intervenido, el demonio los habría matado. Le salvaste la vida a esos chicos, así que el tiro no fue del todo por la culata ―le sonrió amable, haciéndola sentir mejor―. Como no tienes ningún valor fuera de lo normal ni ninguna condición que requiera estricta vigilancia médica, creo que podría decir que eres libre de regresar a casa.
―¿De verdad? ¿Así sin más? ―se asombró ella cuando el enfermero procedía a retirarle la vía del suero y el lector del electrocardiograma del dedo.
―Claro, ¿para qué quedarte en una clínica si estás bien? ¿O acaso hay algún motivo por el que debamos preocuparnos?
El doctor la vio perspicazmente enarcando una ceja como si esperaba atraparla desprevenida. Rin se puso ligeramente nerviosa por un momento pero no tardó en negar sin dejar de verlo a la cara. Le llegó a la cabeza la cantidad de veces que había mantenido intimidad con Sesshomaru y la pequeña pero latente posibilidad de que algo hubiera resultado de eso. Se mantuvo lo más tranquila que pudo recordando la efectividad de las infusiones de Han y resolvió que era mejor no hablar del tema con su madre presente. En unos días podría cuadrar una cita privada con ese doctor para salir de dudas.
―Ninguna, señor.
―Excelente. Puedes descansar todo lo que necesites, iré a redactar el alta médica y el informe correspondiente. Si necesitan algo les ruego que me lo hagan saber. Con su permiso ―se inclinó respetuosamente y apartó la cortina de su área para retirarse.
―Doctor, espere. ¿Cómo se encuentra el señor Higurashi? ―quiso saber Rin.
―Aún duerme, pero por lo que vemos hasta ahora está en condición estable.
―¿Va a estar bien, verdad? ―se preocupó. Moriría si algo le llegaba a pasar a ese señor que sólo había querido ayudarla. El doctor le dio una sonrisa conciliadora y asintió.
―Estará bien, se le podrá dar de alta en horas de la tarde si no descubrimos nada alarmante.
―Qué alivio... Muchísimas gracias, doctor.
―No te preocupes. Por cierto... ―la vio sobre su hombro antes de salir del área rodeada de cortinas― bienvenida de regreso, Rin Hashimoto.
―Gracias ―hizo una reverencia hasta que el hombre se marchó. Una vez solas, Rin tornó la cara hacia su madre quien le acariciaba conciliadoramente el cabello, como si eso la ayudara a ella más que a su hija a permanecer calmada―. Mamá... ¿Puedo hacerles una visita a Kagome y a su abuelo? Quisiera agradecerles por todo lo que han hecho por nosotros.
El cuerpo de Yuriko se tensó levemente, cosa que su hija sintió. Arrugó los ojos preguntándole mudamente qué le pasaba, pero antes de que pudiera vocalizarlo la mujer se le adelantó:
―Quizás deberías dejarlos descansar un poco más, imagino que Kagome no habrá dormido nada en toda la noche. Estuvo despierta casi hasta el amanecer.
―¿De verdad?
―Sí, tu padre fue a verlos mientras dormías. Fue una noche muy larga para todos.
―¿Ustedes han dormido algo?
―No, todavía no. Ya lo haremos después, no te preocupes por nosotros. El que tú estés bien es lo único que importa.
Rin se giró un poco para abrazarla, estrechándola con los brazos temblorosos. Sentía la cara caliente y las lágrimas a punto de salir una vez más.
―Mamá... de verdad lo siento. Perdóname por haberte hecho sufrir tanto... perdóname por no haber confiado en ti.
Su madre le regresó el abrazo sin dejar de acariciar su cabello largo y lacio. Por un momento la mujer reparó en lo mucho que su única hija había crecido, tanto que no se había percatado de sus cambios sino ahora que la tenía de vuelta. Siempre la había visto como una niña parlanchina y enérgica, pero estar con ella en ese instante y compararse a sí misma con ella le hizo notar que estaba lejos de ser esa niñita que siempre vio.
Había algo tan diferente en su hija que la desconcertaba, un algo que a simple vista no podía distinguirse con facilidad. Pero ser su madre le daba la capacidad de notarlo mejor que nadie.
La estrechó un poco más ante el miedo que eso le daba.
―Te perdono, cariño, no te preocupes más. Pero... ―tragó con dificultad―. Por favor prométeme que no volverás a hacer algo así. Si tienes problemas... si tienes algo que decir, ven a nosotros. Cuéntanos lo que sea y te escucharemos.
Rin se separó de ella y la observó con ojos grandes y expresivos. Lo sabe.
El labio le tembló y tuvo que tragar con dificultad para aliviar la sequedad que había invadido su garganta repentinamente. Se sentía tan expuesta y descubierta que su corazón comenzó a latir mucho más deprisa.
Su madre, intuyendo lo que le sucedía, negó levemente con la cabeza para que no se viera en la necesidad de decirlo.
―No tiene que ser ahora. Han pasado muchas cosas, mejor descansa. Después hablaremos con más calma ―besó su frente y volvió a estrecharla para ayudarla a relajarse. Rin asintió y se dejó hacer sin resistencia, sintiendo cada vez más el cansancio cernirse sobre ella. Pasaron algunos minutos en silencio, sólo sintiendo la calma de la habitación y disfrutando de la tan necesitada compañía mutua.
Se sentía como una niña pequeña otra vez, una que hasta ese entonces no tenía idea de cuánta falta le había hecho el cariño de su madre. Se permitiría ese pequeño desliz, aquel único momento para disfrutar de lo que más había extrañado en su ausencia. Cuando despertara de nuevo podía ser la chica responsable que afronta sus problemas de frente, pero ahora... sólo quería dormir abrazando a su mamá.
Se olvidó de todo en esos escasos segundos más que demoró en caer rendida; y nada, ni siquiera el temeroso prospecto de lo que estaba por enfrentar logró privarla del descanso que tanto necesitaba.
...
Kagome despertó sobresaltada de la siesta que había tomado sobre el pequeño sillón que tenía al lado de la cama de su abuelo. Se levantó cuidando no hacer demasiado ruido y se acercó para chequear cómo estaba. Dormía profundamente como era de esperarse, y según apreciaba en el monitor su ritmo cardiaco se había normalizado en comparación a cómo había estado al momento de llegar horas antes.
Se llevó una mano al pecho en alivio al notar que también su color había regresado a la normalidad. Ya había sido una noche lo suficientemente agitada, pero lo de su abuelo había sido la catastrófica guinda del pastel. Sabía que no había tenido que dejarlo ir, pero ese hombre era tan terco y decidido que habría encontrado la manera de subir la montaña por sus propios medios aún cuando lo encerraran en una habitación. Por suerte no se había tratado de nada grave que los galenos no pudieran solucionar rápidamente. Todo por el estrés de la situación, la presión del ritual y lo que había sido la clave del asunto: una pastilla olvidada que debía ser consumida a las seis en punto.
En cuanto despertara lo reñiría por no haberle hecho caso de tomarla a tiempo y preocuparla de esa manera, aún cuando ella no era quién debería tener el papel de verdugo: el mayor susto se lo había llevado él, y Kagome tuvo que haber estado mucho más al tanto de la estricta medicación de su abuelo. Ya sabía que no debía confiar en su memoria escasa y revisar con sus propios ojos que siguiera su tratamiento al pie de la letra.
Acarició su mano agradeciendo a los dioses la fortuna de que todo hubiera resultado mejor de lo que esperaba y salió al pasillo con paso sigiloso para hacer una llamada. Eran casi las nueve de la mañana, y la última vez que se había comunicado con su madre había sido al llegar a la clínica para informarle del percance del abuelo. Había sido una conversación breve y apresurada, pero ahora que tenía más tiempo se dedicaría a explicarle mejor cómo había resultado la cosa.
Y cuando llegaran a casa estarían con el trasero pegado a la mesa del comedor explicándolo todo con pelos y señales, lo intuía.
Conversó brevemente con la enfermera de la recepción pidiéndole detalles de la salud de su abuelo, para después preguntar sobre Rin. Según le dijo la mujer, acababa de tener una entrevista con los agentes de la policía y ahora se encontraba con sus padres a solas.
No quería ni imaginarse lo agotada que debía estar esa chica.
Se alejó un poco de la recepción en busca de privacidad y se apostó fuera de la sala compartida donde dormitaba su abuelo. Por suerte no había mucha gente por los pasillos y nadie reparaba en ella. Contuvo un quejido ante lo inevitable y se llevó el teléfono al oído después de buscar el contacto de su madre. Tenía cinco llamadas perdidas suyas más una adicional de su hermano menor de apenas unos minutos de antigüedad. El timbre de llamada apenas sonó una vez hasta que contestaron al otro lado de la línea.
―Buenos días, mamá. ¿Cómo estás?
―¿Cómo me preguntas eso a mí, Kagome? ¿Cómo están ustedes, cómo está el abuelo? Llevo horas despierta esperando a que me llames, no tienes idea de lo preocupada que me dejaste en la madrugada, ¡estuve dándole vueltas a la casa por horas! ―la riñó apresurada. La joven apretó los labios. Sí, se nota bastante.
―Lo siento, mamá, me quedé dormida y no escuché el teléfono. Acabo de levantarme. El abuelo sigue dormido pero sus niveles se estabilizaron según lo que me dijeron los médicos. Ya todo está bien.
―¿Qué fue lo que pasó? Hablaste demasiado rápido y casi no me diste detalles, no me enteré de nada. ¿Por qué tu abuelo sufrió un colapso? ¿Qué pasó con la chica que iban a ayudar?
―Ella regresó sana y salva, pero las cosas se complicaron antes de eso. El abuelo se estresó bastante porque tardé un tiempo considerable en volver a este plano... además de que no se tomó una de sus pastillas, y eso que le insistí que lo hiciera ―agregó con un ligero gruñido. Su madre la imitó al otro lado de la línea.
―¿De nuevo? Tenemos que vigilarlo más de cerca, también me ha hecho eso a mí ―farfulló con un suspiro―. ¿Por qué tardaste en regresar? ¿Te pasó algo malo?
―No, qué va. Es una historia bastante larga de hecho... ¿recuerdas al inugami, verdad?
―Claro, ¿cómo no?
―Sí, bueno, resulta que es el medio hermano de Inuyasha.
Hubo silencio súbito del otro lado de la línea por un par de segundos.
―¿Lo dices en serio? ¿Inuyasha tiene un hermano?
―Sí, yo tampoco lo sabía, nunca me lo había dicho. Y es un demonio completo, así que te imaginarás mi cara cuando me enteré. Y resulta que él es el demonio que había asesinado a la madre de Inuyasha cuando él era bebé ―continuó reposando la espalda en la pared mientras que con una mano se masajeaba la frente. Escuchó que su madre contuvo el aliento con un respingo afilado. Le había contado todo cuanto sabía sobre su marido, su familia y su extraño mundo, así que ambas estaban en la misma sintonía. Entre ellas no solía haber secretos.
―Oh por Dios... ya me imagino por qué habrás tardado. ¿Pero qué le hizo a la muchacha? ¿Ése inugami te dio problemas?
―No, qué va, él no era el problema en lo absoluto. Ni siquiera estaba ahí cuando crucé porque estaba muy ocupado peleando a muerte con mi suegro.
―Santo cielo... ¿En qué lío te metiste, Kagome? No me digas que interviniste entre ellos arriesgando tu vida. No conozco a tu suegro pero sí a mi yerno y me hago una idea de cómo pudo estar la cosa.
―No, no, yo no salí de la mansión porque la ex de mi suegro resguardaba la brecha y no me dejó interferir. Fue una noche muy larga ―musitó, agotada de sólo recordarlo. Los músculos aún le dolían por aquella extraña pelea que había sostenido, pero ese detalle no se lo contaría a su madre todavía, no si quería evitar que le diera un ataque de pánico.
―¿La ex de tu suegro? ―la mujer soltó una risita incrédula―. ¿Inuyasha también estaba ahí para completar la reunión familiar?
―De hecho sí, estaba ahí. Me dijo hace unos días que tenía que hacer un viaje con su padre para encargarse de un asunto, y como nunca especificó qué era jamás me imaginé que se tratara de algo como esto. No tenía ni idea de esa parte de su pasado.
―Tienes que mejorar la comunicación con él ―le recomendó.
―Oh, claro que lo sé. Le daré un jalón de orejas por no haberme dicho nada... supongo que no querría preocuparme, pero igual...
―Tranquila, cielo, entiendo. Inuyasha es un muchacho complicado ―estimó. Casi podía imaginársela dando una cabezada―. Cuando vuelvan a encontrarse de seguro aclararán las cosas. Y luego tú las aclararás conmigo porque todo lo que me acabas de decir suena muy enredado.
―Y lo es. Te contaré todo cuando volvamos mañana. Vamos a pasar la noche aquí sólo por precaución, no quiero que el abuelo tenga una recaída en el viaje si nos vamos esta misma noche. ¿Estás de acuerdo con eso?
―Por supuesto que sí. Que descanse y se recupere, no vaya a ser que las curvas para bajar de la montaña lo mareen más. Y tú también necesitas recuperarte.
―Pero yo estoy bien, mamá.
―Eso dices pero soy tu madre y no te creo. Tuviste una jornada muy agitada, así que te tomas este día para descansar y cuidar a tu abuelo. ¿Pasarán la noche en el hospital?
―Esta es una clínica, el pueblo no cuenta con un hospital propiamente dicho ―le aclaró asomándose por el pasillo. El padre de Rin salía de la habitación de al lado con el celular en el oído. No podía escuchar lo que decía porque cuchicheaba en voz baja al igual que ella―. Supongo que buscaremos una posada por esta noche, no quisiera molestar a los Hashimoto ahora que Rin está de vuelta.
Kagome volvió la mirada al frente para que el hombre no la pillara viéndolo de reojo. Sonreía llevándose una mano al corazón en señal de alivio, así que supuso que debía estarle dando la buena noticia a sus familiares o amigos.
―¿Cómo están los Hashimoto?
―Hasta donde vi muertos de alegría y alivio ―sonrió―. La mamá no quería soltarla, fue bastante conmovedor cuando se reencontraron. Tal parece que están más que bien.
―¿Y Rin? ¿Cómo la ves?
―No la he visto desde que llegamos a la clínica, pero supongo que debe estar muy cansada. Se desmayó poco después de cruzar y en la recepción me dijeron que despertó hace una o dos horas. Creo que estará bien. Aunque... ―su voz se cortó cuando se mordió el labio. La imagen del inugami y la muchacha despidiéndose silenciosamente en la brecha la golpeó de repente. La sola cara de aquel hombre había sido devastadora pese a que su serenidad quisiera ocultarlo. Vio en sus ojos que no quería dejarla ir.
―¿Aunque...?
―Tenía razón, mamá... es su inumochi. El hermano de Inuyasha está totalmente prendado de ella.
―¿Y ella?
―Es mutuo ―fue todo lo que dijo. El señor Hashimoto acababa de notar su presencia y le hacía un gesto mientras se despedía de su interlocutor. Dio un par de zancadas a ella con una sonrisa cansada pero igualmente satisfecha―. Te daré todos los detalles cuando llegue a casa, ¿está bien? Cualquier cosa que suceda te la avisaré cuanto antes.
―Hazme el favor de comunicarme con tu abuelo en cuanto sea posible ―pidió a modo de despedida. Menos mal que sabía tomar las indirectas.
―Por supuesto. Cuando despierte te llamaré para que hables con él.
―Gracias, hija. Cuídalo mucho y cuídate tu también. Hasta luego.
―Hasta luego, mamá.
―¿Interrumpo, Higurashi? ―terminó de acercarse el padre de Rin. Acaba de notar el teléfono en su mano.
―No, qué va, ya me despedía. Buenos días, señor Hashimoto. ¿Cómo se encuentra? ¿Cómo está Rin?
―Bastante bien, despertó temprano y sostuvo una larga charla con los detectives. Mi esposa está con ella ahora, yo tenía que avisarle las buenas noticias a mi padres. Viven lejos y no tienen posibilidad de viajar hasta aquí, pero están muy pendientes de todo el asunto ―explicó brevemente―. ¿Cómo está el señor Higurashi? ¿Ha habido alguna novedad?
―Por el momento no, está estable y sólo está durmiendo ―volteó la cara hacia la ventanilla en la puerta que mostraba el interior de la sala. Tres de las cuatro camas rodeadas de cortinas estaban descubiertas, y en una de ellas estaba su abuelo descansando―. Me acaban de decir que sus valores se normalizaron, así que parece que lo peor ya pasó. Fue el estrés del momento... y la pastilla olvidada.
―Menos mal que no fue algo más serio ―asintió el hombre dando un rápido vistazo por la ventanilla. Su ceño se arrugó de pena cuando bajó la cabeza en señal de respeto―. Quisiera disculparme por todo lo que ha pasado. Hemos puesto la vida de tu abuelo y la tuya en peligro, no tuvimos que habernos descontrolado de esa manera ni ser tan demandantes. Estábamos desesperados, pero eso no justifica la presión que ejercimos sobre ambos. Mis más sinceras disculpas ―se inclinó más en una reverencia muy solemne que hizo retorcer el corazón de Kagome.
―No... por favor, no se disculpe. No es culpa de nadie, uno simplemente no puede controlarse en un momento así. Ustedes sólo querían a su hija de regreso, es normal que se alteraran. No podría ni imaginar cómo estaría yo en su lugar ―el hombre se enderezó con una expresión bastante triste en su rostro; probablemente revivía ese momento mentalmente.
―También quiero agradecerte en el nombre de mi esposa, Rin y mío por lo que has hecho por nosotros. Tanto tú como tu abuelo.
―En realidad no hicimos nada especial. Las cosas se habían resuelto para cuando yo llegué ―parcialmente, agregó en su cabeza.
―No... no lo digo sólo por eso. Quiero darte las gracias porque tu familia fue la única que nos escuchó y brindó ayuda. Aunque no nos conociéramos ni fuera su obligación, viajaron hasta aquí dando su mejor esfuerzo para volver a reunirnos a todos. No sabes cuánto significa para nosotros.
Los hombros de Kagome cayeron ante la mirada tan triste y agradecida de aquel hombre de apariencia agotada. No lo había visto de ese modo. El amago sabor de boca ante la inutilidad que había tenido durante el momento clave del solsticio se apaciguó cuando cayó en cuenta de que socorrer a Rin no había sido precisamente su papel aquella noche, sino de darles esperanza y comprensión a unos padres desesperados por ver a su hija de nuevo.
Sintió cómo los ojos se le humedecían cuando asintió levemente con una sonrisa pues se había quedado muda.
―Me alegra que hayamos podido ayudarlos ―dijo al cabo de unos instantes. La voz incluso se le había quebrado un poco. El señor Hashimoto carraspeó un poco para que a él no le pasara lo mismo.
―¿Regresarán a Tokio hoy mismo, Higurashi?
―No, no quiero forzar las cosas con mi abuelo, prefiero que tenga un día de descanso antes de someterlo al viaje. Pasaremos la noche aquí y partiremos mañana si su salud está recuperada.
―¿Se quedarán en la clínica?
―No, no, en alguna posada u hospedaje que encontremos al salir de aquí.
―Tonterías, no necesitas buscar ningún sitio. Se vienen a casa con nosotros ―sentenció el hombre de un asentimiento decidido.
―No quisiera causarles más molestias, señor Hashimoto. Ustedes también necesitan espacio con Rin y no quisiera interrumpir eso.
―No interrumpirían nada. Están en este pueblo por nosotros, nos ayudaron a reencontrarnos con nuestra hija y encima por eso tu abuelo sufrió un colapso. ¿Cómo esperas que los dejemos por su cuenta? Es lo mínimo que podemos hacer por ustedes.
―¿Está seguro, señor Hashimoto? Entiendo que quiera pasar tiempo con su familia, no es problema buscar un sitio donde quedarnos. Igual sólo sería una noche.
―Mayor razón para aceptar la propuesta entonces. Por favor, quédense con nosotros. Necesitamos retribuirles de alguna manera, y no hacerles gastar dinero en una posada ni comida parece ser un pequeño comienzo. Además de que así podríamos ayudarte si algo sucede con tu abuelo.
―Bueno... ―lo meditó un poco. Fuera de la pena que pudiera sentir por incomodar a la familia, tenía que admitir que tenía unos excelentes puntos a su favor―. Sí, creo que tiene razón. Está bien, se lo agradezco.
―Avísanos cuando le den de alta a tu abuelo, a Rin se la concederán un poco más tarde. Así con suerte podríamos irnos todos juntos.
―Por supuesto. Lo mantendré informado. Cualquier cosa estamos a una habitación de distancia.
―Así es ―asintió sonriente el hombre. Parecía que ya se había recuperado de su mal momento―. Discúlpame, iré con Rin y mi esposa ahora. Espero que tu abuelo descanse y despierte pronto.
―Sí, yo también. Quizás ustedes también deberían descansar un poco, necesitan recobrar fuerzas después de la jornada de anoche.
―Oh, sí, claro que sí. Cuando lleguemos a casa, tal vez. Hasta entonces, Higurashi.
―Igualmente ―se inclinó en despedida cuando el hombre se daba la vuelta y entraba en la habitación contigua hinchando el pecho. Kagome se recostó en la pared al verse sola de nuevo y sonrió para sus adentros. Ver a aquellas personas tan contentas había hecho que la paliza que se dio en el solsticio valiera la pena.
Sólo esperaba que las cosas mantuvieran aquella vibra optimista de ahora en adelante, Rin la necesitaba en demasía.
Se despegó de la pared y volvió a la habitación, ocupando su lugar en el silloncito frente a la cama de su abuelo esperando a que despertara. Se preguntó si Inuyasha ya había llegado a la contraparte alterna de Tokio, se preguntó dónde estaría su suegro y también pensó en su recién descubierto cuñado.
Su madre tenía razón: necesitaba tener una larguísima charla con su marido en cuanto se reencontraran. Inuyasha era reservado en algunos aspectos, pero en otros podía llegar a ser tan abiertamente franco que parecían personalidades totalmente opuestas. La historia de su madre y medio hermano debía tener un trasfondo demasiado profundo y doloroso para él como para no haber querido mencionarlo más allá que de pasada.
Soltó un suspiro y se acomodó mejor en el sofá mientras revisaba la hora en su celular. Estaban por ser las diez de la mañana. Al menos lo peor ya había pasado y había cumplido su papel aunque no fuera de la forma que esperaba.
Afrontar lo que venía después era solamente para Rin y su familia.
...
La chica se despertó cuando escuchó el chillido de la puerta y algunas voces que cuchicheaban mientras otras siseaban para mantenerlas calladas. Al principio creyó que eran parte de su sueño y les restó importancia, pero a medida que el tiempo pasaba y su fantasía onírica desaparecía se percató que no estaba exactamente sola en la habitación.
Se removió con cuidado para no despertar a su madre que descansaba a su lado, ambas apretujadas en la pequeña cama de barandales metálicos, y se talló los ojos soltando un bostezo. Como si se hubiera activado repentinamente, la mujer también abrió los ojos y se enderezó para darle algo más de espacio.
―¿Cómo te sientes, Rin? ―le preguntó en murmullo aún adormilada.
―Realmente necesitaba esa siesta. ¿Y tú? ¿Pudiste dormir algo?
―Ni siquiera creí que me quedaría dormida. Creo que estaba más cansada de lo que pensé.
―¿Ya despertaron? ―preguntó una voz ansiosa al otro lado de la cortina. De nuevo los sonidos fuera del área privada se activaron. Las dos intercambiaron una mirada, y tras bajarse de la cama y calzar sus zapatos, Yuriko corrió un poco la tela blanca para asomarse. Rin se estiró para intentar ver sobre su cabeza y lo que vio la dejó sin aliento.
Su madre volteó a verla preguntándole mudamente qué quería hacer, a lo que asintió rápidamente apretando los labios en una sonrisa. La cortina se corrió revelándole una sala llena de gente, todos viéndola con los ojos bien abiertos. Rin se cubrió la boca con una mano para ocultar su quejido y apenas el primer sonido de llanto salió, sintió que alguien se le abalanzaba encima en un fuerte abrazo:
―¡Oh, por Dios! ¡Estás de vuelta, estás aquí! ¡Gracias al cielo! ―sollozó Momoko estrechándola tan fuerte que le sacó el aire de los pulmones―. ¡No tienes idea de cuánto te extrañamos!
―Momoko... no puedo... respirar...
―¡Ay! ¡Perdón, perdón! ―la soltó y se alejó un poco para verla a la cara. No era la única que estaba llorando―. No puedo creer que estés aquí... después de tanto tiempo...
―Pero aquí estoy ―le aseguró―. Estoy de vuelta.
―¿Cómo te sientes? ¿Estás herida? ¿Estás enferma, te duele algo? Si estás en la clínica debe ser porque te pasó algo, de lo contrario...
―Hey, déjala respirar un poco ―le aconsejó alguien a sus espaldas―. Los demás también queremos ver cómo está.
La chica temblorosa de la emoción se bajó de la cama a la que había saltado y permitió que el resto de los muchachos se acercaran. Todo el grupo de filmación de la película estaba ahí... no, si la vista no le fallaba, le parecía que todo su salón de clase estaba aglomerado en la ahora pequeña sala de la clínica. Entre ellos también se encontraban algunos representantes apartados del bullicio conversando con su padre, a quien se le sumó su madre abriéndose paso entre los adolescentes.
Algunos llevaban flores, algunos globos e incluso un par de muñecos de peluche y una canasta de frutas que estaba en una mesita al lado de la puerta. Ante tanta cantidad de gente Rin se quedó sin palabras, paseando los ojos en los rostros de sus compañeros sin creer que absolutamente todos estuvieran ahí.
―¿Cómo...? ¿Cómo supieron que estaba aquí?
―Este es un pueblo muy pequeño, las noticias vuelan ―dijo Masashi saludándola con la mano.
―Y mi mamá trabaja en la recepción ―completó Shizuku imitando al muchacho.
―¿Qué hora es? ―le preguntó Rin a Momoko en voz más baja al ver que todos llevaban el uniforme puesto. La chica revisó su teléfono y vio que era la una y media de la tarde―. ¿Les dejaron salir de clases para venir aquí?
―Nos dejaron, nos fuimos... ¿hay diferencia? ―esta vez fue la voz de Issei la que sonó. Los ojos de Rin se agrandaron cuando vio la cara de su mejor amigo avanzando un poco pues un par de compañeros lo tapaban. No pudo ocultar su sollozo y batalló contra las sábanas para quitárselas y bajarse de la cama. Las piernas le temblaron y apenas pudo dar un par de pasos, pero no fue necesario que llegara lejos puesto a que el chico cruzó la habitación de dos zancadas largas y se le paró de frente. Lo detalló cuidadosamente desde la cabeza a los pies, reviviendo aquel angustioso momento en el que lo había visto suspendido en el aire a punto de ser asfixiado. No parecía que le quedara ninguna secuela del ataque, pues su mirada altiva de sabelotodo permanecía tal cual la recordaba.
Rin comenzó a llorar con más fuerza cuando lo abrazó, agradeciendo en voz baja que estuviera bien y disculpándose tantas veces que Issei perdió la cuenta. El chico le regresó el abrazo de manera cándida dándole palmaditas en la espalda.
―Tranquila, tranquila... ―le decía mientras ella sorbía y continuaba murmurando sus disculpas―. Todo está bien, ya no llores. No sé qué hacer cuando una chica llora, no me lo pongas más difícil ―Rin suspiró una risita para cuando se separó, viéndolo con los ojos abnegados en lágrimas.
―¿Seguro que estás bien? ¿Pudiste recuperarte por completo? ―cuestionó mortificada. Issei alzó la barbilla para mostrarle su cuello, no parecía haber ningún rastro del fuerte daño que había recibido a manos del inugami.
―Ya ves que sí.
―¿Y...? ―tragó con dificultad ante los hipidos y la súbita resequedad de su garganta. Su vista se dirigió a Kazuo, Satsuki y Jiro, que estaban lado a lado entre ellos―. ¿Y ustedes? ¿Están bien? ¿Tu pierna, Kazuo...?
―Como nueva ―afirmó el chico levantando la pierna derecha mientras se daba unas palmadas en la tibia. Cuando volvió los ojos hacia Satsuki ésta imitó a su compañero y se arremangó la manga para mostrar cómo había quedado su brazo. Una fina cicatriz lo surcaba desde un poco más abajo de la muñeca hasta unos centímetros del codo, apenas visible.
―Yo también estoy bien. N-no fue nada.
―Por la fractura de la nariz descubrieron que tenía el tabique desviado y me lo acomodaron, así que no te mortifiques por mí ―intervino Jiro con humor cuando Rin abría la boca para preguntarle.
―Haruka... ―musitó Rin cuando vislumbró a la muchacha cerca de la puerta. Estaba llorando y no le quitaba los ojos enrojecidos de encima. Rin estiró la mano hacia ella, y cuando Haruka se le acercó con paso tambaleante, como si no estuviera del todo segura de que fuera real, le echó los brazos encima para abrazarla fuertemente. Era cierto lo que le habían dicho en las cartas: ella era quien había sufrido el mayor desequilibrio emocional tras su súbita partida. Su sola imagen pálida y ojerosa era suficiente prueba―. Lo siento tanto... perdóname, por favor...
―Rin... ¿de verdad estás aquí?
―Sí... estoy de vuelta. Haruka... lo lamento...
Fue entonces que la chica le devolvió el gesto rompiendo a llorar ruidosamente
―¡Rin! T-tenía tanto miedo... creí que no volveríamos a verte... creí que habías muerto y- y estabas ahí pero n-no pude hacer nada... ¡perdóname! ¡Tuve tanto miedo!
―Lo sé... yo también tenía mucho miedo. Pero ya estoy de vuelta, estoy bien. Nunca quise que vieras todo eso... lo siento. Lo siento tanto... por todo lo que les hice pasar ―repitió esta vez levantando los ojos empañados del hombro de su compañera para dirigirse al resto de los muchachos―. Lo siento... lo siento.
―Todo está bien ―le aseguró Momoko acercándose a ellas. Haruka se le aferraba mientras lloraba en su hombro como si fuera una niña pequeña―. No fue fácil, pero todos consiguieron recuperarse. La única que faltabas eras tú y... ya estás aquí.
―Chicos... ―sollozó sin poder soportarlo más. Le parecía tan irreal tenerlos a todos de frente y constatar que estaban sanos y salvos. Había pasado tanto tiempo mortificándose por ellos; por la pierna de Kazuo, el brazo de Satsuki, la nariz de Jiro, la fragilidad de Haruka... e Issei, todo Issei más que nadie. Sus ojos marrones se dirigieron a los suyos como si contuviera un nuevo torrente de disculpas que su voz quebrada no pudiera pronunciar. Él le sonrió de lado y negó con la cabeza para que no dijera nada.
Durante la siguiente media hora todos sus compañeros de clase se le acercaron personalmente para saludarla y darle la bienvenida junto algunos obsequios que le habían llevado. Rin no se sentía merecedora de tales detalles, pero los aceptó de todo corazón.
―Tenemos aquí una hora más o menos, nos dio tiempo de ir a la tienda de regalos ―sonrió comprensivo Masashi cuando le entregaba una tarjeta atada a un globo con helio. El bochorno de la chica era evidente, pero eso no cortaba a nadie para seguir dándole obsequios. Ya ni siquiera sabía cuántas veces había dado las gracias, y sentía los ojos hinchados y secos de tanto llorar.
Tuvo que sentarse un momento de vuelta en la cama por todas las emociones por las que estaba pasando, y cuando un médico se adentró en la sala para reñirlos por el tumulto de personas en el espacio tan reducido ―pues el número de visitas por paciente era excedido con creces―, Rin le pidió que no les hiciera retirarse aún y que necesitaba un poco más de tiempo para hablar con ellos. Solicitó que cerraran la puerta y suspiró dándose fuerzas, carraspeando en el proceso para recuperar normalidad en su voz.
―Chicos... Todos ―añadió haciéndole un gesto a los representantes que estaban con sus padres al otro extremo de la habitación―. Muchas gracias por haber venido. Yo... nunca imaginé que me dieran esta bienvenida tan bonita, no saben cuánto los eché en falta. Y sé que ya lo he dicho un millón de veces a estas alturas, pero... de verdad lamento todo lo que les hice pasar. Sus heridas, su estrés, sus secuelas... nunca quise que esto llegara tan lejos. Fui egoísta al no haber dicho nada sobre el espíritu de la mansión, y fui muy tonta al creer que podía mantenerlo a raya. Lamento no haber podido evitar que esa noche saliera tan mal. Me disculpo también con sus padres ―hizo una pronunciada reverencia hacia ellos―, no es justo que a causa mía sus familias se vieran afectadas. Siempre me arrepentiré de lo mal que hice todo, pero... espero que exista la posibilidad de que puedan perdonarme. Si no es así, no importa. Estas palabras no pueden reparar el daño, lo sé, no hay forma de reparar nada de lo que pasó ese día. Pero aún así, si sirve de algo... de verdad lo siento.
Todos los presentes guardaron silencio e intercambiaron miradas entre ellos, inseguros y entristecidos. Los hombros de Rin temblaban mientras mantenía la cabeza aún gacha en su inclinación, haciendo un nuevo esfuerzo por no seguir llorando. No sabía cuántas tantas lágrimas más podía seguir llorando hasta que se secaran, pero por cómo iba el día dudaba que fuera a averiguarlo pronto.
―Rin... ―se le acercó entonces Issei. La chica apenas alzó la mirada trémula sin enderezarse. Issei la tomó del hombro para que lo hiciera y la miró de frente con seriedad―. Nadie en esta sala está enojado contigo. Fue un shock enterarnos de toda la verdad cuando ya fue demasiado tarde... aunque no del todo por mi parte porque ya me habías dicho un poco, pero no mucho ―agregó entrecerrando los ojos acusadoramente. Rin sintió el impulso de sonreír― y sí que la pasamos mal, pero no fue nada permanente. Todos nos recuperamos y si estamos aquí ahora es porque lo que más queríamos era que estuvieras de vuelta. Así que deja de disculparte tanto, no te ahogues en un vaso de agua porque ninguno sufrió ningún daño irreversible.
―Pero... estuvieron tan cerca... y todo lo que tardaron en recuperarse...
―No es nada en comparación al saber que nos salvaste la vida a todos ese día ―sentenció su amigo. Otros detrás de él asintieron gravemente con la cabeza―. Una pierna rota o una fisura en el cuello es un daño menor considerando que realmente pudimos morir.
―Además... de que tú no eres quien corre con la culpa, Rin ―Satsuki dio un paso al frente apretando los puños. También había estado llorando y por todas las cartas, la chica sabía que era por el horrible remordimiento que aún sentía―. Nos advertiste a todos que era peligroso y que no fuéramos a la mansión, pero aún así... no quise escucharte. No quise creerte. Incluso después de ver las grabaciones del primer día donde el espíritu te acompaña como una sombra, seguí con mi idea de filmar ahí a como diera lugar. Que todo esto haya pasado es culpa mía. No supe cuándo parar ni dejé mi orgullo a un lado.
―Supongo que todos tenemos un poco de culpa, ¿no? ―intervino Jiro incómodo―. Yo te estuve molestando al día siguiente con la cámara para captar al espíritu y seguramente eso lo hizo enojar. Tampoco me esforcé más por detener el proyecto después de verlo en los vídeos.
―Pero si yo les hubiera dicho la verdad desde el principio esto seguramente no habría pasado ―insistió Rin.
―Eso ya no lo sabremos ―se encogió Issei de hombros―. Y siendo sinceros... ¿alguno le hubiera creído?
―Yo sí ―aseguró Momoko solemne. Issei le hizo un gesto con la ceja.
―Ya sé que tú sí y ustedes también ―señaló a sus antiguos compañeros del reto de valor cuando Masashi abría la boca para secundar la afirmación de la muchacha―, hablo de los demás que no estuvieron en la casa en primaria ni escucharon lo que nosotros escuchamos ese día. Es difícil creer en algo que no te ha pasado a ti, por eso dudo que aunque hubieras dicho la verdad desde el principio las cosas hubieran cambiado. Quizás te habrían tomado por loca, qué se yo.
―Bueno... es posible ―se sinceró Jiro como quien no quiere la cosa. Detrás de él se formó un ligero murmullo que discutía el asunto. Haruka incluso se encogió al reconocer que ella estaría en ese grupo de escépticos―. Tal vez nos habría incentivado más a ir con cámaras a grabar. Creo que a mí se me hubiera ocurrido subir a grabar solo por la noche.
―Y tal vez la película hubiera sido sobre nosotros descubriendo el espíritu ―señaló Shizuku con incomodidad―. No fue culpa tuya, Rin. Nosotros no te escuchamos.
―En conclusión todos son unos idiotas imprudentes ―musitó el hermano mayor de Issei que también estaba presente, apoyando la espalda en la puerta. Algunos rieron por lo bajo mientras los padres le daban la razón, e incluso Rin se mordió los labios para no reír también
―No te angusties, por favor ―le pidió Momoko suavemente―. Por suerte nada malo pasó, no te mortifiques por cosas que nunca sucedieron.
La aludida abrió más los ojos al posarlos sobre su amiga. ¿No le había dicho ella misma algo similar a Sesshomaru alguna vez? Estoy intentando aprender a no mortificarme por los 'hubiera'. No tiene sentido preocuparse de fantasías o cosas que no llegaron a pasar cuando se tiene el presente real del qué estar más pendiente.
Se enjugó las lágrimas con el dorso de las manos y asintió mientras sonreía. ¿Qué había hecho para tener amigos tan comprensivos y amables? No tenía ni la más remota idea, y ya ni siquiera importaba.
Se quedaron conversando un poco más, y cuando repetía en resumen lo que les había dicho a los detectives para resolver las dudas de todos, el doctor bajito con las gafas tocó a la puerta y se hizo camino con dificultad entre todos los chicos para entregarle su alta médica y darle a sus padres una lista de recomendaciones en caso de que su salud se viera comprometida. Apenas le dio una ojeada rápida al récipe y constató que sólo le recetaba vitaminas, un té para dormir y otro para los nervios. El médico le guiñó un ojo cuando le daba las gracias y le dijo que ya que estaba bien podía volver a casa.
―Creo que será mejor que le demos algo de espacio ―dijo Kappei a su grupo en voz baja cuando Rin se acercaba a sus padres a preguntarles algo―. Si yo estuviera en su lugar estaría agobiado.
―Sí, tienes razón ―asintió Shizuku―. Podremos ponernos al corriente mañana.
Momoko negó varias veces con terquedad.
―Yo no me voy a ningún lado e Issei tampoco.
―¿Qué?
―Como sus mejores amigos debemos estar con ella, que se agobie después ―sentenció la chica mientras tomaba todos los obsequios que podía para después reunirse con ella. Los chicos le dieron una mirada inquisidora a Issei, quien se había quedado plantado sin entender nada cuando Momoko le puso la cesta de frutas en una mano y un oso de peluche con globos en la otra.
―¿Vas a ir? ―quiso saber Masashi.
―¿No escuchaste a Momoko? Es el deber del mejor amigo ―resopló rolando los ojos cuando se le unía a la otra chica, dejando a los otros atrás intercambiando miradas.
―Espero que no la fastidie mucho exigiéndole que le cuente todo ―dijo Masashi imaginándose la escena de Issei apuntándola con el dedo para que soltara cada retazo de su relato.
―Ella prometió que lo haría, así que supongo que lo hará de todas formas ―Jiro se encogió de hombros―. Deberíamos reunirnos todos el fin de semana para escucharla desde el principio. Me encantaría saber toda la historia.
―Ya sabemos bastante, ¿no crees?
―Pero quiero saber cómo es vivir en el mundo de los espíritus con un inugami, ¿tú no tienes curiosidad?
―¿Quién rayos no la tendría? ―respondió Masashi torciendo la cabeza.
―Podemos llamarla mañana para cuadrar algo. Incluso podríamos hacerle una fiesta de bienvenida entre nosotros, pero algo calmado para que no se abrume. Debe ser raro recibir tanta atención de golpe ―razonó Satsuki ante el fruncimiento de cejas de los demás―. Podríamos también hacer una lista de preguntas y armar algo así como un foro para que ella esté más cómoda y no se ande repitiendo todo el tiempo.
―Eres la delegada de la clase y te gusta ordenar a los demás, ya lo sabemos ―Kazuo suspiró a lo que Satsuki le dio una fea mirada. Shizuku intervino para evitar que a su amiga se le saliera alguna mala contestación.
―¿Nos reunimos mañana después de clases para organizar las preguntas? También me gustaría tomar nota de lo que diga, debe ser fascinante todo lo que tenga que contarnos en detalle.
―Qué nerds... ―le susurró Jiro a Kazuo, a lo que esta vez fueron ambas las que lo miraron con desagrado.
―Siempre y cuando no estemos ahí mucho rato ―concedió Masashi sin estar demasiado seguro. Los otros lo interrogaron al no entenderlo del todo―. Satsuki tiene razón, debe ser raro recibir tanta atención. Además de que Rin también querrá tiempo para descansar y estar con sus padres, ¿no?
―Sí, la pobre debe tener un millón de cosas en la cabeza...
―Como un millón de disculpas, será ―Satsuki le dio un golpe en la cabeza a Jiro.
―¿Cómo es posible que te lo tomes todo a broma? Esto no es gracioso.
―Ya, no me pegues. El humor malo es mi manera de combatir el estrés, es difícil tragar todo esto.
―Espero que no se te ocurra hacerle algún comentario inapropiado cuando vayamos a verla. O lleves tu cámara para documentarlo todo.
―Lo pensé, pero tampoco estoy tan loco ―se escudó rápidamente de un nuevo golpe. Jiro tenía esa terrible ansia de darle cierre a los tétricos vídeos que había tomado aquel primer día de filmación en la casa del bosque. Quería tener la prueba física y perdurable de que Rin había conseguido regresar a salvo de una experiencia con seres sobrenaturales. Pero por más que fuera su impulso no era tan sinvergüenza como para someterla a ante el lente de nuevo. Pese a su humor que varias veces rayaba en el mal gusto, el chico tampoco era un desconsiderado.
Dieron unos minutos de soledad a Rin en el baño antes de marcharse para que pudiera asearse con tranquilidad. Se apoyó en el lavamanos blanco después de lavarse la cara con agua fría tantas veces que la sentía entumecida. Sintió un ligero cosquilleo bajo su piel en cuanto su reflejo le devolvió la mirada al fijarse en el espejo. Tenía ojeras ligeras y los ojos enrojecidos al igual que la nariz por tanto llorar. Se dio la vuelta y detalló las paredes y todos los elementos del pequeño cuarto de baño tan diferente al que se había acostumbrado en el otro mundo.
La cabeza le zumbaba por tantas emociones en menos de veinticuatro horas, y aunque estaba muy contenta por haber visto a sus amigos y ser objeto de un recibimiento tan cálido, no veía la hora de regresar a casa de una vez por todas.
Como no tenía ropa de cambio, resolvió que con la chaqueta prestada de su papá sobre el pijama del hospital y sus zapatillas de deporte sería suficiente para la corta travesía hasta su hogar. Peinó un poco su cabello con los dedos, y rozó su frente cuando acomodaba unos mechones del flequillo. Sus dedos se detuvieron y los labios se apretaron contra el otro.
Cerró los ojos ante el fugaz recuerdo de Sesshomaru presionando su frente contra la de ella, despidiéndose sin tener que hacer uso de palabras. ¿Cómo estaría él? ¿Permanecería en esa casa hasta que encontrara la forma de regresar?
No, no lo hará. Buscará el medio de que nos volvamos a ver, de seguro ya se marchó o mandó a Jaken a que averiguara dónde están las demás brechas.
Resopló una risita al imaginarse a los demonios de río corriendo por todos lados tratando de cumplir sus órdenes mientras que Jaken a la cabeza del grupo musitaba entre dientes lo fastidiosa que era Rin y las cosas tontas que le ordenaban hacer por ella.
Salió del baño para encontrarse solamente con sus padres, Issei y Momoko. Antes de ingresar ya la mayoría de sus compañeros se habían marchado tras despedirse y prometer ir a visitarla pronto, pero encontrarse la sala súbitamente vacía en comparación no se lo había esperado. Pero vaya que le daba un respiro.
Sus ojos se agrandaron al ver que Kagome y su abuelo estaban afuera de la habitación, en el área de recepción esperándolos mientras conversaban con un médico. Ignoró a las personas que se le quedaban viendo y murmuraban a su paso, dejó los regalos que cargaba en el suelo y avanzó hasta la joven que le sonrió en cuanto estuvo a su lado. El galeno interrumpió momentáneamente la conversación que tenía con el anciano, pero la reanudó cuando Kagome la apartó un poco de ambos para saludarla:
―Qué bueno verte consciente otra vez. ¿Cómo te sientes?
―Un poco abrumada por la atención, si debo ser sincera ―sonrió algo incómoda―. Oye, ¿te importa si te llamo por tu nombre de pila?
―Para nada, adelante.
―Kagome... muchísimas gracias ―hizo una profunda inclinación mientras cerraba con fuerza los ojos.
―¿Tú también? No me agradezcas, no he hecho nada. Ya estabas de regreso tú sola, no hizo falta que interviniera ―se apuró en decir para que se incorporara de nuevo.
―De todas formas... gracias por estar ahí, no sólo para mí sino también por mis padres. Y... lamento mucho que tu abuelo haya sufrido daño colateral por mi culpa.
―Tranquila, chiquilla, no fue nada serio ―se metió el anciano al escuchar la conversación―. Estas cosas pasan con la edad, mi memoria me jugó una mala pasada y no me tomé la pastilla que debía. Fueron muchas emociones por un día, no fue culpa tuya.
―Señor Higurashi ―volvió a inclinarse hasta la misma altura―. Agradezco de todo corazón su apoyo y le ofrezco mis mayores disculpas por haberlo comprometido. De no ser por mi imprudencia nada de esto habría pasado.
―Hashimoto, aunque lo que sucedió conmigo hubiera sido peor, lo volvería a hacer otra vez ―le dijo suavemente, haciendo que lo mirara a la cara. Jamás había visto a ese hombre antes de esa tarde y recibir esas palabras de un extraño era... ni siquiera podía ponerle una palabra para describirlo. Conseguía estrujarle el corazón entre remordimiento y enternecimiento―. Un Higurashi no ofrece su ayuda si no está dispuesto a darlo todo por alguien más. Y aunque seamos extraños... lo que sintieron tus padres cuando nos contactaron fue lo bastante familiar como para negarles asistencia. Así que no te sientas mal. Lamento que no hayamos podido hacer más.
―No llores ―le pidió Kagome tranquilizadora―, sabemos cómo te sientes, tranquila.
―Ahora que estás en casa todo estará bien ―aseguró el señor con certeza mientras los padres y amigos de Rin se aproximaban a saludar. Yuriko Hashimoto se encargó de las presentaciones y una breve explicación sobre la presencia de dos tokiotas en aquel remoto pueblo entre las montañas. Los jóvenes no tardaron en quejarse por no estar al tanto de las intenciones de los Hashimoto, y mientras éstos les decían con verdad que de seguro todos los chicos se habrían presentado a la casa del bosque a media noche metiéndose en problemas más graves de los que ya tenían, Kagome tocó el hombro de Rin y la volvió a apartar un poco:
―Tenemos muchas cosas de las que hablar tú y yo.
―Oh, sí, muchísimas. Tienes que pasarme tu información de contacto.
―Claro. Nos quedaremos con ustedes esta noche, mañana partimos de regreso a Tokio ―le explicó ante la confusión que veía en su rostro―. Así que aprovechemos la primera oportunidad que tengamos, ¿está bien?
―Dalo por hecho ―asintió antes de que su padre interrumpiera:
―¿Nos vamos, muchachas?
―Sí ―sonrió Rin hinchando el pecho. El grupo se aproximó a la salida, despidiéndose del equipo médico que les había brindado sus atenciones en el camino. Lo que Rin no esperaba fue ser recibida por una repentina y cegadora luz apenas puso un pie en el exterior.
―¡Hashimoto, por aquí!
―¿Nos concedes una entrevista?
―¿Dónde has estado todo este tiempo, Hashimoto?
―¿Ha sido esto una broma elaborada o tienes pruebas de un mundo paralelo?
―¿Qué demonios...? ―musitó Issei a su lado, cubriéndola con su espalda. Un pequeño pero notorio grupo de periodistas y reporteros estaban aglomerados a las afueras de la clínica y apenas vieron que salían se les abalanzaron encima buscando la primicia―. ¿Pero qué rayos? No había nadie cuando llegamos.
―Debe haberse corrido la voz cuando nos escapamos de clase ―probó Momoko tensa por los flashes de las cámaras. Los padres de Rin se pusieron al frente para abrirse paso, mientras las autoridades del centro médico pedían que se mantuvieran las distancias. Hicieron falta tres guardias de seguridad y dos enfermeros para calmar a la multitud creciente con el alboroto y guiarlos hasta el par de taxis que los aguardaban al final de la entrada.
―Parecen buitres... ¡vayan a molestar a alguien más! ―les gritó Issei apurando a una Rin que se había quedado muda de la impresión.
―Yo iré con los Higurashi, ustedes tomen el primer taxi hasta la casa ―se despidió rápidamente su padre abriéndoles la puerta del primer auto. Momoko, Rin y su madre se sentaron en la parte trasera mientras Issei hacía malabares para acomodar su carga de regalos en el asiento del copiloto. Sintió los brazos de su madre rodearle los hombros en cuanto el vehículo arrancó. Los flashes y el bullicio desaparecieron, en el interior de la cabina apenas se escuchaba la radio que el conductor tenía puesta a bajo volumen. El chico de anteojos volvió a quejarse sobre los periodistas y Momoko no tardó en unírsele comentando lo desconsiderados que eran por semejante emboscada.
Rin sólo guardó silencio y se mantuvo cabizbaja, apenas vislumbrando el paisaje exterior por la ventana. Contó los postes eléctricos para distraerse, forzándose a olvidar el vacío en el estómago y el repentino miedo que le había dado la presencia de tanta gente intentando llamar a su atención. La agradable sensación cálida que le había dejado ver a todos sus compañeros y seres queridos se esfumó de golpe cuando le tocó afrontar la realidad. No todos serían tan comprensivos y amables como ellos. No todo el mundo la trataría bien.
El taxi tomó la desviación que daba directamente a su casa, haciendo que levantara la cabeza de golpe al reconocer el trayecto. Salió de la parte trasera con ansiedad cuando todo movimiento cesó y llegaron al frente de su hogar, uno que había dejado simplemente un día sin saber que no volvería a cruzar su umbral sino hasta medio año después.
Su madre abrió la puerta para ella y la dejó pasar primero, encendiendo las luces del recibidor y la sala sin decir nada. Rin ni siquiera recordaba que tenía los brazos cargados de bolsas de regalos con tarjetas, golosinas y un par de globos, y los mantuvo firmemente contra su torso mientras recorría el rellano lentamente con los ojos bien abiertos.
Vio su cocina y comedor, la familiaridad de aquella pequeña mesa circular tan gastada y al mismo tiempo acogedora con sus cojines cuadrados perfectamente alineados. Un florero alto de vidrio adornaba el centro con un par de carmelinas blancas del huerto en la parte trasera. Se asomó un momento por la ventana, constatando que pese al frío típico de la estación aún no había comenzado a nevar a diferencia del mundo de Sesshomaru.
Subió los escalones casi conteniendo el aliento, y para cuando llegó a su habitación no pudo evitar que se le aguaran los ojos por enésima vez aquel día. A diferencia de cómo lo mantenía la mayoría de las veces, estaba perfectamente ordenado, con el cobertor de invierno extendido sobre su cama y ninguna mota de polvo en el ambiente. Las piernas casi le fallan y al trastabillar se dio cuenta al fin de todas las cosas que llevaba encima. Las dejó con cuidado en el escritorio, donde estaba su teléfono celular conectado al cargador. Apenas acarició el aparato antes de volver a recorrer la estancia embelesada sin siquiera preocuparse en contener el llanto silencioso.
Se acostó en la cama abrazando su amada almohada de gato blanco y tomó una honda bocanada que la adormiló amenazándola con dejarla rendida si no tenía cuidado.
Era como regresar en el tiempo, cuando todo era definitivamente menos complicado, cuando Sesshomaru no formaba una parte tan importante en su vida.
Y pese a que una parte de sí adoraba esa nostálgica sensación despreocupada, su otra parte en la que dominaba el corazón le hizo reconocer que sin importar lo bien que se sintiera estar ahí ahora, el haber compartido su vida con Sesshomaru durante el verano y el otoño era algo que no quería reemplazar con nada.
Fue ese pensamiento el que la hizo despegarse de su cómoda posición y soltara su almohada de gato. Se sentía con renovadas energías y un galopante optimismo que la guiaba. Bajó las escaleras con una sonrisa de complacencia para encontrarse con su familia, los Higurashi, Momoko e Issei esperándola en la sala.
El anciano estaba un poco apartado hablando por teléfono, pero hizo una pequeña pausa para dedicarle un asentimiento que ella no demoró en corresponder. Apenas llegó al fondo de las escaleras, su madre la recibió con un fuerte abrazo y un susurro dulce:
―Bienvenida a casa, cariño.
―Es bueno volver ―le correspondió dulcemente.
―¿Tienes hambre? ¿Quieres algo de tomar mientras preparo el almuerzo?
―La verdad es que muero de hambre. ¿Quieres que te ayude?
―No, hoy serás la consentida. Además de que dejé varias cosas en la nevera y es sólo cuestión de calentarlas, así que tampoco es para tanto. Espero que sea suficiente ―dio un vistazo rápido a los presentes haciendo un conteo mental―. Tú siéntate que yo me encargaré de todo.
―Déjeme ayudarla ―se ofreció Kagome con amabilidad. Su abuelo discutía acaloradamente y entre murmullos con su interlocutor, dando unos pasos hacia el recibidor para no molestar a nadie―. Mi madre lo está regañando por no haberse tomado la pastilla y haber subido una montaña de noche. Estará ahí un rato ―explicó rolando los ojos antes de irse con Yuriko. Hizashi también se les unió para adelantar él haciendo el té, dejando al trío de amigos parcialmente solos.
―¿Nos sentamos? ―señaló Rin los sofás.
―Por favor ―resopló Issei echándose en uno. Momoko se sentó al lado de Rin sin dejar de verla emocionada como si hubieran adelantado la Navidad.
―Después de tanto tiempo... ―suspiró ella conmovida―. No sabes lo raro que era asistir a clases y ver tu pupitre vacío todos los días. Siempre tuve la esperanza de que aparecieras de repente en la puerta del aula y sacaras tus libretas preguntando qué te perdiste.
―Yo quería creer que cada día te habías quedado dormida y llegabas tarde ―dijo el chico al reclinarse en el respaldar del sillón. Pese a su posición despreocupada su semblante permanecía serio y distante.
―¿Cómo se lo tomaron en la escuela? ―quiso saber Rin.
―Fue muy... extraño. Como ya estarás harta de escuchar, al principio pensaron que era una broma. Que formaba parte del proyecto para el festival, porque cuando salió la noticia de lo que nos había pasado en medio de la filmación, muchos pensaron que estábamos tomándonos eso muy en serio. Así fue el primer día según me contaron, no lo sé, estaba en la clínica en ese entonces y me perdí algunos días.
―Sí, así fue ese lunes. Nadie sabía qué pensar, pero claro que no todos creyeron que se trataba de publicidad ―negó Momoko pensativa―. Nadie llegaría tan lejos por una buena nota, y menos con algo tan serio como eso. Pero cuando los padres de Issei, Haruka, Kazuo y Jiro llamaron para notificar lo que había pasado...
―Creo que llamaron todos los padres ―la corrigió él.
―Sí, supongo, ninguno de los que estuvo en la casa ese día fue al lunes siguiente a la escuela ―asintió la chica al recordarlo―. Bueno, fue cuando los padres llamaron que el director en persona fue a la clínica y se dio cuenta de que la cosa iba en serio. Eso fue... si mal no recuerdo el lunes en la noche.
―Sí, yo acababa de despertar y lo vi hablando con Shizuku y Satsuki. Se puso muy pálido y empezó a sudar.
―Hubo muchísimo revuelo esa semana, e hicieron una reunión de padres y maestros que duró varias horas para explicar la situación. Después nos reunieron a los estudiantes en el auditorio para hacer lo mismo.
―¿Y qué les dijeron?
―Básicamente lo que te contamos en las cartas: que había pasado un accidente desafortunado en la casa abandonada de la montaña y que una estudiante había desaparecido. No fueron muy claros porque prefirieron desviar nuestra atención dándonos consejos de seguridad y haciendo el aviso público de que todos teníamos terminantemente prohibido pisar los terrenos de ese lugar a riesgo de un castigo severo o hasta una expulsión.
―Pero ustedes subían ―se horrorizó Rin―, ¿nunca los pillaron?
―Sí, a mí como tres veces ―Momoko se encogió de hombros―. A los demás también, varias veces. Nos castigaban y daban sermones larguísimos, pero eso no nos impidió seguir haciéndolo.
―Momoko... te dije explícitamente que no fueras a ese lugar ―la regañó suavemente Rin. La muchacha negó con la cabeza.
―No podías esperar a que me quedara de brazos cruzados sin hacer nada. También quería ayudar. Todos nos sentíamos igual, Satsuki y Jiro estaban tan comidos por la culpa que estuvieron a punto de expulsarlos y todo, eran los que más subían.
―¿En serio? Eso... no me lo habían dicho.
―No queríamos que te preocuparas, además tampoco es como si alguien pudiera detenerlos. O detenernos a todos, porque siempre íbamos cuando teníamos la oportunidad. A pesar de que repetían lo peligroso que era jamás pasó nada ni sentimos nada extraño.
―¿Ni una sola vez?
―No, nada. Lo único era el olor a humedad, pero fuera de eso no tenía nada de especial. Además del hecho de que sabíamos que habías desaparecido en el aire en ese mismo lugar, pero ya era más un miedo psicológico ―agregó intentando darle gracia al asunto. Rin, sin embargo, se quedó pensativa.
―Entonces Sesshomaru cumplió su palabra de verdad... ―musitó. Le había pedido que no hiriera más humanos o que incluso ni se dejara notar por ellos de ninguna manera, cosa a la que él había accedido. No debería sorprenderle tanto que honrara el trato de aquella manera pero... aún así era una sorpresa que el que una vez fue un demonio con un particular gusto de aterrar y lastimas personas cesara su actividad favorita súbitamente. Por ella.
Issei no pasó por alto la sonrisita furtiva de Rin y vio hacia otro lado incómodo antes de que Momoko comentara:
―De hecho el único que nunca pudo ir fue Issei.
―Me dijiste que te tenían vigilado todo el tiempo, ¿era tan severo?
―Oh, Dios, no tienes idea ―recuperó la compostura con un sonoro quejido―. Fue una tortura tener a mis padres y hermano vigilándome a cada rato, no me dejaban solo casi ni para ir al baño. Creo que hasta pensaban que me iba a escapar por la ventana y siempre se aseguraban de dejarla cerrada. Como si fuera a cometer la locura de saltar de un segundo piso...
―Pero lo pensaste ―señaló Momoko.
―Lo pensé pero no lo hice, no es lo mismo.
―No lo hizo porque no le dejaron ―le susurró su amiga―. De ser por él habría subido más veces que todos juntos, aún con el collarín puesto.
―Issei... ―se conmovió Rin, acrecentando el bochorno del otro.
―Tú también lo habrías intentado después de ver a tu mejor amiga desaparecer en el aire ―se excusó cruzándose de brazos. Aquel mejor amiga había sido algo forzado, y Rin sabía exactamente por qué. Sin embargo prefirió ni siquiera ahondar mentalmente en el asunto.
―Es cierto ―confirmó―. Pero me alegra que no hayas subido, me habría muerto si algo más te hubiera pasado.
―Querrás decir si tu amigo el inugami me hubiese pillado otra vez ―entrecerró los ojos hacia ella acusadoramente. La chica hizo una mueca ligera.
―Sí... a Sesshomaru no le caíste bien desde aquel primer día. Y tiene muy mal carácter con las cosas que no le gustan, así que fue mejor que no te viera.
―¿No dijiste que te había prometido no lastimar más personas?
―Siempre es bueno no probar los límites de un ser sobrenatural ―dijo sabiamente Rin, haciendo que Issei la mirara ceñudo.
―No entiendo cómo puedes hablar así de él. Como si fuera normal ―espetó cuando ella preguntó a qué se refería.
―Es normal para mí porque sé cómo es. Aunque sea un inugami conozco su personalidad y puedo leerla la mayoría de las veces. Hay cosas que simplemente no comprendo ni comparto porque tiene otra naturaleza, pero eso no signifique que lo tache de monstruo. Es sólo un tipo diferente.
―¿Un tipo diferente? Casi nos mata, Rin ―gruñó dolido. Los hombros de la muchacha cayeron bajo el peso de la culpa. Issei, anticipándose a lo que pudiera estar por decir, se apresuró a detenerla intentando contenerse―. No te culpo por lo que pasó, es en serio. Sólo que... me cuesta entender cómo puedes estar tan normal después de todo.
―¿Esperabas verme traumatizada?
―No, no es eso. Es... difícil explicarlo, ¿está bien? Yo nunca estaría viviendo tan campante con alguien que estuvo por volvernos picadillo y me arrastró a un mundo paralelo. No podría hacerme su amigo así sin más.
―¿Crees que fue fácil para mí? ―Rin alzó la voz indignada inconscientemente. Momoko, que había quedado de fondo, se apartaba disimuladamente para darles privacidad y no tardó en refugiarse en la cocina―, ¿crees que estuve todo este tiempo de vacaciones, como si hubiera olvidado mágicamente todo lo que pasó ese día? No tienes idea de cómo fue, Issei, no desde mi extremo. Estaba sola en un mundo donde todo ser viviente quería devorarme, donde el tipo con el que vivía había atentado contra mis amigos y no tenía manera de volver a casa. ¡Estaba aterrada, me comía el remordimiento y la culpa, muchas veces pensé que estaba a punto de morir! No estuve nada campante, por si te enteras.
―¿Entonces por qué siempre defiendes a ese monstruo? ¿Por qué siempre lo excusas?
―¡Porque pese a todo lo malo que sucedió, él siempre me protegió! Fue muy, muy difícil volver a confiar en él y había ocasiones en las que sólo quería odiarlo y ya, ¿pero qué clase de vida hubiera tenido si lo hubiera hecho, si me hubiera encerrado en mi cuarto día y noche? Quería sobrevivir de la mejor manera posible, y eso significó llegar a término con Sesshomaru. Fue complicado al principio, pero cuando le di la oportunidad pude comprobar que no era el monstruo que todos creen que es.
Su voz se cortó abruptamente por el nudo que se formó en su garganta, y para aplacarlo todo lo que pudo hacer fue apretar los labios y respirar profundo. La indignación que hubiera podido sentir se esfumó poco a poco para ser reemplazada con melancolía y tristeza. Issei, en vista del cambio, cerró la boca y prefirió no decir nada en respuesta, sino que le esquivó la mirada resoplando sonoramente.
Eran puntos de vista totalmente opuestos y ninguno podía culpar al otro por no comprender su parte.
―No espero que me creas o me des la razón, no puedo pedirte tanto. Sólo quiero que sepas lo que siento. Sé que no es lo que quieres oír, pero... no fui infeliz con él, no en la recta final.
El muchacho bajó la cabeza después de sostenerle la mirada por un rato. Sus ojos expresaban contrariedad, como si ni él mismo supiera qué sentir al respecto.
―Creo que es algo que nunca llegaré a entender ―soltó tras un prolongado mutismo. Rin quiso decir algo, pero no llegó a formular la primera palabra cuando su madre se asomó por la cocina como quien no quiere la cosa:
―¡La comida ya está lista! Espero que tengan hambre porque creo que saqué demasiada. Así que vengan a la mesa antes de que se enfríe.
Ambos chicos la vieron desaparecer de vuelta a la cocina para después ver cómo Momoko y Kagome ayudaban a colocar todo en la mesa del comedor. No se habían percatado que su amiga los había dejado solos hasta ese entonces. Intercambiaron una mirada algo incómoda antes de levantarse.
―Te quedarás a comer, ¿verdad?
―Rin, son las cuatro de la tarde y no he comido desde las siete de la mañana. Esa pregunta no deberías hacérmela ―dijo intentando retornar a su buen humor, pero aún reacio a ceder en su totalidad. La chica apretó los labios antes de preguntar:
―¿Estamos bien, Issei? ¿Podemos...? ¿Podemos seguir siendo amigos después de esto?
Issei se detuvo en medio de la vuelta que daba para dirigirse al comedor y se le quedó viendo extrañado:
―¿Crees que hemos dejado de ser amigos?
―Ha pasado tanto... y sé que te he fallado en más de un sentido. No sé si las cosas sean como antes a partir de ahora.
El chico se quedó mudo por un momento, sorprendido por la tristeza que expresaban sus ojos marrones. ¿Tan frágil creía que era como para dudar de su amistad esa forma?
―No, no creo que sean como antes ―admitió él con la voz algo más grave―. Pero eso no significa que dejemos de ser amigos o que dejemos de hablarnos. ¿O es lo que quieres? Porque si es así...
―¡Claro que no! ¿Cómo podría querer algo así? Te eché mucho de menos, Issei, no sabes cuánto... no me gustaría perderte de nuevo ―agregó cabizbaja. Issei abrió bastante los ojos, pero lo disimuló lo mejor que pudo cuando Rin volvió a subir los ojos hacia su cara en busca de una respuesta.
―Yo no soy el que desaparece repentinamente en el aire, así que por eso no te preocupes ―dijo como quien no quiere la cosa. Se estaba poniendo algo nervioso y debía cortar esa conversación de una vez por todas―. Es mejor que no perdamos el tiempo discutiendo por algo en lo que no estaremos de acuerdo ―sentenció él sin más remedio―, dejémoslo pasar por ahora al menos. Ah, lo había olvidado. Toma, yo también te hice un regalo de bienvenida ―dijo cuando tomó su mochila que reposaba a los pies del sofá y la abría. Rin calló sus 'no te hubieras molestado' cuando vio la bolsa de chocolates de considerable tamaño.
―Issei, yo...
―Si me dices que lo sientes una vez más te juro que me los como todos frente a ti ―la amenazó entrecerrando los ojos. Ella negó rápidamente con la cabeza.
―No me disculparé más, lo prometo.
―Así me gusta. Te los ganaste ―Rin recibió la bolsa con una ilusión infinita no sólo porque fuera un bonito detalle, sino porque le enternecía el hecho de que hubiera recordado que ésos eran sus chocolates preferidos―. Dosifícalos porque te vas a enfermar si te los comes de una sola sentada.
―Son Kit-Kats, no prometo nada ―sonrió e hizo una reverencia pronunciada―. Muchísimas gracias, Issei.
―No te pongas sentimental, sólo son chocolates.
―No lo digo por eso. Gracias por todo lo que has hecho y... por siempre ser tan bueno conmigo.
Issei se le quedó mirando con el ceño ligeramente fruncido y los pensamientos ligeramente revueltos. El único que parecía sobresalir con desgana sobre los demás era uno relacionado a lo profundo que estaba en el hoyo de la friendzone. Sacudió la cabeza y lanzó un resoplido, fastidiado por tener la razón con algo que detestaba. Prefirió dejar todo para después y simplemente disfrutar el momento. Rin había vuelto en una sola pieza, ya podrían discutir en otro momento.
Fueron juntos a la mesa donde ya todos los demás les esperaban. Kagome conversaba con su abuelo sobre los regaños que había sufrido por teléfono mientras los Hashimoto y Momoko les daban una mirada de reojo a los recién llegados. Habían escuchado todo, pero intentaban morderse la lengua para no hacer ningún comentario.
Afortunadamente, Momoko no tardó en iniciar una amena conversación consiguiendo que el tenso ambiente entre los adolescentes se despejara un poco. La tarde pasó tranquilamente con todos aún sentados en la mesa tomando té y bocadillos dulces, haciendo que Rin se soltara y relajara luego de aquella plática tan incómoda con su amigo y centrándose en las historias de Kagome sobre el mundo de los espíritus.
―¿Todo lo que dicen en los relatos folclóricos es real? ¿Todas esas criaturas existen?
―Sí, todas ellas más un montón que de las que nunca escuché en ningún otro lado ―le confirmó. Los adultos mantenían su propia conversación un poco apartados de la de los jóvenes que lideraban Kagome y Momoko. Issei no parecía del todo emocionado por el tema, así que se mantenía mayormente callado chequeando las reacciones de Rin.
―¿Incluso los kitsunes? Siempre quise conocer uno.
―Conozco a un kitsune, es un pequeño niño llamado Shippo ―continuó Kagome―. Inuyasha y yo lo adoptamos después de que perdiera a sus padres. Es adorable, pero también sabe meterse en problemas muy fácilmente.
―¡Oooh! ¿Cómo es? ¿Qué edad tiene?
―Él dice que unos dieciséis, pero mantiene la apariencia de un niño de seis. Es pelirrojo, con ojos enormes y verdes, y de la cintura para abajo es un zorrito normal, con sus patas y cola peluda.
―¿E Inuyasha y tú lo adoptaron? ―intervino Rin.
―No lo podíamos dejar solo después de haberlo salvado. No nos llama ni papá ni mamá, pero se quedó con nosotros desde el primer día.
―¿Entonces te casaste con un inugami? ―preguntó Issei con tono neutral y un tanto elevado, haciendo que la conversación al otro lado de la mesa se pausara. Rin apretó un poco los labios al sentir que el corazón le latía más deprisa, como si la pregunta hubiera estado dirigida hacia ella misma y todos la estuvieran mirando. Kagome se mantuvo cordial aún después de percatarse de la subida de tensión en el ambiente.
―Sí, me casé con uno.
―¿Es posible una unión así con alguien de otra especie? ―continuó Momoko súper interesada.
―En mi caso lo es, por lo menos. Y lo era antes de que ambos mundos se separaran, por lo que sé. La madre de Inuyasha era humana.
―¡Oh, entonces es un híbrido! ¡Qué genial! En las historias siempre dicen que nacen de una especie o de otra, no de una mezcla. Por ejemplo sé que los dragones tomaban esposas humanas y todos los hijos varones eran dragones mientras las hijas conservaban la humanidad de su madre. ¿No era así, Rin? Siempre fuiste mejor en esas cosas que yo.
―Sí, así era ―asintió ella por lo bajo. Los colores se le habían subido y no podía controlarlo. La conversación continuó por ese rumbo vago, uno que Rin no escuchó y que las otras dos chicas acaparaban casi en su totalidad, aparentemente sin notar la vibra incómoda que había en el ambiente.
O al menos Kagome sí lo notó, pues desvió el tema hacia uno diferente para solucionarlo. Era totalmente de noche cuando el celular de Issei sonó y éste se excusó de la mesa para atenderlo.
―Creo que ya deberíamos irnos, Momoko ―anunció al regresar del pasillo. Tenía una expresión ligeramente hastiada dando a entender que su plática telefónica no había sido muy divertida―. Era mi hermano regañándome por estar aquí hasta las nueve de la noche. ¿A ti no te han dicho nada?
―¿Son las nueve? ―se asustó ella, saltando de golpe para sacar su propio móvil del bolsillo de la falda―. Oh... se acabó la batería... apuesto a que mi mamá no estará nada contenta cuando llegue a casa.
―Perdón por haberlos mantenido tanto tiempo aquí ―Rin también se levantó para acompañar a sus amigos mientras estos recogían sus mochilas de la sala.
―¿Qué te dije sobre disculparte? ―le recordó Issei alzando una ceja.
―¡Cierto! ¡No lo vuelvo a hacer! ¿Tendrán problemas para irse, los regañarán mucho?
―No te preocupes, ya estamos acostumbrados a recibir sermones ―Momoko le sacó la lengua y sacudió una mano―. No nos van a castigar por habernos quedado contigo hasta la noche, tranquila. De todas formas estar en tu casa es mejor que subir a la mansión, así que no pasa nada.
―Es verdad, no puede ser peor que eso ―concordó el chico. Los padres de Rin se habían levantado de la mesa al igual que Kagome para despedirse de ellos.
―Muchísimas gracias por haber venido, Rin es muy afortunada por tenerlos como amigos ―se inclinó respetuosamente la señora Hashimoto. Su esposo la imitó.
―Le dieron la bienvenida que necesitaba.
―Era lo mínimo que podíamos hacer ―correspondió Momoko con una sonrisa―. Y mil gracias por tus historias, Higurashi, son muy interesantes. Deberías escribir un libro, ¡o ilustrar un manga! Tendrías muchos lectores, incluyéndome.
―Suena como una buena idea. Me quedaré con el libro, no se me da muy bien dibujar ―se rió la joven ante el entusiasmo de la adolescente―. Fue un placer haberlos conocido a ambos, de verdad Rin tiene mucha suerte.
―Sí, la tengo... ―musitó la aludida un tanto apenada―. Gracias por recibirme, chicos. Gracias por haberse quedado tanto tiempo conmigo.
―Es el deber de los mejores amigos ―Issei se encogió de hombros al repetir las palabras de Momoko horas antes. La chica le dio una mirada extrañada por su tono desinteresado―. Te veremos pronto, ¿no?
―Claro, me gustaría que nos viéramos mañana, ¿se puede?
―Eso ni se pregunta, vendremos derechitos después de clases ―asintió enérgica Momoko cuando caminaban hacia la puerta―. Buenas noches a todos, gracias por la comida y el buen rato. ¡Y bienvenida a casa, Rin!
―Bienvenida a casa ―repitió Issei con una pequeña sonrisa viéndola a los ojos. Su máscara de descontento se había agrietado para dejar ver al muchacho cálido y simpático que era en realidad. Rin le regresó el gesto, emocionada por ver que su amigo era el de siempre aunque intentara ocultarlo. Les tomaría tiempo retomar su relación a como era antes, pero ahora sabía que no era imposible.
―Al fin de vuelta ―asintió. No se movió de la entrada de su casa hasta que sus amigos desaparecieron de su vista. El denso follaje no le permitía distinguir si habían llegado o no a la parada de autobús que quedaba relativamente cerca, así que no regresó al interior hasta que escuchó el lejano rugido característico del colectivo que pasaba exactamente a las nueve y media de la noche.
Se recargó del marco de la puerta aún con la sonrisa leve adornando sus labios y aquel sentimiento agridulce en el corazón.
La familia se preparaba para dormir a eso de las diez, cuando ya todo había sido recogido y limpiado tras la prolongada estadía de las visitas. El abuelo Higurashi se había retirado al cuarto de huéspedes al no poder soportar estar más tiempo despierto. Deseó las buenas noches a todos los integrantes de la casa y le dio la bienvenida de nuevo a Rin mientras ésta se mantenía ocupada lavando los platos.
Sus padres no tardaron en seguir su ejemplo, y tras estar un rato abrazando y besando a su hija, repitiéndole lo mucho que se alegraban por tenerla de vuelta le pidieron que no tardara mucho en acostarse. Rin iba a hacerles caso, pues el agotamiento de aquel día seguía pensándole como un yunque sobre los hombros. Pero vio la imagen de Kagome reclinada sobre el sofá con el celular en la mano. Se había dado un baño caliente después de que lo hubiera hecho ella y ahora descansaba en una posición un tanto incómoda.
―No vas a dormir ahí, ¿verdad?
―No puedo ir con mi abuelo, ronca muy fuerte ―negó rotundamente. También se veía muy cansada―. Este sofá no está mal, no te preocupes por mí.
―No, no puedo dejarte que duermas ahí. Ven, quédate conmigo. Tengo un futón extra en el armario si no te importa. Mi cama es de tamaño individual ―le dijo.
―No quisiera molestarte, Rin, te ves agotada.
―Tú también te ves así. Además... me gustaría hablar contigo. Dijiste que tenemos una conversación pendiente, ¿recuerdas?
―Por supuesto. Pero creí que preferías dormir, no quiero mantenerte despierta.
―¿Y perderme la oportunidad de conversar con la única humana que conozco que ha pasado al otro lado y ha estado con un inugami? Ni pensarlo ―se negó decidida―. Ven conmigo, mi habitación es más cómoda que la sala.
Kagome rió disimuladamente cuando vio que Rin parecía haber recobrado algo de sus energías e iba escaleras arriba a mayor velocidad. No tardó en seguirla y pronto ambas estaban una al lado de la otra, en una recámara tenuemente iluminada por una lamparita de noche y la puerta entornada para no interrumpir en la oscuridad de la silenciosa casa y sus habitantes dormidos.
La sacerdotisa echó un vistazo a la estancia, mordiéndose la comisura de la boca al encontrar ciertas similitudes consigo misma cuando tenía esa edad. Tenía dos años menos que Rin cuando cayó accidentalmente en el pozo, hecho que había marcado un punto y aparte en su vida de una manera muy profunda. No sólo por la chocante experiencia, sino por todo lo que esta desembocó a futuro. Lo mismo que le pasaba a la muchacha sentada a su lado, estaba segura.
La adolescente sacó el futón que estaba en su armario y lo extendió en el piso al lado de su cama. Kagome le ayudó a colocar un juego de sábanas y habiendo terminado, ambas se sentaron sobre él apoyando la espalda en la cama. Rin no perdió tiempo y lanzó la primera pregunta inmediatamente después.
―¿Podrías contarme cómo acabaste en el mundo de los espíritus? Sé algunas cosas que me contó mi mamá en el hospital, pero siento que no es casi nada en comparación a lo que puedas decirme.
―Claro, pero es una historia algo larga y enredada. Todo comenzó el día que cumplí quince años. Iba de camino a la escuela cuando mi hermano me avisó que nuestro gato había entrado en una de las pagodas de nuestro templo. Vivo en un templo, por cierto ―aclaró―. En esa pagoda en particular hay un pozo que según las historias de mi abuelo, era donde arrojaban a los monstruos en épocas pasadas con esperanza de hacerlos desaparecer. De pequeña me daba mucho miedo bajar ahí, pero al crecer simplemente dejé de creer. Así que nunca me esperé que uno realmente fuera a salir.
―¿Salió un monstruo del pozo? ¿Qué clase de monstruo era?
―Una mujer ciempiés aterradora con seis brazos y el pelo muy largo.
―¡No me digas! ¿De verdad? Fue el primer monstruo que me atacó cuando estuve del otro lado ―comentó Rin con una risita. Ahora le parecía una graciosa coincidencia pero aún recordaba a carne viva el pavor que había sentido entonces. Nunca lo olvidaría.
―¿En serio? Qué cosas, ¿no crees? ¿Te hizo daño?
―No, por suerte no. Aunque atrajo a una horda de ogros y otros monstruos, y entre todos peleaban para tener el 'derecho' de comerme mientras me perseguían. Todavía no sé cómo me salvé de eso cuando todo lo que hice fue correr.
―Me pasó algo muy parecido, aunque en mi caso fue una bandada de cuervos gigantes.
―Oh, había un cuervo. Casi me come, pude esquivarlo justo en el último momento, me pasó rozando con sus alas. De no ser por la llegada de Sesshomaru no estaría aquí ahora, me rescató cuando ya no podía seguir corriendo. ¿Tu caso fue así? ¿Inuyasha apareció de la nada?
―No, más bien yo me topé con él en mi carrera para salvarme. Pensé que era un ser humano y vi su espada desenvainada porque estaba peleando contra otro monstruo. Le rogué que me ayudara, pero antes de que él respondiera algo, todos los demonios se nos echaron encima. No tuvo más remedio que acabar con ellos para salvarse él también. Cuando me recuperé un poco del espanto me di cuenta de que le sobresalían las orejas de perro y creí que me mataría.
―¿Y qué pasó? ¿No te atacó?
―No, me preguntó de dónde rayos había salido y qué era esa energía que emanaba mi cuerpo. También me preguntó si mi poder era dejar sordos a mis enemigos con mis gritos ―añadió sin gracia entrecerrando los ojos―. Le dije todo lo que había pasado y le pedí que me ayudara a regresar a casa. No quería hacerlo porque, citándolo, 'no era su problema cuidar de un señuelo andante con tal capacidad pulmonar'. Así que no tuve más opción... y le ofrecí galletas. Como le gustaron le dije que le daría más si me ayudaba, así que todo comenzó ahí.
Rin soltó una carcajada que tapó rápidamente con la mano para no despertar a nadie. Casi no conocía a Inuyasha porque lo había visto una sola vez, pero por alguna extraña razón le pareció que aquello iba con él: ser comprado por comida.
―Más tarde aprendí que te ganas la confianza de un inugami más rápidamente si le das algo de comer. Para ese entonces ya le había dado mis galletas y mi bento entero, incluso cuando regresé a casa le preparé otro para llevárselo de agradecimiento. Siempre que iba con él le llevaba algo de comer.
―Sí... yo también lo supe cuando ya era tarde. Para apaciguar a lo que creía que era un espíritu violento le dejaba ofrendas cada vez que iba a visitarlo. Por lo general eran dulces y cosas así. No sé si eso influyó en algo pero... hace un tiempo, cuando estaba con él, acomodaba sábanas en su armario descubrí que había guardado los envoltorios de todo lo que le había dado. Eso junto a otras cosas como pañuelos y hojas de papel.
―¿Lo guardó todo desde el comienzo? ―se sorprendió Kagome. El sonrojo de Rin se oscureció y su corazón latió un poco más fuerte.
―Sí, todo. Cuando le pregunté por qué había conservado los envoltorios durante años si eran basura, me dijo que nada que yo le hubiera dado era basura. Fue... lindo de su parte.
―Oh... ―Kagome juntó las palmas mientras suspiraba mirándola enternecida―. ¡Qué romántico! Nunca me lo habría imaginado diciendo algo así, parece ser un tipo muy serio. Entonces las cosas que le diste sí influyeron bastante. Para ti fueron detalles simples, pero para él eran algo así como un tesoro. Te tenía mucho aprecio desde el inicio.
―Por cómo se portó cuando llegué no lo parecía mucho. Era tan seco y cortante... ni siquiera parecía saber qué haría conmigo, en más de una ocasión me hizo creer que se planteaba que haberme llevado ahí no se lo había pensado bien.
―No sé cómo será él, pero en el caso de Inuyasha también me costó llegarle. Era tan denso y obstinado, se molestaba con mucha facilidad y también creo que habrá pensado que ayudarme no fue una buena idea. Necesité tiempo, pero cuando lo conocí de verdad me di cuenta de que no era el muchacho rudo y grosero por el que se hacía pasar. Al principio dijo que sólo lo hacía por la comida, luego cuando comprendió el poder de la perla que llevaba en mi interior dijo que quería hacerse con su poder... y al final pareció que ninguna de esas cosas le importaron, porque me protegía aún de las cosas más tontas y me insistió para que aprendiera a defenderme. Después... sólo buscaba excusas para que estuviera con él, como si necesitara darme algún motivo para hacerlo ―murmuró enternecida.
Rin alcanzó la bolsa que Issei le había regalado, la abrió y se la extendió a Kagome, quien tomó un par de chocolates. Esta parecía ser una noche larga.
―¿Qué es la perla de Shikon? ―preguntó torciendo la cabeza mientras engullía la primera pieza de un mini Kit-Kat. Su cansancio había sido reemplazado por la curiosidad, y todo vestigio de sueño parecía haberse evaporado. Kagome procedió a contarle todo al respecto de la joya con la que había nacido y la enorme responsabilidad que significaba ser su guardiana.
―Menos mal que Inuyasha está conmigo, de no ser por él no sé cómo habría sobrevivido tanto tiempo.
―¿Así que de verdad eres una carnada para los monstruos?
―Sí, algo así. Los atraigo no sólo porque la carne humana es muy demandada para ellos, sino porque la perla les otorgaría grandes poderes.
―Eres algo así como un bocadillo con premio adentro ―se rió Rin suavemente, a lo que Kagome fingió una cara de horror.
―Inuyasha dice algo parecido. Siempre dice lo ocupado que debe estar peleando para protegerme, pero sé que en el fondo no le molesta de esa manera. De todas formas puedo defenderme bastante bien yo sola... no soy tan fuerte como él, pero tampoco soy una completa inútil. Incluso le di pelea a la madre de Sesshomaru, eso ya es bastante ―se hinchó de orgullo al recordarlo. Bien que le habían pateado el trasero, pero la misma dama había reconocido que le había causado problemas. Y por sus pintas no parecía nada acostumbrada a recibir ningún tipo de desafío de parte de nadie. Ser capaz de darle lucha la había hecho sentir mucho más capaz de lo que había creído.
―Tienes mucha suerte. Todo lo que pude hacer yo fue quedarme quieta mientras Sesshomaru se encargaba de todo. Y Ah-Un también. Una vez estuve tan cerca de morir ―reveló cabizbaja reviviendo aquel angustioso momento. Kagome la miró de lleno y constató su repentina palidez―. Sesshomaru no estaba, entraron tantas serpientes... estaba con Ah-Un y él nos defendió, pero nos rodearon y casi caigo sobre ellas... de no haber sido por Sesshomaru... ―sus ojos se aguaron y la voz se le quebró. ¿Por qué ahora después de tanto tiempo? ¿Por qué le atormentaba tanto cuando ella misma había tranquilizado al inugami para que no le diera tanta importancia?
Seguramente porque ahora que estaba de vuelta con sus seres queridos, se daba cuenta de la magnitud de los problemas en los que se había metido. Lo realmente cerca que estuvo de morir. La terrible posibilidad de no estar ahí de vuelta en casa, de haber desaparecido para siempre sin poder volver a verlos.
Necesitó un minuto para serenarse, y cuando Kagome le preguntó si estaba bien, todo lo que hizo fue sacudir la cabeza.
―Lo siento. Creo que ahora caigo en cuenta de lo peligroso que fue. Sesshomaru tiene razón... ese mundo es demasiado peligroso para alguien como yo que no sabe defenderse ―completó alicaída―. Que sólo es una carga... sería una carga para él en todo momento.
―No digas eso ―Kagome se inclinó hacia adelante para verla más de cerca y captar su atención―. No sé mucho sobre Sesshomaru, pero sé una cosa o dos sobre inugamis. Ellos no protegen a cualquiera con tanto ahínco. Vi el estado en el que regresó después de luchar contra su padre, me parece que sé todo lo que tuvo que hacer una vez que creyó que habías muerto. No se habría destrozado los brazos y arriesgado a morir contra el señor InuTaisho si creyera que eres una carga. No habría guardado cada papelito que le diste aunque fueran envoltorios viejos. No estaría dispuesto a sacrificar todo su poder con tal de volverte a ver ―le dijo con tono tranquilizante. Rin abrió bastante los ojos ante cada punto que hacía, bajando lentamente los hombros que había mantenido crispados al encorvarse siendo atacada por la culpa.
―Pero aún así tendría que cuidar de mí... se limitaría mucho por mi culpa.
―¿Y crees que eso le importaría? ―la cuestionó―. Inuyasha se queja de que debe protegerme y que soy un blanco demasiado fácil, ¿y qué hicimos? Me entrenó. ¿Por qué no podrías hacer lo mismo tú?
―Yo le pedí a Sesshomaru que me enseñara a pelear ―admitió en voz baja―. No me gustaría ser tan patética. Pero aún así... no creo que sea suficiente.
―Rin. Cuando regreses serías un ser humano en un mundo plagado de monstruos mil veces más fuertes y rápidos que tú. No importa cuánto entrenes, es imposible que sea suficiente. No porque se trate de ti, sino porque siempre estaremos en desventaja ―le aclaró sabiamente―. No podemos evitarlo, pero eso tampoco significa que no podamos defendernos hasta que llegue la ayuda. Sesshomaru te protegerá. Es un inugami después de todo, cuidar de su inumochi siempre será su prioridad.
Aunque aquellas palabras eran suficientes como para calmarla por el momento, Rin se mantuvo un tanto cabizbaja y pensativa, dándole vueltas al asunto hasta que se topó con otro punto.
―¿Cuándo supiste que te habías enamorado de Inuyasha?
Kagome se inclinó un poco hacia atrás extrañada por la repentina pregunta. La más joven alzó los ojos entre curiosos y preocupados sin levantar la cara y notó que la sacerdotisa se sonrojaba ligeramente mientras sonreía.
―No estoy segura, sólo pasó. Sé que cuando lo vi y pasé el susto inicial reconocí que era guapo, pero de ahí a desarrollar sentimientos más fuertes... no sé cuándo comenzó. Me parece que fue más bien como un flechazo, amor a primera vista pero cuando me calmé y lo vi mejor ―se rió de nuevo e hizo una corta pausa para comerse otro chocolate―. ¿Cómo fue en tu caso? ¿Cuándo supiste que te enamoraste?
El rubor de la menor fue muchísimo más evidente que el de la otra, pero como ella, no hizo nada para ocultarlo a él ni a su sonrisa nerviosa. Jugó con el papelito de un Kit-Kat antes de responder.
―Creo que empecé a creer que me gustaba antes de ir a ese mundo. Era algo platónico, ¿sabes? Nunca lo había visto antes y sólo podía hablar con él. Supongo que no me lo tomé muy en serio en ese momento y fantaseaba con la idea de un romance de cuento de hadas. Pero cuando me llevó con él en el solsticio fue... horrible. Jamás pensé que me recuperaría y que pasaría el resto de mi vida odiándolo. No le hablé por días, incluso cuando lo confronté al respecto la primera vez me fui corriendo de la mansión y conseguí a esa horda de demonios que casi me mata. Pero... las cosas eventualmente se calmaron. Hablamos y aunque no estábamos de acuerdo con la forma de actuar del otro, encontramos un término medio. Luego nos acercamos más y... pasó ―respiró profundamente y apretó los puños―. Sé que todos piensan que es un ser despiadado y sin corazón... sé que ha hecho cosas espantosas y que es difícil de tratar, pero aún así... sólo es una fachada. Conmigo fue tan dulce y gentil que yo...
Se atragantó por la vergüenza y tuvo que parar. Era la primera vez que hablaba tan abiertamente de sus sentimientos con alguien más que no fuera él. Sesshomaru sabía exactamente todo lo que sentía por él y no quería ocultárselo, pero contárselo a alguien más era bochornoso.
―Sé cómo te sientes ―la apaciguó Kagome para ahorrarle el momento de pena―. Puede que Inuyasha no tenga un pasado tan oscuro como su hermano, pero tampoco es un santo. Y eso es lo que menos importa. Es bueno ahora, conmigo y con nuestros amigos. Tiene un buen corazón, lo he visto, es lo que cuenta. Tú has visto ese mismo lado de Sesshomaru ―le señaló tildando la cabeza. Sus ojos estaban entornados, como si conversar sobre eso la hiciera sentir en paz―, sabes que es real. No importa lo que digan los demás.
Rin sonrió mientras asentía, tomándose un momento para evaluar su manera de ver las cosas.
―Kagome... ¿es esto normal? ―preguntó tras unos segundos.
―¿A qué te refieres?
―Somos seres humanos y ellos no. Somos tan diferentes en muchos aspectos. Por eso te pregunto, ¿es normal querer así a un ser sobrenatural?
―¿Acaso te preocupa?
―No es que me preocupe. Pero estando aquí y ver cómo todos se ponen cuando hablo de él me hace creer que no soy del todo normal por quererlo. Y cuando les diga que estamos juntos... ―se estremeció mientras resoplaba― más de uno va a querer internarme en un psiquiátrico.
―¿Tus padres no lo saben? ―se asombró la otra. Rin le hizo gestos para que mantuviera el tono bajo puesto que se le había escapado una exclamación bastante ruidosa―. Lo siento. ¿No les has dicho?
―Aún no tengo un día completo aquí. Les diré, pero no todavía. Necesito prepararlos y prepararme a mí misma para sus reacciones. Además de que acabo de volver, no quisiera darles un disgusto tan pronto.
―Bueno... esa ya es tu decisión, haz lo que creas que sea mejor ―asintió con una mueca torcida, recordando algo pasado―. Mi mamá y abuelo tampoco se lo tomaron del todo bien al principio, aún no se acostumbraban a la idea de que yo fuera a otro mundo a pasar tiempo con demonios, así que cuando les dije que salía con uno... Fue todo un shock. El único que se lo tomó bien fue mi hermano. Como Inuyasha y él siempre se llevaron bien creyó que era genial tener un cuñado con orejas de perro.
―¿Tu hermano lo conoce? ¿Cómo? ―Rin se inclinó hacia adelante con interés―. ¿Ha ido a ese mundo?
―No, él no. Inuyasha es quien cruza de vez en cuando.
―¿En los solsticios? ―se extrañó ante esa última parte.
―Cuando yo me tardo demasiado. Inuyasha tampoco necesita un solsticio para cruzar de un plano a otro ―explicó cuando la cara de Rin se volvía más confundida―. No estamos del todo seguros de por qué, pero nuestra teoría es porque tiene la sangre mezclada. Al ser un híbrido pertenecería tanto a este mundo como al otro, y puede ser que eso le de alguna clase de poder para cruzar las barreras cuando le plazca.
―¿Eso crees? ¿Entonces es posible para otros híbridos cruzar en cualquier momento?
―No tengo idea, Inuyasha es el único que conozco ―negó encogiéndose de hombros―. Pero quién sabe, podría ser. Quizás haya híbridos o incluso demonios y humanos que puedan cruzar en otros puntos. Si nosotros lo hemos hecho no podemos ser los únicos.
―Sería fascinante encontrar gente así... o que también haya tenido alguna clase de relación con un demonio.
―Antes de que ambos mundos se separaran no era algo tan extraño, según me han contado. Ahora es más difícil porque casi no hay interacciones de lado y lado, eres la primera persona que rompe ese paradigma en tiempos modernos. Al menos que yo sepa.
―¿Sabes algo sobre cómo se separaron los planos? Sesshomaru me contó que antes los humanos y demonios vivían en el mismo mundo, pero algo sucedió mientras él estaba sellado y cuando despertó ya se habían cercenado.
―Mis amigos del otro lado me dijeron que tiene que ver con la perla de Shikon. La última sacerdotisa que la tuvo en su poder deseó que los humanos y demonios se separaran para siempre. Sólo un objeto como esta perla tiene la capacidad de lograr algo de ese calibre ―posó los dedos en el centro de su pecho, donde Rin supuso que estaba incrustada la joya―. Los motivos del deseo varían. Algunos dicen que fue a causa de las constantes guerras entre los demonios y humanos: los humanos estaban siendo exterminados y para evitarlo, la sacerdotisa intervino distanciando ambos mundos. Otros dicen que los seres sobrenaturales causaban tantos estragos para hacerse con la perla, que la única opción era dejarla en manos de los humanos, que no podían usarla con fines ruines. También hay una versión en la que la sacerdotisa se enamoró perdidamente de un demonio que terminó traicionándola para arrebatarle la perla. Ambos batallaron hasta que sólo la sacerdotisa quedó en pie, y antes de morir deseó que nadie más sufriera un destino como el suyo.
―¿No hay alguna versión oficial?
―La primera es la que más comentan, supongo que es la que tiene mayor peso.
―¿Y cuál crees tú que es la real?
―No sabría decirte. Lo que no quiero es que sea la última, es muy triste ―comentó algo cabizbaja. Rin le volvió a ofrecer chocolates para animarla, haciendo que Kagome tomara otros dos envoltorios.
―¿Y eres la reencarnación de esa sacerdotisa? ―cuestionó impresionada―. Si es por poderes espirituales entonces es muy posible, ¿verdad?
―Es lo que ellos dicen, además de que es la única explicación que encuentran para que la perla esté en mi interior, ya que esa mujer murió con ella al cumplirse su deseo. No sé de qué otra forma podría ser que la posea, además de que tengo poderes espirituales cuando en mi familia es algo que nunca había pasado.
―Pensé que tu abuelo también los tenía, después de todo hizo la ceremonia del solsticio para ayudarte a cruzar, ¿no?
―No, él tiene conocimientos al respecto y sabe aplicar los métodos tradicionales para ese rito, pero no puede hacer cosas como las que yo hago. Él no sería capaz de cruzar por sí mismo aún en un solsticio.
―Vaya... ―suspiró Rin echándose hacia atrás―. ¿Cómo haces para vivir en ambos lugares? Debe ser agotador cambiar entre sitios tan diferentes.
―Lo es, créeme que sí. Al principio no creí que podría aguantarlo y debía decidir en cuál quedarme, pero me lo tomé con calma y establecí mis prioridades: mi familia. Como está repartida entre ambos mundos no podría escoger solamente uno, así que no tuve más opción que adaptarme. Y me alegra haberlo hecho.
―Al menos tienes la suerte de poder ir y venir cuando quieras... yo tendría que esperar los solsticios ―suspiró Rin pensativa―. Seis meses con mis padres y otros seis con Sesshomaru... no será fácil.
―Me recuerda a la historia de Hades y Perséfone ―dijo la otra―. Pero no te desanimes, ustedes mismos dijeron que encontrarían la manera de hacer que las cosas funcionen, ¿cierto?
―Y lo haremos, estoy segura de eso ―asintió decidida―. Pero da algo de miedo... sé que no será fácil. Pero nada que valga la pena lo es, ¿verdad?
―Esa es la actitud ―sonrió contenta Kagome―. En junio deberías ir a nuestro templo para probar la brecha del pozo. De todas formas preguntaré a mis amigos demonios si conocen algún otro paso que puedas usar en caso de ese falle.
―Te lo agradezco, es el primero que quiero probar. Sería genial que me dejara ir al otro mundo, así no tendría que buscar en otro lugar y podría conocer a tus amigos. ¡Oh, y ver la versión espiritual de Tokio! Siempre quise saber cómo era.
―Te gustará, es bastante bonito y los demonios de allí son más civilizados que los otros que te has encontrado entre las montañas. Además de que por la noche es hermoso con los carteles de neon y las lámparas de luz en las calles. No tan escandaloso como en el mundo humano, así que no te quedarás ciega.
Rin alzó una mano en el aire con la boca abierta.
―Espera un momento, ¿tienes electricidad allá?
―Pues sí, ¿tú no?
Las chicas se quedaron despiertas hasta altas horas de la noche, tras mucho conversar y comerse la bolsa de chocolates hasta que no quedó ni uno sin abrir. La madre de Rin no llegó a escuchar toda la plática, pues apenas se quedó parada en el pasillo unos minutos, sosteniendo con fuerza el vaso que acababa de rellenar en la cocina.
Exhaló un leve resoplido cansado y continuó caminando por el pasillo oscuro, dejando atrás la pequeña ranura por la cual se colaba la tenue luz del cuarto de su hija. Las voces de ambas aún se escuchaban entre siseos y murmullos.
...
A la mañana siguiente tanto Rin como Kagome encontraron muy difícil levantarse de la cama. Se habían quedado despiertas conversando hasta más allá de las tres de la mañana, y ahora a las seis, mantener los ojos abiertos era una tarea casi imposible.
Los Hashimoto acompañaron a los Higurashi hasta la pequeña terminal de autobuses del pueblo, donde las jóvenes intercambiaron una efusiva despedida con abrazo incluido y la promesa de mantenerse en contacto. Hizashi agradeció nuevamente, e incluso su esposa sospechosamente taciturna aquella mañana dedicó varias palabras de gratitud para abuelo y nieta por igual, aunque en el fondo de su corazón sintiera que no tenía tantos motivos para hacerlo como había creído antes. No después de haber escuchado parte de aquella conversación en medio de la noche.
No podía dejar de repetirse las palabras claves que habían salido de la boca de su hija la noche anterior, las dudas, confesiones y afirmaciones que le había dicho a Kagome en secreto. Y eso que apenas había escuchado una minúscula fracción de todo lo que tuvieron que haberse dicho.
La mujer exhaló profundamente cuando los tokiotas abordaban la unidad que los llevaría a la ciudad a tomar el tren y Rin se despedía efusivamente de ellos en cuanto Kagome se asomó por la ventana para hacer lo mismo.
Esperaba que sólo fuera una fase. Una secuela de su experiencia en ese mundo desconocido, algo que el tiempo pudiera borrar para permitirle recuperar la normalidad en su vida. Aquel monstruo ya se la había quitado una vez, no podía dejar que hubiera una segunda.
Observó a Rin sonreír sin dejar de sacudir la mano hacia el autobús que se alejaba. Podría estar predispuesta a imaginarse cosas, pero sabía que había algo con ella. En sus ojos había algo semejante a la esperanza, como si estuviera emocionada por algo que desconocía.
O no del todo en realidad.
Forzó una sonrisa, enfocándose únicamente que ya tenía a su hija de regreso y todo estaba bien con el mundo. No debía preocuparse por algo que aún no había pasado, se dijo. Era una fase. Una vez que se acostumbrara de nuevo a la vida que le correspondía se daría cuenta de cuál era su lugar.
Tenía que confiar en que así sería, aunque no estuviera demasiado segura de que lo fuera.
...
Había amanecido para cuando Sesshomaru se adentró en la mansión ahora totalmente vacía. Nada había cambiado en la estructura: las paredes eran iguales, las habitaciones estaban perfectamente arregladas y no había ni un solo adorno fuera de su lugar. Sin embargo, para él, era como si se tratara de un lugar totalmente diferente. Notaba con petulante claridad la ausencia de Rin, el silencio recorriendo los pasillos y el frío apoderándose de cada esquina de cada recámara. La humana solía encender algunas hogueras para mantener una temperatura confortable, tarareaba canciones y caminaba apresurada, incluso llegando a saltar el último escalón de cada tramo de escaleras.
Se había acostumbrado tanto a ella que no tenerla cerca se le hacía ciertamente perturbador.
Sólo tenía una parada que hacer antes de emprender el viaje que tenía por delante, después de eso era posible que no pisara aquella propiedad durante un tiempo considerable.
Se adentró en la habitación que Rin había preparado para él; incluso se había tomado la molestia de limpiar y ordenar el interior. Apreció brevemente los ornamentos que adornaban la estancia, cada rastro que marcaba su paso característico. El futón estaba doblado en el centro, con la manta que había tejido personalmente y las almohadas apiladas sobre él. Cuando los vio por primera vez jamás sospechó que llegaría a usarlos con tanta frecuencia, pero como siempre, Rin hacía que sus propias convicciones se tambalearan sin control alguno.
Abrió el armario y encontró lo que la muchacha había guardado en secreto. Pero el que ella no lo hubiera descubierto observándola no significaba que hubiera pasado desapercibida. Tomó el paquete de papel marrón con una mano y la carta entre las cintas que lo sujetaban con la otra.
Sesshomaru,
Para el momento que encuentres esto de seguro estaré en el mundo humano con mis padres. No podía irme sin antes dejarte algo para que me recuerdes; es una tontería, pero espero que te guste. Aún si no la usas, porque honestamente no te veo haciéndolo. Sólo quería que la tuvieras.
El demonio tiró de las cintas y el papel cedió, mostrándole una bufanda de lana roja tejida a mano. Dejó caer la envoltura mientras sostenía la pieza, detallándola cuidadosamente.
Estoy mejorando, ¿verdad? Hubieras visto mis primeros intentos, daban tanta lástima que tuve que sacrificarlos para no sentirme mal por su triste existencia.
Quiero que sepas que estos meses que pasé contigo nunca los olvidaré. Me has hecho feliz de una manera que nunca creí posible, y por eso siempre te estaré agradecida. Del mismo modo debes saber que esto no se detendrá ahí. Cuando regrese me aseguraré de devolverte todo lo que me has entregado lo mejor que pueda. Quizás así estemos a mano.
Espero ansiosa ese día.
Te quiero, Sesshomaru. Más de lo que imaginas.
Espérame, ¿está bien?
Afectuosamente,
Rin.
Resopló al volver a fijar su atención en la bufanda, se notaba lo mucho que se había esforzado para dejarla perfecta, como siempre con cada cosa que hacía para él.
Se dio media vuelta tras cerrar el armario y depositó el regalo sobre las almohadas. Acarició el patrón de tejido de la lana con el dorso de la mano antes de marcharse de la habitación. Aún sostenía la pequeña nota que le había dejado, la dobló y guardó en el interior de su haori.
Tonta, masculló internamente. Sería yo quien debería buscar cómo compensarte a ti.
Y eso era precisamente lo que haría.
Se detuvo un momento al alejarse del muro para contemplar la mansión que dejaba atrás. Era sumamente extraño saber que ahora podía marcharse más allá del kilómetro que había sido su límite durante tantos años, de ese mismo lugar que sirvió de prisión por cinco siglos.
El crujido de la nieve cediendo ante el peso de varios cuerpos llamó su atención, aunque no era algo que no hubiera percibido incluso antes de escucharlo. Parte de la tribu de los demonios de río se le acercaban ansiosos, sin hacer ruidos más allá de sus respiraciones y pisadas. Jaken, como siempre, iba a la cabeza de su grupo sosteniendo su báculo de dos cabezas orgullosamente.
Todos los individuos se detuvieron a una distancia prudencial para hacer una marcada reverencia, arrodillándose hasta que sus frentes tocaron el suelo. Sesshomaru se mantuvo impasible en lo que Jaken apenas elevaba un poco la cabeza para dirigirse a él:
―Amo Sesshomaru, hemos escuchado la noticia de la gran pelea que ha librado contra su padre. Ha llegado a nosotros que ha logrado su libertad al romperse el campo de energía que lo mantenía confinado. Vinimos a presentar nuestros respetos ante su gloriosa victoria.
El inugami entrecerró los ojos. Él no lo consideraba una victoria ni un combate del cual estar orgulloso.
―Sus respetos son innecesarios ―espetó ecuánime. Jaken volvió a bajar la cabeza.
―Sin embargo hemos venido a presentarlos ―expresó―. Si hay algo de lo que podamos servirle de utilidad, mi señor, estamos a sus órdenes hoy y siempre. Nuestra gente nunca olvidará la deuda que tenemos con usted.
―¿Es así? ―cuestionó. Varios demonios se incorporaron apenas lo suficiente como para verlo de reojo. Jaken irguió su espalda para prestarle toda la atención del mundo.
―Por supuesto, amo. Somos sus fieles sirvientes, haremos lo que sea que ordene.
―En ese caso, Jaken, coloca un campo de energía en esta propiedad. No quiero que nada dañe sus terrenos ―indicó fríamente, dejándolo perplejo―, tampoco que nadie aparte de tu gente entre en la mansión.
―Oh... por supuesto, señor, considérelo hecho.
―Eso incluye resguardar al dragón que pasa su etapa de hibernación. En cuanto despierte me ocuparé de él. Mientras tanto nada deberá perturbarlo, ¿quedó claro?
―Mucho, señor ―asintió rápidamente, extrañadísimo por tales peticiones. Indicó a sus hombres que se pusieran manos a la obra inmediatamente para preparar y levantar los sortilegios de protección correspondientes. Sesshomaru sólo les dedicó una mirada de reojo cuando los pequeños demonios pasaron por su lado haciendo sendas inclinaciones, discutiendo entre ellos silenciosamente qué procedimientos deberían seguir―. ¿Amo Sesshomaru...? ¿Me permitiría la osadía de preguntarle el motivo de sus deseos? No pensé que deseara mantener este lugar en pie en cuanto su barrera se levantara.
―Me será de utilidad eventualmente ―fue todo lo que dijo con indiferencia antes de ponerse en marcha. Jaken se tambaleó al levantarse y apresuró sus minúsculas piernas para seguirlo.
―¡Amo! ¿Adónde tiene planeado ir?
―Tengo asuntos que atender fuera de aquí.
―¿Puedo servirle de algo, señor? ¡Estoy seguro que mis conocimientos y habilidades podrían serle de utilidad, ya sabe de lo que soy capaz!
Los pasos de Sesshomaru se detuvieron, ocasionando que Jaken se chocara contra sus piernas y cayera sobre la nieve. Lo miró sobre su hombro mientras se disculpaba enérgicamente por la falta de respeto y frunció el entrecejo al considerar seriamente su ofrecimiento.
―Tienes razón ―le dijo. Los ojos de Jaken se abrieron de par en par con ilusión―. Puedes serme de utilidad. Andando.
―¡En seguida, amo! ¡Ustedes! ¡Si no cumplen con las órdenes del señor Sesshomaru tengan por seguro que tendré sus cabezas! ¡Protejan este terreno aún si les cuesta la vida! ―amenazó a sus hombres con suficiencia. Su ego había crecido un par de metros con aquellas palabras del inugami. Intercambió algunas indicaciones más con su gente y para cuando se dio cuenta, Sesshomaru ya estaba bastante lejos y tuvo que correr para darle alcance―. ¡Espéreme, señor, no me deje!
Lo último de lo que fue testigo el extraño par fue de cómo una gruesa barrera se levantaba en las adyacencias de la mansión. Sesshomaru vio por el rabillo del ojo cómo se terminaba de formar la alta cúpula de energía antes de volver la vista al frente y pasar por donde menos de veinticuatro horas antes había estado el límite que marcaba su jaula. Pasó por él apretando inconscientemente los labios, satisfecho a la vez que decidido.
Rin tenía razón, seis meses eran bastante tiempo. Pero comparados con quinientos años apenas serían un parpadeo.
Y cuando llegara el solsticio de verano, todo habría acabado.
O mejor dicho, empezaría otra vez.
Él también esperaba aquel día.
...
FIN.
...
Es broma, ¡no me maten!
...
REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS
...
¡SANTO CIELO, A BUENA HORA! Después de tanto golpearme la cabeza contra la pared, el teclado, la mesa, la vida misma, AL FIN me ha salido este condenado capítulo. Y encima bien largo: 45 páginas. Y eso que le quité algunas cosillas para que no estuviera muy recargado, pero aún así quedó inmenso. Espero no haber aburrido a nadie (y mucho menos haberles decepcionado después de tanta espera), pero era necesario explicar cada cosa porque si no lo hacía quedaría con cabos sueltos, y de ese lado de la brecha había muchísimos puntos que resolver.
En fin... me disculpo enormemente por la larga demora. Tenía el cerebro seco, la inspiración en carteles de 'se busca' y el estrés brotándome de los poros como si lo produjera a cantidades industriales. Digamos que estas últimas semanas en especial no han sido las mías. Pero al menos cumplí. Dos meses tarde (Dios, qué pena con ustedes D:), pero aquí está.
Este capítulo me costó sangre, sudor, lágrimas y migrañas no sólo por el estrés que ya cargaba encima, sino porque literalmente me quedaba viendo a la pantalla y por más que lo intentaba, nada salía. Y si salía algo, no me gustaba y tenía que borrarlo. Así estuve aproximadamente un mes entero que no pasé de las primeras ocho páginas, hasta que me entró un momento de iluminación repentino y me terminé de organizar para escribir. De resto estuve bordeando entre la vida cotidiana, el cansancio, el trabajo y otras ocupaciones, así que por ahí se me escapó el tiempo.
Suficiente de chácharas, vamos al punto.
Como se habrán dado cuenta el fic no termina aquí. Son demasiadas cosas las que deben cerrarse como para que se pueda abarcar en un solo capítulo, y aunque así fuera sería uno kilométrico que nos agobiaría a todos, así que corté por lo sano y lo que antes sería un capítulo final quedó dividido en tres partes para hacer un total de 26 capítulos.
De nuevo tendrán que regalarme algo de paciencia porque aunque sé lo que tengo que escribir y me parece que el bloqueo al fin se está yendo, no puedo prometer que el 25 me salga de un solo tirón y se lo tenga a golpe de una o dos semanas. Es posible que me demore de nuevo (esperemos que no tanto como estos dos meses) y que les traiga una entrega de considerable longitud otra vez. El capítulo 26 me parece que será algo más corto y, si las estrellas y planetas se alinean a mi favor, posiblemente no tarde mucho en escribirlo. Pero como ya he dicho antes, no puedo prometer nada porque no sé qué pueda pasar a futuro. Lo único que puedo prometer es que seguiré dando mi mayor esfuerzo por traerles todo lo que tenemos pendiente lo más rápido posible.
Miles de millones de millones de TRILLONES de gracias a todos los que comentaron tanto por el capi anterior como para saber cómo estaba yo. Les agradezco muchísimo su preocupación y que estén pendientes de mí. Las cosas en mi país están bastante negras y por cómo van las andadas sólo podrá empeorar antes de mejorar, pero si llega a suceder algo que me impida continuar prometo que se los haré saber de una manera u otra. De verdad muchas gracias por sus PMs y reviews, es muy dulce de ustedes, demuestran una gran calidad humana, y fueron la fuente principal que me animó a continuar aún cuando me costara. Son el mejor público que podría pedir.
Irivel, Gaby L, Tara Castillo, Paloma, ByaHisaFan, Invitado, KeyTen, DreamFicGirl, Invitado2, Esmeralda5, Nubia, Meaow, Akassha, Baby Sony, Nayari, BeautifulButterflyPink, Jenks, Sara, Pandora Hellsing Riddle, Andrea, Invitado3, Lau Cullen Swan, Begeles, Kokoa Kirkland, Mena123, Sammy Blue, Melinna Sesshy, Sayuri08, MisteryWitch, Kassel D. Efrikia, Pinky's, Kunoichi2518, SeeDesire, Hooliedanisars, Haru1305, AlexMichaels, Yoko-Zuki10, Floresamaabc, Mirna, BeaPleites7, HasuLess, Yarisha, MickeyNoMouse, Yoo Joo, Celeste, Jezabel, SweetLoveInTheWorld014, Alexa Rey, Abigz, Rosedrama, QuinzMoon, Cheryl, Nesher, Hikari-hana12, Draki k7, Inuyuki-chan, Esme, AlinaStarlight, VanneeAdndrea, CromaticDay y Bucitosentubebida.
Gracias por haber esperado (im)pacientemente mi regreso tan tardío, pero ya saben lo que dicen: más vale tarde que nunca xD Por favor, perdonen si encuentran dedazos u errores, por más que relea como una posesa siempre se me escapan algunos cuantos.
Un beso a todos, los adoro. Gracias por leer, aguantar y comentar. ¡Hasta la próxima!
