Este es un bello proyecto creado conjuntamente por "Iva Ren" y "cpbr15"
Ambas somos más de Universo alterno en humanos, nos salimos de nuestra zona de confort para traerles un fic furry, esperamos que lo disfruten
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4: La ruptura de la magia.
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Me dediqué a perderte
Y me ausente en momentos
Que se han ido para siempre
Me dediqué a no verte
Y me encerré en mi mundo y no pudiste detenerme
Y me alejé mil veces
Y cuando regresé te había perdido para siempre
Y quise detenerte y entonces
Descubrí que ya mirabas diferente
~Me dedique a Perderte – Alejandro Fernandez~
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La mañana no pintaba nada bien, se escuchaban las gotas golpeando en la ventana, el día entristecía a los nubarrones que eran lo suficientemente oscuros para indicar que el día había comenzado.
Los ojos de Judy se abrían lentamente, sentía un dolor terrible en sus piernas, como si un camión hubiese pasado sobre su cuerpo.
Judy puso sus manos sobre su frente y giró a su derecha, suspiró levemente cuando los recuerdos de hacia algunas horas inundaban su mente, tocó sus labios recordando cada beso, cerro sus ojos y parecía que aun podía escuchar cada respiración, aún quedaba la sensación del sonido de los latidos de su corazón queriendo desbordarse.
Las caricias y las miradas, todo su cuerpo se estremecía ante el momento vivido, su boca dibujo una sonrisa ante la recreación de esa experiencia, una que ya no volvería a vivir con nadie más, su acompañante de la noche anterior no estaba, se sentó casi de golpe.
—¿Donde esta? –susurró
Judy se levantó como pudo de la cama para ir al baño pensando que tal vez Jack se encontraría ahí, sin embargo, no había nadie, abrió la regadera aprovecho el agua caliente y tomó una ducha rápida para volver a vestirse.
Bajó rápidamente a la cocina con la esperanza de ver a Jack, pero nada, su mente estaba confundida* ¿Dónde diablo estaba? * esa pregunta daba rondas en su cabeza.
Miró el reloj y se percató que se encontraba en una evidente desventaja contra la puntualidad, no perdió más tiempo y se alistó para salir antes de que la lluvia le impidiera su llegada a la comisaria.
Su expresión de desgane era muy notoria al entrar a su sitio de trabajo, se encontraba algo cansada, unas ligeras ojeras circundaban sus grandes ojos.
—Vaya, creo que no tuviste una buena noche –comentó Garraza
Judy sonrió ligeramente recordando la noche anterior –al contrario – contestó cruzando sus brazos –fue una noche especial.
—A ¿sí? – dijo con una sonrisa picarona –y que fue lo que pasó exactamente en esa "noche especial" – alzó sus dedos haciendo comillas.
Judy se sonrojó por la petición de detalles de su primera noche, si bien ella y Garraza se habían vuelto grandes amigos, aun sentía que ese tipo de vivencias, deberían guardarse solo en su memoria, al menos por un tiempo, todavía quería saborear el recuerdo, hacerlo aún más suyo, mantenerlo fresco.
Se limitó solo a sonreírle con el rostro ruborizado y evadiendo la mirada de su amigo, quien no necesito más palabras.
—Esa mirada lo dice todo –sonreía Garraza
Antes de que ella pudiese decir algo más, fue interrumpida por su compañero y amigo de pelaje rojizo, llevaba un late en la mano y entró más fresco que una lechuga, sonriente y totalmente radiante, Judy jamás lo había visto así de feliz, sintió una leve punzada en su estómago al verlo de esa manera. *¿Qué o quién era la causa de esa sonrisa? * se preguntó para sus adentros, al igual que ella, pareciera que él también había tenido una buena noche.
—Buen día, zanahorias –dijo Nick sin ninguna preocupación.
—Buenos días, Nick –titubeó Judy.
Judy se llevó una gran decepción al ver que el zorro no noto su felicidad y con el paso de las horas su sonrisa se fue apagando, su compañero ni siquiera se molestó por saber cómo había amanecido ese día, solo se veía interesado en que el horario de trabajo terminara lo más rápido posible.
Al final del día Nick casi salió corriendo de la comisaria, la única persona con la que Judy quería compartir su felicidad, la había ignorado por completo.
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Judy localizó a su "novio" unos días luego de aquel importante suceso, después de una disculpa poco convincente de su parte al haberla dejado sola porque tenía mucho trabajo esa mañana, terminaron envueltos entre la sabana de su pequeña cama.
—¿Te vas? — preguntó Judy mientras cubría su cuerpo desnudo con la sabana, Jack estaba vestido.
—Lo siento, recibí una llamada importante, vieron a un sospechoso de un caso que manejo y necesito saber si se encontró con la persona que sospecho, me encantaría quedarme contigo esta noche, amor, te compensaré luego— le prometió para calmarla dándole un beso en la mejilla para rápidamente salir corriendo de aquel departamento.
Si la coneja creía que era una adicta al trabajo, descubrió que Jack era peor, podía dejarla tirada en cualquier momento, en medio de una cita, en su departamento, lo que sea con tal de obtener las evidencias de sus casos en los momentos necesarios, la liebre se especializaba en encontrar personas perdidas.
Esa tarde algunas gotas de lluvia chocaban contra las ventanas de vidrio de la comisaria, el frio viento empezaba a hacer estragos en el ambiente y pronto la coneja sintió un escalofrió recorrer su cuerpo, frotó sus manos tratando de generar algo de calor en ellas para luego pasarlas por sus brazos.
En un segundo el aroma de café erizó cada parte de su pelaje y sus caídas orejas retomaron su posición vertical, sus ojos se cruzaron con aquellas verdes esmeraldas que brillaban con tanta alegría últimamente, Nick la conocía tan bien que antes que ella pudiera pedirlo le trajo esa bebida caliente.
—Gracias — susurró con una leve sonrisa se marcó en sus labios mientras aspiraba el delicioso aroma, el contacto con la taza calentó sus manos.
—Torpe coneja — le dijo el depredador mientras acarició suavemente su cabeza unos segundos, antes de sentarse nuevamente frente al computador, al darle la espalda no pudo ver las mejillas sonrojadas de Judy.
Para ella ese simple gesto fue demasiado preciado, desde que comenzó su relación con Jack, las cosas entre ellos dos cambiaron, Nick se preocupaba menos por ella y casi todos los días se limitaba a cumplir su trabajo e irse, después de muchas semanas el zorro volvió tener un detalle con ella, aunque fuera una simple taza de café.
Salieron de la comisaria luego de un largo día de trabajo en oficina, los oficiales conversaban con mucha naturalidad, como siempre debía ser.
—¿Quieres que te acompañe hasta tu departamento? Incluso podemos pasar por comida en el camino — propuso el zorro.
La sorpresa marcó una gran sonrisa en el rostro de Judy, justo cuando intentaba articular una respuesta afirmativa algo resonó en su mente, Jack había prometido pasar por ella.
—Me encantaría, pero…
—¿Jack viene por ti? — Nick no dejó que la coneja terminara su excusa.
—Si. – se limitó a responder, era demasiado evidente que la distancia crecía más entre su amistad y era porque ella no dejaba tiempo para su compañero.
—Está bien, zanahorias — se acercó y le dio un beso en la comisura de los labios — abrígate mucho, será una noche fría — habiendo dicho esto último, el zorro tomó su camino.
Judy se limitó a esperar en aquella gran puerta a su novio, los minutos pasaron y poco a poco sus compañeros del turno diurno se retiraron mientras que los del turno nocturno llegaban, luego de revisar su celular por décima vez el reloj marcaba las 7:45 pm, tenía casi hora y media esperando por Jack, tomó un gran suspiro y le marcó de nuevo recibiendo la misma respuesta el buzón de voz.
Finalmente, Judy se cansó de esperarlo y emprendió rumbo al metro, pero la lluvia la sorprendió antes y llegó a su departamento con la ropa tan húmeda como si la hubiera lavado y puesto sin dejarla secar.
Nick tuvo razón, fue una noche bastante fría.
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Judy intentó abrir sus parpados, pero se sentían tan pesados como todo su cuerpo que incluso el más ligero movimiento de su cuerpo le costaba realizar, su nariz percibió el aire caliente que brotaba de su boca, tenía fiebre sin duda.
Con mucho esfuerzo buscó el celular en la mesa de noche, su primer impulso fue llamar a su madre, pero estaba sola, esa fue la vida que eligió al venir a la ciudad debía afrontar esta situación como pudiera.
Tenía un solo mensaje de Jack disculpándose por no haber llegado anoche y deseándole una buena mañana, la coneja no pudo evitar sonreír por la ironía.
Comprendió con ese mensaje que llamarlo solo sería una pérdida de tiempo, pero su corazón enamorado igual abogó y terminó marcándole, para su sorpresa este respondió al primer intento.
—Hola — como un susurro sonó el saludo de Judy.
—Hola amor, ¿Cómo amaneciste? — pregunto Jack desde el otro lado de la línea el sonido de fondo delataba que estaba en la calle.
—Amanecí con fiebre, no me siento muy bien creo que fue la lluvia de ayer…
—Vamos, Judy Hopps eres bastante fuerte, seguro es algo pasajero, solo quédate en la cama y deja que pase, voy camino a mi oficina, te llamo luego ¿te parece? — era obvio que Jack quería cortar la llamada pronto.
—Claro… hablamos luego, que tengas buen día — tan pronto dijo la última palabra Jack colgó el teléfono.
Intentó seguir el consejo de su novio, llamó a la estación para avisar que estaría en casa y que le dijeran a Nick que no se preocupara, pero con el paso de las horas la fiebre no desaparecía y a la coneja le costaba más respirar.
Cuando el calor de medio día fue demasiado sofocante la coneja como pudo se levantó de su cama, tal vez el impulso causó que sus piernas fallaran estrellando su cuerpo contra el piso, se sentía tan débil, apretó su celular contra su pecho y susurro su nombre inconscientemente
–Nick –
Por algún milagro del cielo, escuchó como la perilla de su puerta se movía y esta se abrió de golpe, el zorro estaba de pie frente a ella, traía en sus manos una bolsa de comida que cayó al suelo al ver a su compañera tirada en el piso de esa manera, no necesitó pensar para actuar.
Tomó a Judy entre sus brazos y esta le correspondió aferrándose a su cuello con fuerza, el contacto lo estremeció por dentro, verla tan vulnerable solo hizo que su instinto de protección se activara, la coneja desprendía tanto calor de su cuerpo que el zorro no comprendía ¿Por qué carajos no le llamo?
Luego de tumbarla suavemente en la cama, comenzó a buscar en el cajón de la mesa de noche el termómetro.
—Nick — fue todo lo que pudo decir Judy, llamar su nombre casi parecía una plegaria.
—Tonta, tonta, tonta, no digas más, cuando Garraza me dijo que no irías y que no me preocupara que al parecer tenías una leve gripa quise no molestarte pensando que el imbécil de tu novio estaría cuidándote. –Nick casi parecía un padre regañando a su hija –pero te llame y no respondiste, fui por el almuerzo porque supuse que no habías salido de la cama, Maldita sea Hopps, ¿no pensabas llamarme? ¿acaso ya no confías en mi para nada? — el tono de Nick evidenciaba su molestia.
Tal vez era la fiebre, pero Judy sintió los reclamos de Nick como puñaladas en su corazón, y sin darse cuenta estaba llorando
—Lo siento — fue todo lo que pudo decir
Cerró sus ojos pensando que Nick le reprocharía más cosas, pero en cambio recibió un beso en la frente, en respuesta Judy como pudo abrazó al zorro.
—Quédate— le suplicó la coneja al zorro.
—No tenía pensado ir a ningún lado— fue la respuesta de Nick.
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La coneja se había acostumbrado al desgano y poca amabilidad de Jack, comprendió que era una persona que anteponía sus intereses antes que los de cualquier, aun si se trataba de su pareja, con el paso de los días sus continuos cambios de planes donde terminaba siempre sola dejaron de doler menos, como esa tarde donde Judy se cansó de esperarlo en el restaurante y terminó pidiendo su cena para llevar.
La coneja caminaba por las calles no sabía ya cuántas manzanas había recorrido esa noche, cuando sintió el olor del pan de canela provenir de la famosa panadería del centro aún estaba abierta, Nick los adoraba, así que sería un buen regalo para él, sin pensarlo entro al lugar y compró algunos y se dirigió al departamento del zorro, al cruzar la calle todo el mundo de Judy se desmoronó en un segundo.
Jack pasó frente a ella en su carro acompañado de una hembra, fueron solo instantes y no pudo detallar a la persona, le mintió, antes le había dicho que estaría con un cliente y no fue así, la dejó esperando por el como una idiota, mientras recorría la ciudad en su coche con una hembra que no era ella.
Sin previo aviso la lluvia nuevamente estaba cayendo sobre la ciudad.
Judy estaba más que destrozada, peor aún, muy desilusionada, las oportunidades donde había creado ya un futuro con aquel chico empezaba a desvanecerse, no tenía cabeza para oír explicaciones.
Comenzó el regreso a su departamento en medio de la tormenta, estaba desorientada, triste y sola, no había muchas lágrimas que derramar y aunque así fuera, la lluvia se encargó de lavarlas de su rostro.
Necesitaba sacar toda la decepción y su tristeza, quería desahogarse, pensó unos segundos y vio la bolsa de papel convertida en una masa por el agua, seguramente el regalo para Nick era también un desastre
– Nick – recordó cuál era su destino
Desvió su camino para dirigirse nuevamente al departamento de su amigo. Necesitaba apoyo, consuelo, unas palabras de aliento, algo que la motivara a no dejarse vencer por una decepción, sabía que su zorro la apoyaría.
Cuando al fin estaba en el pórtico, se quedó inmóvil por unos segundos antes de tocar el timbre, suspiró fuertemente, oprimió el botón del timbre con cierto desespero, la lluvia seguía cayendo fuertemente, la ciudad solo era iluminada por los relámpagos que vislumbraban en el cielo.
Y ahí estaba la coneja, con su cuerpo empapado, las orejas caídas, y un semblante de desesperanza. ¿Qué es más vulnerable que una débil presa bajo la lluvia?
La puerta se abrió y dejó ver a quién se encontraba dentro.
—¿Si? – contestó una voz femenina
Judy se acercó un poco para distinguir quién se encontraba en el umbral del departamento de su amigo, miró una vez más en el número de casa, era el correcto, no se había equivocado.
—Buscaba a Nick – dijo la coneja con un tono serio
—Está en la ducha –contestó Lucy mirando a la coneja con asombro –pero estas mojándote, ¿quieres pasar?
—No, no –dijo con cierto tono de tristeza.
—Quieres que le diga algo de tu parte? –le preguntó la zorra
—No –contestó rápidamente –no le digas nada, no era tan importante –dijo con cierta desilusión –es más, no le menciones que vine, trato de girar para salir corriendo del lugar, pero solo resbalarse en los escalones de la entrada y terminó en el piso apoyada sobre sus palmas, las lágrimas cayeron sobre su pelaje.
La zorra se arrodilló para quedar a la altura de ella —Oh por Dios— dijo exaltada saliendo para recoger a la coneja del suelo mojado para meterla dentro de la casa –Estas bien? –apoyaba su garra en el hombro de Judy, su voz sonaba tan dulce como siempre.
Judy la miró, era una hembra preciosa, comprendió que en ese momento ella sobraba y trató de levantarse como pudo —No te preocupes, estoy bien — dijo mientras giraba la perilla de la puerta.
—¿A dónde crees que vas zanahorias? — ambas reconocieron esa voz y giraron sus rostros, Nick estaba a pocos pasos de ellas.
Judy quiso salir corriendo, pero era tarde, Nick estaba esperando una respuesta.
Continuará…
