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Proyecto conjunto creado por Iva Ren y Cpbr15,
pueden encontrar la versión en inglés en el perfil de Iva Ren.
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16: El destino haciendo de las suyas.
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"No me queda mas
Que perderme en un abismo
De tristeza y lagrimas
No me queda mas
Que aguantar bien mi derrota
Y brindarte felicidad
No me queda mas
Si tu regreso hoy seria
Una imposibilidad
Y esto que no era amor
Lo que hoy niegas
Lo que dices
Que nunca paso
Es el mas dulce recuerdo
De mi vida"
~No me queda mas -Selena~
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Ese jueves el zorro miraba desde el otro lado de la vitrina los arreglos florares que tenían exhibición, mañana seria el aniversario con su esposa, queria dar lo mejor de si por Lucy, sorprenderla y hacerla pasar buenos momentos este fin de semana seria el ultimo que pasaria con ella en lo que quedaba del mes, puesto que el lunes a primera hora debía reportarse a trabajar temporalmente en Ciudad Praderas, por lo que planeaba sorprenderla con un detalle floral en su oficina, luego una cena y la reserva de la suite en la noche de su aniversario.
Nick suspiró " Ciudad Praderas" no entendía por qué Bogo lo mandó tan lejos en tren eran tres horas de viaje, un lugar bastante retirado que nunca creyó conocer, finalmente se decidió por el bello arregló de rosas blancas, entró a la tienda y pagó indicándolo que lo entregaran mañana en la oficina de su esposa, estaba seguro que a ella le encantarian, Lucy era demasiado comprensiva con él, incluso con la noticia del traslado temporal, Nick creyo que no le gustaria la idea y le reclamaria por no negarse, pero para su sorpresa ella solo le dijo que estaba bien, al final serian solo un par de semanas.
"Lucy" para el zorro la desesperación de ella por darle hijos estaba empezando a molestarlo, aun recordaba ese dia que llegó a la casa y la encontró sentada en la tina mirando el resultado, fue negativo, logrando que la zorra se fuera en lágrimas en aquella ocasión, no importaba cuanto Nick le dijera que podía esperar, su esposa insistía en que había algo malo con ella y por eso no había podido darle hijos, "hijos", esa palabra resonaba también en los pensamientos del pelirrojo, la madre de Judy tenía razón, era un cobarde, intentó muchas veces decírselo a Lucy que los bebés de Judy eran suyos pero al final no era capaz, el también provocó toda esta situación y se lamentaba por eso.
Llego a la estación y Garraza le entregó la carta de traslado temporal, la acepto sin oponer resistencia, fue hasta la sala de reunión y dejó que otro nuevo dia pasara, tan monótono como todo desde que Judy ya no estaba en su vida.
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"Feliz cumpleaños a ti, Feliz cumpleaños Hazel y Oliver, Feliz cumpleaños a ti"
El coro de los invitados sonada muy fuerte, los pequeños mellizos estaban frente a la mesa con un gran pastel, miraban a los demás como si no tuvieran idea de lo que sucedía, su madre ayudo a apagar la luz de las velas, todos aplaudían emocionados.
La coneja había preparado una pequeña recepción esa tarde con los hijos pequeños de algunos compañeros del trabajo, sin duda la diferencia de especies era evidente Oliver era más grande y llamativo que la pequeña Hazel, pero curiosamente sus personalidades eran opuestas, él por su lado era tímido y siempre buscaba la protección de su mamá mientras su hermanita quería hacer todo por si sola, siempre tan alegre e intrépida.
Las esposas de sus compañeros eran muy amables con ella y logró hacer un par de cercanas amistades, al comienzo fue un poco extraño ver que una coneja tenía un hijo de otra especie, pero nadie pregunto el por qué y solo no le dieron importancia, lo cual facilitó a Judy poder adaptarse en su nueva residencia y trabajo.
—Al paso que va este pequeño será más grande que tu muy pronto — bromeó Fru Fru quien no podía perderse el primer año de sus ahijados. los niños jugaban en el espacio dispuesto para su entretenimiento y un oso cuidaba que los más grandes no aplastaran a la pequeña Hazel.
—Qué puedo hacer si salió igual a su padre — comentó la coneja al tiempo que alzaba sus hombros —mi ahijada guau, esta super grande.
—Bueno no es que nosotros crezcamos mucho tampoco —agregó Fru Fru, ambas amigas estaban contemplando la bella escena de sus hijos jugar entre ellos —Nick volvió a presentarse en la casa preguntando por los niños —el cambio de voz de la musaraña dejo en evidencia su preocupación —No te preocupes los osos lo sacaron de ahí como siempre.
—No entiendo por qué simplemente acepta su vida y sigue adelante, ¿cuál es su empeño en querer buscarlos? — comento Judy.
—Tal vez porque un hijo es algo que nunca se puede olvidar Judy.
—Tan pronto Lucy haga lo que le corresponde y le de sus hijos, zorros y sanos, estoy segura dejara su obsesión por los míos.
—Solo el tiempo lo dirá, lamento hablar de Nick amiga, hoy es un dia para celebrar —Fru Fru intentaba romper la tensión, Judy le regaló una sonrisa en señal que no se preocupara.
Algo llamo la atención de la coneja vio a su madre acercarse a los niños y colocar un collar a cada uno, le pareció un tierno detalle así que prefirió preguntar después, su padre cargaba a Oliver en sus brazos, quien diría que el pequeño zorro se convertiría en la luz de los ojos de aquel conejo.
Después de un largo rato la fiesta acabó, Fru Fru se despidió de su amiga para partir de regreso a Zootopia, y asi poco a poco todos los invitados se retiraron, dejando a la coneja sola con sus padres y los niños, mientras ordenaban el lugar, el pequeño Oliver pidió los brazos de su mamá y Judy le regaló un fuerte abrazo, un suave resplandor llamo su atención y tomó el collar entre sus dedos, el dige era una zanahoria que tenía en el reverso el nombre del niño
—Es un hermoso detalle, gracias mamá — exclamó la coneja a su madre que estaba a su lado.
—¿Te parecen lindos? — preguntó la señora Bonnie.
—Si, mucho, gracias.
—Son un regalo de Nick para los niños por su cumpleaños— le dijo Bonnie y el cuerpo estático de la coneja aun no aceptaba tal locura que acababa de escuchar.
—Mamá — Judy bajó su tono de voz para que su padre no las escuchara —¿acaso tu? tu... ¿lo viste? —estaba empezando a molestarse.
—Si, fue hasta la casa preguntando por ellos, hablé con él por un par de minutos le dije que los niños estaban bien y me dio los collares para ellos, se fue sin oponer resistencia, hace un mes ya, no quise decirte porque sabía que no te gustaría y sin ver el detalle seguro lo tirarías.
Su madre tenía razón y siendo sincera los collares le gustaron mucho
—Solo por esta vez lo dejaré así, te pido que pares esto, siempre estas abogando por ese zorro —le reprochó Judy.
—Ese "zorro" es el padre de tus hijos, te guste o no, tu así se lo permitiste, para que te quede claro no lo hago por Nick, si no por mis nietos, ellos merecen a su padre aunque tu insistas en negárselos, así como te niegas a ti misma que todavía lo amas —las lágrimas a punto de asomarse en los ojos de su hija la hicieron parar de hablar —Lo siento —se disculpó.
—Tienes razón, pero nada cambiara mi decisión, Nick tiene su vida yo solo trato de seguir con la mía —Judy se dio media vuelta le dio a Oliver a su padre y salió al patio tratando de buscar aire fresco, su madre estaba en lo cierto, ella aún estaba perdidamente enamorada de aquel zorro, el mismo que no veía hace un año atrás.
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—Buenas tardes, Oficial Nick Wilde, vengo de Zootopia para reforzar el turno nocturno por algunas semanas —el pelirrojo había llegado aquella mañana a Ciudad Praderas, se instaló en un pequeño departamento y luego de day una caminara por la ciudad para conocer su ruta a la comisaria, se dirigió a su nuevo lugar de trabajo hasta nuevo aviso.
—Hola compañero, bienvenido — el Mapache de la recepción lo recibió con gusto — Ven conmigo te daré una ronda por el lugar y te presentaré con el supervisor de la Ronda nocturna la verdad aquí siempre estamos faltos de personal así que una mano ayuda es muy bien recibida.
Caminó solo unas cuadras desde su llegaba pero le bastó para saber el porqué del nombre de la ciudad, el aire fresco los paisajes verdes y floreados y sus habitantes en su mayoría animales pequeños y presas, de los cuales había muchos conejos sin duda, Nick acompañó al mapache hasta la oficina del Jefe Torredo, un puma, eso relajó al pelirrojo al menos no era el único depredador en la estación, el superior le dio un recibimiento corto pues estaba de salida en pocos minutos acabaría el turno diurno, le comentó que no se preocupara y esperara por el supervisor Rogers un lobo encargado de la ronda nocturna el cual le daría sus labores y un compañero si era necesario, Nick agradeció a ambos al final se fue con el mapache de apellido Quill a los casilleros para que le asignaran el suyo.
—Muchas gracias por todo — le dijo Nick a Quill mientras colocaba algunas cosas en su casillero —Fue algo sorpresivo cuando me enviaron aquí, espero poder ayudarles en todo lo que pueda.
—Es raro, creí que fuiste tú quien solicito el traslado —comentó el mapache y ambos fruncieron el ceño.
Nick le explicó las circunstancias por las que llego a Ciudad Pradera
—Mi jefe fue quien me notificó que sería enviado aquí hasta que llegaran los nuevos oficiales, sin darme la oportunidad de negarme, no fue algo que pedí por mi cuenta, aunque siendo sinceros estar alejados de Zootopia tal vez es algo que necesitaba, era su forma de reconformarte y darme la oportunidad de respirar otro aire.
El mapache le dio un suave golpe de compañerismo y hablo —Tranquilo amigo todo estará bien, tienes la mirada perdida igual que una oficial cuando llegó aquí, con sus grandes orejas caídas, no sé qué hace la gran ciudad a sus habitantes que al final tienen que huir de ella, no te preocupes te adaptaras rápido igual que sucedió con Hopps.
Todos los sentidos de Nick se activaron, sus orejas y cola se alzaron en el acto, su corazón se agitó en cuestión de segundos y sus labios comenzaron a temblar, tomó al mapache por los brazos, estaba respirando con dificultad.
—¿Hopps?, ¿acaso estás hablando de Judy Hopps? —no sabía cómo actuar si recibía una respuesta afirmativa.
Quill no entendía la reacción del zorro ante un simple nombre —Si ese es su nombre Judy Hopps, también trabajaba en Zootopia antes de presentarse aquí, llego hace unos nueve meses, está en el turno diurno
—¿Esta ella aquí ahora? por favor necesito verla —suplicó el zorro, el mapache solo miró su reloj y sacó algunas cuentas en su cabeza.
—Ya debió haberse ido a casa, aunque Hopps procura dejar todo bien organizado al final del día, por eso siempre se va unos minutos después de acabar el turno, si tienes suerte aun puedes encontrarla en su cubículo es el 35, segundo piso —ante estas palabras Nick le dio las gracias y salió corriendo a buscarla.
Para Nick la desesperación era evidente el aire se sentía como fuego en cada suspiro, su cuerpo temblaba, subió las escaleras lo más rápido que pudo, busco la oficina donde estaba ubicado su cubículo y abrió la puerta con demasiada ansiedad.
—Hopps —gritó mientras giraba la perilla para abrirse paso, pero solo encontró una oveja que lo miraba como si fuera un demente.
—Se fue hace diez minutos —habló la pequeña bola de lana.
—Gracias, lo siento —pidió Nick cerrando la puerta nuevamente.
Maldijo para sus adentros, solo diez minutos lo separaban de ella, la ciudad no era muy grande y por los niños estaba casi seguro que la coneja debía vivir cerca por lo tanto vendría a su trabajo caminando, bajo las escaleras lo más rápido que sus patas se lo permitieron, se llevó un compañero tirando sus papeles al piso, Nick se disculpó nuevamente, estaba actuando como loco lo sabía, al final el alce le pidió que siguiera su camino y el pelirrojo le dio las gracias, salió de la estación y apoyo sus manos en sus rodillas, sus pulmones demandaban aire por la agitación.
La impotencia se estaba apoderando de su ser, Nick echo un vistazo alrededor y no la encontró, sin pensarlo corrió por las calles buscándola, no tenía idea de como, pero debía encontrarla, tendría que estar cerca eran pocos minutos como para irse lejos, no importa por donde corriera no la veía en ningún lado, estaba por soltarse a llorar.
"¿Dónde diablos estas coneja?" preguntaba al aire, después de verse dando vueltas en círculos se dio por vencido, no le quedaba más que esperarla mañana temprano cuando el acabara su turno y ella le tocara presentarse a trabajar.
Al cruzar la calle se encontraba un parque bastante grande, Nick visualizó algunas bancas, con sus orejas caídas se dirigió al lugar, tomó asiento en la primera que encontró, tenía su rostro cabizbajo y sus manos entrelazadas, una alerta le llego a su móvil, suspiro con desgane, seguramente sería Lucy, desbloqueo la pantalla y vio el mensaje de su esposa:
"Espero que tengas un buen inicio alla, ya te extraño mucho, pero el tiempo pasa volando, animos son solo unas semanas."
No tenía ningún ánimo de contestar ese mensaje, solo volvió a guardar el móvil en su bolsillo y se pasó las manos por la cabeza agachándose, vio las lágrimas que caían el césped, eran suyas, la frustración ya le era insoportable quería gritar y partirlo todo en pedazos, quería a sus hijos con él, solo eso, una pequeña pelota que llegó hasta sus pies, lo hizo recobrar la razón.
Nick la tomó y alzo su rostro para encontrarse con una pequeña conejita que gateaba por el suelo hacia él, con sus brazos extendidos pidió la pelota.
—Es tuya, tómala —le dijo con dulzura a la nena, era preciosa, su pelaje gris resaltaba mucho, Nick la detalló por unos segundos antes de notar los ojos esmeralda que lo miraban con intriga, tragó en seco, su corazón volvió a acelerarse, a pesar del temblor extendió su mano a la niña para tocarla.
—Lo siento mucho, señor, ella siempre es tan inquieta —una liebre se cruzó entre él y la niña, cargándola rápidamente en sus brazos a la pequeña que no dejaba de mirarlo fijamente.
—No se preocupe, los niños son así — le dijo Nick a la señora, sus orejas decayeron, supuso que era la madre de la niña.
—Gracias por devolverle su pelota —comentó la liebre y Nick le afirmó con el rostro.
La decepción volvía a aumentar, sin embargo, esos segundos mientras la señora cruzaba su cuerpo y los ultimo rayos del sol brillaron sobre la niña, el resplandor en el cuello de la pequeña encandiló al zorro, el instinto del depredador y sin siquiera pensarlo tomó a la liebre por el brazo.
—Espere un momento por favor —pidió el pelirrojo.
A la liebre no le gustó para nada el gesto, Nick llevó su mano al cuello de la niña y jaló del collar, este había quedado atrapado bajo el vestido de la pequeña, finalmente sus garras se toparon con un dige de zanahorias lo giró y ahí estaba el nombre de su hija, Hazel, esta vez no era una ilusión era su bebita quien estaba frente a su ojos.
—Hazel —pronunció el zorro con tanto anhelo.
Las lágrimas estaban corriendo por su rostro, acarició la cabeza de la niña y esta le regalo una sonrisa, la liebre estaba totalmente desconcertada pero su instinto maternal le indicó que se trataba de alguien importante.
—Mi niña, ¡oh! mi pequeña, eres perfecta, incluso más hermosa de lo que te imagine —entonces la niña extendió sus brazos para que este la cargara.
Nick miró a la liebre y esta le dio un si con su rostro, con sus manos temblorosas la tomó y la atrajo en un fuerte abrazo a su pecho, cayendo de rodillas, sin duda era una escena conmovedora, el zorro no cabía de la felicidad.
—Señora Jones la estaba buscando —las orejas del zorro se alzaron al escuchar esa voz, era capaz de reconocerla donde fuera —¿Sucede algo? —preguntaba Judy.
Nick se levantó y se giró para quedar frente a la coneja, la impresión en el rostro de Judy fue evidente, ambos quedaron estáticos al verse, el zorro estaba envuelto en lágrimas con la niña en sus brazos, mientras Judy desvió la mirada, cargaba a su otro hijo, el pequeño zorro se aferraba a la ropa de su madre, Nick no podía evitar de sollozar, no había visto algo más perfecto en la vida, Oliver era igual que él, su corazón dolía de la felicidad y latía tan rápido que podría salirse de su pecho en cualquier momento.
—Oliver —dijo el zorro con algo de inseguridad, vio como las orejas del niño se movieron y este lo miró con algo de miedo, ya no le quedaba duda que era su hijo, miro de nuevo a Judy con seriedad —fue aquella ves en tu departamento, ya no puedes negármelo más.
—Dame a mi hija Nick, tú no tienes nada que hacer aquí —fue la respuesta de Judy.
Al escuchar ese nombre la liebre que miraba la escena sin saber qué hacer, lo comprendió enseguida, se trataba del padre de los niños.
Continuará…
