Epilogo
Último cabo suelto.
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La depredadora avanzaba a pasos lentos, no prestaba atención a su alrededor, contemplaba las brillantes estrellas del cielo a la espera de alguna manifestación, alguna estrella fugaz, deseaba poner fin a su soledad, lo necesitaba, había pasado estos últimos 5 años en las "sombras", alejada de todos, eran días interminables dentro de su oficina, noches solitarias en su habitación observando el techo hasta quedarse dormida.
Ese día había decidido salir a dar una caminata, no lo hacía desde hace mucho, sentir el fresco viento en su pelaje le hizo bastante bien, quería disipar sus pensamientos, comenzar desde cero.
No caminó por mucho al ver un bar cruzando la calle, su mente no recordaba la última vez que se permitió un trago, por primera vez en años se le había antojado uno, atravesó la carretera hasta llegar y entrar al lugar.
La música de fondo era relajante y tranquila, la luz era algo escasa, pero era perfecta, no es que quisiera estar viendo a todos en el lugar, era un lugar perfecto, camino hasta la barra y se sentó.
—Que te sirvo dulzura? —preguntó el barman.
—Un martini seco —pidió.
Giro a su derecha al ver a un macho a su lado, estaba sentado y reposando su cabeza frente a un vaso de brandy, su semblante era bastante malo, su corbata algo desacomodada, su saco azul marino en el respaldo de la silla y sus mangas levantadas un poco antes de sus codos, sus orejas caídas y una expresión de desesperanza, al parecer había tenido un día terrible.
La zorra rio ligeramente mientras bebía de su copa —Tienes que estar bromeando —murmuró.
—Qué te parece tan gracioso? —preguntó el girando su cabeza hacia ella aun sin levantar su cabeza de la barra
—Es que —se reía con ironía—. Acabo de tener un deja-vú
—Vaya —le respondió con desinterés.
La depredadora se percató de la incomodidad de la situación y continúo bebiendo de su trago, el barman entregó otra ronda al macho que se encontraba a su lado, no había visto que ya llevaba bastantes tragos, arqueó su ceja, miró hacia el infinito pensando: ¿Esto es alguna clase de señal? ¿Se trata de alguna broma? No es divertido.
—Que fue lo que pasó en tu día que te hizo venir aquí a ahogarte en alcohol? —rompió ella la tensión.
El macho alzó la mirada un poco para verla —mi vida es bastante solitaria.
—Te aterra la soledad? —preguntó.
—Más bien creo que ha sido mi compañera en estos años —contestó bebiendo de nuevo de su vaso.
—Mala suerte con las chicas? —la depredadora intentaba sonar amable.
—No —respondió—. Más bien fueron mis errores los que me han dejado en soledad.
La depredadora sonrió al beber de nuevo de su martini, ese animal estaba sonando todo un poeta, apoyo su barbilla sobre su mano que estaba sobre la barra, sentía ya como el alcohol hacia efectos en su cuerpo.
—Que fue lo que hiciste? —indagó con curiosidad.
El macho se enderezó y giró a para visualizar mejor a la depredadora, sonrió de lado para apoyarse de la misma manera en que ella lo hizo.
—Hay cosas que no están hechas para tus oídos, dulzura.
—Mataste a alguien —intentaba adivinar.
—No, claro que no —contestó con una sonrisa.
—Entonces?
—Hay cosas que van mejor en donde sucedieron, en el pasado —se giró hacia la barra para tomar su vaso con las dos manos, su rostro había decaído de nuevo —te decepcionaría si te contara.
—A estas alturas nada me decepcionaría —le respondió dando el último sorbo a su copa—. Me sirve otro —pidió al barman.
—En serio? —el macho arqueó su ceja.
—Pero no hablemos de mi —sonrió de nuevo.
—Entonces de que quieres hablar? —mostraba más interés.
—Que fue lo que te pasó para que terminaras aquí? —preguntó.
El macho meditó algunos segundos antes de responder —en realidad nada, solo estaba harto de la rutina de siempre, casa – trabajo – casa.
—Entonces no es porque tenías una vida solitaria? —recordó que él había dicho eso anteriormente.
El macho se rio ligeramente —estoy ebrio, ya no me hagas caso —la miró.
—Sí, ya veo —sonrió la depredadora
—Qué hay de ti Señorita Interrogatorio?
—No, yo si tengo mala suerte con los chicos —soltó una risa mientras terminaba su segunda copa de martini.
—Podemos cambiar eso —le propuso con una mirada seductora.
Ella lo observó con intriga y suspicacia, ya había estado en esa situación antes —¿Estas tratando de seducirme?
—Funciona? —preguntó con una sonrisa, su voz ya sonaba algo mareada.
La depredadora rio con genuinidad —no, no funciona, pero puedes cambiar tu técnica.
—Tu mala suerte con los chicos —dijo con un hipo en su voz —puedo ayudarte a mejorarla.
—Aja… —dijo ella apoyándose de nuevo en su mano sobre la barra—. Dime como.
—Primero que nada, necesito saber tu nombre —solicitó.
—Soy Lucy Grey —apoyó sus dos brazos en la mesa con una sonrisa.
—Vaya —suspiró el macho—. Lindo nombre para tan hermosa criatura.
—Gracias —se sonrojó—. Y el tuyo es…
—Jack Savage —tendió su mano.
La zorra extendió su mano hacia la liebre, éste la tomó y le dio un ligero beso sobre sus nudillos, provocando que ella se ruborizara, el semblante deprimente que había mostrado unos momentos antes se había disipado, ambos intercambiaron una sonrisa.
—Y dime Jack —ella hablo primero—. ¿Qué tienes planeado para cambiar mi mala suerte?
~O~
El pequeño Oliver observaba las nubes pasar desde el columpio de la casa, habían llegado de la escuela hacia unas horas, se balanceaba de adelante hacia atrás, escuchaba a lo lejos la voz de Hazel en la caja de arena.
—Oli, Hazel —les gritaba Judy —la merienda esta lista.
Los niños corrieron entrando a la casa y tomaron asiento en la mesa.
—Mami, en la escuela tenemos que hacer una presentación —comentó Hazel.
—Presentación? —se intrigó la coneja—. ¿Qué clase de presentación?
—Sobre los empleos de nuestros padres —interrumpió Oliver.
—Y queremos contar algunas historias sobre sus aventuras —dijo Hazel emocionada.
—Pero cariño, les hemos contado cientos de historias —la coneja bebía de su vaso.
—Queremos contar la más emocionante —respondió Hazel.
La coneja se puso a pensar en algún caso, a decir verdad, no había muchos, Cd. Praderas ha sido una ciudad tranquila con pocos crímenes que atender, nada fuera de lo inusual, asaltos, vandalismo, violencia doméstica entre otros
—Creo que el caso de hace dos años podría servirles para una buena historia —dijo la coneja recordando.
—Cuando se quedaron atrapados en un pozo en la granja del viejo John? —pregunto la conejita incrédula —mamá, tienen mejores casos.
—Es una historia divertida —rio Judy—. Pero creo que lo sería más si su padre se las cuenta.
—Mamá, sabes que papá suele cambiar todo —comento Oliver
—Lo exagera —se rio Hazel —nadie en la clase nos creería.
—Dejen que su padre les cuente la historia —les recomendó—. Será divertido.
—Tienen fotografías de cuando trabajaban en Zootopia? —preguntó Oliver—. Queremos mostrarlas al grupo.
Judy se puso a pensar, a decir verdad, si había algunas fotos de ellos juntos en Zootopia, pero era una etapa que no le gustaba mucho recordar, Cd. Praderas era su ahora, su hogar, el amargo momento que había vivido allá no le hacía bien, eso hizo que se formara un nudo en la garganta.
—No, me temo que no —mintió la coneja —pero tenemos las de aquí, hijo —miró a su pequeño —buscaré en el ordenador y te imprimiré algunas.
Judy y sus pequeños terminaron de merendar y mandó a sus hijos a terminar sus deberes, faltaba poco para que Nick terminara su turno, desde hacía tiempo habían cambiado sus horarios para poder estar con ellos, Judy ya solo tenía medio turno de día para poder pasar por ellos al colegio mientras que Nick trabajaba el turno diurno completo, era lo mejor para todos, así podrían convivir como familia, aunque fueran las últimas horas del día.
Terminó de levantar la mesa y acomodar todo en la cocina y se dirigió hacia la sala, se detuvo a contemplar las fotografías que posaban en la pared, una en especial le causó gran emoción, suspiró al recordar aquel día, el de la boda de ella con aquel torpe zorro, sin duda el mejor día de su vida, una ceremonia pequeña que celebraron en la granja de sus padres, solo familiares y amigos cercanos estuvieron presentes, había sido un día formidable, en la imagen estaban los cuatro, ella y Nick se miraban con devoción, era su foto favorita, le gustaba que al entrar a la casa fuera lo primero que viera.
La coneja pasó un rato frente al ordenador observando las viejas fotos que tenía a lado de su zorro, le causó nostalgia ver aquella galería llena de recuerdos, eligió las mejores fotos y las imprimió, después de eso llego hasta las fotografías de cuando sus pequeños nacieron, cientos de fotos de Hazel y Oliver recién nacidos, una sonrisa se dibujó en su rostro al ver aquellas imágenes tan enternecedoras de sus hijos, cuando dio siguiente se encontró con una fotografía en donde estaban los cuatro, Hazel y Oliver tendrían un año y medio, los cuatro posaban para la foto, lucían tan felices.
—Esa es mi favorita —interrumpió una voz detrás suyo.
La coneja se giró para ver a su amado zorro parado a unos metros de ella, se levantó de la silla y se acercó a él.
—Los niños querían algunas fotos nuestras para su exposición del colegio y me he encontrado con nuestras fotos familiares —le comentó.
El zorro se acercó a ella para besar sus labios, cada día que la veía sonreír era su mejor medicina tras un largo día de trabajo.
—Cómo ha ido el trabajo? —le preguntó ella.
—Ya sabes, lo de siempre, todo tranquilo —dejaba las llaves sobre la mesa de la entrada —¿y tú? ¿Novedades?
—Sabes que no —le dedicó una sonrisa—. ¿Tienes hambre?
—No, no mucha, subiré a ver a los monstruos —sonrió.
—Te pedirán ayuda con esa exposición, cuéntales la historia de cuando nos quedamos en el pozo de la granja del viejo John.
—Sera una buena historia —rio cruzado de brazos mientras volvía a acercarse a ella para besarla por segunda vez.
El zorro subió las escaleras para encontrarse con sus pequeños quienes lo recibieron con un gran abrazo, se quedó con ellos platicando y contándoles la historia con gran emoción y por supuesto exagerándolo todo.
Los tres pasaron un rato agradables, después de la cena, la coneja los mandó a ducharse y arreglarse para irse a la cama, era el momento favorito de ellos, ya que Nick siempre se quedaba con ellos para las ultimas platicas del día.
—Papá? —preguntó Oliver ya en la cama.
—Si?
—Porque tú y mamá no tienen fotos de cuando estaban en Zootopia?
El zorro se quedó pensativo, pero enseguida captó la mentira de la coneja, no eran momentos que le gustase recordar a ella.
—Tu mamá dijo que no existían fotos?
—Si —contestó el pequeño.
—Debe haber algunas por ahí, ella no se ha de acordar, yo las buscaré, hijo —le prometió su padre.
Nick contempló algunos segundos a sus maravillosos hijos, los amaba demasiado.
—Ahora si, a dormir —dijo el zorro—. Los quiero, hijos.
El zorro le dio un beso en la frente a cada uno y se quedó en el umbral de la habitación, estaba contemplando la imagen de ellos, sonrió ligeramente y apagó la luz y cerró la puerta.
Caminó por el pasillo hasta su habitación, la coneja ya también debía estar en la cama, abrió la puerta y no se encontraba ahí.
—Zanahorias? —la llamó.
—Estoy aquí —su voz se escuchaba desde el baño.
—Te vas a duchar? —preguntó de manera picarona.
—No.
—Que haces entonces? —avanzó hacia la puerta del baño.
El zorro se detuvo en el umbral para ver a la coneja recargando sus manos sobre el lavamanos lucia algo seria, pero de repente soltó una risa con ironía.
—Que es lo que ves? —se acercó unos pasos.
La coneja tomó el objeto que estaba en el lavamanos y lo mostró al zorro.
—Oh vaya —sus ojos sorprendidos miraban aquella prueba de embarazo.
~O~
