GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS
NOTA DEL AUTOR – Mi agradecimiento a quienes siguen la historia con interés y/o la han añadido a sus favoritos; y especialmente a MadameVacaNegra-San por haber dejado review.
CAPÍTULO 2 – IDEALISTAS Y CÍNICOS
Publicado el 18 de diciembre de 2015, con una extensión de 3.820 palabras.
Armin sonrió y saludó con la mano a Marco Bott.
El amigable pecoso tenía un brillo cálido en sus ojos marrones; el mismo color, aunque algo más oscuro, de las prendas que había obtenido en el reparto de material de invierno.
Desde el primer día, había dejado clara su intención de entrar en la Policía Militar y servir al Rey; naturalmente Shadis, siendo quien era, había aprovechado para retorcer sus palabras y darles un sentido bastante más pervertido, consiguiendo que el muchacho se quedase blanco como el papel.
"Quizás sea ése el problema de Marco: demasiado cándido, demasiado ingenuo. ¿O acaso soy yo quien se ha vuelto demasiado cínico? Tampoco es que me hayan dado más opciones, la vida es así. Una realidad innegable, por mucho que nos desagrade."
Tal vez Marco fuese realmente incapaz de ver el lado oscuro de las cosas, como la corrupción rampante en la misma Policía Militar a la que pretendía unirse. Su idealismo, su altruismo… a veces casi parecía demasiado bueno para ser verdad; aun así, había que admitir que al moreno le rodeaba permanentemente una especie de aura pacífica y tranquilizadora, cuyos efectos hacía surtir sobre sus compañeros aun sin proponérselo.
Cuando el pecoso se acercó lo suficiente, Eren y Mikasa (al igual que casi todos) le saludaron con amabilidad, a pesar de que Marco era el mejor amigo de Jean y éste a su vez el rival declarado de Yeager. Al menos, con el paso de los años, los dos muchachos más testarudos de la 104 habían dejado de liarse a cabezazos nada más verse; claro que seguía ocurriendo, pero ya sólo de vez en cuando, e incluso eran capaces de trabajar en equipo en algunas ocasiones.
Aquello también se debía en buena parte a Marco, a su constante labor de pacificador y mediador; sin él, quizás Jean y Eren nunca habrían aprendido a considerar la opinión del otro simplemente como un punto de vista diferente, en vez de como un insulto personal que vengar a toda costa.
En realidad, no era tan extraño; Armin creía comprenderlo, incluso le parecía ver ciertos paralelismos. La amistad de Jean con Marco, no era tan distinta de la suya con Eren. El rubito de ojos azules también se consideraba una persona tranquila, de las que preferían no hacer demasiado ruido; y también solía estar al lado de otra persona que era justo lo contrario. Tal vez se trataba de una forma de admirar de cerca esas cualidades de las que uno carecía: feroz entusiasmo, certera determinación, convicción inquebrantable…
"Ahora que lo pienso, lo raro sería no verse atraído por alguien así. Creo que una vez leí en un libro algo sobre los contrarios…"
Y entonces, al pensar en sus lecturas, recordó otra cosa que le hizo perder de golpe su buen humor.
Porque de nuevo le vino a la mente el viejo libro prohibido que le había legado su abuelo, con ilustraciones del mundo que había más allá de los Muros; inmensas extensiones de hielo, de fuego, de arena, de agua salada… Siempre se acordaría de los buenos ratos que pasaba con Eren y Mikasa, leyendo y comentando aquel libro, cuando aún vivían en Shiganshina; naturalmente, desde que se alistaron en el Ejército, ya no podían hacerlo con tanta libertad.
Más de una vez había tenido que tirarle de las orejas a Eren; a su impetuoso amigo se le escapaba, en ocasiones, algún comentario sobre ese mundo exterior del que supuestamente nadie sabía nada. ¡Por eso era un libro prohibido! El Gobierno ya les había dado suficientes problemas, con todo lo que les había arrebatado; y Armin no iba a permitir que desapareciese lo que le quedaba de familia.
Volvió a suspirar. Curiosamente, también aquí era Marco quien quizás podría entenderle mejor. Los dos solían sentarse juntos en la misma mesa, cuando tocaba hacer mantenimiento y limpiar el equipo de maniobras… Naturalmente, Armin no le había contado nada sobre el mundo exterior; aunque a veces sí dejaba caer, con cautela, algunas de sus opiniones acerca del Gobierno y cómo funcionaban las cosas dentro de los Muros.
El "realismo" de Armin (así lo consideraba él) contrastaba con la visión idealista de Marco; pero el pecoso era el tipo de persona que, aun sin estar de acuerdo con lo que oía, al menos se molestaba en escuchar e incluso reflexionaba sobre esas opiniones distintas, como planteándose si no habría algo de verdad en ellas.
Por ejemplo, en una ocasión salió el tema del origen de las Fiestas de Invierno. Parecía natural celebrar el cambio de año, alegrarse durante esas fechas y aprovechar para ser un poco más amable, reunirse con los seres queridos; pero si eso era algo que la Humanidad, probablemente, había hecho desde siempre… ¿y antes? ¿Como eran las cosas hacía más de cien años, antes de la supuesta aparición de las Tres Diosas? ¿Qué se había celebrado en esa otra época, antes de que existiesen los Muros y los titanes?
Fue una de las pocas ocasiones en que Marco le miró con una seriedad mortal. Después de comprobar que no había nadie lo bastante cerca como para escucharles, le dio a entender a Armin que sin duda se trataba de una cuestión interesante… pero que quizás se trataba del tipo de pregunta que uno debería evitar hacer tan abiertamente.
Armin se había sentido impresionado con aquella reacción. Por un momento, temió haberse confiado en exceso… y que Marco, por un equivocado sentido del deber, terminaría delatándole a uno de sus superiores. Sin embargo, al final no ocurrió nada de eso; una vez más, todo se limitó a fantasmas que sólo existían en su mente. Después de aquello, el pecoso había seguido como si nada; como si aquello no hubiera sucedido, como si esas palabras no hubiesen sido pronunciadas.
Eso le sirvió a Armin para comprender un poco mejor a Marco… y más importante aún, saber hasta qué punto podía confiar en él. Se trataba del tipo de persona capaz de compaginar el respeto a la autoridad con la lealtad a sus compañeros; él mismo intentaba evitar que sus camaradas se vieran atrapados en una situación comprometida, lo cual había conseguido con sorprendente éxito en varias ocasiones.
Por ejemplo, se rumoreaba que una vez Marco descubrió a Sasha en la cocina; la insaciable y voraz cazadora de Dauper estaba cogiendo provisiones que claramente no le correspondían… Sin embargo, el pecoso no le dijo nada a los oficiales, sino que convenció a su compañera para que volviese a dejar las cosas en su sitio; y no sólo eso, incluso le había ofrecido el pan de su siguiente desayuno como compensación.
Tratándose de un asunto de comida, se suponía que nadie era capaz de disuadir a Sasha; y sin embargo, Marco lo había conseguido. Todo parecía indicar que Bott era una buena persona, un alma noble, alguien en quien se podía confiar. Y aun así…
Armin tenía dudas, como casi siempre. No dejaba de recordar la forma en que Marco reaccionó con el tema del verdadero origen de las Fiestas de Invierno; como alguien que en realidad sabía más de lo que se suponía que debía saber, por muy ingenuo que pareciese a veces. ¿Acaso… fingía? ¿Era el tipo de persona capaz de decir algo y creer en ello, al mismo tiempo que en algún apartado rincón de su ser creía en otra cosa completamente distinta?
"No. Definitivamente no. Vuelvo a ver fantasmas. Sólo estoy proyectando sobre él mi propia lógica, mi forma de pensar y actuar… eso no le convierte en alguien como yo. A veces la explicación más sencilla es la correcta: Marco es una buena persona, así de simple. Además, nadie sería capaz de fingir de esa manera con todo el mundo, todo el tiempo."
¿Verdad?
Armin empezó a sentirse cada vez más inquieto; aquellas ideas eran absurdas, pero no podía evitar que su mente siguiera dándole vueltas a algo. Por lo menos, con un pequeño esfuerzo, consiguió pensar en otro tema: la cuestión que le había planteado Eren y de la que había intentado ocuparse antes, sin llegar a resolverla. Además, Marco ya estaba a su lado, sonriente, esperando…
"¡Pues claro!"
Armin casi chocó el puño contra la palma abierta de su otra mano, en el inconfundible gesto de quien acababa de darse cuenta de algo. Por un lado tenía el problema; por otro, la solución. ¡Marco podría ayudarle con ello!
Sin embargo, había una dificultad. ¿Cómo plantearle a su compañero aquel asunto, si Eren y Mikasa todavía estaban a su lado? Tendría que buscar alguna excusa, para poder hablar con él a solas… pero no se le ocurría ninguna. En cambio, el de ojos castaños no sólo comprendió al instante la situación, sino que también halló una manera de resolverla, tan sencilla como efectiva.
–Eren, Mikasa –Marco pronunció sus nombres con aquella voz suya, tan clara y tan cálida–. ¿No os importa si Armin y yo nos quedamos atrás un momento? Hay una cosa de la que necesito hablar con él… y es un poco, hum, personal.
Se rascó la nariz, como si le diese vergüenza pedir algo así; Armin volvió a preguntarse si aquello le había salido espontáneamente o era algo premeditado. En cualquier caso, funcionó a la perfección. Mikasa mantuvo la misma expresión tranquila de siempre; Eren pareció extrañarse un poco, pero enseguida le devolvió la sonrisa.
"Naturalmente. ¿Quién desconfiaría del bueno de Marco?"
Sus dos amigos de Shiganshina se despidieron con un gesto de la cabeza, apretaron un poco más el paso y se adelantaron para dejarles algo de intimidad.
–Ha sido fácil –pensó Armin en voz alta.
–Y lo mejor de todo es que es verdad –contestó Marco, que de repente se puso mucho más serio–. Hay algo de lo que me gustaría hablar contigo.
"¿Eh? ¿A qué ha venido eso?"
Aquel cambio tan repentino desconcertó al rubito de ojos azules. Su compañero pecoso había vuelto la vista al frente; parecía tener la mirada perdida en algún punto distante, que sólo él podía ver.
–¿No tienes la impresión…? –Marco pronunció las palabras con calma; demasiada–. No sé… Como que, si tuviera que ocurrir algo, sería aquí, en Trost…
Parecía más pálido; su alegría habitual, sustituida por lo que Armin creyó que era una sutil angustia, una desesperación silenciosa y resignada.
"Imaginaciones mías," intentó convencerse a sí mismo. "Debo estar proyectando otra vez sobre él…"
–Aquí en Trost –repitió Marco, todavía un poco ausente; con aquella mirada distante, que alguien de quince años no debería tener–. Algo importante, magnífico y terrible a la vez. ¿Soy yo el único que tiene esa sensación? Como si fuese aquí donde voy a…
Entonces se calló; de repente abrió mucho los ojos, como sorprendido por sus propias palabras. Armin tuvo un mal presentimiento; sintió una carga sobre su pecho, no por invisible menos pesada.
Y tan rápidamente como había venido, aquella sombra volvió a desaparecer. Al mismo tiempo, Marco se giró hacia su compañero; de nuevo, un brillo cálido en los ojos y una sonrisa en los labios.
–Bueno, ya ves… –por el tono parecía estar disculpándose–. Sí había algo de lo que quería hablar contigo en privado.
"¿Lo dices en serio?" Armin le miraba con los ojos bien abiertos, todavía asimilando lo que acababa de pasar. "Entonces, así es como evitas mentir… retorciendo la realidad a tu antojo, para que encaje en tu verdad."
Pero interrumpió rápidamente aquella línea de pensamiento tan poco caritativa. En ocasiones, Armin también se había visto obligado (sobre todo en sus años como refugiado) a retorcer la verdad, para evitar males mayores; a sonreír y ser amable, en vez de liarse a puñetazos, con los mismos soldados que deseaban en voz alta que los refugiados del Muro María se muriesen para ahorrarse los problemas con el abastecimiento.
No parecía que Marco estuviese fingiendo ahora; incluso las palabras que le servían de "tapadera" habían sonado sinceras, casi podía sentirlo.
"Entonces, de verdad necesita mi ayuda…"
–¿Sabes? –dijo Armin, sin pensárselo demasiado, hablando cada vez más rápido; dar demasiadas vueltas extinguiría su momentánea decisión–. Yo también he pensado antes en eso… –señaló con la cabeza hacia delante y luego volvió a mirar a su compañero–. Nada más ver el Muro, se me empezaron a ocurrir ideas parecidas. Trost se convirtió de repente en la primera línea de defensa, así que si tiene que pasar algo será aquí. La Caída ocurrió hace ya casi cinco años en el sur, que es donde los titanes suelen estar más activos. No haríamos tantos simulacros en Trost si el Alto Mando no estuviera convencido de que el próximo ataque va a ser aquí, ¿verdad? Así que… Puedes estar tranquilo, Marco. No eres el único que piensa en esas cosas, podría ocurrirle a cualquiera. Vaya… –se pasó la mano por la nuca con nerviosismo–. No sé si me explico…
El moreno pecoso le observaba con atención; serio, pero sin la angustia de antes, más bien una expresión concentrada en el rostro.
–Eso es cierto –contestó por fin Marco, un poco ausente; como si estuviera pensando en voz alta–. Con tantos preparativos sobre el terreno, está claro que lo de Shiganshina no volverá a pasar… –se detuvo un instante, cohibido por recordarle eso precisamente a su compañero; pero no hubo reproches, así que siguió adelante–. Es decir, que esta vez estamos preparados. Incluso tienen un plan específico por si aparece de nuevo el Titán Colosal. ¿Y recuerdas nuestra última visita a Trost? Han puesto protecciones justo al otro lado del portón, para que los escombros no salgan volando si… –volvió a detenerse, como avergonzado; casi con expresión culpable.
"No fue mi madre quien quedó atrapada entre los escombros." Armin sonrió con amargura. "Menos mal que no lo ha oído Eren, él se lo habría tomado bastante peor."
–Lo que pasó, pasó –respondió el muchacho de ojos azules–. Y preocuparse por lo que todavía no ha ocurrido, bueno… –se rascó la nuca–. No soy quién para dar lecciones, porque siempre hago lo contrario, pero se supone que la idea es centrarse en el presente, ¿no? Es ahora cuando podemos cambiar el futuro, con nuestras acciones… –entonces frunció el ceño, con expresión concentrada; miraba al frente, en dirección al Muro.
"¿Eso fue algo que me dijo el abuelo? ¿Cuánto tiempo hace…?" Y se dio cuenta, apesadumbrado, de que sólo habían pasado unos años desde la última vez que le vio, pero aun así ya le costaba recordar su rostro. "Maldita sea, ¿cuántas cosas más nos vais a arrebatar?"
–Tienes razón –le interrumpió de pronto la voz de Marco, con amabilidad, sacándole de sus lúgubres reflexiones–. Centrarnos en el presente, dar un paso cada vez, ¿no? Ir enfrentándose a las dificultades conforme van surgiendo… –y entonces, aun sin mirarle, Armin casi pudo oír su sonrisa–. Precisamente, hablando de eso… Quizás pueda ayudarte con esa otra cosa que te tiene preocupado.
El rubio clavó una mirada sorprendida sobre su compañero. ¿Cuándo había dicho él…? La sonrisa del pecoso se hizo aún más amplia.
–Se te notaba en la cara –Marco señaló su propio rostro–. Algo que afecta a Eren y Mikasa, pero que no puedes hablar directamente con ellos. ¿Me equivoco?
–Eh, pues no –Armin se recuperó de su aturdimiento–. Acertaste. ¿Por eso te quedaste tú también atrás? Vaya, te lo agradezco. Aunque, bueno, pensándolo mejor…
Terminó encogiéndose de hombros, como quitándole importancia al asunto; no parecía tenerla, al menos ya no tanta, después de haber hablado de otros temas mucho más trascendentes.
–Vamos, no digas eso –insistió Marco con amabilidad–. Además, tú acabas de ayudarme con lo mío, ¿no? Lo mínimo que puedo hacer es devolverte el favor.
Lo dijo de tal modo que, aunque sólo fuese por un momento, Armin consiguió dejar de preocuparse por todo lo demás; como si realmente mereciese la pena centrarse por completo en la cuestión que Eren le había planteado. Él también terminó sonriendo; y tomó su decisión.
–Marco –le preguntó Armin a bocajarro–. ¿Qué opinas tú de Eren y Mikasa?
–¿Eh? –esta vez fue el pecoso quien se quedó desconcertado.
–Quiero decir… bueno, su relación…
De repente, Armin ya no estaba tan seguro de que fuese buena idea plantearle esa cuestión. Al fin y al cabo, Marco era el mejor amigo de Jean, que a su vez sentía algo por Mikasa desde el primer día, al mismo tiempo que ella claramente sentía algo por Eren, aunque éste no se daba cuenta, lo cual tenía que haber influido bastante en la sempiterna rivalidad entre los dos muchachos…
Armin terminó llevándose una mano a la sien; la cabeza le daba vueltas.
"¿Y cuántos años van ya así? ¿Cuántos más pasarán, hasta que algo cambie? Porque de momento no parece que nada vaya a cambiar. Pero entonces, por qué…"
Si él mismo no conseguía aclararse con todo aquello, ¿cómo iba a pretender que Marco le diese una respuesta certera? Aunque quizás, como observador externo y más bien imparcial (cierto que era amigo de Jean, pero se trataba de Marco), él podría ver algo que se le escapaba a Armin por estar demasiado implicado en el asunto.
A todo esto el pecoso, aprovechando aquella pausa, había vuelto la vista al frente y miraba con atención a Mikasa y Eren. Ambos avanzaban a varios metros de distancia, a paso tranquilo, en un silencio que no parecía del todo incómodo; cada uno, sumido en sus propios pensamientos.
–Se supone que son como hermanos –dijo Marco, más bien para sí, un poco ausente; luego volvió hacia Armin sus ojos castaños–. Como hermanos, pero sin llegar a serlo. Mikasa es una Ackerman… –se detuvo un instante, como para darle más énfasis–. No una Yeager.
–No será por falta de ganas –contestó Armin sin pensarlo.
Justo después se tapó la boca con la mano, entre avergonzado y espantado por lo que se le acababa de escapar. Sin embargo, la expresión de Marco seguía siendo la misma; todavía reflexionaba con seriedad sobre el asunto.
–Quizás –concedió el pecoso–. En fin, me has preguntado, así que te doy mi respuesta… Diría que ella está entregada a él, eso es algo que hemos visto todos desde el primer día. Todos menos Eren… –sonrió y luego frunció el ceño, concentrándose–. No debe ser fácil para Mikasa, admirar a alguien de esa manera, casi poniéndole en un pedestal a pesar de todas sus flaquezas…
Se quedó en silencio, de nuevo perdida la mirada en el horizonte, o más bien aquel Muro cada vez más cercano. Armin no dejaba de tener la sensación de que Marco no estaba hablando sólo de Eren y Mikasa; la forma en que decía aquello parecía demasiado… personal.
"¿A quién tienes tú puesto en un pedestal, Marco?" Armin se lo preguntaba en su interior, intrigado, pero no se atrevió a decirlo en voz alta. "¿Acaso es Kirstein?"
La idea de que, lo mismo que Mikasa sentía por Eren, Marco también lo sentía por Jean, le resultaba… extraña. Era cierto que la oriental y el pecoso habían asumido voluntariamente un papel similar: ayudaban a contener y moderar los impulsos más agresivos de los compañeros a cuyo lado solían permanecer. Pero Armin tenía la impresión de que algo no terminaba de encajar ahí; como si en el fondo supiera, de algún modo, que el pecoso se estaba refiriendo a otra persona.
–Bueno… –continuó Marco por fin, dejando de parecer tan abstraído; el cambio fue tan repentino que Armin casi dio un respingo–. Como iba diciendo… A veces uno puede elegir, a veces no, o no del todo. A veces tu camino se cruza con el de otra persona, y vais caminando juntos por un tiempo, y os vais conociendo mejor el uno al otro… –se pasó la mano por la nuca, quizás un poco avergonzado–. Y te das cuenta de que esa persona es alguien a quien podrías admirar, un ejemplo a seguir, pero no sólo eso… –el pecoso iba hablando cada vez más rápido–. Y van pasando los días, los meses, los años, y te das cuenta de que has terminado sintiendo por esa persona algo más que admiración… Y entonces tienes miedo de descubrir que esa persona no siente lo mismo por ti, o peor aún, que sí lo siente, porque entonces eso lo cambiaría todo y estarías entrando en un terreno nuevo y desconocido y aterrador…
Del mismo modo que Marco estaba cada vez más nervioso (hacia el final casi tartamudeaba), Armin le observaba cada vez más sorprendido. Podía contar con los dedos de una mano las ocasiones en que había visto así al pecoso; y le sobrarían dedos.
–Así que, bueno, ¡ja ja! –Marco volvió a continuar, de manera un tanto forzada–. Ya ves, en fin… Quizás me estoy yendo un poco por las ramas con todo esto, pero… –miró a Armin y levantó las cejas, interrogador–. ¿Dirías que Mikasa siente algo así por Eren?
Armin no dijo nada, pero asintió con la cabeza dándole su respuesta; después de eso, Marco pareció quedarse más tranquilo.
–Y dime… –habló (ahora sí) el rubito–. ¿Qué crees que siente Eren?
"¿Qué crees que siente por ti la persona a la que admiras? ¿Y quién es esa persona?" Armin calló las preguntas que no se atrevía a hacer.
–Bueno, cada caso es distinto –Marco se rascó la barbilla, pensativo; luego miró a su compañero con atención–. Me parece que Eren considera a Mikasa como una hermana de verdad… –volvió a alzar las cejas–. Y nada más. Si es porque no se da cuenta, o porque en realidad no quiere… Eso ya es otra cuestión.
–Yo diría que más bien lo segundo –Armin respondió con rapidez, para no volver a extraviarse en sus propios pensamientos; y aquello no era hablar mal de su amigo, sólo reconocer un hecho–. ¿Crees que Mikasa se da cuenta de lo que ella siente por él?
–Creo que ella lo sabe –Marco sonrió levemente–. Más de lo que Eren sabe.
"Y aquí estamos los dos, hablando de algo tan personal… Con Marco, es como si no pudiera ser de otra forma. Supongo que así está bien… Además, no se trata de cotillear, sino de ayudar a nuestros amigos, ¿verdad? Sería momento de ir entrando ya en ese tema, pero antes…"
–¿Hasta qué punto sabes lo que esa bufanda significa para Mikasa? –preguntó Armin.
O le engañaba la vista, o había conseguido que Marco enrojeciese un poco; volvió a mirar al frente, algo agitado, mientras parpadeaba con rapidez.
"¿Ha sido demasiado personal? Pero comparado con…"
–Caramba, mira quién viene hacia aquí –comentó el pecoso; incluso parecía aliviado por la interrupción.
Armin siguió su mirada y empezó a sentirse más inquieto que su compañero; uno de los oficiales a caballo se acercaba a ellos…
La inquietud se convirtió en pavor cuando vio que se trataba del mismísimo Instructor Jefe.
