GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – ¡Primera publicación del 2016! Mi trabajo me costó, pero aquí estamos de nuevo… Por otro lado, este capítulo es el último del primer arco argumental; en el siguiente conoceremos la perspectiva de Mikasa Ackerman sobre esta historia. ¡Espero que os guste!

Actualización de última hora: Debby-Chan Ackerman, ¡muchas gracias por tu nueva review!


CAPÍTULO 6 – NOCHE Y DÍA

Publicado el 7 de enero de 2016, con una extensión de 3.588 palabras.


Armin había terminado recordando, inevitablemente, una de tantas conexiones entre aquellas dos chicas, tan parecidas y tan distintas a la vez, como caras de una misma moneda: Mikasa y Annie; noche y día, día y noche.

En realidad, podía entender que a Marco se le hubiese ocurrido aquella idea para la distracción, e incluso afirmar que era una buena idea.

Día y noche… Quizás por eso se atraían y repelían constantemente, chocando entre sí pero sin permanecer separadas mucho tiempo; como si aquel conflicto inevitable y persistente, entre dos fuerzas similares y opuestas que se encontraban en un mismo punto, fuese la única forma de que ambas pudieran relacionarse.

Marco le había hecho antes esa pregunta sobre el destino… ¿Aquella situación era realmente inevitable desde el principio, o en algún momento había existido otra posibilidad? Tal vez Mikasa y Annie podrían haber conectado de una manera distinta, que no implicase un intercambio tan frecuente de miradas hostiles, insultos disimulados, amenazas más o menos veladas y (especialmente) patadas y golpes capaces de tumbar una pared de ladrillos.

Llegados ya a este punto, costaba creer que las cosas hubieran podido suceder de otra forma. Quizás todo empezó, precisamente, en esa sesión de entrenamiento en combate cuerpo a cuerpo; la misma en la Annie había lanzado a Reiner por los aires sin esfuerzo… justo después de haberle hecho la misma maniobra a Eren, con Mikasa también allí presente.

¿Fue ése el comienzo de aquella tensión insalvable entre ambas muchachas, o el primer síntoma de algo que siempre había estado ahí y que habría terminado ocurriendo de todas formas?

Sin embargo, Eren se había quedado impresionado con aquella demostración y alabó sinceramente (típico de Eren) la destreza de Annie para el combate cuerpo a cuerpo; y el impetuoso moreno de mirada clara había conseguido, a base de insistir e insistir (una vez más, típico de Eren), que la chica de ojos de hielo aceptase entrenar con él de ahí en adelante, en privado, en un claro del bosque más cercano.

No sólo eso, Eren había conseguido que Annie sonriera; mezcla de timidez y orgullo, leve y discreta, pero igualmente una sonrisa. Y la Leona no era el tipo de persona que solía sonreír, aunque desde entonces lo hacía con más frecuencia; y no por casualidad, casi siempre ocurría cuando el muchacho andaba cerca.

Sí, seguramente aquello había tenido bastante que ver en la animadversión recíproca entre Annie y Mikasa; hasta cierto punto, Armin era capaz de ponerse en el lugar de sus compañeras, tratando de analizar la situación desde la perspectiva de cada una de ellas.

Desde el punto de vista de Mikasa, Eren había establecido con Annie una relación que ella habría querido para sí. Su "hermano" admiraba la fuerza de la Leona e incluso la hacía sonreír con sinceros cumplidos; solían entrenar juntos y él aceptaba los golpes (recibía mucho más de lo que daba) como parte de una enseñanza que le llevaría a hacerse más fuerte.

En cambio, ni en broma tendría Eren esas atenciones con su "hermana", más bien todo lo contrario; con ella casi siempre era seco, cortante, brusco… Las veces que Mikasa se ofrecía a ayudarle, él respondía bufando que "necesitaba su espacio" o alguna excusa por el estilo. Así que, hasta cierto punto, era comprensible que la joven de ojos negros creyese que Annie había usurpado la posición que le correspondería por derecho.

Por otro lado, desde el punto de vista de Annie, entrenar cuerpo a cuerpo era una de las pocas cosas con que se animaba; para ella, debía de ser una gozada poder entrenar con alguien tan entusiasta como Eren, intercambiando unos golpes que ambos habían aceptado de mutuo acuerdo. Normal que la rubia de ojos azules sintiese cierto fastidio, ante la idea de tener a Mikasa rondando cerca, cual sobreprotectora ave de mal agüero, impidiéndole disfrutar tranquilamente de algo que le gustaba.

Armin, como de costumbre, seguía buscando respuestas; no podía evitarlo, más aún cuando las preguntas revestían forma humana. Sin embargo, llegaba un punto en el que incluso su curiosidad se veía superada por el instinto de supervivencia; y él no estaba dispuesto a arriesgarse tratando de interponerse entre sus dos compañeras.

Salvo por algún consejo sutil que le había dado a su amiga de la infancia, el rubito de ojos azules no pretendía convertirse en el mediador de Mikasa y Annie; demasiado peligro, casi certeza de que terminaría aplastado en otro de los inevitables choques entre ambas. Preferiría conservar la cabeza sobre los hombros; y quizás ser un cobarde, pero al menos un cobarde vivo.

Además, seguramente ya no había nada que aclarar, o sería demasiado tarde; aquella rivalidad seguiría existiendo, por mucho que él intentase explicar las cosas ahora. Tal vez eso chocara con su teoría de un "destino flexible", pero también debería haber excepciones que confirmasen la regla.

Y sin embargo, aquella "relación" a veces no era tan distinta a la que había entre Eren y Jean; ya fuese por incompatibilidad de caracteres o por parecerse demasiado, cada dos por tres estaban liándose a cabezazos entre ellos… pero también podían unir fuerzas y trabajar en equipo cuando era necesario.

En el caso concreto de Mikasa y Annie, en esas pocas ocasiones en las que habían conseguido dejar al margen sus diferencias para avanzar juntas… el sentimiento que luego predominaba en el resto de sus compañeros era una especie de temor casi sobrenatural. Por ejemplo, una vez les tocó en el mismo equipo, durante unas prácticas de tiro con armas de fuego; y no sólo pulverizaron las dianas sino también varios récords, doblando precisamente a Armin y Marco en el segundo puesto.

Y en lo referente al pecoso, aparecían de nuevo varias conexiones con sus compañeros de la 104; con los dos chicos más testarudos y con las dos chicas más feroces… especialmente una de ellas.

Marco era, quizás, quien más había mediado en las discusiones entre Eren y Jean, hasta el punto de que ambos ya podían colaborar durante los ejercicios sin matarse entre ellos; y todo indicaba que… había conseguido hacer lo mismo con Mikasa y Annie.

Con su discreta intervención como pacificador, el apacible pecoso por lo menos habría conseguido que la relación entre el día y la noche no fuese abiertamente hostil.

En ocasiones Armin se dejaba llevar por el resentimiento y se decía que, si bien no era el más fuerte ni el más rápido de su promoción, en cambio no había nadie más inteligente que él; aunque de poco le serviría sacar buenas notas en los exámenes teóricos (que no siempre eran la mejor forma de reflejar los conocimientos adquiridos), si luego no hacía nada con todo lo que sabía.

A veces le parecía que se limitaba a observar en silencio, con la vaga (in)satisfacción de quien comprendía los acontecimientos sin llegar a intervenir en ellos, dejando que siguieran su curso; como si saber demasiado, pensárselo demasiado, le paralizase por miedo a empeorar la situación, tomando decisiones de cuyas plenas consecuencias era bien consciente.

O quizás todo aquello podría reducirse a una excusa, un largo rodeo con el que pretendía evitar reconocer sus problemas de autoestima y falta de confianza en sí mismo, aunque ésta hubiera mejorado un poco durante la Instrucción. Dudaba de sus propias capacidades, así que tampoco confiaba en su habilidad para influir en los demás; persuadirles para que cambiasen de conducta, marcar la diferencia… Armin creía que eso estaba fuera de su alcance, con contadas excepciones.

Marco, sin embargo… Marco sí sería capaz; él era más de lo que aparentaba, aunque tal vez podría decirse lo mismo de cualquier persona a quien se le diera una oportunidad. El pecoso realmente parecía alguien capaz de convencer a otros: lo había hecho con Sasha, ayudándola a contener sus impulsos más instintivos en lo referente a la comida, e incluso animándola a preparar mejor varios exámenes teóricos; y también había conseguido que Jean se acostumbrara a respirar hondo en los momentos de ira, para evitar que diese una mala contestación.

Pensándolo bien, si Armin se sentía un poco más seguro de sí mismo en los últimos años, ello se debía en buena parte a las conversaciones que había ido teniendo con Marco, cuando les tocaba limpiar el equipo juntos; simplemente por el hecho de poder contarle sus inquietudes a alguien que escuchaba, comprendía (aunque no siempre estuviera de acuerdo) e incluso daba buenos consejos.

Una vez más, la influencia del pecoso era sutil, pero parecía llegar a todas partes; ayudaba a sus compañeros a crecer, a ser más, a valerse por ellos mismos… y lo conseguía de manera discreta, casi sin que se notase.

Así que, en realidad, no sería tan disparatado suponer que era precisamente Marco quien, poco a poco, había logrado que Annie fuera lo bastante sociable como para poder relacionarse con los demás sin llegar a ser hostil, sobre todo tratándose de Mikasa.

Y al pensar de nuevo en las dos muchachas, Armin no pudo evitar acordarse de otra escena…

En una de esas ocasiones, en las que estaban todos entrenando cuerpo a cuerpo, Mikasa le había dicho algo a Annie, o Annie le había dicho algo a Mikasa; y la cosa siguió complicándose hasta que ambas terminaron enfrentándose, otra vez, en singular combate. Entonces ocurrió lo mismo de siempre y varios oficiales interrumpieron el duelo; las luchadoras apenas pudieron intercambiar media docena de golpes, para frustración de la pequeña multitud que aún continuaba haciéndose la misma pregunta.

¿Quién ganaría en una pelea entre Mikasa y Annie?

Como de costumbre, Armin necesitaba saber la respuesta… y al parecer, él no era el único; ahora se daba cuenta.

Porque en todos aquellos duelos frustrados, Marco nunca había intentado poner paz entre sus compañeras, ni convencerlas para que lo dejasen; al contrario, se había limitado a observar, como todos los demás, con una expresión extraña en la mirada.

Una expresión que ahora Armin creía reconocer, porque estaba casi seguro de que él mismo también solía tenerla en sus ojos: hambre… necesidad de saber.

Y no sólo eso; cuando los "espectadores" empezaban a discutir quién ganaría, las pocas veces que Marco decía algo siempre daba a entender que sería Annie. ¿Era su parecer honesto sobre aquella cuestión, o había algo más que le llevaba a confundir (quizás un tanto ingenuamente) lo que él quería que pasara con lo que tal vez pasaría?

O quizás… Marco podría conocer a Annie mejor que los demás, lo suficiente como para saber algo que el resto ignoraba; alguna diferencia con Mikasa, que le daría la victoria al día sobre la noche.

Noche y día, día y noche; y Armin comprendió ahora por qué Marco se había mostrado antes tan irritado con Eren.

Si Annie se parecía a Mikasa y cada una venía a ser en cierto modo un "reflejo oscuro" de la otra, resultaba lógico que el pecoso admirase en la oriental las mismas cualidades que tenía en común con la leona de ojos azules: su fuerza tranquila, su estoica determinación, su discreta presencia… un poder capaz de arrasar con todo y que, sin embargo, apenas se hacía notar en ninguna de ellas.

Si lo que Marco sentía por Mikasa se limitaba a respeto y admiración (sin ese "algo más" reservado para Annie), entonces era fácil que considerase irrespetuosa la forma brusca en que su "hermano" solía dirigirse a ella. Armin podía imaginarse a Marco actuando más como Jean, pero aún peor: le soltaría directamente un guantazo a Eren, gritándole que quién se había creído que era, para tratar así a alguien mucho mejor que él.

Y no le resultaba difícil, imaginarse al pecoso también irritado con Mikasa; por dejarse tratar de esa manera, por renunciar voluntariamente a la misma fuerza que le permitiría apartar cualquier otro obstáculo de su camino, por aceptar humillaciones de alguien a quien podría destruir si quisiera.

En realidad, esa imagen encajaría con la idea de que Marco intentaba ayudar a sus compañeros a descubrir todo su potencial; y quizás le hacía sufrir, ver a Mikasa impotente en aquella situación. Tal vez el empático chico de Jinae no pudiera evitar imaginarse también a Annie así atrapada; y le preocuparía más aún, la posibilidad de que una persona tan importante para él se degradara de aquel modo… sobre todo por su contacto frecuente con Eren, la misma persona que (desde el punto de vista del pecoso) ya había causado ese efecto en su "hermana".

Y entonces a Armin se le ocurrió otra idea vagamente relacionada, pero por completo distinta: tal vez fuesen celos.

"No es ninguna tontería. Annie y Eren quedan a menudo en ese claro del bosque, para entrenar juntos sin que nadie más les vea… Je, al final va a resultar que Marco y Mikasa se parecen más de lo que yo creía. Inquietudes similares, por la misma causa pero distintas personas. Quién sabe, quizás sea algo recíproco y Annie le pegó aquella patada a Jean por pasar tanto tiempo con su mejor amigo…"

Armin se daba cuenta de que su mente volvía a dispararse, con demasiadas ideas al mismo tiempo; y para intentar anclarse de nuevo en la realidad, simplemente dijo lo primero que se le pasó por la cabeza.

–¿Crees que Eren y Annie tienen… algo?

Se arrepintió de aquellas palabras en cuanto abandonaron sus labios; aunque una pequeña parte de él, oscura e incluso malvada, esperaba contemplar (con cierta satisfacción) el color abandonando de repente el rostro de su compañero, hasta quedarse blanco como el papel. Sin embargo, mayormente, Armin seguía siendo una buena persona y lamentaba haber preguntado algo así; no se atrevía a mirar a Marco a la cara en ese momento, por lo que volvió la vista al frente y se centró en el camino que tenían por delante… ¡todavía!

"¿Cuánto tiempo llevamos ya aquí, en el camino a Trost? ¡Es como si el Muro se alejase conforme avanzamos!"

Respiró el frío aire de diciembre, tratando de despejar su cabeza. Parecía mentira que le hubiese dado tiempo a pensar en tantas cosas distintas, cuando en realidad se habían acercado tan poco. Lo bueno era que, al menos, seguían teniendo el resto de la columna a la vista; y a la inversa, Shadis también les tendría a ellos a la vista, con lo cual evitaban una nueva reprimenda…

–No descarto que Annie pueda sentir algo por Eren –dijo de repente Marco–. Pero incluso si así fuera, conociendo a tu amigo… ¡Je! Seguramente él sería el último en enterarse.

Armin se quedó sorprendido con aquella contestación; por su tono de voz, el pecoso parecía estar admitiéndolo a regañadientes, resignado, aunque de buen humor. El rubito se giró hacia su compañero, que en ese momento miraba al frente, concentrado él ahora en el camino que se extendía ante ellos, aparentemente interminable. Teniendo en cuenta lo delicado del asunto, tanta tranquilidad resultaba un poco extraña; de hecho, la forma en que el pecoso torcía los labios…

Y entonces Armin se dio cuenta de qué era lo que no encajaba. Mentalmente, podía dividir el rostro de Marco en dos partes: de nariz para abajo, su expresión parecía la de alguien que se reía de sí mismo, tras aceptar con deportividad una broma; pero la mirada de aquellos ojos era la de alguien capaz de matar.

Sintió un escalofrío… y la apremiante necesidad de cambiar de tema cuanto antes.

–Bueno, supongo que ocurre como con Mikasa, ¿no? –preguntó Armin, tragando saliva–. Es Annie quien tiene que decidir…

Y acto seguido, el rubio casi se tapó la cara con la mano.

"¡Lo he vuelto a hacer! ¿¡Pero por qué se me tienen que escapar a mí estas cosas!?"

Armin ya se temía lo peor; como que, en cualquier momento, su compañero mostraría unos dientes muy afilados y luego se abalanzaría sobre él para beberse su sangre… Sin embargo, lo que pasó al final fue mucho menos dramático. Marco simplemente giró la cabeza (quizás con lentitud pero sin llegar a darle escalofríos) y le observó enarcando una ceja, al mismo tiempo que sonreía; incluso su mirada parecía ahora amable.

–Además, je je… –Armin, ya más confiado, se atrevió a continuar–. Conociendo a Annie, en cuanto Eren le dé una sola mala contestación, ¡seguro que le pone en órbita de una patada! Para ella no sería ningún problema…

"A diferencia de Mikasa. Y otra vez, no puedo evitar preguntarme… ¿Hasta qué punto habrían cambiado las cosas, si ella hubiera estado dispuesta a hacerle eso a Eren, desde el principio? Aunque ya es demasiado tarde, ¿verdad? Es como lo de que Mikasa y Annie podrían haber sido amigas… Quizás no fuese un destino inevitable, pero es el que tenemos ahora. Cuando el futuro se convierte en presente y luego en pasado, ya no hay vuelta atrás."

–Pues sí, tienes razón –reconoció Marco, interrumpiendo con amabilidad aquellas reflexiones–. Annie no es de las que se dejan avasallar, precisamente…

Hizo otra vez esa mueca con los labios, como si hubiese contado un chiste que sólo entendería él; a Armin, al menos, no le hacía gracia imaginarse de lo que Annie sería capaz, estando enfadada… seguro que se parecería a lo que Mikasa era capaz de hacer, en ese mismo estado. Pocas veces había visto perder la calma a su amiga de la infancia; pero cuando ocurría, la experiencia siempre resultaba aterradora, aun sabiendo que ella estaba de su parte.

Ahora fue el pecoso quien se dio cuenta de que el silencio estaba volviéndose incómodo.

–Eh, por cierto… –Marco intentó animar a su compañero–. Bien visto, lo de antes. Apenas te propuse la idea y ya acertaste con el nombre. Bueno, ¿qué te parece?

–Arriesgado, quizás… –Armin titubeaba, pero decidió valerse de un poco de humor para continuar–. Je, provocar un enfrentamiento así… Te recuerdo que el plan original era comprar unos guantes en esa tienda de la que hablabas. No sé cómo lo conseguiremos, si entre Annie y Mikasa terminan destruyendo la ciudad…

Lo último lo había dicho en broma, obviamente; más bien se temía que, si las dos luchadoras trataban de acabar de una vez por todas su duelo inconcluso, quizás en Trost tendrían aún menos suerte. Si las dos chicas se liaban a patadas en mitad de una calle, con todo el gentío tan característico de aquellas fechas, no serían los instructores quienes las interrumpiesen, dejándolas marchar con una simple advertencia; los oficiales de las Tropas Estacionarias o la Policía Militar tomarían medidas mucho más drásticas, para mantener el orden dentro de su jurisdicción.

Sin embargo, a juzgar por la expresión de Marco, a caballo entre la sorpresa y el terror, lo de "destruir la ciudad" era una posibilidad que no se le había ocurrido antes… y que ahora ya no podía dejar de plantearse, desde que Armin se la mencionó.

–A-a ver, bueno, no creo que… –el pecoso se recuperó con rapidez, esbozando una sonrisa bastante forzada–. ¿Toda la ciudad? Je, a Mikasa y Annie quizás sólo les daría tiempo a destruir media, antes de cansarse…

Armin suponía que se trataba de un chiste, pero la mueca que volvieron a formar aquellos labios no le tranquilizó para nada. Marco debió de sentirlo, porque enseguida trató de aquietar sus temores.

–Mira, sé que todos tenemos ganas de ver ese combate… –el pecoso empezó a gesticular con las manos, para darle más énfasis a sus palabras–. Pero no es ésa mi intención, ¡en serio! La idea es que Annie y Mikasa puedan estar a solas, por una vez, para hacer lo que ellas quieran. Pelear tranquilas, sentarse a charlar un rato o simplemente lanzarse esas "miradas de la muerte" que ya deberían haber patentado…

Armin sí se rió esta vez; intentó contenerse y al final sólo le salió una especie de risotada por la nariz, como si hubiese estornudado. Marco también pareció relajarse con aquello.

–Entonces tenías tú razón –contestó el rubio–. Eso que sería un buen regalo para las Fiestas de Invierno.

–¿A que sí? –respondió su compañero, animado–. Debe ser el espíritu de esta época, ¿verdad? La gente se siente más abierta, más dispuesta a escuchar… Es ahora cuando algo así podría funcionar. Además, por unas chicas tan especiales… –aquellos ojos marrones brillaron con intensidad–. Uno estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por ellas. Lo mínimo que se merecen es que puedan hacer, por una vez, lo que les dé la gana, con toda libertad y sin que interfiera nadie.

Armin asintió; era algo con lo que podía estar de acuerdo. Supuso que Marco se refería sobre todo a Annie; por su parte, el chico de Shiganshina tenía en mente, más bien, el bienestar de Mikasa. De hecho, al pensar en su amiga de la infancia, recordó otra dificultad con la que se había topado, cuando repasaba mentalmente el plan para comprarle aquellos guantes negros.

–Hum, ¿Marco? Si Mikasa no puede venir con nosotros a la tienda, ¿qué me sugerirías para acertar con la talla de los guantes? Podríamos intentar adivinarla, quizás tengamos suerte, pero…

–Ah, eso no será necesario –le interrumpió el pecoso con suavidad, sonriendo–. Piénsalo bien. Hay al menos un par de chicas que tienen una constitución parecida. Seguramente sus manos son igual de grandes, no será tan difícil convencer a alguna de ellas…

Entonces guardó silencio y miró al frente, muy serio; Armin siguió aquella mirada y no tardó en comprender la razón.

De repente, el Muro parecía estar mucho más cerca; casi al alcance de la mano.

–Bueno –Marco sonrió–. Por fin hemos llegado.