GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – Los lectores más atentos se habrán dado cuenta de que el género del fic y los personajes destacados en el resumen siguen siendo los mismos, pero con una pequeña diferencia: ahora hay un "pairing" que no estaba ahí antes; y es por una buena razón. La historia continuará a un ritmo pausado y todavía tardaremos en llegar a ese punto… pero llegaremos, tenedlo por seguro.


CAPÍTULO 8 – OTRA PERSPECTIVA

Publicado el 6-7 de abril de 2016, con una extensión de 2.072 palabras.


–No te preocupes –le dijo Eren a Armin con una sonrisa–. Aguanta un poco más, que ya casi hemos llegado.

Mikasa no necesitaba tener una mente tan prodigiosa como la de Armin, para darse cuenta del pequeño resoplido que dejó escapar su rubio amigo; los labios torcidos en un gesto de desagrado, un brillo de sutil amargura en aquellos ojos azules normalmente tan vivos… y que ahora en cambio parecían enfermos, clavados obcecadamente en el enorme Muro que ya se veía a lo lejos.

La muchacha también pudo ver con claridad la expresión ligeramente confundida de Eren, aunque (como de costumbre) al chico no le duró demasiado y tras un leve encogimiento de hombros volvió a mirar al frente, igual que su compañero y amigo de la infancia. Mikasa no tardó en hacer lo mismo y los tres se quedaron callados, limitándose a observar en silencio el Distrito-Ciudad de Trost, un poco más cercano con cada paso que daban.

La cadete de ojos negros no se sentía muy animada con lo que había visto y oído en sus amigos, sus hermanos; los miembros de su nakama, su familia. Mikasa no solía hablar mucho, pero eso no significaba que estuviese ciega o sorda. De hecho, con el tiempo ella se había ido dando cuenta de que no le costaba tanto detectar ciertas señales sutiles en los demás: pequeños cambios en el lenguaje corporal, la expresión, la forma de hablar… Tampoco tenía dificultades para retener lo que ocurría a su alrededor en general, ni lo que hacían o decían otros en particular.

La joven Ackerman había terminado descubriendo y aceptando que sus compañeros (quizás con alguna excepción) no percibían "la realidad" de la misma forma que ella, con la nitidez que le aportaban unos sentidos extremadamente desarrollados. Mikasa podía recordar las cosas con facilidad y exactitud extraordinarias, por mucho tiempo que hubiera pasado, como si lo que ocurría se grabase a fuego en su memoria, aun sin proponérselo.

Su cuerpo, al igual que su mente, también parecía capaz de actuar por sí solo, recordándolo todo y llevándolo luego a la práctica casi a la perfección: una respuesta automática y precisa, letal, como si en muy poco tiempo sus instintos se hubiesen desarrollado hasta un punto que otras personas sólo podrían alcanzar después de años de entrenamiento y esfuerzos constantes.

"Quizás no es justo… pero la vida no es justa. Hace ya tiempo que me di cuenta de eso, por las malas. Tengo que aprovechar bien todas mis ventajas, para sobrevivir en este mundo tan cruel. No es culpa mía que me hayan tocado mejores cartas que a los demás, yo no pedí nada de esto."

Mikasa estaba segura de que todo se debía a aquel día, a aquel instante en el que su vida había cambiado para siempre: cuando con apenas diez años y un cuchillo en las manos, mató a una persona para salvar a otra… para salvarle a él, después de que él la hubiese salvado a ella; en cierto modo, Eren volvió a darle la vida a ella, con una intensidad desconocida hasta entonces, hasta aquel día.

"¡Lucha! ¡Para ganar tienes que luchar! ¡Si no luchas no puedes ganar!"

"Lo que cambiaron las cosas en apenas unos segundos… Los policías militares luego no podían creerse que Eren y yo les hubiéramos hecho eso a tres hombres mucho más grandes que nosotros, pero así fue como ocurrió. Algo se encendió dentro de mí, en aquel instante… Yo no tenía esa fuerza y esa agilidad antes. Con mis sentidos pasa lo mismo, hasta aquel día no lo percibía todo con tanta claridad y tanto detalle… Tiene sentido, ¿no? Si esto es una especie de mecanismo de defensa, de supervivencia, entonces lo lógico es que mi mente y mi cuerpo estén al mismo nivel. De poco me sirve ser la más fuerte o la más ágil, si ni siquiera puedo ver al enemigo… Porque en este mundo tan cruel, en realidad ni siquiera estábamos a salvo dentro de los Muros, antes de que empezaran a destruirlos. En este mundo, a veces las personas son peores que los titanes. Podrían intentar matarnos en cualquier momento…"

Desde luego, incluso en mitad de todas sus reflexiones, había una cosa que Mikasa seguía teniendo clara: siempre utilizaría sus habilidades para proteger a los suyos, a su nakama. Costase lo que costara. Y ahora que pensaba en ellos…

Justo en ese momento, la joven de negros cabellos sintió la mirada de Armin, examinándola casi furtivamente, como si el rubito quisiera saber en qué estaba pensando ella exactamente.

"Y quizás lo consiga, je… Armin es una de las personas que mejor me entienden. O más bien, una de las pocas personas lo bastante cercanas como para conocerme de verdad. Eso sí, es muy listo y muy despierto, mucho más que Eren…" Mikasa torció apenas perceptiblemente los labios; contuvo un leve resoplido, al pensar en la abismal diferencia de percepción entre sus dos hermanos. "Es como si lo que le faltase a uno tuviera que sobrarle al otro con creces…"

Y ahora, viendo así a Armin, tan alicaído, Mikasa no podía evitar sentirse un poco impotente; habría querido animarle, pero no sabía cómo.

"Supongo que ver el Muro trae malos recuerdos. ¿Cómo no acordarse? Todos esos titanes acechando al otro lado, en territorio invadido que pertenecía a la Humanidad antes de la Caída. Cientos de miles de muertos, a manos de los monstruos o en la operación suicida que luego programó el Gobierno… Armin perdió ahí a su abuelo, pero sus padres ya estaban desaparecidos entonces y él sospecha que también fue cosa del Gobierno. No habla de eso a menudo, se nota que todavía le duele… Nos duele a los tres, siempre nos dolerá. Hemos perdido mucho. Demasiado."

Armin no era el único entre lúgubre y malhumorado; a juzgar por su expresión, Eren debía estar pensando en lo mismo. Mikasa recordaba a Carla, que prácticamente había sido otra madre para ella; y también la había perdido.

Los tres cadetes siguieron avanzando con la vista al frente, serios, manteniendo un silencio casi solemne; no necesitaban palabras para compartir aquel dolor, ni para brindarse mutuamente apoyo con su simple compañía.

Aun así, Mikasa intuía que por la cabeza de Armin pasaba algo más en ese momento; lo veía en su rostro, en sus gestos, aunque él no se diese cuenta. La chica dejó escapar un pequeño suspiro, ocultándolo discretamente gracias a su bufanda.

"De poco me sirve tener unos sentidos con los que puedo captar todo tipo de detalles, si luego no soy capaz de sacar buenas conclusiones a partir de esa información. Ay, Armin, a veces no sé qué hay dentro de esa cabecita tuya, ni siquiera con toda mi percepción… ¿A qué le estarás dando vueltas ahora? Siempre admiraré tu habilidad para analizar un asunto desde todas las perspectivas posibles, con predicciones tan precisas que casi parece que pudieras adivinar el futuro. Eres capaz de explicarnos las cosas de tal forma que Eren y yo también les vemos el sentido, verdadero y a menudo oculto, cuando sin ti nunca se nos habría ocurrido. Armin, a veces tu mirada llega mucho más lejos que la mía… ¡Y es tan frustrante saber que necesitas ayuda, pero no cómo dártela! Tu mente es tan compleja, que incluso tú mismo puedes perderte ahí dentro, en esa maraña de pensamientos donde nadie más es capaz de encontrarte. Si analizas todo tanto y estás siempre dándole vueltas a todas las posibilidades, corres el riesgo de no tomar ni una sola decisión. ¿No me dijiste una vez que la opción más sencilla suele ser la correcta? Quedarse parado y no hacer nada, podría ser peor…"

Mikasa reconocía que ella no se complicaba tanto; también tenía una buena "vista" que podía llegar bastante lejos, aunque sin tanta profundidad como la de Armin, que pensaba demasiado en todas las implicaciones posibles, hasta terminar paralizado por su propia mente y ser ya incapaz de reaccionar. La joven, en cambio, solía buscar con rapidez la solución más sencilla (y más obvia) y luego reaccionaba en consecuencia, aplicando a ello todas sus destrezas; en el Cuerpo de Cadetes, naturalmente, no había tenido problemas para hacer justo lo que se esperaba de ella e incluso ir un poco más allá, pero ahora se trataba de ayudar a su hermano… y eso ya era otro asunto completamente distinto, tan complejo como el propio Armin.

Mikasa podría ser la más fuerte y la más rápida de su Promoción, pero por eso mismo tenía miedo de hacerle más daño que bien a Armin si intervenía; con toda esa fuerza y tratándose de una mente tan complicada, sería mala idea intentar buscar una solución antes de saber en qué consistía exactamente el problema.

"Una vez me dijiste que las palabras adecuadas, en el momento oportuno, pueden curar a alguien… y ese poder me asusta. Yo no tengo el mismo don que tú para las palabras, temo usar las equivocadas y destruir en vez de curar."

El respeto de Mikasa por la palabra hablada se debía, en parte, a su costumbre de limitarse a observar en silencio, sin llegar a intervenir; a diferencia de Armin, que observaba y hablaba con una soltura envidiable, sobre todo tratándose de gente con la que ya tenía confianza.

"O quizás ese respeto viene del hecho de que yo ya sé, bastante bien, hasta qué punto puede cambiar la vida en un instante, tan sólo con unas palabras. Lo he vivido. Es lo que me ocurrió, lo sentí en mi propia carne. Aquel día, cuando Eren me habló… ¿O acaso es un temor absurdo y estoy intentando racionalizarlo? Pero nada, aun así no me atrevo a hacer lo mismo con Armin, porque, ¿y si sale mal?"

Mikasa volvió a pensar en lo distintos que eran los miembros de su nakama; toda la confianza que le faltaba a Armin, en cambio parecía brotar de Eren como un torrente, hasta el punto de llegar a la temeridad y la inconsciencia… aunque no podía criticar del todo esas facetas de su hermano, porque eran precisamente las que le habían salvado aquel día, las que habían contribuido a que ella fuese quien era hoy, con toda su agilidad y toda su fuerza.

"Armin sabe mucho, demasiado, y al final termina quedándose paralizado, sin hacer nada. Eren no tiene ni idea de lo que está haciendo la mayor parte del tiempo, y aun así, incluso sin proponérselo, ¡vaya con los resultados!"

A veces, sólo a veces, Mikasa se planteaba si no sería ella la peor de los tres: era suficientemente perceptiva como para darse cuenta de algunas cosas (las suficientes), y también tenía unas habilidades fuera de lo común… pero luego ni siquiera intentaba hacer algo para cambiar la situación, por ese temor suyo a usar demasiada fuerza en un terreno para el que no estaba preparada.

"¿Y lo estaré algún día? Hoy no. ¿Mañana? Si quiero que las cosas cambien, al menos tendré que intentarlo, para variar. Decir algo, hacer algo… ¿Qué es lo peor que podría pasar en realidad? No creo que sea tan malo, y puede que ni siquiera llegue a eso. ¿No es más importante ayudar a Armin, ahora que él lo necesita? Por una persona tan querida para mí, por mi familia, merece la pena arriesgarse a cambiar. Y si de algún modo consigo hacer como Eren, siguiendo por ese camino, hasta que yo también pueda usar mis palabras para animar a otros… Ser capaz de hablar para curar, no sólo a Armin, sino también a Eren. Ser capaz de consolar a Eren, no sólo con palabras, sino también de otras formas. Todo lo que guardo en mi corazón, aunque a veces no sé exactamente qué es…"

Mikasa trató en vano de combatir el leve sonrojo que volvía a asomar a sus mejillas, pensando en que si ella pudiese hacer por Eren lo que él ya había hecho por ella, entonces también podría ayudarle a él a convertirse en más; cada uno inspiraría al otro, haría que fuese mejor… animándose con la dedicación mutua, entre personas especiales la una para la otra.

"Ya está. Voy a hacerlo. Todo comienza aquí y ahora. Ayudaré a Armin a solucionar su problema. Yo también aprenderé a usar el poder de las palabras. Voy a hacerlo. Esto empieza a cambiar a partir de ahora. Está ya a punto. Nada me impedirá…"

Y entonces apareció Marco Bott.