GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – ¡Hola de nuevo! La cosa ha ido bien y esta vez he logrado publicar el capítulo antes de lo previsto. ¡Aseguraos de haber leído el anterior! Y por cierto, veréis que aquí se hace mención a un personaje que no está entre los destacados, pero que también va a terminar cumpliendo un papel importante. ¡Pocas cosas se dejan al azar!


CAPÍTULO 9 – EL PECOSO Y LA CAZADORA

Publicado el 9 de abril de 2016, con una extensión de 3.201 palabras.


Y entonces apareció Marco Bott.

"¡Vaya, hombre!" Mikasa frunció el ceño, levemente contrariada, al ver acercarse al moreno pecoso. "Ahora que por fin iba a decirle eso a Armin, tenía que venir él, aunque… ¿De verdad iba a hacerlo? Quizás sólo estoy tratando de convencerme a mí misma, porque con Marco presente ya tengo excusa para seguir posponiéndolo. Quizás al final de todas formas no me habría atrevido a decir lo que debía decir, incluso si Bott no estuviera aquí."

Aun así, la joven no pudo evitar sonreír un poco, como si el pecoso le contagiase algo de su alegría con su mera presencia.

"¿Y no será mejor así? Conozco a Marco. Si alguien puede hablar con Armin, averiguar qué le pasa y animarle, es él. Podría pedirle que me ayudara con eso, aunque ahora que lo pienso… ¿Por qué ha venido? Quizás tiene una especie de sentido especial, con el que sabe si alguien necesita su ayuda, precisamente."

Ya viéndole más de cerca, le pareció que incluso las pecas de Marco sonreían. Su cabellos negros escapaban en algunos mechones sueltos por debajo de su gorro, de lana marrón oscuro al igual que su bufanda y sus guantes. Como los demás cadetes, llevaba un grueso chaquetón gris pardo y una abultada mochila, aunque a él no parecía pesarle demasiado; al fin y al cabo, era uno de los mejores de su Promoción, se rumoreaba que seguramente terminaría entre los diez primeros. Sus ojos castaños reflejaban la luz del sol y, en cierto modo, transmitían esa misma calidez.

–¡Buenos días! –saludó Bott, con sincera amabilidad–. ¿Qué tal todo? Espero que bien…

Los tres de Shiganshina respondieron de la misma manera, sonriendo. De pronto, el camino ya no se les hacía tan largo, ni su destino tan lejano; de pronto, las mochilas parecían pesar un poco menos, e incluso las cargas que no podían verse también eran más ligeras. Mikasa no sabía si sólo lo notaba ella, por sus sentidos agudizados; pero aquello le hizo sonreír más todavía, aunque sus labios seguían escondidos detrás de su bufanda negra.

"En serio, Marco… ¿Cómo lo haces?"

Sin embargo, por un momento, la muchacha creyó ver que una sombra cruzaba el rostro de Armin; como si en un lapso de tiempo tan breve, la mente oculta tras esos ojos azules ya hubiese encontrado, de algún modo, una razón para volver a desanimarse. Mikasa tuvo que contener un pequeño suspiro de resignación; ayudar a su amigo iba a ser más difícil de lo que creía.

–Eren, Mikasa –Marco pronunció sus nombres con aquella voz tan clara y tan cálida–. ¿No os importa si Armin y yo nos quedamos atrás un momento? Hay una cosa de la que necesito hablar con él… y es un poco, hum, personal.

Luego el moreno pecoso se pasó un dedo por el puente de la nariz, un gesto que la chica de ojos negros reconoció al instante; ya había visto a su compañero hacerlo otras veces, delatando un nerviosismo que apenas se reflejaba en la superficie. Como de costumbre, a Mikasa le habría costado más hacer un esfuerzo consciente para dejar de prestar atención a ese tipo de detalles; trató de ser discreta en su examen y pasar desapercibida, porque tiempo atrás ya se había dado cuenta de que la gente podía sentirse incómoda o intimidada si se les quedaba mirando fijamente. Observar a los demás sin que lo notaran era todo un arte… y aun así, siempre habría excepciones. En todo caso, Marco no parecía demasiado nervioso.

Eren se extrañó un poco con aquello, pero asintió enseguida; Mikasa y él se despidieron de sus compañeros con una inclinación de cabeza. Armin ya parecía más animado, con la idea de quedarse un rato a solas hablando con Marco.

"Me alegro por Armin, es lo que necesita en este momento. No me quedaría tranquila del todo, si se tratara de cualquier otra persona, pero en Marco sí se puede confiar. Además, los dos suelen sentarse en la misma mesa para limpiar el equipo de maniobras, así que ya estarán acostumbrados a hablar de sus cosas. Tendrán sus temas favoritos, y todo…"

Y con la tranquilidad de saber que su hermano estaba en buenas manos, Yeager y Ackerman apretaron el paso para adelantarse unos metros y dejarle algo de intimidad a los otros. Eren habría parado antes, pero Mikasa siguió avanzando y aumentó un poco más la distancia; el moreno de ojos claros enarcó una ceja, extrañado pero no molesto, y mantuvo el mismo ritmo que ella, detalle que la chica le agradeció silenciosamente.

De hecho, Mikasa se sintió bien, incluso un poquito halagada: Eren había decidido permanecer junto a ella, en vez de quedarse atrás por sí solo; de nuevo, una sensación cálida y reconfortante, extendiéndose por su pecho y por todo su cuerpo… pero esta vez no soñaba despierta, sino que estaba ocurriendo de verdad, justo a su lado.

De pronto, Mikasa pudo respirar hondo, satisfecha, como aliviada por haberse quitado de encima un peso que hasta entonces desconocía llevar. Volvió a notar cierta sensación de "placer culpable", al pensar que por fin había conseguido quedarse un rato a solas con Eren, sin nadie más… pero en cuanto esa idea cruzó su mente, la culpa ya fue bastante mayor. En cierto modo, se sintió traidora por haber tachado así a Armin, como si fuera un estorbo en vez de otro miembro de su pequeña nakama.

Y por un instante, le pasó por la cabeza una terrible pregunta: si en una situación límite sólo pudiera salvar a uno de sus dos hermanos, Eren o Armin… ¿a quién de ellos elegiría?

Intentó no pensar más en aquello, ignorarlo y olvidarlo… pero la sombra de su respuesta, para la que no había dudado ni un segundo, todavía estaba ahí; y sólo con eso, ya se sentía como si fuera una persona horrible.

Sin embargo, Mikasa no podía negar que buena parte de ella preferiría poder pasar más tiempo a solas con Eren, sin la presencia constante de Armin.

"Pero eso no es del todo cierto, ¿verdad? Armin no está siempre con nosotros, de hecho es el más tiende a relacionarse con los otros cadetes. ¿Acaso es consciente de mis deseos egoístas, de que a veces tengo la impresión de que él sobra? Quizás se aparta de nuestro lado para dejarnos espacio…"

De ser así, Mikasa tendría que agradecerle el gesto al rubito de ojos azules… al mismo tiempo que seguía sintiéndose como la peor persona del mundo, por haber hecho que Armin se distanciase, ¡después de todo lo que habían pasado juntos! Y también tenía miedo de que algún día pasase algo terrible y ella no pudiera protegerle y a él le ocurriese alguna desgracia y entonces fuera culpa suya que…

La muchacha consiguió detener por un instante aquel torbellino de desordenados remordimientos; respiró hondo varias veces, permitiendo que el aire fresco entrara en sus pulmones, hasta despejar por completo su mente gracias al frío de aquella mañana invernal. El aire escapaba luego por entre sus finos labios y a través de su bufanda, formando una gran nube de cálido vaho delante de ella; se sintió mucho mejor.

Después de tranquilizarse, Mikasa recapacitó y se dio cuenta de que, en realidad, no era como si estuviese apartado a empujones a Armin; no estaba dejándole acurrucado contra una esquina, solo y desamparado, olvidado y abandonado por todos. Era el propio Armin quien buscaba la compañía de los demás, para ir conociendo mejor a sus compañeros; él siempre había sido el más sociable de los tres, a la joven en cambio le costaba relacionarse con gente que no fuera de su pequeño círculo de confianza. Aquello le estaba viniendo bien al rubio; ya se le veía mucho más seguro de sí mismo.

Mikasa no necesitaba mirar atrás para poder oír a Armin hablando animadamente con Marco, sobre una parte de todas esas cosas que le pasaban por la cabeza, contándoselas a alguien que seguramente podría entenderle mejor que los demás, tanto por inteligencia propia como por estar ya acostumbrado a ese tipo de charlas; y eso hizo sonreír a la chica, más convencida aún de que siempre sería buena idea facilitar el contacto entre los dos muchachos.

Sin embargo, siempre estaba el peligro de que Armin terminara yéndose de la lengua, en algún momento; pero a pesar del riesgo, y de lo mucho que le gustaba al joven hablar sobre política, Mikasa tenía la intuición (acompañada por lo que percibían sus sentidos) de que Marco no traicionaría por algo así a un compañero, por mucho que al pecoso se le conocieran sus intenciones de alistarse en la Policía Militar para servir al Rey y al Gobierno.

Mikasa tenía bastantes razones para desconfiar de la gente en general, con la obvia excepción de los miembros de su pequeña nakama; aun así, tras convivir durante años con sus camaradas del Cuerpo de Cadetes, y siempre valiéndose de su percepción e instinto, había algunas personas en las que sí podía confiar un poco más… y Marco Bott era una de ellas.

"¿Cómo no voy a confiar en él? Armin es el más sociable de los tres, pero también el que más duda de sí mismo. Los dos años que pasamos en el campo de refugiados no fueron fáciles… Tampoco lo fue alistarse en el Ejército, al menos al principio, pero a Armin ya se le nota cada vez más confiado, más seguro. Y creo que ahí Marco ha tenido bastante que ver, no es casualidad que los dos acostumbren a limpiar el equipo y hacer otras cosas juntos. Con el tiempo, esa seguridad que Armin siente hablando con Marco, ya se la he visto cada vez con más gente y en distintas situaciones. También ayuda ir conociendo mejor a los compañeros, poco a poco…"

Mikasa miraba a Armin y cada vez le veía más como la persona que podría llegar a ser, si algún día era capaz de combinar su gran inteligencia y asombrosa percepción con ese arrojo entusiasta (y a menudo temerario) del que Eren tenía de sobra.

La chica sonrió con delicadeza. De pronto, sintió que el paisaje nevado que se extendía ante sus ojos era una hermosa visión; algo por lo que merecía la pena seguir levantándose por las mañanas… seguir luchando. Volvió a respirar profundamente, con una relajada sensación de tranquila plenitud.

"Marco suele causar ese efecto en los demás, ¿verdad? Les ayuda a ser todo lo que pueden llegar a ser. No ocurre sólo con Armin…"

El primer ejemplo que le vino a la cabeza, con claridad no tan sorprendente, fue Sasha Braus.

La cazadora de Dauper era una chica tan atolondrada como voraz, siempre derrochando esas energías que luego parecía reponer comiendo todo lo que podía, como si no hubiera mañana ni tuviese fondo su estómago. A pesar de actitudes tan dispares, había cierto parecido físico entre ambas muchachas: una constitución delgada, ágil y fuerte, incluso similar altura; cabellos oscuros, aunque algo más claros en el caso de Sasha (tirando a castaños), que se los recogía en una cola de caballo tan viva y alegre como ella misma; sus ojos castaños, amables y cálidos, recordaban un poco a los de Marco.

Y precisamente, del mismo modo que Armin solía sentarse con Marco para el mantenimiento del equipo de maniobras, Mikasa acostumbraba a hacer otro tanto con Sasha en su propia mesa. No había posiciones fijas en aquellas sesiones, pero los cadetes casi siempre se agrupaban de la misma forma que les había tocado al principio, dejándose llevar por la fuerza de la costumbre.

Y poco a poco, sin proponérselo, como con tantas otras cosas que en realidad ocurrían tras un inicio casual más que por una decisión consciente, Sasha y Mikasa habían ido acostumbrándose a compartir mesa; y no sólo para el mantenimiento, también hacían lo mismo a veces en el comedor. No sabría decir cuándo exactamente, pero en algún momento la joven oriental había terminado incluyendo, en su reconfortante rutina diaria, a la extrovertida (y un tanto excéntrica) cazadora de Dauper, agradable y vivaz compañera.

"Pero tengo la impresión de que Sasha intenta compensar algo. Cierta timidez, cierta inseguridad, quizás por venir de un pueblo pequeño y verse de pronto rodeada de desconocidos… A mí me pasó un poco lo mismo al principio, aunque ella también tiene la presión de quedar entre los diez primeros para optar a un puesto en la Policía Militar, yo en cambio sé que voy a terminar en la Legión. Y su forma de hablar, tan rebuscada a veces, como si quisiera disimular sus orígenes consiguiendo justo lo contrario…"

Casi todo en Sasha chocaba de manera frontal con el carácter de la chica de ojos negros: Mikasa era tranquila, silenciosa, reservada, discreta… y sin embargo, a una parte de ella le habría resultado extraño no tener a la cazadora a su lado, de vez en cuando. Por ejemplo, si los cadetes hacían tanto ruido en el comedor que Shadis se acercaba para castigarles, había un remedio infalible para evitar su furia.

"La cadete Braus se ha tirado otro de sus enormes pedos, señor."

Mikasa sólo tenía que decir eso, con expresión muy seria, para que el Instructor Jefe pusiese su mejor cara de póquer y se fuera por donde había venido, olvidado por completo el castigo; debía ser que a Shadis le desconcertaba el súbito sentido del humor de la joven, aunque ella era la más sorprendida por haber hecho algo así tan espontáneamente, por primera vez en años.

"También tiene gracia cuando Sasha me pregunta si puede quedarse con mi panecillo, antes de haberlo empezado… y entonces me lo voy comiendo delante de ella, lo más lentamente posible. Pero nadie es capaz de sostenerle demasiado tiempo esa mirada tan desilusionada y tan apenada. ¡Da una lástima… como mirar a los ojos a un cachorrillo! ¿Quien podría cometer semejante crueldad?"

Así que al final Mikasa, aun siendo plenamente consciente de la manipulación emocional (tan descarada como efectiva), se compadecía y terminaba compartiendo su pan con Sasha la mayoría de las veces.

"Desde luego hay que reconocerle el mérito. ¿Quién decía que Braus no tiene talento? Además de lo suyo, casi siempre consigue comerse también parte de lo mío, sin proponérselo… ¿o es justo lo contrario? ¡Al final va a ser ella la más lista de todos!"

La idea le hizo sonreír, alegrándose por las pequeñas victorias de alguien a quien, quizás, podría considerar una amiga.

"En realidad, ¿por qué le tomo así el pelo a Sasha? Casi nunca le gasto bromas a nadie, pero con ella es como si fuese lo más natural del mundo. Y no importa cuántas veces se lo haga, nunca pierde la paciencia por eso. De hecho, aunque es muy emotiva, todavía no ha estallado contra nadie… ¡Tiene una resistencia tan grande como su apetito!"

Sin embargo, su capacidad para prestar atención, o más bien aparente ausencia de la misma, ya era otra cuestión completamente distinta: Sasha, sobre todo al principio, revoloteaba constantemente de un lado para otro, como un pajarillo ansioso incapaz de centrarse más de diez segundos seguidos en una sola cosa… antes de que cualquier otra captase su interés, durante otros diez segundos, para luego volver a empezar aquel ciclo, saltando sin parar.

Y no obstante todas sus dificultades, Sasha había desarrollado un poderoso instinto, más aún que el de Mikasa para algunas cosas; un instinto casi primario, en estado natural… que a veces no parecía del todo humano.

Mikasa no las había tenido todas consigo, durante la primera sesión de mantenimiento; los instructores empezaron explicando para qué servían las distintas partes del equipo de maniobras, luego animaron a los cadetes a desmontar y volver a montar cada uno el suyo… y Sasha estuvo a punto de tragarse accidentalmente una de sus piezas. La cazadora tenía ciertas habilidades, pero al principio la mecánica no había sido una de ellas; montar el equipo le costó bastante más que a la mayoría de sus compañeros, aunque al final consiguió hacerlo sin que le sobrara ninguno de los componentes.

"Lo importante es que Sasha terminó aprendiendo… y desde entonces, aunque no sepa para qué sirve exactamente cada pieza, casi puede hacerlo con los ojos cerrados, como si ya lo hubiese convertido en una parte de su instinto."

Mikasa había ido ayudando a su compañera, en ésa y otras materias, con toda la paciencia de que era capaz… bastante; y aun así, Sasha la había puesto a prueba en varias ocasiones. En general, todos los cadetes habían ayudado en algún momento a la cazadora de Dauper, tan diestra para algunas cosas y tan torpe para otras. Sin embargo, Marco había sido el más amable y atento en aquellas explicaciones, con diferencia.

"Nunca le he visto perder la calma con Sasha. Si ella no comprende algo, él sigue dándole vueltas hasta encontrar otra manera de explicárselo. Le he visto usar todo tipo de ejemplos y comparaciones, a veces incluso se pone a contar unas historias… Lo más curioso es que funciona, porque al final siempre consigue hacérselo entender, aunque parezcan estar hablando en otro idioma."

Mikasa, en su papel de observadora privilegiada (tanto por sus sentidos como la posición que ocupaba), había podido ver la forma en que se iluminaba el rostro de Sasha cuando aprendía una cosa nueva, gracias a Marco. La presencia del pecoso también parecía relajar a la cazadora, hasta tal punto que a veces ella se ponía a hablar de un modo mucho más natural y auténtico, olvidándose por un momento de las frases rebuscadas con las que intentaba (en vano) encubrir su origen humilde.

"Es… hermoso. Ver a alguien brillar así, alcanzando su potencial, como un pajarillo que despliega sus alas y al fin puede volar…"

Sasha seguía siendo ella misma, desde luego; pero en comparación con los primeros días, ahora se encontraba mucho más centrada. "Cadete Braus" y "aspirante al cuerpo de élite" ya no eran conceptos tan dispares como al principio. Sasha Braus: ágil, fuerte y rápida; atenta, despierta y segura de sí.

"Y en buena parte ha sido gracias a Marco, con su labor constante y discreta. Siempre está esforzándose, por sí mismo y por los demás. Alguien así, con quien se puede contar para ayudarte si lo necesitas… ¿Cómo no voy a confiar en él?"

Y justo en ese momento, precisamente, le pareció oír a Marco pronunciando sus nombres (Eren, Mikasa), a pesar del esfuerzo consciente que ella hacía para ignorar la conversación.

"Pero no nos han llamado… ¿Están hablando de nosotros? ¿De qué se trata? Bueno, somos amigos de Armin, es normal que salga el tema. Además, tratándose de Marco, no creo que sea nada malo, ¿verdad? Confío en él."

Sin embargo, tenía la impresión de que estaba escuchando hablar a Marco de manera mucho más agitada de lo habitual… pronunciando otra vez sus nombres, en varias ocasiones. Mikasa estuvo tentada de dejarse llevar por la curiosidad, aguzar el oído deliberadamente y prestar atención a lo que decían sus compañeros; algo para lo que no habría tenido problemas, a pesar de la distancia, gracias a sus sentidos.

Y de repente…

"Vaya, mira tú por dónde. Ahora es el Jefe Shadis quien viene hacia aquí."