GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS
NOTA DEL AUTOR – ¡Ya casi hemos llegado a Trost! En serio…
Quiero aprovechar para darle las gracias a MadameVacaNegra-San por la review que me dejó en el último capítulo de "Ni Idea"; y también a Sber, por la suya en "Caminos que se cruzan".
CAPÍTULO 10 – TENSIÓN CRECIENTE
Publicado el 14-15 de abril de 2016, con una extensión de 2.834 palabras.
"Vaya, mira tú por dónde. Ahora es el Jefe Shadis quien viene hacia aquí."
La estampa que presentaba el Instructor era formidable, imponente su presencia, a lomos de su caballo zaino con crines negras. Por el contrario, la implacable calva del viejo Keith relucía al sol; no llevaba gorro, ni lo necesitaba, como si ya no le importase el frío. En su curtido y arrugado rostro destacaban unos ojos marrones, muy claros, que pese a la luz del día parecían perpetuamente sumidos en sombra; en su mirada había algo fúnebre, mortecino y sin brillo, como si una parte de él ya no siguiese del todo con vida.
A veces, aquellos ojos se perdían a lo lejos, como buscando algo que ya no estaba ahí… o a alguien; y quizás podían verlo.
Mikasa se preguntaba si sus propios ojos tendrían también ese aspecto.
Shadis seguía acercándose al trote, con su característico chaquetón oscuro de Instructor Jefe ondeando tras él, cual siniestra capa… o como las alas de un demonio de casi dos metros de altura.
Hubo un tiempo en el que Mikasa había compadecido a aquel hombre. No era algo de lo que se hablase a menudo (desde luego al Jefe no le haría gracia), pero Keith Shadis había sido Comandante de la Legión de Reconocimiento hasta el mismo día del Ataque a Shiganshina; incluso se rumoreaba que había presentado su dimisión justo antes.
La muchacha siempre recordaría aquel día, ¿cómo no hacerlo? Habían vuelto a destruir su hogar y casi había perdido a toda su familia por segunda vez.
"Los dos hemos sufrido, pero a diferencia del Jefe yo no voy pagándolo con los demás, ni descargo sobre ellos mis frustraciones. Habría que esforzarse para proteger a otros, intentar que no les pase lo mismo que a nosotros, ¡en vez de hacerles sentir todavía peor!"
Sin embargo, por la forma en que Shadis trataba a veces a sus subordinados, casi parecía que aún siguiera luchando contra los titanes… y que considerase que los cadetes eran el enemigo.
"¡No me extraña que algunos le llamen el Sádico! Ya causó una impresión nada más empezar, con las presentaciones… ¡Casi le partió el cuello a Armin! Y luego el muy bruto le metió aquel cabezazo a Jean, y estuvo a punto de asfixiar a Connie…"
Mikasa reconocía que, si no le gustaban las matonadas, no debería haberse alistado en el Ejército. Quizás una de las razones por las que no se desentendía del todo de la clasificación, precisamente, era para tener algo con lo que poder negociar y presionar un poco, por si llegaba a verse en alguna situación en la que eso fuera necesario.
La chica ya desconfiaba instintivamente de ciertos adultos: los que ostentaban una posición de poder, los que se mostraban propensos a usar la violencia, y los que intentaban hacerle daño a ella o a su familia.
"Y teniendo en cuenta que Shadis reúne esas tres condiciones… pues mira tú por dónde, no me cae bien."
Sin embargo, a pesar de aquella desconfianza instintiva (que quizás no era mutua porque Shadis parecía odiar por igual a todo el mundo), Mikasa era consciente de que no podía faltarle al respeto a un oficial superior, ni menos aún a la máxima autoridad de la División Sur del Cuerpo de Cadetes. Si se rebelaba abiertamente contra aquella disciplina, terminarían expulsándola… con Eren y Armin fuera de su alcance. ¿Cómo les protegería entonces?
"O quizás se irían conmigo a uno de los reasentamientos… ¿Me acompañarían si no pudiésemos quedarnos los tres en el Ejército? ¿Renunciaría Eren tan fácilmente a su sueño de alistarse en la Legión, salir fuera de los Muros y matar a todos los titanes? ¿Haría él eso… por mí?"
Por otro lado, Mikasa también reconocía que su situación y la de Shadis eran bien distintas: ella era una simple cadete, su responsabilidad más inmediata se limitaba a las dos personas más importantes de su vida; el Jefe en cambio era responsable de cientos de reclutas más o menos inexpertos, a los que debía entrenar para que aprendiesen a matar titanes… un enemigo que les superaba en fuerza, brutalidad, tamaño y quizás ya también en número después de la Caída.
"Y tal vez sólo sea cuestión de tiempo, que esas abominaciones ataquen de nuevo y terminen lo que empezaron cinco años atrás…"
En realidad, una parte Mikasa podía entender el carácter implacable del Instructor Jefe y la dureza de sus métodos; con aquel entrenamiento tan despiadado pretendía unos resultados muy concretos.
"Su idea es rompernos y volver a forjarnos para hacernos más fuertes, pero algunos ya estábamos rotos desde el principio. Además, que lo entienda no significa que tenga que gustarme. No soporto a los matones, sobre todo cuando se meten con los míos…"
Al comienzo de la Instrucción, Shadis se había ensañado con Armin: le trataba como a un gusano, le aplastaba con sus gritos e incluso había insultado a sus muertos.
"¡Sólo habría faltado que le diese una paliza! Aun así, Armin aguantó todo lo que pudo, sin darle excusas al otro… pero algunas palabras duelen más que los golpes. Shadis se pasó de la raya cuando estuvo llamándole constantemente Armina, ¡durante una semana entera!"
En aquel entonces, el rubito de ojos azules ya destacaba sin mucha dificultad en las clases teóricas; eso le valió un respiro y también algo de respeto de los instructores… pero no del Jefe. El Sádico se empeñó en romper al chico con aquellas humillaciones y casi lo consiguió, pocas veces había visto Mikasa tan abatido a su hermano; al menos sus camaradas le dejaron tranquilo y no se sumaron a las ocurrencias de Shadis.
"Quizás también influyó el hecho de que Eren y yo casi siempre estábamos al lado de Armin."
Los demás no tardaron en darse cuenta de que meterse con uno de los de Shiganshina era buscarse un problema con los otros dos; una buena manera de acabar rápidamente en el suelo, con algo roto o fuera de su sitio si había mala suerte. Ninguno de los tres se enfrentaría al Instructor Jefe de esa forma, naturalmente; aquello ya habría sido demasiado incluso para Eren, aunque con lo que le costaba controlar sus impulsos tal vez habría terminado lanzándose a por él, tarde o temprano.
Por su parte, Mikasa había tratado de contener la indignación que sentía crecer en su interior, ardiendo como una furiosa tormenta ígnea que amenazaba con calcinar a quien intentase hacer daño a su nakama. Un día, su expresión estoica habitual se había resquebrajado; y lo que había podido verse a través de las grietas de la máscara, esas emociones que normalmente permanecían ocultas… en verdad no debió de ser muy agradable, si consiguió afectar incluso a un oficial tan veterano.
Mikasa se había limitado a mirar a Shadis; no hizo nada más, sólo mirarle… pero sin molestarse en disimular, en aquel momento, lo que sentía realmente. El Instructor Jefe se dio cuenta, le sostuvo unos instantes aquella mirada y… no dijo nada; no hubo reacción inmediata, ni cambio alguno en su expresión, como si la viera y no la viese al mismo tiempo.
Sin embargo, después Shadis ya volvió a llamar a Armin por su nombre; y Mikasa se sintió un poco extraña, preguntándose hasta qué punto habría tenido ella algo que ver.
Por eso no se desentendía del todo de la clasificación del 104º Cuerpo de Cadetes; bien merecía la pena esforzarse un poco, para permanecer entre los primeros de la Promoción, si así conseguía salir airosa de situaciones en las que cualquier otro podría haber terminado mucho peor.
Por ejemplo, cuando ese invierno les habían repartido ropa de abrigo, Shadis le había comentado (quizás en un intento de broma) que su bufanda negra no era exactamente conforme al reglamento; y Mikasa… una vez más, se había limitado a mirarle, sin decir nada. Al final, el Jefe tampoco dijo nada más; se marchó por donde había venido y ya no volvió a sacar el tema. Estaba claro que, con una de las más firmes candidatas a alcanzar el primer puesto, incluso el viejo y rudo Instructor parecía dispuesto a pasar algunas cosas por alto.
"Pero no es sólo por mí, lo hago sobre todo por ellos. Si algún día necesito presionar para defender a mis hermanos, más me vale tener algo con lo que poder negociar a cambio. Los tres estamos juntos en esto. Si uno se va, los otros dos irán detrás. ¡O todos o ninguno!"
Mikasa quería creer que gracias a eso, aun indirectamente, había logrado proteger a su familia, sobre todo al principio; aunque luego cada uno había terminado destacando por sus propios méritos, para gran alegría suya. Eren casi no tenía rival en los ejercicios físicos, especialmente en aquellos en los que se ponía a prueba la resistencia de los cadetes; otro tanto ocurría con Armin en cuestiones teóricas, como todo lo referente a estrategias y tácticas.
Y así, poco a poco, conforme pasaban los años, se había ido formando una especie de "tregua" entre los tres de Shiganshina y el Instructor Jefe; una relación de respeto mutuo, algo a regañadientes. Por alguna razón, aquella idea hizo sonreír a la muchacha; quizás porque, en el fondo, respetaba al viejo ex Comandante, tal vez la persona más apropiada para enseñarles aquel oficio.
Ya casi habían pasado tres años; y en ese tiempo, los cadetes que al principio apenas sabían cómo sostener una espada, ahora prácticamente eran soldados capaces de atacar y destruir el punto débil de un titán… en teoría.
"Supongo que practicar con los blancos de madera nos sirve para entrenar, pero enfrentarse a un monstruo de verdad ya es otra cosa completamente distinta. Hay que reconocerle a cada uno sus méritos, desde luego el Jefe sabe lo que se hace. Normal, después de haber sobrevivido tantos años en la Legión, matando titanes…"
Eren, Armin y Mikasa también tenían sus talentos, cada uno en su estilo; y si habían conseguido convertir todo ese potencial en algo concreto, desarrollándolo hasta ser capaces de luchar contra los titanes y (con suerte) vivir para contarlo, todo ello en casi tres años, había sido en gran parte gracias a Shadis y lo que habían aprendido de éste.
"Nos graduamos dentro de poco… Creo que nos irá bien. Hemos llegado muy lejos, pero si hoy estamos aquí es por haber sudado y sangrado cada paso que dimos. Avanzamos cada metro a base de trabajo duro, nadie nos ha regalado nada. Nosotros hemos conseguido esto, esforzándonos un día sí y otro también, sin dejar de intentarlo nunca. Y el Jefe… Shadis ha sido quien nos guió desde el principio por este camino, explicándonos qué hacer y cómo conseguirlo."
Y por eso, en realidad, Mikasa no podía odiar (no del todo, no siempre) a la persona que tanto les había ayudado a llegar donde estaban ahora; ser niños era un lujo que ya no podían permitirse en aquel mundo hermoso y cruel, pero había sido Shadis quien les acompañó y orientó en la dirección que les llevaría a ser más… y crecer hasta convertirse en soldados.
Sin embargo, ésa no era la única razón de la muchacha para respetar al viejo Instructor; también influía que éste, a su manera retorcida y un tanto cruel, verdaderamente pareciera preocuparse por Eren. Se acordó de la primera vez que practicaron con el equipo de maniobras, en posición estática, simplemente para comprobar que los cadetes eran capaces de mantenerse en equilibrio en el aire, como primer paso imprescindible para seguir entrenando; Mikasa lo había logrado sin problemas, incluso Armin lo consiguió al primer intento…
Eren, en cambio, empezó estampándose de cara contra el suelo. Naturalmente, Shadis se había cebado con él, tachándole de inepto e inútil, de no servir ni siquiera como cebo para titanes; le dejó claro que, si no lo solucionaba pronto, terminaría cavando zanjas en alguno de los reasentamientos.
Mikasa se había sentido culpable entonces, porque aquella idea no le desagradaba: una vida sencilla y tranquila, un trabajo seguro bien lejos del frente… Y se preguntaba si era una mala persona, por desear algo que sabía que destrozaría a Eren; quedarse en la retaguardia sin poder luchar destruiría su espíritu, acabaría con su determinación, prácticamente le mataría.
Lo extraño era que, en aquel momento, Mikasa había mirado al Jefe Shadis a los ojos… y en ellos parecía brillar un reflejo de su propio dilema interno: hasta qué punto se podía intentar proteger a alguien, incluso de sí mismo, aun a costa de sus aspiraciones. Luego la joven había seguido dándole vueltas a todo aquello, sin encontrarle demasiado sentido; aunque Eren hubiese oído hablar de quien antaño fue Comandante de la Legión, difícilmente estarían relacionadas dos personas tan dispares, antes de coincidir en el Cuerpo de Cadetes.
Al final, todo aquello quedó en nada, porque en la siguiente sesión ya se resolvió el problema. Resultaba que el equipo de maniobras de Eren tenía suelta una pieza, que en teoría no podía fallar; ni el Instructor Jefe debía esperarse algo así, porque parecía sorprendido… y más aún por el hecho de que el joven Yeager había conseguido mantenerse en equilibrio por unos instantes con el equipo defectuoso. Naturalmente, cuando el chico volvió a intentarlo en condiciones normales, el resultado fue impecable.
Mikasa estaba casi segura de que había visto aquel reflejo en los ojos de Shadis, pero había cosas que ni siquiera ella se atrevería a preguntarle al veterano Instructor… y además intuía que en el fondo no era asunto suyo, por tratarse de algo demasiado personal para aquel hombre.
Y en aquel camino a Trost, una vez más, los tres volvían a encontrarse: Eren, Mikasa… Shadis.
Y por cierto, el Instructor Jefe pasó junto a ambos sin tan siquiera mirarles; su caballo pareció prestarles más atención, mientras seguía trotando con determinación hacia donde estaban Marco y Armin, todavía hablando tranquilamente de sus cosas.
"Puede que no sea nada," trató de convencerse Mikasa a sí misma. "La retaguardia es el punto más vulnerable de la columna, así que es normal que el Jefe haga de vez en cuando una comprobación de rutina, aunque en teoría los bandidos no deberían darnos problemas hoy."
Pero pronto estuvo claro que el Instructor se dirigía específicamente a por los dos muchachos que se habían quedado atrás; y la chica no pudo evitar sentirse un poco culpable. "Si no hubiera dejado tanta distancia entre nosotros, tal vez Shadis no se habría dado cuenta."
Entonces todos sus pensamientos quedaron apartados enseguida, porque de repente notó que Eren se tensaba a su lado, como un muelle listo para salir disparado en cualquier momento. Mikasa ni siquiera necesitó mirar para comprobarlo; podía sentir la furia del joven en el aire, algo casi sólido.
"Nunca me acostumbraré a la rapidez con la que puede pasar de tranquilo a cabreado… o quizás siempre está cabreado y en realidad a veces sólo se le nota un poco más."
La forma en que Eren veía a Shadis era mucho menos complicada que la de Mikasa. El entusiasta cadete tendía a crecerse con cualquier cosa que interpretase como un desafío personal; consideraba (tal vez inconscientemente) que era una oportunidad para mejorar a lo grande, superar sus límites y llegar a ser más. Así que cuanto más le gritaba el Instructor Jefe, más se esforzaba el muchacho para conseguir lo que se había propuesto, apretando los dientes si hacía falta. Si la idea de "motivación" del veterano funcionaba con alguien, era precisamente con el impetuoso chico de cabellos negros y ojos claros.
Sin embargo, aunque esos gritos e insultos le sirviesen de acicate a Eren, éste en cambio jamás toleraría que alguien humillase a Armin de la misma manera; en momentos así, incluso Shadis debería tener miedo… y quizás verdaderamente lo sentía, porque ya en alguna ocasión se le había oído comentar que "la determinación de Yeager es aterradora".
Y en momentos así, era a Mikasa a quien le tocaba contener ese demonio (o al menos intentarlo) antes de que se desatara del todo; algo que, afortunadamente, no había llegado a ocurrir durante los años de Instrucción… todavía. Ya había estado a punto de pasar en varias ocasiones, demasiadas; y ella tenía la impresión de que casi siempre conseguía evitarlo por muy poco. Si algún día no llegaba a tiempo, las consecuencias serían temibles para los tres; y también podrían afectar a muchos más.
"Al menos, con la práctica, ya sé cuál es la mejor manera de ayudarle a controlar esas emociones. Eren detesta que le digan lo que puede o no puede hacer, con algunas excepciones… y yo no soy una de ellas, causaría justo el efecto contrario. No estoy segura de qué sería mejor en esta situación, si quedarme callada y esperar a que se le pase o decir algo, aunque se me ocurre una idea…"
–Espero que el Jefe Shadis tenga cuidado –comentó Mikasa en voz baja, tranquila y apacible–. Sería una lástima que sufriera un accidente y ya no pudiese montar a caballo, ¿verdad?
