GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – Bueno, creo que esta vez el título lo dice todo…

Y quisiera darle las gracias a todos esos lectores (y lectoras) "ninjas" que no dejan comentario ni nada, pero que sé que han leído la historia porque aparece reflejado en las estadísticas: buena gente de México, Chile, Brasil, España, Rep. Dominicana, Argentina, El Salvador, Perú, Colombia, Venezuela, Nicaragua, Costa Rica e incluso EEUU y Reino Unido. Saber que hay gente que lee lo que escribo es, en gran parte, lo que me anima a seguir publicando capítulos. Así que, en serio, ¡gracias!


CAPÍTULO 11 – YA HEMOS LLEGADO

Publicado el 18-19 de abril de 2016, con una extensión de 3.250 palabras.


–Espero que el Jefe Shadis tenga cuidado –comentó Mikasa en voz baja, tranquila y apacible–. Sería una lástima que sufriera un accidente y ya no pudiese montar a caballo, ¿verdad?

"Bueno… Quizás me he pasado un poco con eso. Me había propuesto hacer algo más que limitarme a observar en silencio, intentar ayudar a los demás con mis palabras, pero… ¿De qué sirve algo así? Prácticamente ha sido una amenaza, sin venir a cuento. ¿Qué pensará ahora de mí…?"

Sin embargo, cuando miró de reojo al objeto de sus inquietudes, vio que Eren estaba sonriendo; y parecía un poco sorprendido, cierto, pero también sonreía… de esa manera que hacía sentirse a Mikasa tan extraña, y especial, como si un pequeño fuego ardiera cálida y acogedoramente en su pecho; como si las llamas que rugían dentro de él, se hubieran propagado suave y sutilmente al interior de ella, con tan sólo una sonrisa.

Mikasa no pudo evitar que se le escapara un pequeño suspiro… aunque por desgracia su alivio no duró mucho; aquel estado de apacible duermevela (otra vez soñaba despierta) saltó hecho añicos "gracias" al característico vozarrón de Shadis, que imponía respeto incluso cuando no gritaba.

–¡Vaya! Arlert y Bott, si tantas ganas tenían de hacer manitas, al menos podrían haberse esperado hasta llegar a la ciudad.

La chica estaba segura de haber oído rechinar sus dientes; le recordó al sonido de un arma de fuego preparada para disparar… con la diferencia de que, si ahora saltaba una chispa, conociéndole a él, no tardaría en producirse un incendio.

Mikasa estuvo a punto de ponerle a Eren una mano encima del hombro, pero se detuvo en el último momento; sabía que en situaciones así, estando tan tenso, a él no le gustaba que le tocasen, eso sólo le haría estallar antes aún.

"Quizás algún día sea capaz de calmarle con una simple caricia… Pero hoy no es ese día, todavía no. Paciencia… Alguna vez lo conseguiré. Quizás."

El discreto suspiro que dejó escapar la muchacha, esta vez, fue en parte resignado, en parte exasperado; tan cerca, y a la vez tan lejos… Al final, ganó su resignación; aceptó que aquella era la realidad, si bien se dispuso a intentar plegarla de nuevo a sus deseos, con tan sólo unas pocas palabras cuidadosamente elegidas.

–Tranquilo, Eren. Ya verás cómo Marco resuelve la situación de manera pacífica…

Y justo en ese momento, Mikasa sintió que se le helaba la sangre en la venas.

Porque de repente Marco empezó a reírse.

Resonó con claridad en aquella despejada mañana de invierno. Era una risa cálida, cordial… y completamente fuera de lugar en esa situación, aun sin llegar a ser del todo desagradable; más bien inarmónica, disonante. Mikasa sintió en ese momento una extraña tensión nerviosa en su estómago; como si una moneda estuviese girando de canto, antes de caer y mostrar al fin cara o cruz; como mantenerse en incongruente equilibrio al borde de un abismo, sin saber si en los próximos segundos reaparecería la rutina habitual… o todo habría cambiado ya para siempre, en apariencia carente de sentido.

Y entonces Marco dejó de reír.

–¡Ah, no hace falta que se preocupe por eso, señor! Es lo que ya habíamos hablado el primer día, ¿no? Reservo mi cuerpo para el Rey, señor.

Y si las palabras de Shadis ya habían hecho antes añicos cualquier atisbo de tranquilidad, ahora en cambio las palabras del pecoso, con su tensa serenidad, directamente trituraron esos añicos hasta hacerlos polvo; lo incongruente de la situación ya se convirtió definitivamente en desasosegante y siniestro.

Mikasa tuvo un mal presentimiento; un funesto presagio de cosas temibles y asombrosas por venir, al mismo tiempo que una extraña melancolía… y ella se preguntó cómo era eso posible, sentir nostalgia (pena y tristeza antiguas) por algo que aún no había sucedido.

"Pero tampoco tiene por qué suceder nada, ¿verdad? Ninguna tragedia más… Llegaremos a Trost, haremos nuestros ejercicios de invierno y luego volveremos al Campo de Entrenamiento. Seguiremos aprendiendo cosas durante los meses que nos quedan hasta graduarnos. Después nos alistaremos los tres en la Legión… De algún modo, sobreviviremos. Al final, salir fuera de los Muros a explorar y matar titanes se convertirá en cuestión de rutina. Todo terminará saliendo bien, podremos lograrlo mientras permanezcamos juntos. Ese mal presentimiento no tiene base alguna… ¿Verdad?"

En realidad, Mikasa preferiría no contestar a esa pregunta; y había otra idea a la que también daba vueltas, sin conseguir quitársela de la cabeza… Algo cada vez más inquietante, o al menos así se lo parecía a ella.

Algo que en ese momento su intuición podía resumir en dos palabras: Marco… y peligro.

"¿Qué se supone que significa eso? ¿Que él está en peligro… o que él es el peligro? Lo segundo es todavía más absurdo que lo primero… aunque en realidad todos somos peligrosos. Todos los que estamos aquí somos capaces de acabar con criaturas diez veces más grandes que nosotros. Para eso nos han adiestrado, ¿no? Y está claro que alguien que puede matar a un titán es peligroso. Se rumorea que Marco quedará entre los primeros, así que en cierto modo él es de los más peligrosos. Mientras no sea un peligro para mí, ni para Eren ni Armin…"

Y entonces el vozarrón de Shadis volvió a despertarla de sus ensoñaciones.

–…¡EL MISMO PLAN QUE SE LES HA EXPLICADO ANTES DE SALIR!

Aquel grito casi le hizo dar un respingo. Mikasa pudo ver que Armin y Marco, al final de la columna, también habían reaccionado de manera similar. A su lado, Eren seguía tenso; los dientes apretados, el ceño fruncido y aquel fuego en su mirada con que ella podía sentirse arder.

"Al menos no parece tan tenso como antes. Si alguien como él no ha ido a más, es porque el peligro ya ha pasado o lo hará pronto."

La chica, al permanecer sumida en aquella inquietud tan desasosegante, no había captado con certeza la conversación entre Shadis y los dos cadetes, pero todo indicaba que aquello ya estaba resuelto y la rutina volvía a hacer su oportuna reaparición; aunque en un mundo con monstruos gigantescos devoradores de carne humana, lo de "volver a la normalidad" siempre sería un decir.

Marco y Armin asentían a algo que había dicho el Instructor Jefe; éste pareció quedarse satisfecho con su contestación y se dio la vuelta, dirigiéndose de nuevo al frente de la columna con un trote apacible, a lomos de aquel zaino suyo que no parecía inmutarse por nada. Shadis pasó otra vez al lado de Eren y Mikasa, sin tan siquiera mirarles; aunque la muchacha creyó ver en su curtido rostro las arrugas de quien reflexionaba intensamente sobre algo y, al mismo tiempo, trataba de disimularlo.

"Entonces no ha sido sólo cosa mía, él también lo ha sentido… No sé cómo o por qué, pero en lo que ha dicho Marco hay algo que…"

–Y ahora qué le pasa al imbécil ése –le interrumpió de pronto la voz de Eren, que casi gruñía.

–No deberías hablar así del Jefe cuando puede oírte –Mikasa respondió rápidamente, pero con suavidad.

Sin embargo, no hizo falta que él contestase, para que ella se diera cuenta de que el joven no se estaba refiriendo en ese momento a Shadis, sino a otra persona. El moreno tenía sus ojos gris claro clavados en algún punto de la columna, más adelante, todavía con el ceño fruncido y los dientes apretados.

"En serio, si pones esa cara tanto tiempo, puede que se te quede ya así para siempre…" Mikasa estuvo tentada de decirlo, pero se contuvo; sabía que no era momento para bromas. En vez de eso, siguió la mirada de Eren y enseguida comprendió a qué se refería.

Algunos cadetes se habían girado hacia atrás, para ver qué pasaba con el Instructor Jefe; la mayoría ya estaba mirando otra vez al frente, pero uno de ellos era más persistente y continuaba observándoles. Mikasa no tuvo problemas para reconocerle por su complexión alta y delgada, su forma de andar un tanto rígida… y su hostilidad mal disimulada.

Ojillos pequeños, casi rasgados, de un color castaño muy claro; el marrón de sus prendas reglamentarias de lana era bastante más oscuro. La bufanda le cubría buena parte del alargado rostro; y el gorro, los peculiares cabellos rubio ceniza que se volvían casi negros, allí donde los llevaba más cortos, en la sienes y la nuca.

Sí, a pesar de la distancia Mikasa reconocía fácilmente a Jean Kirstein… y también la hostilidad con que les miraba; hostilidad que Eren le devolvía por duplicado, la cual el muchacho de Trost doblaba a su vez… y así sucesivamente, en una pequeña escalada no por previsible menos inevitable. A la joven se le volvió a escapar un leve suspiro de resignación.

"Tantos años y todavía seguimos igual que al principio. Chicos… ¿No hay manera de que cambien, con todo lo que hemos pasado ya? Sólo nos quedan unos meses para graduarnos…"

Mikasa estaba bastante segura de cuál era uno de los problemas (el más aparente) entre los dos muchachos, pero no de que fuese el único: ya desde el primer día, quedó claro que sus objetivos no podrían ser más dispares; cada uno había decidido ingresar en un cuerpo distinto… y no dudaba en burlarse de la elección del otro.

Según Eren, Jean "Cara Caballo" Kirstein era un cobarde despreciable, que quería alistarse en la Policía Militar para marcharse lo más rápidamente posible al interior, bien lejos de los titanes; la sola idea de luchar contra ellos ya hacía que se meara encima… algo que el propio chico de Trost reconocía, aunque no con esas palabras obviamente.

Para Jean, Eren "Bastardo Suicida" Yeager estaba obsesionado con alistarse en la Legión de Reconocimiento, salir fuera de los Muros y hacerse matar en alguna expedición; jamás sería capaz de borrar a todos los titanes de la faz de la tierra, por mucho que se empeñara en gritar lo contrario cada vez que tenía ocasión para ello.

A su manera, Mikasa compartía las opiniones del cenizo; temía lo que podría pasarle a Eren, tan impulsivo y temerario, la primera vez que tuviera que enfrentarse en combate real a esos monstruos.

"Ojalá fuese capaz de hacerle entender que matar a todos los titanes no es algo que pueda lograrse en un solo día. Habrá que ir avanzando poco a poco, con cuidado, escuchando lo que dicen nuestros superiores… Pero ni siquiera Armin ha conseguido que Eren comprenda eso aún, así que a mí me hará menos caso todavía. Luchar de verdad contra esos monstruos va a ser lo más difícil que jamás hayamos hecho, tendremos suerte si salimos de una pieza cada vez que nos encontremos con ellos."

"Eren, siempre estás diciendo que vas a exterminar a los titanes… Pero repetir algo muchas veces no hará que de pronto se convierta en realidad. ¿Y de qué nos serviría matarlos a todos, si al final tú también terminas muerto? Carla fue como otra madre para mí, ¿acaso crees que no quiero vengarla? Y para lograrlo necesitamos estar vivos, asegurarnos de seguir así tanto tiempo como sea posible, pensar un poquito más antes de actuar…"

"Ay, Eren… Todavía está lejos el día en que yo me atreva a decirte todo esto en voz alta… Y aún más lejos, el día en que por fin me hagas caso, sin gruñir ni refunfuñar. Alguna vez lo conseguiré, sigo teniendo esa esperanza… Pero sé que va a ser casi tan difícil como matar a todos los titanes."

La frustración de Mikasa por ese querer y no poder (dándose cuenta de hasta qué punto estaba fuera de su alcance) debió reflejarse en su mirada, porque justo en ese momento Jean abrió mucho los ojos y apartó la suya; como si el chico hubiese visto, en aquel encuentro repentino, algo que le había causado verdadero espanto, impulsándole a girar la cabeza rápidamente de nuevo hacia delante.

–Eso es –murmuró Eren, alegre por su pequeña "victoria", aún con el rastro de una feroz sonrisa en los labios–. Si sabes lo que te conviene, Cara Caballo, ni se te ocurra…

Mikasa también sonrió levemente, tapándose con su bufanda, aunque por motivos bien distintos. La situación le recordaba a otras similares, cuando los tres aún vivían en Shiganshina: el pequeño grupo se había ido labrando una reputación que alejaba a la mayoría de los matones, pero algunos seguían metiéndose con Armin cuando estaba solo; sin embargo, los aires de superioridad de aquellos tontos desaparecían en cuanto se encontraban con Eren, que siempre se lanzaba a por ellos cual espíritu vengador… y la inquietud ya se transformaba en terror cuando también veían acercarse a Mikasa.

Luego Eren sacaba pecho, con feroz orgullo, creyendo que los matones habían huido de él; aunque Mikasa, con esa misma sonrisa discreta y apenas perceptible, sabía bien (seguramente al igual que Armin) por qué salían corriendo realmente sus enemigos. Y hablando de enemigos…

"No creo que Jean sea enemigo de Eren, es más bien su… Rival, no se me ocurre mejor palabra para describirlo. Quizás sea inevitable que los dos choquen de esa manera, con un carácter tan parecido y unas opiniones tan contrarias. Acaso haya algo más… Puede que Kirstein le guarde rencor a gente como nosotros, a refugiados del Muro María. Recuerdo que algunos soldados de Rose nos trataban como a parásitos, supongo que los ciudadanos también pensarían a veces lo mismo. Incluso Sasha me comentó una vez que en su pueblo habían cambiado tanto las cosas, por culpa de los refugiados, que ésa fue una de sus razones para alistarse. Claro que luego ella se dio cuenta de que yo también era una refugiada, casi se echó a llorar pidiéndome disculpas…" Mikasa sonrió al pensar en lo exagerada que podía llegar a ser su compañera; después frunció el ceño, con un recuerdo menos agradable.

"Sasha por lo menos recapacitó y pidió disculpas. Jean en cambio no parece molestarse en cambiar, ni en intentar hacer las cosas de manera distinta, sigue haciendo casi exactamente lo mismo que al principio. Es de Trost, quizás eso explica por qué nos tiene tanta antipatía."

La oleada de refugiados se notó sobre todo en Trost, al ser el Distrito Sur del Muro Rose, el más cercano a la brecha que los titanes abrieron en María. Cientos de miles, desesperados, acudieron allí buscando seguridad y refugio… al menos hasta el siguiente ataque; aunque muchos de ellos no tuvieron tanta suerte.

"Recuerdo los días de la Caída, fueron un caos. Hubo varios incidentes en la ciudad… Además, Trost fue uno de los principales puntos de organización para esa infame Operación Reconquista. Si la aldea de Sasha ya se vio afectada por todos esos cambios, a Jean seguramente le impactaron mucho más. Por no hablar de que ahora Trost se ha convertido en la nueva línea de frente… Hasta cierto punto, puedo entender que Kirstein aspire a un puesto en la Policía Militar, para alejarse de allí todo lo posible. ¡Pero dudo que necesite ser siempre tan antipático!" Mikasa, sin darse cuenta, frunció el ceño más todavía; incluso empezó a apretar los dientes.

"Jean casi siempre está provocando a Eren, haciéndole rabiar a la más mínima, en cuanto tiene ocasión. Vale que no es sólo culpa suya, porque Eren luego suele seguirle el juego… Dos no se pelean si uno no quiere, ¿verdad? Pero las cosas no tendrían por qué ser así. Jean no tendría por qué ser así. ¿Y lo hace sólo porque somos refugiados, aún nos guarda rencor después de tantos años? Nosotros no elegimos convertirnos en refugiados, ni perder nuestras familias y nuestros hogares."

Mikasa trató de contener la furia oscura que empezaba a arder en su interior; no haría ningún bien a nadie, si permitía que se desatase. Aun así, no pudo evitar seguir aquellos pensamientos; aunque el camino por el que le llevaban no era demasiado agradable.

"Si eso supone un problema para Jean, ¡entonces al menos podría tener el valor de decírmelo a la cara! No parece costarle mucho, decirle luego otras cosas a Eren… A veces, por la forma en que nos mira Kirstein, ¡parece como si de verdad creyese que nosotros hemos provocado toda esta situación, sólo para fastidiarle! Pensará que le hemos obligado a alistarse… ¿Quién se ha creído que es? Si tanto se empeña en tratarnos como a unos apestados, ¡pues allá él! No tengo nada que decirle a alguien así… Lo bueno es que nos graduamos dentro de poco, seguiremos caminos bien distintos y Jean ya no tendrá que aguantarnos más. Si tantas ganas tiene de perdernos de vista, porque no nos soporta, Kirstein puede quedarse tranquilo. ¡El sentimiento es recíproco!"

Y cuanto más pensaba Mikasa en ello, más pruebas le parecía encontrar, demostrando la existencia de aquella animadversión; nuevos motivos creía descubrir, para algunas de las reacciones de Jean… motivos que habrían estado ocultos todo el tiempo a plena vista, porque a veces las apariencias no engañaban y las cosas eran simplemente lo que parecían ser. Cuantas más razones encontraba para explicar el fastidio de él, más fastidiada se sentía a su vez ella.

"Por no hablar de lo mal que trata a su madre… Aún recuerdo la última vez que estuvimos en Trost, para un simulacro de combate urbano. La señora Kirstein fue al comedor de cadetes, porque Jean no había ido a su casa a visitarla, ¡y a él no se le ocurrió nada mejor que echarla de allí a empujones y gritos, a su propia madre! De verdad, cuanto más lo pienso de peor humor me pongo. ¿Cómo puedo respetar a alguien así? Al menos ya se ve que no es algo personal, ¡ese matón no respeta a nadie! Maldita sea, ¿no se da cuenta de lo que significa realmente? ¿Es que él no va a valorar a su madre como es debido, hasta que ya sea demasiado tarde? Yo ya he perdido a la mía, ¡dos veces! Cara Caballo no sabe la suerte que tiene…"

"¿Y su forma de fijarse en mí? Se cree que no me doy cuenta, pero sé que me observa a hurtadillas cuando piensa que estoy distraída. Luego yo le miro a él y enseguida aparta la vista… ¿De verdad cree que me engaña, que no voy a notar cómo me espía? Y las pocas veces que se digna a hablarme, es como si me estuviera haciendo un favor con cada palabra que me dirige. Desprecio, sí, pero también nerviosismo. ¿Acaso me tiene miedo? Pues bien, debería. Cada vez tengo más claro que a mí también me considera una adversaria, porque allí donde vaya Eren le seguiré yo siempre, ya sea en la Legión… ¡o hasta las puertas del mismísimo infierno!"

"Jean es un cobarde, cada vez estoy más convencida. Sabe que conmigo no tiene ninguna posibilidad, porque soy mucho más fuerte que él, y por eso la toma con Eren, porque con él sí se atreve… Ya habría mandado yo a Kirstein volando por los aires, si no fuera porque Eren prefiere librar sus propias batallas y se molesta conmigo si intervengo…"

–¿Mikasa?

La voz de Eren, a su lado, sonó extraña; un tono de duda, incluso preocupación, poco habitual en él. La chica regresó al presente; se giró, mirándole sorprendida… y su sorpresa fue aún mayor cuando le vio sonreír, con cierta timidez.

–Te das cuenta, ¿no?

Eren señaló con la mano hacia delante. Mikasa siguió aquel gesto… y en efecto, ella también se dio cuenta.

–Ya hemos llegado.