GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS
NOTA DEL AUTOR – He vuelto… con un capítulo más corto, en el que no pasa mucho; pero es mi manera de decir "todavía sigo vivo".
Quisiera darle las gracias especialmente a Tximeletta por sus detalladas reviews, en ésta y otras historias mías; os recomiendo que leáis su estupendo fic "Diezmo de Sangre".
CAPÍTULO 13 – INTERRUPCIÓN
Publicado el 17 de julio de 2016, con una extensión de 1.417 palabras.
–Bueno –dijo Marco, rascándose la nuca, sin dejar de sonreír–. Pues aquí estamos ya… ¿Qué os parece si seguimos adelante? Lo último que necesitamos es que Shadis vuelva a llamarnos la atención…
El pecoso, por el tono, parecía estar disculpándose por haber interrumpido algo; y Mikasa se preguntó para sus adentros si realmente lo habría hecho.
"¿Estoy sonrojada? Espero que no se me note…"
Y por un momento, temió que hubiese ocurrido precisamente eso, porque estaba casi segura de haber visto que Armin y Marco intercambiaban una mirada; la de aquéllos que saben algo y no necesitan una palabra para comprobar que el otro también entiende.
Fue entonces cuando Mikasa empezó a sentirse un poco molesta.
"¡Sólo les faltaría ponerse a cuchichear aquí mismo, delante de Eren y de mí! ¿Qué hay de lo de 'secretitos en reunión es de mala educación'? En serio, creía que por lo menos ellos tendrían buenos modales."
Quizás la joven no era consciente, en ese momento (y sobre todo tratándose de cuestiones susceptibles para ella), de hasta qué punto sus sentidos agudizados eran capaces de captar señales sutiles, que a otros se les habrían pasado por alto; ella en cambio tenía la habilidad (don y maldición al mismo tiempo) de percibir ciertos detalles en apenas un instante… que podía convertirse en una breve eternidad de lucidez agónica; lo que se conocería vulgarmente como "ahogarse en un vaso de agua", un problema a menudo compartido por quienes eran capaces de ver mucho más que la mayoría.
Y fue entonces cuando, a su vez, Marco pareció darse cuenta de lo que pasaba y miró directamente a Mikasa a los ojos, con los suyos castaños; tan cálidos y brillantes, amables y acogedores, con un brillo intenso que a ella en ese momento verdaderamente le hizo creer que él podía leerle el pensamiento.
Aquella impresión sólo se vio más reforzada todavía con las siguientes palabras del pecoso; el tono seguía siendo cordial, pero había también algo en su voz que parecía decir "pongámonos serios".
–Armin, lo que hemos hablado tú y yo antes… –Marco no dejaba de mirar a Mikasa, con esa misma intensidad–. Creo que nos ha venido bien a los dos, ¿no?
"Puedes creer de mí lo que quieras," parecía estar diciéndole el pecoso a la muchacha. "Pero he ayudado a tu amigo y eso no me lo puedes negar."
En efecto, Mikasa miró un momento de reojo a Armin y vio que ya estaba mucho más animado, aun después de haber vuelto a pasar por un Muro, con todos los recuerdos que algo así conllevaba; sus hombros ya no parecían tan abrumados por el peso de toda aquella piedra ancestral.
La chica se sintió un poco avergonzada, por haber pensando mal de Marco… pero sólo un poco.
–Armin, tú y yo ya hemos hablado de eso –continuó el pecoso–. Y creo que ahora sería buen momento para que tú también hablases con Eren de lo mismo, ¿no te parece?
Mikasa volvió su mirada hacia el moreno de ojos grises, iluminados por el sol, claros como las piedras del Muro. El muchacho observó al rubito de ojos azules, quien a su vez parecía intentar transmitirle algo sin palabras… y sin demasiado éxito, a juzgar por la expresión confundida del otro.
Al principio, la joven de ojos negros se sentía irritada; los demás parecían estar excluyéndola de esa conversación silenciosa, como hablando a propósito en un idioma que ella desconocía. Sin embargo, esa irritación terminó dando paso al impulso (a duras penas contenido) de llevarse una mano a la cabeza, viendo que Eren seguía sin comprender lo que querían decirle; incluso ella dejó escapar un leve suspiro de alivio cuando a él se le iluminó la cara, entendiendo por fin de qué se trataba (fuese lo que fuera eso).
Antes de que la molestia de quedar excluida volviese a arreciar dentro de ella, Eren giró de pronto la cabeza y observó fijamente a la muchacha, con un ceño fruncido que revelaba una intensa concentración… o un gran enfado.
"¿¡Pero qué te he hecho yo ahora!?" Mikasa casi se lo preguntó a gritos, en una súplica medio desesperada por entender cómo había conseguido provocarle ella aun sin proponérselo. Sin embargo, su irritación de antes todavía no había desaparecido; y la simple molestia se iba convirtiendo en enfado, que no tardaría en dar paso a la furia…
Al final la cosa no fue a más, gracias sorprendentemente a la intervención del propio Eren, que centró su vista primero en la bufanda de ella… y luego en sus manos desnudas.
"Él ya me ha mirado así otras veces." Mikasa tragó saliva con suavidad, conteniendo el aliento. "Cuando nos repartieron las prendas de invierno…"
Eren ya le había mirado entonces como si estuviese enfadado (quería creer que no directamente con ella); se había fijado en su cuello, casi siempre cubierto por aquella bufanda negra… y después en sus manos. Al igual que ahora, parecía que él quisiese decir algo, conteniéndose en el último momento para no herirla con esa brusquedad tan característica suya, dañina a veces aun sin tener mala intención.
"No, ya en serio, ¿por qué me está mirando así ahora? ¿Es por su bufanda? ¿Acaso está pensando en pedirme que… se la devuelva?"
Por un instante, Mikasa sintió que le invadía el pánico; por fortuna desapareció tan rápido como había venido, en cuanto ella intuyó que seguramente Eren se estaba fijando más bien en lo que ella no llevaba puesto.
"Mis manos… ¿Es por eso? ¿Le molesta que yo no haya aceptado un juego completo de ropa de abrigo, como todos los demás? Entonces es sólo que Eren se preocupa por mí, por si paso frío. No tiene nada de malo…"
Mikasa volvió a sentir un leve sonrojo en sus mejillas, tratando de disimularlo precisamente con aquella bufanda; la misma que le había rescatado del frío, haciéndole sentir un agradable y cálido bienestar que (incluso ella se daba cuenta) iba mucho más allá de lo que proporcionaría simplemente el abrigado tejido de la prenda.
Al final, tal vez sin ser plenamente consciente de ello, no se había molestado en recoger un gorro y unos guantes como sus compañeros. Sentía el frío, claro que lo sentía; pero para ella, la bufanda de Eren era más que suficiente para mantenerla cálida y a salvo, fuerte; protegida y, al mismo tiempo, capaz de proteger a otros.
Mikasa no había rechazado a propósito las otras prendas; no era como si pensase que no había ninguna "digna" de acompañar a su bufanda, o que si a la vez llevaba algo más estaría restándole valor a ésta última.
Más bien, simplemente se limitaba a llevar la bufanda porque no había necesitado nada más para mantener a raya el frío, desde el día que conoció a Eren; para ella, casi era algo mágico (incluso sin el "casi"). Todo eso no iba a cambiar ahora, sólo porque el ejército les repartiese más ropa; para ella, no tenía sentido llevar un gorro y unos guantes que no le iban a aportar nada, en comparación con lo que ya poseía.
"Quizás si fuesen negros…" Mikasa hizo memoria. "Pero casi no había nada de ese color, para empezar, además de que Shadis seguramente retiró las pocas existencias que quedaban, porque si no todo el mundo se habría puesto a discutir para ver quién se las llevaba. No me extraña, el negro es el mejor color…"
Eren también había comentado el tema alguna vez, mirando al frente, con el ceño fruncido, como pensando en otra cosa al mismo tiempo… y luego la miraba a ella furtivamente; primero su cuello, después sus manos.
Aun así, en el fondo Mikasa dudaba que él fuese consciente de todo lo que significaba para ella su bufanda.
"Pero quizás ése sea precisamente el problema, ¿no? Eren no se da cuenta, nunca se da cuenta… A menudo habla o actúa sin pensar y termina haciendo daño, no por maldad sino por accidente. Si algo no le interesa, no hay manera de que se entere… Y si él no me entiende, entonces eso significa que yo no le intereso, o al menos no de esa forma, no lo suficiente como para esforzarse e intentar comprenderme. Por otro lado, si Eren no se da cuenta por sí solo, difícilmente se aclarará si alguien no hace algo al respecto, aunque… ¿Qué le puedo decir yo, que ni siquiera estoy segura de lo que siento por él exactamente?"
–¿Mikasa? –le interrumpió la voz de Marco.
