GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – ¡Bueno! Los más observadores os habréis dado cuenta de que he modificado ligeramente el resumen del fic, para reflejar un poco mejor la dirección en que ha ido evolucionando la trama, ¡algo en lo que quizás vosotros podríais influir! Naturalmente, os agradezco que sigáis la historia con interés, pero también os animo a participar con vuestras reviews; nunca se sabe si alguna de esas ideas terminará encontrando un hueco en los próximos capítulos…

¡Y mención especial a Tximeletta por la nueva review! Siempre es una motivación para continuar escribiendo y hacerlo cada vez más rápido. ¡Gracias!


CAPÍTULO 15 – DIVIDIDO (II)

Publicado el 31 de julio de 2016, con una extensión de 1.390 palabras.


–Mikasa… No me estaba refiriendo a Jean.

Y por un instante, la joven oriental dejó de respirar; su corazón dejó de latir. Pero su mente siguió funcionando a toda velocidad, tratando de asimilar entonces lo que de verdad había dicho Marco tan sólo un momento antes.

"Eren siempre dice lo primero que se le pasa por la cabeza, sin molestarse en pensar un momento antes de hablar y herir los sentimientos de los demás. Eren cree tener todas las respuestas y la verdad de su parte, de modo que quienes están equivocados son los otros. Eren, por mucho que intentes ayudarle, ignora todos tus consejos y termina haciendo lo que le sale de las narices, aun sabiendo que te preocupas por él. Eren se cree mejor que nadie, el más fuerte, especial… cuando en realidad es el más débil."

Y ya llegado ese punto, incluso su mente dejó de funcionar.

Una parte de Mikasa, instintivamente, se negaba a reconocer la verdad que pudiese haber en aquellas afirmaciones tan hirientes; sin embargo, otra parte parecía susurrarle al oído que en realidad ya sabía que aquello era cierto.

Y quizás esas mismas partes eran las que pugnaban en su interior, luchando una contra la otra, divididas entre desatar o contener cierto impulso… el impulso de partir en dos a Marco Bott.

Quizás lo más aterrador era que, en el fondo, ella sabía que sería capaz de hacerlo.

Y tal vez lo más desolador fuese que él, a juzgar por su expresión, también lo sabía; porque aquella expresión no era la de quien se regodeaba en su victoria, sino la de alguien entre resignado y arrepentido después de conseguir justo lo que quería. En aquellos ojos castaños también había ahora dolor; como si, del mismo modo que la furiosa oscuridad de Mikasa había resonado antes dentro de él, ahora en cambio fuese el sufrimiento de ella el que encontraba su eco en el interior de Marco.

Sin embargo, a pesar de todo, la muchacha se sentía derrotada y herida.

"Marco… No sabía que pudieses ser tan cruel."

Pero lo que al final dijo Mikasa en voz alta, tranquila y clara, fue otra cosa.

–No sabía que me odiases tanto.

Lo dijo sin gritos ni aspavientos, negándose a dar allí un espectáculo; negándose a hacer más completa la victoria de su adversario; negándose a cerrar los ojos, a pesar del picor que sentía en ellos, tras oír las palabras de alguien en quien se suponía que podía confiar.

Y precisamente, por no haber cerrado los ojos, pudo ver con claridad la inesperada reacción de su compañero.

–¿Disculpa? –preguntó Marco, ahora con expresión dolida, incrédula, casi inocente; como cuando ella le había preguntado "qué problema tienes" y, aun sin saberlo, había empezado a cambiarlo todo.

Sin embargo, Mikasa continuó como si no hubiese escuchado al pecoso, ni visto su reacción.

"Quizás dentro de cinco minutos vuelvas a mostrar la crueldad de antes… y quizás ése sea tu verdadero rostro. Nunca debí dejarme engañar por tus apariencias, Bott."

–Supongo que tiene sentido –dijo la chica en el mismo tono–, que tengas eso en común con tu mejor amigo. Tú también nos odias, igual que Kirstein

Y entonces ella vio algo que hasta entonces no había aparecido en el rostro de Marco: auténtico y verdadero espanto.

Y por un instante, se planteó si no le estaría engañando su vista, de algún modo.

–Cómo… qué… –el rostro del muchacho concordaba perfectamente con su expresión–. Por lo que más quieras, Mikasa… ¿A quién se supone que odiamos?

Aquel susurro fue tan cortante como ése con el que ella empezó a cambiarlo todo; pero ahora no había furia mal contenida… sino desesperación.

Quizás eso fue lo que más chocó a Mikasa en aquel momento, aunque no dejara que se reflejase en su postura ni en su implacable rostro; quizás ésa fue la razón por la que sus siguientes palabras no salieron con el tono de una certeza, sino más bien una cuestión.

–Kirstein… –susurró ella, sintiendo un regusto amargo en los labios sólo con pronunciar el nombre–. Nos odia a los tres. A Eren, a Armin y a mí. Porque somos de Shiganshina. Porque somos refugiados…

La joven se detuvo cuando vio que Marco abría aún más los ojos, acentuándose en ellos esa impresión de espanto, casi terror; incluso sus írises castaños parecían más pálidos, al igual que el resto de sus facciones. Su rostro solía tener algo de moreno, pero ahora en cambio aquellas pecas tan características destacaban como puntos negros sobre su piel, por la que empezaron a deslizarse gotas de sudor pese a ser invierno.

La mirada del pecoso ya no tenía nada de oscura ni siniestra, pero también había desaparecido su incomprensión; como si de repente él supiese con dolorosa claridad lo que ella estaba pensando exactamente en ese momento. Aquellos ojos todavía la observaban, aunque ligeramente desenfocados, casi atravesándola; como si en realidad ella no estuviese ahí delante, o él pudiese percibir en ese instante algo más que nadie debería haber visto.

–Entonces, si he entendido bien… –Marco habló pausadamente, con una calma que (Mikasa lo sabía) era sólo superficial–. ¿Crees que Jean te odia? ¿De verdad piensas eso? ¿No estás intentando quedarte conmigo…? –ahí ella frunció levemente y él obtuvo su respuesta–. Por todos los…

El chico apartó la mirada, como si ya no lo soportase más; y la joven oriental se preguntó si ella habría sido capaz de sostenérsela, de no haber retirado él antes la suya.

Marco se quedó mirando a un lado, con la vista perdida en algún punto, allí donde la acera se unía con la pared del edificio más cercano. Mikasa se sentía abrumada por la desesperación silenciosa que había en aquellos ojos castaños, normalmente tan vivos y ahora en cambio…

"Parecen los de un muerto, o alguien que está a punto de morir. Un condenado, frente al pelotón de fusilamiento… Por lo que más quieras, Marco, ¡deja de mirar ya así! ¿Qué es lo que estás viendo? ¡Ahí no hay nada!"

Pero por mucho que la chica lo intentaba, era incapaz de zafarse de aquella sensación abrumadora; la sensación de que en realidad, aunque no lo veía (porque sólo podía verlo él), estaba sucediendo algo terriblemente equivocado.

Era la misma sensación que cuando marchaban por el camino a Trost y Shadis se había acercado a hablar con Marco: la sensación (casi certeza) de que los cimientos del mundo se tambaleaban, como si alguna cruel divinidad hubiese lanzado una moneda al aire y ésta diese vueltas sin llegar a mostrar cara o cruz; una gran indeterminación, cuya carga asfixiante se notaba en el aire, hasta el punto de que costaba respirar; como si, por el hecho de no haber sucedido aún ninguna de esas dos cosas (ni cara ni cruz), ambas estuviesen ocurriendo a la vez, cada una tratando de superponerse a la otra en un caótico remolino de confusión.

"Suele decirse que 'la ignorancia es la felicidad', y quizás sea cierto, pero esto yo ya lo he visto y no lo puedo ignorar, no puedo fingir que no pasa nada porque que no es así. ¿Cómo podría quedarme yo ahora quieta y callada, sin hacer ni decir nada? El pobre Marco, ¡casi parece que le fuesen a fusilar! Verle así, como si soportase el peso inhumano de alguna carga que sólo él puede llevar…"

Mikasa no sentía ya nada de esa furia oscura de antes; y supo en ese momento que tenía que ayudar a su compañero… o al menos intentarlo, porque no estaba segura de cómo lograrlo, o incluso si sería posible ayudar a alguien así en una situación como ésa.

Fue como si, al verle tan vulnerable, algo se encendiese dentro de ella; un instinto de ayudarle, de cuidar de él.

"Sé que yo haría lo mismo si quien estuviera delante fuese Armin, o Eren… especialmente Eren."

Una parte de Mikasa se preguntó qué era lo que le había hecho pensar, justo en ese momento, en dos chicos tan distintos a la vez; qué conexión, desconocida para ella (al menos conscientemente), podrían compartir Eren y…

–¿Marco? –le preguntó, sin poder evitar que el nombre saliese de sus labios como una pregunta; al menos no le tembló la voz.

Pero en cuanto consiguió atraer su atención, se arrepintió de haberlo hecho.


NOTA DEL AUTOR (BIS) – Al final tuve que acabar el capítulo antes, porque ya no estaba seguro de cómo continuar a partir de aquí, además de que me había propuesto actualizar como mínimo a ritmo semanal. Si todo sale bien, nos veremos el próximo fin de semana, ¡o incluso antes si hay suerte!