GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – Nada esta vez.


CAPÍTULO 17 – DECISIONES (II)

Publicado el 9 de agosto de 2016, con una extensión de 2.988 palabras.


–Mikasa… ¿Alguna vez te han dicho lo guapa que eres?

Y por un momento, su respiración se detuvo; su corazón dejó de latir. Incluso sus pensamientos se quedaron congelados durante un segundo que se le hizo eterno.

Pero después, como para compensar aquel breve instante de inactividad, todo pareció estallar dentro de ella; su aliento y su corazón, su mente, se dispararon a toda velocidad, casi cegándola con lo que pareció un potente fogonazo.

"Qué. ¿Qué? ¿¡QUÉ!?"

Si no fuese porque confiaba plenamente en sus sentidos, habría creído escuchar mal; y tal vez así lo habría preferido, pero en ningún momento dudó de haber oído bien.

Y entonces ocurrió algo que no solía pasarle con frecuencia a Mikasa, algo que quizás habría sido más propio de Armin: empezó a plantearse distintos escenarios, imaginándose todo tipo de situaciones más o menos disparatadas.

"Marco me ha dicho eso. ¿¡Cómo puede haberme dicho eso!? ¿A qué ha venido? ¿¡Cómo se atreve a…!? ¿Qué pretende conseguir? ¿¡Acaso se está burlando de mí!? No… No, no es broma. Se le ve en la cara, va en serio. Oh, vaya… ¿Y qué hago yo ahora? ¿Cómo se supone que voy a contestar a eso? ¿Y qué hará él ahora? Si no respondo, ¿lo interpretará él como una señal para seguir avanzando…?"

"A ver, ¿qué se supone que hace la gente en este tipo de situaciones? Las otras chicas a veces hablan en los barracones sobre estas cosas… Entonces, ¿qué pasará ahora? ¿Se acercará a mí y me cogerá de la mano? ¿Me acariciará el pelo? ¿Me pedirá que cenemos juntos? ¿Se pondrá de rodillas y me dará flores? O quizás me dé otra cosa…"

Y entonces Mikasa cerró los ojos, dolorida; los párpados apretados con fuerza, el ceño levemente fruncido. Sus manos formaron puños a un lado y otro de su cuerpo, surcado por un ligero temblor. Sentía un anhelo insatisfecho, un deseo íntimo y profundo que ella se temía jamás vería cumplido.

Todo ello se plasmó en su mente con la claridad de un único pensamiento, certero y doloroso.

"Él no es Eren."

Y a ese pensamiento siguieron otros; también con aquella carga de dura realidad, de verdad para ella cruel.

"Eren nunca me dice esas cosas. Eren nunca me acaricia así. Eren nunca me dará…"

Mikasa no se daba cuenta de que, justo en ese momento, había pasado en sus reflexiones del presente al futuro, convirtiendo en certezas sus temores sobre lo que aún no había ocurrido (y quizás nunca sucedería).

Pero esta vez fue él quien la rescató a ella de sus deprimentes pensamientos.

–¿Mikasa? –preguntó Marco.

Su voz, suave y amable, volvió a traerla al mundo real, a la acera de una calle en Trost en un despejado día de invierno; las mochilas apoyadas contra la pared, la gente yendo y viniendo a sus asuntos sin prestarles mucha atención, mientras los dos cadetes hablaban de sus cosas. El pecoso seguía delante de la oriental, observándola, admirándola incluso; pero la mirada de sus cálidos ojos castaños ya no mostraba tal intensidad de emociones abrumadoras, como había ocurrido tan sólo un momento antes.

La expresión del muchacho ahora era más reservada, más cauta, como si estuviese haciendo un discreto esfuerzo para no exponer tan abiertamente sus sentimientos; pero también parecía rodearle un aura de paz y sosiego que tranquilizaba a su compañera, haciéndole sentirse ya mucho más serena y relajada.

En un instante de sutil lucidez, Mikasa se preguntó si sería así como la verían los demás desde fuera: en apariencia apacible, pero ocultando en realidad un torbellino de potentes emociones, apenas disimuladas bajo una fina máscara.

También se preguntó si lo que veía ahora en el rostro de Marco era una máscara… otra más.

"Ya he visto la cruel, la desesperada… y no podía faltar la amable, naturalmente. Si se las quitase todas, ¿qué quedaría de él? ¿Quién eres en realidad?"

–Lo siento.

Y una vez más, con tan sólo unas palabras, el chico pecoso consiguió traer a la joven oriental de vuelta al presente. Él seguía observándola, con esa misma tranquilidad que ahora ella también iba compartiendo.

La muchacha aplicó sus propios consejos y fue haciendo inspiraciones profundas, dejando luego que el aire saliese lentamente de sus pulmones, a través de sus finos labios entreabiertos. Notaba que sus manos se habían relajado considerablemente, en vez de seguir apretadas en puños. Sus ojos negros y brillantes ya no estaban nublados por el temor a un futuro que, si de ella dependiese, jamás ocurriría.

Despejada, su mirada se cruzó con la de su compañero; y en esos ojos marrones, y en su sonrisa leve y resignada, pudo ver el brillo de algo que parecía…

"¿Lástima? No, no es eso… Compasión, más bien. Hay una gran diferencia entre ambas, fue algo que también aprendí de pequeña. 'Lástima' es la de quien se lamenta sin llegar a hacer nada para que las cosas cambien, sin preocuparse realmente. 'Compasión' es la de quien verdaderamente desea ayudar a mejorar esa situación, y no duda en convertir sus buenos deseos en acciones concretas… Sí, la verdad es que eso le pega. ¿Volvemos a la normalidad? Al menos durante los próximos cinco minutos, je… No, ya en serio, no va a ser tan sencillo volver a lo mismo de siempre. Las cosas han cambiado, y bastante, desde que…"

–Eh, Mikasa –continuó disculpándose Marco, interrumpiendo de nuevo el hilo de sus pensamientos–. Dije "lo siento" porque, bueno, ah… Fue un poco desconsiderado por mi parte, ¿no? Hacerte otra pregunta, sin haberte dejado contestar antes a la primera… –El pecoso se encogió ligeramente de hombros, con una leve sonrisa, apartando la mirada un instante; se le notaba un poco cohibido, avergonzado incluso, a juzgar por el tenue sonrojo de sus mejillas–. Reconozco que tengo cierta tendencia a interrumpirte, a veces…

La muchacha enarcó elegantemente una ceja, como diciendo "¿sólo a veces?", y su compañero dejó escapar una risilla nerviosa mientras se rascaba la nuca, sin atreverse a mirarla a los ojos todavía. Ella por su parte no tardó en reconocer aquella intervención como lo que realmente era: un intento de retomar la conversación por donde la habían dejado, antes de que se descontrolase la situación por demasiadas emociones desbordadas.

"Por lo visto, eso de antes nos ha impactado tanto a él como a mí."

Mikasa se sorprendió a sí misma, al notarse sonreír por debajo de su bufanda con algo más de fiereza de lo habitual; una parte de ella, sintiéndose un poquito cazadora… y él la presa.

"Ah, si cree que vamos a correr un tupido velo y hacer como que no ha pasado nada, está muy equivocado. No voy a dejarle escapar sin más, algo así no se olvida tan fácilmente… sobre todo cuando está claro que la segunda pregunta también tiene su porqué. ¡Más vale que me lo explique luego! Pero lo primero es lo primero, y antes hay que contestar a la otra pregunta."

Mikasa ya se había recuperado, con la mente despejada, funcionando a toda velocidad; recordando, preparando… y fundiendo lo antiguo con lo nuevo, aquella cuestión que parecía vieja con su revelación interna más reciente. "Eren." Combatió el leve sonrojo que amenazaba con asomar a sus mejillas y se centró de lleno en la respuesta que aún tenía pendiente.

–Entonces, nos habíamos quedado por…

La joven oriental se llevó un dedo a la barbilla, pensativa, acariciándosela con la misma suavidad con que hablaba. Observó con cierta satisfacción que Marco volvía a (ad)mirarla, expectante, sereno pero pendiente de cada una de sus palabras; ver que ahora ella tenía toda su atención incondicional, que prácticamente estaba a su merced, le hizo sentirse de nuevo extrañamente halagada, con un leve estremecimiento recorriendo todo su cuerpo.

Mikasa, disciplinada, se forzó a sí misma a mantenerse concentrada, sin ya más divagar ni soñar despierta.

–Por cómo lo describiste antes, y si mal no recuerdo… Te encuentras en una situación en la que sabes que va a pasar algo malo, con lo que tienes dos opciones: no hacer nada y dejar que pase, o hacer algo para evitarlo. Pero si eliges la segunda opción, pueden ocurrir a su vez dos cosas: o sale como habías esperado, y terminas ayudando a unos a costa de dañar a otros (a los que seguramente no perjudicarías si no hicieses nada), o sale mal, la situación empeora y al final pierdes más que si te hubieses quedado quieto al principio. ¿Hasta aquí voy bien?

Marco frunció levemente el ceño, pensativo, pero sólo tardó un instante en asentir con la cabeza. Mikasa agradeció para sus adentros que se limitase a hacer aquel gesto, sin interrumpir con palabras el delicado hilo de sus pensamientos desordenados; aun así, dudó un momento.

"Me pregunto por qué habrá planteado la cuestión en unos términos tan abstractos. Pero si ahora le pido más explicaciones entonces sí es verdad que no terminamos nunca."

Y también se preguntó si sería por haber pasado tanto tiempo junto a Armin, que ella había cogido últimamente la costumbre de darle tantas vueltas a cada cosa.

–Así que tenemos tres posibilidades –continuó Mikasa–. La primera: no hacer nada, dejar que sufra el primer grupo de personas y salvar al otro. La segunda: actuar y que salga "bien", al menos para el primer grupo, porque ahora el segundo sí terminaría mal. Y la tercera: provocar un resultado todavía peor que el que se quería evitar, y del que ya no se libra ni el primer grupo ni el segundo. ¿Es así?

De nuevo, Marco asintió en silencio expectante, sin dejar de mirarla; y de nuevo, Mikasa sintió un dolor de cabeza incipiente, al ver que no había por dónde coger todo aquello. Apenas cruzó por el armónico semblante de ella un atisbo de irritación, pero eso le bastó a él para atreverse a reaccionar.

–Sé que lo he planteado en términos un poco ambiguos… –Marco volvió a interrumpirla.

–¿"Un poco"? –Mikasa volvió a enarcar una ceja con poderosa elegancia–. Pues menos mal, porque si llega a ser "un mucho" ya directamente me explota la cabeza. En serio, ¿no puedes ser más específico? ¿Qué se supone que va a pasar, y qué tendrías que hacer para evitarlo? ¿Quiénes son las personas de cada grupo, y qué es lo peor que podría sucederles? ¿Qué coño está ocurriendo aquí, Marco?

El súbito exabrupto de la muchacha casi hizo saltar de la impresión al pecoso.

–Ah, bueno, eh… No creo que… No debería… –Marco empezó a pasarse las dos manos por la nuca; seguía sonriendo, pero incómodo, otra vez con la mirada perdida en algún punto lejano.

Mikasa se dio cuenta de que el chico corría, otra vez, el riesgo de quedarse demasiado abatido como para continuar la conversación; y ella no iba a permitirlo, de ningún modo, ¡ahora que por fin estaban llegando a alguna parte! Aunque ya ni siquiera recordaba cómo había empezado todo…

La joven levantó la palma extendida de una mano frente a su compañero, en el gesto universal de "alto"; y el sencillo movimiento, que en ella resultó imponente y poderoso, bastó para que él se tranquilizara en el acto, dejando caer las manos suavemente a los lados. Los brillantes ojos castaños, ya más serenos, examinaron con admiración los intensos orbes oscuros de la muchacha; de nuevo se sintió halagada y complacida, con una reconfortante calidez en el pecho y una leve sonrisa oculta en su bufanda negra.

–No te preocupes, Marco –Mikasa también dejó caer relajadamente su mano; el tono era conciliador, apacible, suave pero firme–. No hace falta que digas nada más, ¿de acuerdo? Trataré de contestar lo mejor que pueda a tu pregunta. Eso sí, ten en cuenta que… –Ella frunció ligeramente el ceño–. No creo que haya una sola "respuesta correcta" para todos los casos, eso ya depende de cada persona y cada situación. Te daré la contestación que para mí es "correcta", pero eso no significa que a ti también te sirva. Porque verás, Marco, yo… Yo no soy como tú. No soy tan buena persona, simplemente soy incapaz de estar preocupándome todo el tiempo por todo el mundo. Ni siquiera sé cómo puedes hacerlo, quizás sea que a mí me falta algo… El caso es que sólo soy capaz de preocuparme por unas personas muy concretas, muy especiales y preciadas para mí.

"O quizás sí sería capaz de preocuparme por más gente, pero, ¿para qué molestarse? Casi todos los que se acercan a mí terminan muriendo. Después de haber perdido a mi familia, dos veces, la verdad es que…" Mikasa no lo dijo en voz alta; reconocía que lo anterior ya sonaba bastante cínico. "Supongo que es difícil evitarlo, con todo lo que ha pasado."

Marco, por su parte, no volvió a interrumpir. Siguió observando, pendiente de cada palabra, limitándose a escuchar sin juzgar; al menos eso reflejaba su expresión tranquila, su sonrisa cálida, su mirada compasiva.

Para su sorpresa, Mikasa se dio cuenta de que se sentía bastante cómoda hablando con Marco de aquel tema, aun siendo algo tan personal; también se sentía más ligera, mejor, como si sólo con hablar de ello ya se hubiese quitado un peso de encima.

Y todo, a pesar de los momentos de cierta tensión por los que habían pasado antes; o quizás era precisamente gracias a esos momentos, que ahora ella se encontraba lo bastante desinhibida como para hablar libremente del tema… una sensación que solía estar ausente en sus conversaciones con otras personas, incluso las que eran más especiales y preciadas para ella.

–Lo que tengo claro es que yo por esas personas haría lo que fuese –prosiguió Mikasa–. Cualquier cosa, lo que hiciera falta… Y si en la situación que describes, no hacer nada significase dejar que les pasara algo, entonces yo trataría de evitarlo con todas mis fuerzas. Desde luego que lo haría, incluso sabiendo que otros saldrían malparados en su lugar. Aunque la situación terminase empeorando para todos, si hubiera una sola posibilidad de ayudar a los míos… Entonces no dudaría en intentarlo, tantas veces como hiciera falta.

–A pesar de que podrías dañar a otros… –Marco, más que preguntar, lo afirmó en tono neutro, limitándose a enunciar un hecho; hablaba ahora como escuchaba antes, con esa calma atenta en la que había admiración y compasión a partes iguales.

Mikasa frunció levemente el ceño; no por lo que había dicho su compañero, sino por lo que ella pensaba decir a continuación.

"Sé que va a sonar implacable y cruel, pero eso no hace que sea menos cierto, al menos en mi caso. Este mundo no me ha dejado muchas más opciones…"

–Mantengo lo que dije antes –continuó Mikasa–. Es la mejor respuesta que puedo darte, sin más detalles sobre la situación que me has planteado. Pero incluso si para salvar a los míos tuviera que perjudicar a un grupo más numeroso, o a personas más "respetables"… Me da igual, seguiría haciendo exactamente lo mismo.

"Es curioso, Marco no parece escandalizado. A pesar de que prácticamente le estoy diciendo que para mí valen más unas vidas que otras, algo que debería chocar con todo aquello en lo que cree… Aunque las cosas ya no son tan sencillas con el bueno de Marco, ¿verdad? No con todas esas facetas suyas que he descubierto últimamente, facetas que nunca me imaginé que él pudiese tener… No exactamente un lado oscuro, sino más bien distintos matices de gris. Supongo que eso explica por qué está él tan tranquilo y comprensivo como antes, sin desaprobar abiertamente lo que digo."

Marco seguía mirando y escuchando con atención, con ese mismo brillo cálido en los ojos… y también con una expresión calculadora en el rostro, que Mikasa no recordaba haberle visto antes.

"O quizás, como tantas otras cosas, en realidad siempre ha estado ahí y sólo ahora me doy cuenta. Es curioso, pero por alguna razón le veo así y de pronto pienso en Armin…"

–Hay quien diría que cada vida es un tesoro –contestó el pecoso con calma–, que no puedes asignarle a las personas un valor distinto porque éste siempre será ilimitado.

Y en apenas un instante, por la mente de Mikasa cruzaron veloces recuerdos de personas que pensaban de manera muy distinta: los bandidos que asaltaron la cabaña de sus padres, o ya antes de eso la gente que les discriminó hasta el punto de forzarles a buscar refugio en mitad de ninguna parte; los comerciantes que consideraban un desperdicio los esfuerzos de la Legión, o incluso se burlaban abiertamente de ellos; los soldados que prefirieron que muriesen más refugiados tras la Caída para evitar problemas de abastecimiento, o el Gobierno que luego sacrificó a esos mismos refugiados por el supuesto "bien común"…

–Pues está claro que ya queda poca gente que piense como tú –replicó al fin Mikasa, con la furia tranquila del acero en reposo saliendo lentamente de la vaina; una vibración apenas perceptible en el susurro de sus amargas palabras. Quien no la conociese creería que esa rabia profunda, bajo la superficie en calma de un rostro sereno y bello, se dirigía contra la persona que tenía enfrente; alguien más observador, como el propio Marco, se daría cuenta de que en realidad ese blanco era mucho más amplio… y quizás podría abarcar el mundo entero.

–Entiendo –volvió a contestar el pecoso, con una leve sonrisa que al principio le pareció condescendiente a la joven; como si ahora él fuese a retorcer lo que ella había dicho, llevándolo al extremo de lo absurdo para demostrar los errores de esa postura.

Sin embargo, Marco miraba en aquel momento a Mikasa directamente a los ojos; y en aquella mirada tan intensa, que de repente parecía más oscura, su compañera pudo contemplar unas emociones difíciles de imitar… y que ella estaba segura de haber visto antes.

Aceptación. Convicción. Determinación.

Por alguna razón, volvió a pensar en Eren.

–Mikasa… Hay algo que debo contarte sobre Jean.