GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – ¡Gracias a Tximeletta, Eyre Mellark y Boni por las nuevas reviews!


CAPÍTULO 18 – DESPERTAR

Publicado el 20 de agosto de 2016, con una extensión de 2.376 palabras.


–Mikasa… Hay algo que debo contarte sobre Jean.

La bella muchacha de ojos negros parpadeó varias veces, perpleja, asimilando lo que acababa de escuchar; sabía, una vez más, que había oído bien.

"¿A qué ha venido eso de repente? Bueno… Al menos no es tan chocante como lo otro que me dijo antes."

Y su mente, tras un instante de parálisis, salió disparada a toda velocidad; uniendo los puntos y conectando rápidamente ideas bien distintas, pero que habían estado relacionadas desde el principio.

"¿Alguna vez te han dicho lo guapa que eres?"

Volvió a sentir un ligero estremecimiento al acordarse de aquello, aunque luego la sensación se hizo mucho más intensa; porque también recordaba lo que había sucedido en el Cuerpo de Cadetes, la primera vez que cenaron en el comedor.

"Oye, ¿sabes…? Tú… Tienes un pelo muy bonito."

Eso fue lo que le dijo aquella noche Kirstein.

Y entonces Mikasa se dio cuenta de que todo había empezado precisamente con Kirstein, o más bien hablando sobre él; esa crueldad gélida repentina en el rostro de Marco, cuando ella le preguntó cómo podía soportar a un amigo así… en brutal contraste con ese espanto suyo, al oír del supuesto odio de Jean hacia los tres de Shiganshina.

"Pero en realidad ha sido justo lo contrario todo este tiempo, desde el primer día."

En otras circunstancias, la nueva revelación habría paralizado a la joven; ahora en cambio, después de todas esas sorpresas que le había dado su compañero… ni siquiera pestañeó.

–Yo… –susurró Mikasa–. ¿Le gusto a Kirstein?

Y se preguntó para sus adentros si, por esa misma lógica, también le gustaría a Marco…

Sin embargo, la idea ya no le hacía sentirse tan extrañamente halagada como antes; ahora más bien se sentía un poquito… desilusionada.

"No, si al final va a resultar que le gusto a la mitad de los chicos de la 104. ¿Cómo es que no me había dado cuenta? Más allá de la mera camaradería o amistad… Ay, pero dudo que Eren sea uno de ellos."

De repente, Mikasa se sintió cansada, agotada por el vaivén de emociones que le había hecho pasar Marco: al principio, cuando entraron en Trost y los dos se quedaron a solas; después, tras estallar ella contra él por toda la tensión acumulada en el camino, precisamente en parte por sus reflexiones sobre Jean; luego el pecoso reveló ese "lado oscuro" que ella jamás se habría esperado de él…

"Él atacó a Eren igual que yo a Kirstein, cada uno esforzándose en superar al otro haciendo daño a los demás. ¿Qué se supone que dice eso de nosotros, y de qué ha servido si al final era todo un malentendido? Nunca fue odio, sino todo lo contrario…" Mikasa sí sintió entonces una emoción más intensa y bien definida. "¡Qué estúpida, preocupándome tanto tiempo por algo que ni siquiera existía de verdad! La forma en que Jean me mira a hurtadillas, ese nerviosismo suyo las pocas veces que me habla… todo por una razón completamente distinta.

"Lo que ya no sé es por qué se puso Marco antes tan nervioso, explicándome aquel supuesto suyo. Supongo que desde cierto punto de vista podría tener sentido, para él hablar de ese tema conmigo sería como traicionar la confianza de su mejor amigo. Dudo que Jean quisiera que se le comentase a nadie, y a mí mucho menos. Quizás por eso parecía tan angustiado, porque estaba entre la espada y la pared. ¿Guardar silencio y perpetuar el malentendido, o hablar para aclararlo y traicionar esa confianza? Creo que puedo comprender su dilema…

"Aunque en realidad… No, no puedo comprenderlo, no tiene sentido. Algo no encaja… ¿De verdad tanto desasosiego, tanta desesperación, sólo por ese tema? Pero entonces, si eso no es todo… ¿Qué más me estás ocultando, Marco?

"No… No. Déjalo ya, Mikasa, así no vamos a ninguna parte… Por ese camino sólo aguarda la locura."

Todas esas reflexiones apenas le llevaron un instante; y cuando volvió a centrarse en su compañero, preguntándose cuál habría sido su reacción… la muchacha sí sintió esta vez una emoción más nítida e intensa: sorpresa.

Los ojos de Marco estaban muy, muy abiertos; la boca, todavía cerrada gracias a un esfuerzo considerable, con los labios apretados en una fina línea y la mandíbula casi desencajada de la impresión.

Y entonces fue Mikasa quien tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano (del que afortunadamente era capaz) para contener la risa que brotaba en su interior, porque incluso en mitad de aquellas circunstancias tan extrañas y peculiares (unas veces tensas y otras relajadas) la expresión del pecoso resultaba bastante cómica; pero si de pronto ella empezaba a reírse allí mismo a mandíbula batiente, llamaría demasiado la atención de la gente.

"Además, no es cuestión de darle más motivos a Marco para que crea que se me ha ido la cabeza, sobre todo cuando la situación ya es por sí sola lo bastante volátil. Da la impresión de que podría ocurrir cualquier cosa, en cualquier momento…"

Aun así, a pesar de todos sus esfuerzos, Mikasa no pudo evitar que le temblasen las comisuras de los labios; sus ojos negros resplandecían, rebosantes de fuerza y vitalidad.

"Pues vaya… ¿Tan raro sería, que se viera que yo también tengo sentido del humor?"

Sin embargo, aquella sensación de estar a punto de echarse reír, fue dando paso poco a poco a una seriedad ya mucho mayor, conforme iba cambiando la expresión del moreno pecoso; señales sutiles, o quizás no tanto, pero que Mikasa fue capaz no sólo de captar sino también de interpretar (más importante todavía).

Los ojos de Marco ya habían recuperado su tamaño habitual; su boca dejó de hacer aquella cosa tan rara, como si estuviese medio desencajada. Ahora se le notaba el ceño más fruncido, los dientes apretados… y de nuevo, la mirada más oscura; no exactamente fija sobre ella, sino más bien perdida (otra vez) en algún punto de la lejanía, con una especie de irritada determinación que parecía dirigir contra sí mismo.

Y esta vez Mikasa sí se sintió sorprendida, al darse cuenta de que ahora no sólo percibía los detalles del rostro de su compañero, sino que también podía entender cuál era su auténtico significado, con nítida claridad gracias a esa nueva lucidez instintiva.

"En realidad no es tan difícil ponerse en su lugar… Marco ya lleva un buen rato tratando de convencerse a sí mismo para hacer lo correcto y revelarme al fin la verdad sobre Jean, aun con el remordimiento de traicionar su confianza… Entonces llego yo y adivino de pronto eso que tanto le costaba contarme. En apenas unos instantes todas sus preocupaciones quedaron en nada…

"Quizás eso no tenía más importancia que la que él quiso darle desde el principio, con tanto esfuerzo… Ciertamente hay cosas que sólo son 'reales' en la medida en que les dedicamos tiempo y energías.

"El problema es que, si renunciamos a seguir preocupándonos por lo que en realidad no importa, será difícil no sentir que todos esos esfuerzos han ido directos al cubo de la basura. Pero claro, mayor desperdicio todavía es continuar dándole importancia a eso que no la tiene, haciéndolo real a costa de nuestras preocupaciones, sólo por ser lo que ya habíamos estado haciendo antes… ¿Quizás con la esperanza de que entonces, de algún modo, todo habrá servido para algo?

"Creo que Armin me habló alguna vez de esto. ¿'La falacia del coste hundido'? Falacia, sí, porque si estás cometiendo un error, seguir haciendo eso mismo no va a resolver nada. En una situación así, tiene más sentido detenerse, recapacitar y ver cómo continuar a partir de ahí, pero de otra forma distinta y mejor.

"Armin también dice que 'locura' es repetir siempre lo mismo y esperar que la próxima vez, de algún modo, el resultado sea distinto.

"La clave está en evitar aferrarse a algo que en realidad no existe, pero… ¿Seré capaz de hacerlo? ¿Podré dejar de despreciar a Jean, si verdaderamente no me odia? Esas emociones tan negativas, que tanto consumen sin aportar nada a cambio… Y nada de esto tiene base real, ni más importancia que la que yo quiera darle.

"Marco se encuentra en una situación parecida… Quizás la solución sea la misma para ambos: en vez de aferrarse, liberar toda esa tensión acumulada. Claro que es más fácil decirlo que hacerlo… Un problema y su respuesta, ¿es eso lo que nos une ahora a los dos? Entonces no se trata sólo de que yo le ayude a él, o él me ayude a mí… Estamos juntos en esto. En estas circunstancias, en este momento y lugar, cada uno puede ayudarse a sí mismo a la vez que al otro.

"Pues entonces está claro lo que tengo que hacer. Y no es sólo que se lo deba por ser mi compañero, es que si ahora me siento capaz de ayudarle es precisamente gracias a él. Yo… Yo sé que antes no podría haberlo hecho, me habría limitado a mirar sin más. Ahora en cambio, esta claridad y nitidez no sólo para ver sino también para comprender

"Es como si algo hubiese despertado dentro de mí. No tan repentino como cuando me encontré con Eren por primera vez, en aquella cabaña… No una explosión, ni un fuego que se enciende de pronto y lo arrasa todo, sino algo mucho más suave y sutil. Sin violencia, o al menos de otra clase distinta, porque todavía queda cierta tensión entre nosotros, ¿verdad Marco?

"Como el agua y el viento erosionando una montaña, lenta pero inexorablemente, hasta que un día te das cuenta de que la montaña ya no está… Y al desaparecer esa barrera, puedes ver las cosas con otros ojos, de otra manera completamente distinta, mucho más auténtica.

"Quizás sea por eso que cuando pienso en Marco enseguida me acuerdo de Eren. Los dos son muy distintos, pero en cierto modo también se parecen. Cada uno de ellos ha conseguido despertar algo dentro de mí, haciéndome más grande, acercándome más a todo lo que puedo llegar a ser.

"No debería sorprenderme esto de Marco, siempre ha tenido ese efecto en los demás, encendiendo poco a poco ese algo en nosotros, ayudándonos a descubrir todo nuestro potencial. Ahora él me lo ha hecho a mí y la verdad es que… Me siento bien. Es como si de pronto estuviese viendo otro mundo, más claro y mejor.

"Y es extraño, pero… Casi tengo la sensación de que se ha parado el tiempo, o el mundo se ha detenido. ¿He sido yo quien lo ha hecho? ¿Es éste el poder que Marco ha despertado dentro de mí?

"Si he conseguido algo así, no creo que haya sido sólo cosa de un día, sólo por esta conversación que hemos tenido los dos, debe de ser algo que ya empezó hace tiempo… Un camino que he ido recorriendo junto a Eren y Armin, hasta llegar donde estoy ahora y convertirme en lo que ya soy. Pero habría sido Marco, justo en este momento, quien ha terminado de producir en mí ese cambio, ese efecto suyo tan característico…

"Es curioso que esto de ahora haya sido precisamente gracias a él, que antes me había estado interrumpiendo cada dos por tres… ¡Lo que pueden cambiar las cosas en tan sólo un instante!

"Y si Marco ha hecho esto por mí, ¿cómo no voy a hacer yo ahora todo lo que pueda para ayudarle? Si por fin puedo cambiar las cosas con mis palabras, ¿cómo no voy a empezar precisamente por la persona que me ha ayudado a despertar?"

Todas estas reflexiones parecieron transcurrir en el tiempo de apenas un parpadeo; o quizás no sólo lo parecía, sino que realmente fue así. Tal vez Mikasa, aun sin saberlo, había sido capaz de detener con un solo gesto el mundo a su alrededor, transformando aquellos instantes en una breve eternidad.

Quizás eso era auténtico poder; y quizás ella tenía el mundo en la palma de su mano, más literal que figuradamente.

Y aunque no se lo planteara conscientemente, parte de Mikasa sí acariciaba a cierto nivel la idea de estar rozando con sus dedos alguna cualidad más bien divina

Sobre todo por la forma en que le estaba mirando Marco; la intensidad de aquellos ojos castaños, que ahora no la perdían de vista, le hacían sentirse mucho más que simplemente admirada.

Mikasa se acordó entonces de un viaje que el Cuerpo de Cadetes había hecho al Distrito de Stohess. Armin y ella visitaron luego, por simple curiosidad, una capilla de aquel "Culto a los Muros" cada vez más popular. Eren no les acompañó, naturalmente; el feroz moreno despreciaba a quienes se desentendían de la lucha contra los titanes, confiando en que alguien ya se encargaría de ellos, en vez de intentar exterminarlos a todos con sus propias manos.

Eren quizás exageraba un poco, pero sin equivocarse del todo; Mikasa también tuvo una impresión similar, al entrar en aquel edificio que invitaba al recogimiento y acaso a la búsqueda de cierta paz interior. Un sacerdote oficiaba una ceremonia más sencilla de lo parecía a simple vista, rodeado de unos cuantos feligreses, invocando la protección de esas tres diosas cuyos nombres todos conocían: María, Rose, Sina.

Mikasa estaba segura de que la expresión de casi todos esos rostros era de adoración.

Y ella creía ver ahora esa misma emoción en los ojos de Marco.

Algunos de esos feligreses, quizás los más decididos, tenían un brillo parecido en la mirada.

La luz de quien había encontrado algo en lo que creer, o más bien alguien.

Una persona en la que creer, una persona a la que admirar; una persona que inspiraba a superarse, una persona que animaba a convertirse en más.

Una persona con la que no importaría compartirlo todo, durante toda la vida; una persona que era luz en ese camino, que merecía la pena recorrer.

Una persona que daba fuerzas que luego se podían devolver, para bien propio y de los demás; una persona con la que se volvían ligeras todas las cargas, aunque aumentaran en número.

Una persona que todo lo hacía más real, más auténtico; una persona a cuyo lado en verdad era posible simplemente ser.

–Hum… Mikasa, ¿va todo bien? Llevas ya un minuto sin decir nada…