GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – Una vez más (y no será la última), quiero dar las gracias a quienes siguen esta historia con interés; incluso a los lectores "ninja" que vienen y van sin dejar apenas rastro.


CAPÍTULO 19 – LO QUE DEBE DECIRSE

Publicado el 26 de agosto de 2016, con una extensión de 2.375 palabras.


–Hum… Mikasa, ¿va todo bien? Llevas ya un minuto sin decir nada…

La bella muchacha de ojos negros, al oír de nuevo la voz de su compañero, dejó escapar una leve sonrisa y un pequeño suspiro.

"Y naturalmente, Marco vuelve a interrumpir… Algunas cosas no van a cambiar de repente, ¿verdad?"

Sin embargo, Mikasa no lo pensó esta vez con acritud; más bien resignación. Pero todavía notaba en su interior un rastro de aquel buen humor que, tan sólo un momento antes, había estado a punto de hacerle reír como una loca.

–Sí, Marco, todo va bien –contestó la chica, reflejando perfectamente en su tono la determinación tranquila que bullía con suavidad dentro de ella–. La cuestión es si estás bien.

Y el pecoso, a quien quizás ya debería considerar no sólo un compañero sino también un amigo, dejó de observarla con la admiración de antes (y algo más); su rostro volvió a tensarse ligeramente, revelando su agitación interior con señales sutiles que ahora ella sí fue capaz de interpretar.

–Marco, escúchame bien… y por lo que más quieras, no me interrumpas –Mikasa decidió atajar de raíz aquel nuevo brote de irritación y angustia; a pesar de la seriedad de su voz, seguía sonriendo–. Creo que sé cuál es el problema. Has estado debatiéndote todo este tiempo, entre guardar silencio o contarme la verdad sobre Jean, porque seguramente consideras que no te corresponde a ti revelarla. Y resulta que cuando por fin has tomado esa decisión, tan difícil para ti, de repente parece que yo ya lo sabía… pero te aseguro que no es así, hace un momento no tenía ni idea. Y creo que yo nunca me habría dado cuenta, si tú no hubieras dicho precisamente eso. Puedes… planteártelo de esta forma, ¿de acuerdo? En realidad no me has llegado a contar nada que suponga traicionar esa confianza, pero tus esfuerzos para decidir tampoco han sido en vano, porque si no fuera por ti yo aún seguiría dando palos de ciego con todo esto. ¿Entiendes a qué me refiero? Marco… no te sientas culpable, ni tampoco como un inútil, porque te aseguro que no eres ninguna de esas dos cosas.

Cuando Mikasa terminó de hablar, el moreno pecoso se quedó mirándola en silencio; en su rostro, algo inescrutable incluso para ella, una expresión sólo aparentemente neutra.

"¡Vaya! ¿Y a qué viene de pronto esa cara? ¿Acaso cree que le estoy mintiendo? ¿O es que intenta buscarle otro sentido a mis palabras? ¡He dicho lo que he dicho, así de claro! ¿Por qué no puede aceptarlo sin más, en vez de continuar dándole vueltas? Ay… Algunas cosas no cambian de golpe. Creí que al fin podría ver de verdad, pero parece que sigo sin saber quién es realmente Marco Bott."

Y entonces, de repente, aquel nuevo momento de tensión se fue tan rápido como había venido.

–Pues la verdad es que… –su compañero se pasó una mano por la nuca–. Así me quitas un peso de encima. Gracias, Mikasa.

Marco volvió a sonreír, con esa gentil calidez que también hacía brillar sus ojos; y la sonrisa de la joven oriental se hizo un poquito más amplia, con la satisfacción de haber logrado su propósito.

"Mis palabras han sanado a alguien…" Y por un instante, Mikasa se sintió capaz de hacer cualquier cosa, como si ya no hubiese nada imposible; sin embargo, aquella luminosa sensación de bienestar fue dando paso rápidamente a cierta perplejidad, al recordar lo que les había traído hasta allí.

"Bueno, no se va a resolver todo de una vez, hay que ir paso a paso, lo primero es lo primero…" Ella no se desanimó; simplemente se dio cuenta de lo mucho que aún le quedaba por delante.

–Así que todo este tiempo yo le he gustado a Jean… –la chica se extrañó al oír sus propias palabras; había pronunciado aquel nombre en vez del apellido, sin el tono de desprecio con que solía referirse últimamente al mejor amigo del pecoso–. Desde el primer día, ¿verdad?

Casi era una certeza, pero cuando Marco contestó con una muda afirmación Mikasa ya lo confirmó sin lugar a dudas; y por un momento, no supo cómo continuar.

–Tres años –consiguió decir al fin la muchacha, aún aturdida por las implicaciones de todo aquello; se esforzó en contener el enojo que sentía crecer en su interior–. Tres años… ¿y él no me dijo nada?

"Tienes un pelo muy bonito." Eso, la primera noche; lo único.

Marco se encogió de hombros, alzando un poco las manos, como diciendo "qué le vamos a hacer"; en su expresión había algo de incomodidad, vergüenza ajena y ligera culpa.

Mikasa frunció el ceño; tuvo que esforzarse más todavía para controlar su incipiente ira, aunque una parte se reflejó en sus ojos negros, consiguiendo inquietar a su compañero.

–Pero entonces, ¿por qué lo hace? –musitó la joven para sí; luego se lo preguntó al pecoso–. ¿Por qué tiene que ser siempre Jean tan antipático? No sólo conmigo, o con los de Shiganshina, ¡sino con casi todo el mundo! Le he visto actuar así con los otros cadetes, también con algunos instructores, ¡incluso con su propia madre!

Al oír aquello, Marco abrió mucho los ojos; pareció quedarse un instante sin aire, pero enseguida volvió a respirar profunda y sonoramente, tratando de mantener la calma… tal y como ella le había aconsejado antes. Mikasa sabía que no era el miedo lo que le había cortado el aliento, sino la ira.

La sombra de aquella intensa emoción se desvaneció con rapidez. Enfrente de la muchacha estaba ahora "el bueno de Marco": conocido por todos, amable y conciliador, capaz de mediar incluso entre eternos rivales; alguien con el poder de sacar lo mejor de sí mismo y de los demás, rodeado por un aura de determinación tranquila y apacible.

"Él verdaderamente es así. Estoy conociendo otras facetas suyas, pero tanto lo bueno como lo malo forma parte del auténtico Marco. Todos tenemos nuestras luces y nuestras sombras…"

–Al final le pidió disculpas –dijo de pronto el pecoso.

–¿Eh? –fue todo lo que pudo contestar Mikasa en ese momento; su desconcierto debió resultar algo cómico, porque la sonrisa de él se hizo un poquito más amplia, sin perder aquella calidez tan suya.

–Jean y su madre… –Marco se pasó otra vez la mano por la nuca, ligeramente incómodo, de nuevo con la vista perdida; las dudas no le paralizaron por mucho tiempo y en un instante volvió a fijar su mirada en los ojos negros de su compañera–. Creo que te estabas refiriendo a los últimos simulacros que hicimos en Trost, ¿verdad? Ella fue a visitarle al comedor, porque Jean ni siquiera había pasado por casa, y luego la echó de allí a empujones. Por supuesto que eso es lo que todos recuerdan… –su expresión perdió algo de calidez–. "Oh, mira cómo trata a su propia madre, debe de ser una persona terrible." Pero nunca es tan sencillo, Mikasa, y desde luego no lo sabes todo.

Volvía a haber algo frío y oscuro en aquellos ojos castaños… y de repente la muchacha sintió que se le erizaban los pelos de la nuca; ahora fue ella quien se concentró en inspirar profundamente para mantener a raya el pequeño torbellino de irritación y temor (sobre todo irritación) que notaba crecer en su interior, junto con las ganas de soltarle un guantazo a su compañero.

"Ese tonito del final ha estado de más, aunque tenga parte de razón."

–Lo que tú no sabes… –continuó Marco, ya más sereno, con una leve sonrisa en la que podía leerse una muda disculpa–. Y quizás no debería ser yo quien te lo dijera, pero creo que es más importante aclararlo ahora… –dejó escapar un tenue suspiro–. Lo que tú no sabes es que Jean, al final, sí fue a visitar a su madre, y bueno… –una breve pausa; lucha interna–. Le pidió disculpas y todo, de hecho hoy tiene pensado ir a casa en cuanto pase por los barracones.

Mikasa se relajó considerablemente al oír aquello; también sintió un poquito de vergüenza. "A pesar de todo sigo esperándome lo peor de Jean. Marco tiene razón, las cosas no suelen ser tan sencillas, las apariencias pueden engañar, yo debería saberlo bien… Así tiene más sentido, ¿no? Marco parece una buena persona, pero no es sólo eso; Jean parece un matón, pero también debe ser más que eso. No me extraña que los dos se lleven tan bien entre ellos, cada uno estaría complementando al otro…Y al menos con Jean, estas facetas ocultas que se van revelando son una sorpresa agradable. Aunque ahora que lo pienso…"

–Te creo, Marco –respondió Mikasa, frunciendo el ceño mientras hacía memoria–. Jean le tiene respeto a su familia, eso está bien, pero dime… –apuntó con un dedo a su compañero–. Tal vez tú me lo puedas explicar, porque de verdad que no lo entiendo. Si yo le gusto a Jean, ¿por qué tiene que ser tan antipático con Eren, y con Armin, y conmigo?

–Bueno, pues… –Marco se rascó la nariz, pensativo–. Me parece que Jean no es tan antipático con Armin, incluso creo que se lleva mejor de lo habitual con él. Si no fuera así me habría dado cuenta, porque entre unas cosas y otras suelo pasar bastante tiempo con los dos.

"Seguramente tiene razón," pensó Mikasa. "Eren, Armin y yo casi siempre estamos juntos. Así que, claro, Jean no se va a acercar tanto a Armin con nosotros a su lado. En cambio, Marco es el mejor amigo de Jean y también pasa tiempo con Armin limpiando el equipo de maniobras, o hablando de sus cosas… Supongo que Marco habrá estado junto con Jean y Armin más a menudo que nosotros."

–De acuerdo –admitió Mikasa–. Por lo que dices, está claro que Jean no odia a Armin. Y ahora que sé lo que Jean siente por mí, reconozco que las pocas veces que se dirige a mí pueden interpretarse de otra manera completamente distinta, pero Marco… ¿¡Por qué tiene que tratar así Jean a Eren!?

La joven, irritada, terminó levantando la voz; luego echó discretamente un vistazo a su alrededor, pero no parecía haber llamado la atención de nadie. El pecoso, aun algo sobresaltado, se limitó a guardar silencio y hacer un gesto con la mano, animando a continuar a su compañera.

–Es decir… –Mikasa siguió hablando con delicada firmeza–. Si yo le gusto a Jean y él quiere que le mire con buenos ojos, debería hacer lo que yo prefiero, ¿no? Lo lógico sería tratar mejor a Eren para causarme una buena impresión, en vez de estar buscando pelea cada dos por tres… ¡Eh! ¿Se puede saber qué te hace tanta gracia?

De repente había aparecido una sonrisa en los labios de Marco; al principio Mikasa creyó que la mueca era burlona, pero enseguida vio que también había incredulidad y asombro, como si de pronto hubiese topado con un chiste que sólo podía entender él.

–Me parece que todavía no te has dado cuenta… –Marco habló en voz baja y clara; quizás con una ligera vibración, como intentando contener la risa–. En este tipo de situaciones, Mikasa, la gente no tiende a actuar de manera lógica y racional. Francamente, me sorprende que pienses algo así…

" deberías saberlo mejor que nadie." No dijo las palabras, pero Mikasa las oyó igualmente; y ella, de nuevo, necesitó un esfuerzo considerable para no hacer rechinar sus dientes. La silenciosa furia que sentía arder en su interior, como fuego helado, se reflejó sin problemas en la intensa mirada de aquellos ojos negros.

"¿Te estás atreviendo a compararme con Jean, como si lo que él siente por mí se pareciese a lo que yo siento por…?"

Tal vez la muchacha se enfureció porque en parte reconocía que su compañero volvía a tener razón; quizás aún estaba luchando consigo misma sin llegar a admitir del todo sus verdaderos sentimientos por Eren.

"En realidad, todavía no sé lo que debería hacer… Tratándose de él, no tengo ni idea…"

Sin embargo, como había dicho el pecoso, en una situación así era difícil pensar con la cabeza fría y la mente despejada; aunque la temperatura podría haber bajado varios grados de golpe, a juzgar por la mirada gélida que le dirigió la joven.

–No me digas, Marco… –susurró Mikasa, con la misma frialdad que había en sus ojos–. ¿En serio? ¿Y desde cuándo te has convertidoprecisamente en un experto en el tema?

Y entonces ella supo que había cometido un error.

Porque no era la primera vez que ocurría algo así; porque ya se había dejado llevar antes por aquella furia oscura… capaz de resonar dentro de él, despertando la oculta en su interior; y una no tenía que envidiar tanto a la otra, lo cual hacía que la situación fuese aún peor, precisamente por tratarse de él.

De repente, Mikasa creyó ver que en el rostro de Marco no había una sola expresión, sino varias, como si cada una intentara superponerse a las otras; en esos rasgos podía leerse al mismo tiempo amabilidad, comprensión, sorpresa, dolor, tristeza… y una frialdad que era fiel reflejo de la de ella.

Y por un momento, aunque sólo fuese por el más breve de los instantes, ella estuvo convencida de que su compañero sería capaz de arrancarle las entrañas… o al menos intentarlo.

Pero el momento pasó y Marco volvió a ser el mismo de siempre… aparentemente.

–Así que un experto, ¿eh? Je, quién sabe. Quizás lo soy.

Su voz había recuperado la calidez, que ahora también reflejaban sus rasgos, pero en aquella sonrisa se adivinaba una triste resignación; y por alguna razón, Mikasa se acordó de cuando Marco se había puesto de cara a la pared, con su mirada perdida en algo que nadie más alcanzaba a ver, trágico y siniestro.

La muchacha volvió a notar que se le erizaban los pelos de la nuca, por un terrible presentimiento… y tal vez en un intento de combatir la sombra de aquel pánico que amenazaba con invadir su mente, sintió que necesitaba hacerle una pregunta a su compañero.

–Marco, dime… Acaso… ¿Yo también te gusto?