GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – ¡Gracias a Haimaki por la nueva review!


CAPÍTULO 20 – LO QUE DEBE HACERSE

Publicado el 1 de septiembre de 2016, con una extensión de 2.902 palabras.


"¿Yo también te gusto?"

Fue un susurro claramente audible para ambos.

Por un momento, la oscuridad volvió a apoderarse de Marco, con fuerzas redobladas; su rostro, su expresión… sus ojos.

Aquella sombra pasó rápidamente, tanto que casi dudó Mikasa de haber visto bien; casi.

En el rostro del pecoso apareció enseguida otra expresión no menos intensa: admiración… y ese algo más que ya le había visto también antes.

Luz y oscuridad al mismo tiempo, en aquellos ojos castaños.

La forma en que él la miraba ahora le hacía sentirse de muchas maneras distintas a la vez: vulnerable y fuerte, desdeñada y querida, temida y… deseada; como si él viese, no a través de ella, sino todo lo que ella era y podría llegar a ser.

Mikasa volvió a pensar que verdaderamente Marco era capaz de despertar el potencial de los demás; y quizás había encendido en su interior algo que ya nunca se apagaría, algo que le hacía sentirse bien, plena, viva.

Pero esta vez su mirada le hizo sentirse mucho más que simplemente halagada, porque era el tipo de mirada que podía convertir a una chica en una diosa; capaz de lograr cualquier cosa, con tan sólo una palabra, un gesto… una mirada.

Y por un instante, Mikasa se sintió más aterrada de lo que jamás había estado en toda su vida.

No fue sólo porque su mirada estuviese recorriéndola, examinándola, devorándola (parte de ella se preguntó por qué no podría mirarla así Eren); también empezaba a imaginarse, casi instintivamente, cómo habría cambiado todo si hubiera…

Si hubiera sido Marco quien acudiese a su rescate en aquella cabaña, hacía ya cinco años.

Si hubiera sido Jinae el lugar elegido por sus padres al exiliarse, para vivir tranquilamente.

Si hubiera sido ella quien estuviese justo al lado del pecoso, en el primer día de Instrucción.

Quizás habría sido Marco quien la rescatase de las garras del frío más cruel, compartiendo con ella esa calidez que era parte integral de él, tanto como la sombra creada por esa misma llama.

Quizás habría sido Marco el mejor amigo de su infancia, durante los años de una vida tranquila en Jinae; quien le diese a ella un propósito, un objetivo, una razón para seguir luchando, a pesar de todos los obstáculos.

Quizás habría sido Marco quien guiara sus pasos desde el principio de la Instrucción, sacando lo mejor de sí misma y los demás; templando con prudencia y honestidad el temerario arrojo de Eren, con sinceridad y confianza la enorme inteligencia de Armin… y con su cálida cercanía, la distante frialdad con la que ella solía mantenerse apartada del resto del mundo.

"Y quizás me habría dado cuenta mucho antes de lo que de verdad siento por Eren… Pero entonces, ¿seguiría siendo Eren la persona por la que tengo esos sentimientos? ¿O acaso sería yo otra persona completamente distinta?"

Casi empezó a notar que se ahogaba en un mar de infinitas posibilidades, donde cada vez le costaba más encontrarse a sí misma, donde cada vez dudaba más de quién era ella en realidad.

"Quizás ese lugar en mi corazón lo habría ocupado quien sé que hace resonar mi propia luz… y también mi oscuridad."

Y ya entonces sintió terror, ante la idea de que si las circunstancias hubieran sido diferentes, todo lo que ella era (sus pensamientos, sus emociones) y que ingenuamente creía inmutable e indeleble, habría terminado convirtiéndose en…

"¿En qué? ¿Podría reconocerme, o dejaría de ser quien soy yo ahora, por un cambio de ese destino sobre el que no tengo control alguno, totalmente fuera de mi alcance? ¿Acaso seguiría existiendo? ¡Ya ni siquiera estoy segura de si todavía sigo siendo…!"

–Mikasa.

Aquella única palabra bastó para rescatarla del implacable y desolador vacío que la consumía; como si una gigantesca mano, reconfortante y cálida, la protegiese con tierna y sorprendente delicadeza, sosteniéndola amablemente hasta volver a dejarla con suavidad en el presente…

Presente en el que Marco seguía estando frente a ella, a tan sólo un paso de distancia, observándola atentamente con una sombra de preocupación en sus expresivos ojos castaños.

Y en ese instante, de algún modo, Mikasa se convenció de que él sabía en qué estaba pensando ella exactamente; pero esta vez no se sintió inquieta ni desasosegada con aquella idea, al contrario, se quedó ya mucho más tranquila.

Porque si alguna persona podría leer sus pensamientos sin molestarla, sería precisamente Marco; alguien que estaría siempre dispuesto a usar cualquier habilidad para ayudar a los demás… y ahora en concreto a ella, cuando más vulnerable se encontraba.

Sorprendentemente (o no tanto) sus siguientes palabras confirmaron todavía más aquella impresión.

Mikasa logró incluso sonreír un poco, a pesar del torbellino de confusión que aún azotaba su mente. Sin embargo, conforme iba oyendo su voz, sentía que aquella mano gigantesca y amable continuaba protegiéndola con la misma suavidad de antes; limpiando de preocupaciones su mente… bañando en calidez su corazón y su alma.

–Mikasa, yo… –parecía imposible que su mirada pudiera ser aún más intensa–. Me has preguntado si a mí me gustas, y bueno… –una profunda inspiración, un hondo suspiro–. Pues sí que me gustas, Mikasa. ¿Cómo podrías no gustarme? Tendría que estar ciego y sordo… –la admiración volvió a brillar en aquellos ojos castaños, con la tranquila y acogedora intensidad de un fuego controlado–. Y quizás tú no te has dado cuenta, porque es más fácil ver algunas cosas desde fuera, pero… –buscó por un instante las palabras–. Eres fuerte, Mikasa, muy fuerte, una de las personas más fuertes que conozco. Nunca te rindes, no te desanimas ante nada… –una leve sonrisa–. Aunque estés cansada, tú siempre sigues adelante, sin dejar que eso te detenga. De verdad, Mikasa, a veces pienso que eres indestructible.

Los ojos negros de la morena se abrieron un poco más por la sorpresa al oír aquello; luego recordó que tenía que seguir respirando y llenó avariciosamente sus pulmones con el fresco aire invernal. No le hizo falta ver el sonrojo de sus mejillas para sentirlas arder… algo que no debía distar mucho de lo que se veía ahora en el rostro de su compañero pecoso.

Marco no le había dicho ninguna de esas cosas que (según tenía ella entendido) eran las típicas que solían decirse en ese tipo de situaciones, como "eres muy bonita", "tienes unos ojos preciosos" o "me gusta mucho tu pelo". Sin embargo, la forma en que él había dicho que ella era fuerte, que era indestructible, junto con la intensidad de su mirada… de nuevo le hizo sentirse bien, plena, grande; más que simplemente admirada, poderosa, capaz de cumplir sus deseos, esta vez sin miedo alguno.

Y en aquel momento, la situación dejó de parecerle ya tan extraña, como si en realidad no hubiese podido ocurrir de otra manera; como si todo por lo que ella había pasado inevitablemente tuviera que suceder y terminar así.

Una parte de Mikasa volvió a preguntarse por qué no podría decirle Eren esas cosas tan bonitas; otra parte de ella, la misma que prácticamente se sentía adorada (una sensación con la que cada vez se encontraba más cómoda) y que en aquel momento llevaba las de ganar, guardó silencio y prestó atención a lo que aún tendría que decir el pecoso.

Mikasa notó que el agradable calorcillo de sus mejillas empezaba a extenderse por el resto de su cuerpo… y fue entonces cuando sintió una gran paz en su interior: como si todas las preocupaciones que la atenazaban se consumieran en las llamas de aquel fuego tranquilo que le había propagado Marco; como si la poderosa calidez de aquella mano gigantesca hubiese reconfortado a la muchacha hasta convertirla también a ella en gigante.

Y de nuevo le vino a la mente la misma imagen que se le había ocurrido en el camino a Trost: el frío mar de preocupación que amenazaba con ahogarla, reducido a un simple charco que ni siquiera le llegaba a la suela de las botas.

Mikasa se dejó llevar plenamente por aquella sensación de bienestar, tan increíble y placentera; poco le faltó para cerrar los ojos y ponerse a ronronear, como una gata perezosa estirándose al sol. Al final se limitó simplemente a sonreír, con esa amable calidez de la que su compañero ya le había dado tanta durante todo este tiempo, hasta que por fin ella también notó sus efectos.

Supo que ya no corría el riesgo de perderse a sí misma; sus dudas se habían ido desvaneciendo desde que él pronunció aquella única palabra con el tono de una oración en sus labios… "Mikasa."

Y también supo que esa sensación maravillosa de bienestar, de plenitud y de poder, había venido en un momento de lo más oportuno; tenía el presentimiento de que lo iba a necesitar. Por su espalda cruzó un leve escalofrío de expectación; sintió que se le erizaban los pelos de la nuca, a pesar del potente fuego que aún ardía reconfortándola en su interior.

–Pero también hay que ser realistas. –Marco torció ligeramente los labios; Mikasa no estaba segura de cómo interpretar aquella mueca–. Los dos seguimos caminos muy distintos. Sí, hemos coincidido estos últimos años en el Cuerpo de Cadetes, pero después cada uno se irá por su lado, tú a la Legión con tus amigos y yo a la Policía Militar con los míos. –Marco volvió a sonreír con la misma calidez de antes y se encogió levemente de hombros, como quitándole importancia al asunto–. Supongo que a estas alturas ya nada cambiará eso, ¿verdad? Es fácil entretenerse pensando en todo lo que "podría haber sido", en cómo cambiarían las cosas si esto o aquello fuera distinto…

Su expresión seguía siendo la misma, pero de algún modo ahora parecía más serio; aun así, sus ojos no habían perdido aquel brillo tan cálido.

–Y hay que tener cuidado con los peligros de la imaginación, porque podrías terminar perdiéndote entre todas esas posibilidades… –aquí su sonrisa se hizo un poquito más amplia–. Como me dijo un buen amigo, lo importante es centrarse en el presente, porque es ahora cuando podemos cambiar el futuro con nuestras decisiones. Tienes suerte, Mikasa, y también buenos amigos, si seguís juntos llegaréis lejos. Armin es una de las personas más inteligentes que conozco. En cuanto a Eren… –de repente se ensombreció su mirada–. Él todavía no se merece a alguien como tú.

Quizás lo habría hecho en otras circunstancias, pero ahora Mikasa no perdió la calma al oír aquello; tampoco suplicó, ni imploró. Ya se sentía más segura de sí misma, precisamente gracias a ese compañero en el que también confiaba; y sus penetrantes ojos negros se clavaron en los castaños del pecoso, igual de intensos, exigiendo nada menos que la verdad, con serena determinación.

"Di lo que tengas que decir, para bien o para mal, pero por lo que más quieras, no me mientas. Sabes lo importante que esto es para mí, espero que seas sincero conmigo. Confío en ti."

Y la chica oriental se sintió aún más convencida de que el joven moreno era capaz de leerle el pensamiento. Marco pareció debatirse en una breve pero feroz lucha interna, hasta que por fin tomó su decisión; y ella confió en que, tratándose de él, sería la decisión correcta, aunque fuese también la más difícil.

Aquella confianza en su amigo no se vio defraudada.

–Antes dije todavía. –Marco frunció el ceño en un gesto de desagrado–. Eren todavía no se merece a alguien como tú… pero eso puede cambiar. Las cosas no tienen por qué seguir siendo siempre iguales. La gente cambia. Si no lo reconociese, me estaría convirtiendo en el mayor hipócrita…

Lo último lo dijo ya más para sí que para ella. De nuevo se le nubló la mirada a Marco, perdiéndose en algún punto lejano; apretó la mandíbula, obstinado, como si aún no diera su brazo a torcer, en aquel combate que libraba contra sí mismo. Sin embargo, cuando volvió a hablar, su expresión se suavizó.

–Antes me has preguntado cómo puedo soportar a Jean.

Mikasa tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para no estremecerse con el impacto de sus propias palabras, ahora en boca de él; ayudó que el tono de su compañero fuese cálido y sincero, carente de recriminación o reproche. El pecoso sonreía con tranquilidad y sin furia; aunque seguía sin mirar directamente a la muchacha, sus ojos castaños iban brillando cada vez con más entusiasmo.

–Supongo que es sólo cosa mía, pero… La gente mira a los demás y ve simplemente lo que son. Yo les miro y veo todo lo que pueden llegar a ser. Y cuando miro a Jean… –el brillo de sus ojos se hizo aún más intenso–. Sé que a primera vista Jean no parece una buena persona, que parece débil… Y quizás lo sea.

"¿No es eso lo que dijo antes de Eren? ¿A qué está jugando ahora?" Mikasa no lo preguntó en voz alta; no quiso interrumpir a su compañero.

–Pero hay distintas clases de debilidad –continuó Marco–. Está la debilidad que te hace valorar cada paso que das, ganándote de verdad lo que has logrado, por pequeño que sea. Es el tipo de debilidad que te permite apreciar todo progreso,tu propia fuerza y también la de otros. Eso a su vez anima a seguir mejorando, uno mismo y los demás… ¿Cómo voy a quedarme de brazos cruzados, si miro a una persona y veo esa diferencia entre lo que es y lo que puede llegar a ser?

"Típico de Marco." Mikasa también sonreía con suavidad. "Tiene que ayudar a los demás a alcanzar todo su potencial, no puede evitarlo…"

–Y supongo que eso fue lo que me pasó con Jean desde el principio… –Marco tenía una expresión soñadora; se le notaba en la sonrisa, en la mirada–. Quizás sea la persona en la que esa diferencia es mayor. Lo he visto, Mikasa. He visto todo lo que él podría llegar a ser. Un jefe de tropas inspirador, un líder capaz de sacar lo mejor de sus soldados, y más, mucho más. En todo eso podría convertirse Jean.

"Entonces debe ser cierto…" Mikasa casi sentía que la cabeza le daba vueltas, con todas las ideas que de pronto se le ocurrían. "Jean vale más de lo que aparenta, si también puede sacar lo mejor de los demás, al igual que Marco. Supongo que tiene sentido, los dos han pasado mucho tiempo juntos durante los últimos años, normal que a cada uno se le terminen pegando cosas del otro. Por eso Jean sería capaz de inspirar a más gente, y Marco a veces también parece un poco peligroso…

"Pero hay algo más. Esas cualidades que Marco describe en su amigo… Creo que yo también puedo verlas. ¿Acaso no está Jean entre los primeros de la promoción? Eso no lo consigue cualquiera. Tal vez sea precisamente por su rivalidad con Eren, por la forma en que cada uno va tirando del otro, animando a superar sus límites, a ir más lejos todavía… ¿Será esto a lo que se refiere Marco, con lo de que Jean inspira a los demás?

"Y eso no es todo. Yo le gusto a Marco porque soy fuerte… ¿Le gusto a Jean por la misma razón? Esa preferencia, ¿es algo que uno le pegó al otro, o surgió por separado? Desde luego, si prefieren lo mismo, esto explicaría por qué se llevan tan bien entre ellos. Pero entonces, de ser así, ¿significa eso que…?"

Mikasa iba sintiendo crecer en su interior, poco a poco, una terrible sospecha; y al mismo tiempo, notaba que perdía la cálida y reconfortante seguridad en sí misma que tanto trabajo le había costado obtener. A todo esto, inocentemente, Marco continuaba hablando con tranquilo entusiasmo.

–Jean dice lo que piensa, no tiene pelos en la lengua, y eso es algo que también admiro en él, aunque reconozco que a veces puede ser un poco…

–Marco, eso que acabas de… –interrumpió Mikasa con la mayor suavidad posible–. "Jean dice lo que piensa…" ¿Verdad? Pero si es así, entonces, ¿por qué no me ha dicho nada en estos tres años? Y tú… Marco, siempre estás ayudando a los demás, mediando entre ellos, aclarando malentendidos. Y él es tu mejor amigo.

El frío que sentía en su estómago empezaba a extenderse por todo su cuerpo… y aun así, ella no podía parar; tenía que seguir adelante, necesitaba hacer esa pregunta.

–Tu mejor amigo –repitió Mikasa–. Y yo le gusto, y creo que tú lo sabías desde el principio, y ahora resulta que yo también te gusto a ti… Pero tú tampoco me has dicho a mí nada en tres años, Marco,¡tres años! ¿¡Y en todo este tiempo no has intentado ayudar ni una sola vez a Jean con esto!? ¿¡Tú, precisamente tú, que no puedes evitar ayudar a alguien en cuanto te das cuenta de que hace falta!?

Mikasa mantenía bajo el tono, aunque su desasosiego iba en aumento. Marco, por su parte, abrió mucho los ojos y los clavó repentinamente sobre su compañera; al principio no pareció reconocerla, como si le costase volver al presente, abandonando esas ensoñaciones que quizás sólo él podía ver, desconcertado y sin entender aún qué estaba pasando exactamente.

Y sin poder evitarlo, Mikasa dejó escapar de sus labios las fatídicas palabras.

–Marco… Todo este tiempo, tú… ¿Has estado saboteando a tu mejor amigo?