Capítulo 3
Harry caminaba junto a Tormenta, que había recordado que no conocía toda la mansión y había pensado en mostrarle el camino al comedor.
Por el camino se les unieron Scott y Jean y caminaron en silencio hasta la entrada del comedor, donde se encontraron con el profesor Xabier.
—Ah, Harry, me alegro de verte. He hablado con Bobby, como me pediste antes. Está bastante sorprendido, pero tan entusiasmado como nosotros.
Harry le sonrió y se alegró de ello. Bobby le había caído muy bien y se alegraba de no tener que ocultárselo. Había decidido que dejaría que algunos estudiantes también supieran su historia, pero solo los que él eligiera.
— ¿Le ha hablado sobre la… obligación de guardar el secreto, profesor?
— ¿Obligación?—preguntó Scott genuinamente confundido.
Harry miró con las cejas alzadas al profesor.
—Pensaba que el director Furia le había hablado de ello. Sé que el agente Coulson ya ha sido advertido.
—Pensaba hablar de ello en la cena con los demás, pero sí, Bobby ya lo sabe.
Harry asintió, aliviado. Había usado una variación del hechizo "fidelius", que él mismo había inventado hace unos años para impedir volver a ser traicionado, para que no pudieran hablar de su mundo con nadie que no lo supiera ya.
Era un hechizo complejo, puesto que la propia magia tenía que ser capaz de reconocer quién conocía o no la información que se quería esconder. Gracias a ese mecanismo, si alguien estaba escuchando sin saberlo o haciéndose pasar por otro, no podrían hablar de ello delante de él. Las palabras simplemente no saldrían.
Los X-Men o Bobby no podrían hablar de ello a otros aunque quisieran. Algunos dirían que era un poco paranoico de su parte, pero tenía muy claro que no iba a volver a sufrir el dolor de una traición.
Así se aseguraba de que nadie pudiera contar sus secretos o revelar su mundo a muggles o grupos como la Hermandad que lo sumirían de nuevo en la guerra.
—En realidad me gustaría comentar algo más con usted, profesor. Cuando hablamos esta mañana y esta tarde lo olvidé.
—Adelante. —Lo animó con una sonrisa cariñosa.
—Me temo que los fines de semana tendré que pasarlos en la casa que he alquilado y tendré que visitarla todos los días durante al menos una hora.
— ¿Puedo preguntar por qué?
—Acaba de hacerlo, profesor. —Comentó divertido antes de mirarlo serio de nuevo. — ¿Está familiarizado con el término "familiar"?
— ¿No es como se llama a algunas mascotas a las que se tiene un especial cariño?—respondió una voz desde detrás de ellos.
Todos, incluido Harry, se sobresaltaron y se giraron para ver a Logan apoyado contra la pared.
— ¿Y tú como sabes eso, Logan?—preguntó Logan.
Lobezno sonrió y, cuando se hizo evidente que no iba a responder, Harry continuó hablando.
—Eso es lo que son, pero los vínculos familiares en mi mundo son diferentes de como los entendéis vosotros. Es un verdadero lazo, como un cordón que une al animal y al… hombre. —Murmuró cambiando en el último momento la palabra mago que había estado a punto de usar. —La… energía de ambos está unida por ese cordón y si están separados demasiado tiempo se sienten incompletos.
— ¿Y tú tienes un familiar?—preguntó Scott con verdadera curiosidad y sin nada de hostilidad en esta ocasión.
—Yo… soy demasiado poderoso para solo tener un familiar. Soy el primero en la historia en tener… varios familiares. —Pensándolo bien, estaba exagerando un poco al decir varios en vez de bastantes.
—Y quieres irte para poder pasar tiempo con ellos, imagino. —Dedujo el profesor.
—Sí, además de para darles de comer. No les gusta que los deje solos demasiado tiempo. —Añadió frotándose la nuca.
—Bueno, ¿por qué no los traes aquí?—Propuso el director. —Podrían quedarse en tu habitación y, si necesitan salir, tenemos unos amplios terrenos.
—Verá, profesor, algunos de mis familiares son un poco, eh, grandes. No podrían dormir cómodamente en mi habitación aunque estuviera vacía y, la verdad es que decir que solo son varios es un poco… una exageración. —Confesó haciendo una mueca.
Los demás alzaron las cejas y el profesor lo miró pensativo.
—Bueno, si tus familiares no están demasiado acostumbrados al lujo, en la escuela tenemos unos establos vacíos a los que no les hemos encontrado ningún uso hasta ahora. —Explicó lentamente el anciano hombre. —Podrías visitarlos luego y, si te parecen adecuados, podrías disponer de ellos.
— ¿De verdad?—preguntó sorprendido y muy complacido.
—Claro, no veo porque no. Eso te ahorrará perder tanto tiempo viajando de un lugar a otro.
Harry asintió y luego sonrió con picardía. Ellos iban a prestarle un lugar para sus familiares, ¿por qué no revelarles otra de sus habilidades? Los otros lo miraron confundidos por su sonrisa, hasta que de pronto se encontraron mirando a la nada.
Unos golpecitos en el hombro distrajeron a Lobezno y, cuando se giró, se encontró cara a cara con Harry.
Scott, Jean y Tormenta lo miraron con sorpresa evidente y el profesor parecía cada vez más intrigado y, al mismo tiempo, encantado.
— ¿Te teletransportas?—preguntó Jean.
—No, aunque es algo parecido, supongo. Lo llamamos aparición. Es uno de los medios de transporte más usados en mi mundo. Nos permite viajar de un lugar a otro en apenas unos segundos.
— ¿Significa eso que hay muchos con esa habilidad?
—Todos tenemos esta habilidad. —Dijo encogiéndose de hombros y sorprendiéndolos una vez más. —Por supuesto, hay que aprender y sacarse la licencia de aparición antes de poder hacerlo legalmente y de forma habitual.
— ¿Licencia de aparición?—repitió Tormenta divertida. —Esto va a encantarle a Kurt.
Harry abrió la boca para preguntar, pero Logan lo interrumpió antes de que tuviera tiempo.
— ¿Y tú tienes esa licencia? Apenas parece que hubieras salido del colegio.
—En mi mundo cumplimos la mayoría de edad a los diecisiete años. Además, yo aprendí accidentalmente a los cinco años. De nuevo, uno de los más jóvenes en la historia. ¿Quién es Kurt?—preguntó volviendo al tema anterior y dejando a Logan con la palabra en la boca.
Esta vez fue Scott el que sonrió. Si el chico tenía narices para plantarle cara a Logan, no podía estar tan mal.
—Kurt es un mutante que tiene la capacidad de teletransportarse, pero será mejor que le hagas las preguntas a él cuando lo conozcas. —explicó Ororo.
Harry asintió e ignoró a Lobezno mientras entraban al comedor, lo que hizo que el mutante frunciera el ceño.
— ¡Harry! ¡Aquí!
Harry buscó con la mirada y vio a Bobby haciéndole señas para que fuera a sentarse en la mesa con él. No pudo evitarlo y sonrió con emoción. Al fin tendría otra demostración de poderes.
Se despidió de los profesores, que parecían bastante divertidos con su comportamiento. Se acercó a los adolescentes, sintiéndose un poco tímido, pero sin querer perderse nada.
Se sentó junto a Bobby y este le presentó a sus amigos: Pyro, Pícara, Kitty Pryde y Warren. Hablaron un rato de la escuela mientras cenaban y le preguntaron qué le había parecido todo hasta ahora.
—Van a empezar con las demostraciones. —Le susurró Bobby un rato después. —He de reconocer que cuando el profesor me habló de ti, me costó creerlo.
Harry le sonrió y alzó una ceja, fingiendo confusión. Bobby le golpeó el brazo en broma y se giraron hacia Pyro, que se había aclarado la garganta con fuerza.
— ¿Lo hacéis a menudo? Me refiero a las demostraciones. —Susurró muy bajo mientras el otro chico sacaba un mechero del bolsillo.
—Bastante, para impresionar a los novatos.
Harry asintió levemente y siguió mirando al otro chico. Había encendido el mechero y estaba moviendo la mano hacia el fuego. Ante sus ojos, el fuego se acumuló en sus manos y empezó a crecer en una bola antes de que surgiera una gran llamarada y cerrara la mano, apagando el fuego.
Harry sonrió encantado e impresionado. Nunca había visto a nadie manejar el fuego con tanta soltura, como si no fuera nada peligroso. Era bastante impresionante que fuera precisamente un muggle al que viera hacerlo, a pesar de que fuera un mutante.
— ¡Eso es realmente impresionante, Pyro!—lo alabó.
El chico le devolvió la sonrisa con orgullo y le hizo un gesto para que se girara hacia Bobby, que también sonrió.
—Primero tú. —Indicó Bobby con un brillo juguetón en los ojos. —Uno de los tuyos por cada uno de los nuestros.
Harry resopló y lo miró burlón antes de asentir.
— ¿Qué significa eso, Bobby?—preguntó Pícara.
Bobby le sonrió misteriosamente y miró de nuevo a Harry, que observaba la mesa con aire pensativo. ¿Qué podía enseñarles primero? Luego sonrió ampliamente cuando se le ocurrió una idea al recordar un partido de quidditch en su tercer año.
—Pyro, ¿confías en Warren?—Preguntó directamente.
Los dos chicos se miraron antes de que Pyro asintiera lentamente, con curiosidad sobre lo que iba a pedirles que hicieran.
—Ponte de pie sobre el banco, Pyro, y tú colócate detrás de él Warren.
Los dos chicos se colocaron como les había pedido y se dieron cuenta de lo que iba a pedirles que hicieran.
—No pienso hacer uno de esos ejercicios de confianza entre parejas con Warren. —Protestó Pyro haciéndoles reír.
Harry resopló, pero le indicó a Warren que volviera a sentarse. Le pidió a Pyro que volviera a girarse y que saltara de la silla.
— ¿Saltar? ¿Para qué?
— ¿Por qué no lo haces simplemente y dejas que veamos lo que va a mostrarnos?—Murmuró Kitty rodando los ojos.
Pyro se encogió de hombros y lo miró burlonamente antes de saltar esperando tocar el suelo. Solo que no salió como él tenía previsto.
Sin que nadie se diera cuenta, Harry había lanzado el hechizo aresto momentum con el que Dumbledore lo había salvado de morir al caer de su escoba y el chico estaba ahora cayendo lentamente al suelo.
Para entonces, el número ya había llamado bastante la atención y se oyeron varias exclamaciones ahogadas. Parecía como si Pyro estuviera cayendo a cámara lenta, como si en el lugar donde él estaba el tiempo pasara más despacio.
Cuando el chico al fin tocó el suelo, Harry deshizo el hechizo y esperó la reacción de su público.
No estaba decepcionado cuando escuchó los murmullos de asombro, aunque lo más divertido eran las especulaciones sobre cuál era su poder.
Al mirar a la mesa de profesores, vio que estos también habían estado observando con interés y sonrió. Al parecer, su truco había llamado mucha más atención de la que había previsto.
Pyro volvió a sentarse frente a él y lo miró con los ojos brillantes.
—Eso sí que ha sido impresionante, pero ¿qué narices ha sido?
—He retrasado tu caída. —murmuró sonriendo con inocencia y girándose con rapidez hacia Bobby. —Tú turno.
Iceman sonrió y alzó la mano indicándole que observara. Harry vio como algo de humo helado salía de su puño y, cuando lo abrió, en su palma descansaba una hermosa rosa de hielo.
Harry la miró con los ojos muy abiertos y preguntó con la mirada si podía cogerla. Bobby se la pasó y la examinó con cuidado. Era tan detallada y brillante, incluso podían verse lo que parecían gotas de rocío.
Sonriendo con emoción, se la devolvió a Bobby y se puso a pensar en qué más podía enseñarles él.
Kitty hizo un gesto para enseñarle su poder, pero Bobby la detuvo antes de que hiciera nada y le indicó con otro gesto que esperara. Ninguno despegó los ojos de Harry mientras esperaban.
Cuando se le ocurrió algo, le pidió de nuevo la rosa a Bobby, que todavía la sostenía en sus manos, y la colocó en su palma al nivel de los ojos.
Se concentró y, al instante, la flor empezó a brillar como si tuviera luz en el interior, lo cual no estaba muy lejos de la verdad. Había usado un sencillo hechizo lumos para introducirle una luz azulada. Además, la luz que ese hechizo creaba no desprendía ningún tipo de calor. Echó también un hechizo de permanencia en la rosa y esta se convirtió en una fuente de luz permanente.
Todos volvieron a sorprenderse. No era común que nadie tuviera dos poderes, pero nunca se había visto a alguien que no solo tuviera dos poderes sino que fueran tan completamente diferentes. Ni siquiera entendían lo que había hecho el chico nuevo.
—Pyro, ¿te importa envolver la flor en una llama?
—Oh, pero espera un poco más, Harry. Es tan hermosa y brillante.
—Confía en mí Kitty. Yo tampoco destruiría algo así.
Harry sonrió misteriosamente e hizo un gesto a Pyro, que ya tenía una llama en las manos, para que procediera. Dejó la rosa sobre un plato vacío y observó cómo el chico del fuego intentaba derretirla, sin ningún tipo de éxito.
Más exclamaciones de sorpresa se oyeron y Harry le ofreció la rosa a Pícara con un gesto exageradamente elegante.
—Esa rosa no se derretirá y la luz no se apagará. Es toda tuya. Si a Bobby no le importa que regale su espléndido trabajo, claro.
Bobby sonrió ampliamente y animó a la asombrada chica a que se lo quedara, diciendo que él podía hacer más rosas y pedir a Harry que repitiera lo que hubiera hecho.
—No está nada mal, pero ¿cómo es posible que tengas dos poderes y tan diferentes?
—La respuesta a eso es un poco complicada. —Harry los miró, pensativo. —Me habéis caído bien hasta ahora, así que si queréis respuestas, supongo que podéis preguntarle al profesor. Le avisaré luego de que podéis entrar en mí secreto.
Los chicos lo miraron con curiosidad una vez más y Bobby estuvo a punto de echarse a reír.
—Y, por cierto, he usado tres poderes, no dos. —Explicó sonriendo nuevamente con picardía. —El primero ha sido el que he usado con Pyro, pero he usado otros dos en la rosa. Uno crea la luz, el otro vuelve permanente el estado del hielo.
Los chico lo miraron con asombro y él se limitó a encogerse de hombros. Bobby estaba sonriendo encantado, ese nuevo mundo del que venía Harry debía de ser fascinante.
Por su parte, Pícara no podía dejar de observar la hermosa obra de arte que aún sostenía en sus manos. No tenía ni un solo fallo como habría sido de esperar al sostenerla tan cerca de sí. Su calor corporal debería haber comenzado a derretirla, pero la rosa seguía intacta, desprendiendo frescura incluso.
—Mi turno. —Anunció Kitty llamando su atención.
La chica se inclinó hacia él sobre la mesa y alargó un brazo. Parecía que iba a tocar su pecho, pero Harry no sintió nada. Bajó la mirada y estuvo a punto de saltar de la impresión.
La mano de Kitty había atravesado su pecho. Estaba, literalmente, dentro de su cuerpo. Los únicos que en su mundo podían hacer algo parecido eran los fantasmas, pero ellos estaban muertos y provocaban una sensación de frío intenso, como si estuvieras tocando agua helada.
Con Kitty era diferente. No solo porque estaba viva: él no sentía nada. Si no fuera porque veía su mano atravesando su pecho, no sabría lo que estaba pasando.
Su expresión era como la de un niño lleno de deleite que acababa de abrir sus regalos de navidad y encontrado justo lo que había pedido. Sus compañeros no pudieron resistir el impulso de echarse a reír.
Normalmente, la reacción de la gente a sus poderes, incluso la de algunos mutantes, era bastante desagradable. Harry, por el contrario, parecía deleitarse cada vez que descubría una nueva habilidad.
— ¿Qué vas a hacer ahora, Harry? ¿Tienes algo a la altura de eso?—Lo pinchó Pyro.
Harry frunció los labios unos segundos y acabó con una enorme sonrisa en el rostro que los sorprendió a todos.
—Sin duda, no soy capaz de hacer lo mismo que Kitty, pero tengo otras habilidades. —Dijo. — ¿Te gustan los pájaros, Kitty? Y no quiero decir para comerlos. —Bromeó.
—Sí, claro. —respondió Kitty sorprendida por la pregunta.
—Bueno, Bobby y yo le hemos hecho un regalo a Pícara. Supongo que es lo adecuado que te haga otro a ti. —Replicó con una pequeña sonrisa.
Sabía que hacer este hechizo permanente le iba a costar bastante energía, pero era un ser pequeño y él era muy poderoso. Una buena noche de sueño debería ser más que suficiente para recuperarse y ni siquiera agotaría la mitad de su magia.
Invocó el hechizo avis en silencio, haciendo aparecer de la nada un solo pájaro. Era más o menos del tamaño de la palma de su mano y era de color plateado, como los fantasmas a los que le había recordado Kitty.
Sabía que sus plumas serían muy suaves al tacto y, cuando el ave dejó escapar un par de notas, supo que había acertado. Tenía un canto suave y cálido.
Ignoró los jadeos de sorpresa y se concentró en reunir la energía para hacer el encantamiento permanente, sin poder dejar de pensar que al profesor Flitwick le habría parecido un gran trabajo.
Cuando acabó, acercó la mano al pajarito, que se subió a uno de sus dedos. Era tan maravilloso que ser el Señor de la Muerte le diera la energía necesaria para crear vida. Maravilloso e irónico, por supuesto.
Cogió su vaso y lo transformó en una pequeña jaula en la que dejó el pequeño pájaro. No iba a escaparse, después de todo había sido creado por él, pero sería más cómodo para Kitty tenerlo en la jaula en vez de simplemente suelto por la habitación.
—Tendrás que soltarlo de vez en cuando para que pueda volar, pero no se escapara. ¿Qué te parece?—Preguntó mirando a la chica y apresurándose a añadir: —Si no te gusta puedo transformarlo en otra cosa.
— ¿Transformarlo en otra cosa? Ni se te ocurra, Harry. Esto es increíble. —chilló. —Es… es precioso.
Harry sonrió con timidez y le pasó la pequeña jaula.
—Pues es todo tuyo.
Kitty lo miró boquiabierta de nuevo y cogió la jaula, mirando la pequeña criatura como si nunca hubiera visto nada igual, lo cual no era raro. Él mismo acababa de inventar esa nueva especie.
—Pero eso… eso es imposible. —murmuró Warren mirándolo con los ojos muy abiertos.
Al ver su reacción, Harry se alegró de que el resto del comedor hubiera vuelto a lo suyo después de su primer truco. Excepto los profesores, claro.
—Es necesaria una energía que la mayoría no tienen, pero no es imposible, como puedes ver.
Bobby no dejaba de mirarlo con asombro. Él sabía que Harry venía de un mundo diferente, que su gente podía hacer muchas cosas, pero ¿crear vida? Eso iba más allá de cualquier cosa que hubiera podido incluso soñar.
— ¿Y seguirá viviendo? ¿No se desvanecerá o algo así?—preguntó Pícara mirando con los ojos muy abiertos la jaula.
—No, no se desvanecerá. Vivirá mientras yo viva. Me temo que no puedo hacer que siga viviendo si yo estoy muerto. —Explicó omitiendo el detalle de que eso no ocurriría. —Mi madre hizo algo parecido una vez, para su profesor favorito. Era un pez dorado.—Añadió sin pensar.
— ¿Tu madre puede hacer estas cosas?—preguntó Pyro con sorpresa. — ¿También es una mutante?
Harry lo miró con sorpresa un segundo antes de darse cuenta de lo que había dicho.
—Oh, no, quiero decir… Sería mejor si hablarais con el profesor. Os ayudaría a entenderlo un poco. —dijo finalmente.
— ¿Y por qué no nos lo dices tú?
—No me gusta repetirme. —dijo sonriendo encantadoramente.
—Está bien. —suspiró Warren. —Pero al menos dinos, ¿es cierto que tu madre también puede hacer estas cosas?
—Mis padres podían hacer estas cosas, sí.
— ¿Los dos? Vaya, eso es impresionante. Entonces, ¿fueron ellos los que te enseñaron a hacerlo?—Preguntó Pícara.
—No exactamente, ellos…—Harry vaciló un segundo antes de decidirse a hablar. —Ellos fueron asesinados cuando yo tenía un año y medio.
—Lo siento. —murmuró Pícara mordiéndose el labio y mirándolo en disculpa.
—No te preocupes, fue hace mucho tiempo. —afirmó suspirando.
—Pero, ¿cómo sabes que ellos también podían hacer lo que tú haces?
Bobby le dio una patada por debajo de la mesa a Pyro por su falta de tacto y el chico del fuego, dándose cuenta de su metedura de pata, lo miró con sincera disculpa.
—Fui a la misma escuela en que habían estudiado. Los profesores me hablaron de ellos. —Respondió poniéndose en pie. —Bueno, creo que voy a irme ya a la habitación. Espero que me mostréis vuestros poderes en otro momento, chicos. —les dijo a Pícara y a Warren. —No me he olvidado de vosotros. Nos vemos mañana, ¿no?
Todos asintieron y le dieron las buenas noches, lanzándole mala miradas a Pyro, que parecía sentir de verdad haber preguntado, y mirando todavía con asombro la jaula con el pájaro que Kitty sostenía.
—Tienes que ponerle un nombre. —Le recordó Harry antes de salir.
XXX
Logan miraba la mesa de Pícara con incredulidad y shock totales. Había observado al chico desde que se sentó con los demás, esperando el momento en que las demostraciones empezaran.
Era una especie de tradición en la escuela: impresionar al novato con una muestra de los poderes de los demás.
Había escuchado la explicación de Charles sobre ser imposible hablar con alguien que no conociera el mundo de Harry sin permiso explícito del chico, pero su atención había seguido en la otra mesa.
Cuando había visto a Pyro sacar el mechero, no se había sorprendido. La demostración fue la típica, manejar un poco el fuego y apagarlo con las manos.
Lo que no esperaba era que Bobby interviniera y Harry revelara otro de sus poderes. Ciertamente, sería útil en la batalla ralentizar de esa forma a sus oponentes.
Los profesores lo habían mirado valorativamente y los estudiantes de las otras mesas habían dejado de mirar para especular sobre el poder del chico nuevo.
Después le había seguido la demostración de Iceman, también la clásica rosa de hielo. Había visto como Harry la miraba y la flor empezaba a resplandecer, como si hubiera luz en su interior. Cuando Pyro no había podido derretirla había quedado aún más impresionado.
Podía verse en los rostros de los otros profesores que ellos también lo estaban y sabía que Charles estaría siguiendo esas demostraciones aún más de cerca, desde las mentes de los adolescentes.
Con su agudo oído, oyó a Harry decidir que dejaría entrar a esos chicos en su secreto y lanzó una mirada a Charles, pero este seguía con los ojos cerrados.
Luego había venido la demostración de Kitty y la reacción de Harry había sido realmente fascinante. El rostro del adolescente había estado lleno de deleite, sorpresa y alegría.
Pero cuando el joven había hecho aparecer un pájaro de la nada, las mandíbulas de todos se habían desencajado. Habían creído que se trataba de una ilusión, pero Logan podía oler al maldito pájaro.
Cuando les dijo eso a los otros profesores, se habían quedado sin habla. Algo como eso no debería ser posible. La materia no podía crearse y, menos aún, la materia viva.
El chico no solo había hecho eso, sino que la había moldeado en un ser complejo y con mente. Era algo inaudito.
Cuando el chico confesó que sus padres habían sido asesinados cuando era solo un niño, el único pensamiento que le pasaba por la cabeza era qué estaba mal con ese chico.
Para cuando logró recuperarse mínimamente, Harry ya había salido del comedor y Logan se puso en pie.
— ¿A dónde vas?—preguntó Tormenta con los ojos aún fijos en la jaula que Kitty tenía.
—Voy a enseñarle los establos al chico. —murmuró sin siquiera pensar.
Salió a paso rápido del comedor, dejando al profesor para dar las explicaciones sobre lo que habían visto y oído, y echó a correr cuando estuvo fuera de la vista de todos. No tardó en alcanzar a Harry al pie de las escaleras.
—Profesor. —lo saludó el chico.
—Llámame Logan, chaval. Nadie usa lo de profesor conmigo.
—Como quieras. ¿Necesitabas algo?
—Venía para enseñarte los establos, si te apetece verlos.
El rostro del chico se iluminó y asintió a toda prisa. Logan sintió que se le dibujaba una leve sonrisa y le hizo un gesto para que lo siguiera.
Salieron de la mansión y se alejaron por un sendero de los jardines. Los establos eran un edificio escondido entre los árboles y, aunque no eran del tamaño del establo que él tenía en casa, parecían ser lo bastante grandes para sus familiares.
Logan abrió la puerta y encendió las luces cuando entraron. El lugar no estaba tan sucio como esperaba después de estar en desuso.
Echando una mirada a Logan, lanzó un rápido scourgify y un tergeo. El lugar estaba perfecto después de eso. Logan alzó una ceja en su dirección y vio al chico encogerse de hombros.
—Eso debe de ser útil.
—Sí, no me gusta demasiado limpiar. Esto lo facilita.
Logan miró a su alrededor y pensó que el lugar debería ser suficiente. El chico no podía tener tantos "familiares", ¿verdad?
Este chico estaba poniendo del revés todo lo que sabían. Lo que tenía claro era que no iba a dar nada por sentado.
— ¿Crees que podrás usarlo?
—Sí. Algunos de los más pequeños se quedarán conmigo y traeré aquí al resto. Debería advertir al profesor que no es buena idea que nadie se acerque aquí sin mí. —murmuró frunciendo el ceño.
— ¿Por qué?
—Porque no quiero que mis familiares se coman a nadie porque los han asustado.
Logan volvió a alzar una ceja y se preguntó qué tipo de animales podía tener como familiares. Evidentemente no eran un caballo o un gatito.
—Entonces… ¿puedes crear seres vivos?
—Ya pensaba que estabas tardando demasiado en preguntar. No, al menos no los que quieres decir. —Suspiró. —No podría crear humanos o elefantes. Eso requeriría más energía de la que un solo cuerpo puede contener. Pero sí puedo crear seres pequeños. Ya has visto el pájaro. Al principio pensé en un gato, por lo de "Kitty", ya sabes.
— ¿Por qué no lo creaste?—preguntó con curiosidad.
—Porque habría dormido durante al menos tres días para poder recuperarme.
Logan lo siguió mientras se movía por el establo. Casi parecía que el chaval estuviera pensando qué lugar le gustaría más a los animales.
— ¿Cómo acabaste aquí, si puede saberse?
Logan pensó responderle que no era asunto suyo, pero luego recordó lo que había dicho el profesor de confiar en ellos y cambió de idea. Por algún motivo, no le importaba hablarle de su pasado. O su falta de él.
—El profesor está intentando ayudarme. A recordar mi pasado.
— ¿No lo recuerdas?—preguntó el chico confundido.
—No, lo único que recuerdo es despertarme hace treinta años con un agujero de bala en la cabeza.
Harry lo miró con asombro y Logan sonrió cínicamente, creyendo que el chico estaba sorprendido por sus capacidades curativas.
—Es uno de mis poderes. Me curo extremadamente rápido, de cualquier cosa.
— ¿Has dicho treinta años?—preguntó Harry ignorando el anterior comentario de Lobezno. —Pero entonces solo debías de ser un niño.
—No, yo no… Jean y Bestia, nuestro médico, creen que mis células han tenido que regenerarse a sí mismas tantas veces que es por eso por lo que envejezco más despacio. En realidad, no estamos seguros de si envejezco siquiera.
— ¿Cuántos años tienes?—preguntó Harry con una ansiedad que lo desconcertó.
—Unos doscientos treinta años.
Harry lo miró con el rostro en blanco, sin delatar ninguno de sus pensamientos. Esto incomodó a Logan, sin saber por qué.
— ¿Hay algo de malo en que sea mayor de lo que aparento?—gruñó.
Por un momento se preguntó por qué lo había pintado tan bonito en vez de preguntar simplemente si le molestaba que fuera casi inmortal.
—No, no. —se apresuró a decir el chico, pero antes de que se diera la vuelta, Logan creyó ver un destello de lágrimas en sus ojos. ¿Qué le pasaba a este chico?
Pensó en decir algo, pero cuando el chico volvió a girarse hacia él estaba perfectamente. ¿Lo habría imaginado? Podría haber sido un efecto de la luz…
—Bueno, el establo es perfecto. Mis familiares estarán bien aquí. —Dijo cambiando de tema. —Hablaré con el profesor para que advierta a los estudiantes. Gracias por acompañarme hasta aquí, Logan.
Harry se movió para salir del establo, pero Logan lo sujetó por la muñeca con rapidez. El chico alzó la mirada y Logan se perdió en el verde profundo de sus ojos.
— ¿Logan?—preguntó el joven alzando una ceja y ocultando su nerviosismo lo mejor que podía, que en esos momentos no era mucho.
— ¿Por qué te molesta mi edad?
—No me molesta.
— ¿Por qué has reaccionado así, entonces?
—Así, ¿cómo?
—No juegues conmigo. —gruñó frunciendo el ceño.
—Hay muchas cosas que se me ocurriría hacer contigo y jugar es solo una de ellas. —Murmuró Harry antes de abrir mucho los ojos.
Logan estuvo a punto de atragantarse al oírlo, pero no tuvo tiempo de reaccionar. Harry se había soltado y se había alejado.
—No me molesta tu edad. Siempre he querido conocer a alguien así.
Antes de que Logan pudiera recuperarse de la sorpresa y decir cualquier cosa, el chico se había desvanecido exactamente igual que antes de entrar en el comedor. Aunque no lo bastante rápido para que no notara su profundo sonrojo.
Logan respiró hondo y se apoyó contra la puerta para pensar. ¿Por qué no le había molestado el comentario de Harry?
Él era sin duda una persona con pocos prejuicios. No podías vivir una vida como la suya, siendo un mutante y habiendo matado, e ir discriminando a la gente.
De todas formas, nunca había pensado que pudiera tener ese tipo de gustos. Es decir, a él siempre le habían atraído las mujeres.
Pero de pensándolo bien, tenía algo de sentido. No había lanzado indirectas a Jean en todo el día. Había estado pensando bastante más en el chaval de ojos verdes.
El chico tenía buen cuerpo, atlético, pero no demasiado. No era muy alto, tampoco. Tenía la piel del color de la porcelana. Y con esa mata de cabello negro rebelde y unos ojos verdes tan cautivadores, era imposible quitarle los ojos de encima.
Despedía un aura de poder, tristeza, confianza y sensualidad que nunca había visto en nadie. ¿Harry le atraía realmente de ese modo? Y si era así, que parecía probable que lo fuera, ¿qué haría?
XXX
Mientras tanto, Harry se había aparecido de vuelta en su dormitorio en la mansión, respirando pesadamente.
¿Qué narices había hecho? ¿En qué había estado pensando? Ah, cierto, no había estado pensando. Al menos no con el cerebro.
Suspiró y se dejó caer en la cama, tratando de no pensar en nada, pero los ojos de Logan no paraban de aparecer en su mente.
Logan era mayor, mayor que nadie que hubiera conocido antes. Nunca había pensado que pudiera haber alguien como él en el mundo, pero Logan lo era. Logan era inmortal, o al menos lo más cercano con que se había encontrado jamás si dejaba de lado los vampiros.
Cuando Lobezno lo había sujetado por la muñeca y se habían mirado a los ojos, le había parecido encontrar un reflejo en los ojos casi negros del hombre de lo que él mismo había visto en su vida.
Y no iba a negarlo, le atraía desde que lo vio en el despacho del profesor Xabier. Con tal atractivo salvaje y una actitud como la suya, era imposible.
Suspirando de nuevo, sacó su baúl y lo amplió. Lo dejó a los pies de la cama y buscó un libro con el que entretener su mente esa noche. No era probable que durmiera.
