Me alegro de que la historia os esté gustando tanto, la verdad es que anima mucho a continuar. Los X-Men todavía se llevan más sorpresas, pero bueno, teniendo en cuenta que estamos hablando de Harry Potter, no sé si realmente habrá algún día en que dejen de haber algunas sorpresas. Es la primera vez que intento escribir una historia en la que la pareja sean dos hombres, pero no creo que esté quedando mal para ser la primera. Lamento decir que no podré volver a actualizar en al menos quince días, pero seguiré escribiendo. Espero poder continuar actualizando pronto. Por ahora, espero que disfrutéis del próximo capítulo y muchas gracias por vuestros ánimos.
Capítulo 4
A la mañana siguiente un enorme pitido lo despertó y Harry bajó de la cama de un saltó. Había logrado dormirse un par de horas antes y ahora lo despertaba ese ruido infernal.
Por un segundo, Harry se preguntó qué podía estar causando ese sonido antes de que la respuesta acudiera sola.
Los Narcisos Pitantes.
Se cambió de ropa con un simple movimiento de su mano y salió a toda prisa de la habitación. Allí se encontró con Scott y Logan, que también habían salido corriendo de sus habitaciones.
Ignoró totalmente a Logan, como si eso fuera a hacerlo desaparecer y le preguntó a Scott cómo llegar al ático de Ororo.
En cuanto tuvo la respuesta, salió corriendo sin esperar a explicar nada y oyó el sonido de los otros dos siguiéndolo.
Podía oír el sonido de los alumnos preguntando qué estaba pasando y llegó a las escaleras justo cuando Bobby y sus amigos subían.
— ¿Harry? ¿Qué está pasando?—gritó Bobby por encima del ruido.
Harry estuvo a punto de detenerse para responder, pero se decidió por seguir corriendo y oyó a los chicos seguirlo junto a los dos profesores.
El único que logró alcanzarlo fue Logan, pero Harry solo lo miró un segundo por el rabillo del ojo, lo suficiente para verlo hacer una mueca de dolor por el sonido, antes de volver a ignorarlo.
Llegaron al ático de Tormenta y Logan abrió la puerta, con lo que el sonido se volvió aún más fuerte. Con esa confirmación de que estaba en lo cierto, entró haciendo una mueca y vio a Jean y Ororo tapándose los oídos.
Corrió a su lado y miró alrededor hasta que encontró las plantas que eran la fuente del sonido. Se acercó a ellas y lanzó un hechizo silenciador alrededor de ellas. Al instante, el sonido dejó de oírse y respiró aliviado.
Se dio la vuelta y vio que Logan, Scott y Bobby y sus amigos acababan de entrar.
— ¿Qué creíais que estabais haciendo?—demandó saber girándose hacia las dos mujeres, que habían retirado las manos de sus oídos.
—Nosotras… intentábamos extraer un poco del ADN de las plantas para estudiarlo. —Respondió Jean.
Harry volvió a suspirar y se pasó una mano por el pelo.
—Creía haberte dicho que no debían sufrir ningún tipo de daño. —Murmuró.
—No intentábamos hacerles daño. Solo queríamos extraer un poco de ADN. —protestó Jean.
—Clavarles una jeringuilla en el tallo cuenta como daño. —Suspiró exasperado. —Son seres sintientes, como vuestras plantas, pero estas tienen modos de expresarlo y de protegerse del dolor. En el momento en que le clavaste la aguja, la planta se sintió amenazada y se defendió como podía. Con un fuerte pitido.
Se volvió hacia la puerta al sentir a alguien allí y vio al profesor mirándolo con curiosidad junto a Pyro, que era el que lo había acompañado hasta allí. No se había dado cuenta de que no estaba con Bobby cuando habían subido.
— ¿Y cómo has logrado calmarla tan rápido?—preguntó Ororo.
—No lo he hecho. Solo he silenciado la zona. El pitido sigue sonando, pero el escudo evita que el sonido salga.
Se volvió hacia los alumnos y luego miró al profesor, que asintió con la cabeza una vez.
—Estaban tan impacientes por saber sobre ti, que esta mañana vinieron a verme antes de lo normal para que se lo explicara. —Informó el profesor. —Habíamos terminado cuando oímos el sonido.
Harry asintió con comprensión y se volvió hacia Ororo y la planta.
—Te enseñaré a calmarla por si alguna vez tienes algún accidente, pero espero que no vuelvas a intentar algo como esto. Nuestras plantas son muy diferentes de las vuestras. No podréis estudiar el ADN de nuestras plantas porque si intentáis extraerlo, solo conseguiréis matar a la planta y que el ADN se deshaga. —Explicó para que todos, especialmente Jean, comprendieran la necesidad de nunca repetir algo así. —Lo que hace nuestras plantas tan especiales no puede vivir fuera de ciertas condiciones. Es por eso que nuestros colegios enseñan el modo correcto de recolectar partes de plantas.
— ¿Os enseñan esas cosas?—Preguntó Scott confundido. — ¿Para qué?
—Nos lo enseñan en la clase de Herbología. Allí aprendemos a cuidar las plantas y a recolectar sus partes útiles.
— ¿Y para qué las usáis?
—Algunas pocas son comestibles. Pero la mayoría son para ser utilizadas como ingredientes en Pociones. —Dijo Harry sin importarle en absoluto explicar algunas de las clases.
— ¿Pociones?—preguntó Jean después de recuperarse de la sorpresa.
—Sí, Pociones. Es otra de nuestras clases.
— ¿Y qué os enseñan en esa clase?—preguntó Bobby con curiosidad.
— ¿Qué aprenden los médicos?
— ¿Os enseñan a curar?—Murmuró Jean intrigada.
—Los médicos aprenden a curar, pero también aprenden a matar. —Contradijo el joven. — ¿Acaso no es eso lo que les enseñan cuando les dicen lo que no tienen que hacer? En Pociones aprendemos a elaborar elixires de curación, pero también los más raros y mortales venenos. Podemos hacer muchas cosas con los conocimientos de esa materia. Cosas que nunca soñaríais posibles.
Los amigos de Bobby, que habían tenido muy poco tiempo para asimilar las noticias de que había otra especie desconocida en el mundo, lo miraban boquiabiertos.
—Bueno, vamos a ver si calmamos esas malditas plantas. —Murmuró indicándoles que, excepto Ororo, se mantuvieran a una distancia prudente.
—Pensaba que habías dicho que eran plantas inofensivas. —gruñó Logan recordando sus palabras del día anterior.
—No, dije que no eran peligrosas. Y no lo son, lo máximo que pueden hacer es darte un dolor de cabeza. —Dijo distraído mientras acariciaba una de las hojas. —Respecto a lo de inofensivas, yo no lo he dicho en ningún momento, profesor Logan, pero para los estándares de mi mundo esto es lo más inofensivo que encontrarán. ¡Ajá! ¡Aquí está!
Harry apartó una de las hojas más bajas que estaban pegadas al tallo y se lo mostró a Tormenta. Era un pequeño agujero hueco casi en la base del tallo. Le indicó que metiera un dedo y buscara algo que se sentiría como gelatina.
Quitó el hechizo silenciador y el sonido volvió, con lo que todos hicieron una mueca, aunque nadie dejó de mirar atentamente lo que ocurría.
Como Harry le había dicho, Tormenta apretó aquella viscosidad que realmente tenía el tacto de gelatina a medio deshacer y la planta se calló. El silencio cayó de nuevo y Ororo no pudo dejar de admirar maravillada el mecanismo de defensa que tenía la planta.
—Pues ya está. No debería causarte más problemas. —concluyó Harry poniéndose en pie y ofreciéndole la mano para ayudarla a levantarse, lo cual hizo con asombrosa facilidad. —Pero te agradecería si de ahora en adelante hicieras lo posible para que esto no se repita.
Ororo asintió con una sonrisa y le agradeció la clase práctica. Ella realmente amaba aprender sobre las plantas y, por un momento, a Harry le recordó al entusiasmo de su viejo amigo Neville.
—Bien, creo que deberíamos bajar a desayunar. Yo me muero de hambre.
—No vas a contarnos más de tu mundo, ¿verdad?—comentó astutamente el profesor Xabier.
—Ahora no, pero quizá más tarde. —Respondió con una sonrisa comprensiva.
—Oh, no, no vas a librarte tan fácil. —Exclamó Kitty con el apoyo de la cara seria de los otros adolescentes. —Tienes mucho que explicarnos a nosotros y tenemos todo el día para ello.
—En realidad, vosotros lo tenéis. Yo tengo que ir a recoger a mis familiares o se enfadarán conmigo.
Al ver el entusiasmo en la cara de los chicos supo que había sido la respuesta equivocada.
—Entonces, ¿es cierto? El profesor nos dijo que ibas a traer algunas de tus mascotas.
—Podríamos ayudarte con ellas. —Añadió Pícara con el mismo entusiasmo que su amiga.
Harry suspiró al darse cuenta de que era una batalla perdida y un vistazo a los profesores reveló que ellos también querrían verlos.
—Hagamos un trato, yo traigo a mis familiares, no mascotas, —remarcó. —hoy y dejáis que se acostumbren al lugar. Os presento uno de ellos mañana y en unos días me acompañáis al establo.
Kitty lo miró haciendo un puchero y Harry suspiró.
—Os presentó a dos, pero lo del tiempo no es negociable. Podrían ponerse nerviosos y atacaros. —dijo con seriedad inusual en alguien de su supuesta edad.
—Bueno, entonces está decidido. —Zanjó el profesor Xabier.
—Está bien. —Suspiró exageradamente Kitty.
Bobby lo miró por encima del hombro de la chica y le guiñó el ojo. Harry sabía que le harían cumplir su promesa.
—Bueno, Harry, entonces vamos a desayunar. Aún no conoces los poderes de Pícara y Warren.
Los ojos de Harry se encendieron de entusiasmo y casi parecía que fuera a ponerse a dar saltos de emoción.
Se echaron a reír y bajaron a desayunar. De alguna manera, Harry consiguió colocarse al final de la comitiva, pero se arrepintió de ello cuando Logan aminoró el paso y se colocó a su altura.
—Creía haberte dicho que no me llamaras profesor. —Murmuró el hombre.
—Se me olvidó, señor Logan. —Dijo él, sin mostrar emoción.
— ¿Quieres dejar de actuar como un niño?—gruñó el hombre mirándolo con el ceño fruncido.
— ¿No es lo que soy?—preguntó medio en serio.
—Puede que tengas la edad de un niño, pero no te he visto comportarte como tal excepto cuando veías los poderes de los chicos y ahora. Eres un niño, pero eso no significa que tengas que comportarte como tal.
Harry se sorprendió tanto ante esa declaración que se detuvo. Logan lo imitó y se miraron a los ojos antes de que Harry volviera a ponerse en marcha.
— ¿Por qué te fuiste así anoche?—preguntó Logan con soltura.
—Estaba cansado. —murmuró sin poder evitar sonrojarse un poco.
—Podías haber dejado que te acompañara a la mansión en vez de simplemente desaparecer.
— ¿Quieres dejar el tema de una maldita vez?—prácticamente gruñó.
Logan alzó una ceja, pero Harry lo ignoró por completo y aceleró el paso para tratar de alcanzar a los demás antes de que se perdieran de vista. Sintió una mano sujetarle la muñeca, recordándole la noche anterior, y se quedó sin aliento.
Se detuvo y esperó a que los otros hubieran bajado al siguiente piso antes de soltarse y girarse de nuevo hacia Logan.
— ¿Qué narices te pasa? ¿Tan difícil es olvidar el asunto y dejar que vaya a desayunar?
—Sí. En realidad es culpa tuya. Fuiste tú el que hizo ese comentario ayer y luego desapareció sin más.
—No suelo quedarme para ser humillado. —Masculló.
— ¿Y por qué iba a humillarte?—preguntó Logan alzando una ceja.
—Tú… déjalo. Solo déjalo.
—No quiero. —se opuso Logan con una rara sonrisa.
—Debí simplemente haberte borrado la memoria y desaparecer. —Suspiró frustrado.
— ¿Lo harías?—preguntó Logan mirándolo a los ojos. — ¿Realmente me borrarías la memoria?
Harry recordó lo que el propio Logan le había contado sobre no recordar su pasado y se hizo la misma pregunta. La respuesta fue no. No le haría algo así, ni a Logan ni a nadie.
¿Borraría la memoria a alguien cuyo conocimiento amenazara su mundo o a sus seres queridos? Sin dudarlo. ¿Borraría la memoria a alguien para ocultar un estúpido error de su parte? Nunca.
Con un suspiró, negó con la cabeza sin dejar de mirarlo a los ojos con sinceridad.
—Lo imaginaba. —sonrió el hombre para su sorpresa.
— ¿Lo imaginabas?—preguntó con incredulidad.
—Sí, pareces de esas raras personas que tienen un verdadero sentido del honor. —murmuró el hombre sin bromear.
Harry resopló y miró hacia otro lado.
—Esto es ridículo. Ahora me acusas de tener sentido del honor. Genial, simplemente genial. —exclamó con sarcasmo.
Echó a andar sin esperar a Logan y casi corrió hasta el siguiente piso, pero Lobezno no tardó en alcanzarlo.
—Entonces, ¿no vas a decirme por qué te fuiste así?
—Eres insistente, ¿verdad?
Logan se encogió de hombros y siguió andando a su lado. Harry se detuvo de golpe y se giró otra vez hacia el mutante.
—Está bien. Estaba cansado, confundido, arrepentido y avergonzado. Por eso me desaparecí así. Sobre el sentido del honor, bueno, es algo arraigado en mí a consecuencia de mi infancia. ¿Algo más que quieras saber?—gruñó de una forma muy inusual para él, mostrando lo realmente irritante que le resultaba la conversación.
—En realidad, me gustaría saber todo de ti. —Murmuró Logan de forma sugerente.
Harry lo miró boquiabierto y tuvo que contenerse para no maldecirlo en ese instante. Empezaba a cansarse del juego. Se giró y empezó a andar de nuevo.
—Es una pena, soy un hombre con demasiados secretos.
— ¿Qué se supone que significa eso de que tu sentido del honor está arraigado en ti por tu infancia?—preguntó Logan dándole un respiro, o al menos creyendo que lo hacía.
Harry se detuvo otra vez y sacudió la cabeza con irritación.
—Mira, Logan, hoy casi no he dormido y me han despertado esas malditas plantas, así que haz el favor de dejar tus preguntas para otro momento.
— ¿Por qué no dormiste?—preguntó de nuevo burlonamente, con esa acostumbrada manera de no hacer caso a lo que le decían que siempre tenía.
Harry solo gruñó y ni siquiera le dedicó una segunda mirada mientras se apresuraba a abrir la puerta del comedor.
— ¿Cuándo vas a ir a recoger a tus familiares?—preguntó casualmente.
—Dentro de un par de horas o así, ¿por qué?
—Nos vemos entonces en el establo. —murmuró Logan antes de marcharse hacia la mesa de los profesores sin esperar una respuesta.
Harry miró su espalda con incredulidad. ¿Quién se creía que era ese hombre?
— ¡Harry! ¿Dónde te habías metido?—preguntó Bobby llegando a su lado.
Harry sacudió la cabeza para deshacerse de las, de nuevo acuciantes, ganas de maldecir a Lobezno y sonrió un poco a Bobby.
—Solo me entretuve por el camino.
XXX
—Bueno, entonces vamos fuera.
— ¿Fuera?—repitió Harry confundido.
—Claro, el poder de Warren. No puede mostrártelo aquí. —Explicó Bobby. —Tiene que ser al aire libre.
Harry vio la sonrisa que los otros compartieron, seguramente tratando de imaginar cuál sería su reacción al nuevo poder.
—No tienes que venir, si no quieres, Harry. —Murmuró Warren mirándolo con timidez.
— ¿Pero qué tonterías estás diciendo? No quiero perderme nada de esto, por supuesto que quiero ver tu poder. —Exclamó poniéndose en pie y mirándolos con impaciencia.
—Recuerda, Harry, uno de los tuyos por cada uno de los nuestros. —Dijo Pyro, que ahora comprendía por qué Bobby había dicho aquello.
Harry asintió y casi los obligó a levantarse. Los otros sonrieron aún más ante su entusiasmo y lo siguieron hasta la puerta del comedor.
— ¿Podemos acompañaros?—Preguntó una voz desde detrás de ellos.
—Claro, profesora Munroe. —Respondió Harry usando por primera vez el título de la mujer.
—Nada de eso, Harry. No eres mi alumno.
Harry le sonrió y esperó a que ella y los otros profesores lo alcanzaran. Harry sabía que ninguno quería perderse una de sus demostraciones.
Al salir a los jardines, siguió a Warren hasta una pequeña plaza donde el chico empezó a quitarse la camisa y dejó a la vista unas correas de metal.
Esperó en silencio junto a los demás mientras el adolescente se quitaba también el arnés y sintió que se cortaba el aliento. A ambos lados del chico se extendían ahora unas hermosas y relucientes alas emplumadas del blanco más puro que había visto jamás.
Casi sin darse cuenta dio un par de pasos adelante, completamente embelesado con aquellas dos extensiones del cuerpo del joven.
— ¿Puedo?—Preguntó acercando un poco la mano.
Warren asintió con un poco de timidez y Harry acarició suavemente las plumas de las alas.
— ¿Por qué las escondes?—Preguntó en voz baja y con un poco de tristeza.
—La gente teme a los mutantes. Y yo no pedí ser así.
—Lo que tienes es un regalo maravilloso, Warren. No sabes cuánto daríamos algunos en mi mundo por algo así. No deberías sentirte avergonzado, sino orgulloso de tener algo tan especial.
Pero no fueron las palabras de Harry las que hicieron que el chico se diera cuenta de que lo que decía era verdad, sino su expresión. Era una mezcla de fascinación, anhelo, alegría y añoranza que apretaba el corazón.
Warren comprendió que su "maldición", quizá no lo era tanto. Debía reconocer que él amaba volar.
— ¿Puedes controlarlas? ¿Puedes volar?—Preguntó Harry ilusionado.
Warren asintió con una verdadera sonrisa que alegró el corazón de sus amigos y profesores. Nunca habían visto a Warren tan entusiasmado con su poder.
— ¿Y lo haces a menudo?—preguntó Harry astutamente.
—Bueno, ejercito las alas bastante, pero no salgo tanto a volar. Es un poco solitario cuando nadie más puede hacerlo.
—Mmm… habrá que arreglar eso. —Respondió con una sonrisa misteriosa.
Cuando había visto a Voldemort y Snape volar, había preguntado si todo el mundo podía hacer eso. Dumbledore había respondido que solo magos muy poderosos podían y que era magia negra.
Harry sabía que el viejo nunca había sido capaz de volar y por eso había empezado a decir que se trataba de magia negra. No estaba dispuesto a reconocer que no podía hacerlo.
Pero él sabía la verdad. Solo era cuestión de poder y comprensión de la magia. Su madre había sido capaz de hacer algo muy parecido, después de todo. Ella era una bruja de la luz y era capaz de levitar.
Treinta años después de la Batalla de Hogwarts, había comenzado a aprender todas las formas de la magia que los magos corrientes no podían dominar o de los que no se tenía información, excepto por algunos magos en fechas puntuales de la historia que habían tenido esa capacidad.
El vuelo, por supuesto, había sido una de las primeras cosas en las que se había centrado.
— ¿Te importa hacerme una demostración?—Dijo Harry.
Warren se encogió de hombros y le pidió que se apartar antes de abrir completamente las alas y batirlas para elevarse. Una ola de viento los golpeó y, unos segundos después, Warren estaba en el aire.
Por primera vez, el adolescente valoró cada movimiento de sus alas, cada golpe que daba para mantenerse en el aire, la resistencia del viento contra su rostro…
— ¿Qué vas a hacer para estar a la altura de eso?—Preguntó Pícara a su lado mientras veían a Warren hacer una pirueta.
—Ponerme a su altura. —Replicó Harry antes de salir disparado hacia el cielo.
Los demás observaron boquiabiertos cómo el adolescente se lanzaba hacia arriba y se dejaba caer un poco antes de detenerse en el aire.
—Este chico no deja de impresionarme. —Murmuró, para sorpresa de todos, Scott.
—Va a conseguir que me dé un ataque al corazón. —Añadió Tormenta con la mano curvada sobre el pecho.
Pyro y Pícara sacudieron la cabeza con incredulidad, alternando la mirada entre el lugar en el que hacía solo un momento su nuevo amigo estaba de pie y donde estaba ahora en el cielo.
—A mí en realidad no me sorprende tanto. —Dijo Kitty.
—Sí, ¿no visteis su mirada cuando vio las alas de Warren?—Añadió Bobby.
Los profesores tuvieron que admitir que en eso tenían razón y siguieron mirando al chico, que estaba suspendido en el aire a unos veinte metros de altura, con los ojos cerrados y el rostro reflejando una paz que nunca habían visto en él.
— ¡Hey, Warren!—exclamó de repente abriendo los ojos.
El chico alado miró en su dirección y tuvo que sacudir la cabeza para asegurarse de no estar teniendo visiones. Cuando estuvo seguro de que lo que veía era real, se llenó de alegría. Quizá hubiera encontrado alguien con quien volar, y que parecía compartir su amor por ese arte.
— ¡Harry! ¿Te apetece una carrera?—Preguntó con tranquilidad, como si siempre hubieran hecho eso.
— ¿A qué esperamos?—Respondió Harry con los ojos muy abiertos y una sonrisa casi maníaca.
Los dos subieron con rapidez, alejándose del suelo más y más hasta que la mansión era apenas una mancha en el suelo. Harry no esperó un segundo y se dejó caer en picado, con la cabeza por delante y los brazos bien pegados al cuerpo.
Warren lo seguía de cerca, con las alas plegadas a su alrededor y Harry no pudo evitar envidiar un poco al chico. A él le habría encantado tener algo así. Era una pena que los muggles lo obligaran a ocultar esa parte de él.
Cayeron durante unos treinta segundos a toda velocidad y Warren frenó cuando estaban a unos cuarenta metros del suelo, con miedo de no poder frenar a tiempo si continuaba a esa velocidad.
Por su parte, Harry siguió cayendo y oyó algunos gritos de alarma. En el momento adecuado, forzó a la magia a detener su caída. Se detuvo apenas dos metros antes de estrellarse contra el suelo y levitó con suavidad hasta que sus pies tocaron el suelo.
Al alzar la mirada vio a los profesores y adolescentes mirándolo con cara de susto e incluso Logan parecía un poco alarmado.
— ¿Qué?
— ¡No vuelvas a darnos un susto así!—prácticamente chilló Kitty dándole un abrazo.
— ¿Intentas matarnos de un ataque al corazón?—preguntó Jean con reproche.
— ¡Harry!—exclamó Warren aterrizando a un par de metros. — ¡Eso ha sido increíble! ¿Dónde aprendiste a volar así? Te has detenido en el momento exacto.
—Muchos años de práctica. —Se encogió de hombros. —Y, Kitty, para que yo me estrelle, hace falta que alguien me derribe. —Reveló mirándola con picardía.
— ¿Te importaría salir a volar conmigo de vez en cuando?—Preguntó Warren ilusionado.
—Claro que no. Yo adoro volar, es mi pasión. Estaré encantado de tener a alguien que está a mi altura. —Le respondió sonriendo.
—Tienes que enseñarme algunos trucos. —pidió el joven.
— ¿Todos en tu mundo pueden hacer eso?—preguntó el profesor.
—No, en realidad no. Solo unas seis personas en la historia han podido volar así. Pero tenemos otras formas de volar que han convertido esa habilidad en el deporte favorito de mi gente. —Explicó.
—Vaya. ¿Y de qué otros modos podéis volar?—Preguntó Tormenta.
—Eso es una historia para otro momento.
—Es irritante, ¿sabes? Respondes algunas preguntas y solo surgen más.
—Lo siento, Kitty. Pero no te preocupes, no creo que tarde mucho más en contároslo.
Harry bajó la mirada, tratando de imaginar cuál sería su reacción a la historia de su vida. No era tan ingenuo como para pensar que alguno de ellos estaría dispuesto a perdérsela. Eran demasiado curiosos.
— ¿Qué vas a decir a los niños si preguntan por tu poder, Harry?—preguntó el profesor Xabier, cambiando de tema al ver la expresión del joven y satisfecho al saber que en menos de una semana tendría respuestas al enigma que el chico representaba.
—Diré que puedo controlar la gravedad. —Respondió el chico. —Creo que eso explicaría lo que le enseñé a Pyro en la cena de anoche y que pueda volar. Podría decir que disminuí a gravedad a mí alrededor para poder saltar tan alto y luego manipularla para moverme como yo quería.
El profesor asintió ante una idea tan inteligente y Harry volvió a tener la expresión de anticipación que siempre tenía antes de descubrir algo nuevo de sus amigos.
—Entonces, Pícara, ¿vas a hacerme una demostración de tu poder?
—Yo no puedo mostrártelo, porque es doloroso para el que lo experimenta, pero puedo decirte qué es. —Dijo la chica repentinamente tímida.
Harry la miró con curiosidad, esperando que empezara a hablar, pero sin querer presionarla.
—Cuando toco a alguien, les provoco un gran dolor y absorbo sus poderes.
Harry abrió mucho los ojos. Ese era un poder realmente útil. Pero luego se paró a pensar en lo que había visto de la chica y las cosas empezaron a encajar.
Ella siempre mantenía una prudencial distancia física con la gente a su alrededor, vestía ropa muy conservadora y siempre llevaba guantes. Era algo que le había llamado la atención, pero no había pensado que tuviera un motivo como este.
La pobre chica era incapaz de tocar a alguien sin hacerle daño.
—Quisiera probar algo, Pícara. Pero necesito que confíes en mí, ¿vale?
La chica asintió, sorprendida y con algo de curiosidad. No se imaginaba qué podía querer probar Harry. El mago reunió un poco de su magia y le dio forma, creando un fino escudo invisible a su alrededor. Acercó la mano al rostro de la chica, que se apartó asustada.
—No te preocupes, Pícara, he usado uno de mis poderes y es poco probable que ocurra nada.
La chica se quedó quieta, pensando qué hacer, pero ese momento de vacilación fue suficiente para que Harry pudiera colocar su mano en su mejilla. Abrió mucho los ojos y lo miró, esperando ver una mirada de dolor en el chico.
En cambio, se encontró con algo muy diferente. Harry estaba sonriendo, los ojos brillantes mirándola con una inesperada expresión de orgullo.
— ¿No… no te duele?
Harry sacudió la cabeza negativamente y sonrió aún más antes de retirar la mano.
—No sé si podrías absorber mis poderes, pero si lo hicieras sería peligroso porque no sabrías controlarlos. No puedo arriesgarme a eso, podrías herirte. Pero he creado un simple escudo para retener mi energía y que no pase a tu cuerpo. Al parecer, funciona. Te aseguro que no he sentido nada. Y a partir de ahora, lo llevaré encima, así que no te preocupes por hacerme daño. —Comentó guiñándole un ojo.
La chica sonrió ampliamente y le dio un rápido abrazo, apartándose con rapidez para comprobar que, ciertamente, nada había ocurrido.
Los profesores también sonreían. La llegada de Harry podría ser una de las mejores cosas que les hubieran ocurrido si podía subir la moral de los alumnos con un solo comentario.
Ya había empezado a cambiar lo que Warren pensaba de su poder, ¿podría hacer lo mismo con Pícara?
De repente a Jean se le ocurrió una idea. Quizá fuera una locura, pero ¿y si no lo era? ¿Y si él podía hacer algo?
—Harry, ¿podemos hablar un momento?—pidió, provocando que la miraran con curiosidad.
Scott y Harry alzaron las cejas y la miraron con interés. El adolescente le indicó con un gesto que señalara el camino y Jean lo llevó por un sendero donde podían ver a los otros, pero no oírlos. Aunque Logan probablemente los oyera aún.
—Verás, Harry, quería preguntarte si podrías ayudar a Scott.
— ¿Con qué?
—Con su poder. Scott puede lanzar rayos láser con los ojos, pero no tiene manera de controlarlo. Había pensado que quizá hubiera algo en tu mundo que pudiera ayudarle.
—Puedo intentarlo, pero necesito comprobar antes cuál es el problema. —Respondió echando a andar de nuevo hacia el grupo, que estaba felicitando a Warren por su anterior demostración de vuelo.
Harry se acercó a Scott y Jean lo siguió. Cuando Harry le pidió a Scott que se quitara las gafas y cerrara los ojos, este miró a Jean para saber qué hacer. La mujer asintió y Scott hizo lo que le habían pedido, aunque algo molesto por no saber qué pasaba.
—Solo voy a comprobar una cosa, profesor Summers, no hay de qué preocuparse.
—Está bien. Y llámame Scott. Como ha dicho Tormenta, no eres nuestro alumno. —Dijo en una rara muestra de simpatía.
Harry asintió y tocó la sien del mutante mientras cerraba los ojos. Usó su magia para realizar una exploración centrada en sus ojos y no tardó en encontrar el problema.
Volvió a abrir los ojos y empezó a murmurar para sí mismo.
—Sí, quizá podría hacer algo… Tendré que consultar mis libros… Si funciona… El elixir revitalizante… —Se dio cuenta de que todos lo estaban mirando extrañados y sonrió tímidamente. —Oh, lo siento. Estaba pensando en voz alta.
—A todos nos pasa de vez en cuando. —Sonrió el profesor.
—Sí. —Suspiró sin dejar de sonreír.
—Harry, ¿te apetece otra carrera?—preguntó Warren conociendo la respuesta.
La sonrisa de Harry fue más que suficiente para que los demás también la adivinaran. Los profesores se despidieron para ir a hacer otras cosas y los adolescentes se quedaron sentados en un banco, observando a los otros dos volar felizmente.
Y Logan le recordó que se encontrarían en el granero en menos de una hora, dejándolo de nuevo sin una oportunidad de negarse y con una maldición en la punta de la lengua.
