Celeste Riddle Potter: muchas gracias por tus ánimos y comentarios. Me alegra un montón leerlos y saber que te está gustando. Espero que Logan siga haciéndote reír en los próximos capítulo y os dejo un capítulo algo más largo. Espero que lo disfrutéis y compense en parte no haber podido actualizar últimamente.

Akane Kinomoto: me alegra mucho que lo estés disfrutando. La verdad es que intento no tener fallos a la hora de escribir, pero bueno, a veces paso alguna cosa por alto. También intento respetar las personalidades de los X-Men, como tú has dicho, pero he de reconocer que no soy una experta así que no estaba muy segura de cómo estaban quedando. De todas formas habrá algunos cambios, unos hechos a propósito y otros que saldrán sin querer. Lo de que Harry convierta a Logan en un hurón es una buena idea y me hizo reír cuando lo leí. No sé si acabaré haciéndolo, pero te aseguro que al menos lo amenazara con ello, gracias a ti. El pasado de Harry es un poco predecible, pero creo que lo divertido serán las reacciones de los X-Men tanto a su pasado como a su mundo, claro. Solo espero que la historia siga haciéndoos disfrutar, es genial tener estos ánimos.

Capítulo 5

Caminó a paso lento hacia el establo. Se había sentido muy tentado de simplemente ignorar a Logan y dejarlo allí esperando, pero había acabado por acudir.

Al parecer Logan tenía razón. Tenía demasiado sentido del honor.

Abrió la puerta y entró para encontrar a Logan esperándolo allí. Al menos no iba a hacerlo esperar.

—Bueno, chaval. ¿Cómo vamos a ir a recoger a tus mascotas?

—Para empezar, mi nombre es Harry no "chaval". Segundo, son mis familiares, no mascotas. Y tercero, no vamos a ir a buscarlos, voy a ir. —enumeró. —Y no, no vas a acompañarme. Porque le dije a Kitty que nadie vería a mis familiares todavía y porque sé que no has venido para eso.

—Bueno, chaval, —Harry frunció el ceño con irritación. — ¿para qué he venido?—preguntó Logan alzando una ceja con diversión.

—No lo sé. Quieres algo, pero no estoy seguro de qué. —dijo sacudiendo la cabeza, acompañarme es solo una excusa. ¿Vas a dejar de hacerme perder el tiempo y decirme qué quieres?

Harry miró al hombre fijamente y no pasó por alto que parecía un poco impresionado por su actitud directa.

—Muy bien. —murmuró Lobezno. —Has despertado mi curiosidad y eso no ocurre a menudo. —Harry resopló.

—¿Entonces?

—Pensaba hacerte algunas preguntas mientras te echaba una mano. —Logan se encogió de hombros.

—Pues hazme las preguntas, —suspiró. —tengo más cosas que hacer.

—¿Ahora te haces el interesante?

Harry lo fulminó con la mirada y casi le pareció que veía a Logan sonreír. No le gustaba que se burlaran de él.

—¿Qué querías decir esta mañana sobre tu infancia? ¿Tu familia es de esas perfectas en la que el padre enseña a sus hijos la importancia del honor mientras la madre prepara galletas?

Harry apretó los dientes. Nunca sabría cómo hubiera sido crecer con sus padres y no le gustaba que insinuaran que habría acabado siendo igual que habiéndose criado con los Dursley.

—Mis padres murieron cuando yo tenía año y medio y soy hijo único, así que no. Mi familia no era así.

—Eso no responde a mi pregunta. —murmuró Logan, casi golpeándose al recordar haber oído que los padres del chico habían sido asesinados.

—Hagamos un trato. Yo respondo a algunas de tus preguntar y tú respondes a las mías. —propuso.

—No es un mal trato. —aceptó Logan tras unos segundos. —Entonces, ¿qué querías decir con eso de tu infancia?

Harry volvió a suspirar y se sentó al borde de un bebedero, mirando al hombre que lo observaba desde su lugar apoyado contra la pared.

No era un tema del que quisiera hablar, pero si iba a contar a esa gente su vida, era mejor acostumbrarse un poco.

Había pensado contarles solo un poco sobre la guerra, pero sabía que Furia ya les había dicho que era una historia muy interesante y querrían escucharla completa.

—Cundo mis padres murieron, un idiota me envió a vivir con la hermana de mi madre, su marido y su hijo. —Logan alzó una ceja, sin entender el problema. —Eran muggles y, bueno, digamos que no me trataron muy bien. Decidí que, si quería ser una buena persona, tendría que ser yo quien definiera ese concepto. Cuando crecía, pensé que para serlo tendría que ser lo contrario a ellos. Solo les importaba el dinero, así que yo desarrollé un gran sentido del honor.

—¿Qué te hicieron?—preguntó Logan con el ceño profundamente fruncido.

—¿Cuántos de los que he conocido formáis parte de los X-Men?—preguntó sin responder y con la mirada fija en un punto sobre su cabeza.

—¿Cómo sabes que yo formo parte?

—No tienes pinta de ser de los que obedecen órdenes, pero tampoco de los que se quedan de brazos cruzados sin hacer nada. Tienes aspecto de luchador, el profesor Xabier parece confiar en ti, eres profesor aquí y los estudiantes te respetan, aunque no como profesor. —indicó encogiéndose de hombros y sonriendo ante lo último.

—Tormenta, Jean y Cíclope son X-Men desde antes que yo.

—¿Cíclope?—preguntó alzando una ceja. —No me digas que así llamáis a Scott. —Logan se encogió de hombros. —A todo esto, ¿a qué viene lo de los nombres?

—Es nuestro nombre mutante. Al aceptar lo que somos, se nos da un nombre más adecuado, algo que tenga que ver con nuestras habilidades.

Logan volvió a encogerse de hombros y Harry supo lo que iba a preguntar. El hombre no era de los que se daban por vencidos.

—Entonces, ¿qué te hicieron tus parientes?

—Eres irritantemente insistente, ¿sabes?

—¿No es algo que les gusta a las chicas?

—Por desgracia para ti, yo no soy una chica. —Apartó la mirada de nuevo y suspiró. —Mis parientes odiaban mi mundo y todo lo que no encajara en su definición de normal. Y, por tanto, a mí. —empezó a explicar. —Ellos simplemente no se preocupaban por mí, me ignoraban todo lo posible. Aprendía a cuidar de mí mismo. Y no es algo de lo que me guste hablar, así que ¿cuál es el poder de Jean?

Logan guardó silencio unos segundos antes de responder, asimilando lo que acababa de oír.

—Jean es una telépata, pero eso ya lo sabías. —murmuró al recordar que Jean se lo había dicho el día anterior. El joven solo intentaba cambiar de tema. —También tiene algo de telequinesis: puede mover objetos con la mente.

Harry asintió y bajó la mirada a sus rodillas, tratando de pensar en qué más podía preguntar.

—¿Por qué S.H.I.E.L.D. está interesado en ti?

—Bueno, mi vida no ha sido precisamente tranquila y yo soy algo… raro. Incluso para mi mundo. No sé qué es exactamente lo que S.H.I.E.L.D. espera de mí. Me ofrecieron ponerme en contacto con algunos muggles con poderes y yo acepté. Quieren que conozca también a los Vengadores, con lo que no tengo ningún problema, pero decidí venir primero aquí. Después, S.H.I.E.L.D. me hará su verdadera oferta y yo decidiré si aceptarla.

Logan miró al chico especulativamente. Si querían que los conociera, significaba que S.H.I.E.L.D. pretendía que Harry trabajara conjuntamente con los X-Men y los Vengadores.

Con las cosas que lo había visto hacer, no le era difícil imaginar que sería un buen oponente cuando adquiriera algo de experiencia luchando. Era fácil ver por qué S.H.I.E.L.D. estaría interesado en él.

—¿Qué querías decir ayer con que realizaste ciertos "servicios" en tu mundo? Lo hiciste sonar como si hubieras sido agente del gobierno o algo así. —preguntó Logan con tono de burla al final.

—¿Qué poderes tienes exactamente?—preguntó Harry sabiendo que volvería a hacerle la misma pregunta luego.—Dices tener un gran factor curativo, pero también pareces tener unos sentidos bastante desarrollados.

Logan sonrió de lado y se encogió de hombros.

—No estás muy equivocado. Digamos que mi nombre está más relacionado con mis poderes de lo que parece.

—¿Ah, sí? ¿Y cuáles son esos poderes, entonces?

—Además de curarme de cualquier clase de herida, tengo unos sentidos mucho más desarrollados que los humanos, especialmente el oído, la vista y el olfato. –Murmuró el hombre.

—Y hay algo más, pero no vas a decírmelo, ¿verdad?

—Si preguntas a cualquiera en la escuela, te lo dirán.

Harry suspiró, pero supuso que era justo. Él tampoco estaba diciéndoles todo todavía.

—Entonces, ¿qué es eso de unos "servicios"…?

Harry se tensó al ver confirmada su suposición sobre la próxima pregunta. No era algo de lo que quisiera hablar en ese momento. Se levantó y se sacudió los pantalones.

—Creo que deberías irte, tengo que ir a recoger a mis familiares.

—¿Me estás echando?—preguntó Logan burlón.—Aún no has respondido a mi pregunta.

—Ni tengo intención de hacerlo aún. —replicó en voz baja.

—¿Acaso tienes algo que ocultar? No me digas que estuviste en el ejército o algo así.

—No tengo nada que ocultar porque no hay nada más público que mi vida. —respondió pensando en los periodistas que se morían por una entrevista suya o una simple foto. —No estuve en el ejército. —«Al menos no en el sentido literal de la palabra. El Ejército de Hogwarts no era un verdadero ejército, ¿no?»—Y creo que ya he respondido a suficientes de tus preguntas por ahora.

—¿Te han dicho alguna vez que eres muy poco sociable?

—Según Bobby, tú tampoco lo eres. —respondió Harry frunciendo el ceño. —¿Por qué tanta insistencia?

Logan se quedó mirándolo con el ceño fruncido y Harry se cruzó de brazos antes de darse a vuelta.

Continuó caminando hacia el otro lado del establo cuando una última pregunta le hizo detenerse.

—¿Cuántos años tienes?

—¿Por qué quieres saberlo?—preguntó tratando de ganar tiempo.

¿Cuánto tardaría Logan en darse cuenta de lo parecidos que eran ambos?

—Curiosidad. —respondió el hombre y casi pudo verlo en su mente encogiéndose de hombros. —Dijiste que en tu mundo cumplís la mayoría de edad a los diecisiete y que tú ya eres un adulto.

—¿Cuántos años crees que tengo?

—¿Veinte?

Harry casi sonrió. El ejercicio y las pociones mágicas habían hecho maravillas en su cuerpo y, aunque siguiera sin ser demasiado alto y aún se pareciera a su padre, ya no era aquel chico escuálido que había estudiado en Hogwarts.

—Tengo más. —suspiró. —Ahora tengo que irme.

Antes de poder decir nada más, oyó los pasos de Logan acercarse hasta estar tras él y sintió su pecho musculoso contra su espalda cuando se inclinó para estar a la altura de su oreja.

—Eres un gran misterio. Y por eso sé que voy a disfrutar el tiempo que te quedes.

—¿Es que te gustan los misterios?—susurró Harry con la voz algo ronca.

—No, pero me gustas tú.

Harry contuvo el aliento y trató de no respirar el aroma a bosque del mutante, sin saber qué decir.

Antes de que pudiera decidirlo, oyó el firme sonido de la puerta del establo al cerrarse y suspiró.

Logan era irritante y, por algún incomprensible motivo, eso lo atraía aún más.

XXX

Harry entró en la cocina y empezó a prepararse un sándwich. Se había saltado la comida gracias a sus familiares.

Habían estado molestos con él por dejarlos dos días solos y no habían querido dejarlo marchar hasta que los hubo mimado a todos un rato.

No quería saber cuán enfadados estarían los que habían tenido que quedarse en casa porque sus tamaño les dificultaba los viajes.

Estaba muerto de hambre y algo cansado después de haber tenido que aparecer a sus familiares y acomodarlos a todos.

Terminó de preparar el sándwich y se sentó a comerlo después de sacar una botella de agua.

Un rato después, acabó y subió a su habitación a toda prisa, donde empezó a rebuscar en el compartimento del baúl en el que guardaba su biblioteca.

Sacó algunos sobre materiales mágicos, escudos y piedras base y estuvo revisándolos durante casi una hora.

Después, volvió a guardarlo todo y comprobó si le faltaba algún material. No tardó en notar que así era.

Salió a buscar al profesor para avisarle de que iba a salir, pero se encontró con Jean de camino a su despacho.

—Hola, pro… Jean.

—Hola, Harry, no te he visto en la comida…

—Se me hizo tarde, así que comí algo en la cocina. ¿Vas a ver al profesor?

—Sí, tengo que consultarle algo sobre los horarios de este año.

—¿Te importaría decirle que saldré un par de horas, Jean? Tengo que conseguir un par de cosas. —La joven asintió. —Ah, casi lo olvido. Creo poder ayudar a Scott.

—¿De verdad?—preguntó entusiasmada. — ¡Eso es maravilloso! Y no te preocupes, yo avisaré al profesor. ¿Cuándo crees que podrás…?

—Si encuentro lo que busco, podría ayudarle esta misma noche. —murmuró sabiendo a qué se refería. — ¿Y te importaría reunir a todos los que saben de mi mundo cuando vuelva? Voy a mostraros algo.

—Claro, Harry, no hay problema. —acordó ella mirándolo con curiosidad antes de dar la vuelta para irse.

—Ah, y, Jean, ¿Scott ya sabe lo que me has pedido que haga?

—Sí, he hablado con él. No tiene muchas esperanzas porque hasta ahora nada ha funcionado nunca, pero agradece que al menos lo intentemos.

Harry asintió, alegrándose de poder hacer algo, y se despidió de la mujer. Jean le gustaba bastante. Era amable y entusiasta y parecía el tipo de persona dispuesta a hacer de todo por sus ideales.

Salió de la mansión sin encontrarse con ningún otro conocido y caminó hasta estar fuera de la vista antes de aparecerse de vuelta a Nueva York.

Apareció en un callejón vacío muy cercano a la entrada del equivalente en Nueva York al Callejón Diagon.

No era la primera vez que lo visitaba, por lo que caminó con tranquilidad y no le fue muy difícil encontrar el café y abrir la entrada del arco.

Se aseguró de que el flequillo tapaba la casi invisible cicatriz en forma de rayo de su frente y echó un glamour para asegurarse de que nadie la notara.

Una vez dentro, no pudo evitar notar los cambios que había habido desde que estuvo allí por última vez, lo cual no hacía sino confirmar que Gran Bretaña era de los pocos estancados en el progreso.

El lugar parecía más una enorme plaza que un callejón y tenía tres calles más que desembocaban en cada uno de los puntos cardinales.

Sin detenerse, se dirigió hacia la calle del frente, que sabía acaba ante el siempre majestuoso e imponente edificio de Gringotts.

Iba a necesitar algo más de dinero de lo normal para lo que quería comprar ese día, por lo que Gringotts era su primera parada.

No tardó mucho en sacar lo que quería y se alegró de que los duendes fueran tan eficientes.

Algunos aún le guardaban algo de rencor por el robo de la copa de Hufflepuff, pero su actitud respetuosa y de apoyo hacia todas las criaturas, junto con generosas donaciones para pagar los daños y mejorar la seguridad, habían hecho maravillas.

Una vez hubo acabado allí, siguió caminando de vuelta a la plaza y recorrió la calle derecha hasta llegar a una tienda de materiales mágicos e ingredientes para pociones.

Allí encargó que grabaran algunas runas de protección en la obsidiana que los goblins le habían vendido y la convirtieran en una piedra base.

Podría hacerlo él, pero prefería utilizar ese tiempo para comprar las otras cosas que necesitaba.

Compró también más fibras de pelo de demiguise, recordando que su familiar no podría volver a proveerlo de ellas hasta dentro de un mes, y el equipo necesario para fundir y dar forma a la plata.

Después fue a la tienda de animales para conseguir algunas cosas que necesitaba para su habitación. No quería tener que ir hasta Inglaterra ara que todos sus familiares estuvieran cómodos.

Acabó allí y volvió a recoger la piedra. Antes de marcharse compró unas botellas de cerveza de mantequilla.

Con su compra bien guardada, volvió al callejón desde el que había llegado y se apareció en los establos de la mansión X.

Pidió unos cabellos de la crin a uno de sus familiares y volvió a su habitación para empezar a trabajar.

Empezó vertiendo unos cabellos de thestral y demiguise en un vial de lágrimas de fénix.

Luego cogió el kit que había comprado y sacó de su baúl un pequeño huevo de occamy, hecho de la más suave y pura plata.

Fundió la cáscara y usó un molde de hierro para darle forma mientras se enfriaba. Parecían tres tiras de plata entrelazadas entre ellas formando una trenza, con unos pequeños huecos entre ellas.

Esperó unos minutos mientras la plata se enfriaba y los cabellos absorbían las lágrimas y observó la obsidiana.

Tenía la forma de una pequeña rosquilla, pero más aplanada y con runas grabadas en toda su circunferencia.

Sacó el pelo del vial para que fuera secándose y tuvo que esperar un rato más a que la plata se enfriara.

También podría usar un hechizo para eso, pero quería que los materiales no absorbieran más magia de la necesaria. Así, la magia que usara se vería aún más potenciada por las propias propiedades del material.

Cuando todo estuvo listo, entrelazó los cabellos de demiguise y thestral usando los agujeros en la plata y usó la obsidiana para unir ambos extremos en un círculo completo.

Al fin la pulsera estaba terminada. Solo faltaba imbuir de magia las runas y ponerle un par de hechizos para mayor seguridad.

Lo más sencillo fue terminar las runas y luego tuvo que decidir qué hechizos quería usar.

Se decidió por un hechizo de protección a prueba de fuego y hielo, pensando en los poderes de Bobby y Pyro, y uno para que la pulsera volviera a la muñeca de su dueño a los treinta minutos si se perdía.

Dejó la pulsera otra vez en el vial de lágrimas de fénix y se acercó a revolver en su baúl cuando oyó que tocaban a la puerta.

—Adelante. —indicó tras comprobar que no hubiera nada a la vista y alegrándose de que sus familiares siguieran todos en el establo.

—Hola, Harry, quería ver si habías llegado. —saludó Bobby desde la puerta. —Desde que Jean nos dijo que ibas a enseñarnos algo, Kitty está muy entusiasmada. —Harry sonrió con diversión. —Le dije que subiría a ver si estabas aquí. La otra opción era que ella viniera y te arrastrase abajo.

Ambos chicos rieron, imaginándola haciendo precisamente eso.

—Está bien, deja que encuentre una cosa y bajo.

—Claro. Te espero. ¿Necesitas ayuda?

Harry negó con la cabeza y siguió buscando en el baúl. Sabía que lo que buscaba estaba en el tercer compartimento, que era uno de los pocos que no habían sido mágicamente ampliados.

A pesar de ello, todavía tardó unos minutos en encontrarlo. Lo guardó en su bolsillo y volvió a cerrar el baúl.

Se giró y vio a Bobby todavía esperándolo, así que le hizo un gesto para que saliera el primero y cerró la puerta tras él antes de seguirlo.

Anduvieron en un cómodo silencio hasta que Harry se detuvo repentinamente.

—Oh, he olvidado una cosa en mi habitación. —exclamó. — ¿Dónde están los demás?

—Los chicos están en el jardín, pero Jean dijo que nos reuniríamos en el despacho del profesor X. Si no necesitas que sea al aire libre, claro.

—No, el despacho está bien. ¿Te importa avisarles de que ahora bajo? Tengo que recoger algo para Pícara.

Al oírlo, Bobby se detuvo en seco y Harry lo miró confundido.

—¿Algo para Pícara?

Harry siguió mirándolo con confusión durante unos segundos, sin comprender su tono. Pero no se cumplía su edad sin aprender algunas cosas sobre la gente. —Verás, Bobby… Uh, normalmente no te diría esto, pero realmente quiero que seamos amigos y es obvio que Pícara te gusta, así que… Pícara no es mi tipo, solo me gusta como amiga y no quiero que pienses que le regalo algo por los motivos equivocados.

—Yo… ah, lo siento. No quería decir… —empezó con nerviosismo.

—No te preocupes, solo quería que quedara claro. —dijo Harry girándose.

—¿Y Kitty?—preguntó Bobby recuperándose y con una pequeña sonrisa. —¿Estás interesado en ella?

—Eh, no, Bobby. Kitty tampoco es mi tipo.

No iba a decirle que todos eran demasiado jóvenes para él, excepto Logan, por supuesto.

Apartó es línea de pensamiento y miró a Bobby.

—¿Y cuál es tu tipo?—preguntó un poco divertido.

—Ni siquiera yo lo sé, la verdad. —suspiró.

Al ver la mirada del chico supo que tenía que cambiar de tema inmediatamente.

—Pensaba que Pyro estaba interesado en Kitty.

—¿Pyro y Kitty? Imposible, Harry. Ellos siempre están peleándose. Si hay dos personas que nunca estarían juntas, son ellos dos. —rió el estudiante. —Espera a que se les pase un poco más la sorpresa por lo que nos has enseñado y verás cómo se comportan normalmente. Son peores que el perro y el gato.

Por algún motivo, eso no hizo sino afianzar su idea de que había algo. Le recordaban un poco a Ron y Hermione.

—Bueno, ahora bajo. —suspiró.

—Vale, voy a avisar a los otros. Nos vemos en el despacho del profesor.

Cada uno se separó para seguir en una dirección diferente y Harry no tardó en abrir la puerta de su habitación.

Era poco probable que se perdiera teniendo en cuenta que, gracias a la Oclumancia que tanto practicaba, tenía una memoria casi fotográfica.

Entró a la habitación y sacó la pulsera del frasco, guardándosela en el bolsillo antes de salir.

Bajó de nuevo al primer piso, encontrándose por el camino con algunos estudiantes que lo saludaron, y se detuvo frente a la puerta del despacho del profesor Xabier.

En cuanto entró, notó que solo faltaban dos personas. Fue Pyro quien le dijo que Jean acababa de salir a buscar a Scott y los dos llegaron un minuto más tarde.

Jean parecía emocionada, lo cual todos notaron, mientras que solo los X-Men notaron que Scott parecía un poco nervioso.

—Ahora que estamos todos… tengo entendido que hay algo que quieres mostrarnos, Harry.

—Así es, profesor. No pensaba mostrároslos hasta mañana, pero por ciertas razones —explicó sin saber si Scott querría que supieran lo que iba a intentar. —tendré que enseñárselos luego a Scott. Pensé que sería más justo que primero os los enseñara a todos. —explicó.

Todos, especialmente Scott, lo miraron con curiosidad, preguntándose con que los sorprendería esta vez.

—Es algo de tu mundo, supongo. —se imaginó el profesor.

—Sí, pero primero y antes de que se me olvide, —continuó volviéndose, para desconcierto de todos, hacia Pícara. —tengo algo para ti.

—¿Para mí?—preguntó sorprendida la chica.

—Sí. Es por una idea que me dio Bobby, en realidad. —mintió mirando a Bobby con disimulo al recordar su anterior conversación. —Bobby vino a preguntarme si podía ayudarte con tu poder. —siguió improvisando haciéndole un gesto a Bobby para que ocultara su sorpresa

Harry sabía, por las sonrisas de los X-Men, que ellos se habían dado cuenta de su mentira, pero los adolescentes estaban demasiado curiosos para notarlo.

—El caso es que creo poder ayudarte. —añadió haciendo que la chica abriera mucho los ojos.

Metió la mano en el bolsillo y sacó la pulsera que había fabricado. Se la tendió y le pidió que se la pusiera, lo cual ella hizo algo vacilante.

—¿En qué va ayudarle una pulsera?—preguntó Logan alzando una ceja.

—Me ofendes, Logan. Esto no es una simple pulsera. —aclaró sin siquiera mirarlo. —La piedra es obsidiana, la piedra base más resistente para el tipo de energía que le he infundido y el metal está hecho con el material de los huevos de una especie de mi mundo. Todo ellos entrelazado con cabellos de dos especies de mi mundo e imbuido del poder de las lágrimas de otra. Lo que tienes hay es mucho más que una pulsera.

—Y, ¿qué significa eso?—preguntó Pyro cuando recuperó la voz.

—Significa que cuando Pícara lleve puesta esa pulsera, un escudo retendrá su energía e impedirá que salga de su cuerpo para atraer la energía de otros. —un destelló de comprensión brilló en los ojos del profesor. —Es decir, que podrá tocar a cualquiera sin hacerle daño.

El despacho se quedó en silencio mientras todos asimilaban sus palabras.

—Esto es… ¿es verdad?—preguntó la adolescente sin aliento.

—Sí, al menos en teoría. Aún no la he probado y es la primera vez que construyo algo así. —confesó. —los demás artefactos que creaban escudos y que yo he ayudado a construir eran para protegerse de ataques directos, no para este tipo de cosas. De todas formas, soy bastante bueno en las materias que he usado y estoy bastante seguro de que va a funcionar.

Debía reconocer que, cuando estuvo en Hogwarts, no había sido el mejor estudiante, pero tenía otras cosas en mente que los exámenes. Después de todo, no te preocupabas por eso si estabas luchando por sobrevivir y salvar el mundo, ¿no?

En cambio, cuando todo hubo acabado, descubrió que solo necesitaba prestar atención y querer aprender de verdad para dominar cualquier materia.

Le había sorprendido al principio la facilidad con que todo acudía a él, pero sabía que sus padres habían sido magos muy inteligentes. Solo era algo más que tenía en común con ellos.

Él había nacido para la magia, más que ningún otro mago. Pero siendo el Señor de la Muerte, él era pura magia.

—Supongo que solo queda probarlo. —dictaminó mirando a su alrededor. —Entonces, ¿hay algún voluntario?

—Yo. —se ofreció Bobby alzando la mano un poco.

Harry vio que todos parecían nerviosos y emocionados, aunque ninguno tanto como Pícara. Podía entender por qué.

Si funcionaba, no tendría que preocuparse por hacer daño a alguien sin querer. Sería casi normal.

Las emociones de Scott tampoco estaban muy lejos de las de la chica. Si podía ayudarla a ella con su poder, ¿por qué no podría hacer algo con el suyo?

Todos observaron atentamente cómo Bobby acercaba la mano al codo de Pícara y acariciaba con cuidado la piel expuesta.

La tranquilidad y la ausencia de dolor en el rostro del chico eran tan evidentes que Harry no pudo evitar sonreír.

—Funcionó. —declaró.

Harry pensó en Fred y George. Era de sus productos de los que había sacado la idea. Aquellos sombreros y guantes escudo habían acabado siendo un verdadero avance para Inglaterra y habían pasado, con un poco de su ayuda, a convertirse en cosas pequeñas y menos obvias que una capa.

—¡Gracias, Harry! ¡No sé cómo agradecerte…!

—No tienes que agradecerme nada, Pícara. Bobby me pidió ayuda y no sería un buen amigo si pudiera hacer algo y no lo hiciera. Agradéceselo a él, no a mí.

La chica sonrió y se inclinó hacia Bobby para darle un beso en la mejilla, tras lo cual ambos se sonrojaron. Todos sonrieron y Puro empezó a burlarse de ellos.

—Creo que es hora de que esos guantes se queden en el fondo de tu armario, Pícara. Además, la pulsera tiene un par de trucos más. —dijo desviando la atención de los avergonzados adolescentes. —Si la pierdes, volverá a tu muñeca a los treinta minutos.

—Vaya, eso es útil. —reconoció Pyro olvidando sus burlas anteriores.

—¿Y si necesita sus poderes?—preguntó Logan.

—Solo tiene que quitarse la pulsera. No volverá a su muñeca si ella no quiere. Y, con un poco de práctica, podrá usarlos sin quitársela.

—¿Y si la pulsera se le rompe?—siguió poniendo pegas el hombre.

Harry lo miró y resopló antes de pedirle la pulsera a la chica. Cuando la tuvo en la mano, tiró de dos extremos opuestos, rompiéndola.

La expresión en el rostro de los profesores le hizo reír, pero se contuvo porque el tema era importante para Pícara.

—¿Dónde está el truco, Harry?—preguntó Warren mirándolo con sospecha.

Harry sonrió al chico alado y bajó la mirada de vuelta a la pulsera rota que aún descansaba en la palma de su mano.

Al ver lo que empezaba a ocurrir, algunos soltaron un sonido ahogado.

Las fibras de cabello se movían y volvían a unirse entre ellas, arrastrando la trenza de plata a la que estaban atadas hasta que está también se fundió de nuevo. Unos segundos más y la pulsera estaba intacta.

—¿Cómo…?

—Eso no importa ahora. —dijo devolviéndole la pulsera a Pícara.

—Gracias, Harry.

El joven asintió con una pequeña sonrisa. Estaba encantado de haber podido usar su conocimiento para ayudar.

—Entonces, ¿es verdad que puedes ayudarme?—preguntó Scott sin emoción.

Sabía lo que estaba haciendo. Scott no quería esperanzarse para acabar llevándose una decepción.

Era más que comprensible y hacía que se diera cuenta de lo importante que era eso para él. Eso solo hacía que Harry quisiera ayudar aún más.

—Sí, creo que sí. He de advertirte que lo que te ofrezco no es una solución inmediata. Necesitarás tiempo para acostumbrarte y aprender a controlar tu poder. Yo solo te daré lo que tu cuerpo necesita para poder controlar tus rayos por completo.

Scott asintió, entendiendo que tendría que trabajar duro para controlarlo, pero que al menos no sería algo imposible como hasta ahora.

Por su parte, todos los demás estaban sorprendidos. En ningún momento se les había ocurrido que eso pudiera ser posible.

El profesor Xabier, por supuesto, fue el único que no se sorprendió. Y Logan también lo ocultó bastante bien. O ya se había enterado con su agudo sentido del oído.

—Para esto, necesito la ayuda de dos de mis familiares que se han ofrecido voluntarios para ayudar con sus propias habilidades. Es por eso que os he reunido. Me pareció justo que todos los conocierais a la vez.

—Traducción: no querías que Kitty se enterara de que se los habías enseñado a alguien más y te arrancara la cabeza. —lo contradijo Pyro.

Harry lo fulminó con la mirada en broma, un poco sonrojado, mientras los otros soltaban algunas risas. Kitty también fulminó al mutante y lo golpeó en el brazo.

—Bueno, mis familiares tienen una forma de viajar un tanto especial, así que necesito que no os asustéis de su aparición. —explicó. —Pero que os los muestre a ellos ahora, no significa que os vaya a mostrar a todos todavía. —se apresuró a asegurar al ver la mirada de Kitty.

La chica hizo un puchero, pero asintió.

—No flipéis cuando aparezcan, por favor.

—Entendido. —murmuró Tormenta algo nerviosa.

Harry los miró con seriedad unos segundos y cogió aire.

—Firhaund, ¿te importaría venir?

Un instante después, hubo una explosión de chispas sobre su cabeza y observaron con fascinación cómo un hermoso pájaro del tamaño de un cisne aparecía.

La hermosa ave roja con plumas doradas dio un par de vueltas al despacho, permitiendo que todos lo admiraran unos segundos, y soltó una dulce nota antes de replegar sus alas para posarse en el hombro izquierdo de Harry.

Todos observaron maravillados el fénix posado en toda su gloria sobre el hombro del joven.

—¿Harry? ¿Qué es ese pájaro?—preguntó Kitty fascinada. —Es precioso.

Harry sonrió con comprensión. Incluso los magos, que aún conocían la existencia de los fénix, quedaban fascinados ante la belleza de uno.

—Aún falta uno. Luego las explicaciones. —murmuró guiñándole un ojo. —¿Coldwing?

Esta vez las chispas fueron pequeños pedacitos de hielo que, igual que las chispas de fuego hacía un momento, no tenían efecto alguno sobre su entorno.

Un pájaro azul con plumas plateadas se posó en su hombro derecho. Era algo más pequeño que Firhaund, pero demostró tener un canto igual de bello.

—Seguramente algunos de vosotros habéis oído los mitos sobre los pájaros de fuego: los fénix. Eso es lo que es Firhaund.

—¿Un fénix? Tienes que estar bromeando. —exclamó Pyro con incredulidad.

—¿Qué es un fénix?—preguntó Logan con el ceño fruncido.

—Me tomas el pelo. —volvió a exclamar el mutante mirando a Logan sin poder creer lo que oía. —Los fénix son míticos pájaros de fuego, muy poderosos. Se creía que eran mensajeros de los dioses y eran muy misteriosos. Cada 500 años, el fénix ardía y renacía de sus cenizas.

—¿Cómo sabes tú eso?—inquirió Kitty.

—Mi poder es el fuego, ¿recuerdas? Tenía curiosidad y lo miré en internet. —dijo Pyro encogiéndose de hombros con simpleza.

—Para vosotros los fénix se convirtieron en eso, un mito. —acordó Harry asintiendo con la cabeza al chico. —Los que escondieron mi mundo ocultaron a los fénix con nosotros. Tampoco era muy necesario teniendo en cuenta que son seres muy reservados y extremadamente escasos.

Todos escucharon atentamente y Harry siguió explicándolo.

—Son las criaturas más puras que existen. Los fénix de fuego tienen poderes aún desconocidos. Son seres amables y, como ha dicho Pyro, renacen de sus cenizas. Aunque hemos descubierto que no ocurre cada 500 años.

—Está bien, los fénix existen. —murmuró Tormenta lentamente y tomando aire. —¿Y el otro? Has dicho que se llamaba…

—Coldwing. Coldwing es muy especial. En vuestro mundo no quedan mitos sobre él y, hasta que Coldwing me eligió, lo único que en mi mundo quedaba sobre su especie eran mitos. Coldwing es un fénix de hielo. Es la única otra criatura cuya pureza rivaliza con la del fénix de fuego. Cuando llega la hora de su muerte, se convierten en una estatua de hielo que se resquebraja y de cuyo interior renace.

Todos guardaron silencio un minuto, asimilando lo que acababan de oír. Harry, mientras tanto, recordaba la reacción de sus amigos al enterarse de que, no solo los fénix de hielo existían, sino que el primero en más de un milenio era su familiar. Había sido cómico ver sus rostros.

—Suena como si fueran opuestos. —comentó Bobby sacándolo del recuerdo.

—Lo son y no lo son. Ambos son puros, leales y protectores. Ambos inmortales condenados a ver morir a todos a su alrededor. —murmuró mirando de reojo a Lobezno. —Pero mientras que un fénix de fuego intentará proteger a quienes aprecia sin dañar a otros, un fénix de hielo no dudará un segundo en atacar a quien haga falta para protegerlos. Los dos juntos representan el equilibrio de todo. —finalizó. —La verdad es que Bobby y Pyro me recordaron un poco a ellos.

Los dos chicos se sonrojaron un poco al ser comparados con tan bellas y magníficas criaturas. La mayoría estaban más asombrados por Firhaund, ya que era un ser que los muggles aún recordaban.

—¿Podemos… podemos tocarlos?—preguntó Kitty mirándolos con algo de nerviosismo.

Como respuesta, Firhaund saltó de su lugar y planeó hasta posarse en la mesa frente a la chica. Kitty y Pícara no tardaron en empezar a acariciar el suave plumaje del ave.

Harry metió una mano en el bolsillo y sacó un puñado de bayas que entregó a Ororo. Un segundo después, Coldwing estaba frente a la mujer, su postura orgullosa abandonada.

Ororo rió y le lanzó una baya, que el pájaro atrapó con el pico. Jean no tardó en unirse y las chicas se entretuvieron dando bayas y acariciando a los dos fénix mientras los hombres sonreían.

—¿Cómo van a ayudarme unos pájaros?—preguntó Scott un rato después.

Por suerte no lo había preguntado de malas maneras como probablemente lo habría hecho Logan, sino solo con curiosidad. La reacción de Coldwing habría sido marcharse si hubiera sido así.

—Como he dicho antes, los fénix tienen poderes misteriosos. Te lo explicaré después. Si todavía estás dispuesto, podemos empezar cuando quieras.

—Ahora. —murmuró el hombre.

La respuesta no lo sorprendió. Miró alrededor y levantó una ceja a Scott en muda pregunta.

—Pueden quedarse. —dijo Scott dejando ver un poco de su nerviosismo.

—Está bien. Esto será un poco diferente de todo lo que he hecho hasta ahora. Necesitaré que todos se aparten y que tú te tumbes, Scott.

Todos movieron sus sillas para apartarse, excepto Jean que se levantó y dio un paso adelante.

—Quizá sería más cómodo en el hospital.

—No hace falta. Además, no me gustan mucho los hospitales y podría distraerme.

Harry volvió a mirar alrededor y le pidió a Scott que se apartara de la silla en que estaba sentado.

Apuntó con la mano y la transformó, para asombro de todos, en un sillón reclinable.

—Luego le devolveré su forma original. —aseguró mirando al profesor, que trataba de ocultar su asombro.

Le hizo un gesto a Scott para que se sentara y el mutante lo hizo, después de tocar el sillón para comprobar que era sólido.

—Puedes acercarte, Jean. —dijo al ver el nervosismo de la mujer.

Jean se sentó en una silla y le cogió la mano a Scott.

—Voy a hacer lo que hace falta y después os lo explico, ¿vale?

Los mutantes asintieron y Harry llamó a Coldwing, que se posó cerca de la cabeza de Scott y empezó a cantar una suave melodía que los calmó a todos, incluido el propio Harry.

—Bien, Scott, necesito que te tumbes y te quites las gafas. —instruyó.

—Por algún motivo, no puedo estar nervioso. —murmuró obedeciendo.

—Eso es cosa de Coldwing. El canto del fénix tiene poderes. —dijo Harry con una sonrisa reflejada en la voz. —Ahora, Firhaund, acércate. Y todos los demás, por favor, no os mováis. —el fénix de fuego se posó sobre su hombro. —¿Todavía estás dispuesto a ayudar, Firhaund?

La única respuesta del pájaro fue planear hasta posarse sobre el pecho del mutante, con los ojos al nivel de los ojos del hombre.

Scott se sobresaltó un poco, pero la canción de Coldwing seguía siendo igual de relajante.

—¿Listo, Firhaund? Scott, necesito que abras los ojos. —Harry vio que iba a protestar y lo interrumpió. —Tú no te preocupes. Solo abre los ojos.

El hombre abrió los ojos y todos soltaron un grito ahogado. Una rayo láser salió de sus ojos y golpeó al fénix en pleno pecho, haciéndolo estallar en llamas.

El fuego consumió al ave, cuyas cenizas cayeron junto a la cabeza de Scott, y el rayo se detuvo de repente.

—¡Oh, no! ¡Lo siento, Harry! Yo no… no pretendía…

—Tranquilo, Scott, sabía que esto iba a pasar. Ahora confía en mí y vuelve a abrir los ojos. —ordenó. —Está funcionando.

El profesor abrió los ojos, un tanto reticente, y se sorprendió cuando ningún rayo salió. Sabiendo que no tenía mucho tiempo, Harry sacó un cristal de su bolsillo y usó un poco de magia para ablandarlo.

Colocó el cristal sobre los ojos color avellana del hombre y colocó una mano en cada sien del mutante.

Usando su magia, ajustó el cristal mágico a una fina membrana de los ojos del hombre antes de fundirlos en una sola.

Acabó justo a tiempo, porque el calor empezaba a acumularse en los ojos del profesor.

—Ya puedes ponerte las gafas. —dijo Harry apartándose. —Ha funcionado, pero tendrás que llevar las gafas hasta que hayas aprendido a controlarlo del todo.

—Gracias, Harry, pero tu pájaro… —empezó el mutante levantándose del sillón.

—No te preocupes por él.

Harry se acercó al montón de cenizas mientras Coldwing volvía a subirse a su hombro y apartó un poco la parte superior de las cenizas hasta que una cabecita quedó a la vista.

Oyó algunos sonidos de asombro, pero él se limitó a recoger al polluelo y desvanecer las cenizas.

—Gracias, Firhaund. —susurró dándole una pequeña baya antes de volverse hacia los demás. —Os dije que Firhaund renace de sus cenizas. Simplemente aceptó adelantar su día de quema.

—Es diferente decirlo que verlo. —indicó el profesor Xabier.

—Entonces, ¿de verdad ha funcionado? ¿Estás seguro?—preguntó Jean apretándole la mano a Scott.

—Y, ¿puedes explicarnos qué es lo que has hecho?—pidió Tormenta.

—Completamente seguro. Aunque, como he dicho, tendrá que aprender a controlarlo. En cuanto a lo que he hecho… bueno, veamos. —suspiró. —Por lo que tengo entendido sobre los mutantes, vuestros cuerpos están adaptados a vuestras habilidades. Eso es lo que os permite controlarlas. Por ejemplo, el cuerpo de Warren debe de ser bastante ligero o tener una increíble fuerza en las alas para poder volar. O el cuerpo de Pyro, debe estar preparado para soportar altas temperaturas, ¿me equivoco?

—No, no te equivocas. —dijo Warren sonriendo. —Mis huesos están huecos, como los de los pájaros. Eso me hace más ligero y me permite volar.

—Y yo nunca me he quemado, ni siquiera al tocar una sartén ardiendo, pero tampoco he probado temperaturas demasiado altas. —dijo Pyro mirándolo pensativo.

—El caso es que, aunque vuestros cuerpos estén genéticamente preparados para controlar vuestros poderes, algunas veces hay fallos. Los ojos de Scott poseen una membrana natural que debería ayudarle a controlar los rayos, pero la membrana que se ha desarrollado no es lo suficientemente fuerte para soportar el calor que sus ojos pueden llegar a acumular. Por eso, esa membrana está continuamente dañada, lo que le impide cumplir su función. —explicó recordando la exploración que había realizado a los ojos de Scott en el jardín.

Jean y el profesor asintieron, reconociendo la lógica de sus palabras. Hasta ahora, todo era bastante científico.

—¿Y cómo has podido arreglar eso?—preguntó Pícara.

—Me habría gustado que bastara con arreglar la membrana, pero volvería a dañarse en unos treinta segundos. Lo que he hecho es reforzar esa membrana con un material que soporte la temperatura de los rayos y no le impida ver. —siguió explicando. —En mi mundo existe un material así, muy parecido al cristal. A veces incluso se usa para hacer ojos.

—¿Ojos?—exclamó Jean.

—Sí. Por ejemplo, yo tenía un profesor que perdió un ojo en una batalla, —recordó en voz alta. —y pidió que le hicieran uno especial con este mismo material. Era capaz de ver a través de objetos y paredes, lo cual reconozco que daba un poco de repelús. —suspiró mientras algunos se estremecían. —El caso es que el material exterior es muy maleable y completamente transparente.

—Y has usado ese cristal especial para recubrir la membrana de los ojos de Scott. —murmuró Tormenta comprendiendo.

—He fundido el cristal y la membrana original en uno solo, sí. —acordó.

—Increíble. —suspiró Jean haciéndolo sonreír.

—¿Y qué han hecho los pájaros?—preguntó Logan con el ceño fruncido.

—Coldwing ha cantado para calmarnos a todos. Supongo que habréis notado que estabais tranquilos.

—¿Y Firhaund?—preguntó Pyro. —¿Qué ha hecho él?

—Las lágrimas de fénix, voluntariamente entregadas, —remarcó. —tienen increíble poderes curativos. Los fénix no suelen entregarlas, pero Firhaund quería ayudar. Sus lágrimas han reparado la membrana natural de los ojos de Scott, dándome tiempo para reforzarla.

—Pero, ¿sus lágrimas no se evaporan con el calor de los rayos?—preguntó Logan obviamente confundido.

—Las lágrimas de fénix son una de las sustancias más poderosas y misteriosas del mundo. Y Firhaund es un fénix de fuego. El fuego, el calor, son parte de él. Dudo mucho que exista una temperatura lo bastante alta para evaporar sus lágrimas.

—Maravilloso. —exclamaron Jean y el profesor X.

—Gracias, Harry. —repitió Scott. —Y, gracias, Firhaund.

Coldwing pió reclamando atención, lo que les hizo reír. Harry le dio una baya y se sorprendió un poco cuando Scott le pidió otra para Firhaund.

—Nos has presentado a dos de tus familiares hoy, Harry, pero todavía tendrás que cumplir el trato. —dijo Kitty acercándose a acariciar a Coldwing.

Harry la miró con sorpresa. Esa chica no se daba por vencida. No estaría emparentada con Logan, ¿verdad?

Después, un pensamiento le hizo sonreír.

—Por supuesto, Kitty. Estoy seguro de que Fred y George te van a encantar. —murmuró con una sonrisa maliciosa al pensar en sus dos familiares.