"CAZURRO (FRATELLINO): ¿Le has comprado algo al hermano España?

ROMANO: Pensé que te encargabas tú, como siempre. Además, ya le di un pequeño detalle. Eso debería bastarle.

CAZURRO (FRATELLINO): ¿Y qué era?

ROMANO: Eso no te importa.

CAZURRO (FRATELLINO): ¿Al fin has decidido confesarle tu amor que tantos años llevas escondiendo? :D

ROMANO: No hay nada de ese "amor" que dices, idiota. Simplemente fui amable con él.

ROMANO: Hasta el bastardo tomate se merece eso un día.

CAZURRO (FRATELLINO): Bueno. ¡En todo caso, no te preocupes que igualmente compré algo!

ROMANO: Qué sorpresa.

CAZURRO (FRATELLINO): Ve~"

Mientras Romano se estiraba plácidamente en el sofá, el anfitrión de la fiesta organizaba todo lo posible por organizar.

–Roma. ¿Limpiaste el...? Oh, lo siento. No sé por qué pregunto– comenzó a reírse, haciendo que el otro se molestara– Aunque te lo pedí por algo...

–Sabes que no limpio ni mi propia habitación, idiota.

–Pero, Roma... Queda poco para que sea hora.

–¿Y de quién es la culpa de dejar todo para el último momento?

El español quedó en silencio, pensando una manera de refutar algo irrefutable.

–Está bien... Tú abre la puerta si llegan, y arréglate un poco. Después de tu siesta tienes unas pintas...

El menor agitó la mano desde lo lejos, haciendo un gesto de "vete". El otro asintió con pocas ganas y se fue.

"¡Mira que es pesado!". Romano comenzó a refunfuñar mientras se levantaba e iba a su habitación. Poco después, sonó la puerta justo a la hora de comienzo.

–Vaya. El macho patata. Que sorpresa... Siendo puntual...

–Hola, Fratello~

–Veneciano. Pasad. El idiota está ocupado con los sus cosas. Supongo que aparecerá en un rato. Hay bebida para hartarse y comida otro tanto. Una costumbre española o algo así el comprar en exceso. Lo que sea.

La pareja entró, uno dando pequeños saltos mientras el otro permanecía serio.

-¿Qué tal la cita del otro día?- preguntó Romano a su hermano, alzando una ceja- Más te vale que fuera bien porque por tu culpa tuve que venir aquí.

El pequeño de los dos lo vio algo nervioso.

-¿Por qué lo preguntas? Te he dicho que no somos…

-Os tengo escuchado en tu habitación, desde el salón. Che schifo.

Italia escondió su rostro hacia otro lado, intentando evitar el contacto visual. La puerta volvió a sonar y el hermano menor consiguió librarse por un rato del interrogatorio. Al abrir, Italia del Sur se encontró a los otros dos que conformaban el trío junto con España.

-Bonjour, pequeño Romano.

-Lo que sea. No me toques.

Francia se acercó a él, moviendo las manos simulando que agarraba algo una y otra vez.

-¿Y por qué no?- Comenzó a reírse ante la expresión de espanto de Romano-. Solo bromeaba. Teniendo a España cerca sería un suicidio.

Prusia apartó a su compañero y alzó una caja de cervezas que portaba en los brazos.

-¡West! ¡Las he traído! Es que el año pasado hubo pocas, ya sabes- dijo dirigiéndose al italiano mayor, quien le miraba con una mezcla de indiferencia e irritación.- La cerveza es casi tan increíble como yo.

"España. Aparece de una vez… Estoy rodeado de idiotas."

Unos pasos rápidos y pesados resonaron desde el piso de arriba. El anfitrión bajó prácticamente de un salto las escaleras para caer con la misma gracia que un rinoceronte.

-Siento la tardanza.

-Eres poco puntual hasta para tu propia fiesta.- Comentó Alemania mientras robaba con disimulo una lata de cerveza.

España se acercó al rubio, sonriendo forzosamente.

-Me alegra mucho el que hayas podido venir, amigo. Sabes que eres muy importante para mí. Hablando de cosas importantes…

-No te voy a prestar más dinero.

-Oh. Entonces olvídalo.

Francia corrió a los brazos de España.

-¡Oh, querido! ¡Feliz cumpleaños! Sigues igual que el año pasado.

-Eso es porque soy una nación. Además, me viste hace una semana.

Francia siguió sin soltar a su compañero y deslizó los brazos por debajo de su camiseta.

-Supongo que seguirás igual en todos los aspectos.

-Estate quieto.

-¿Va a venir Bel?

-Avisó hace poco que no podía por asuntos con su jefe y de más. Como ella no viene, Holanda tampoco.

-Es una lástima.

-Quita las manos ya, por favor. Me haces cosquillas. Eso no es genial.

Por el fondo se podía escuchar a Prusia fastidiando a los hermanos Italia.

-Oh, eso me recuerda. ¿Invitaste a Portugal?

-¡Qué va! Solo le gusta fastidiarme. Además, podría hartarse de vino y acabar contando mis historias del pasado.

-Pues está aquí.- comentó, sacando una mano de debajo de la camiseta del español y señalando a la puerta. Romano le estaba dejando pasar.

-Genial…

El joven de ojos verdes se acercó a su vecino, algo molesto.

-¿Qué haces aquí?

-¿Te crees que iba a perderme la oportunidad de fastidiarte cuando están las pocas naciones que te aprecian?- Mostró una sonrisa malvada- Vamos, hermano. Sabes que no diré nada de más… Podría haberlo hecho el año pasado y no lo hice.

-Bueno…

Pasaron unos segundos cuando el español se dio cuenta de lo que acababa de escuchar.

-¿¡El año pasado habías venido!?

Romano se apartó de la mesa con la bebida mientras veía como su hermano se quitaba la camiseta porque el francés se lo había pedido. Después, la pareja de Italia golpeó al otro por pervertido. Mientras, España reía las tonterías del albino.

-¿No son idiotas?- preguntó Portugal apoyándose en la mesa, cerca del mayor de los italianos mientras llevaba un vaso de vino en la mano.

-Bastante. Sobre todo España. Mira esa estúpida cara… Sin ánimo de ofender.

-¿Qué? ¿Por qué lo dices?

-Nada, es igual. Pero enserio… Míralo. Siempre con esa estúpida sonrisa aunque las cosas vayan mal… esos ojos verdes… Tengo ganas de besarlo solo para que así se le borre esa estúpida sonrisa…

El hermano de España se giró, incrédulo.

-Creo que el alcohol te está afectando…- Le quitó la copa de la mano-. ¿Ves? Mejor así…

-Oye, no tan bastardo. Cuéntame alguna historia de ese.

Portugal alzó la cabeza, viendo el techo. Comenzó a pensar. Mientras, Francia decía "falo-cóptero" moviendo su cadera delante de Prusia, sin ropa obviamente. El otro huía.

-Recuerdo que una vez, cuando éramos pequeños, solía mojar las sábanas y me intentaba culpar. Tu abuelo siempre le regañaba por ello, pero él seguía empeñado en que había sido yo. "Pero, señor Roma, yo no pude ser. ¿Quién puede asegurar que no me cambió las sábanas cuándo dormía o algo?". Lo peor es que hoy en día sigue pensando que era yo queriendo fastidiarle- Y se encogió de hombros, sonriendo.

Romano sintió vergüenza ya que la historia le recordaba a su pasado, cuando él culpaba a una ardilla. Unos segundos después, se regodeó.

-No le digas que te he contado este. Sabes que no es bueno enfadar a ese hombre. Mucha sonrisa y todo eso, pero… Tiene su parte oscura. Otro hecho que solía hacer era colarse en las bodegas de vino de Roma. Algunas veces lo hacía en época de vendimia mientras el vino fermentaba. Te puedes hacer a la idea de lo estúpido que era ya por aquel entonces. Roma un día lo encontró arrojado en el tonel, inconsciente. Lo peor de todo fue que lo repitió.

El italiano comenzó a reírse.

-He de reconocer- Prosiguió el moreno- que yo le ayudaba de vez en cuando ya que solo quería ver sus absurdas acciones. Realmente no aprende aunque tenga esos años. Es demasiado ingenuo.

-Sigo queriendo besarlo, aunque sea estúpido. Realmente es estúpido. Estúpido bastardo. Bastardo estúpido…

Portugal volvió a reírse, solo que esta vez de una manera mucho más ruidosa.

-Pues hazlo. España lleva esperándolo siglos.

...o...o...

¡Hola! Gracias por estar siguiendo la historia.

Creo que es la primera vez que voy a escrir algo, así que... Bueno. Parece que Romano va a volver a hacer lo mismo que el año pasado. Si es que en el fondo le quiere... (en el de un pozo quizás, ¿quién sabe?)

Cualquier duda o halago, comenten (Si son insultos o quejas también, pero prefiero las dos primeras opciones)

¡Hasta la próxima, que supongo que será pronto!