...o...o...o...

Atención. Este extra contiene mucha estupidez y no está asociado realmente con la historia. Es sólo una coña a un comentario que puse en el anterior capítulo. Sí, ese de la pasta que España cocinó. ¿No os acordáis? Buscad, buscad... Luego lo entenderéis...

Espero que os guste este pequeño capítulo extra, que no será el único, y hasta la próxima

...o...o...o...

Estaba realmente nervioso. Aquel día él iba a proponerle algo realmente osado a la persona que amaba, por lo que no era capaz de mantenerse quieto. Cuando el reloj marcó la hora, salió de casa con aquel ramo de rosas protuberante y sobrecargado. Sabía que era demasiado, pero a su pareja esas cosas le gustaban.

A lo lejos, en aquel camino despejado y sentada en un banco, Romano la vio. Estaba realmente hermosa, y el conjunto que había escogido realzaba más su belleza.

-Siento haber llegado un poco impuntual. ¿Llevas mucho esperando? Te he comprado flores. No pongas esa cara. Sé que te encanta recibir detalles por mi parte.

Realmente quería a aquel plato de pasta que España le había preparado aquella vez. Nada más verla supo que estaban destinados a pasar la vida juntos. Esos espaguetis perfectamente cocinados, aderezados con una pasta hecha de una forma completamente cariñosa con los mejores tomates que había en pleno invierno, además del plato con ligera ornamenta, sin ser cargada dando un toque elegante y formal. Era imposible no amarla.

-Ha pasado bastante desde que empezamos a salir, ¿verdad? Aún recuerdo perfectamente el día que te conocí. Fue amor a primera vista, al menos en mi caso.

Romano comenzó a reírse, recordando aquella reacción que había tenido cuando degustara por primera vez esa pieza culinaria magistral.

-Sé que es un poco precipitado, pero… Tengo algo que preguntarte. Si me rechazas, lo entenderé perfectamente, así qué…- Se puso de rodillas, viendo directamente a los fideos de su amada- Plato de pasta que un día preparó España. ¿Quieres casarte conmigo?

El joven dibujó una alegre sonrisa al escuchar la respuesta de esta, sin poder evitar derramar un par de lágrimas. Aquella respuesta le había hecho el hombre más feliz del mundo.

En ese momento, Romano despertó de su estúpido y absurdo sueño.