Atención. La anterior actualización fue doble, es decir, publiqué un capítulo y un extra. Estoy informando porque al parecer tengo muchos más visitantes en el extra que en el otro capítulo (así que la intuición me dice que muchos no se dieron cuenta de eso...). En fin. Si no leíste el capítulo 7, no te vas a enterar de nada porque van seguidos.

Fin del anuncio

...o...o...o...

La repentina agresividad del pasivo italiano hizo que el otro se sorprendiera, mas prefirió seguir comentando lo de siempre.

-Cállate, idiota. Te he entendido.

-Más te vale porque cómo no vayas mañana a casa de España, vas a tener que escuchar a mi novio- Remarcó esa palabra- y a mí retozando todo el día.

La expresión de asco hizo que Italia sonriera.

-¿Entonces?

-Ya he quedado con una chica.

-Eso es tan falso que ni tú piensas que va a colar.

-¡Puedo tener una cita!

-Ya, claro… Por poder puedes, pero sientes tanto interés por España que no lo engañarías. Adelante, hermano. Reconócelo. ¡Abre la ventana tú también y grita a los cuatro vientos que te gustan los penes!

-Te estás pasando bastante.

-Lo sé. Estoy satirizando el momento. Solo quiero que se te meta en la cabeza la idea de que no importa que sexo tenga la persona que te gusta mientras te guste. Es simple.

Por una vez en toda su vida, Romano decidió darle la razón a su hermano pequeño, pero dársela solo mentalmente.

Al día siguiente, el joven italiano decidió ir junto a la persona a la cual había hecho daño, sin avisar antes, obviamente.

Como la última vez, la casa estaba vacía. Comenzó a sentir celos al pensar en el joven español saliendo con otra persona aquel día. Agarró el móvil y mandó varios mensajes al mayor avisándole de la situación. Pasó media hora y el joven acabó por aburrirse. Encendió la tele, buscando algún canal que no estuviera en español, hasta encontrar un canal de música. Poco a poco se quedó dormido en el sofá, hasta que pasadas dos horas, volvió a abrir los ojos. Eran las siete y España seguía sin contestar. "Prego, que no haya pasado algo malo…"

La caja de bombones y la tarjeta de disculpas estaban sobre el sofá de al lado. Romano les echó un vistazo rápido, asegurándose de que no hubiera puesto algo realmente ridículo en la tarjeta, pero se dio cuenta que el hecho de haber comprado una y bombones ya era ridículo. "Estúpido España. Me molesto en venir para que al final decida no aparecer. ¿Quién es el insensible ahora?". Recapacitó un poco, hasta que finalmente terminó su monólogo interior. "Está bien. Soy un insensible. Solo pensé en mi maldito orgullo y preferí guardarme mis verdaderos sentimientos. Joder. ¿Sueno tan cursi? Parezco peor que Polonia."

Otras dos horas transcurrieron sin saber nada del joven español.

-No le ha pasado nada- recitó en voz alta mientras sonaba una canción de fondo que al parecer había sido elegida número uno esa semana-. Simplemente habrá quedado con amigos, o con una chica. O con Francia, quien parecía interesado en él. ¿Intentará algo al final? España está herido emocionalmente… Es más vulnerable… Mierda. Tengo que ir a buscarlo.

Agarró su abrigo y se lo puso lo más rápido que pudo. No obstante, la puerta se abrió en ese momento.

-¿Quién está ahí?- Preguntó el español desde la entrada con un tono entre amenazador y aterrado.

Se acercó un poco más y pudo ver al italiano con la cazadora recientemente puesta. Al verlo, a Romano se le humedecieron los ojos.

-¿Roma? ¿Qué haces aquí?

El otro lo abrazó, para después golpearlo lo más fuerte que pudo en el estómago.

-¿¡Pero qué haces!?

-Llevo aquí desde las cuatro y media. Me tenías preocupado.

El moreno alzó una ceja y volvió a preguntar.

-¿Y qué haces aquí?

-Venía a disculparme por mi comportamiento el otro día.

-No hiciste nada por lo que haya que disculparse. Simplemente fui yo el que se emocionó.

-Sí que hice. Fui egoísta y mentiroso conmigo mismo. ¡No me hagas volver a decir esto! Suena muy gay.

España cambió su expresión impasible a una sorprendida por aquella frase.

-Está bien. Te perdono. Ahora, sal fuera un momento. Te acompaño enseguida. Voy a buscar una cosa.

-¿Qué?

-Tú sal, pero no te vayas.

-Está bien.

Nada más abrir la puerta, sintió cómo una fuerte oleada de frío golpeaba cada centímetro de su rostro. Comenzó a refunfuñar por el capricho que había tenido el otro, pero aceptó de todas formas a pesar del frío. Todo estaba oscuro fuera de la casa, únicamente iluminado por la débil luz de la luna y de las estrellas cuando centelleaban. Nunca había pensado que aquel paisaje tan visitado por él pudiera llegar a ser tan místico.

España salió de casa con unas mantas en las manos mientras sonreía al italiano. Parecía una persona diferente al que había hablado hacía unos minutos. Se acercó a él y echó una manta en el suelo para luego sentarse sobre ella. Comenzó a darle palmaditas, señalando a Romano que quería que este se sentara.

–No te entiendo, de verdad.

La siguiente manta pasó alrededor suyo, arropándolo. Ante la queja de este, España sonrió algo avergonzado.

–Parecía que tenías frío...

–Ca-Cállate...

–Está bien.

El rítmico sonido de los grillos consiguió calmar a Romano, junto con el calor corporal que desprendía el hombre a su lado, el cual observaba a las estrellas con su permanente sonrisa en los labios. Realmente se veía atractivo, reconoció el menor. ¿Cómo había tardado tanto tiempo en darse cuenta de su pensamiento hacia el español?

– ¿Sabes? Hace un año, cuando me besaste, realmente me sentí mal porque me había gustado. Eso no estaba bien ya que tú solo estabas borracho y no eras consciente de lo que hacías, o eso pensé. No obstante, esperé a que me explicaras el por qué lo hiciste. Si fuera solo por el alcohol, o había "sentimientos ocultos". Este año lo has vuelto a hacer, y ya no puedo quedarme a esperar más tiempo esperando una respuesta. Como ayer no quisiste dármela del todo, volveré a decirte. Te exijo una respuesta clara y concisa. No empieces con titubeos y orgullos.

Romano se quedó en silencio, cubriendo su rostro. Aunque hubiera oscuridad, estaba seguro de que España podría ver lo ruborizado que se encontraba.

– ¿Qué soy para ti? ¿Cómo un padre, amigo, hermano, algo más…?

–Creo que está bastante claro, idiota.

El italiano apoyó su cabeza en el hombro del otro, dejando que lo rodeara con su brazo. Realmente sentía frío.

–Bueno. Creo que si lo oyera de tus propios labios, me quedaría claro... Sabes que se me da mal leer el ambiente. Vamos. Dilo.

–Solo cállate.

̶- Dilo.

̶- Algo más.- Refunfuñó.

–¿Entonces salimos?

Se hizo el silencio absoluto. El cántico de los grillos se había detenido nada más mencionar aquellas palabras que dejaron muerto de vergüenza a Romano.

Simplemente asintió una vez y despacio, encogiéndose algo más al sentir como España apretaba el abrazo.

–¿Puedo darte un beso?

El otro negó, completamente rojo.

–Pareces un tomate, Roma– Besó los cabellos castaños del menor–. Eres adorable. Oye, Roma.

Este se giró, chocándose contra los labios del malvado español.

-¡Te dije que no podías!

-Pero si fue Roma el que se giró…- Puso morritos- Yo no te besé.

-Eres un idiota.

-¿Tu idiota?

-Quizás.

...o...o...o...

Siento entrometerme otra vez, pero quería pedir ayuda. Veréis. Tengo en mente otra historia de "SpaMano", relacionada con la Mafia y clasificación +18, pero no se me ocurre ningún nombre. Si alguien está interesado en ayudarme con un título o algo, que no dude en contactar conmigo (Aunque no creo que me digan nada ºvºU) y le pasaré el primer capítulo o hablaré de la sinopsis. Lo que sea. (Odio poner títulos, de verdad...)

Espero que os haya gustado y hasta la próxima