Debían ser las once cuando Italia se despidió de la pareja para ir a dormir a su habitación. Por parte de los otros, quedaron un rato en silencio sin saber que decir. Romano se levantó y dirigió a su habitación también.
-Espera, Roma. ¿Y yo dónde duermo?
-Tienes el sofá, la alfombra, o puedes dormir con mi hermano, a sus pies, como un perro. Hay muchas opciones.
-¿Y contigo? Vamos, tomatito. Tenemos dormido juntos muchas veces. Por ser pareja no tiene que cambiar.
-¿Y si pensabas dormir conmigo para qué preguntas?
-Quería que me lo sugirieras.- Su sonrisa se tornó a una tonta y avergonzada- Así que… ¿Puedo?
-Sí.- Dijo con su rostro completamente rojizo, notando como sus mejillas quemaban.- Ni se te ocurra hacer cosas raras. Sube.
Al llegar a la habitación, España reprimió un grito por todo el desorden acumulado que rodeaba incluso la cama. Había camisetas, cajas de pizza, folios y ropa interior arrojados por cualquier lugar. Incluso en un momento podría decir haber visto algo moviéndose entre los montones de basura.
-Roma, querido. Sé que eres desordenado y todo eso pero… ¿Esto no es exagerado?
-¿Acaso te he pedido tu opinión?- Alzó una ceja y cruzó los brazos- Si te molesta, límpialo tú.
-Está bien. No he dicho nada.
Comenzó a quitarse la camiseta, seguido del pantalón, quedándose en ropa interior. El otro simplemente apartó la mirada, intentando que no se le viera la cara o parecer pervertido prestando atención al torneado cuerpo del español. Tampoco pensaba que fuera escultural su figura trabajada por tantas horas en el huerto, ni aquel ligero tostado a pesar de encontrarse en invierno. Salió de la habitación con el pijama en mano para cambiarse fuera, no por tener una erección que España podría mirar si se cambiaba en la habitación.
Cuando regresó, el otro ya estaba cubierto por las mantas y acomodado, casi dormido. Realmente se dormía rápido. Romano se metió entre las sábanas, para sentir como el español le rodeaba por la espalda con sus brazos y llenaba de besos, haciendo que se apartara al notar que simplemente llevaba los calzoncillos puestos.
-Ba…bastardo. Te dejé un pijama sobre la cama…
-¿Sí?- preguntó, apoyando su barbilla en el cuello de su pareja- Como había tanta ropa arrojada por ahí ni me di cuenta. ¿Te importa si me quedo así? Puedo cederte mucho más calor corporal de esta forma.
-¡No necesito tu asqueroso calor!
A pesar de decir eso, no se apartó ni rehuyó. Aquella sensación le daba seguridad y le hacía sentir… ¿Querido? Algo así. Al menos eso duró unos minutos.
-¿Eso que noto es tu pene?
-No le des importancia.
-Apártate, pervertido.
España soltó a Romano, algo deprimido, y se dio la vuelta, para quedar espalda contra espalda.
-Es que Roma huele muy bien. No puedo evitar emocionarme.
-Te dije que nada de cosas raras. Ahora sólo duérmete de una vez.
La alarma del despertador comenzó a sonar a las siete en punto. El italiano empezó a refunfuñar al escuchar aquel molesto sonido en un domingo. "Olvidé quitar la maldita alarma…". Tanteó por la mesilla hasta notar el despertador. Cuando lo agarró, dejó que cayera "accidentalmente" en el suelo con suficiente fuerza para que dejara de sonar. A su lado, el mayor dormía con sueño profundo mientras lo sujetaba del pijama con una mano. Aprovechando que este todavía descansaba, depositó un leve beso en la frente del español y se apegó más a él, tan cerca que podía sentir la respiración de España rozando su nariz. Como contestación, recibió un fuerte abrazo y que sus piernas se enredaran con las del otro.
-¿Estabas despierto, bastardo?
-¿Quién no se despertaría con semejante ruido?- Comenzó a jugar con el pelo que sobresalía de la cabeza de Romano, el cual se estremeció por aquel contacto y lo golpeó en el estómago.
-Te he dicho miles de veces que no toques ahí.
-Aún no me has dicho que pasa si toco. Tengo curiosidad.
España bostezó y entreabrió los ojos, para ver directamente al joven frente a él a sus ojos color ámbar y dedicarle una cálida sonrisa.
-Buenos días, tomatito. Estás completamente rojo. ¿Eso que se está chocando contra mi pierna son tus "buenos días" también?- Sonrió con sorna, recibiendo un cabezazo como recompensa por la burla al día anterior.- Lo siento, lo siento.
-Es un reflejo matutino, idiota.
No lo era.
La siguiente vez que Romano abrió los ojos fue cuando las manecillas del reloj pasaban de las doce. Se desperezó completamente y en ese momento descubrió que su compañero ya no estaba a su lado y que la habitación había recibido una limpieza a fondo. Bajó las escaleras con pesadez, para llegar al salón y dejarse caer como siempre en el sofá. Realmente amaba aquel sofá. España se sentó junto a él y le dedicó una amplia sonrisa la cual fue ligeramente devuelta. La voz del hermano menor se hizo notar, llamando por el español, el cual se levantó y fue junto este. Su teléfono móvil sonaba.
-¿Diga? ¿Jefe?- …- En Italia, ¿por? Hoy era mi día libre.-…- Pero… Esas son acusaciones falsas. Yo…-…- Está bien. Voy para allá.
Colgó, mostrando un semblante ligeramente sombrío.
-¿Hermano España? ¿Ocurrió algo?
-Mi jefe quiere que vuelva ahora. Parece que me necesitan o algo así. Sonaba preocupado.
Romano giró ligeramente la cabeza, tratando de escuchar desde lejos. España no sonaba feliz.
-Lo siento, Ita. No voy a poder ayudarte con la comida hoy.
-No hay problema.
El mayor de los italianos volteó la cabeza hacia delante cuando vio que se estaba acercando. Este agarró su mano derecha con ambas manos y la acarició con los pulgares.
-Tengo que irme, tomatito. Espero que no te importe. ¿Me acompañas a la puerta?
-¿Acaso eres tan idiota que no sabes ir tu solo?- Rodó los ojos al mirar a España con mirada de súplica- Bueno, está bien.
A la salida, el mayor se despidió y quedó en el sitio, como esperando algo. Romano se quedó mirando al español, extrañado. Así estuvieron unos segundos hasta que el menor chasqueó la lengua y preguntó.
-¿Esperas algo? ¿Por qué no marchas?
-Espero a que cierres, porque tú tampoco lo has hecho.- comentó, sonriendo de una forma triunfal- ¿Qué esperas?
Romano se sonrojó ligeramente e inclinó hacia el otro, el cual parecía encantado. Recibió un dulce beso en los labios, el cual se intensificó por un par de segundos al notar como el del rulo abría un poco la boca. España se apartó lentamente, lamiendo sus labios y regocijándose por conseguir su objetivo.
-Adiós, tomatito.
…
Al llegar, lo único que recibió el español fueron críticas.
-Siendo un país tan endeudado y en problemas, no deberías perder el tiempo, y menos con naciones poco poderosas. ¿Entiendes?
-Puede que no sea humano, pero soy una persona.
-El tener nombre no te convierte en persona. Piensa que todas tus acciones pueden repercutir en la sociedad. Deja al problemático Italia del Sur. Ya nos ha ocasionado suficientes problemas a lo largo de los años. Si te interesa alguno de esos dos, que sea Del Norte. Al menos es la zona más rica.
España se llevó ambas manos a las orejas, cubriéndolas.
-Está exagerando, jefe.
...o...o...o...
Parece que al Presi no le gusta la relación entre ambas potencias. Vaya, vaya... (Este presidente no representa ninguno en concreto. Y menos ahora, estando la situación cómo está en España, donde no se decide el presidente ni con una tercera votación)
Hace tiempo que no consigo una review. ¿Me permitís mendigarla?
