Pasaban de las doce cuando Romano golpeó la mesa de trabajo con su cabeza, rendido. El mayor se giró ante tan repentino sonido para ver cómo el italiano dormía plácidamente a pesar de casi romperse la nariz. Le acarició el pelo un momento y luego lo transportó en brazos hasta la habitación de este, para luego arroparlo y darle un beso dulce en la frente. Aquel gesto le trajo muchos recuerdos pasados siglos atrás.
Sus pasos comenzaron a hacerse más pesados cuánto más se alejaba. Él también estaba cansado, por supuesto, pero debía terminar las pocas flores que le restaban. Una hora después, España se frotó los ojos, agotado por todas aquellas horas, sentado en una silla sin nada más que hacer que crear estúpida decoración artificial. Se metió en cama de un salto y abrazó a la almohada con todas sus fuerzas. Cuando había comenzado a conciliar el sueño, la puerta se abrió de golpe.
-¡Bastardo! ¿Por qué me llevaste a dormir y no me dejaste ayudar?
España no dijo nada. Solo se llevó un dedo a los labios, señalando que deseaba silencio. Después se volvió a girar y siguió a lo suyo. Romano se coló entre las sábanas, murmurando enfadado, y le dio la espalda.
-Al menos podrías haberme llevado a tu habitación, tonto.
El mayor solo respondió con un leve ronquido, haciendo que el otro bufara molesto y abrazara el cansado cuerpo de su pareja.
-Buenas noches, bastardo.
Abrió los ojos al notar el despertador sonar, para después apagarlo. A su lado, el italiano refunfuñó y giró sobre sí en la cama.
-Déjame dormir más.
-¿Un sueño agradable?
La sonrisa que le dedicó mostraba conocimientos acerca del descanso del otro. Romano alzó una ceja, confuso.
-Ni me acuerdo.
-Estas ojeras- Señaló el contorno oscuro que rodeaba la parte de abajo del ojo- son por tu culpa. Toda la noche haciendo ruidos raros y diciendo "Más fuerte, España" o "Sigue, maldita sea"- Comenzó a reírse de forma ruidosa, incluso faltándole el aire al ver el rostro completamente escarlata del otro, comenzando a recordar su sueño húmedo-. ¡Qué suerte tienes de que tenga autocontrol! Pero estabas tan mono, poniendo esas caras y gimiendo en sueños… Venga. Por ti cumpliré ese sueño~
El puñetazo que este recibió no fue exactamente al estómago. A pesar del dolor, seguía riéndose.
-Aunque digas que no, sé que quieres, Roma…
-Es…- Apartó la mirada del español, el cual había derramado un par de lágrimas por puro sufrimiento-… Es pronto para eso…
-¿Y para tu cumpleaños?
-¡Eso es en dos días!
-Pues eso ~
-¡NO!
-Está bien. Respetaré los deseos de mi tomatito y aguantaré, pero más te vale no volver a tener sueños así cerca de mí ya que estás mostrándole el capote al toro. ¡Voy a hacer el desayuno!
España bajó alegremente las escaleras y llegó a la cocina. Allí, escuchó como sonaba el teléfono y lo cogió.
-Buenas.-…-¿Italia del Sur? No, no está aquí.-…- Sí. Está bien…- Colgó el teléfono y se acercó a las escaleras- ¡ROMANO! ¡BAJA AHORA MISMO! ¡TIENES PROBLEMAS!
La nación se acercó al otro, apoyándose en el pasamanos.
-¿Qué ocurre? ¿Por qué gritas?
-Ayer tu jefe te necesitaba y no le prestaste atención a sus llamadas. Ha habido un problema entre nuestras naciones.
-¿Por qué?
-No lo sé muy bien, pero lo más seguro es que fuera culpa de mi jefe. Últimamente se ha estado quejando de que paso demasiado tiempo contigo y eso les preocupa a muchos ya que en el pasado gasté mucho en ti.
-Ya no soy una parte de tu reino. Es obvio que su argumento es erróneo.
-Han sacado el ejemplo de la postura "no beligerante"(1) que adopté en la segunda guerra mundial.
-Pero eso fue solo porque te insistí mucho.
-Es igual. No te preocupes, tomatito. Se arreglará el conflicto. Tú márchate a casa y yo hablaré con mis superiores para tratar el asunto, ¿de acuerdo? Tú no te preocupes.
El otro asintió.
-Ti amo, bastardo.
Todos los músculos del cuerpo de España se tensaron al escuchar aquellas palabras. Mientras, Romano subió al piso de arriba para prepararse. Cuando bajó, el otro seguía en el mismo sitio, cosa que hizo sonreír al italiano. Le dio un pequeño beso en los labios y se fue.
-¡Romano, espera! ¿Escuché bien?
-Tarde, idiota.
…
El español mantuvo una acalorada discusión con el representante del país, el cual parecía no comprender la razón por la cual el moreno se quejaba. Aparentaba no entenderlo y defendía su postura sin siquiera dudarlo.
-¡Las acciones que muestre no repercutirán sobre el país mismo! ¿¡Por qué no voy a poder interactuar con otra nación abiertamente!? ¡Además, no tenías razones para faltar al respeto de esa forma al jefe de la República Italiana!
-Él comenzó faltando al respeto a nuestro país.
-Sois como niños pequeños. Por una tontería como esa, habéis roto una alianza de hace siglos. ¿Me escuchas?-Alzó los brazos, rabioso- ¡Siglos! ¡Romano y yo nos hemos ayudado durante mucho tiempo y ahora, me impedís siquiera verle porque habéis comenzado una especie de guerra fría cutre con Italia! Es absurdo.
-Ellos nos pedían demasiado siempre, y en un país con tantos problemas, lo mejor era romper con la alianza.
-¿No se supone que soy yo el que debe decidir eso, la propia nación? No podéis forzarlo. Siempre han sido nuestras elecciones las que han movido al país.
El jefe de la nación asintió, ciertamente regocijado al escuchar exactamente lo que pretendía que el joven de ojos verdes dijera.
-Y por esa razón, nuestro país ha acabado así. Se acabó la discusión.
Mientras, cierto italiano esperaba en su propia casa a que el teléfono sonara. España le había prometido darle una explicación a lo ocurrido ya que el jefe del menor había evitado tratar el asunto. Su hermano, por otra parte, no había comprendido exactamente qué había pasado en aquella reunión, pero sí le contó que ambos bandos acabaran gritándose. Un sentimiento de pánico comenzó a apoderarse de él al pensar en la posibilidad de no poder volver a ver a su pareja, ya que aunque acabaran de empezar a salir no hacía mucho, el lazo que los unía tenía quinientos años.
"Por favor. Que no te aparten de mi lado ahora, idiota"
Postura no beligerante (1): En la segunda guerra mundial, España fue neutral hasta que las potencias del eje comenzaron a ganar. En ese momento, ya que Alemania e Italia estaban en dictadura al igual que España, se tomó esta posición en la que no se participaba en la guerra pero sí que ayudaban a las Potencias del Eje, con armas, infiltrando espías, etc. Supuso un considerable gasto a pesar de que España estaba en banca rota.
...o...o...o...
*Publica el capítulo y se aleja lentamente*
No me odien, por favor... pero el próximo capítulo se retrasará un poquito más de lo normal. Y... Mmm... No queda mucho para el final de esta historia. Tres capítulos más o menos.
...
Enserio. No me odien. Sé que el drama es malo, pero también es necesario... (No cuela, ¿verdad?)
Espero que os haya gustado, dejad review y todo eso.
¡Hasta la próxima!
